domingo, mayo 20, 2018

NOTICIA 1790ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1999-2006 (2 de 8, juventud, años universitarios)

En el año 2000 estuve entre la segunda mitad del primer curso de la carrera de Historia y la primera del segundo curso. Ya seguíamos con la publicación de Claxon, donde fuimos censurados y expulsados, y hubo un primer ensayo serio de La Botella Vacía. Era el comienzo del siglo XXI y el último año antes de los profundos cambios en el mundo que supuso el 2001 a partir de septiembre. Yo seguía con lecturas parciales muy amplias de múltiples libros y artículos y de todo lo que ya comenté en la entrega anterior. Así por ejemplo recuerdo como leí fragmentariamente Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, el relato que Bernal Díaz del Castillo escribió en 1568, que no llegó a España hasta 1575 y que no se publicó hasta 1632. La lectura de este libro por mi parte sorprendería al catedrático Manuel Lucena, cuando vio que podía hablar con un alumno que contestaba a sus enseñanzas con conocimiento de causa de lo que se hablaba. Muchos de los libros los sacaba de la biblioteca del Centro Juvenil Cisneros (salesiano), de la biblioteca universitaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares (hoy integrada en el Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación, CRAI) o de las diferentes bibliotecas públicas municipales de Alcalá, especialmente de la Cardenal Cisneros. Aún así, seguía leyendo muchos libros que compraba, y otros que me regalaban o estaban por casa.

Año 2000: 21 años de edad.
Leí 11 libros completos.

El nombre de la Rosa (1980, Umberto Eco): Lo teníamos en casa en una buena edición de una colección de libros en tapa dura que sacó la editorial RBA en la década de los años 1990. Yo conocía previamente esta historia a través de la película que rodó brillantemente Jean-Jacques Annaud en 1986. Creo que fui el último de la familia en leerlo. Me habían dicho que era muy buen libro, pero que se hacía algo pesado por el uso abundante del latín. Yo conocía el latín por mi trayectoria en mis estudios en Letras puras, y en esos momentos lo tenía fresco por la carrera de Historia, aunque he de reconocer que de todas las asignaturas de Letras, la del latín siempre me ha resultado algo dura. Umberto Eco es un autor muy culto. Este libro le llevó mucho tiempo en escribirlo porque investigó exhaustivamente, ya que en esta ficción aparecen varios personajes reales de la Historia y varios contextos reales de la Historia. Una de las cosas maravillosas del libro es que Eco se documentó de tal manera obsesiva que ninguno de los personajes reales coincide en la vida real con alguno de los momentos que haya quedado documentado en los archivos. O en otras palabras, todos los días, meses y demás que usa en cada personaje, lo investigó de tal manera que son momentos en los que no hay registro de qué hicieron en ese momento, por lo que su ficción podría cuadrar con un episodio auténtico de su vida. Igualmente la meteorología, los sucesos, la arquitectura... Hizo una ficción de misterio y detectives en plena Edad Media que es verosímil. Verosímil, que no verdadera. El libro me pareció de lo mejor. Además, era un claro ejemplo de escritura culta y ficción de acción. Me aclaró algunas cuestiones de la película, aunque la película ya se explica por sí sola con otro lenguaje. Quizá el latín complicaba la lectura, pero merece la pena leer esta historia en la que se suceden una serie de crímenes en una abadía donde vive una comunidad de monjes copistas de libros. En plena carrera de Historia este libro suponía muchas perspectivas que eran nuevas para mí en la Literatura. A Umberto Eco le vengo leyendo con posterioridad en numerosos artículos y reportajes donde habla tanto de Historia como de Literatura, pero sobre todo me encanta su faceta como escritor de introducciones y análisis a numerosos cómics. Él fue una de las primeras personas del mundo de la Alta Cultura que en la década de 1960 defendió que el cómic era un arte y tenía unas posibilidades narrativas próximas a la Literatura, a la mejor Literatura. Por ello este hombre ha avalado a numerosos autores de cómic y los ha fomentado, por ejemplo a Hugo Pratt.

La náusea (1938, Jean-Paul Sartre): Este libro lo saqué de biblioteca. Como historiador, y tras leer El nombre de la Rosa, y como persona interesada por la filosofía, era un paso lógico, aunque entonces no me lo había planteado. No sabía su argumento cuando decidí leerlo, pero sí conocía la filosofía existencialista de Sartre. Quería conocer cómo era su obra más famosa. Se trata de una novela donde un historiador viaja hasta un pequeño pueblo para investigar y escribir la biografía de un hombre que murió un par de siglos atrás y que en esos momentos era un gran desconocido para la gran mayoría, no existía más que para los más doctos, y que es consciente de que lo que él escriba no ayudará a que para muchos siga siendo alguien que no exista, pues nunca leerán o conocerán de su libro. La historia se mezcla con una serie de acontecimientos en la vida privada del historiador durante los meses que pasa en el pueblo. Se plantea su propia existencia y la existencia de cualquier ser vivo. Este libro es uno de los dos libros que destaqué su lectura de entre los libros que leí en 2000, destacado escrito en la Noticia 204ª, aunque ya había hablado más ampliamente de él en septiembre de 2006, en la Noticia 143ª. Me identifiqué bastante con este libro desde mi perspectiva de historiador. Es un libro que desasosiega, pero tiene un atisbo de esperanza, de respuesta. Mi labor como historiador, incluso hoy día, viene marcada en sus oscuros y sus sombras por lo que a lo que supone en la vida por esta obra.

El otoño en Pekín (1947, Boris Vian): Este es el segundo libro que destaqué en la Noticia 204ª de mis lecturas en 2000. Me lo había prestado el Chico Gris. Había y hay mucha afinidad en lecturas entre ambos. Él ya conocía varios de los libros y la obra de Vian. Era otro de esos autores malditos de la contracultura que estaban entre nuestros admirados. Mi primer acercamiento a un libro de este autor fue este. Me pareció un libro genial lleno de metáforas que transformaban la realidad del relato en algo bello y lleno de significados diferentes. Muy enriquecedor. En cierto modo tomé de él esa necesidad de combinar poesía y prosa para poder abordar los relatos a narrar. La biografía de Vian era otra cosa que también me fascinaba. Un hombre muy completo con una vida extenuante al servicio de la creatividad y de lo contracultural. Todo un afán de creatividad.

Historia de Roma (1995, José Manuel Roldán Hervás): Después de leer el año anterior la Historia de Roma escrita por Kovaliov, ahora leía este libro que me compré en la Librería Diógenes, publicado por la Universidad de Salamanca. Era libro recomendado por el profesor de la Historia de la Roma Antigua, pero a la vez había que leerlo, ya que las clases seguían las pautas de los capítulos de esta obra. Era una visión muy actual de la historia romana desde el punto de vista al que estamos más acostumbrados en la cultura occidental. El libro me parece de lo mejor que hay ahora mismo para conocer Historia antigua. Creo que se encuentra reeditado con algunas revisiones. Yo lo tengo en mi biblioteca y lo sigo consultando cuando quiero recordar o aclarar algunas cuestiones de la Historia clásica. Es muy recomendable y muy didáctico. Es un manual, pero es un libro que explica a la perfección la evolución de aquel mundo.

Historia de la Guerra Civil Española, volumen 1 (1961, revisada y reeditada ampliada en 1977, Hugh Thomas): El británico Hugh Thomas fue el primer historiador que escribió una Historia de conjunto sobre la Guerra Civil Española. La publicó en 1961, pero estuvo censurada en España. La volvió a editar en 1968 y siguió censurada en España. En el resto del mundo abrió el pistoletazo de salida de los historiadores hispanistas que no eran de origen español, casi todos eran anglosajones. Se interesaban por los temas de la República y de la Guerra Civil, dando a conocer a los propios españoles su pasado. Los primeros en conocerlo de este modo fueron los exiliados y todos aquellos que lo querían conocer de forma clandestina. El libro dejó de estar censurado en España en 1977. Era un libro bastante amplio, por lo que se publicó en dos volúmenes. Lo editó Círculo de Lectores y se transformó en el mayor éxito de ventas de ese año. Se notaba que muchos españoles querían respuestas tras una larga dictadura del general Franco. Entre esos compradores y lectores del libro en sus dos volúmenes estaba mi padre. Los libros se guardaban en el que fue mi dormitorio hasta que tuve que irme de allí para poder pasarle ese dormitorio a mi abuela materna. Muchos de los libros, todos, se quedaron allí, pero cuando tuve al fin una habitación propia de nuevo, mi padre ayudó a trasladar mis cosas a ese nuevo cuarto. Dado que estaba estudiando la carrera de Historia me dijo que me llevara esos dos volúmenes y que me los quedara, me los regalaba porque decía que eran buenos libros y los necesitaría. Así que los libros pasaron a mi propiedad por regalo de mi padre. Tardé bastante tiempo en leerlo, porque es un libro muy académico y docto. Una de las lecturas estrictamente de Historia, sin ser manual, que me adentraron en esta forma de leer, con pies de página y consulta de bibliografía. Es una forma de leer algo diferente a la habitual. Más académica. Con este primer volumen recuerdo alguna noche de verano que bajaba al parque con mis padres para tomar el fresco y leerlo bajo una farola. Un vecino jubilado, guardia civil, me preguntó por el libro, pero creo que no entendió muy bien que el libro era un libro de Historia, no de política, aunque se hablara de política. Aunque el libro ha sido superado por investigaciones posteriores de otros autores, sigue siendo un libro de referencia. Hugh Thomas tiene el honor de ser el primero en querer hacer una investigación de conjunto en este espinoso tema de la Historia reciente de España. Por ello escribí mi pésame público en las redes sociales cuando murió el año pasado, 2017, a pesar de que hacía muchas décadas que había cambiado sus ideales laboristas a unos ideales conservadores próximos al neoliberalismo de Margareth Thatcher. En su Historia yo leí con perspectiva muchas respuestas que no tenía. Me resulta ejemplar sobre cómo hay que escribir e investigar un libro de Historia. Thomas lo hizo con los documentos y los testimonios que tenía disponibles en 1961, cuando muchos documentos no se podían consultar y existían muchos silencios y temores, cosa que quiso corregir en 1977 ampliando con documentos y voces que ahora hablaban más, pero estamos en 2018 y ahora hay incluso más documentos y más voces, a pesar de que seguimos teniendo algunos clamorosos silencios que un día habrán de acabar.

