martes, enero 14, 2014

NOTICIA 1292ª DESDE EL BAR: LA HISTORIA DE LO LOCAL A LO ESTATAL (4 de 6, más anexo)



Popularmente   se ha venido considerando a Alcalá de Henares una ciudad altamente conservadora llena de militares y sacerdotes, a costa de sus numerosos conventos, su palacio arzobispal, sus numerosos cuarteles y sus varias cárceles a lo largo de la Historia. Si bien durante la dictadura de Franco (1939 - 1975), y probablemente los primeros años de la Transición (1976 - 1982), este pensamiento popular tuvo motivos para consolidarse como ciertos, la verdad es que la base era y es ciertamente falsa, pese a que los tópicos populares crean cátedra en la mente general de las sociedades. También otro tópico popular ya en desuso decía de las mujeres de Alcalá que eran monjas o putas. Cosa que, evidentemente, no es cierta, aunque se basase en la presencia de varios conventos femeninos y dos prostíbulos reconocidos durante el siglo XVI, cuando la población masculina era sumamente mayor que la femenina a costa de la construcción de la Universidad de Alcalá. Los tópicos, claro está, tópicos son, suelen aparecer a raíz de determinados sesgos reales, pero que al ser sesgos no son analizados sus porqués y llevan al error de creer en los tópicos a pies juntillas. Los conventos se deben en realidad a una gran cantidad de colegios universitarios, pues la educación estaba altamente controlada por la Iglesia, lo que no quiere decir que realmente todos fueran convencidos de la vida conventual. Los cuarteles fueron consecuencia en el siglo XIX de la desamortización, pues se alquilaron o cedieron varios de esos colegios al Ejército, dada la cercanía de la ciudad a la capital, especialmente para defender el nuevo gobierno nacido en el Sexenio Democrático iniciado en 1868 y a la Primera República de 1873.

Alcalá de Henares ya era una ciudad “contestaria”, por así decirlo, desde la misma fundación del Estado actual de España. Esta fundación se fija entre el matrimonio de Isabel I y Fernando V (los Reyes Católicos) en 1469 y la Guerra de Sucesión Castellana (1475 – 1479), aunque siempre hay que decir que hay historiadores que discrepan sobre que se pueda considerar esa la fundación de España y no una unión de Reinos. No voy a entrar en ese análisis ahora, para poder seguir con el tema que nos ocupa. En aquella guerra el matrimonio de los Reyes Católicos se enfrentó por los derechos de sucesión hereditarios del trono del Reino de Castilla contra Juana “la Beltraneja”, supuesta hija bastarda del padre de Isabel I. No sólo se enfrentaban en aquella contienda unos supuestos derechos dinásticos, sino que la visión de los reyes Isabel I y Fernando V aspiraba a la creación de un nuevo reino, el de España, donde poder centralizar el poder dentro de lo posible, anulando así determinados poderes feudales de los nobles y altos eclesiásticos sobre los que gobernaban, por ende: también de sus vasallos. Mientras que Juana pretendía continuar con el sistema feudal intacto. Es por ello que Alcalá de Henares, gobernada por el arzobispo Carrillo (que había casado en secreto a los propios Reyes Católicos), fue contraria en la guerra a Isabel y Fernando. El propio Carrillo no veía recomendable la acumulación de poder en manos de los reyes. La guerra fue perdida por “los beltranejos”, y se fundó España, como es conocido. El cardenal Cisneros sustituyó a Carrillo, quien acabó en prisión, e instalado en el Palacio Arzobispal de Alcalá reformó la ciudad hasta transformarla en una ciudad renacentista que sería una de las más importantes de España y epicentro cultural del siglo XVI. Casi llegó a ser elegida capital del Estado, a no ser porque Felipe II elegiría la villa de Madrid como tal. La Universidad de Alcalá competiría contra la de Salamanca, y he ahí la segunda muestra de una ciudad no tan conservadora. Mientras que Salamanca era la ciudad universitaria para gente pudiente, Alcalá de Henares fue concebida como ciudad universitaria para gente no pudiente. Fue la primera que concedió becas en España, y en el siglo XVIII la primera en tener una mujer doctorada. No es de extrañar que fuera de Alcalá de donde aparecieron varios de los comuneros que acabarían marchándose a América. Los comuneros fue otro movimiento social que apareció al comienzo del reinado de Carlos I, en 1520. Sin entrar en detalles, básicamente pretendían limitar los poderes del Rey y establecer un mayor poder a las Cortes. La revuelta, encabezada por nobles, se desbordó y llegó a ser interpretada por el pueblo llano como una revuelta por la disminución de impuestos, mayor garantía de tener pan que comer, poder constituir gobiernos en concejos, en lugar de ser gobernados por los nobles mediante los resabios feudales que quedaban. Aunque la mayor parte de este movimiento y sus principales líderes fueron de actuales provincias castellanas como Segovia, Valladolid o Ávila. Destacaron Juan Bravo, Padilla y Maldonado (ver Noticia 141ª). Es de mencionar que, independiente a esto e igualmente, varios de los defensores españoles de los indios como personas y como súbditos americanos habían surgido de las aulas alcalaínas.

La ciudad había crecido en demasía, los centros de estudio tenían aires de convento, como era propio de la época, pese a que sus alumnos no fueran en su mayoría precisamente religiosos al uso (pongamos por caso al famoso escritor y espía Francisco de Quevedo), y efectivamente la prostitución había crecido en la ciudad tanto como los duelos a espada por peleas a costa de obtener a alguna mujer, ya que, como se ha mencionado, la población masculina desbordó con mucho la femenina, pero eso no quiere decir que todas las mujeres complutenses fueran prostitutas. Fue el propio Cisneros en su regencia quien aprobó un segundo prostíbulo (casa de mancebía) en la Puerta del Vado para aliviar de tensiones violentas a la ciudad. En el siglo XVIII tenemos otro ejemplo del carácter no conservador de la ciudad. Durante el reinado de Carlos III, en 1766, estalló el motín de Esquilache, que básicamente fue una revuelta del pueblo, esta vez encabezados sobre todo por la burguesía y parte de la nobleza, donde se pedía el abaratamiento del pan en plena hambruna. El pueblo se había empobrecido tanto que el hambre les llevó a las armas improvisadas. Del mismo modo se protestaba contra otras cosas, como la prohibición de usar sombrero de ala ancha y capa, ya que facilitaban ocultar armas que permitían duelos y bandidaje en las zonas peor iluminadas de las ciudades. Al acabar el motín, el Ministro Esquilache fue sustituido, pero Carlos III necesitaba dar un escarmiento al pueblo para que no volviera a protestar de esa forma, por lo que uno de los cabezas de turco que usó para castigar fue a la orden religiosa de los jesuitas. Estos en aquella época eran una orden religiosa casi revolucionaria que juraba fidelidad al Papado y no al monarca del país, que controlaban la enseñanza de las clases populares y que en esas enseñanzas incluían ideas de igualdad sacadas de los textos más modernos que los ilustrados de la época editaban (en Norteamérica y en Francia en breve darían lugar a la revolución). Uno de los conventos jesuitas importantes que fueron investigados y clausurados fue el de Alcalá de Henares en la calle Libreros. Poco después, al estallar la revolución francesa en 1789, las autoridades encontraron revolucionarios entre los estudiantes franceses becados en Alcalá, sobre todo a partir de 1793, fecha en la que le cortaron la cabeza a Luis XVI, rey de Francia.

Más interesante para el ensayo que nos ocupa es analizar brevemente la trayectoria de Alcalá de Henares en la Edad Contemporánea. No entraremos en las acciones durante la Guerra de Independencia (1808 – 1814), tan sólo anotar que no fue Alcalá una ciudad especialmente afrancesada, siendo en la ciudad una de las primeras acciones de Juan Martín “el Empecinado” en el Puente del Zulema. Aunque es cierto que las tropas francesas tuvieron aquí uno de sus cuarteles estratégicos para defender Madrid y sus respectivos españoles afrancesados, los cuales, no lo olvidemos, defendían un régimen con Constitución y delimitación de poderes al Rey, José I Bonaparte. Daremos mejor un salto en el tiempo para mencionar la pérdida de la Universidad por la desamortización de Mendizábal de 1836, durante el reinado de Isabel II. La Universidad se trasladó a Madrid con el nombre de Universidad Complutense. Los edificios de Alcalá de Henares sufrieron un abandono y una historia peculiar que llevó a intervenir a los ciudadanos alcalaínos para salvarlos con su esfuerzo económico, bajo pena de si no lo lograban acabar siendo balasto la fachada renacentista del edificio central universitario, o una fábrica de seda uno de sus patios, por ejemplo. Fue algo inédito entre los ciudadanos de un municipio, que fundaron la Sociedad de Condueños, en cierto modo un modo más de resistencia a los designios del gobierno. Pero es obvio que una vez rescatados no se supo bien qué hacer con ellos. Si bien el edificio central se quiso destinar a la educación no universitaria, hubo muchos edificios vacíos, algunos transformados en cuadras improvisadas, cárceles, o conventos propiamente conventos, y no lugares de enseñanza. Cuando en 1868 la Revolución Gloriosa destronó a Isabel II, el general Prim comenzó a buscar a un nuevo monarca. Lo encontró en Amadeo I de Saboya, un rey moderno que traía ideas tales como la división de poderes, una Constitución liberal, democracia aunque fuese censitaria… Pero Prim fue asesinado y Amadeo I llegó a España sin mucho futuro. No obstante, brevemente, le alojaron en el Convento de Agonizantes de la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares, actual casa del ayuntamiento, durante una visita a la ciudad. Pese a la brevedad de su estancia no es baladí. Se iba a instaurar un nuevo régimen y se comprendía de la importancia de defenderlo de los involucionistas. Por ello se creyó que no era prudente concentrar todas las tropas importantes acuarteladas en Madrid capital. Es la razón por la cual se empezó a llenar en esas fechas a Alcalá de Henares de cuarteles. Cuarteles que, cuando se proclamó la I República en 1873 fueron vitales, dentro de lo que cupo, para defender los intereses republicanos. Así que el origen de los cuarteles alcalaínos no es un origen conservador dentro de una dinámica de las llamadas derechas políticas, sino un origen republicano. A todo esto se suma la presencia de las primeras Sociedades Obreras en Alcalá de Henares desde 1871, en relación a la aparición de la Sección Española de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Sección Española de la AIT, o de la Primera Internacional). La ciudad tenía obreros que estaban participando de la Primera Internacional, como se lee en documentos guardados en archivos de Amsterdam y Barcelona. Lo que coloca a la ciudad entre las primeras ciudades españolas con organizaciones obreras de carácter socialista. Pero todo esto, si cobró aliento con la proclamación de la I República en 1873, acabó en parte en 1874, ya que se acabó la I República y comenzó la Restauración Borbónica en la figura de Alfonso XII, los cuarteles alcalaínos fueron mantenidos por las mismas razones, si bien se renovaron algunos mandos para defender ahora a Alfonso XII de Borbón. El régimen se basó en un fraude de turnos preestablecidos pasara lo que pasara en las elecciones censitarias existentes. Un turnismo que se formalizó tras la muerte de Alfonso XII en 1885. El partido conservador y el liberal se alternaban descaradamente en el gobierno, mientras permitían la presencia de otros partidos, como el carlista, el republicano (en varias formaciones), o con el tiempo los socialdemócratas entre otros. Precisamente los republicanos llegaron a contar con un ateneo en la ciudad, igualmente los socialistas, hubo también carlistas, no hay que tacharlos de la Historia local, pero la presencia de republicanos y socialistas es todo un síntoma de la ciudad, máximo cuando uno de los alcaldes en aquellas fechas será Esteban Azaña, padre de Manuel Azaña, quien fuera posterior principal artífice de la II República y presidente de la misma. Los Azaña vivían en la ciudad al menos desde el siglo XVII como escribanos, lo que se registra bien en los documentos del corregimiento de Alcalá de Henares, en el Archivo General de la Administración. No le faltó a la ciudad huelgas y motines del pan en los que llegaron a participar las mujeres en la década de 1890 con banderas negras, lo que era algo tan anómalo y revolucionario que implicó que se proclamara el estado de guerra en la ciudad, como ha investigado y aportado documentación al respecto recientemente el historiador Julián Vadillo.

