miércoles, febrero 12, 2020

NOTICIA 1938ª DESDE EL BAR: UNA NUEVA VIDA PARA ALCALÁ EN EL SIGLO XIX (3 de 5)


3.- ¿Cómo comienza la izquierda moderna de Alcalá de Henares? El liberalismo, sus primeros pasos.

 
3.1.- El paso del siglo XVIII al XIX, revolucionarios en la ciudad y necesidades de los vecinos.


La adquisición de ideales políticos y de clase por parte de los trabajadores alcalaínos se puede creer que vino en tiempos tardíos a causa de la falta de industria. Sin embargo, el propio historiador Julián Vadillo nos ha venido a demostrar como esta formación llegó a través del ferrocarril por medio de los trabajadores del tren y sus establecimientos o paradas en la ciudad de una manera más bien temprana, o al menos al tiempo que el resto de España. El tren llegó a Alcalá de Henares a mediados de siglo. Ya hemos visto como durante la Guerra de Independencia de 1808-1814 se hicieron visibles los ideales liberales en la ciudad a través por un lado de la Universidad, y por otro por la presencia francesa. Estos volverán a verse en 1820-1823, en una clara confrontación con el conservadurismo más férreo. A partir de aquí evolucionarán sociedades secretas y sociedades masónicas, a la par que partidos políticos a uno y otro lado del espectro político de la época. Al llegar 1868 la ciudad participó activa pero no destacadamente de la Revolución Gloriosa que quitó el trono a Isabel II para dárselo a Amadeo I de Saboya, que llegó a alojarse en el hoy ayuntamiento antes de entrar en Madrid, una nueva monarquía que daría paso a la I República de 1873-1874. Comenzaron a cobrar importancia los partidos republicanos en Alcalá, junto a los tradicionales nacidos del liberalismo. Pero la importancia de la ciudad llega como algo desapercibido en su tiempo, en el momento en el que se funda una Federación de Alcalá de Henares adherida a la Nueva Federación Madrileña de la I Internacional, en torno a 1871-1872. En esta federación alcalaína tendrá influencia Paul Lafargue, y estará en el epicentro de las peleas entre marxistas y anarquistas en España. Tras la Restauración Borbónica de 1875 en la persona de Alfonso XII se fundarán diversos partidos republicanos y/o democráticos propios de la ciudad, entre ellos el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) con su respectivo sindicato, la Unión General de Trabajadores (UGT). También habrá un ateneo republicano y otro obrero. Tengamos en cuenta que Fernández Quer, albañil, será el primer cargo electo del PSOE en las Castillas incluso antes de que el fundador nacional, Pablo Iglesias, ocupara uno. Quer fue concejal socialista en Alcalá desde 1903[33].

Lo cierto es que la entrada de ideas que rompían con el Antiguo Régimen y comenzaban a pensar en términos de libertad y democracia no empezaron en Alcalá de Henares en los primeros años del siglo XIX, como normalmente se ha historiado a raíz de la Guerra de Independencia. La apertura del fondo de archivo del corregimiento de Alcalá de Henares nos permite saber en este año 2014 que ya estaban en la ciudad al menos desde 1791-1793, años en los que estaba en marcha la Revolución Francesa de 1789-1799.