El guardián entre el centeno (1945-1946 como serial, 1951 como libro, Jerome David Salinguer): Quizá leí algo tarde este libro. La gente suele leerlo más joven, aunque yo lo estaba leyendo con 21 años. J. D. Salinguer es otro de los autores de la contracultura. Mucha gente hablaba de este libro y de este autor como inicio de una apertura hacia la libertad individual que llevaría a los niños y adolescentes estadounidenses de los años 1950 a la revolución social de los años 1960, rompiendo convenciones sociales de moral altamente religiosa y conservadora. La libertad del individuo como libertad social. Eran los cambios del siglo XX. Varias de mis amistades ya lo habían leído. Yo lo leí de una biblioteca, o quizá me lo prestó una amiga, no recuerdo bien. Trata de un joven que huye de casa y busca refugió entre el centeno. Es la búsqueda de la libertad individual por parte de un adolescente que desea tomar las riendas de su vida de inmediato. Es uno de los clásicos de la Literatura norteamericana del siglo XX, de obligada lectura en muchos de sus institutos de secundaria. Le reconozco el mérito, aunque insisto en que quizá lo leí algo más tarde de lo que la gente suele leerlo, o quizá es que yo ya tenía otras lecturas de la contracultura que me estaban marcando más. Quizá necesita de relectura ahora con otros ojos que da la edad y más perspectivas del conocimiento. No estaba mal, pero no me llegó lo que aparentemente le llegaba a otras personas con su lectura. Supongo, eso sí, que cualquiera que quiera comprender los cambios sociales de la segunda mitad del siglo XX debería leer esta novela entre otros muchos libros, ya que marcó a tantas personas generacionalmente.

Historia Universal Moderna, siglo XVI-XVII (1995, Carlos Martínez Shaw, Juan Jose Iglesia, Juan Ignacio Carmona Garcia, Francisco Núñez, Mercedes Gamero): Uno de los manuales clásicos hoy día ya sobre este periodo de la Historia. Lo publicó la editorial de Historia 16. Yo lo leí de la biblioteca de la Universidad. A la vez leía un segundo manual de Historia Moderna para el siglo XVIII, y, para estos mismos siglos, algunos capítulos extensos que completaban la información de este manual, que por otro lado es muy útil. Es muy voluminoso, pero lo leí, aunque tardé tiempo. Creo que su lectura completa sólo la hicimos unos pocos de la carrera, pero creo que eso es algo que nos enriqueció mucho en conocimientos. Algunas de sus partes era apasionante de leer, otras eran más pesadas, pero era necesario leerla y conocerlas, con reflexión total, para poder comprender y asimilar la Historia en su aprendizaje y análisis. Fue un acierto que la Universidad tuviera estos manuales.

Historia de España. Los Reyes Católicos y los Austrias (1988, dirigida por Miguel Artola, autor: Antonio Domínguez Ortiz): Al igual que el anterior libro, lo combiné con la lectura de extensas partes de otros libros de este periodo y temática de la Historia. Es un libro algo más pesado en su lectura. Muy técnico, pero lleno de datos que ayudan mucho a asimilar lo que cuenta. El libro ha sido reeditado en 2003 y en 2007. Los dos autores implicados son dos clásicos expertos de la Historia de España. Este libro es el tercer volumen de una colección de libros. Estas lecturas, pese a su peso, eran necesarias y, en cierto modo, yo las apreciaba mucho, aunque algunos de mis compañeros me decían que cómo es que me los leía enteros, cómo podía aguantarlos. Otros también los leían enteros. Yo recuerdo este libro siendo leído en la vieja biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, ya cerrada, con los bancos corridos de madera y la luz sobre mi puesto, y también tumbado en el sofá de mi casa.

La España imperial. Desde los Reyes Católicos hasta el fin de la Casa de Austria (1985, reeditado y revisado en 1994, Stanley George Payne): Posiblemente este libro, a juzgar por su bibliogafía, se escribió en los años 1970. El libro más moderno de la bibliografía de este libro es de 1971. Sin embargo, la Biblioteca Nacional de España indica que la primera edición que cuentan en español es de 1985, y la segunda está revisada dentro de una colección de libros de Historia de 1994. Yo compré esta segunda edición, de tapa dura, en una Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, en la Plaza de los Santos Niños, en octubre de ese mismo año 2000 que lo leí. Intentar rastrear en Internet cuándo escribió el libro el hispanista británico Stanley G. Payne me ha resultado infructuoso, sorprendentemente. Lo compré por iniciativa propia para ir completando mi conocimiento y lecturas sobre esta etapa, con fines de mejorar y aumentar lo que sabía de cara a mi formación como historiador. Me pareció un libro fácilmente asimilable. La anécdota de este libro es que lo compré junto a otros libros de Historia del Imperio Español. Aquel sábado, creo que era sábado, vi la catedral de los Santos Niños abierta y quería entrar para poder ver algunas de las esculturas de las tumbas de su girola, como otras veces había hecho. Por coincidencia había algún tipo de acto de la guardia civil. Estaba lleno de ellos con uniformes de gala y sus familias engalanados. No lo sabía, pero me di cuenta cuando ya estaba enfilado a entrar. Un guardia civil me paró en la puerta, viéndome en chaqueta vaqueta, pelo largo, no recuerdo si barba, y una mochila. Me pidió mirar mi cartera y al abrirla vio todos aquellos libros sobre el Imperio Español. Por la cara que puso algo le descuadró mucho, pero igualmente no me dejó entrar. Esta anécdota sirvió para muchas bromas con los compañeros y compañeras de carrera, y aún hoy, cuando de tarde en tarde la recuerdo. El libro es un libro propio de la biblioteca de un historiador. Algunos de sus puntos de vista pueden ser discutibles, o quizá es que el punto de vista de autores españoles ven o comprenden las cosas de modo diferente a los de este hispanista inglés, pero eso no hace menos interesante el libro, si no la contrario. Enriquece.

Los gritos del silencio (1980 como serie de artículos periodísticos, 1987 como libro en España, Christopher Hudson): Este libro se publicó en España como parte de una serie de novelas basadas en películas recientes consideradas grandes películas de los años 1980. La película era de 1984, de Roland Joffé. Sin embargo, el libro sacaba en ejemplar de novela lo que fue algo publicado por entregas en la prensa norteamericana en 1980 y que mereció un Premio Pulitzer, si no recuerdo mal. Se trata de la historia real de un periodista estadounidense (el autor) que fue corresponsal en Camboya en 1972 ayudado por Dith Pran, un camboyano que le servía de guía y que le completaba su tarea periodística. En aquella época, en la que la Guerra de Vietnam estaba entrando en su etapa final de la intervención de Estados Unidos (1973) y de final como guerra civil (1975), muchos comunistas pasaron la frontera a los países limítrofes de aquel conflicto, transmitiendo sus ideas. En Camboya estas ideas comunistas sufrieron una transformación de interpretación dando por resultado una monstruosidad represora que terminó siendo una de las dictaduras y guerras más sanguinolentas del siglo XX, fue la dictadura de los jemeres rojos, repudiada por los comunistas de Vietnam, China, Rusia, Cuba y otros. Como sea, cuando los estadounidenses fueron evacuados con total celeridad de Camboya, Hudson tuvo que abandonar a Pran, por ser este camboyano. No pudo lograrle papeles. La novela trata de las necesidades y suplicios que pasó allí atrapado, ya que era sospechoso de ser hostil al nuevo gobierno y posible persona a ejecutar por haber ayudado a un periodista norteamericano. Aquello se prolongó hasta 1980. Este libro lo compró mi padre junto a otro de esa colección, El corazón púrpura (1982, Alice Walker). Está en el salón familiar. Mi padre me lo recomendó leer, pero yo nunca lo leí hasta esa fecha de 2000. No sé, quizá llevado por un interés de la mezcla Literatura-Historia, y por mi interés por los conflictos del siglo XX. El relato me resultó interesante y me mantuvo pendiente y atrapado el tiempo que duró. La película la vi posteriormente, pero sólo fragmentariamente. Años después me compré este, el otro libro y un par más que fueron de mi padre para poderlos tener yo también. Los compré en la Librería Alcaná de Madrid en 2015, haciendo una parada en la capital una hora antes de entrar en mi trabajo de archivo de entonces, en San Sebastián de los Reyes. Mi idea era los otros títulos que adquirí, Manaos, de Vázquez-Figueroa, que ya comenté en el otro serial, y otro que una compañera rumana quería leer para aprender más léxico español, pero el coste de ambos libros hacía que me dieran dos más por apenas un euro, como promoción, y escogí estos ya que los tenían exhibidos y me recodaban y me dio un recuerdo adolescente.

