jueves, marzo 12, 2020

NOTICIA 1946ª DESDE EL BAR: LARRA EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

LARRA EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

El pobrecito hablador desayunó de madrugada con la televisión de su salón puesta. Las noticias del telediario matinal eran repetitivamente las de ayer, los argumentos los de los últimos tres días, el tema el de las últimas tres semanas. La expansión de la enfermedad del coronavirus COVID-19 por España tratada agotando todos los segundos televisivos. El presidente del gobierno, ministros y autoridades sanitarias llamaban a la calma. Todo estaba controlado y todas las medidas eran meramente preventivas. A la vez anunciaban lotes de medidas económicas para ayudar a los empresarios afectados por las medidas que iban a tomar y a continuación el anuncio de cierre de colegios y universidades, de centros para mayores, de residencias, la petición de trabajar desde casa a los que podían, medidas extraordinarias para la higiene del transporte público y las consiguientes peticiones de no acercarse los ciudadanos a menos de uno a dos metros de otro ciudadano, por supuesto aderezado de peticiones para que no hubiera besos ni saludos con la mano. Cualquier salivazo o sudor rozado era una amenaza no amenazante en la normalidad que el gobierno aseguraba que existía en todo. En esa tranquilidad tan apacible y normal que usaba el gobierno salió a su trabajo.

La madrugada era fresca, pero no tenía el frío del invierno que debía tener. Las luces anaranjadas de las farolas hacían bien su trabajo aún, mientras los coches salían hacia sus puestos de trabajo en Madrid. Unos jóvenes aún caminaban bajo los estertores del botellón que habían celebrado compartiendo tragos de las mismas bocas de las botellas de cerveza y alcohol esa misma noche, previa al día sin clases lectivas como medida preventiva para que no se propagase la enfermedad, a la espera de que se quedaran en sus casas.

En la cola de espera del autobús a Madrid un par de personas fumaban, ignorando las leyes de prohibición de fumar en tal lugar. Esto venía de años atrás, pero en las actuales circunstancias cobraba especial relevancia. Si bien la mayor parte de los enfermos del coronavirus sanaban por todo el mundo con patologías menores, eran las minorías las que podían verse gravemente afectadas, algunos hasta la muerte. Se había hablado mucho de los ancianos, pero estaban en esas minorías los diabéticos, los inmunodeprimidos, los de afecciones cardiorrespiratorias y los tabaquistas. No había pocos fumadores que exigían en las redes sociales y a sus más cercanos allegados el cumplimiento estricto de las cuarentenas en casa de todos aquellos de los mandados a casa, pero ellos no dejaban de fumar. Más valía un cigarrillo y su humo que el humo de no sentir una profunda concienciación de telediario y consigna.

Quedarse los sanos en las casas era una medida aceptada. Empezaron los ciudadanos chinos como medida de ejemplo, desautorizando a los descuidados españoles. Un día, antes que los españoles, todos decidieron a la vez tomarse veinte días de vacaciones. Las vacaciones que nunca se tomaron en todos los años que llevaban viviendo en España. Colgaron el cartel vacacional en el comienzo de marzo. Poco importaba que su aislamiento vacacional de poco serviría cuando salieran del mismo si se topaban con un auténtico enfermo. Pero era lo aceptado. A fin de cuentas, algún chino regresó a China, foco original y propagador de la enfermedad, alegando sentirse más seguros allí que en España.

De repente los escolares sanos debían quedarse en sus casas al cuidado de sus familias. Eran auténticos sospechosos a ojos de sus padres, que se negaban a dejarlos con los abuelos, ya que los ancianos eran los más susceptibles de caer enfermos. Los niños sanos, tratados como enfermos, no eran los únicos en ser observados de esa manera, a fin de cuentas los trabajadores sanos instados a trabajar desde sus casas eran cada vez más. Tener familiares y amigos, e incluso simplemente pasar de largo por una zona donde alguien tuvo la enfermedad, servía de causa suficiente para ir a la cuarentena. Quizá por eso a nadie le extraño demasiado cuando ante el anuncio del cierre de los colegios la gente se lanzó a comprar papel higiénico y comida como si fuera el comienzo de una de las peores guerras civiles por venir. De todos modos, los parques infantiles estaban llenos de nietos y nietas con sus abuelos, jugando todos juntos en los areneros y los columpios, corriendo, sudando y compartiendo todo contacto infantil. Los adultos abarrotaban las terrazas de los bares con tiempo primaveral en el final del invierno, y nadie de los destinados a estar confinados en sus casas por cierre de sus centros de estudios y trabajo se acordaba de la finalidad de las medidas a las que gobierno y jefes les habían intentado confinar.

El tráfico de la carretera era más rápido que otras veces. El autobús además no presentaba problemas para tener asientos libres esos días, menos ese primer día sin aulas en uso lectivo. Los telediarios dirían más tarde, poniendo los tintes fuertes en la histeria colectiva inexplicable, sin encontrar su explicación en su propio bombardeo sensacionalista y monotemático todas las horas del día, que la gente por miedo ya no usaba el transporte público. De poco servía informativamente saber que si los estudiantes no podían entrar en sus colegios, institutos y universidades, y si muchos trabajadores no podían acudir a su puesto de trabajo habitual, de nada servía desplazarse, por lo que los medios de transporte se vaciaban más que por miedo, por pragmatismo. Un hombre joven llevaba una mascarilla no muy lejos. Las autoridades no se habían cansado de decir que sólo las debían llevar los enfermos, pero a la vez habían pedido a los enfermos que se quedaran de quince a veinte días en casa. El hombre joven probablemente estaba sano y enmascarado en sí, muy a pesar de que llegara a levantarla varias veces quizá para respirar algo mejor en un trayecto que de tres cuartos de hora no bajaba en su duración.

En el suburbano de Madrid los coches del metro tenían un gran vacío en la hora punta de la línea que iba a la Ciudad Universitaria. Era justo la línea que debía tomar el pobrecito hablador para llegar a su propio puesto de trabajo en el archivo. La poca gente que viajaba se tomó en serio lo de guardar las distancias, cosa solo viable por las ausencias de los estudiantes. Quien estornudaba era mirado con recelo. Era mejor reventar por dentro que caer en la ignominia. Todo muy normal. Un par de personas se saludaron con el codo, los mismos codos que sudaban bajo abrigos y apoyaban en diferentes zonas del vagón y rozaban con otras personas. Al acabar el trayecto una mujer sacó un pañuelo de papel para pulsar con él el botón de la apertura de puertas, luego tal cual lo sacó lo volvió a guardar. ¿Cuántos botones y objetos públicos habría tocado aquel pañuelo a lo largo del día o de los días? Todo con total normalidad. Cuando hiciera el viaje de vuelta al final de la jornada laboral, aún vería a otra mujer que pararía la punta de su dedo índice a escaso centímetro del mismo botón, doblaría el mismo dedo y pulsaría con el reverso de la falange que quedaba por debajo de la uña, convencida de que aquello era la mejor prevención.

Antes de desayunar en alguna cafetería pasó por el kiosco de prensa. A pesar de que el 80% de los infectados en todo el mundo había sanado habiendo pasado apenas una sintomatología leve, en ningún lugar les daban voz para que contaran su experiencia y quitaran hierro. Sólo se hablaba de los muertos y de los graves, los muertos sólo eran el 5%. Evocó entonces muchos años atrás, cuando un día de 2002 contempló un mar gallego lleno de petróleo hasta el horizonte. Al comprar el periódico había visto en la portada de la sección de noticias de Madrid una fotografía de la estación de suburbano de Moncloa, donde se encontraba él, tal como cada semana, de lunes a viernes, dos veces al día para ir y volver del trabajo. La estación estaba vacía y el titular anunciaba que nadie usaba el transporte público. La foto era claramente tan real como irreal. La estación jamás había estado vacía, pero ese tipo de imagen la había visto alguna vez, incluso en las horas punta de entrada y salida de los trabajos como el suyo y los estudios de los universitarios. Solía ocurrir cuando coincidían los dos trenes de metro en salir de la estación a la vez cargados de pasajeros. El efecto de vacío duraba poco, porque enseguida llegaban nuevos pasajeros a los andenes. Sin duda la foto había sido tomada en el estratégico momento. Años atrás, en 2002, la prensa mostraba pequeñas "galletas" de petróleo en el mar y decía que sólo eran hilillos de petróleo. Recordaba su primera visión al llegar a las rías gallegas, con el petróleo llenando el mar hasta el horizonte. No faltarían situaciones similares el 15 de mayo de 2011, tan vividas también en sus recuerdos personales. No hacía mucho, el año anterior, en 2019, paseando un fin de semana por la Plaza del Sol, se encontró con una pequeña manifestación de venezolanos en contra de su jefe de Estado y en favor del líder de la oposición, elevado en sus voces a auténtico jefe de Estado, se acordó que al día siguiente salió en prensa la fotografía de aquellos manifestantes desde un ángulo que parecían ocupar todo el extenso espacio de la plaza, cuando en realidad apenas eran unos pocos que rodeaban a uno de ellos que hablaba por un megáfono por encima de sus cabezas. Y allí estaba el pobrecito hablador, pensando en estas cosas ese 2020 mientras sorteaba montones de personas, cada una siguiendo sus caminos, mientras se dirigía a desayunar.