En Alcalá de Henares los primeros socialistas que aparecieron fueron en general los socialistas marxistas en 1871, en concreto los simpatizantes de lo que más tarde sería la socialdemocracia, en pelea con las tendencias anarquistas, pero tras la Restauración es difícil saber la evolución obrera en la ciudad por cuestiones represoras de la época, la cual ha tenido consecuencias en la documentación que nos ha quedado o que conocemos que nos ha quedado de momento. Los anarquistas en aquellas fechas de la década de 1870 estuvieron también no obstante por la ciudad aunque parecen dar realmente coletazos de atisbos por la Historia en los 1890. Posteriormente reaparecieron los socialdemócratas y los republicanos con fuerza. Les fue útil la legalización de partidos políticos, sindicatos y asociaciones desde la década de 1880. Los anarquistas no se organizaron en un sindicato en España hasta 1910, en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), aunque previamente tuvieron varias asociaciones. Los socialdemócratas se asociaron antes bajo los auspicios de Pablo Iglesias en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879 y posteriormente en el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), en 1888. En Alcalá de Henares esto tiene su reflejo, pues Paul Lafargue, uno de los padres de la socialdemocracia, había estado en la ciudad. Pero si en Alcalá de Henares seguían existiendo las Sociedades Obreras y determinadas asociaciones culturales y educativas de carácter tanto socialista como republicano, no es hasta 1903 que no aparece la estructura de la UGT en la ciudad, en consonancia esta vez con la II Internacional (la llamada socialdemócrata). Parece una fecha tardía respecto a aquel 1888, pero teniendo en cuenta que los socialdemócratas eran minoritarios aún se podría juzgar, en realidad, temprana en relación con otras centros de UGT en otras poblaciones. Aún más, el PSOE en Alcalá de Henares ganaba su primer concejal en 1904, en la persona de Antonio Fernández Quer, cuando hasta el propio Pablo Iglesias no logró ser diputado hasta 1910. Pablo Iglesias previamente no había ocupado más cargos políticos que los propios de su partido, pero Quer llegó a ser el primer concejal del PSOE de la Historia de Madrid y de Castilla la Mancha, hecho descubierto, publicado y puesto de relieve una vez más por el historiador Julián Vadillo. A partir de esta fecha de 1904 los socialdemócratas crearán diversas asociaciones, secciones sindicales y publicaciones en la ciudad. Cuando con Alfonso XIII se da el golpe de Estado de Manuel Primo de Rivera en 1923, se prohíben los partidos políticos y los sindicatos, salvo un sindicato, la UGT. Este sindicato pudo crecer gracias al vacío creado artificialmente por el resto de agrupaciones de izquierdas. Mientras muchos se habían marchado al exilio o acabaron en cárceles o paredones de fusilamiento, los “ugetistas” creyeron conveniente la connivencia con la dictadura para poder ayudar al proletariado. La situación moral dentro del sindicato se hizo insostenible hacia finales de la dictadura y ya para sus últimos años la UGT era ilegalizada, sólo que sus militantes se habían multiplicado con mucho, dado que por bastantes años ellos eran la única alternativa legal de amparo laboral.


La Dictadura cayó en 1930, y Alfonso XIII volvió a legalizar a todos los partidos y sindicatos con la intención de volver al sistema parlamentario anterior creyendo erróneamente que los españoles confiarían en la monarquía. Alfonso XIII era el mismo que había permitido dejar ver descaradamente el fraude del turnismo, el mismo que simpatizó con los germanófilos en la Primera Guerra Mundial pese a la neutralidad, el mismo que dejó degenerarse la situación social en detrimento de las clases populares a costa de llevar a cabo una guerra colonial en el Rif marroquí, que acabó en manos españolas de modo definitivo, el mismo que vio con buenos ojos en principio la dictadura de Miguel Primo de Rivera y que le dio cabida para gobernar ya que incluso él creía más en un gobierno más centralizado y menos coartado por las normas democráticas, era el mismo que al proclamarse la Segunda República buscó refugio en Italia, gobernada por el Partido Fascista de Mussolinni, al que alguna vez declaró admirar, y, posteriormente su misma familia, la que buscó refugio en la dictadura de Salazar en Portugal mientras habían contribuido en la guerra civil a ayudar a Franco con la idea de recuperar la Corona, aunque eso ya cae en los años 1940, cuando los contactos de su hijo don Juan a la par hablaban en secreto con los líderes del PSOE en el exilio con la misma idea de recuperar la Corona, en este caso de modo parlamentario democrático. Obviamente Alfonso XIII no supo comprender muy bien a los españoles, mucho menos en 1930 cuando Miguel Primo de Rivera abandonó el gobierno.

domingo, enero 12, 2014

NOTICIA 1291ª DESDE EL BAR: LA HISTORIA DE LO LOCAL A LO ESTATAL (3 de 6, más anexo)


La guerra civil española vivida entre 1936 y 1939 supuso la ruptura total con los cambios sociales y culturales que España había iniciado a partir del advenimiento de la Segunda República el 14 de Abril de 1931. La dictadura militar que sobrevino posteriormente hasta 1975, con orígenes dispersos entre el catolicismo más fanático, los monárquicos alfonsinos, los carlistas, los falangistas basados en las ideas del partido Fascista italiano, el nacionalismo español exacerbado, y el extremo conservadurismo en general, realizó una serie de depuraciones y represalias políticas posteriores al periodo bélico que no tuvieron precedentes. Si bien miles de españoles se lanzaron al exilio o al autoexilio, otros tantos, dentro de España, eran apartados de sus oficios, encarcelados, torturados, perseguidos, ejecutados o muertos bajo la aplicación de la Ley de Fugas por una supuesta fuga en muchos casos aún no aclarada, por no hablar de la tasa de suicidios y las particularidades de los mismos. Oficialmente la guerra había terminado el 1 de Abril de 1939, oficiosamente esta continuaba ya fuese en forma de la represión por parte de las autoridades colocadas por el gobierno del general Franco, por parte de la sociedad vencedora con rencillas sobre los vencidos (ya mediante denuncias, ya mediante presiones psicológicas en la convivencia diaria, sobre todo en los pueblos), o ya fuese también por aquellos republicanos que se negaron a aceptar el fin de la guerra y se lanzaron a la guerrilla a la espera de que la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) terminase involucrando a España y los aliados se decantasen por eliminar a Franco.