Viaje alucinante (1966, Isaac Asimov): Existía una película de Richard Fleischer también rodada en 1966. Asimov había colaborado en el guión y su novela salió precisamente de ese guión. Yo había visto la película de niño. Ahora, en el año 2000, leí el libro, que andaba por casa. Me pareció una historia fascinante. La transformación en personas diminutas de un equipo científico para ser introducidas en el cuerpo de otro ser humano enfermo para realizar una operación delicada, mientras, dentro de la lógica de la Guerra Fría, hay un infiltrado que hace todo lo posible por matar a esa persona y al equipo científico. Una historia de ciencia ficción con la que además aprendí un par de cosas que no sabía, como es por ejemplo el funcionamiento de la pleura. Una de las lecturas más apasionantes que hice este año.

viernes, mayo 18, 2018

NOTICIA 1789ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1999-2006 (1 de 8, juventud, años universitarios)

En 2015, gracias a mi diario personal que mantengo en permanente escritura desde 1989, y a que mis primeros libros de lectura estaban todos en mi casa, o al menos la gran mayor parte, pude comenzar una serie de tres entregas donde comentaba todos los libros que leí en mi infancia y preadolescencia, entre 1979 y 1993 (Noticia 1532ª, Noticia 1533ª y Noticia 1534ª). Abarcaba aquello todo lo propio de la infancia y la preadolescencia en el colegio, cuando estaba la Enseñanza General Básica. En 2017 decidí comenzar una segunda serie que abarcara en ese momento lo que sería la adolescencia, cursando el Bachillerato, el Curso de Orientación Universitaria y llegando al examen de Selectividad Universitaria, entre 1994 y 1998, con todos los pormenores que narré en su día (Noticia 1680ª, Noticia 1681ª, Noticia 1682ª, Noticia 1683ª y Noticia 1684ª). Todo esto se encuadra dentro de la etiqueta (serie) dedicada a los libros que leí, la cual nació a raíz de que todos los años, en los finales días de año o en los primeros, os escribo la cantidad de libros que leí ese año y cuáles destaco. etiqueta que luego extendí a comentarios y reseñas de libros y novelas gráficas de cualquier época, género y lugar que me llamaron la atención como para compartirlos en profundidad con vosotros, y que ahora se amplía parcialmente con la promoción del libro y autores de Alcalá de Henares en Las notas de los Cíclopes Libreros. Tal etiqueta (serie) es propiamente: Libros que leí.

Ahora, en este 2018, voy a iniciar una tercera serie dedicada al comentario de los libros que leí durante mi juventud en sus años universitarios. Aclaro que en el último capítulo de la anterior serie ya se había pisado parte de un año universitario, la segunda mitad de 1998, ya que empecé ahí los estudios de pedagogía, que abandoné a finales de ese año o comienzos de enero de 1999. Pero en la segunda mitad de 1999 comencé la Licenciatura de Historia, que logré hacer sin repetir ninguna asignatura, ni suspender nada en sus cinco años que dura, o que duraba. Eso nos pone en que para 2004 ya habría terminado mis años universitarios en cuanto a licenciatura, pero en 2005 realicé los cursos presenciales del tercer ciclo, lo que sería el inicio del doctorado, que debían desembocar en una tesina. Como tantos otros alumnos dejé ahí este camino por motivos desanimadores con las formas y los métodos de una Universidad española que funciona a su manera, por así decirlo. Había comenzado pedagogía en la Universidad Complutense de Madrid y había hecho mi licenciatura y cursos de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares. Ahora bien, en 2006 aún volvería a la Universidad Complutense de Madrid para realizar los cursos y obtener el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), como así lo logré a la primera y con muy buenos vistos buenos, lo que me da no sólo la titulación de licenciado en Historia, sino también el título que me capacita para ejercer de profesor de educación secundaria en Geografía-Historia y otras materias del área de conocimiento de las Letras. Así pues, esta etapa de lecturas mías en cuanto a mi juventud en sus años universitarios ve como la etapa de 1998 de pedagogía ya está comentada en el final de la anterior serie, pero en compensación esta nueva serie va más allá de 2004 hasta adentrarse en 2006.

Hay que anotar antes de empezar esta serie que muchas de las lecturas ya comentadas en las otras series seguían vigentes y potenciadas. Así por ejemplo, mi paso por pedagogía en 1998 me había dado la lectura parcial de libros de pedagogía, psicología y filosofía, entre otros, que poco a poco se fue completando a lo largo de los años, pues, aunque sea paradójico, me picó el gusanillo de esos temas, y en consecuencia leí mucho sobre todo de psicología y de filosofía, muchos libros y reflexiones de Filosofía, cosa que no he abandonado, de todo tipo de autores y de todas las épocas, algunos no obvios en ambos campos, de algunos de ellos aún hoy no he leído libros completos, pero sí numerosos textos y artículos extensísimos y otros más breves. De igual modo seguía la lectura de poemas sueltos, de relatos, de periódicos (que he ido aumentando con los años incluso en idiomas diferentes), de revistas de todo tipo de temáticas (música y cine abundaron, pero también de reportajes de noticias), de cómics (muchos, abundaron de la Marvel y de la DC), libros de texto, manuales y grandes partes de estos, libros religiosos como La Biblia, El Corán o El Libro de los Muertos y libritos varios de la religión hindú y budista, estos a lo largo de la carrera por cuestiones diversas fueron leídos y conocidos casi al completo o al completo, según casos, aunque no de una sentada, igual pasó con El Capital (1867-1874, editado por primera vez en su conjunto en 1932), de Karl Marx, o con Mi Lucha (1925), de Adolf Hitler. Añadamos las lecturas de libros de Historia y enciclopedias innumerables (de mecánica, de armas, de Historia, de fauna, de flora, de etnología, de medicina...), diccionarios y demás, que leí parcialmente en capítulos extensos, artículos, reportajes, entrevistas, etcétera. Son los años en los que escribía La Botella Vacía, y eso llevaba a más lecturas sueltas gracias a todos los que escribíamos allí y en Claxon. Y quepa decir también que los libros de "elige tu propia aventura" que leí entre 1986 y 1993, volvían a ser releídos, Planeta hechizado (1984, Christopher Black), Dimensión maldita (1984, Christopher Black), Astros en desintegración (1984, Christopher Black), estos eran de aventuras en el espacio que nos compraban mis padres, El Imperio Mongol (1988, Carol Gaskin), de viajes en el tiempo que me compraron en un cumpleaños infantil, Odisea en el Gran Cañón (1987, Jay Leibold), también de viajes en el tiempo, OVNI 54-40 (1985, Edward Packard), de una abducción extraterrestre, y El misterio del medallón escocés (1986, Lousie Munro-Foley y Paul Granger), de fantasmas, estos fueron también regalos de mis padres. Esos libros eran oasis muy agradables que estimulaban la imaginación. Te hacían viajar y jugar mientras leías. Ser otro.

Empecemos ya hoy con los libros de 1999, de los que no se debe olvidar las muchas otras lecturas mencionadas de otro tipo de textos y formatos, como ya he dicho. Y que algunas lecturas fragmentarias, al completarse con otras en otros años, completaban libros que aquí no se reflejan. Yo había comenzado la Licenciatura de Historia en la segunda mitad de 1998, así que comenzada el año con el primer curso de la carrera universitaria a mitad.

Año 1999: 20 años de edad.
Leí 24 libros completos.

Led Zeppelin (1997, Gus Cabezas): Tal como ya contaba en la serie de mis libros leídos anterior a esta, yo leía biografías y otro tipo de libros sobre músicos, música y fenómenos relacionados, especialmente de los años 1960 y 1970. Se acompañaba de mi gusto por el rock, compartido con los amigos. Este libro me lo prestó expresamente un buen amigo, Rubén Muñoz, seguidor de Led Zeppelin. Era un libro breve editado por Cátedra en una colección llamada Rock-Pop, claramente dedicada a biografías básicas y breves para su fácil lectura por parte de seguidores, y en concreto jóvenes. Era un buen comienzo para comenzar a iniciarse más allá de lo musical en el conocimiento de cómo surgió todo aquello que hoy día nos ha dado y da muy buenos momentos de nuestra vida. Una revolución musical que ayudó a cambiar la sociedad. La lectura era básica, pero daba los datos justos y necesarios para un no iniciado en esta gente en cuanto a sus logros, que en la música uno ya llevaba mucho de ellos.

Los Beatles (1994, Jorge L. Revilla): En este caso lo editaba Ediciones La Máscara, que estaba especializada en libros que trataban sobre biografías de músicos, Historia de la música, fenómenos sociales relacionados con la música o músicos, partituras, etcétera. Este libro tenía un formato de gran tamaño, pero muy fino, demasiado preocupado en contener fotografías llamativas para los seguidores, pero con un texto que no aportaba nada nuevo, realmente. A esas alturas yo ya había leído mucho de ellos, como ya escribí, y este libro fue un capricho coleccionista por sus fotos. Lo compré en las Tiendas Tipo, que abrieron en Alcalá una sucursal en la Calle Mayor de la mano de uno de los componentes de A Palo Seko. Todo un clásico alcalaíno de adolescentes en los años 1990.

Bugsy Malone (1977, Alan Parker): Esta novela nació de la película homónima de Alan Parker, la cual rodó exclusivamente sólo con niños. Una película de mafiosos basado en la vida de uno real de 1929, que siempre he deseado ver... pero que nunca he logrado ver. El libro lo encontré en la biblioteca y lo tomé para leerlo. Las historias de mafiosos me atraían mucho. Siempre les encuentro algo interesante. Además, la experimentación de narrar una historia con niños me atraía en cuanto a experimentación narrativa, aunque eso no trascendiera en el libro. La edición que leí era la primera original en España.

Piratas (1996, Alberto Vázquez-Figueroa): Como ya dije en la anterior serie yo leía mucho de Alberto Vázquez-Figueroa. Tiene libros que me resultan admirables. Este es uno de esos libros. Es el primero de una saga que no continúe, también lo digo. Fue un regalo de Reyes de mi padre, en su primera edición. Como ya conté en la otra serie las historias de piratas también me gustan, quizá por eso escribí mi libro Balada triste de una dama, que publiqué en 2017. Este libro de Vázquez-Figueroa está muy bien documentado, y para la época, donde el autor no estaba en su mejor momento, fue un resurgir de su carrera. Paradójicamente es uno de los autores españoles más vendidos del último cuarto del siglo XX, pero a la vez uno de los menos reconocidos por aquellos que deciden qué es y qué no es buena literatura. Es el problema de la alta y la baja cultura, sin darse cuenta de que en este libro el autor vuelve a la referencia del mito popular, inalcanzable para muchos, y por ese mismo carácter inalcanzable, apetecible para la masa popular. Yo no despreciaría una literatura por ser de masas y popular. Y hasta donde sé, Pérez-Reverte tampoco lo hizo con este autor.