Precisamente en 1793, año en el que le cortaron la cabeza al rey francés Luis XVI en enero, se abrió en la ciudad un proceso secreto contra una serie de franceses que se reunían para comentar las noticias de Francia. Estas personas daban muestras de alegría con las victorias revolucionarias y con frases acerca de los beneficios de la libertad y la necesidad de que los ciudadanos españoles dejaran de ser súbditos. El proceso lo llevó a cabo el corregidor Ignacio José de Vega y Loaysa, después de que recibiera un anónimo informativo que remitió al presidente del Real Consejo de Castilla, Juan Acedo Rico, Conde de la Cañada. La investigación, secreta por orden del Conde de la Cañada, se centró en un soldado valón francés que vivía en Alcalá, Juan Sandot, pero había otros franceses que vivían en la ciudad y se solía reunir con ellos. Una parte de estos franceses eran de la citada Compañía de Caldereros, como Juan Villar David, y había uno que incluso era una persona económicamente notable cuya descendencia llegaría a ocupar cargos municipales en el comienzo del siglo XIX, tal persona era Pedro Landa, y quien ocuparía cargos años más tarde era Juan José Landa. Muchas de las personas implicadas en este proceso, ya como sospechosos, ya como testigos, ya como personas que llevaron a cabo las investigaciones, entre ellas un anciano escribano, Nicolás Azaña, serán en breve liberales leales a la Constitución de Cádiz de 1812. Algunos tendrían incluso relaciones familiares entre ellos. Serán notables liberales que llegarán hasta a formar parte de las milicias de 1820-1823, sin mencionar los que directamente se enlazarán con la I República en 1873 o con la II República en 1931. Ni que decir tiene tampoco de la familia Landa, los Corera, Barandalla, Tejedor o la familia Azaña, quizá las familias liberales más duraderas de Alcalá de Henares. Aunque, también es cierto que en aquel expediente de 1793 ya aparecían nombres de los conservadores más retrógrados que participarán de las represiones contra los liberales tanto en 1814 como en 1823, sirva de ejemplo el que fuera corregidor Villaurrutia o el escribano Francisco Huerta, e incluso algún apellido que retumbará en el inicio del siglo XX entre los más reaccionarios componentes de la derecha alcalaína. La alegría demostrada por Juan  Sandot ante la muerte de Luis XVI y el buen recibimiento de la noticia por el resto de franceses avecindados en la ciudad y matriculados sus negocios en ella, sólo son el vórtice que nos lleva a pensar, dados los nombres que aparecen, que fueron ellos los que en sus relaciones habituales y cotidianas fueron influenciando en otros alcalaínos, estos de origen español y de largas familias de generaciones complutenses, para que dieran un paso hacia el liberalismo. Adoptarían ideas de la revolución francesa pero sin renunciar al rey español, Fernando VII, ni repudiar la religión católica[34]. No obstante, y sumado a este grupo pero contrario a él, también en la ciudad hubo afrancesados de notables actuaciones, como ya se ha dicho por ejemplo cuando se citó al catedrático Roque Novella páginas atrás. En todo caso, este suceso adelanta a la década de 1790 los primeros contactos con ideas revolucionarias en Alcalá, siempre con permiso y sin perder de vista lo que en 1767 pudiera ocurrir en la ciudad en torno a la orden jesuita establecida en la calle Libreros y el Motín de Esquilache.

El caso de Juan Sandot y el resto de franceses que vivían en Alcalá de Henares implicaba también la sospecha de que recibían cartas de Francia. La sentencia fue la deportación de Sandot a Francia por el puerto de montaña de Candanchú y su destierro de España, así como la prohibición al resto de franceses para que no se reunieran entre sí para hablar en tertulia y la orden de que no hablaran sobre temas de Francia en concreto. Sin embargo, como hemos visto, de algún modo esto debió continuar de alguna forma, pues muchos de los implicados en las investigaciones fueron posteriores liberales muy pocos años después. Un caso llamativo es el de la familia Corera, los cuales eran una genealogía de médicos en Alcalá. En 1793 Agustín Corera fue uno de los testigos, por rumores, de la acusación contra Juan Sandot de alegrarse por la noticia de la ejecución de Luis XVI, sin embargo, años más tarde los Corera no sólo serán liberales fieles a la Constitución de Cádiz de 1812, incluido este Agustín, sino que además emparentarán con los Tejedor, una de las familias francesas afincadas en Alcalá que en 1791 ya había tenido un juicio por el intento de Juan Tejedor de irse a Francia sin permiso junto al también francés Juan Borsal, y que, mediante el francés Juan Villar David y la Compañía de Caldereros que este representaba en esos momentos, estaba relacionado con las reuniones de estos franceses en 1793 en la casa de otro que era florista. Por no volver a mencionar a la familia Landa, que eran franceses como se ha dicho ya, los cuales estaban en esas mismas reuniones y que en el comienzo del siglo XIX van a ser de los liberales fieles a la Constitución de 1812 más activos de la ciudad.