El café de la mañana era el café de la mañana, nadie le hacía ascos a tomarlo en las mismas tazas que compartían con cientos o miles de madrileños que acudían a los cafés. Al pobrecito hablador le parecía todo exagerado y le daba igual. Eran las mismas costumbres de siempre, sin problemas. Un chico con mascarilla se la quitó sin problemas para beber. Las precauciones ante el café no tenían cabida. A fin de cuentas las fiestas de fallas valencianas o las de Semana Santa estaban a la vuelta de la esquina y había quien no quería renunciar a ellas, hasta el alcalde de Sevilla declaró por los medios y de forma solemne que la Organización Mundial de la Salud no podía tomar ninguna decisión sin hablar antes con él respecto a procesar a los Cristos a lo largo de miles de personas. Nunca faltaba la feligresa que se negaba a no besar los pies de su imagen preferida en el mismo sitio donde otros también deseaban besarla. La santidad era la santidad, razonaban, y debía ser lo que Dios quisiera.

El telediario había avanzado algo en su discurso a esa hora. La televisión de la cafetería comentaba la prohibición de concentraciones y espectáculos de más de mil personas, por lo que en varias regiones y ciudades habían comenzado a prohibir las de cien, en consecuencia, por la tarde en el regreso escuchó en el autobús a un dueño de bar suspender un acto donde esperaba reunir a unas treinta personas. Pero era aún por la mañana y el telediario hablaba también de los trabajadores que habían visto rescindidos sus contratos por los miedos de los empresarios, que a la vez pedían exenciones fiscales y ayudas económicas, sin que se anunciara nada para los trabajadores que a la desgracia le sumaban desgracia. Todo es normal, son sólo precauciones, volvía a oirse la voz del presidente del gobierno en el noticiario.

En el archivo se encendían los ordenadores para comenzar la jornada laboral mientras se oía desde el pasillo salir conversaciones en voz baja de las puertas de las oficinas. El tema era el problema del cuidado de los niños y de los ancianos mientras se tenía que ir a trabajar. Uno de los pabellones del archivo había decidido cerrar veinte días, pero los otros seguían en activo. Cada mando tenía sus decisiones. El pobrecito hablador se ubicó en su puesto y abrió la ventana para tener aire fresco. La calefacción estaba tan alta a pesar de las horas de la mañana que eran que hacía un calor asfixiante. Se sudaba en exceso y era aún invierno. A fin de cuentas, otra de las recomendaciones era que lo mejor para la cuarentena contra la enfermedad era airear los espacios cerrados. 

Por Daniel L.-Serrano "Canichu".

martes, marzo 10, 2020

NOTICIA 1945ª DESDE EL BAR: LA SOSTENIBLE

"Porque no hay nada más sostenible que lo que ya existe."

Con ese lema se sostiene La Sostenible, una tienda de ropa, complementos y algunos otros objetos de segunda mano que se abrió en Alcalá de Henares en 2017 y que poco a poco, lentamente, y desde que se han trasladado al número 12 de la calle Tercia es cada vez más conocida y requerida. En realidad se definen como "Secondhand & Boutique Vintage", lo que traducido al español (para quien no sepa inglés) sería más o menos algo así: "Antigüedades de Segunda Mano y Tienda de Ropa de Moda". La realidad es que es más que una tienda de segunda mano, también ofrecen cursos, talleres y hasta ofrecen alquiler de la sala. Algunos de los cursos que han ofrecido han sido de crecimiento personal, cocina vegana, creatividad, mandalas, etcétera. Podéis leer las condiciones y su filosofía de vida en su propia web, ya enlazada antes, pero la vuelvo a enlazar: La Sostenible, e incluso os pongo su Facebook por si queréis estar al día con sus actualizaciones on line

El equipo de chicas que lo lleva (que la lleva, pues es una asociación), encabezado por Miriam Reverde, cree en el comercio justo y en el consumo sostenible y respetuoso con la ecología. Como he repetido múltiples veces en esta bitácora, la solución a los problemas ecológicos del planeta pasan sin excusas por la norma de las tres erres, ampliada a cuatro: Reducir (el consumo), Reutilizar (lo que se pueda reutilizar de lo consumido) y Reciclar (lo consumido cuando ya no admita más reutilización), todo ello amparado por la Responsabilidad respecto al medio, el mundo y la sociedad. La Sostenible cumple plenamente con el intento de reducir el consumo y también el abuso y uso de materias primas, fabricación y transporte al volver a poner en circulación ropa, complementos y otros objetos cuyos dueños y dueñas originales ya no desean usar, teniendo en cuenta que se atañe a un mercado local y no necesita de vehículos para adquirir la ropa. Pero también cumple con la reutilización de parte del que compra. Se generan seis millones de toneladas de ropa al año en la Unión Europea de los cuáles sólo el 12% se reutiliza y siendo una buena parte de esas toneladas ropa que, sin estar totalmente deteriorada, a veces ni siquiera mínimamente deteriorada, es descartada por sus dueños para su fondo de armario. Es parte del problema ecológico del planeta.

La Sostenible acepta donaciones de ropa, no la compra, y esta ropa es la que vuelve a poner en circulación a precios muy bajos, pues sin ingresos no podría ser viable el proyecto, ya que el local, la electricidad, impuestos, licencias o la propia vida de la gente que trabaja necesita de ello, también hay que ser responsables en justicia, derechos laborales y mantenimiento de las asociaciones que, como esta, si nos gusta tenemos que aportarles algo para que puedan seguir funcionando. Tienen ropa en buen estado, en buena calidad, y con cierto gusto, hay de todos los estilos y de ambos sexos, aunque donan más las mujeres que los hombres. Además cuentan con una modista que, en casos necesarios, puede hacer algún arreglo. 

Con todo este compromiso social ecologista yo había oído hablar del proyecto pero no lo conocí en persona hasta finales del año pasado, 2019, que entré a curiosear la ropa del local, necesitado de un abrigo que, por otra parte, no compré, mi dinero escaseaba a pesar de tener buenos precios. Fui con una amiga que regresó semanas más tarde, ya en enero de 2020, para comprarse ropa para sí. Regresé yo a la tienda sobre enero o febrero con un amigo y compré dos sombreros por 4€, uno para él y otro para su hijo. Pero la semana pasada de este mes de marzo regresé porque andaba fatal de pantalones. Casi todos rotos en mi armario, alguno podrá pasar el verano, pero con el frío no se puede... al menos con las telas en mejor estado de esos pantalones a veces coso bolsos para amistades. Mi sueldo además no es bueno y a menudo no me puedo permitir gastar en ropa. Suelo estirar la ropa lo que puedo por este motivo y también por tratar de consumirla hasta las últimas posibilidades de la ropa, por razones parejas a las de la existencia de La Sostenible. Compré dos pantalones y un sombrero, me salió todo por 19€. Me sorprendió que todo estaba como si fuera totalmente nuevo, como si lo hubiera comprado de primera mano.  Por cuestiones ecológicas y económicas me parece una doble solución para mucha gente a muchas de sus inquietudes a las que quiere contribuir con soluciones. Más aún, tengo en mi casa ropa que posiblemente terminaré donando aquí. A fin de cuentas también necesito espacio por si acaso debo alquilar una de las habitaciones este mismo año.

La Sostenible me parece una de las iniciativas más sinceras y nobles que se han hecho en la ciudad en los últimos tiempos. Y creedme, el planeta necesita de la reutilización. 

Saludos y que la cerveza os acompañe.

viernes, marzo 06, 2020

NOTICIA 1944ª DESDE EL BAR: LAS VACACIONES CHINAS

Llevamos ya un par de meses con el asunto este del COVID-19, tan popularizado como coronavirus, un virus que actúa como una gripe muy potente contra la que el ser humano teóricamente aún no había bregado. La versión oficial es que saltó en China de la carne de un animal salvaje que fue vendida y comida en un mercado chino en la provincia de Wuhan. Lo cierto es que no voy a hacer un repaso de las innumerables líneas de análisis y reflexión sobre el hecho. Hay como para escribir libros. Desde la versión oficial, a las sospechas de un posible virus de laboratorio o bien escapado accidentalmente, ya que en Wuhan hay un laboratorio de armas bioquímicas, según dicen algunos, a los rumores de una guerra comercial encubierta entre Estados Unidos y la República Popular China que ha derivado en la liberación de este virus. La versión oficial y aceptada es la del animal ingerido sin precauciones sanitarias debidas. Luego tenemos las líneas que nos llevan a explorar el lado de cómo ha llevado el tema una dictadura, la República Popular China, o incluso un régimen autárquico y autoritario como Irán (de la República de Corea del Norte no sabemos nada, aunque Corea del Sur tiene innumerables infectados). En China tenemos desde el secretismo, a la construcción de hospitales en diez días (con todos los preparativos y logísticas que esto implica), a la gente que prefería enfrentarse a la policía a ser llevados por ellos, o bien ciudades aisladas, gente vigilada con drones (robots voladores), confinamientos en casa, castigos de cárcel, trabajos desde casa, un cubrimiento en España de todo ello como si fuera algo "peculiar" de los chinos, pero luego total seriedad y alarmismo cuando el caso llega a Europa... Luego tenemos a una Italia golpeada por el virus en plenos carnavales y parando un motor económico europeo aunque nadie sabe cómo llegó allí el coronavirus, mientras que en Estados Unidos, que es medio continente americano y un impero mundial, ahí están, nada, no les pasa nada. Curioso, cuando menos. Y por supuesto tenemos España, que todo es exotismo y "eso no nos pasa a nosotros, y si nos pasa es por los de fuera", y cuando nos pasa y nos pasa por los de dentro dan la noticia como el caos y la muerte directa, a pesar de que las víctimas son personas octogenarias unas, y una señora de 99 años o un señor de setenta y pico con múltiples afecciones a la vez, o en otras palabras, hasta un resfriado podría haber matado a esta gente.