Fue precisamente la dinámica de la guerra mundial, su transcurso, lo que dictaminó el comportamiento de la dictadura franquista hasta aquel 1945. El general Franco había recibido ayuda clara, militar y económica, de la Alemania nazi de Hitler y la Italia fascista de Mussolini. El comienzo de la guerra mundial el 1 de septiembre de 1939, a cinco meses del final de la guerra civil española, tuvo su chispazo explosivo en la invasión de Polonia por parte de Alemania. Las diferentes familias franquistas (católicos, falangistas, monárquicos, militares…) tuvieron diferentes enfoques acerca de esa guerra, en cuanto a sus ideales y las consecuencias que para una España postbélica podía tener intervenir, por lo que Franco optó por la postura de la neutralidad inicial. Fue precisamente el hecho de que Francia fuera dominada por Alemania desde Mayo de 1940, y que Italia entrara en la guerra apoyando a Hitler desde junio, lo que originó la preponderancia de la rama falangista entre las familias franquistas. Serrano Suñer, cuñado falangista de Franco, encabezó por designio del dictador el acercamiento a las potencias del Eje. España pasó a ser de neutral a “no beligerante” desde el 12 de junio de 1940. Dos días después España invadía la ciudad neutral de Tánger en Marruecos, cercana a la frontera de la colonia española en el mismo Marruecos, el Rif. Así mismo, de este modo los barcos y submarinos alemanes e italianos tuvieron facilidades para aprovisionarse en las costas españolas, mientras que los aliados tuvieron innumerables dificultades y reticencias incluso para pasar por el Estrecho de Gibraltar. Del mismo modo, las provisiones de wolframio para la fabricación de bombas iban directamente de España a Alemania, por ende, los alemanes tenían en Galicia a varios militares encargados de este comercio. El paso de militares y autoridades alemanas o italianas por suelo español no era infrecuente. Por no añadir que el saludo franquista hasta entonces era análogo al saludo nazi, brazo y mano derecha en alto. El 23 de septiembre de 1940 Serrano Suñer logró que Franco se entrevistase con Hitler en Hendaya, con el fin de tratar el asunto de la hipotética entrada de España en la guerra mundial en apoyo de Alemania y con vistas a ayudar a invadir Gran Bretaña. No se llegó a ningún acuerdo claro al respecto, pero aún hubo meses después otras entrevistas con Mussolini o Petain, ya en Febrero de 1941. El 22 de Junio de ese mismo año, Alemania invadió la Unión Soviética (URSS), fue entonces cuando España sí tomó parte bélica directa en el conflicto. Se Amparó en la idea de la clase de ayuda recibida durante la guerra civil, y sobre todo en que no se atacaba legalmente a los aliados, si no a los comunistas que ayudaron a los republicanos españoles. Franco mandó una división militar a apoyar las operaciones militares alemanas contra los soviéticos, la División Azul. Esta permaneció en activo hasta marzo-abril de 1944. Su mayor desgaste se produjo en Stalingrado.

La diferenciación legal y moral que hizo Franco acerca de “las dos guerras, la de los aliados y el Eje, y la de la lucha contra el comunismo” le fue útil. Los aliados, ya fuese por astucia o conveniencia político militar, no atacaron a España, aunque los archivos recién abiertos estos años parecen indicar a cuentagotas en los periódicos y libros actuales que se realizaron operaciones secretas en diferentes puntos de España. Sea como sea, aquella diferenciación pudo ser el germen, años después, de que España no fuera invadida por los aliados, aunque sí aislada, o que más tarde fuese hasta pieza deseable por los occidentales en la Guerra Fría. Sí que hay que decir que los aliados suprimieron todo trato financiero o comercial con España a causa de la intervención de la División Azul, lo que hizo daño a la dictadura.

Cuando en Diciembre de 1941 Estados Unidos entró en guerra la mayoría de países latinoamericanos que apoyaron al Eje retiraron dicho apoyo, y por ello mismo a los amigos de este. Franco se veía en situación comprometida, pero el día 12 España seguía confirmándose como “no beligerante”. En el verano de 1942 los aliados se veían fuertes para realizar determinados esfuerzos e intentos. Se había planeado invadir el Norte de África. El presidente norteamericano Roosevelt le entregó a Franco una carta por medio de su embajador Hayes. En ella se le decía básicamente que habría operaciones militares en África y España no debía participar en ellas, aún más, debía facilitar el paso de los aliados o de lo contrario se invadiría el país. A cambio de alguna ventaja económica, y valorando acertadamente lo perjudicial de molestar a los aliados, Franco no puso trabas a las operaciones de la campaña de África. Hizo más aún, aprovechando un enfrentamiento entre carlistas y falangistas en Begoña destituyó a Serrano Suñer y nombró al general Jordana, más moderado y abierto a los aliados, pese a que moriría por vejez al año siguiente y sería sustituido por Lequerica, que no levantaba simpatías entre los aliados. Se retiró igualmente al cónsul español en Tánger y se abrieron consulados norteamericanos en esta misma ciudad y en Ceuta. La guerra mundial avanzaba, Italia era invadida y Alemania empezaba a tener dificultades, sobre todo en su frente Este. El 1 de octubre de 1943 Franco decidía conveniente regresar a la más estricta neutralidad. Se pasaba a disolver progresivamente a la División Azul, los informativos NODO y los periódicos tuvieron orden de engrandecer los triunfos aliados, se redujeron los suministros al Eje, se retiraron embajadores alemanes y japoneses a lo largo de 1944 y se recibía petróleo de los aliados. Como uno de los gestos para evitar la invasión, al acabar el conflicto bélico internacional con la derrota de alemanes, italianos y japoneses, Franco dictaminó por ley en septiembre de 1945 que el saludo fascista ya no era obligatorio en España, anteriormente lo era en determinados ámbitos, circunstancias, jerarquías y acontecimientos. De este modo, jugando peligrosamente a las alianzas no claras, cuando la guerra mundial acabó en 1945, ni uno sólo de los aliados entró en España para restaurar la democracia perdida.

Todas estas etapas tuvieron consecuencia en las acciones represoras de la dictadura. Si bien desde 1939 a 1943 hubo un periodo muy virulento en las mismas, de 1943 a 1946 estas, si bien se siguieron produciendo, se redujeron en cuanto a ejecuciones. Obviamente se tenía miedo entre las autoridades, o entre quienes hacían de ejecutores, de una represalia posterior contra ellos una vez que acabara la guerra mundial y entraran los aliados. No obstante, la ejecución pública del mismísimo Mussolini, o los juicios de Nuremberg contra los altos cargos nazis, no dejaban descartar hipotéticos casos análogos en España. Fue precisamente los años de 1947 a 1949 aún más virulentos que los vividos antes, al amparo de saber que los aliados no entrarían en España en ayuda de los disidentes demócratas. Aún hoy día no se tiene claro la cifra exacta de represaliados, sobre todo de ejecutados, ni donde ni en qué modo descansan muchos de estos, ni cuáles fueron las causas de su ejecución. Aunque sí está bastante claro qué clase de armas legales usó el Estado franquista para llevar  a cabo su venganza y depuración política. La dictadura, lejos de poner freno a la represión, regularizó y legalizó la misma incluso desde tiempos de la guerra civil. Varios documentos legales al respecto nos han llegado a nuestros días. De los cuales el más representativo de ellos es la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939, que evolucionaría en diversas denominaciones y ajustes hasta llegar a ser la base del Tribunal de Orden Público en la década de 1960’.

Las etapas de neutralidad, no beligerancia y de nuevo neutralidad, tuvieron su repercusión en las etapas represivas de los primeros años de la dictadura terminada la guerra civil. Como se ha dicho ya. El ritmo represor, especialmente el de las ejecuciones, no fue el mismo en todos los años de la dictadura, aunque en su primera década fuese muy activo. Centrándonos en esa primera década, ya hemos dicho que entre el final de la guerra civil y la primera etapa de la guerra mundial, en la cual se creía que las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) ganarían la guerra, hubo un gran número de ejecuciones y otras formas represoras. Con la invasión a Italia por parte aliada y hasta el primer año de después de la Guerra Mundial, el ritmo, aunque alto, descendió. Con la comprobación de que no había invasión aliada y el nacimiento de la Guerra Fría en su periodo clásico hubo un repunte muy activo y alto de ejecuciones. Las que fueron por vía judicial se pueden rastrear en los propios archivos correspondientes, las que no fueron judiciales o fueron en masa se pueden rastrear en las fosas comunes, que no paran de aparecer incluso con mayor número de cadáveres de los que se esperaban desenterrar, y en las memorias que nos han ido dejando los protagonistas de todos esos sucesos de un modo u otro que, al comprobarlas, se han ido comprobando como memorias de sucesos reales, si bien matizables para ajustar esas memorias a la realidad de los hechos en su cuantía o su real sucesión de los acontecimientos. Hay otra vía de rastreo, que es la de la prensa clandestina y exiliada, la cual es extraordinaria y sorprendentemente precisa en cuantia y nombres de ejecutados. Todo esto en su conjunto nos da unos datos para interpretar una Historia estatal, pero esos datos se obtienen a partir de casos particulares apegados a localidades, es por ello importante la reconstrucción de historias locales para llegar a la reconstrucción de la Historia estatal. La interpretación de esos datos corre a cargo de cada historiador, siendo el más profesional el que use de todo tipo de datos y sea capaz de abstraerlos lo más posiblemente ajustados a los hechos reales, que son los que él interprete más verosímiles, y como son los que el historiador considera hechos más verosimiles, es por ello obligado y necesario el trabajo de otros historiadores haciendo lo mismo para ir contrastando y llegando cada lector u oyente a crear su propio conocimiento de la Historia. La Historia es pues, en una de sus versiones, quizá la más pragmática, la concepción y reconstrucción mental que cada individuo tiene del pasado. Quizá la más acertada, pero no necesariamente, sea la que más datos contenga.


Pero no nos adentremos y perdamos en un debate sobre historiografía y deontología del profesional de la Historia. En cuanto a lo local por mi parte, en esta Historia de lo local a lo estatal que os estoy presentando, orientada a la censura y a cómo la educación se transformó en adoctrinamiento en los primeros años de la dictadura, hay que hablar de las depuraciones y represiones políticas, concretamente sobre el caso de los maestros de escuela de Alcalá de Henares que ejercieron durante la guerra civil y que pasaron el proceso de depuración política de personal. Este es un caso prácticamente desconocido si se pretende ahondar en la Historia que envolvió a esas depuraciones, por lo que se podría afirmar que el ensayo de esta investigación en cuanto a las depuraciones de los susodichos es inédito tanto en su presentación como en sus datos al respecto. Hacia el final de la guerra civil española la dictadura del general Franco se dotó de un aparato legal para depurar a todos los maestros de España para eliminar de la educación a aquellas personas que fueran de, o estuvieran cercanas a, las ideas de izquierdas. La educación pasó a ser un adoctrinamiento en "Dios, Patria y Franco". La dictadura consideró legalmente a todos los maestros y profesores principales responsables de la guerra. Investigué el tema centrándome en el caso alcalaíno en 2007. En 2008 pasó a ser un libro no publicado que fue readaptado en varias ocasiones por mí mismo hasta ser el ensayo extenso de Historia que es hoy día, con un texto definitivo por lo que a mi labor toca. Tal texto fue comunicado en unas jornadas de historiadores y archiveros en Guadalajara, en noviembre de 2013. Su publicación, dentro de las actas de las jornadas citadas, se producirá en 2015.