La ciudad a finales del siglo XVIII, concretamente en febrero de 1793, vivió este proceso secreto contra estas personas que habían hecho pública su alegría y que no tenían porqué esconder que se veían entre sí en casa de uno de ellos. Por lo demás el orden habitual de la ciudad apenas se vio alterado por altercados vecinales como el de una gran pelea en agosto de 1793 que implicó a más de veinte personas, entre ellas militares de permiso, a costa de un baile municipal, por motivo del cortejo para bailar a una determinada mujer joven. Abrió aquello un gran altercado público que conllevó numerosos casos judiciales entrecruzados[35]. Se vivían pequeñas cuestiones cotidianas como injurias en el mercado, adulterios, usurpaciones de tierras (problemas de lindes), la recolección pública de grano para los depósitos municipales para prevenir los años de malas cosechas, pequeños hurtos, robos como el de 1796 en las arcas de la iglesia de Santiago[36], conflictos puntuales entre soldados y vecinos, estupros, roces en torno a ventas o alquileres o arreglos de casas y tierras o de, por ejemplo, la barca del Henares, que pasó algunos años sin uso y debiéndose su alquiler, órdenes para avituallar o alojar tropas que pasaban por la ciudad, algunos crímenes pasionales y alguna cuestión más por el estilo[37]. Quizá el hecho más notorio fue la fuga de todos los presos a la vez de la Real Cárcel de Alcalá que se registró con urgencia el 17 de febrero de 1795[38]. Registró los autos el escribano Francisco Huerta. Se dio orden de buscarles por Vallecas, Torrejón de Ardoz, Coslada, Barajas, Paracuellos, Daganzo de Abajo, Loeches, Pozuelo del Rey, Los Hueros, Valdilecha y Carabaña. Aunque hemos de suponer que la búsqueda también se produciría en lugares como los Santos de la Humosa, Meco, Torres de la Alameda, Ajalvir o Azuqueca de Henares por su proximidad. El asunto era muy serio, tanto que el día del 28 de febrero al 1 de Marzo la Sala del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid dictaba aún órdenes más severas y estrictas buscando responsables. La fuga se había cometido gracias a que los presos habían tenido acceso a uno de los tejados de la cárcel, que era de sólo una altura. A través de él, uno a uno, habían alcanzado la tapia que daba a la calle durante la noche. Los guardias ni siquiera sospecharon nada. La negligencia cometida era tanta que el alcaide mayor de la Real Cárcel, Gregorio Martínez, fue hecho preso precisamente por negligente. Él pidió clemencia o al menos, añadía en su petición, más clemencia en las condiciones que se le impusieron como preso, las cuales debieron ser especialmente duras. Así terminó el proceso el 14 de junio de ese 1795, pues la gran mayoría de los presos no pudieron ser capturados, se sospechaba que algunos pudieron llegar a Madrid, que al ser una gran ciudad daba más oportunidades para ocultarse o bien para conseguir transporte a otros lugares de España más lejanos. No olvidemos que entre los fugados alguno habría por haber cometido homicidio pasional o acusados de estupro, si bien la mayoría serían por robo o por insultos con palabras fuertes (las palabrotas se juzgaban por la vía criminal y no hay pocos casos de ellas, por lo que hemos de suponer que pese a que estaban penadas especialmente las injuriosas o insultantes, la gente las decía en sus enfados igualmente, con normalidad se daban en el mercado y en relación a, pese al tópico, verduleras, aunque en estos casos eran los maridos los que debían responder ante la ley por lo que dijera su esposa).

Así las cosas en la ciudad mientras en esos años llegaba a la población universitaria ideas ilustradas de los revolucionarios franceses, a pesar de las prohibiciones que Floridablanca había impuesto desde 1789 para evitar la entrada de libros, prensa y correos con ellas. Como hemos dicho, a la par, en torno a 1798, se producía la subrogación de bienes de los edificios de la Universidad y es así como se entra en el siglo XIX complutense.