Hay que tomarse en serio el coronavirus, COVID-19, porque es novedoso y no hay que bajar la guardia o podría pasar como la llamada gripe española de 1918-1919, que hoy día controlamos. Claro, pero el alarmismo es extremo y en muchos casos me temo que se ha hecho para que las empresas de comunicación vendan más noticias en papel, en internet, en televisión, en radio... Cuanto más se consumen, más ingresos. Estamos ante un amarillismo como en tiempos de 1898, cuando la prensa española y la norteamericana calentaron al personal hasta que fueron a la guerra, y luego en España a calentar al personal sobre las culpas sin asumir las culpas propias esa misma prensa, muy español. Luego a esto le podemos sumar el interés de otros empresarios para, por ejemplo, vender más mascarillas, o de ciertos partidos políticos para fomentar la xenofobia a río revuelto.

Luego tendríamos líneas del tipo de los beneficios para la ecología ya que se ha parado la producción fabril y los transportes en automóvil en China, o que hay quien recomienda no usar dinero, o que no te des besos (lo piden en Francia), ni la mano, ni que te acerques a menos de dos metros a otras personas... A ver si los conspiranóicos de hace diez años atrás no iban a ir tan desencaminados. Me refiero a los que decían que varios gurús de la tecnología y varios gobiernos y organismos internacionales desean que los humanos (se referían a las clases no poderosas o con menos poder, obviamente) cada vez interrelacionen menos físicamente, porque eso refuerza sus posiciones de poder y dominio.

De todas las líneas de análisis la verdad es que las que más me llaman la atención es las que podríamos hacer sobre que probablemente aquí nace una parte del siglo XXI. Me explico, es en las grandes crisis humanas cuando nacen cambios sociales trascendentales, y tecnológicos. Durante la Primera Guerra Mundial, ante la falta de hombres en las fábricas, se comprobó que efectivamente las mujeres eran perfectamente válidas para trabajar en puestos que hasta entonces se prefería que ocuparan hombres, por ejemplo. Los mosquitos y sus enfermedades en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial dio paso a la invención y uso de insecticidas, esa misma guerra necesitaba de la lectura de cifrados y del trámite rápido de datos, lo que dio paso a las computadoras. Tras la guerra una epidemia de peste asoló Egipto y otros lugares de África, lo que provocó una solidaridad internacional que creó la Organización Mundial de la Salud (OMS), la misma que está tratando el tema del coronavirus. Ahora mismo vemos como China ha creado esos hospitales en diez días, usado de la vigilancia con drones, recurrido con éxito al trabajo desde casa, investigado con éxito en tiempo récord sobre una vacuna y parece que no van desencaminados, aunque es en España donde tomamos la delantera al comprobar que un afectado grave se curó en diez días al aplicarle los mismos medicamentos y tratamientos que se le dan a un afectado del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), otra enfermedad que oficialmente es por el consumo de carne de simio en África en los años 1980, o bien relaciones sexuales de bestialismo, y que está bajo la sospecha de ser otro virus de laboratorio en las investigaciones militares de la Guerra Fría. Como sea, formas de comportarse al estornudar, el contacto físico en los saludos, lo del trabajo y otras cuestiones, pueden ser cosas pasajeras, o puede que terminen haciéndose hueco y quedándose, dando un nuevo paso en el comportamiento histórico de los humanos. Ya se verá, pero no creo que ande descaminado. Algunas de las prácticas que se están experimentando en el mundo estos días puede que se queden, especialmente las que los gobiernos crean que les son más útiles en lo que ellos consideren el orden social.

Lo cierto es que no quiero hoy entrar en esos análisis en esta bitácora, porque lo que me lleva a escribir es algo más local, tan local que es algo de mi vida cotidiana, porque si os digo la verdad que la noticia de esta semana sobre que los bosques tropicales ya cada vez menos pueden aguantar el CO2 de la atmósfera que provocamos creo que es mucho más grave e importante que el coronavirus, pero ni se os alarma ni se toman medidas radicales. Yo lo leí ayer en El País, en "Los bosques tropicales ya no pueden con tanto CO2", de Miguel Ángel Criado. Eso sí que puede terminar matándonos a todos. Ya nos lo dijeron en su último capítulo la serie de humor con protagonistas dinosaurios de la década de 1990, nos puso por Facebook ese fragmento tan profético Spanish Revolution (y simplemente entendiendo e interpretando el pasado del planeta).

Lo cierto es que lo cotidiano que me lleva a escribir esta entrada creo que tiene que ver con el coronavirus, aunque nadie ha declarado que sea por eso, no sé si podría afirmar, aunque parece evidente que esa es la causa. El Valle del Henares (por el río Henares), Corredor del Henares (por la carretera Madrid-Barcelona), es uno de los puntos en España con más casos de coronavirus. La cosa empezó en esta zona en Torrejón de Ardoz, luego salieron casos en Guadalajara y otros puntos, y ayer informaron ya de un caso en Alcalá de Henares, en un colegio. Lo cierto es que la vida sigue normal, a no ser porque los informativos parece que no tuvieran otra cosa de la que informar, creando alarmismo y ayudando a desinformar en nombre de la información. Vas a las cafeterías y oyes conversaciones dignas del esperpento humorístico y humor negro con el que Valle-Inclán dibujó a la sociedad española a comienzos del siglo XX, por cierto no muy lejano a la percepción seria que captó Ramón J. Sénder en su primera novela, Mr. Witt en el Cantón (1935).

La cuestión es que en mi vida cotidiana tengo entre mi vida el cuidado de mi gata, Reina, y por ello mismo necesito comprar arena de gato para que haga lo que nadie más puede hacer por ella. Cada pocos días se la cambio y para ello le compro la arena a mi vecina, que es china y tiene junto a su familia la panadería que desde que se hizo mi barrio siempre existió, aunque al comienzo la regentaban españoles. No cito su nombre, porque sé que la gente es como es, y aunque es algo inocente y sin importancia y saben que les tengo afecto, creo que no procede por lo que se va a contar. La panadería estaba cerraba ayer. Pusieron un cartel de cerrado por veinte días. No pasa nada, tengo otra familia china vecina, estos en mi mismo portal, que regentan unos frutos secos donde también venden arena, también debajo de mi casa, dan calle con calle una tienda con otra. Estos cerraron la tienda sin cartel. Ambas familias están en sus casas, pues se ve luz, se huele comida, se ve actividad. Dejé la compra para hoy, pues hay otra tienda china al otro extremo de una avenida de mi barrio que no voy a citar en esta entrada, porque la gente es como es y aunque no hay mal alguno hay gente que se inventa el mal alguno. La cosa es que esa tienda me la he encontrado cerrada con un cartel diciendo que se ha ido de vacaciones veinte días. Y la otra tienda china al lado de esta, igualmente cerrada con idéntico cartel y un día de variación en las fechas escogidas. Al final fui a comprar la arena a un lugar más apartado.

La cuestión es que de las cuatro familias chinas del barrio con tiendas de lo que son panaderías y frutos secos que funcionan en la práctica como ultramarinos, las cuatro han cerrado por vacaciones veinte días. Sólo una de estas familias cerró por vacaciones el verano pasado, e incluso en verano cierran a la hora de la siesta, se están haciendo a las costumbres españolas, pues también abren y cierran a unos horarios más propios de los españoles que de los chinos, pero este cierre tan casual es... excesivamente casual. El Año Nuevo Chino fue el mes pasado, e incluso en esa fecha sólo cierran, si cierran, un día, normalmente. Inevitablemente uno piensa en que la República Popular China aplicó cuarentenas de veinte días a sus ciudadanos y que los ciudadanos chinos que pasaron su Año Nuevo en China y regresaron a España decidieron voluntariamente autoaplicarse la cuarenta de veinte días para tranquilizar a los españoles y además actuar con lo que ellos consideran responsabilidad. No olvidemos que los chinos han sufrido ataques racistas en diversos grados a costa del coronavirus, esa medida era para apaciguar. Las cuarentenas en realidad son llamadas así porque son de cuarenta días, palabrita de quien tuvo meningitis B de niño y pasó cuarentena en un hospital, pero en fin, llamaron cuarentena a veinte días y parece que veinte días es lo que recomiendan gobiernos, organizaciones y autoridades médicas para el coronavirus. 