Por otra parte, pocos son los historiadores que se han dedicado a historiar Alcalá de Henares en la Edad Contemporánea. La mayoría de estudiosos, por las razones cuales sean, y teniendo en cuenta cierta política municipal muy pendiente de las épocas del escritor complutense Miguel de Cervantes, se han dedicado casi exclusivamente a todo tipo de Historia y estudios sobre la Edad Moderna en la ciudad (especialmente en cuanto a edificios), descuidando el resto de la Historia, la cual es muy rica por existir desde la Prehistoria misma. En los últimos años se ha avanzado algo en los estudios referentes a las instituciones educativas en el siglo XIX, los hechos de la Guerra de Independencia, la desamortización y sus efectos en la ciudad o la Sociedad de Condueños. En cuanto al siglo XX alcalaíno prácticamente no hay nada, siendo los nombres de unos mismos estudiosos los que siempre se repiten al respecto. Varios libros sobre diversos aspectos de la institución militar en la ciudad, uno sobre su aeródromo, dos sobre sus equipos de fútbol, uno sólo sobre la guerra civil, unas memorias del militante comunista local Fernando Nacarino, uno sobre la explosión del polvorín en 1947, varios sobre el cine en relación a la ciudad, algunos sobre la recuperación de edificios de la ciudad tras la dictadura, y acaso varios artículos publicados en actas y revistas de asociaciones de Historia local, donde la más prolífica (la Asociación de Historiadores del Valle del Henares) es en realidad de la Diputación de Guadalajara. Hay además últimamente un afán por publicar libros de fotografías del siglo XX en la ciudad y sobre la historia de sus archivos. Prácticamente el siglo XX de la ciudad está desconocido en los textos de Historia. Pero sigue siendo en conjunto una información pobre la que hay de la ciudad sobre todo desde el comienzo de la dictadura hasta nuestras épocas. Aún con todo, los nombres más destacados de historiadores de la historiografía del siglo XIX al XX en Alcalá son Julián Vadillo, Pilar Lledó, Urbano Brihuega o Gutmaro Gómez Bravo, y de una forma un tanto lejana a nuestros días, Esteban Azaña. Como se ha dicho, sólo unos pocos y mismos nombres se repiten en esta labor de historización. 

Mi contribución bibliográfica a esa Historia local a nivel institucional (en otros niveles hago otras contribuciones más abundantes) será a partir de 2015, como dije ya, cuando se publiquen esas actas de las XI Jornadas de Castilla-La Mancha sobre investigación en archivos: "La educación en España", jornadas que ya he mencionado varias veces en esta bitácora, donde, repito, en noviembre de 2013 presenté el ensayo de Historia sobre la depuración de los maestros con escuela y docencia en Alcalá de Henares tras la guerra civil. Las jornadas se dieron dentro de la Diputación de Guadalajara y contó con una gran cantidad de historiadores y archiveros durante cuatro días. Mi investigación tuvo buena acogida, aunque hubo un muy alto nivel de calidad en todas las conferencias y comunicados que se presentaron. Con esta investigación quiero contribuir a aportar más datos en publicaciones oficiales sobre qué ocurrió en la ciudad en ese siglo XX, siempre abierto a que sea un inicio para incitar a otros historiadores a indagar más y aportar más visiones. Aclaro que yo me ceñí a lo que estrictamente se lee en los expedientes, y queda abierto a que otros historiadores, me gustaría que sin despreciar esa investigación propia, puedan ampliarlo, contrastarlo o debatirlo todo con otro tipo de fuentes, si fuera posible. No era mi intención hacer una Historia total, sino dejar el comienzo abierto a algo para otros que vengan detrás. Si bien es cierto, como he dicho, que mis contribuciones sobre la divulgación de la Historia de esta ciudad han estado más ayudando en investigaciones de amistades, esta misma bitácora o rutas guiadas personales a grupos de amigos, conocidos e interesados. Aunque sin duda mi mayor contribución ha sido, y será, mi trabajo, cuando lo he tenido, de archivero. De una forma anónima queda mi labor profesional para la conservación, consulta y uso de una gran cantidad de documentación histórica no tratada archivísticamente anteriormente a la labor que se me encomendó en cada uno de sus momentos. De entre los varios temas que personal y profesionalmente he tratado, de momento la documentación que más afecta a Alcalá de Henares es la concerniente al corregimiento de Alcalá de Henares de finales del siglo XVII hasta comienzos del siglo XIX, que aún espera en los depósitos del Archivo General de la Administración a que les toque su turno administrativo de ser publicitados a todos los ciudadanos, cosa difícil dados los recortes económicos en Cultura, por tanto también en archivos, donde esa meta final cada vez se aleja más de ser cercana por falta de presupuesto para contratar a personal que culmine esa labor. No deja de ser propaganda que mientras centenares, sino ya millar o millares, de archiveros de toda España nos hemos ido y nos vamos al desempleo, los gobiernos local, autonómico y estatal alardeen todos de novísimos edificios de archivo que se construyen a pesar de no tener dotación humana para conservar la documentación y dar servicio correctamente a los ciudadanos. Hipocresía donde las haya.

Sea como sea, ¿Cómo era el contexto político de la sociedad de Alcalá de Henares en el momento en el que se aplicó las leyes de depuración de los maestros, en esa España de la que ya hemos hablado de su censura y de su paso de la educación al adoctrinamiento? Lo veremos en la cuarta y quinta entrega.

viernes, enero 10, 2014

NOTICIA 1290ª DESDE EL BAR: LA HISTORIA DE LO LOCAL A LO ESTATAL (2 de 6, más anexo)



En el Paraninfo de la Universidad de Salamanca se reúnen el 12 de octubre de 1936 una gran cantidad de autoridades franquistas para celebrar lo que llaman "el día de la raza". El poeta y político José María Pemán da paso al profesor Maldonado que trae un discurso donde llama a Cataluña y a las regiones vascas "cánceres en el cuerpo de la nación", y prosigue: "El fascismo, que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos". Alguien grita uno de los lemas de la legión, "¡Viva la muerte!". Millán-Astray, el general más que mutilado fundador de la legión, delante de Franco, su esposa y otros muchos, comienza a gritar "¡España!" tres veces, para que el público grite a coro en cada vez "¡Una!", "¡Grande!", "¡Libre!", lema copiado de la propaganda nazi alemana que hablaba de un pueblo, un Imperio y un Führer. Unos falangistas alzan el brazo en saludo fascista y gritan "¡Viva Cristo Rey!". Cuando Maldonado da por terminado su discurso le toca hablar al catedrático y rector universitario, el escritor y filósofo Miguel de Unamuno. Su discurso no puede ser más contundente: 

"Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo, -dice Unamuno señalando al obispo de Salamanca-, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!" y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor."

(Texto que recogió Hugh Thomas en La Guerra Civil Española -1961-, y que tras consultarlo yo mismo allí, yo os reproduzco a través de la cita que hay en la biografía de Millán-Astray en Wikipedia).

Del mismo discurso de Unamuno son sus palabras: "venceréis, pero no conveceréis". Las tácticas para convencer de los alzados eran desde luego más rudas que intelectuales. A Unamuno poco menos que lo hubieran matado allí mismo si la esposa de Franco, Carmen Polo, no le coge del brazo para salir juntos de la Universidad. Sin embargo, aquellas palabras le valieron el arresto, encierro y la muerte durante el mismo.

De estos modos comenzaban a acallarse voces. De estos modos, la censura. Y muy unida a ella, un adoctrinamiento de la sociedad.

En la viñeta superior tenemos una viñeta firmada por alguien que escribió "AS", luego diré quién es. En ella vemos en una feria al presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluis Companys, al presidente de la República, Manuel Azaña (del que por cierto hoy se cumplen 134 años de su nacimiento), y al ministro y presidente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Indalecio Prieto, como seres antropomorfos que son animales de un tío vivo sobre los que se montan las juventudes falangistas. Un tío vivo que en realidad se llama "los tíos vivos", en tono de humor negro. También vemos un "tragabolas marxista", un "tiro al rojo", donde hay otras tantas personas antropomorfizadas en cerdos de color rojo y que nos recuerdan que son fusilados y hay, en definitiva, toda una serie de guiños políticos de extrema derecha en ese dibujo que se publicó precisamente en las fechas de la guerra civil o bien en los primeros años de la dictadura sin guerra. Los jóvenes falangistas que vemos en las monstruosas atracciones son falangistas camisas nuevas, pues portan las boinas rojas de los carlistas que Franco les impuso al fusionarles a la fuerza con un decreto de abril de 1937, aunque el colorista no pintó de azul las camisas (pudieran ser requetés carlistas).

Particularmente no sé si la viñeta se publicó en la revista TBO, que llevaba en activo desde 1917 y duró hasta 1938, luego inició una etapa nueva a partir de 1941. Es bastante probable, pues sus líneas, colores, estilo y demás está muy acorde con muchas del resto de viñetas que creaban sus autores en esas fechas. Los colegas historiadores Eduardo Villaverde, Iván Manzano y el doctor en Historia Julián Vadillo, entre otros, son de la opinión de que podría serlo, a falta de que alguno de nosotros conozca el contenido de todos los números de TBO. Al menos lo que sí es seguro es que el pseudónimo "AS", correspondía a Valentín Castanys, que trabajó en TBO posteriormente, ya con su nombre tal cual. Durante la Guerra Civil, Castanys (al que ahora se le reivindica su nombre como Valentí, en catalán, pues era de Barcelona, aunque dudo que le hiciera gracia el asunto), fue partidario del bando franquista, y pintó sus dibujos como AS en las revistas Falangistas y Flechas y Pelayos, quizá la viñeta de la feria sea de alguna de esas revistas, esta opción es bastante probable, sin quitarle probabilidades a TBO.