El comienzo del siglo XIX alcalaíno no se va a distanciar mucho de una vida aparentemente apacible donde los casos cotidianos de posibles alteraciones no son más que eso: casos cotidianos de la vida de una ciudad. Sí que es cierto que en los años de 1800 a 1808 parece que se multiplica mucho más una tendencia que había comenzado a observar un auge desde los años 1790, esto es que la mayor parte de los casos que abría expediente el corregimiento de Alcalá empezaban a ser por cuestiones de dinero y de recursos. Unas veces por el cobro de grano de los depósitos públicos, otras por testamentarias, otras por pleitos de herederos no conformes con las testamentarias o las hijuelas, a veces se buscan abintestatos, en otras ocasiones se intenta cobrar deudas no pagadas, en otras faltan sueldos, en otras el gobierno central cree que no se realiza bien el cobro de impuestos en los municipios del corregimiento de Alcalá, en otras se dan órdenes para fortalecer la seguridad de las cajas de caudales, otros casos son los clásicos hurtos y robos, otros casos son deudas de diversa naturaleza que no han sido pagadas a tiempo, en otras ocasiones determinadas familias que tienen capillas y fundaciones religiosas dentro de las iglesias rozan con la Iglesia o con otros miembros de su familia en cuanto a quiénes deben cobrar beneficios o pagar mantenimiento y juros, según el caso, y, en fin, son estos los casos que van cobrando mayor protagonismo en esos primeros años del siglo XIX alcalaíno, siempre sin que desaparezcan del todo los anteriormente citados. Casos en definitiva con un perfil económico claro ya sea por parte de los particulares o de los organismos de gobierno o de la Iglesia. Se nota aquí como la crisis del reinado de Carlos IV y las guerras europeas, de las que España había participado contra Francia entre 1793 y 1795, hacían mella en los recursos.

Así por ejemplo, el 18 de septiembre de 1805 se le abrió un expediente a la Villa Albilla (Villalvilla) porque el corregimiento necesitaba cobrar los atrasos de las deudas públicas contraídas por ese municipio. El corregimiento de Alcalá de Henares le pedía al alcalde de Villalvilla que no fuera condescendiente con los vecinos a la hora de cobrar deudas de impuestos, pues eso perjudicaba a los intereses de los agricultores, obviamente se refería a los intereses de los terratenientes. El escribano que tuvo que abrir el expediente fue Miguel Azaña, hijo de Nicolás Azaña, que ya estaba anciano aunque aún daría juego en 1808. Ahora bien, la presión venía de la Junta de Intervención de los Reales Pósitos[39]. El caso de Villalvilla no quedó ahí, pues ese mismo año, a lo largo del verano, se le pedía a Manuel Yebra desde 1804, pues él era el procurador síndico general de Villalvilla, que pagara esos atrasos. Él recurrió para que se le exonerara de pagar tres fanegas de trigo por cuenta de catorce y media que se habían pagado de más en el ejercicio de 1802. El caso llegó hasta el tribunal del Consejo Real de Castilla, donde lo trató el Ministro honorario del Tribunal de la Contaduría Mayor de Cuentas[40]. El caso de Villalvilla no quedaría ahí, pues en julio de 1807 se registraron abusos y desórdenes en los depósitos de grano y entre los vecinos que habían ido para coger grano sin permiso[41], lo que se llama un motín por hambre. Sirva este caso de ejemplo de las necesidades de recursos que tenían los vecinos del corregimiento en contraposición de las órdenes de la administración y el gobierno. A pesar de centrarnos en el caso de Villalvilla, se puede hablar de una generalización de un sentimiento de aumento de la necesidad en todo el territorio, si bien Alcalá de Henares por ser la cabeza tenía menos necesidades que otros lugares, pese a ir también esas necesidades en aumento grande y acuciante para determinadas personas y familias.

Así por ejemplo, en Alcalá de Henares, Juan José de Landa vio como en 1807 Bernardino García, procurador síndico de la ciudad, le pidió administrativamente que declarase sobre el agua que perdía su pozo y las cañerías de regadío que tenía[42].