A lo que vamos, en este barrio hay cuatro familias chinas que han cerrado sus tiendas veinte días a la vez, teóricamente por tomarse vacaciones, aunque creo que es evidente que probablemente es por el coronavirus. ¿Infectados? No lo creo. Lo que creo es que habiéndose dado el caso en un colegio alcalaíno de un infante afectado, infante español, no chino, ellos han optado por cerrar, quizá como medida voluntaria para tranquilizar y a la vez precavida, aunque si no están infectados y luego salen y hay infectados, ellos quedarían infectados... Lo de la cuarentena voluntaria estando sanos es algo que no se entiende bien, es más bien un gesto diplomático con los vecinos más que sanitario. A fin de cuentas, ellos, que por otra parte abastecen de pan y otros alimentos al barrio, necesitan tener una imagen respetable y sana para no perder su clientela. Además puede que sirva para mitigar las suspicacias racistas por ser China el origen del primer foco. Otra posibilidad es que hayan tenido contacto con alguien común que sí haya tenido contacto con un infectado, no sé, tal vez un proveedor de ellos, o un administrador, o vete a saber. La versión oficial, según sus carteles, es que las cuatro familias han decidido a la vez tomarse veinte días de vacaciones. Ignoro a fecha de hoy si en otros barrios de Alcalá otros chinos han decidido tomarse esas vacaciones chinas, porque no he andado mucho estos dos días por el resto de Alcalá todavía, aunque ayer anduve por el centro. Pero también me hace preguntarme si ellos hablan entre sí, o si tienen algún tipo de asociación o de organización o de guía budista o vete a saber que les haya recomendado o hecho acordar esos cierres. Pero me llama más la atención que dado el panorama de alarmismo exagerado y en algunos casos manipulador en la prensa española, la propia prensa local no se haya hecho eco de estos hechos, todo sea que sólo haya ocurrido en mi barrio y no lo hayan percibido. Me llama la atención pero tampoco me sorprende en nuestra prensa local, pues no sería la primera vez que algunos asuntos pasados no los trataron con indagación ni curiosidad periodística propias de la profesión y muchas noticias parecieron en su día publirreportajes de grupos políticos, del ayuntamiento o de las organizaciones que noticiaron.

No creo que realmente pase nada en mi barrio, salvo que ahora hay que andar más para comprar pan o arena de gato. Creo más bien que las vacaciones chinas han sido tomadas por precaución y estrategia contra el perjuicio a su negocio y las posibles suspicacias racistas. No creo que haya nada más allá. Pero fíjate aquí que en España ha muerto lo que va de año más gente de gripe común que de coronavirus, y sin embargo el alarmismo social generado por la monopolización informativa que hacen los medios de comunicación provocan situaciones como esta, afectando al normal desarrollo de la vida cotidiana.

Es buen momento para recomendaros leer a Albert Camus, al anarquista Albert Camus, al novelista Albert Camus, en su libro La peste (1947), una lectura bastante imprescindible en cualquier momento, pero que estas semanas ha disparado sus ventas a niveles insospechados. Ya sabéis que el argumento se sitúa en Orán después de terminar la Segunda Guerra Mundial. Un brote de peste hace que aíslen la ciudad y que las autoridades tomen medidas no muy lejanas a las tomadas en China, Irán o en Italia misma y que en España se ha llegado a barajar para Torrejón de Ardoz. Dentro de eso, se va desarrollando la enfermedad y a la vez la vigilancia extrema a la población, o que la sociedad que vive en la ciudad se va transformando sacando de dentro de sí lo mejor y lo peor. Es una novela coral, con múltiples protagonistas. Muy recomendable, y supongo que estos días quien la lea por primera vez le sacará un gusto especial. Quizá es lo mejor de todo esto del coronavirus, que Albert Camus será conocido por mucha más gente. Bueno, si os toca cuarentena, ese libro es mejor que una serie de televisión. Aunque todo esto del coronavirus me parece que será flor de un día, hasta que los noticiaros dejen de vender por esto y tengan que sobreinformar alarmistamente de otra cosa.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

lunes, marzo 02, 2020

NOTICIA 1943ª DESDE EL BAR: MONA SE QUEDA

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. 

Sólo los cambios que previamente cierran las puertas abiertas que se sabe que se tienen que cerrar, son auténticos cambios que ayudan a mejorar. Todo lo demás es acrecentar trajes de seda que ni siquiera ocultan ni disfrazan lo que se supone visten. 

Entre el psicoanálisis contemporáneo y el orientalismo milenario se llega a una misma reflexión que resumieron los castellanos siglos atrás con aquella mona vestida de seda.

lunes, febrero 24, 2020

NOTICIA 1942ª DESDE EL BAR: ROCK AROUND THE CLOCK (El Reloj no marca las horas)



El reciente sábado 22, en plena celebración de Carnaval, cerraba las puertas uno de los bares veteranos del rock en Alcalá de Henares, El Reloj de la calle Cerrajeros, al lado del ayuntamiento. Fue uno de los primeros bares que mencioné allá en octubre de 2006 (Noticia 165ª), por entonces con la regencia de un dueño argentino que más tarde lo pasó a los actuales hermanos Marrero, de origen venelozano, que eran aquellos que reformaron la entrada un poquito en enero de 2017 (Noticia 1672ª). Estos últimos propietarios del negocio tuvieron el bar en torno a los siete últimos años, si la memoria no me falla, esto es desde 2013, más o menos, año arriba o año abajo. Quizá me equivoque y sea algún año más. Como sea, El Reloj apareció por esta bitácora alguna vez, era uno de los bares que yo mismo frecuentaba de manera habitual. ¿Y quién no de entre los que nos gusta el rock en Alcalá?

Cierto que en los últimos años era un poco bar de primera parada, porque el volumen era suave y permitía hablar, o bien bar para los tiempos anteriores o posteriores a proyecciones de cine u realización de obras de teatro en el Corral de Comedias, o ese bar que, por su ubicación, era una opción obvia, para los que nos gusta el rock, en las celebraciones de ferias y fiestas, Navidades, y en general cualquier momento festivo con centro en el centro de la ciudad. De hecho recuerdo haber estado dentro del bar en más de una Semana Santa y tener que apagarse las luces y la música porque las autoridades así lo exigían ante el paso de la procesión del Silencio o bien la del Encuentro. Se colaba la música y el soniquete religioso interrumpiendo la opción alternativa de los que queríamos el rock, de haber sido lo contrario seguro que se le hubiera acusado al bar y a los de dentro de radicales irredentos y ateos que atentan contra el catolicismo, supongo que ahora que cierra se puede decir claramente, habría que acabar con esta moral hipócrita que vela por unos por encima de los otros, porque está bien que hay que respetarse los unos a los otros, pero que casualidad que siempre se le pide respeto a los mismos hacia los otros mismos. Algo no cuadra. Y no soy yo contrario a que se celebre la procesión de Semana Santa, que cada cual tiene sus creencias y tradiciones, pero tampoco soy contrario a que alguna vez se comprenda que los derechos son de todos en una democracia, tal como se entiende en otros países. Usted tiene derecho a procesionar y ustedes tienen derecho a oir rock dentro del bar y con las luces que crean necesarias. Pero en fin, esto sólo es anecdótico. La verdad es que era un ambiente peculiar, y hay que reconocer que ver pasar a Cristo y la Virgen a través de las vidrieras del bar era algo estéticamente llamativo. Le daba un punto de Semana Santa hasta para los que la celebramos de otros modos.

No nos enzarcemos sólo en eso, que no pasa de anecdótico. El Reloj ha tenido mucha vida más allá de eso. Uno de los recuerdos que tengo más antiguos, en la etapa de su dueño argentino, es salir de trabajar en uno de los trabajos que me tocaba por el centro de la ciudad, creo que en vísperas de alguna fiesta, me parece que navideña, o tal vez era verano y eran las fiestas, no sé, y encontrarme allí con las amigas de la novia del momento de uno de mis amigos. Fue una noche muy divertida, aunque apenas nos conocíamos. Y esa estela más o menos la ha seguido tanto con la etapa del regente argentino como con la etapa de los regentes venezolanos, porque siempre mantuvo ese bar un algo que terminaba haciéndolo punto de encuentro y reunión no sólo entre amigos, sino entre conocidos que, a fuerza de ser parroquianos del lugar, sabíamos que podíamos tener conversaciones entre nosotros, como si de la famosa serie de televisión norteamericana Cheers (1982-1993) se tratara. Como además no sólo estaba por allí gente del rock, si no también gente que venía por el cine o el teatro, o bien por ser amigos de los dueños, o por ser estudiantes europeos con beca Erasmus, o porque algo les atrajo al centro de la ciudad, el bar se enriquecía con numerosos puntos de vista diferentes de ver el mundo, máxime cuando además nos juntábamos diferentes generaciones y, además, puesto que el rock que ponían tendía al rock clásico, diferentes estilos de vida, desde los más refinados a los más bastos, por así decirlo. Y todos juntos en respeto.