Los cómic en España fueron también llamados historietas o, aún más profusamente: tebeos. El éxito de la revista TBO fue tal durante ochenta y un años que mucha gente esa palabra historieta la cambió por tebeo, y actualmente cómic y tebeo son igualmente válidas para nombrar al Noveno Arte en español. Esto nos hace ver la importancia cultural de esta revista entre infantil y juvenil, aunque más de un adulto también la leyó. Las viñetas de Valentín Castanys tenían su importancia, aunque pareciera que no, más en una España con una alta tasa de analfabetismo. Está bien estudiado en todos los países occidentales, cómo las viñetas de los periódicos nacieron en origen por la necesidad de buscar consumidores de los periódicos también de entre los analfabetos, pues con los dibujos se les explicaban las noticias, y si estos eran chistes tenían incluso mayor público, más si alguien se los leía si tenían texto, que fue algo que ocurrió más tardiamente al nacimiento de esta idea en el siglo XVIII. 

La censura y el adoctrinamiento van así de la mano en las publicaciones y los productos culturales, y como decía en la primera entrega, especialmente los destinados a los niños y jóvenes. 

En los libros de las escuelas volvió a usarse en la España de Franco, por ejemplo, el Catecismo histórico e Historia Sagrada, que el abad Claudio Fleury escribió en 1893 con la corrección de siete teólogos y la autorización del arzobispo-obispo de Madrid-Alcalá de Henares, en una reedición que le hizo S. Calleja en 1897.

Pero, volviendo al tema de los dibujos como medio de educación, estos cobraron gran importancia en los libros escolares más usados del momento, la llamada Enciclopedia Álvarez, que en realidad eran libros de texto que contenían todas las materias básicas en la enseñanza. Sólo el tomo de primer grado de Primaria en 1964 contaba ya con ciento treinta y ocho ediciones publicadas y usadas. Su primera asignatura a aprender era la Religión con su Historia Sagrada, el Catecismo y los Evangelios, que abarcaban desde la primera página hasta la página 52, en un libro de 285 páginas y que debía albergar hasta trece temarios más. En todas las materías, incluso en las matemáticas, había poemas clásicos, si bien muchos de ellos sin mucho valor literario. En geografía, junto a un dibujo de España, un niño y una enorme bandera, se leía:

España, la Patria mía, 
tierra noble y de valor, 
de hidalgos y de alegría,
bendita de puro amor.
España es lo que más quiero,
por ella diera la vida,
por su enseña que venero
y por su tierra querida.

D. Mistral

Más que una lección de geografía se estaba dando un adoctrinamiento sobre una determinada idea de patriotismo, basada en la religión ("bendita de puro amor"), y su bandera, que al estar dibujada al lado recordaba los valores del Movimiento que sustentaba la dictadura, y si algo fuera contra esto había que coger las armas para defenderlo ("por ella diera la vida, / por su enseña que venero"). Esto dado a los niños más pequeños de las escuelas, pues se trataba, insisto, en el libro del primer grado de Primaria. En otras materias, como las dedicados a la Naturaleza, se usan muchas metáforas político-sociales con los animales, sobre todo con los insectos, que educaban transversalmente, o sea, insisto aún, indirectamente. Pero en este libro destaca una de sus últimas partes, dedicada a enseñar a los niños las banderas de España. Según el mismo había tres: la de España, la de Falange y la Tradicionalista del carlismo. Los escudos de España eran dos: el escudo nacional y el escudo de Falange. En los himnos se enseñaba uno que decían que era el nacional y luego todos y cada uno de los himnos de los partidos de extrema derecha que apoyaron a los golpistas en el levantamiento de 1936, incluido el himno de la legión. Ese mismo temario se extiende luego en otras cuestiones como las figuras de Calvo Sotelo, Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco, cómo saludar a la bandera, cómo hacer un saludo nacionalsindicalista (el de Falange), los gritos nacionales a Franco, cómo han de ser las heroínas femeninas, los días festivos (muy unidos a lo cristiano), etcétera. Todo muy escolar, y se puede tomar a broma, pero realmente estaba todo explicado de modo muy escolar.

En el libro dedicado al segundo grado de Primaria, con unos niños ya más crecidos, camino a la preadolescencia o a la adolescencia, tenemos una portada donde a la cara de un joven le acompaña el saber en un nuevo amanecer y las metáforas de las Tablas de los Diez Mandamientos (por cierto que hechas del mismo modo que en la película con ese nombre de 1956, dirigida por Cecil B. DeMille), un cañón, la fecha de 1808 o la forma de España, entre otras cosas. La dinámica es la misma que en el libro de primer grado, pero los dibujos son más adultos y los poemas son más clásicos todavía. Ahora son unas 490 páginas. Las cuestiones de adoctrinamiento político, social y religioso son más abundantes y evidentes en todo el volumen. Centrémonos en este libro por ejemplo en las lecciones de Historia. En esa materia cada frase es analizable, porque no le falta de nada. Desde la lección donde se dice que Mahoma era rico porque se aprovechó de un matrimonio con una rica y, al no tener porqué trabajar "se inventó una religión", a aquella, por ejemplo, donde se dice que Carlos I era un buen gobernante porque: "desde que tomó el gobierno de la nación en sus manos, no se volvió a ver en la Corte a ningún ministro que pudiera vanagloriarse de ejercer influencia sobre el Rey". Ni que decir tiene, aparte de la barbaridad evidente de la afirmación que se hacía sobre Mahoma, que Carlos I recibió el gobierno, no lo tomó, que no había ministros en su Corte, sino secretarios, y que no es cierto que no recibiera consejos ni que estos no elaboraran leyes. De hecho, sus constantes estancias fuera de España hicieron que precisamente gobernara en su nombre durante bastante tiempo, años, uno de esos secretarios, Francisco de los Cobos. Pero la redacción indirectamente es obvia. Querían identificar aquella España con la España de Franco. Franco siempre usó la propaganda política de un Imperio que concibieron a su medida política y no en su medida real. Consideraban la democracia, y en concreto la República como un gran mal, sobre todo si venía de la izquierda. De ahí que enseñaran que Carlos I era un buen gobernante por tomar todas las decisiones él, aunque no fuera así en la realidad. Según se acerca el libro al siglo XIX, destaca la gran importancia (hasta con biografías) del carlismo, como opción política propia de lo que consideraban cómo debía ser un español. En el siglo XX alaban a Alfonso XIII, a pesar de que no se le había devuelto la Corona en 1939, y destacan como la persona más importante, "providencial" le llaman, a Miguel Primo de Rivera y su dictadura. Hacen especial hincapié en que los problemas de España eran las huelgas y las reivindicaciones obreras. La II República la despacha en tres líneas: "Poco después de la Dictadura, Alfonso XIII tuvo que abandonar España y se proclamó la Segunda República, la cual se caracterizó por sus innumerables atropellos". Al golpe de Estado que nos llevó a una guerra, al que llama Alzamiento Nacional, le dedica cuatro páginas enteras, donde afirman que fue "necesario, espontáneo y justo", y justifica todo lo ocurrido por la necesidad de "revivir las grandes virtudes e ideales de los hombres de la época imperial". En ningún momento se explica nada, sólo hay frases vacías a modo de justificación. Como mucho se lee: "las causas principales del Alzamiento fueron dos: la necesidad de restablecer el orden en España y la de impedir que nuestra Patria cayese en manos del comunismo". No se dice ningún porqué de esa afirmación, ni se analiza, ni siquiera se narra, nada. En cambio, se acompaña de un dibujo donde un supuesto Franco de joven alza una enorme bandera de España. A continuación hay dos biografías, una de Franco y otra de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange. Se dice en la primera que fue Franco quien ideó desde las islas Canarias el alzamiento, lo que era otro acto mentiroso de la censura, pues el ideador y coordinador había sido en realidad el general Mola desde Navarra. En la parte dedicada al aprendizaje de la lectura y la escritura, los textos a leer y escribir tampoco tienen desperdicio alguno, los hay religiosos y los hay que dicen cosas que loan a Franco como salvador de España del comunismo.

Ambos libros de la Enciclopedia Álvarez habían pasado la censura con el "Nada obsta"; el de primer grado de mano del censor Ildefonso Rodríguez, el de segundo grado con el de Serapius Orduña. 

De la censura se pasaba al adoctrinamiento político, social y religioso de manera indirecta, incluso usando la necesidad de reirse que tienen los niños, por ejemplo con los cómic, y de manera directa, con los libros de texto para niños en las escuelas.

Pero, ¿qué España era aquella? Lo trataremos en la tercera entrega.

miércoles, enero 08, 2014

NOTICIA 1289ª DESDE EL BAR: LA HISTORIA DE LO LOCAL A LO ESTATAL (1 de 6, más anexo)

"¿Ataca el dogma? Páginas.
'¿A la moral?
'¿A la Iglesia o sus ministros?
'¿A las personas que colaboran o han colaborado con el régimen?
'Informe y otras observaciones"

(Preguntas del formulario que los censores de libros debían rellenar en España durante la dictadura de Franco, consultables en los expedientes de censura conservados en el Archivo General de la Administración.)






En el verano pasado ayudé a un amigo y colega historiador, Andrea Bresadola, en este caso él también es filólogo, a rastrear en archivos algunos expedientes relativos a la censura que sufrieron en libros tres escritores españoles concretos, ya que él, que es italiano y trabaja para una editorial de Italia, había sido contratado para realizar una edición crítica de una serie de libros de ellos. En esos expedientes había unos impresos iniciales que se daban en todos los casos y que podían derivar en otra serie de documentos o no, dependiendo de los casos. El primer impreso recogía estas preguntas que debía rellenar el censor. Claro que el primer acto de censura estaba precisamente en la indicación de a quién estaba dirigido el impreso, que en todo momento era de carácter restringido para el uso de la administración interna del gobierno. El primer acto de censura era no llamar al censor, censor, se dirigía a él como "lector". Curiosamente he sabido que aún existen personas que a los censores de la época les llaman "correctores", y no por el nombre propio de su tarea real.