[33]              Se lee tanto en la obra citada de Vadillo, como en Julián VADILLO MUÑOZ y Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ, “Alcalá de Henares dentro de la I Internacional, un forcejeo entre marxistas y anarquistas (1871-1872)”, en Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares, 2014.
[34]           Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ, “Informaciones secretas sobre revolucionarios franceses en Alcalá de Henares al cortarle la cabeza a Luis XVI en 1793”, en Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares, 2014.
[35]           AGA 44/14004,0005 y relacionados. “1793”.
[36]              AGA 44/14012,0017, “Diligencias de oficio sobre el robo en las arcas de la parroquia del apóstol Santiago”, Alcalá de Henares,  21 de septiembre de 1796 a 24 de agosto de 1797.
[37]              Ídem nota 21.
[38]              AGA 44/14008,0002, “Autos de oficio formados por la fuga que ejecutaron todos los presos de la Real Cárcel la noche del 16 de febrero de este año”, Alcalá de Henares, 1795. Corregimiento de Alcalá.
[39]              AGA 44/14022,0037, “Depósito de Villalvilla. Año de 1805, expediente en razón del cobro de atrasos”. Corregimiento de Alcalá de Henares, 18 de septiembre de 1805 a 12 de noviembre de 1807.
[40]              AGA 44/14022,0038, “Manuel Yebra, vecino de la villa de Villalvilla, en razón de que se le exonere del pago de tres fanegas y media de trigo que por cuenta de catorce y media que se reparan por la superioridad en las cuentas de 1802, le ha exigido la Junta de 1804”, Corregimiento de Alcalá de Henares, pósito de Villalvilla, 25 de agosto de 1805.
[41]              AGA 44/14022,0050, “Expediente instructivo sobre tomar seguro conocimiento del estado del Real Pósito, su abuso y desórdenes y poner los medios para cortarlos y que tenga efecto el reintegro. Pieza 1ª”, Corregimiento de Alcalá de Henares, Villalvilla, 1 de agosto de 1807 a 29 de septiembre de 1807.
[42]             AGA 44/14022,0048, “El procurador síndico de esta ciudad. Sobre cesión reciente sobrante de agua con cedido de don Juan de Landa”, Corregimiento de Alcalá de Henares, 23 a 27 de julio de 1807.

lunes, febrero 10, 2020

NOTICIA 1937ª DESDE EL BAR: UNA NUEVA VIDA PARA ALCALÁ EN EL SIGLO XIX (2 de 5)



2.- ¿La Decadencia Demográfica?

¿Es cierto que Alcalá de Henares se despoblaba? Sin duda de la enorme población que la ciudad alcanzó en los siglos XVI y XVII hay un gran cambio en la población del siglo XVIII. En parte ya hemos visto que los precios ahuyentaban a la población universitaria, junto a las normativas restrictivas para las matriculaciones. Y al disminuir esta población universitaria tampoco se necesitaban numerosos oficios que atendían las necesidades de las grandes masas de habitantes y en especial de los estudiantes, así por ejemplo había un gran sector de libreros, escribanos, bedeles, profesores, etcétera, pero también de panaderos, carniceros, tejedores, zapateros y demás. Destaca por ejemplo la familia Briones, que eran impresores destacados en la ciudad desde el siglo XVI y que en el siglo XVIII, en 1718-1719, nos han dejado por ejemplo una testamentaría de 151 folios muy rica en información de todo tipo de objetos propios de esta parte de la sociedad alcalaína de la que hablamos[17]. No hay que olvidar que muchos de los colegios y fundaciones universitarias tenían además tierras de cultivo con gente trabajando en ellas, tierras que al haber menos gente también sufrían de una menor necesidad de cultivo, o sea: de trabajo. Tradicionalmente la ciudad había tenido una actividad agrícola y ganadera y una modesta o escasa industria artesanal, nada que ver con la industria moderna. Esta industria se centraba en la fabricación de cerámicas, como por ejemplo de tejas y ladrillos. Urbano Brihuega nos dice que la población disminuyó drásticamente en la ciudad a costa del cierre de la Universidad en 1836[18], y así parece ser.