A comienzos de mes el dueño del local se negó a renovarles el alquiler, sin dar explicaciones. Así pues se cierra El Reloj en contra de los deseos y voluntad de los dueños del bar. Dicen que van a buscar trabajos normales, de asalariados, pero si no encuentran nada volverán a intentarlo de nuevo en otro local.

Alcalá de Henares ya vivió hace años algo similar cuando se cerró otro mítico, El Rincón y se puso en su lugar el Pepe Pasión, hoy cambiado de nombre a Gastroteca, o algo similar. Los rumores de aquel momento fueron que el dueño de El Rincón recibió una oferta para que traspasara su bar y el se negó, por lo que se decía que se le ofreció al dueño del local una suma de dinero por el alquiler mayor de lo que se le pagaba, razón por lo que, según los rumores, El Rincón cesó tras muchos años funcionando. Pero todo eso no dejan de ser rumores sujetos a su duda y posible comprobación o desmentido. Aquello pasó hace ya bastantes años. Lo que sí nos hace pensar esta historia, cierta o falsa, es que si dentro de unos días, unas semanas o un par de meses, instalan una franquicia en el local de El Reloj o bien un bar que se les dé de "bar bien", de tapas de tal o cual "mire usted", ya tendremos una posible respuesta de porqué el cierre. Pero lo cierto es, y esta es la realidad, que el único hecho evidente es que no se les ha renovado el alquiler del local, y no sabemos ni tenemos medios para saber el porqué. Tal vez la causa sea otra que ni nos imaginamos.

Con este cierre no es que se cierre solo un bar de rock, otra vez, sino que se cierra, otra vez, un bar que sí representaba la cultura alcalaína y era típico de la gente de esta ciudad y de su forma de vida, y no como esos innumerables bares "precocinados-preconcebidos" de tapas y cara lavada para turistas que no tienen más alma que el alma de hacer caja. En estas cosas debería pensar el ayuntamiento también.

Sea como sea, gracias por la cerveza y larga vida al rock. Nos veremos por los bares, Marreros, el rock sigue estando girando en torno al reloj, ya lo cantó Bill Haley and his Comets en una de las primeras canciones de rock and roll en 1956... y sigue sonando.

Os dedico un tema de Mario Misas, "Loop 3", que aunque no es rock me suena a banda sonora para esta entrada.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

martes, febrero 18, 2020

NOTICIA 1941ª DESDE EL BAR: PASADO Y FUTURO DEL PALACIO ARZOBISPAL DE ALCALÁ DE HENARES

(Volumetría de los restos actuales del Palacio con el Museo Arqueológico Regional a la derecha. Dibujo de Francisco Bedoya.)

Desde el pasado 13 de noviembre y hasta el próximo 12 de abril el Museo Arqueológico Regional de Madrid, ubicado en la Plaza de las Bernardas de Alcalá de Henares, alberga la exposición temporal y gratuita "De Palacio a Casa de los Arqueológos". Tuve la oportunidad de ir a visitarla el pasado sábado y quedarme con la constatación de que se trata de una exposición de Historia de Alcalá que en realidad es mera excusa para autopublicitar las intenciones y el futuro del Museo Arqueológico Regional. Posiblemente sea una exposición que se le ha pasado por alto a muchos alcalaínos, pero en ella se contiene lo que probablemente será una parte importante del futuro cultural de la ciudad, incluyendo un posible conflicto ecológico del que la prensa local no ha querido hacerse eco o bien no ha querido plantearlo, centrados en promocionar las noticias de exposiciones que el propio museo les pasa.

Empezaré reconociendo que la exposición era sumamente necesaria. Si bien se han realizado diversas campañas arqueológicas en el Palacio Arzobispal, se ha creado un museo al aire libre con algunos de los restos por dentro del recinto amurallado y se escribió un libro hace años sobre su incendio, el cual se completa con uno nuevo de parte del propio Museo con más información documentada y con la propuesta sobre el futuro de los restos, aún con toda una buena parte de la población desconoce el pasado del Palacio, su papel en la Historia tanto de Alcalá como de España, y si acaso mal conoce a modo rumores su incendio en 1939. Por todo ello, la ciudad le debía al Palacio Arzobispal, que tanta influencia tuvo en la Historia local y la española, una exposición como esta que le narrara de forma fácil y visual el pasado y el presente del Palacio, pero especialmente su destrucción y su recuperación arqueológica que nos ha dado la fisonomía que hoy día conocemos en su forma de ruinas principalmente, precisamente donde se explaya necesariamente esta exposición.

Podemos ver numerosas piezas y documentos, videos con documentales con voces vivas aún, etcétera. Destaca la maqueta que reproduce el palacio entre los siglos XVI y XVII, mostrando todas sus edificaciones, incluidos los miradores y las torres barrocas desaparecidas y los jardines con los que se recreó Isabel I "la Católica" en el paso del siglo XV al XVI y poseteriormente el Cardenal Lorenzana y otros en el XVII. Unos jardines desaparecidos para usar su espacio en un horrible aparcamiento de tierra que sirve de antesala ocasional para el paso a conciertos y eventos del mercado cervantino. Más merecería la pena recuperar esos ajardinamientos que ahondar en el culto al coche aparcado, pero no está en el actual proyecto de futuro que se presenta ni la más mínima intención de recuperar esos jardines, por otra parte: alguna vez reivindicados por los historiadores del valle del Henares. Yo mismo se lo he oído en persona comentarlo informalmente el cronista oficial actual de la ciudad, Sánchez Moltó. Al menos lo hizo en el encuentro de estos mismos historiadores hace unos cuatro o cinco años.

El Palacio Arzobispal comenzó a construirse en el siglo XIII por el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, a partir de las murallas de lo que era un qun musulmán (unas especie de acuartelamiento amurallado). Albergó arzobispos toledanos y reyes castellanos a lo largo de la Edad Media, siendo escenario del tratado entre los reinos de Castilla y de Aragón en 1308 para intentar conquistar Granada, la reunión de 1348 de las Cortes Castellanas, la muerte accidental de Juan I de Castilla en la Puerta de Burgos en 1390, la participación alcalaína por parte del Arzobispo Carrillo a favor de Juana "la Beltraneja" en la Guerra de Sucesión Castellana de 1475-1479, la residencia y planes de transformación del Cardenal Cisneros, la primera entrevista de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón en 1486, el nacimiento de Catalina de Aragón, también el de Fernando I de Austria, un breve momento de estancia en el presidio del rey Francisco I de Francia en España, diversas modificaciones entre 1523 y 1545, el intento inútil de cura milagrosa del primogénito de Felipe II con los restos de San Diego, las reformas y ajardinamientos nuevos en los primeros años del siglo XVII, la pernocta de Carlos III a su llegada a España antes de entrar en Madrid para su coronación en 1759, la residencia de las tropas francesas durante la Guerra de Independencia de 1808 y hasta su ida en 1813 (José I pasó alguna noche en Alcalá, pero no se hospedó aquí), la desamortizaciones de 1841 y de 1855, acusando ruina en 1857, su nombramiento como Archivo General Central en 1858, lo que hace que tenga diversas reformas desde 1860 (no obstante en los siglos previos albergaba de por sí numerosos documentos para la administración del Estado), su apogeo como archivo estatal en 1926, su incendio accidental y destrucción de su mayor parte artística y arquitectónica recién terminada la guerra civil en 1939 por usarse sus instalaciones con vehículos y material bélicos, lo que supuso la pérdida de mucha documentación, pero no tanta como podría haber sido pues se había comenzado a trasladar décadas atrás la documentación más antigua al Archivo Histórico Nacional, la demolición de los restos de las alas norte y este, la pérdida de jardines y huertos, la recuperación en los años 1990 de parte del edificio del seminario y sus estudios históricos y arqueológicos, el cese por parte del obispado del usufructo de los solares y patios al ayuntamiento de Alcalá de Henares en 1998 coincidiendo con el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad (momento en el que se inició la recuperación y rehabilitación de varios espacios en estado ruinoso), el uso de su interior para conciertos y fuegos artificiales en ferias de agosto y mercados cervantinos en octubre y representaciones del Don Juan en noviembre, la programación de un proyecto de recuperación arqueológica por parte del Museo Arqueológico Regional de Madrid a partir de 2014, la transferencia en 2017 por parte del ayuntamiento del usufructo de los solares y patios del Palacio a la Comunidad Autónoma de Madrid para que el Museo Arqueológico Regional desarrolle su proyecto, y definitivamente la presentación pública de este proyecto, llamado Casa de los Arqueólogos, a través de la presente exposición y su libro en 2019-2020, momento en el cual nos encontramos.