Poemas y canciones (1968, Bertolt Brecht): No había leído nada de Bertolt Brecht, pero quería conocer a aquellos poetas transgresores que hasta el momento se me habían escapado hasta que el año anterior, 1998, mi profesor de filosofía me regaló a Bukowski, que me fascinó (ver Noticia 1684ª). Brecht no tiene nada que ver con Bukowski, pero era de mi interés, porque parecía algo misterioso, prohibido para algunos. Polémico para unos y salvador para otros. Saqué el libro de la biblioteca. Vi en este libro un compendio de poemas por la libertad escritos con hondura, con una vivencia que no estaba en otros autores. El autor había padecido y había hablado. Fue mi primer encuentro con Brecht. Y entretanto, yo estaba en la composición de mi tercer libro de poesía, que finalizaba mi trilogía inicial, Poemas de un hombre en cambio (tres libros, dos en 1998 y uno en 1999, compilados y revisados unos años después, aún por publicar).

Música de cañerías (1983, Charles Bukowski): Y precisamente porque estaba en una etapa fascinado por la contracultura de Bukowski, mis amigos me regalaron entre todos el día de mi cumpleaños un recopilatorio de relatos de este autor, que eligió en concreto, de entre todos mis buenos amigos, el Chico Gris. Fue uno de los dos libros que destaqué cuando hablé de los libros que leí en 1999 en la Noticia 204ª. Aquello era una explosión total en la mente. De repente toda regla literaria y de otra índole ya no valían. La libertad total. Y todo tipo de temas truculentos tratados con humor, con sarcasmo, con rabia, con denuncia... Hay algo de todo esto en la dejadez que se ve en la película El Gran Lebowski, de los hermanos Coen. Creo que enganchó muy bien la recuperación del censurado Bukowski en España justo en los años 1990. La sociedad más joven lo recibimos como renovación y agua de mayo en un momento en el que casi todos los aspectos sociales y culturales parecían protestar en una especie de dejadez ante lo que parecía el triunfo de lo políticamente correcto y lo conservador disfrazado de progresista. Era la venganza de lo libertario de los años 1970, pero desde otro punto de vista, donde se convivía a la vez que se mordía con rabia al nuevo conservadurismo que venía tras el final de la Guerra Fría, pero antes del 11 de Septiembre. Un extraño oasis en la Historia entre el avance de lo reaccionario económicamente, y militarmente, y la resistencia de aquellos que aparentemente parecían darse por vencidos entregándose a la libertad dentro de su único y propio ámbito, al estilo de los Nirvana, pese a que su lider se suicidó en 1994. Bukowski entonces era parte de todo eso.

Se busca una mujer (1973, Charles Bukowski): Bukowski era parte de todo eso y a la vez era un revulsivo de todo lo que no era eso. Este libro de relatos se lo compró El Chico Gris y me lo prestó para que lo leyera. Bukowski no era un pacifista, pero tampoco era un conservador. Vietnam desgajada a ostia limpia nos recordaba la Primera Guerra de Irak, la Guerra de Bosnia-Herzegovina y cualquier otra guerra que se seguía alimentando tras 1991. La lógica seguía siendo la misma, aunque ya no combatieran los bloques, y se montaba el movimiento antiglobalización que frenó el 11 de septiembre de 2001. En 1999 estos dos libros de Bukowski eran de lo más en mis lecturas. Compuse poemas y relatos en esta línea y ya perfilaba con Chico Gris la posibilidad de iniciar nuestra propia revista. Sin censuras. Luego estaba el asunto del sexo en Bukowski y, bueno, ¡buff, merecía la pena conocer determinadas historias cuando cumplías 20 años! Claro, que luego eso te marca, y no está mal. Libertad y apertura de mente. A pesar de que Bukowski fue acusado de lo que fue acusado en lo referente al sexo en su vida. Pero en esos momentos no era lo importante. Lo importante era el vagabundo que se hizo escritor y no perdió su visión de la vida. ¿Cuántos Bukowskis habrá creado Bukowski con sus escritos? Nosotros éramos unos, pero luego, pocos años después, comenzaron a haber montones.

La muerte de Ivan Illich (1886, León Tolstoi): Lo saqué de la biblioteca de la Universidad. Aún hoy día le sigo dando vueltas a este librito. La literatura rusa es experta en profundizar en los aspectos más profundos de la psicología humana. En este relato Tolstoi se mete en la cabeza de un anciano senil que cree que su familia es ruin y cruel con él. Narra un ambiente familiar realmente horrible desde el punto de vista de la víctima. Pero todo cambia cuando hacia el final descubre poco a poco las pistas que le indican que están en sus últimos días de vida, y su visión sobre su familia cambia. Debe asumir que muere y que lo que ocurre a su alrededor es inevitable. Cuando murió mi abuela materna años después, la cual vivía con nosotros, pensé en este libro. Me pregunté si ella pensaría como Illich en sus últimos días. Si se daría cuenta de todo lo vivido.

El Diablo (1911, León Tolstoi): Un rico que mantiene relaciones sexuales ilicitas con una campesina casada. Tolstoi volvía a hacer un buen trabajo con los personajes. En esta ocasión está cerca de los años de la revolución rusa, aunque es póstumo, por lo que el tema llega a aproximarse a una denuncia social. También obtuve el libro de la biblioteca, contenía un segundo libro: El padre Sergio.

El padre Sergio (1890, publicado en 1898, León Tolstoi): Otro relato sobre relaciones extramatrimoniales, en este caso por parte de la nobleza. Sexo, relaciones ilícitas y psicología. La construcción de los personajes, siempre algo inigualable en este autor. El ejemplar era de una biblioteca salesiana

Relatos Cómicos (1982, Edgar Allan Poe): Se trata de la recopilación de los relatos cómicos que publicó en prensa Edgar Allan Poe en la primera mitad del siglo XIX. Se recopilaron específicamente en conjunto en 1982. Me lo compré en otoño en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión en una edición barata. No son los más conocidos de Poe, pero mi querido y admirado Poe era Poe, y quería conocerle más. Ansiaba alimentarme de más autores malditos, y a Poe ya le conocía, pero no en sus relatos cómicos. Eran realmente raros y extraños. Alguna cosa me inspiró. Con el tiempo estos relatos son ahora más conocidos en España. Por entonces, en 1999, casi nadie sabía de ellos.

Hamlet (1609, Shakeaspeare): No había leído nunca a Shakeaspeare, aunque conocía sus historias. Quise leer algo y fui a la biblioteca a por lo más conocido. Fue otro impacto de contundencia en ese 1999. No tenía nada que ver con lo que había leído que se escribía en el Siglo de Oro español. Era descarnado, violento, sin preocuparle rendir pleitesía al gusto de la Iglesia, del rey o de otro. Muertes, traiciones, estas tramas inglesas eran impensables en la España de la Inquisición. Algo que creo que se arrastra incluso hoy día a la hora de componer. Enseñó al público la libertad de poder hablar con dureza de todo. Moral aparte, aunque contenga moral. Los buenos no tienen porqué ganar siempre. Dicen que puso al día una mitología egipcia, otros dicen que era nórdica. Da igual, la hizo suya y la transmitió magistralmente en teatro. También fue la lectura que destaqué de los dos a destacar de 1999, en la  Noticia 204ª. Giros y lo sanguinolento, lo inesperado de la trama... ahí la clave.

Relatos de Brian W. Aldiss, Isaac Asimov, Ray Bradbury ([1960-1979], Aldiss, Asimov y Bradbury): Ignoro a qué libro me refería con este título cuando lo anoté. Probablemente me refería a una revista de Ciencia Ficción que recopilaba relatos antiguos de los años 1960  y 1970 de estos autores. A mí me gusta mucho la ciencia ficción. Leerles era parte de mi búsqueda de lo rompedor en ese año. Lo raro, lo innovador... lo "fandom", que originalmente en los años 1960 era "fans' kingdom", o sea: "el reino de los admiradores".

El caballero de la oxidada armadura (1987, Robert Fisher): Me lo pasó un salesiano que hoy día ya no ejerce en la orden, se llamaba Roberto, del Centro Juvenil Cisneros de Alcalá de Henares. Era de la biblioteca de aquel lugar. Se trata de uno de los libros de psicología y pedagogía juvenil que más éxito y lecturas ha tenido desde que se publicó, por vía precisamente de la recomendación de su lectura por parte de los formadores. Yo lo recomendaría a mucha gente ya adulta. Es un clásico de los libros de caballería donde en realidad, a modo cuento, se nos narra cómo las buenas intenciones no bastan para obrar, ya que lo que uno cree ser una buena acción puede que sea en realidad algo realmente perjudicial para los demás. La buena acción debe mirar la realidad de lo que el otro necesita y pide, no lo que egoístamente uno cree que es mejor y en realidad sólo beneficia a quien lo hace, aunque sea por sentirse bien consigo. Y eso sin olvidarse de uno mismo, pero teniendo en cuenta que la buena acción no es unilateral. Tiene algo de humor, es como un cuento. Completaba los conocimientos de psicología que había emprendido. Se lo recomendaría a quien lo necesite, aunque lo normal es que quien lo necesita no se da cuenta que lo necesita.

L.A. Confidential (1990, James Ellroy): Un clásico de la literatura del género negro o de detectives. Ambientada en los años 1950, un detective debe investigar una trama truculenta de pornografía, famosas de Hollywood y violencia. El libro lo acababa de adquirir otro buen amigo con el que he escrito varias cosas, Pedro J. Maza. Me lo prestó totalmente entusiasmado con ese autor. He de reconocer que el libro me gustó mucho, aunque no estaba tan acostumbrado al género. Otra vez volvíamos a las tramas de sexo truculento, sólo que esta vez tenía un encanto de cine negro. De hecho la película era relativamente reciente.