La censura durante la dictadura de Franco comenzó durante la guerra civil. En el teatro había comenzado en agosto de 1937, en el cine comenzó en noviembre de ese mismo año y en la prensa lo hizo oficialmente con leyes en abril de 1938, aunque previamente los periódicos en zona alzada ya estaban férreamente controlados como demuestra diversa documentación y correspondencia en archivos españoles y alemanes, por ejemplo con el caso de los bombardeos sobre Guernica en 1937, cuya autoría fue publicada en los diarios proclives a Franco como responsabilidad de los comunistas y no, como realmente fue, como responsabilidad de Franco y la aviación alemana nazi. La censura franquista regulada formalmente por ley en prensa y editoriales que se extendió de 1938 a 1966 se centraba en intentar que todos los periódicos dijeran la misma versión de los hechos y las mismas omisiones o añadidos que daba el gobierno. Siempre tratando además de estar conforme a las bases ideológicas de la dictadura, por otro lado altamente católicas. En un repaso histórico se puede leer el asunto de una manera mucho más rápida que profunda y análítica en "España Negra".

En 1966 el Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, hizo una Ley de Prensa e Imprenta (Ley 14/1966, de 18 de marzo) que cambió el rumbo de la censura. La dictadura buscaba un aperturismo que lograra que España entrara en la Comunidad Económica Europea (CEE), entre otras organizaciones internacionales. Como quiera que la CEE (actual Unión Europea) sólo admitía países democráticos, esa entrada no se produjo. La imagen española, que había gozado de mejores momentos internacionales en la década de 1950, era bastante mala en la segunda mitad de la década de 1960 y peor aún en el tardofranquismo que va de 1970 a 1975. La Ley de Prensa e Imprenta daba libertad a las empresas editoriales de prensa y libros para que publicaran sin necesidad de censura previa, esto es: sin tener que decir todos lo mismo que dijera el gobierno. Rápidamente los franquistas intentaron presentar aquello como libertad de prensa, pero era irreal y nadie lo creyó. Era irreal porque la figura del censor no dejaba de existir. Lo que ocurría es que la censura ahora no era en principio aplicada por las autoridades, pero sí con posterioridad, con lo que dejaban en manos de los autores la autocensura o el saberse condenable de una manera económica y, o también, penal. El ejemplo más citado y conocido suele ser el del diario Madrid, el cual usó de la nueva ley de 1966 para reclamar el cese de Franco en el gobierno, lo que le valió el secuestro de sus ejemplares de los kioskos de prensa, el cierre de su editorial por dos meses en 1971, y la posterior voladura con dinamita del edificio entero, con maquinaria incluida, por tanto: el final total del periódico. Mucha libertad no había con la nueva ley, simplemente se había cambiado el tipo de aplicación de la censura. Bien es cierto que la nueva ley de 1966 sirvió para que mucha gente la usara con inteligencia para colar en sus páginas muchas ideas que, de otro modo, hubiera sido más difícil que salieran a la luz.

La agencia de noticias EFE está a punto de cumplir setenta y cinco años en un par de meses. La "EFE", le dijeron al primer director que debía dirigirla, era la efe de Franco. Se fundó en Madrid en 1939, pero en el Madrid tomado por los franquistas sobre lo que quedaba materialmente de la también agencia de noticias FEBUS, que nació durante Alfonso XIII y que era claramente demócrata y republicana y la más exitosa de la época en el país. FEBUS se fue al exilio y siguió su labor desde Francia y EFE comenzó a hacerse con todas las noticias en España desde España. Mediante esta agencia la dictadura pretendió ejercer el control aún más total de todo tipo de noticiario, al ser ella quien generaba y distribuía las noticias a todos los demás periodistas. No obstante, sus fundadores eran el falangista, simpatizante del partido nazi y cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, y el periodista falangista Manuel Aznar Zubigaray.

Las preguntas del expediente de censura de los libros, arriba reproducidas, no sólo ocultaban al censor bajo el nombre de lector, también ocultaban la actividad censora bajo el nombre de "inspección de libros", como se lee en el sello oficial de la época, y la tarea de censurar era "corregir". Yo estuve mirando en concreto una serie de expedientes diversos de libros de los años de 1950 a 1958. Me entretuve en sacar información abundante de uno preciso de Miguel Delibes. Por cierto que es bien curiosa la anécdota de que precisamente un escritor de la época, Camilo José Cela, fuera precisamente un censor de libros. Pero anécdotas aparte, las preguntas fijas de esos expedientes de censura dejan patente una cosa que por obvia a algunas personas se les pasa: son una constatación total de la implicación de la Iglesia católica y su moral con la dictadura, o cuando menos con su sustentación ideológica. De las cinco cuestiones a rellenar, tres tienen que ver con el catolicismo de manera directa, y la quinta, el informe, pudiera hacerlo también según el criterio del censor y lo que hubiera podido interpretar y destacar al leer. 

 En las galeradas de los libros uno lee párrafos, frases, nombres o páginas que el censor deshecha totalmente que se publiquen, aunque no en todos los casos. A veces introducen notas personales o profesionales. Suelen corregir las faltas de ortografía. E incluso hacen algo que luego llevan a cartas que envían al autor o editor del libro (y guardan copia), algo que no es en absoluto diferente a lo que hacen hoy día esos profesionales editoriales que se hacen llamar "correctores de estilo". En esas cartas les dicen que son sus sugerencias para mejorar el texto, pero está claro que si el autor o el editor no aceptaban las "sugerencias", el libro no se publicaba. Hoy día cuando un editor te manda esas "sugerencias" de su "corrector de estilo", tampoco tienes mucha elección para decirle que no estás conforme en aceptarlas, si las rechazas lo más fácil es que entres en un forcejeo entre el editor y tú para ver quién logra dejar el texto como quiere, y si gana el autor, lo más probable es que su texto no se publique, claro está que hoy día el editor dirá cosas como: "no me interesa", "tengo ahora otros títulos", o: "es una apuesta arriesgada, pero quizá en otra editorial...". Los actuales correctores de estilo tampoco es que traten al lector como alguien suficientemente capaz de entender un texto; un ejemplo, desde hace meses el diario EL PAÍS hace cosas como la siguiente: un político dice una frase del tipo "dentro de unos meses valdrá más dinero, saben que les conviene aceptar", y su corrector de estilo hace que el periodista escriba, y por tanto el lector lea: "dentro de unos meses valdrá más dinero, [ellos] saben que les conviene aceptar". A mí esto, cada vez que lo leo, me da la sensación de que me están llamando idiota. Pero será mejor centrarse, pues efectivamente un censor es algo bastante diferente, bastante más autoritario y bastante más doloso que un corrector de estilo, decir lo contrario sería mentir y hacer demagogia.

Si el libro era aceptado para su publicación, tuviera algo que censurar o cambiar, o no, el autor o la editorial debían depositar seis ejemplares en la administración, que los distribuirían entre los depósitos y bibliotecas respectivos administrativa y culturalmente para su conservación. Hoy día simplemente hay que registrar los libros en los registros de propiedad intelectual que el gobierno tiene en cada Comunidad Autónoma. Cuando yo comencé a registrar mis libros a finales de los años 1990 se depositaban tres ejemplares, pero la última vez que registré uno, hace no mucho, creo recordar que se depositaba ahora un ejemplar, pudiera equivocarme, pero la cantidad de ejemplares a depositar hoy día es consultable en estos registros.

 La censura también llegó a los libros infantiles y juveniles, como es lógico. En estos pusieron un especial interés y un especial control en los contenidos. La educación de base en las generaciones más jóvenes era un objetivo principal en esa creación de una nueva España que se empezó a construir en la zona alzada desde 1936 bajo los ideales "Dios, Patria y Franco". Educación pasó a ser adoctrinamiento y en esta labor hubo una serie de políticas y leyes, entre ellas la depuración del profesorado, entre las que tuvo importancia la labor de Censura en combinación con Educación, el Movimiento (que monopolizaba casi totalmente Falange), Información, Propaganda y la Iglesia católica. A menudo esta educación fue lo que hoy día se llama transversal, o en un término menos técnico: indirecta.