El Museo Arqueológico Regional vive estos últimos años una ampliación física a costa de los solares de lo que fue la antigua comisaria de policía de Alcalá, la cual fue demolida para construir esa ampliación, así como otra ampliación menos llamativa al usar los locales de lo que fue la antigua oficina de la seguridad social en la calle Rico Home con Santa Catalina para actividades de investigación y biblioteca de momento. Lo que presentan ahora es un proyecto ambicioso donde también interviene la Asociación para la Recuperación del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares (ARPA). No se trata de reconstruir las antiguas edificaciones, cosa no imposible, visto lo visto en Notre Dame de París o el propio alcázar de Segovia muchos años más atrás. Se trata de recuperar espacios edificados y aprovechar, como mucho, los restos de algunas de las torres y muros que quedan en pie en estado ruinoso. O en otras palabras: se va a hacer arquitectura actual siguiendo parte de las ubicaciones antiguas de otras estructuras y aprovechando algunas de las partes que se podrían rehabilitar. 

Todo esto está visualmente explicado y expuesto en el final de la exposición... sólo que tras cortinillas verdes, lo que hace que quede un poco oculta al visitante y, aunque está en el último tramo de la exposición, casi invita a no entrar por duda de si se puede entrar en ese espacio o está tapado porque estén montando algo. Un error a la hora de crear esta temporal, o quizá no era error pensarlo así... 

La idea es crear en esos nuevos espacios las infraestructuras futuras gestionadas por el Museo para la investigación de los arqueológos, incluyendo salas de estudio, biblioteca, archivo, no sé si para hacer algunas investigaciones de tipo material y experimental. Desde luego sería una modernización y una actualización del concepto del papel de los museos en la actualidad investigadora y cultural. Será un nuevo aporte que anotarse en su haber Alcalá de Henares en su contribución al conocimiento. 

Nada habría de problema, si no fuera porque por lo que se lee en los paneles, lo que se ve en las proyecciones de lo que se desea hacer y lo que por fuerza sería al ponerse a funcionar, amenaza seria y claramente a los numerosos nidos de cigüeñas y águilas primilla que se ubican precisamente en los restos elegidos para levantar estos espacios nuevos. Torre y muros de edificio. Este espacio, visible desde el actual aparcamiento, tiene uno de los principales focos de habitación de estos animales, por otra parte protegidos, en amenaza de especie de extinción, objeto de la primera normativa protectora que hizo una ciudad en España, símbolo de Alcalá, parte de su fauna y riqueza, y sí, también, atracitvo turístico y parte de la cultura e Historia de la ciudad. La ausencia de este análisis en la prensa local, el silencio por parte de todas las instituciones implicadas y las claras explicaciones de lo que será el proyecto en los paneles de la exposición hacen pensar lo peor.

Si es deseable recuperar de alguna manera lo perdido, no olvidemos que en esa pérdida tuvimos la ganancia de esa fauna que nos eligió y que ya de por sí se ve afectada por el cierre del vertedero sin que se hayan creado aún en forma debida comederos adecuados para ellas. Todo proyecto debe pasar por respetarlas, y un uso humano de los lugares donde viven, aparte de obras de construcción previas, atenta contra ellas. Se debería estudiar cómo conservarlas en ese mismo sitio, o al menos como trasladar sus nidos, si es que eso es viable, dentro del propio recinto. Los expertos deberían comenzar a pensar en esto antes de que todo ocurra y, por no haberse querido hablar de ello, al final sólo lloremos lo perdido sin haber hecho nada por no perderlo. Lo dice alguien que ya colaboró con Ciconia en los primeros años 2000 para evitar que se quitaran los nidos de encima de la catedral. 

Saludos y que la cerveza os acompañe.


viernes, febrero 14, 2020

NOTICIA 1940ª DESDE EL BAR: UNA NUEVA VIDA PARA ALCALÁ EN EL SIGLO XIX (y 5 de 5)


3.2.- La Guerra de Independencia 1808-1814 en Alcalá de Henares, el parto de un liberalismo con un comienzo traumático en su apogeo del Trienio Liberal de 1820-1823 (2).

Guadalajara, francesa en ese momento, capituló y a todos los presos que se hicieron se les trajo a Alcalá de Henares. El día 22 fueron enviados a Madrid. Entre los que se llevaron estaba Novella, a varios alcalaínos no les pareció justo que se le hiciera aquello. Cándido Riaza, sobrino de Juan Domingo Palomar se fue de guerrillero con “El Empecinado” en calidad de tirador. El 28 y el 29 de ese mes se juró solemnemente la Constitución en Alcalá. El nuevo ayuntamiento constitucional fue nombrado el 11 de octubre, fueron Juan José Landa, el cura Heredero, y Pedro Tejada como electores parroquiales para la elección de diputados por el distrito de Santa María y Jerónimo López y el doctor Barco para el distrito de San Justo. Se levantó una placa proclamando la Constitución con grandes fiestas que incluyeron fuegos artificiales.

El día 25 de octubre entraron en Alcalá los ingleses. Juan Domingo Palomar escribió:

“El día 25 entró en esta ciudad la primera tropa inglesa y portuguesa en número de unos cinco mil hombres, buena gente, toda de infantería; y el 27 por la mañana, a las siete, marchó con dirección al Tajo, donde han llegado los enemigos. Son nuestros defensores y los que nos han dado la libertad los ingleses: no son gravosos porque los víveres, y casi todos los transportes necesarios, los traen consigo, pero se alojan militarmente, y tanto ellos como los portugueses son muy aficionados a robar, propiedad de toda la soldadesca en general, y han incomodado demasiado en las casas de vecindario.”[56]

O en otras palabras, causaban los mismos estragos que los franceses entre los alcalaínos, pero al recibirlos como libertadores los exculpaba el autor del diario. La alegría les duraría poco, el día 2 de noviembre volvieron las tropas francesas a Madrid y a Guadalajara, por lo que las tropas aliadas se fueron de Alcalá dejando a los habitantes a su suerte. Muchos documentos fueron llevados consigo por unos y otros. Todavía se volvieron a ir los franceses de Madrid el día 7, pero volvieron el 3 de diciembre. Esta vez José I volvía acompañado de varios guerrilleros españoles leales a él, como el citado “El Manco”. El día 5 de diciembre los franceses regresaron a Alcalá de Henares con ropas y enseres que requisaron de otros municipios. El general Palombini y sus italianos era uno de los que entraron. Viendo y sabiendo todo lo que había ocurrido en la ciudad se dio permiso para cometer saqueos indiscriminados. Dejó una guarnición de seiscientos hombres al mando de un francés llamado Soult del que Palomar escribió “Somos esclavos de estos caribes, y sobre la esclavitud tenemos que hacerles el gasto de leña, carbón, aceite, camas, manteles, sal, pimienta, y toman cuanto hay en la casa que quieren o necesitan”[57]. O en otras palabras, si le parecía bien que se lo robasen los ingleses, le parecía mal que tuvieran que abastecer con la ley de José I a los franceses. Y es que habían vuelto de nuevo una enorme cantidad de impuestos y de órdenes militares de avituallamiento.

El 7 de Diciembre de 1812 nombraron juez de primera instancia en Madrid a Roque Novella, que volvía a ser libre como tantos otros afrancesados, alguno de los cuáles fue temido su regreso por los que eran leales a Fernando VII, como Tramaria, pues no obstante algunos habían sido delatados y entregados a los fernandinos o bien habían sufrido injurias y abusos durante su breve derrota. El día 16 se nombró un nuevo subprefecto y se hizo regresar a los empleados temidos. El subprefecto fue Barandalla, que era en esos momentos médico de Parla, y se trajo de empleados a Soto y a Félix Cárdenas, y como agregado militar al ya citado  Villagarcía. Este militar mató el día 20 a un estudiante llamado Antonio Allier a sablazos sin saberse los porqués y sin que le arrestase ni se investigase la causa al momento, en enero del año siguiente se llevaría a cabo el juicio y quedó totalmente exculpado del crimen.

1813 comenzaba con subidas del precio del pan, con prisiones y persecuciones, y con la petición de mantas y colchones. Barandalla quiso poner orden según las nuevas normativas militares que se habían dado, por lo que retribuyó a aquellos que cometieran delaciones. Los castigos que se aplicaron, por otra parte, eran castigos fuertes para causar ejemplo, mientras las autoridades eran muy laxas con los excesos de la tropa francesa. Así por ejemplo se llegó a fusilar a cinco alcalaínos durante una salida de la tropa francesa de la ciudad, esta ejecución no estaba en la autoridad de Barandalla, sino en la autoridad militar de los franceses. En otro caso los oficiales franceses y afrancesados permitieron a una columna entera provocar a los vecinos y cometer abusos. La táctica ahora parecía haber pasado a una fase de provocar terror. Se sabía también que los sacerdotes eran el principal objeto de maltrato por parte francesa. El día 2 de abril el general Soult vino a instalarse en Alcalá, uno de los españoles que llevaban la administración local en ese momento, Gallardo, decidió que se le volviese a pagar a él los impuestos que ya habían sido pagados. No obstante, los combates con los empecinados volvían a estar cercanos. Las columnas francesas se sucedían en los relevos unas a otras y se recibían noticias de curas presos de localidades cercanas.