La población alcalaína comenzó a perder su vida cultural y urbana para dar paso a una antigua vida rural y campesina que hacía siglos que no tenía tan férreamente desarrollada, aunque nunca había desaparecido. No obstante los vecinos que no eran universitarios vivían del campo. En agosto, cerca de las fechas de San Bartolomé en la veintena del mes, se celebraba una importante feria ganadera de diez días de duración que reunía a todo tipo de personas de diferentes lugares de España, pues Alcalá estaba muy bien ubicada en el camino Toledo-Madrid-Guadalajara-Zaragoza-Barcelona, y en concreto los terrenos de El Encín, propiedad de una familia noble en los siglos XVIII y XIX, poseían campos llanos y muy fértiles que permiten el paso hacia los pastos del norte peninsular.

Sin embargo, en el Padrón General de Vecinos de 1828, con una Universidad que ya había sufrido varios cierres, cuyos profesores liberales habían sido purgados, cuyo interés de los estudiantes por ella ya no era tanto y en una crisis interna y unos abandonos de sus instalaciones que la llevaban por el camino recto a su cierre de 1836, imbuida en ser epicentro del liberalismo complutense ya a cara descubierta unas veces o ya en sociedades secretas y sociedades masónicas otras, se contabilizó un promedio de más o menos ciento cincuenta profesiones en la ciudad. Las personas en edad laboral eran unas 1.385. Esta es su distribución por sectores:

Sector primario: 41,4%. Había más agricultores que ganaderos.

Sector secundario: 21,6%. Se distribuían de este modo:
            Textil 7,5%
            Abastos 5,5%, mayoritariamente de pan y vino.
            Mobiliario 4,9%.
            Construcción 2,7%.
            Cuero y papel 0,6%.
            Orfebrería 0,3%.

Sector terciario 29,4%. Se distribuían estos de este modo:
            Profesiones liberales 6,7%. Abundaban abogados, escribientes y escribanos.
            Comercio 5,9%.
            Otros servicios 5,8%.
            Administración civil 5%.
            Iglesia-Universidad 4,9%. Abundaban profesores y estudiantes.
            Transporte 1%.

Sin profesión 7,6%. Esta población es relativa dado el número de jornaleros que trabajaban por estación, aún con todo son principalmente viudas[19].

Sobre estos datos hay que tener en cuenta, como indica el historiador Julián Vadillo, que en estas épocas estos padrones no contabilizaban como población a la población flotante que estaba estacionada en la ciudad, soldados acuartelados (sólo contabilizaban a los oficiales, a pesar de que todo el cuartel eran miles de personas), frailes conventuales, presos de cárceles, jornaleros estacionales, etcétera.

El mismo padrón de 1828 nos dice que la población emigrante alcalaína tenía esta composición:

24,7% de Madrid.
22% de Guadalajara.
6,3% de Cuenca.
5% de Toledo.
2,6% de Soria.
2,1% de Tarragona.
2,1% de Valencia.
2% de La Coruña.
1,9% de Alicante.
1,6% de Barcelona.
29,7% del resto de España[20].

No se tuvo en cuenta empadronar a los extranjeros. Sabemos que estos existían en la ciudad. Algunos incluso tenían su actividad económica matriculada en la ciudad, otros eran militares. Destacan los guardias valones de origen francés que nos encontramos en el siglo XVIII, o los figoneros y buhoneros italianos que también se registraron en casos judiciales y notariales, o los franceses que habían fundado una Compañía de Caldereros, a modo gremial y de los que sabemos de ellos desde 1790, por poner algunos ejemplos[21]. 

De los emigrantes españoles que venían hacia Alcalá que sí sabemos gracias a este padrón de 1828 sabemos a qué venían principalmente a la ciudad. Estas eran las ocupaciones que ellos buscaban:

El 43%  venían para trabajar en el sector primario. Por orden de importancia mayoritaria a la hora de buscar y encontrar trabajo se ubicaban así:
1º Jornaleros
2º Labradores
3º Hortelanos
4º Pastores.

Otro 31% de ellos venía para trabajar en el sector servicios o terciario, que debía estar muy desarrollado. Preferentemente se ubicaban así:
1º Tenderos
2º Comerciantes
3º Barberos
4º Criados.

El 18% restante venía por la industria o sector secundario. Estos eran sus trabajos preferentes, que eran más bien artesanales:
1º Herreros
2º Sastres
3º Zapateros
4º Panaderos[22].