Sirva de ejemplo un fragmento de Matilde, Perico y Periquín, un serial de humor infantil radiofónico que tuvo tanto éxito que duró en antena desde 1954 a 1971, y que contó incluso con la publicación de cuatro libros, el primero en 1958, el segundo en 1959, el tercero en 1960 y el cuarto en 1961. En el primero de esos libros, homónimo del serial, se lee: "Después de la cena, sus padres hablaron de ir a la Misa del Gallo, Periquín se empeñó en acompañarles (...)" (Eduardo Vázquez, Matilde, Perico y Periquín, reeditado por EDAF, Madrid, 2004, pág. 148).  Teniendo en cuenta que Periquín era un niño pequeño altamente travieso, queda bastante difícil o improbable que tal personaje esté tan deseoso de pasar la noche de Navidad atendiendo la Misa del Gallo con sus padres. No es imposible, pero sí desentona con el resto de la personalidad y retrato del personaje. Era una forma transversal (indirecta) de educar. Un ídolo radiofónico infantil desde 1954 tenía este arrebato religioso y familiar dentro de los cánones cristianos, teniendo en cuenta que buena parte de sus radioyentes era un público infantil, el mensaje transversal (insisto: indirecto) era claro. Se arraigaba en las mentes sin apenas reparar en ello, sobre todo porque simplemente se mencionaba éste y otros hechos como algo natural, sin necesidad de explicación o proselitismo. Se aceptaba como "lo normal". Nada se decía de otras formas de vivir la Navidad, conocidas en España antes de 1936 cuando había diferentes tipos de familia y personas que no íban a misa o a procesión religiosa alguna. En el mismo libro (por tanto en el serial) se pueden leer otros ejemplos de educación sobre cómo han de ser las familias: estrictamente cristianas, con una madre que sea a la vez sirvienta del hogar y un padre cuya autoridad sea indiscutida y absoluta, el hijo es entendido, por otra parte, casi como una propiedad del padre y la madre, no como una persona a educar con voluntad propia. Incluso se pueden encontrar pasajes que hablan de la sexualidad de manera muy lejana, como cierto capítulo donde a Periquín le llevan todos los domingos de visita a una casa donde los mayores "hablan de sus cosas, se abrazan y se dan besos", aunque él prefiere cuando le llevan "al cine". Normal, al menos veía una película. Pero este pasaje, por otro lado altamente casto en su narración, nos descubre una España que tiene que esconder y contener sus deseos sexuales en inocentes visitas al novio o a la novia a su casa con alguien, un niño, que impide hacer nada más que tener una tertulia y un abrazo con presumible beso en la mejilla, pues en la casa visitada no hay otro adulto, hay varios adultos, obviamente los padres de ella. Lo que ocurra en el cine es más atrevido, de ahí la famosa expresión de "la fila de los mancos", pero con un niño pequeño al lado y una sala repleta de gente, por mucha oscuridad y alevosía que hubiera, imperaba aún lo casto pese a lo atrevido. Lo que nos importa de este pasaje, no obstante, es esa educación transversal de la que se deduce de manera indirecta que las relaciones entre hombres y mujeres jóvenes deben ser sin libidinosidad, sin deseo sexual. No hasta el matrimonio, y es que el matrimonio de los padres de Periquín, nos recuerda el valor del mismo. Un valor por otro lado tan patriarcal que al niño de manera transversal se le hace comprender su posición dominante como hombre al presentar su nombre mediante una tradición que si bien ahora es algo entrañable, en aquellas épocas tenía otras connotaciones aparte de las entrañables, el hijo recibe el nombre del padre, que es el que mandaba en casa.

En cuanto a los nombres entrañables de personajes, en cualquier libro, el de Curro y el de Paco tenían especial relevancia, y nos llevan al nombre real: Francisco. Cada vez que el nombre de Francisco, Paco o Curro, aparecía en un libro, la oficina del censor al cargo ponía especial interés por ese personaje. Es algo que vi en varios libros siempre coincidente. Francisco no era un nombre para cualquiera. El dictador, el gobernante, era Francisco Franco, y Francisco era un nombre de alguien que siempre debía ser ejemplar. No es interpretación gratuita por mi parte, es observación de unos cuantos, bastantes, expedientes de censura. Francisco no era un nombre para cualquier personaje, y en este sentido tampoco cualquiera de sus otras formas. Para los más irreverentes, aunque también prohibido, siempre les quedaría el consuelo privado de llamar al dictador como le llamaba el general Queipo de Llano, que siendo uno de sus partidarios eran entre ellos personas que no se soportaban entre sí, mientras Franco le llamaba a Queipo: "el carnicerito", Queipo le llamaba a Franco: "Paca la Culona". Pero este tema nada tiene que ver con la censura.

De momento, de cara a la siguiente entrega de este serial de seis, quedémonos con los libros, la censura, la educación y el adoctrinamiento.

sábado, enero 04, 2014

NOTICIA 1288ª DESDE EL BAR: A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS (Hermanos Coen, 2013)

"Columbia era una de las primeras y más importantes discográficas del país, y el mero hecho de poner el pie en el umbral ya era algo serio. De entrada la música folk se consideraba un estilo menor, de segunda categoría, digna solamente de sellos pequeños. (...) Las cosas estaban bastante adormecidas en la escena musical americana de finales de los cincuenta y principios de los sesenta. La radio se hallaba en una especie de punto muerto, estancada en una programación insulsa y vacua. Pasarían años antes de que los Beatles, los Who o los Rollings Stones infundieran nueva vida y emoción al panorama. Lo que yo tocaba por entonces eran ásperas canciones folk servidas con fuego y azufre, y no hacían falta encuestas para saber que no encajaban en absoluto con lo que emitía la radio ni tenían gancho comercial. (...)

LLegué en lo más crudo del invierno. (...) El Café Wha? era un club de la calle MacDougal, en el corazón de Greenwich Village, un antro subterráneo de techo bajo donde no se servían bebidas alcohólicas, de aspecto semejante al de un amplio salón de banquetes con mesas y sillas. Abría a mediodía y cerraba a las cuatro de la mañana. (...) Encontré el sitio y me informaron de que Freddy estaba en el sótano, donde se encontraba la guardarropía, y fue allí donde le conocí. (...) Fred tocaba durante unos veinte minutos y luego presentaba al resto de los artistas; después volvía a tocar cuando le apetecía, en general cuando el garito estaba atestado. Las actuaciones, algo extravagantes, se sucedían de forma inconexa y parecían salidas del Amateur Hour de Ted Mack, un programa popular de la televisión. El público se componía básicamente de universitarios, gente de los barrios residenciales de las afueras, secretarias que hacían una pausa para comer, marineros y turistas. Todos los números duraban entre diez y quince minutos. Fred, en cambio, actuaba durante el tiempo que le venía en gana, mientras la inspiración le durara. Dotado de una gran desenvoltura, vestía al estilo clásico, tenía un aire hosco y meditabundo, una mirada enigmática, la tez color melocotón, el cabello salpicado de rizos y una voz airada y potente de barítono que entonaba notas tristes y las propulsaba con o sin micro hasta las vigas del techo. Era el emperador del lugar; contaba incluso con su propio harén, su círculo de devotos. Era intocable. Todo giraba alrededor de él. (...)

En la sesión diurna del Café Wha?, un conjunto de actuaciones de lo más abigarrado, podía figurar cualquiera o cualquier cosa (...) Nada que pudiera cambiar tu visión de la vida. Yo no habría querido el trabajo de Fred por nada del mundo. (...) Hacia las ocho, aquella corte de los milagros cedía el paso a los profesionales. (...) A Fred constantemente le importunaban y acosaban gorrones que insistían en tocar o representar una cosa u otra. (...) Fred siempre trataba de encontrar un hueco para todos y era extremadamente diplomático. A veces la sala estaba inexplicablemente vacía, otras medio vacía y, de pronto, sin razón aparente, empezaba a afluir gente y se formaban colas a la entrada. Fred era la estrella allí, la atracción principal anunciada en la marquesina, de modo que muchas de esas personas quizá venían por él. No lo sé. Tocaba una gran guitarra Dreadnought, atacando las cuerdas de forma muy percusiva y con un ritmo energético y desgarrador; todo un hombre orquesta con una voz que era un patadón. Interpretaba versiones abrasivas de canciones carcelarias híbridas que entusiasmaban a la audiencia. Había oído rumores sobre él: que era un marinero errante con un esquife amarrado en Florida, un secreta, que tenía amigas putas y un pasado oscuro. (...) Sea lo que fuere, no era nada espectacular. No parecía tener aspiraciones. (...) En ciertos aspectos era como yo (...).

(Bob Dylan, Crónicas, volumen 1, ed. Global Rhythm Press, Barcelona, 2004, su autobiografía).

Me gustan los hermanos Coen y me gusta Bob Dylan, ¿cómo no me iba a gustar la nueva película de los Coen con este panorama? A propósito de Llewyn Davis incluso cuenta con un cartel diseñado imitando una de las primeras portadas de Bob Dylan en el comienzo de la década de los años 1960. Para quien no conozca la vida de Bob Dylan, da igual, y para quien la conozca, mejor, es una buena película de todos modos. Sólo que no es una biografía de Bob Dylan. Se nota que los hermanos Coen han leído la autobiografía del cantautor, y que han debido hablar (y mucho) con él y con gente cercana a él en sus inicios allá entre 1960 y 1961. Más bien parece una biografía indirecta de Bob Dylan a través de un personaje ficticio basado en un personaje real que conoció Bob Dylan, un rudo y misterioso cantautor que era maestro de ceremonias en el local de conciertos y otros espectáculos donde Bob Dylan se hizo famoso en New York, un tal Fred del que se rumoreaba que era marinero. Es más, este Fred era el compositor original de uno de los primeros éxitos de Dylan, como el propio Dylan dijo en los créditos de su álbum primerizo de 1961 y como dice en el primer volumen de su autobiografía.

Los hermanos Coen querían hacer una revisión de La Odisea de Homero otra vez. Ya lo habían hecho con O Brother! en el 2000 con mucho éxito. En aquella ocasión usaron el humor para ubicar la historia en los años de la Gran Depresión posterior a la crisis bursátil de 1929. Ahora vuelven para demostrar que una gran Historia imperecedera durante milenios puede ser vista con diferentes visiones incluso por unos mismos creadores a lo largo de su vida. La década de 1930 ya no les valía, según dijeron en una entrevista hace un mes. Necesitaban algo más cercano a nuestros tiempos, necesitaban la década de 1960, pero no la década 1960, según sus propias palabras. Por eso eligieron 1961. 