Pantaleón y las visitadoras (1973, Mario Vargas Llosa): Pues ya que estábamos con el sexo truculento, una de prostitutas en la selva como servicio organizado por un militar, y entretanto ojeaba ejemplares de sólo prosa de Kama-Sutra y Ananga-Ranga, los libros milenarios del hinduismo. Este de Vargas Llosa era una edición del Círculo de Lectores que compró mi padre hace muchos años. Estaba en mi dormitorio, del que fui expulsado para poder acoger a la abuela Antonia, que vivió con nosotros. Me pareció un buen libro, pero con todo lo que llevaba leído ese año, no me pareció tan transgresor como el resto. Pensaba en que me servía de aproximación a Latinoamérica. Pero lo cierto es que me interesaba precisamente eso: la literatura de habla española escrita también en Latinoamérica, sobre todo ya que ya había leído a Gabriel García Márquez, auténtico ídolo de la palabra y de las historias.

Eva Luna (1987, Isabel Allende): Así llegué a Isabel Allende en su libro más conocido dentro del realismo mágico. No llegaba a la altura de García Márquez, y aún ignoraba que era la hija de Salvador Allende. El libro lo leí no sé si de un regalo que le hice a una amiga o que me lo dejó ella, Laura Vega. Tenía su encanto y recuerdo que me hizo pensar en que me aproximaba a una literatura aún no analizada del todo por mí, aunque no desconocida, la literatura escrita por una mujer con su auténtico punto de vista de mujer. Leer este libro me suponía un doble ejercicio: el de lector de literatura y el de quien buscaba a sus 20 años y sus curiosidades comprender mejor cómo pensaban ellas.

La terquedad de la sombra (1995, Teo Serna): Uno de los Premios Ciudad de Alcalá de novela. Me lo regaló Laura Vega, son su dedicatoria. Lo guardo con cariño. No es que fuera mi novela ideal. Ni siquiera conocía al autor. Pero es de esos regalos que se guardan con cariño. Se leen con cariño a quien lo regala y eso les dota de un algo en tu biblioteca personal.

El origen del hombre (1989, Alfonso Moure): Publicado con revisión ese mismo año 1999 en el que lo leí. Lo compré en la Feria del Libro Nuevo, en primavera. Las clases sobre Prehistoria Antigua y Prehistoria Reciente eran tan entretenidas como enrevesadas en sus apuntes. Este librito me pareció muy práctico para ordenar un poco los datos. Estaba recomendado en la bibliografía que dio el profesor y catedrático Balbín, que últimamente ha saltado a los periódicos por sus importantes descubrimientos con los neanderthales. Aún conservo este libro en mi biblioteca, como recuerdo y como parte de mis libros de Historia, otros libros de prehistoria los di. Este libro me fui útil completando mis apuntes y dibujos.

En busca de los neanderthales (1993, Christopher Stringer y Clive Gamble): Otro libro de prehistoria que recomendaba la bibliografía de las clases de Prehistoria, sólo que este era parte de una lista que había que leer obligatoriamente y luego escribir un trabajo sobre ello. Era caro, muy caro. Me costó ahorrar un par de semanas para comprarlo. Un libro bonito que barajaba las últimas teorías y prácticas experimentales con estudios de ADN para rastrear el origen de los neanderthales y su posible evolución. Me enteré de los diferentes ADN que tiene hombres y mujeres, el mitocondrial y estas cosas. Muy interesante, muy técnico y... también me cansaba mucho. Años después, cuando acabamos la carrera universitaria en 2004 se lo regalé con total afecto a un amigo con el que hice toda la carrera desde 1999, "Pepper". Yo iba para Historia Contemporánea y Actual, pero él iba para Prehistoria. De hecho fue becado en Cantabria, y hasta la fecha allí ha hecho carrera y hasta familia. Le va muy bien con la Prehistoria. Me alegra haber acertado en regalárselo. No podía estar en mejores manos.

La Iliada (siglo VIII antes de Cristo, tal vez el siglo VI antes de Cristo, Homero): Un poema clásico que es base de la cultura occidental actual. Lo leí por entonces a trozos, pero lo leí. De hecho leí mucha mitología y relatos de otros autores. A través de esta obra se puede intuir la vida griega de milenios atrás, pero también se puede saborear cantos y relatos cuya construcción sigue manteniendo la atención de quienes nos acercamos a ella. Hay mucho que aprender de esta obra. No la saboreé aún todo lo que podía, no tanto como otras mitologías, pero con el tiempo y relecturas se corregiría. Lo leí de la biblioteca pública municipal.

Introducción a la Antigua Grecia (1998, Francisco Javier Espelosín): El libro lo escribió el propio catedrático que nos lo mandó leer. Espelosín era genio y figura de la polémica y del sarcasmo. Buen profesor y conocedor de Grecia, pero con un fuerte ego propio. Lo compré en la librería Diógenes. Es un libro de Historia básica de la Grecia antigua que prefiere explicar fenómenos y periodos para abrir mentes, antes que recurrir a un relato cronológico estricto, es por ello un acierto pedagógico total. Muy recomendable. De fácil lectura. Las clases de este profesor y su libro me adentró aún más en la mitología y la Historia de nuestros orígenes. Combinaba estas clases con las de otras civilizaciones antiguas. Pero este gusto ya venía de lejos, como se vio en el anterior serial, sólo que ahora lo perfeccionaba, lo profesionalizaba.

Historia de la Edad Media en Occidente (1983, Emilio Mitre): Otro libro que leí buscando en la bibliografía de su asignatura correspondiente. Mitre es un clásico de los historiadores medievalistas. Es de obligado conocimiento. Ha dedicado toda su vida a la materia. Este libro aclaraba muchos conceptos y periodos un tanto confusos entre los innumerables reyes y sus guerras, pero este libro hablaba también de las clases populares. No es el libro más divertido, pero sí es de necesario conocimiento para el especialista.

Historia de Roma (año de derechos de publicación 1967, libro de la década de 1940, Serguéi Kovaliov): Kovaliov era un historiador soviético que escribió sobre la Historia de Roma en los años 1940. Yo creo recordar que lo escribiría y publicaría sobre 1948, más o menos, cuando comenzaba la etapa dura de la Guerra Fría, o tal vez en 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial. A Occidente su obra le llegó la fecha de derechos de autor en 1967. Su libro, desfasado ya, se ha venido reeditando hasta la fecha, y es que es un clásico. Lo es porque aborda la Historia de Roma desde una perspectiva que los occidentales no hemos abordado: desde la perspectiva de un Imperio con políticas imperialistas, de base agrícola, pero con relaciones comerciales próximas al capitalismo. Su tesis se basa en el ascenso y caída del Imperio Romano por su decadencia y su separación entre gobernantes e intereses de la gente común. El abuso de la fuerza, el militarismo... En definitiva, haciendo un brillante e innovador análisis de Roma, pone de relieve a la vez el mundo del siglo XX entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Cartago, obviamente, aparece. Empecé con este libro porque no quedaba otro en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, el resto lo tenían mis compañeros, pero me enteré que era un clásico y que además contenía en sí varios de los elementos de para qué debía servir la Historia. Lo actual de este libro no son sus datos, desfasados, si no su forma de analizar, su conexión. Aporta nuevas visiones, pero también perspectivas de la utilidad de la Historia como modo de intentar comprendernos en la actualidad.

jueves, mayo 10, 2018

NOTICIA 1788ª DESDE EL BAR: A NAVEGANTE

Guardo para mí la auténtica última frase que dijo mi madre. Sólo la conocen dos personas más. Una de esas personas es sobradamente de mi más total confianza, como ha demostrado más que con creces en más de una ocasión. La otra persona no goza de esa confianza, pero sí de otra cuestión, y su memoria no es tan buena, con lo que estoy bastante seguro que ha olvidado la frase dada la larga conversación general que tuvimos a comienzos de otoño pasado. 


En la mañana del 10 de mayo del año pasado moría mi madre sin que yo supiera haber hecho correctamente la técnica de reanimación cardio pulmonar o cardio respiratoria. Era temprano, tendría que revisar mi diario para decir la hora concreta, o tal vez el acta de defunción, pero así de memoria creo recordar que serían las nueve y algo de la mañana, no sé si ya cerca de las diez. 

He tomado este día de vacaciones expresamente para estar a esa hora en el columbario familiar, llevar unas flores y estar un rato de manera tranquila. 

Y tras escribir muchas cosas y borrar lo escrito muchas veces, ahora salgo para el cementerio. Y no es que uno borre texto por cuestiones emocionales, es que a un año de distancia hay vigencias.

martes, mayo 08, 2018

NOTICIA 1787ª DESDE EL BAR: EL VIENTO

El viento

¿Y qué es el hombre si no la nada?
¿Y qué es la nada si no un concepto del hombre?
Un concepto erróneo y falsificado,
un ancla.
Y el arqueólogo en el desierto,
un viento.
Y la arena y la roca,
una estatua contra el tiempo.
Hay hombres que quieren ser estatua
y hay hombres que quieren ser viento,
cuando el viento choca con la estatua,
es la estatua la que golpea al viento,
y es el viento el que se parte,
el que es retorcido y bifurcado,
el que se voltea sin encontrarse a sí,
pero es la estatua la que un día se desgasta
se parte
y cae al desierto.

Por Daniel L.-Serrano (Canichu, el espía del bar).