Vemos claramente como en la ciudad los empleos más desarrollados eran los propios del campo, mayoritariamente del sector agricultor y no tanto del ganadero, muy a pesar de la importante feria citada anteriormente. Sería de pensar que el siguiente sector en importancia dado este dato fuera el secundario o industrial, pero como vemos no era así, sino que era el terciario o de servicios. La importancia de la ciudad universitaria-administrativa-episcopal deja caer su peso aquí, todavía aún a pesar de la decadencia muy avanzada que se alcanzaba ya a la altura de 1828. Comparando y contrastando todos estos datos vemos también como en el sector terciario son las profesiones liberales las que más ocupación daban, especialmente abogados y escribanos, lo que nos puede dar una pista de que este sector tiene importancia no sólo por la Universidad sino también por la administración de justicia del corregimiento, muy cerca en el tiempo de pasar a ser partido judicial, de la justicia eclesiástica, de las múltiples necesidades notariales dado el gran número de habitantes notables, cofradías y demás, con mucha actividad en la ciudad de todo tipo de asuntos, de los asuntos de la cárcel, etcétera. Así lo atestigua también que predominen entre los emigrantes a Alcalá tenderos, comerciantes y barberos. Un testimonio de una gran población con necesidades básicas que generaban grandes cantidades de empleo. Pero es llamativo que el cuarto lugar sean los criados, lo que nos hace pensar en todo el trabajo directo e indirecto que podían mover las instituciones de la ciudad y las familias en torno a ellas. Muy en la distancia de estos dos sectores que generaban el empleo principal en la ciudad, está el sector industrial o secundario, que en la ciudad, hay que repetirlo, no sería otra que una actividad más bien artesanal y dedicada a los abastecimientos de artículos de primera necesidad, y de ahí la importancia de los empleos que generaba lo textil, los abastos y los dedicados a generar muebles. Por otro lado, que los primeros de este sector secundario de entre los emigrantes sean herreros no es de extrañar. Las fábricas de forjas serán muy importantes y famosas hacia la segunda mitad del siglo XIX, aunque ya existiera alguna previamente, pero en concreto los herreros de esta época se dedicarían a fabricar piezas metálicas necesarias para la agricultura, siempre tan susceptibles de sufrir deterioros. Que sastres, zapateros y panaderos ocupen el siguiente lugar, es propio de que existía una demanda que los propios habitantes naturales de la ciudad no llegaban a cubrir con todo su trabajo.

En este mismo padrón de 1828 se registró el número de la afluencia de emigrantes españoles a Alcalá de Henares. Es muy significativo atender a sus cifras por periodos de tiempo, pues descubrimos unas tendencias de atracción de la ciudad realmente curiosas para ser un lugar que estaba entrando en decadencia:

1758-1768: No hay apenas emigrantes registrados, no se llega ni a diez.
1768-1778: Más menos 25 emigrantes.
1778-1788: Más menos 45 emigrantes.
1788-1808: Más menos 260 emigrantes.
1808-1828: Más menos 550 emigrantes[23].

Hay que recordar una vez más que no están registrados los emigrantes extranjeros, pero tampoco los que eran población flotante, por lo que las cifras son engañosas muy a la baja. No obstante, lo que sí se puede observar con estas cifras presentes es que desde 1758 a 1828 la ciudad no dejó de ser atractiva para quienes buscaban trabajo, sino todo lo contrario, incluso en los tiempos de la Guerra de Independencia de 1808 a 1814. La multiplicación portentosa de emigrantes registrados es muy clara y patente. La gente no suele emigrar hacia donde no hay trabajo. Si esto lo combinamos con los datos anteriores, podríamos decir que la agricultura alcalaína cada vez necesitaba de más mano de obra, y por tanto su producción debía tener salida de algún modo, así como el siguiente sector en importancia en la ciudad, el de servicios, igualmente era otro reclamo, y aquí hemos visto que eran los trabajos administrativos los más reclamados.

Con estas cifras el presente autor sólo puede decir una cosa en principio: es difícil hablar de una ciudad en decadencia. Quizá sea mejor hablar de una ciudad en transformación. Quizá estuviera perdiendo su Universidad, y por supuesto estas cifras cambiarían desde 1836, pero empezaba a ser un polo de atracción para una sociedad agrícola y administrativa.