Juan José Landa, que en estos momentos ejercía de comerciante, que era la actividad que se le asignaba a su familia desde hacía décadas, tuvo que alojar en su casa a un teniente coronel y a varios oficiales. Les recibió afirmativamente pero no se quitó el sombrero. En la escalera principal de la casa un oficial se lo tiró de un manotazo. El hijo recriminó al oficial. Fue abofeteado. Hubo insultos. Los oficiales se fueron y Juan José Landa huyó; al regresar los franceses se llevaron presos al hijo y al yerno, llamaron a Juan José Landa tres veces en una plaza pública, vino a la tercera vez y también le hicieron preso. La ciudad quedó escandalizada. Fueron liberados por dinero, una multa. Pero sin duda se había tocado a una de las personas notables del nacido liberalismo alcalaíno[58].

Ante la cercanía de los guerrilleros los franceses volvieron a llevarse cuanto pudieron tanto como abastecimiento como por robo. El día 10 entraron los guerrilleros de nuevo en la ciudad con un festejo aún mayor que la vez anterior. Sin embargo, el día 20 de abril numerosas fuerzas francesas a las órdenes del mariscal Soult regresaron a Alcalá, que fue evacuada con rapidez por los guerrilleros. Alcalá pagó cara su afinidad a los fernandinos constitucionalistas. Se dejó que los soldados franceses saquearan, asesinaran, violaran y destruyeran a su antojo a lo largo del día 21 de abril. Los gritos de las mujeres eran oídas por la noche causando indignación incluso entre los alcalaínos afrancesados. En el convento de las Bernardas pisotearon los óleos bendecidos. Esteban Azaña contó los hechos de lo que ocurrió en aquel convento en su libro de historia, su testimonio es corroborado por Lucas del Campo, otro político coetáneo de él a finales del siglo XIX, gracias a que los documentos del ayuntamiento de la época tomaron precisamente registro de todo lo ocurrido, quizá para quejarse, quizá para guardar memoria. 

Según la versión de Esteban Azaña las tropas francesas forzaron, profanaron y saquearon el templo y convento, destruyendo además las santas formas (las obleas bendecidas) y diversas parafernalias del culto. El general destinado en la plaza alcalaína se asentó en el Palacio Arzobispal, quiso que la tropa se alojara en el convento. Cuando lo logró, un soldado le dijo que había visto a tres monjas de 25 a 27 años que eran muy guapas. El general asentado en el palacio ya había visto a una que realmente le gustó. El general mandó a la priora que se las mandara a palacio, la priora se negó, el general amenazó con asaltar el convento por la mañana, pues ahora que podía alojar a sus tropas él tenía que desalojar el convento de las monjas, quería el convento como cuartel tal como había obtenido permiso. Le puso de tope el 21 de abril. Ellas se habían escondido en el techo con el cura que las asistía, se negaron a salir. Las tropas rodearon el frontal y el largo del convento para que no huyeran. Sin embargo a la mañana siguiente el general amaneció muerto en su dormitorio, donde fue a descansar en espera. Las monjas, se dice, rezaron en gracias al “milagro”. La fuente de esto, que es la familia de escribanos Azaña, decían que se conocía las intenciones del francés por toda Alcalá, pues el sirviente del francés en el palacio, un español, se lo había oído a la hora de la comida. Eso no evitó el saqueo del templo ya citado, sin olvidar que esa noche la población de Alcalá sufrió en gran medida. Desde entonces y reafirmado desde 1844, si se entra en la iglesia de las Bernardas de Alcalá de Henares a lo largo de un 21 de abril y se deja allí una ofrenda o se participa de su misa, se tiene indulgencia de todos los pecados. ¿Razón? Fue concedido por el Papa que hubo en la década de 1820, León XII.

Los días 21 y 22 las tropas de Soult se fueron a Guadalajara para traer consigo todo lo que pudieron coger allí de abastecimiento. El día 25 regresó a Madrid. El 27 volvió a apresarse a Juan José Landa, ahora junto a su esposa. El ayuntamiento intercedió por ellos para que obtuvieran la libertad, cosa que se logró al día siguiente. Alguien les había delatado como personas que alojaban o ayudaban a guerrilleros. Se hizo cargo de la ciudad el general Ormancei. Que será el último general que en mayo recibirá una derrota grande en el puente del Zulema, hoy destruido por la explosión de 1947. Juan Martín “el Empecinado” liberó Alcalá definitivamente con una emboscada maestra donde unas centenas de guerrilleros acabaron con millares de franceses. Los franceses en breve se tendrían que retirar de Madrid. Mientras tanto el precio del pan bajaba paulatinamente.

El 2 de junio Joaquín Garcés, que había jurado la Constitución, tuvo reticencias iniciales para retomar el ayuntamiento leal a Fernando VII, por miedo a precipitarse y que regresaran los franceses, pero al final aceptó el cargo de nuevo alcalde[59]. Aunque los franceses no iban a volver a Alcalá, la guerra continuaba y sus decisiones debían de ser decisiones de contribución de guerra, más teniendo en cuenta el esfuerzo de la liberación de la ciudad. Las tropas constitucionales estaban también muy necesitadas de avituallamiento, sobre todo porque los franceses habían arrasado con todo lo que pudieron. Así pues, Garcés decidió cobrar nuevos impuestos esta vez aplicando la ley constitucional, o sea: haciendo que pagasen impuestos también los nobles y los sacerdotes de acuerdo a sus rentas, cosa que ya se hacía con José I, pero que nunca se había hecho antes. Aquí comenzaron los primeros enfrentamientos entre casas nobiliarias y gobierno constitucional. Los pudientes nobles usaron al Jefe Político, Ignacio Arratia, en su defensa. Hubo un alza de precio por escasez de suministros. El 21 de septiembre contribuyeron porque el jefe de tiradores de Sigüenza llegado a la ciudad les puso en evidencia y en cierto modo ejerció presión con sus hombres y armas. Hubo crisis de gobierno municipal, caídas y ascensos políticos. Conspiraciones de poder. Tiras y aflojas entre el viejo orden y el nuevo orden. El periodo final de la Guerra de la Independencia en Alcalá es conocida como la Revuelta de los Privilegiados, según como la han nombrado los historiadores que más la han trabajado en el libro de La ciudad oculta. El 18 de julio de 1813 los privilegiados mandaron un informe sobre José Antonio Barandalla durante la etapa josefina a Fernando VII. Fue exculpado por otros motivos que se alegaron a su favor. A comienzos de 1814 Fernando VII ya se veía como vencedor y traía de vuelta con él el sistema absolutista, los absolutistas se crecieron. Se consolidaron el 22 de marzo en el Manifiesto de los Persas.

Una de las primeras cosas que hizo Fernando VII por Alcalá fue la ya citada supresión de la orden de los liberales de trasladar la Universidad a Madrid en 1814. El sacerdote Nicolás Heredero, último de los cargos electos constitucionalmente en Alcalá junto a José Rayón, inauguró un nuevo curso siendo catedrático de Retórica y canónigo de la Iglesia Magistral. En su discurso loó a Fernando VII con puyas a los liberales, aunque curiosamente él no sólo era liberal, sino que además volvió a participar de un gobierno liberal en la ciudad en el periodo del Trienio de 1820-1823. Fue depurado por Fernando VII en 1824, y repuesto en 1834, ya anciano y con el rey muerto.

Como ya se ha dicho se comenzó una persecución a los liberales sobre todo con la guerra ya terminada. El epicentro en la ciudad será el Colegio de Málaga. Allí se instruirían alumnos que chocaron constantemente con los soldados del regimiento de zapadores y de la academia de ingenieros. Uno de los conflictos más señalados ocurrió el 16 de abril de 1815 en una obra de teatro en el Corral de Comedias. Como solución se prohibieron las obras de teatro, para malestar de toda la población. En 1819 Miguel Azaña registró la existencia incluso de insultos por este motivo.