(Este poema esta `protegido por la Ley de Propiedad Intelectual. Tiene además registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este poema no está permitida su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

sábado, mayo 05, 2018

NOTICIA 1786ª DESDE EL BAR: ETA HACE LA MALETA

La banda terrorista ETA ha terminado. Es un placer poder escribir tal frase. Cuando se comenzó a escribir esta bitácora ETA aún cometía actos terroristas de asesinato, secuestro, extorsión... Incluso el GRAPO andaba aún existiendo. Cada vez que hubo un asesinato tuvo su condena en esta bitácora, hasta que tomando ejemplo de otros colegas de la blogosfera decidí no alterar los artículos que iba publicando poniendo en la palestra la publicidad de los actos de ETA, aunque su condena siempre estuvo y, de algún modo, siempre se escribió. La entrada más significativa en este sentido fue la Noticia 366ª, escrita el 1 de diciembre de 2007 a raíz de un nuevo atentado en aquella fecha. Allí se hacía una condena, una llamada a la paz y reproducía la lista de asesinados por ETA hasta ese momento. La lista fue retocada posteriormente ampliando con algunos nombres que habían sido excluidos en su origen, luego se amplió con los asesinatos que cometieron en 2008 y 2009, la revisé en el alto el fuego de 2010 y con el alto el fuego permanente, llamado cese definitivo de la actividad armada de 2011, y aún a comienzos de 2012 incluía el asesinato de la niña de casi dos años de edad Begoña Urroz en 1960.

La lista de los asesinatos de ETA, cualquiera de esas listas, está incompleta hoy día. Hay ochocientas cincuenta y siete muertes oficiales reconocidas. Pero incluso así, no hay acuerdo exacto en quienes son esas víctimas y si su número ha de variar. Así por ejemplo, en algunas de estas listas que circulan a menudo se excluye a los terroristas de ETA que la propia banda terrorista ETA asesinó por discrepancias o abandonos del grupo. Dato más significativo es la inclusión o no del asesinato de la bebé Begoña Urroz, de manera "accidental" o colateral, al estallar una pequeña bomba incendiaria en una taquilla de tren. Según Gaizka Fernández y otros historiadores, fue un acto terrorista de otro grupo terrorista de aquel 1960, el DRIL. Las investigaciones de la época apuntaron a ellos y ellos mismos se lo habrían adjudicado a sí mismos. Ahora bien, el caso nunca quedó del todo claro y para otros muchos historiadores aquel atentado fue autoría de ETA. En diciembre de 2011 el gobierno del PSOE, con Zapatero, reconoció oficialmente tal asesinato como asesinato de ETA. La propia banda nunca reconoció haber cometido tal acto. Pero al margen de estos asuntos, quedan en la incógnita más de doscientos treinta casos abiertos de desapariciones y muertes violentas nunca esclarecidos si son responsabilidad o no de la banda terrorista e independentista vasca. Eso sin contar lo que podamos no saber. Algo se ha de andar aún en esclarecimientos para la justicia y para la Historia.

ETA nació en 1952. Su aparición como banda terrorista entraba dentro del marco de los grupos armados que claramente enganchaban con la guerrilla y con el maquis español que habían estado combatiendo la dictadura de Franco desde el final de la guerra civil en 1939. Sólo que para la década de 1950 casi todos los grupos que participaron de las guerrillas (entiéndase el PCE, CNT, PSOE), iban abandonando paulatinamente su apoyo a estas acciones armadas y pasaban a otras tácticas reivindicativas y de concienciación de la sociedad sobre la democracia más pacíficas. De algunos de estos grupos sacó ETA sus primeras armas una vez que no las necesitaban. Excedentes, en algunos casos, de la guerra civil. ETA se inspiró en las guerrillas de Cuba y de Argelia, y también en el grupo terrorista irlandés IRA. Por el camino, como indica Álvaro Baeza en su libro de 1995, la Iglesia les ayudó en su formación. No obstante, cuando la semana pasada ETA pidió perdón a las víctimas que según ellos no tenían responsabilidades directas en el conflicto (términos no aclarados, aunque se sobreentienden) también los obispos vascos pidieron perdón por la parte que les tocaba en el conflicto, esta noticia no fue tan comentada por la prensa como aquella petición inédita de perdón. 

José María Garmendia, que murió en 2007, hizo una buena labor como historiador que no dudó en buscar clandestinamente fuentes reales para poder explicar desde la democracia lo que era la Historia de ETA y su encuadre en la Historia de España. Su libro Historia de ETA fue escrito en 1979 y fue revisado, ampliado y reeditado en 1996, con prólogo de Antonio Elorza, que a la vez escribió su necrológica años después. Garmendia había pertenecido a la primera ETA y se encuadró en lo que se llamó ETA-VI en 1971, una desviación minoritaria hacia una postura netamente comunista que comenzó a discrepar con el rumbo nacionalista de ETA al entender que había un conflicto entre el socialismo marxista y el nacionalismo puro. Fueron expulsados. Garmendia inició su viraje a la democracia, se hizo catedrático de Historia y participó del grupo político Euzkadiko Ezquerra. Su labor pedagógica explicando la Historia de ETA y la razón por la cual muchos etarras se salieron y se pasaron a la democracia le valió recibir una carta bomba que le reventó los dedos, pero su muerte sería por causas naturales mucho tiempo después. Y es que entre las víctimas de ETA también están los heridos, los amenazados, los exiliados, los secuestrados, los robados, los extorsionados.... Sea como sea, aquel libro es básico para una biblioteca de Historia actual de España y por supuesto del País Vasco. Y precisamente esto es a lo que deberá quedar acotado todo el mundo ETA, a la Historia. Pero incluso el propio Garmendia tuvo que recurrir a moverse en lo clandestino para poder escribir con fuentes fidedignas su libro. Y eso que él no tuvo la ley antiterrorista o la ley mordaza actuales. Se hace difícil escribir seriamente de ETA sin que alguien pueda juzgar que haces algo que no haces, que pueda ser apología del terrorismo. No se hace, pero las lineas son difíciles, el camino que le queda a los historiadores para hacer su trabajo futuro dignamente va a ser duro, largo y complicado.  No sé si no habrá silencios y autocensuras ante el miedo a acusaciones injustas con las leyes en las manos.

En este sentido, de todo lo que se ha publicado en la prensa estos tres días últimos, con la declaración de ETA del final de sus organismos y de su funcionamiento, de su disolución total, casi todos los artículos y reportajes están adulterados de un lenguaje visceral  más que informativo, condenatorio desde el triunfalismo de vencedores y vencidos, que tratan de orientar al lector hacia donde debe pensar. Especialmente ha ocurrido esto en los periódicos ABC y El Mundo. En el periódico El Salto se ha querido analizar desde una perspectiva internacional, destacando que en el proceso hay gente detrás como Kofi Annan, que fue secretario de la ONU y que durante el gobierno Zapatero, durante la  tregua de entonces, fue uno de los intermediarios de paz en las conversaciones de Argel. El País ha hecho dos días de un lenguaje de repulsa ante lo que supone ETA y su actividad, pero ha hecho también un tercer día, el de ayer viernes 4 de mayo, muy digno de conservar, con un periódico dado a analizar y contar con periodismo profesional, lo que es algo que hace muchos años que habían dejado de hacer. Hay varios periodistas implicados en ello, pero destaco a Jorge A. Rodríguez, que con su reportaje Una historia que jamás debió ocurrir, pone lo que entiendo que podrían ser las bases para continuar la labor de Garmendia a la hora de contar la Historia. Condenando el terrorismo y la actividad de ETA, explica por encima la historia de esta sin eludir cuestiones tan peliagudas como el apoyo que recibió por parte de la sociedad española al ser vistos como combatientes del franquismo, especialmente con el asesinato de Carrero Blanco y varias personas de los cuerpos de seguridad que practicaban la tortura o habían tenido pasado compartido con los nazis, como tampoco elude las amnistías encubiertas que realizó el PP con Aznar de presidente en su respectiva tregua, u otras cuestiones, incluido el terrorismo de Estado con el GAL (que era una evolución de la guerra encubierta que había realizado los servicios secretos de Carrero Blanco), que probablemente agravó y prolongó el terrorismo. Pero también mencionando las matanzas y barbaridades de la banda terrorista, como el elevado número de muertes en los años de la Transición, o la matanza del supermercado Hipercor en 1987. Tampoco olvida el capitulo de la amnistía y la disolución de los polimilis con Adolfo Suarez de presidente. Hace un análisis interesante que busca explicar lo ocurrido entre 1958 (fecha en la que ETA está conformada ya de manera plena) y este 2018 (año de su final).

Otro acierto de El País es el artículo El yihadistmo aceleró la derrota, escrito por Carlos Yárnoz. Allí se analiza muy acertadamente la Historia reciente cuando el atentado del 11 de septiembre de 2001 por Al-Qaeda en New York provocó una serie de movimientos políticos internacionales que permitió que el presidente Aznar lograra una serie de ayudas de Estados Unidos y la Unión Europea que facilitó mucho su tarea antiterrorista, así como allanó el campo para su legislación antiterrorista que ha asfixiado en mucho a ETA. Pero más allá, el atentado de Al-Qaeda en Madrid el 11 de marzo de 2004, provocó un debate interno en ETA acerca del absurdo de las muertes indiscriminadas para los objetivos políticos. La masacre de Madrid les puso en el espejo y les hizo descubrir su paradoja. Como decía un alto mando de la policía, paradójicamente un acto terrorista sirvió para que unos terroristas se replantearan el terrorismo. Al-Qaeda, de rebote, paradójicamente, influyó en la aceleración del final de ETA.