Quizá para muchos lectores les sea un revuelto actualmente todo lo que en aquella década ocurrió y cómo ocurrió, e incluso alguno habrá que creerá que todo ocurrió a la vez. Pero no es así. En Estados Unidos de América, por no adentrarnos del caso europeo, que merece un análisis aparte en lo musical y lo social, había vivido la revolución musical del rock and roll desde 1957, más o menos, pero este estilo no llegaba a todos los sectores sociales, ni era bien visto por todo el mundo. Muchas cadenas de radio lo vetaban y se oía en círculos de radios piratas, o bien lo acogieron elites intelectuales que terminaron haciendo de ello un producto subcultural muy... oficialmente cultural. En la serie documental La Historia del Rock 'n' Roll (Bud Friedgen, 1995), por citar una fuente sin necesidad de otras muchas, podemos ver como a la altura de 1959, pero sobre todo en 1960, no sólo los intelectuales habían pervertido en buena medida el espíritu inicial del rock and roll, sino que también la persecución y represión de las autoridades a estos nuevos creadores, y la intromisión de los hombres de negocios en el espectáculo y la discografía queriendo controlarlo todo para hacerse con todo el dinero posible que generara, hicieron que el rock and roll se adormeciera, sin dejar de producir éxitos. La música soul, la blues y otras, era considerada música negra, vendida en pocos sitios y normalmente con las cubiertas tapadas en bolsas de papel. La televisión explotaba la música y a los músicos, los transformaba en productos comerciales. Se controlaba hasta los bailes para vender productos e incluso se llegó a crear una discográfica que albergó a todos sus letristas en un sólo edificio con horarios laborales. En 1960 hubo nuevos ritmos como el twist o los grupos corales, que tuvieron éxito, pero, como decía Dylan en su autobiografía, hasta la llegada de los Beatles a Norteamérica en 1964 y la de los Rolling Stones en 1965-1966, el panorama musical norteamericano ya no daba para más, eran los europeos quienes eran pujantes desde 1963, pero los americanos no lo supieron hasta las fechas citadas. Así que la música transgresora del comienzo de la década de 1960 en Norteamerica pasó a ser un estilo tradicional y minoritario, en general considerados por la gente del momento géneros de la raza blanca (en todos los sentidos positivos y negativos), el folk y el country. En Macroconciertos, un libro de Javier Escudero editado en 1995, descubrimos como en Estados Unidos desde el final de los años 1950 hasta 1963 el festival de música que atraía masas espectaculares de gente era precisamente el Festival de Música Folk de Newport, donde por cierto Dylan hizo Historia tanto como cantautor acústico, como cantautor folk que se pasó a la música electrificada.

Así estaban las cosas, mientras que un barrio de New York, el Greenwich Village, estaba atrayendo a todo tipo de bohemios, trotamundos y creadores. Por entonces no era el lugar privilegiado que es hoy. En 1960 era un barrio de edificios con pisos residenciales pequeños y con bastantes deficiencias para vivir, pero baratos, por lo tanto atractivos para obreros y para jóvenes sin dinero. En ese barrio se creó una subcultura, una cultura no oficial de la ciudad, donde empresarios pequeños y artistas sin dinero y sin fama crearon circuitos donde se podían escuchar conciertos de gente local, ver exposiciones de Arte de gente local, ver teatro aficionado de gente local, etcétera. Y resultó que eso atrajo como modo de diversión y como fenómeno que consideraban revolucionario a numerosos catedráticos de universidades, beatnicks, periodistas, críticos, cazatalentos... Hasta el punto que como el propio Dylan, entre otros muchos, recuerdan, resultó que se movían por los mismos bares gente que no era famosa haciendo cosas variopintas y muy diferentes pero que, en breve, iban a ser todos famosos mundialmente, incluso iban a cambiar los conceptos artísticos del mundo hasta esa fecha. Uno de ellos fue el propio Dylan, que tocando en esos locales logró tanta fama que en 1961 ya editó su primer álbum de larga duración. En ese disco, también es cierto, el cantautor incluyó una canción llamada Talkin' New York, donde describe el panorama general y sus propios inicios. Pero, además, ocurría que en ese ambiente, por contacto, se estaban ensayando ya muchas fórmulas musicales y no musicales que aún no habían terminado de estallar pero que estallarían hacia mediados de la década, como se puede ver en la propia película que nos presentan los hermanos Coen en estas fechas.

La nueva visión de La Odisea de los Coen es más oscura que la primera que hicieron, pero tiene una fotografía y una iluminación preciosa, y no muy usual en ellos. Aunque esta vez quizá haya algo mezclado con La Eneida, de Ovidio. El comienzo, donde el padre de Ulises se le aparece a Ulises de entre los muertos, o donde el padre muerto de Eneas se le aparece a Eneas, se refleja esta vez en una escena preciosa de luz claroscura que podremos ver por dos veces en el metraje, y que el propio Llewyn Davis no podrá olvidar, pero que, además, será clave para el espectador que conozca el origen de Bob Dylan y clave para quien, sin conocerlo, sepa comprender la película. Negro y blanco, oscuridad o claridad, es lo que predomina de manera limpia. Los tiempos que refleja son tiempos duros. 1961 aparentemente era una época de bienestar en América. Era el apogeo económico de la sociedad, pero sólo de la sociedad de clase media. Las clases trabajadoras y muchos jóvenes no tenían demasiado dinero, y muchos encontraron salida en un ejército que en breve entraría en guerra en Vietnam. Muchos otros se refugiaron en la vida bohemia, o en la vida de vivir el momento aprovechando las ocasiones donde se les ofrecía una cama, una comida o un rato que reir o beber. No tenía más. En cierto modo creo que los Coen, de manera indirecta una vez más, han retratado desde el pasado la actualidad, en este caso de la crisis económica. Ya lo hicieron con Valor de Ley en 2010 sobre las ansias de venganza por el atentado de 2001, o con No es país para viejos en 2007 sobre la crisis de valores actual en Estados Unidos. En A propósito de Llewyn Davis se nos habla de la crisis económica dentro de la crisis personal, a todos los niveles, de un personaje que, no lo dudemos, no es un héroe ni quiere serlo, como se ve en una muy determinada escena de carretera con niebla, como a las puertas del Hades. Pero además, dentro de la tristeza y un ambiente derrotista, dejan abierta una puerta al futuro, a la esperanza. Los Coen no querían revisar La Odisea de nuevo desde el humor, sino desde la oscuridad.

El personaje de Llewyn Davis es muy rico en todo tipo de introspecciones personales, pero Jane, la chica que lo odia y ama a la vez, que es muy lineal, lo es también, lo es a través de una sóla casi sonrisa y de una tal vez conversación. Hay que leer entre las lineas de las imágenes en la película, no hay que quedarse sólo con los diálogos y las canciones. Esto es a lo que nos invitan esta vez los Coen. Incluso el vestuario está cuidadosamente escogido en todos los actores que salen para que sepamos quien es quien en esta historia del siglo XX. Con sólo mirar como va vestida la mujer de un catedrático de Arte Precolombino, cómo viste el dueño de un bar de música, cómo es el despacho del representante de Llewyn, como viste el síndico de marinos, etcétera, sabemos quien es, cómo es, esa persona. Y en algunos casos nos preguntamos, ¿qué hace en la vida de Llewyn? Y cuando Llewyn recurre a esa persona, comprendemos los porqués de Llewyn.

El barquero ciego, el Caronte que nos muestra un viejo actor John Goodman, necesita que le paguen el viaje en su barca, y su barca está conducida por una especie de Jack Kerouac en el camino a Chicago. Recitan poemas contraculturales e incluso el conductor de la barca nombra a un presunto amante de Kerouac, pero Kerouac no es nombrado. En esta película hay que estar atentos. Se disfrutrará igualmente, pero las metáforas de los Coen elevan el disfrute de la misma. Defraudará a quién espere una película de acción tipo Coen, a los que quieran un humor negro o sarcástico tipo Coen, a los que quieran guiones llenos de giros tipo Coen, en esta ocasión toca ver a los Coen más intelectuales, a los más reflexivos, a los más metafóricos, y a los más oscuros. Nuestro "Kerouac" de la película se cae del barco a las puertas del Hades, atrapado por el monstruo que vigila la entrada.

Oscuros como en su primer metraje Sangre fácil, pero sin llegar a ese nivel. Han vuelto al rodaje de un viaje físico e interior. Y lo acompañan de música popular americana llena de poesía. A quien le guste la poesía actual quedará encantado con las letras de las canciones. Pero en esas letras se esconde un algo mesiánico. Ya apareció en Valor de Ley, y lo confirmaron ellos mismos en un documental sobre aquel rodaje. Hay valores religiosos protestantes que ellos quieren marcar como origen de la forma de ser de su sociedad, pero no para avalarlos o promocionarlos, sino como constatación de un hecho. En O Brother!, por otro lado, ya rindieron un sentido homenaje a los estilos musicales más propios de Estados Unidos. En cierto modo ellos ya declararon que consideran que esas letras y esos ritmos son lo más parecido a una tradición popular de cuentos que puede aportar su país, y lo quieren explotar y reinterpretar. Lo usan de manera amable y lo comparten. 

Bob Dylan, que visitó a un ya viejo y gastado cantautor Woody Guthrie en su residencia u hospital antes de hacerse famoso él mismo y de morirse el otro, del mismo modo que Llewyn Davis visita a su padre en la residencia de ancianos, el cual también fue una leyenda entre los marinos como Guthrie entre los músicos, ya había sido retratado de manera indirecta en otros metrajes, por ejemplo en Cruce de caminos (Walter Hill, 1986). 

Pude ir a la película gracias a Javier Palou, un viejo amigo. Económicamente no hubiera podido por mí mismo. Fue todo un regalo y, además, con una gran parte de mis amigos más antiguos. Lo cierto es que a través de mis recitales de poesía por algunos bares he entendido muy bien a algunos de los personajes, sobre todo a  Llewyn Davis, en algunas de las situaciones. No obstante, ¿acaso en esta misma ciudad no se suele primar a los músicos por delante de quien hace otro tipo de actuaciones, no suelen decirle los dueños de bar a los poetas que no tengan actitudes ni interpreten de modo triste, no se suele faltar el respeto por parte del público que no le gusta el espectáculo, no suelen haber dueños de bar que se creen con autoridad para decirte qué debes y qué no debes leer, no suelen estos mismos programarte en los peores días y horarios, no suelen estos mismos dueños de bar decidir que pagan a músicos pero que no es necesario pagar a poetas, y cuando se paga a un  poeta, aunque yo hasta la fecha he rehusado cobrar, no suelen algunos dueños decidir que por ser poeta y no músico se te paga en bebida en su bar? Pues todo esto y algo más también en 1961 en el Greenwich Village. 

Saludos y que la cerveza os acompañe