Aunque se realizaron tertulias liberales en la Universidad, los liberales fueron muy perseguidos, por lo que pasaron a ser sociedades secretas. La Universidad se apegaba así a un modo de ser ultracatólico o ultramontano, como se prefiera. Sin embargo, curiosamente, cuando el 20 de marzo de 1820 dio el golpe de Estado el teniente Rafael Riego en Cabezas de San Juan y proclamó de nuevo la Constitución, estudiantes y zapadores alcalaínos se unieron para proclamar juntos por las calles el nuevo régimen. Se estableció la obligación de enseñar la Constitución en la Universidad y en las iglesias, aunque sólo una iglesia lo cumplió, no por mucho tiempo, pues su sacerdote fue destituido.  El clero alcalaíno era claramente absolutista en su mayoría. Los liberales se empeñaron en que se aclarara desde la educación que la Constitución no estaba reñida con la religión. Nicolas Heredero y José Rayón volvieron a ser repuestos por las urnas en sus cargos municipales, pero a la vez fueron elegidos en el ayuntamiento extremados y retrógrados absolutistas como Lorenzo de la Torre y José Agustín Jabonero. La sociedad estaba dividida en los extremos. Se compuso una milicia nacional liberal, la cual supuso incomodidades sobre su composición, ya que el equipamiento recayó en los económicamente pudientes, tuvieron obligación de sufragarles equipo. Pero aunque los cambios eran muchos para algunos liberales esto era poco, algunos pedían una democracia aún más radical y total que alcanzara a todos los sectores sociales, estos fueron los llamados exaltados. Mientras los liberales se dividían en dos grupos enfrentados, ambos grupos se unían a la hora de chocar con los serviles o fieles conservadores del Antiguo Régimen, los cuáles llamaban “negros” a los liberales.

El Colegio de Málaga, como centro neurálgico del liberalismo fundó la primera sociedad patriótica de la región madrileña. Se fundó en abril de 1820, celebró su segunda sesión el día 14 con un discurso del doctor Joaquín Lumbrera. Lo fundamental era la explicación del “sagrado Código” [la Constitución] a agricultores y artesanos. Luego pasó a ser llamada tertulia patriótica según el diario El Espectador del 1 de agosto de 1821. Y esa era otra cuestión, la ciudad vio crecer y enriquecerse sus publicaciones gracias a la libertad de prensa.

Manuel Martín-Esperanza fue nombrado alcalde, luego Isidro Escobar y Lizana, y Lumbreras creó un plan de estudios del curso 1820-1821 centrado en explicar la Constitución y la democracia. El 9 de junio de 1821 los liberales quisieron acabar con la Universidad, como ya se explicó páginas atrás. Cerró en el curso 1822-1823 causando pérdidas económicas y despego a los liberales por una parte de la sociedad alcalaína que aún no les había sido desfavorables, si es que la obligación de equipar a las milicias no había sido suficiente, y es que no sólo era equipar, sino que también tuvieron que aportar voluntarios; en las milicias había personas liberales como los Corera, los Landa, los Recio, los Aldama, los Calzada o los Caterineu, entre muchos otros. El ayuntamiento mandó una representación a las  Cortes el 20 de agosto para conservar la Univesidad, como se explicó no fue sincero el apoyo de algunos catedráticos que les acompañaron. No se pudo evitar el cierre ese curso.

En las elecciones abril de 1820 Lumbreras fue elegido representante liberal frente a Fernando Sabugo e Ignacio Urrutia, conservadores. El 18 de febrero de 1822 se produjeron disturbios con disparos entre un soldado y estudiantes a costa del insulto de los estudiantes a este soldado, toda la ciudad se alborotó. Tuvo que intervenir un oficial que le pidió al rector que contuviera a los muchos estudiantes que no paraban de insultar a los soldados desde las ventanas universitarias, fue difícil traer la paz. Quizá por todo esto nacieron ahora guerrillas ultraconservadoras que se dedicaban a entorpecer el gobierno liberal, cuando no a matar o robar a liberales. Fue el caso de un sacerdote llamado Francisco Marzá, del que habla Esteban Azaña como liberal, y al cual contestó José Demetrio Calleja, como absolutista. Francisco Marzá, sacerdote guerrillero absolutista, fue sorprendido y ejecutado en Alcalá de Henares en el verano de 1822, cuando fue descubierto por un mozo de una posada que le vio por la mirilla de la puerta sacando pistolas de su equipaje, cosa que ocurrió en la calle Libreros. El caso fue importante, pues para los conservadores la ejecución de este sacerdote era la prueba de la malignidad del ser de los liberales.

El Congreso de Verona mandó a los Cien Mil Hijos de San Luis a España el 21 de noviembre de 1822. Esto envalentonó a las partidas realistas para cometer asesinatos. El caso de Marzá apareció en ese contexto. En Enero de 1823 el ayuntamiento se indignó con la decisión del Congreso de Verona y mandó un escrito de protesta al gobierno central. Los soldados franceses y españoles realistas obtuvieron resistencia de Torrejón de Ardoz y de Alcalá de Henares, según Azaña, pero ambas localidades cayeron. Fue casi un paseo militar de los absolutistas. No obstante, ante los atropellos de represalias de los absolutistas españoles contra lo liberales, hubo la necesidad de que el francés duque de Angulema pusiera fin a los asesinatos arbitrarios de las partidas absolutistas españolas.

El 8 de julio de 1823 los alcalaínos absolutistas desenterraron el cadáver de Marzá y le rindieron culto sacado al aire en la Iglesia Magistral. A partir de ahí se procedió a la depuración de los maestros universitarios, a la petición del claustro de reprimirles, a los disturbios donde se les fue a buscar, apalear y quemar sus casas, etcétera. José Laso formó ahora las milicias de los voluntarios realistas, pero a diferencia de las milicias liberales anteriores tardó en formarlas por falta de voluntarios. Lo logró el 28 de septiembre. Desde los púlpitos alcalaínos se habló de los liberales como del mal en estado puro. Hubo una persecución de los universitarios del Colegio de Málaga, que volvieron a las sociedades secretas y, ahora también, masónicas. El día de San Lorenzo de 1823 fue el día de las turbas citadas contra los liberales, que se llegaron a comparar con los hechos del 21 de abril de 1813. Entre 1824 a 1829 el escribano Francisco Huerta, que había sido uno de los escribanos del proceso de 1793, opinó que las tertulias y juntas liberales no debían ser permitidas para poder mantener el orden. El 29 de enero de 1827 se sabe que los liberales distribuían pasquines liberales con vivas a la constitución en la calle Mayor y la Plaza de Mercado (de Cervantes), a pesar de estar prohibidos. Y la división prosiguió así hasta la muerte de Fernando VII en 1833, con algún freno en 1830 (año de la supresión de la ley sálica) pues la reina regente en nombre de la reina aún niña Isabel II, necesitaría de los liberales para mantener el trono y combatir a los carlistas.

Y es así como poco a poco se fue conformando en la ciudad la tendencia liberal en contraposición de la absolutista, fuerza políticas ambas que con el tiempo, finales del siglo XIX y tras varios sucesos más, cambiarán y se dividirán hasta formar por ejemplo las corrientes republicanas y las socialistas o las más puramente de derechas, según la tendencia. Baste citar por ejemplo a Esteban Azaña cuando nos recordaba en 1882 como en 1814 se puso una lápida en el puente del Zulema en memoria de la heroicidad de Juan Martín “el Empecinado” de haber liberado la ciudad en 1813, y como esta fue derribada y destruida por los absolutistas en 1823 a costa de que este hombre fue uno de los liberales del Trienio, asesinado en aplicación de la Ley de Fugas por los absolutistas. Durante el resto del siglo y gracias al ascenso político de los liberales en la década de 1830, los liberales complutenses pedirán a la reina Isabel II varias veces que se le reponga algún tipo de monumento a Juan Martín en la ciudad, sin obtener nunca respuesta favorable o como mucho recibiendo largas. Al fin se obtuvo respuesta favorable firme en la década de 1860, sin Isabel II, pero el monumento no se creó de manera inmediata y cuando se hizo era demasiado al estilo francés, por lo que se tuvo que retirar y construir uno nuevo basado en la líneas generales de aquel. Este, el nuevo monumento, que es el que hoy perdura en la Plaza del Empecinado, es de 1879, se trata de una columna en mitad de un jardincillo que sostiene la cabeza en bronce del héroe con un lema. Se ubica en la calle que da al antiguo camino que por la Puerta del Vado (hoy plaza), se llegaba al puente del Zulema, y que por tanto es por donde entró “el Empecinado” en Alcalá, aunque, incluso para los alcalaínos de 1879, este era un lugar retirado y poco visible, aunque bien contentos estaban tras tantas décadas de esperar este reconocimiento. Así de difícil estaban las cosas para los que creían en mayores derechos y libertades en una época tan convulsa como apasionante. En una ciudad que si bien tuvo mejores tiempos, los que vivía eran otra historia que habría de configurar su Historia futura como en silencio tácito, como en susurro, sólo para que ahora podamos escucharlo bien fuerte.

Daniel López-Serrano Páez “Canichu”
Alcalá de Henares, 4 de octubre de 2014.


ARCHIVOS CONSULTADOS

Archivo Histórico Nacional (AHN).
Archivo General de la Administración (AGA).
Archivo Municipal de Alcalá de Henares (AMAH).

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[56]              En Diario de un patriota complutense en la Guerra de Independencia, pp. 93 a 95.
[57]              En Diario de un patriota complutense en la Guerra de Independencia, p. 96.
[58]              Op. Cit. nota 9; p. 104.
[59]              Op. Cit. nota 9; p. 612.