El año que más gente mató ETA fue 1980, yo tenía un año de edad. Desde entonces en adelante guardo recuerdo tanto de las noticias de telediario, radio y prensa, como las manifestaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco en la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares, los minutos de silencio en el instituto cuando mataban a alguien, las banderas a media asta, el amigo que tenía a su padre en los cuerpos de seguridad del Estado y lo vivía de manera especial, o los anuncios de tregua, los rumores sobre el porqué de la detención de la cúpula en 1992, los rumores de la utilidad política en las urnas de la existencia del terrorismo (acertados o no, existieron), el GAL, o la vez que en 1993 mi madre vivió con unos familiares de Argentina la cercanía de un doble atentado en Madrid, o cuando en esos años 1990 estuve con mi familia en el escenario de otro atentado, en San Blas, cerca de la casa de mis abuelos paternos. Cabría hacer muchas reflexiones y análisis sobre ETA y sobre lo hecho y lo no hecho entre el final de la actividad armada en 2011 y el final de la banda en 2018, con tintes que recogen incluso los nuevos tiempos asamblearios renacidos en 2011, cuando incluso en su despedida usan el término de lucha contra el patriarcado. Pero baste aquí hoy lo que escribo para felicitarnos a todos por el esperado y al fin alcanzado final de ETA.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

martes, mayo 01, 2018

NOTICIA 1785ª DESDE EL BAR: UN CAPÍTULO DE UNA NOVELA INÉDITA

En 2016 colaboré con la poetisa y fotógrafa Sofia Winter en la escritura de una novela que provisionalmente se llamó Historias insignificantes, aunque una vez terminada llegamos a presentarla con tal título a un concurso literario. Se trataba de una novela suya de la que me abrió la puerta para escribirla juntos. Tardamos varios meses en hacerla, con forcejeos de cómo debía ser, parones, la eliminación de capítulos enteros a media novela escrita para volverla a replantear, discrepancias de ideas y consonancias, reescritura de capítulos, revisiones interminables, choques personales y el triunfo de la fuerza de nuestra amistad pese a los atorbellinados y clamorosos roces en la creación de esta novela...

La idea era una idea original de Sofia Winter. Yo no sabía cuál era la dirección de la historia a narrar, ni la historia. Me iba enterando sobre la marcha, según me presentaba sus capítulos. Ella escribía los capítulos de la vida real de la protagonista y yo debía escribir lo que serían las reflexiones, su mundo interior. Sofia me daba unas indicaciones de qué debía ocurrir en la mente de la protagonista, que se balanceaba a veces entre una personalidad filosófica y otras en otra más poética apuntando hacia el cuento infantil, pero siendo adulta. A veces me presentaba el capítulo suyo ya escrito, pero era las menos de las veces, otras veces me presentaba un fragmento o no me presentaba nada. Yo escribía, ella leía y luego me decía si se quedaba lo escrito o si debía cambiar algo. Ahí, según íbamos viendo como crecía el personaje, podíamos entrar en discrepancia o en acuerdo. Principalmente prevalecía el punto de vista de Sofia, ya que era una historia creada por ella y era ella la que sabía la dirección de todo el conjunto, yo el conjunto lo descubría a tiempo real que se construía el relato.

Fue una creación con momentos de mucha consonancia y de otros momentos más bien duros y de discrepancia, pero la colaboración fue buena. Me parece una muy buena novela. Ahora bien, esto ocurrió en 2016, en pleno 2018 Sofia todavía piensa que debemos volver a cambiar el resultado final, volver a reconstruir capítulos, quitar algunos, poner otros, cambiar el final, mover personajes... Yo sigo pensando que la novela está bien como está, si bien necesita una revisión ortográfica y sintáctica, y si tengo que ceder un poco: quizá un poquitín de revisión de estilo, aunque esto no me agrade tanto, esto, eso sí, por parte de una posible tercera persona, una correctora que en todo caso su trabajo final sea aceptado o no por nosotros, los autores.

La novela está inédita. Yo creo que se debiera publicar, pero Sofia al pensar que necesita cambios piensa lo contrario. De todos modos, hoy por hoy la novela está parada desde aquel 2016, se ha quedado tal como la dimos por acabada en aquel momento. Así que de momento está escrita, montada, acabada, aunque en el futuro pudiera recibir cambios o no. Como sea, hoy le pregunté a Sofía si podía y le apetecía que publicara uno de los capítulos que escribí yo. Le pareció bien. Asíque puede que nos sirva también de termómetro ante el público lector, si es que vosotros, lectores, expresáis vuestra opinión. Obviamente no vais a saber de qué va la novela leyendo sólo este capítulo. La novela es algo experimental, al combinar capítulos de vida real de la protagonista ficticia con capítulos de reflexión interior de esa misma protagonista. En el 1º de Mayo, Día del Trabajador, os presento este capítulo inédito de la novela inédita de Sofia Winter y mía, Daniel L.-Serrano "Canichu". Fue un trabajo intelectual arduo y lleno de una historia de proceso de creación digno de su propio relato al estilo biografía, o biopic, como se dice en términos de género cinematográfico. Escribir es un trabajo y requiere de todo tipo de tiempos diversos y diferentes a desarrollar, a tener y a vivir para poder ser posible. Hace un año que ando un  tanto falto de estos tiempos para poder trabajar y para poder trabajar correctamente.

Ya nos contaréis. Esperamos que os guste, aunque os deje incógnitas acerca de qué va la historia. Y aunque nos gustaría saber vuestra opinión, de momento no hay visos de que la novela vuelva a moverse o pueda publicarse, eso requiere de un proceso de creación a retomar por Sofia y por mí, principalmente de Sofia, y eso es parte del biopic de esta novela que no conocemos cómo será y si será. Yo por mí, ojalá tuviéramos un resultado final que convezca plenamente y se pudiera publicar. Saludos y que la cerveza os acompañe.



Sobre el bien y el mal (capítulo 13 de la novela inédita Historias insignificantes, por Sofia Winter y Daniel L.-Serrano "Canichu")

 
La cucaracha andaba despacio por los hierros del quemador de la cocina. Se la puede apartar fácilmente con un papel y luego echarle encima algún veneno insecticida, o pisarla. Algo rápido. Enciendes el quemador. El gas sale por los orificios a los que acercas una cerilla y una llama de fuego que para la cucaracha es una llamarada se extiende súbita alcanzando al ser de lleno. Salta sin fortuna a un lugar donde el fuego la alcanza, logra alejarse un poco renqueando mientras una de sus patas arde. Crees que puede escapar con vida y entonces vuelves a prender fuego a la madera de la cerilla para acercarla a la cucaracha. Ella se retuerce y agita sus antenas. Trata de huir cuando su cuerpo comienza a incendiarse. La muerte le llega pronto, pero su sufrimiento ha sido eterno. Sólo querías matar a la cucaracha de la cocina de una manera rápida, en lugar de eso te das cuenta que su muerte ha contenido un sufrimiento de ella y un comportamiento en ti innecesario. ¿Dónde está el límite entre el bien y el mal?, te preguntas. La cucaracha era insalubre para la cocina, había que eliminarla, el resultado no hubiera sido diferente con el pisotón o el gas. Ha sido la acción de tener que emplear un tiempo, unas decisiones y unos movimientos para aplicarle el fuego lo que lo ha complicado todo cuando te has dado cuenta del significado de aquello.

Tu intención no era aplicar el sufrimiento; sin embargo, creyendo obrar correctamente lo has aplicado de manera inmerecida. ¿Cómo se convierte alguien en monstruo? Dorian Gray, el personaje narrado por Oscar Wilde, deseaba ser joven eternamente. Logró mantenerse joven por mucho tiempo. Joven, afortunado, con éxito… pero la afabilidad de Gray, tan atractiva para tantas personas, ocultaban un secreto monstruoso. Un secreto que el propio Gray tapaba con crímenes para que nadie supiera de él. En un pacto diabólico escondía un retrato suyo pintado en su más plena juventud que envejecía en sus rasgos todo aquello que él no envejecía, y se pudría y deformaba todo aquello que Gray no lo hacía. Horrorizado con la maldad del retrato, Gray lo tapaba a sus ojos, aunque jamás lo pudo tapar a su conciencia. Bien disfrazado carnalmente de joven exitoso era la atracción de mujeres y hombres con fortuna. Si bien pensaba en no hacer mal a nadie queriendo mantenerse joven para siempre, el quererlo a toda costa le hizo cometer las tropelías más salvajes y descarnadas. El joven inocente que desespera con la idea de la vejez y la muerte, de repente comienza una serie de actos que le transforman en poco menos que en una bestia que se refleja en su retrato tapado, el retrato de su alma.

La persona que ha pasado a la Historia como la mayor asesina psicópata de la Humanidad por la gran cantidad de crímenes cometidos, nada menos que seiscientas cincuenta muertes reconocidas, vivió en el siglo XVI. La conocida condesa húngara Isabel Bathory deseaba ser joven por siempre, bella por siempre, admirada por los hombres por siempre. Con la ayuda de su mayordomo y algunas otras personas de su servicio, siempre a sus órdenes por el orden moral que subordinaba plebeyos a nobles, torturaba y asesinaba a todo tipo de jóvenes bellas que trabajaban en su castillo o que eran captadas, a veces secuestradas de entre clases nobles que le rendían vasallaje. Buscaba desangrarlas para poder untarse y bañarse en su sangre joven, creyendo que así se mantendría bella. Bathory creía que su condición de condesa le daba derecho a ese uso de sus vasallas, sus criados creían que obedecer a su condesa era lo correcto. Llegó el día que el miedo popular extendido y los rumores de los sucesos en el castillo llegaron a las autoridades reales. En su concepto de lo correcto juzgaron a todos los criados de Bathory, les amputaron los dedos y les decapitaron, pero a ella no la mataron. Era condesa, lo correcto era no matarla, porque no se sentenciaba a muerte a los nobles, sus actos, aunque erróneos, debían ser acertados por su nobleza. En lugar de ello, tapiaron las puertas y ventanas de sus aposentos, dejando un hueco para pasarle alimento. Emparedada viva durante cuatro años, un nuevo rey se llegó a plantear el condenarla a muerte, pero otros nobles pidieron clemencia por ella por ser noble. Ella moriría por causas naturales. Ella era un monstruo, pero la manera de obrar de sus jueces, matando a los sirvientes y no a ella en tiempos donde existía la pena de muerte, ¿no les transformaba en monstruos también a ellos? Y los vasallos que fueron colaboradores necesarios de sus crímenes, ¿eran o no eran monstruos en unas épocas tan subordinadas y horribles como aquellas? Todos monstruos, sin duda.

Pienso en casos menos atroces. Más cercanos. No hace falta un crimen para pensar si hemos pasado el límite entre el bien o el mal, o para plantearnos cómo se convierte alguien en monstruo. Pienso que el psicópata lo es porque ejerce el mal sabiendo que lo hace. Le excita su capacidad de ejercerlo. Inflingir el dolor al prójimo siendo consciente de que lo hace, psicológico o físico. Puede que no crea estar haciendo un mal, puede incluso estar realizando algo justo, algo debido, o un bien, como el ángel caído cree que el sufrimiento del otro o que el otro sufra puede o bien volver al buen camino al otro, o castigarle sus hipotéticas culpas o tal vez satisfacer una injusticia cometida con quien ejerce de psicópata. Por supuesto, si el otro es realmente culpable o no de algo es irrelevante para el psicópata, porque para el psicópata lo es, es culpable. El psicópata cree que se le comete una afrenta, o quizá cree que necesita satisfacer alguna de sus necesidades y se la niega la otra persona. Un amor no correspondido, un jefe de trabajo que abusa de su cargo, unos empresarios que no dan trabajo, un banquero que ahoga con sus cobros, unas mujeres bellas que no te miran, unos hombres atractivos que van con otras que no eres tú, la persona que crees que obra mal y recibe a cambio bienes…  la excusa del psicópata puede ser varia, el psicópata puede ser consciente de que él se hará culpable si obra haciendo sufrir o bien creerá que el no sólo es inocente sino también víctima del otro, por lo que se autojustifica el que el otro sufra. El psicópata es consciente de que ejerce sufrimiento. Puede que una vez que lo inflige se arrepienta o no, sufra remordimientos o no, pero siempre se ve impulsado a obrar como obra.

Sin embargo, el sociópata ejerce el sufrimiento o el mal sin saber que lo hace. El sociópata se tiene a sí mismo por el centro de todo lo que ha de ocurrir. Se tiene en tan gran estima que obra sin reflexionar si lo que hace o dice ejerce sufrimiento o mal a los demás. En el egocentrismo del sociópata se ha construido un mundo tal que incluso cuando el otro actúa en su vida de una manera normal y corriente, socialmente aceptada, para nada incorrecta, el sociópata si ve que esa actitud no corresponde a lo que él espera o no le beneficia directamente, considera que la otra persona es la que obra mal, aunque no lo haga. El sociópata no distingue entre el bien ni el mal, eso le diferencia del psicópata. Así por ejemplo existen sociópatas muy comunes en nuestra vida actual, quizá cada día más con los nuevos medios de comunicación. Estos, aunque debieran acercarnos, nos alejan, nos alejan emocionalmente porque la comunicación por escrito y la comunicación sin contacto físico descontextualiza muchas cosas, distorsiona muchos discursos e ideas y nos enseña, nos mal enseña, a que nuestra opinión deba prevalecer, nos envalentona en decir cosas que de otro modo no diríamos, y en hacer cosas que de otro modo no haríamos. El sociópata busca satisfacerse a sí mismo sin saber ni pensar si sus actos afectarán mal a otras personas. Un sociópata no acepta que sus actos puedan hacer mal a alguien. Considera que en todo caso son los demás los que obran siempre mal, especialmente cuando cree que le afecta a él.

El acto de la muerte de la cucaracha, ¿fue un acto de psicópata o de sociópata? ¿Dónde estaba la fina línea que separaba aquello? Pero no hace falta ir al crimen, no hace falta. Pequeños actos cotidianos, pequeños actos de cada vida nos dan tantos ejemplos de confusión entre el bien y el mal… Todo el mundo en algún momento de su vida ha cometido algo que se puede considerar acto psicópata o acto sociópata. Eso no quiere decir que lo sea, no se es si no es una constante en tu comportamiento habitual, en tu forma de ser. Nos resulta imposible no ejercer alguna injusticia o algún mal a alguien de manera consciente o inconsciente alguna vez. Las vidas se cruzan y a veces chocan o se rozan, incluso entre los seres queridos. Entra dentro de lo normal de la vida. Lo anómalo es ser constante en ese tipo de actos. Entra ahí la pregunta, ¿cuándo te transformas en un monstruo?

Un filósofo existencialista que ya no recuerdo decía ante la pregunta de si existe el egoísmo recibía por respuesta de su auditorio que todas las personas son egoístas. En tal caso, decía él, no existe el egoísmo como algo malvado, pues si todos los seres son egoístas, nadie podría ser egoísta, ya que todos sabrían que todos obran sólo para sí mismos. Sin embargo, cuando aparece un egoísta de manera clara lo reconocemos y sabemos decir cuando obra mal. Por tanto el egoísmo sí existe. ¿Es bueno, es malo? Depende de los casos, aunque probablemente los valores de bien y de mal no existan, son convenciones culturales. No tiene el mismo valor un acto en una sociedad que en otra. Por ejemplo ayudar a matar a una persona podríamos decir que es algo malo, pero si esa ayuda es en una sociedad donde exista la eutanasia y además en determinadas circunstancias sea algo bien visto, entonces podremos decir que es algo bueno. Así que los conceptos de bien y de mal pueden ser relativos, aunque en general hay valores que todas las culturas consideran como buenos o malos de manera similar o igual. Entonces, ¿quién es el egoísta? El egoísta no sería el que hace algo para sí mismo sin remordimientos o sin pensar seriamente en cómo afectará su acto a otra persona. El egoísta sería el que hace algo para sí mismo sabiendo que va a ejercer un gran mal a alguien con su acto y que además se reitera en ello. El que pasa por encima de los demás sin importarle los demás, buscando siempre sólo su beneficio. Entramos aquí entonces en si esa persona es simplemente egoísta y avarienta o además pudiera ser psicópata o sociópata.

Pero, ¿cómo se forma el monstruo? ¿Por qué Dorian Gray o Isabel Bathory buscaban la eterna juventud? ¿Lo buscaron desde siempre a conciencia de que serían grandes criminales, o desde jóvenes amaban tanto una forma de vida que la desearon en tan gran escala que poco a poco no se daban cuenta de que su querer a toda costa su objetivo creaba a su alrededor grandes males? No, no hace falta ir al crimen, no vayamos al crimen, al menos no a los crímenes de sangre. Crímenes los hay de muchos tipos, aunque sean pequeños actos de las vidas corrientes que en principio nadie llama crímenes.

Los grandes sueños de juventud, los grandes amores, las grandes esperanzas, pueden generar grandes frustraciones. Las pequeñas concesiones a los demás pueden alterar nuestras vidas, sin que los demás luego ofrezcan concesiones a una misma. En principio se obra sin esperar nada a cambio, pero en realidad se espera reciprocidad en aquellas personas a las que más quieres, o ante algo muy esperado. El mucho estudio o el esfuerzo en el trabajo, no recompensado precisamente con un trabajo o con una estabilidad en ese trabajo, son grandes desilusiones. Las pequeñas frases de alguien que minusvalore aquellas cosas que nos apasionan o nos gustan, las pequeñas y grandes desilusiones de nuestros amores, la repetición de actitudes que nos molestan o no nos gustan y contra las que nos hemos quejado cotidianamente en aquellas personas que nos acompañan en nuestro camino diario por la vida, no sólo nos matan un poco, sino que nos endurecen. El monstruo va naciendo, pero nace sobre toda aquella persona que no haya sabido modular al monstruo, dejarle salir de vez en cuando para que jamás llegue a ser, en realidad, monstruo. Pero todos tenemos un niño dentro amordazado. La novia ilusionada, cuyos primeros novios no la amaban en realidad, es más fácil que poco a poco distorsione su idea del amor y devuelva con la misma pedrada al corazón lo que a ella le hicieron a aquellos nuevos que se acerquen a ella. Tanto es así que cuando vuelve a su vida alguien que sí da lo que ella daba, no sabe reconocerlo o de reconocerlo se asusta y lanza piedras y más piedras porque en el fondo no quiere creer en lo que sucede, no quiere que le hagan daño de nuevo, o quizá está ya más enamorada de su forma de vida que de la forma de vida que antes le gustaba. ¿Nos hacemos monstruos o nos hacen monstruos? Pero si aceptamos que nos hacen monstruos, hemos de reconocer entonces que también nosotros ayudamos a crear monstruos. ¿Es entonces el planeta un planeta de monstruos? La respuesta está en el mismo lugar sobre qué es el egoísmo. Si todos somos monstruos, entonces no hay monstruos, porque el monstruo existe por ser algo excepcional, por eso se le diferencia con la palabra monstruo. Cuando una persona es reconocida, aunque sea por una misma, como monstruo, entonces es porque su actitud excepcional así lo hace. En ese caso, una vez más, la pregunta está en si se trata de un psicópata o de un sociópata.

Pequeños acantilados de riscos puntiagudos culminan las arterias que llegan a nuestro corazón cuando hemos recibido tantos golpes en la vida. No queremos que nuestros latidos nos desboquen por el precipicio y nos precipiten a ellos desmenuzando nuestros cuerpos. Como guerreros antiguos combatimos al pie del acantilado para no caer y en nuestra lucha tiramos a otros.

Cuando te sientes utilizada, cuando te dan demasiadas respuestas negativas con sonrisas en los labios, cuando derrumban tus sueños y con ellos la visión que tuviste de tu vida, cuando concedes pequeñas cosas que terminan colonizando tu existencia, comienzas a aprender a hacer algo similar. El problema no es ese, el problema es la costumbre, el no saber diferenciar a quién o a qué, el problema es meterse en un caparazón aislado, el encerrarse en un mundo interior que te ahoga y del que, aunque sería fácil salir, no sales. Tienes miedo de ser dañada y de dañar, y con tu actitud dañas, creas sufrimiento, pero, ¿psicópata o sociópata? O tal vez ninguno de los dos, ¿y si sólo eres una niña a la que el mundo ha transformado en monstruo que a la vez crea monstruos que la ahogan?