Un censo previo de 1801 daba por cifra 1.307 vecinos. Otro de 1809 hablaba de 1.199 vecinos y 3.770 habitantes, pero con la guerra contra los franceses plenamente en marcha otro censo de 1810 hablaba de 972 vecinos y 3.431 habitantes[24]. Ahora bien, con otro análisis de ese censo de 1810 se llega a la cifra de habitantes de 4.108 personas, siempre teniendo en cuenta que no se contabilizaba por entonces a la población flotante[25]. Si tenemos en cuenta que en el siglo XVI los habitantes llegarían a estar entre los 8.000 y los 10.000, se puede considerar un bajón. No obstante, una cosa son los habitantes y otra los vecinos. Así por ejemplo, en 1530 se contabilizaron 850 vecinos, pero no se indicó cuántos habitantes había, los cuáles se habían cuadruplicado o quintuplicado a costa de la población universitaria. El vecindario de 1591 decía que había 2.341 vecinos. En cincuenta años el crecimiento del número de vecinos es muy evidente, pero seguimos sin saber cuántos habitantes existían de verdad. En 1626 se habló de 821 vecinos. El vecindario de Campoflorido de 1712-1714 decía que existían 600 vecinos. La despoblación vecinal parece evidente, aunque seguimos sin saber cuántos habitantes reales podía haber, esas cifras las han intuido otros historiadores fijándose en otras fuentes que aportan pistas, y estas nos hablan de vecinos que hacían alcanzaban los millares de habitantes. El Catastro de Ensenada de 1753 fue uno de los que se hicieron con un método más perfeccionado, y este sube la cifra de vecinos a 1.281, pero sin indicar los habitantes aún. Y el censo de Floridablanca de 1786-1787 al fin registró los habitantes, pero no los vecinos. Y el total de habitantes en esas fechas eran 5.688 personas, de las que no se cuentan la población más flotante[26]. De los 5.688 de 1786 a los 4.108 de 1810 es evidente que había habido un descenso poblacional en cuanto a vecinos, pero atendiendo a las cifras de emigrantes ya citadas, hubo un aumento de habitantes en la ciudad aquí no registrado. Pero es innegable que había menos gente de la ciudad. También es cierto que había una gran natalidad y una gran mortalidad en 1810, así como predominaban los varones entre 21 y 40 años, y las mujeres entre 15 y 25 años.

Aquella emigración que hemos mencionado en aumento debió continuar incluso a pesar del cierre de la Universidad en 1836, pues en el censo de la población de derecho de 1842 se hablaba de 5.153 habitantes, así pues se había crecido, no menguado[27]. En este sentido, el historiador Julián Vadillo nos ofrece cifras del censo de 1868 que nos habla de 6.552 habitantes. De hecho, según las cifras analizadas por Vadillo, se siguió aumentando la población hasta 1880, luego se vuelve a aumentar hasta 1910, que hay una bajada drástica en miles de habitantes, y después se vuelve a aumentar hasta alcanzar, por ejemplo los 11.525 habitantes en 1940, según él[28]. Según el censo de la población de derecho de 1877 había en Alcalá 14.241 personas más 12.317 personas que eran población de hecho. Siguiendo esta otra fuente, en la fecha de 1940 citada la población de derecho serían 14.971 personas y las de hecho 18.419[29]. Como fuere lo que se observa es que la población complutense aumenta a pesar de la desaparición de la Universidad. Por lo que quien escribe insiste en que quizá más que de decadencia habría que hablar de cambio de modelo social. Cobran importancia lo agrícola, lo administrativo, lo penitenciario y lo militar. Es cierto que hay una decadencia de otro tipo, de los valores urbanos y de alta cultura en un determinado sector de la población se pasa a valores rurales y esa alta cultural pasa a ser minoritaria, aunque muy notable.

La ciudad vivió episodios epidémicos en el siglo XIX, por ejemplo de tifus y de cólera, que son aquellos que llevaron a la disminución de la población en momentos puntuales[30]. Las décadas de 1840, 1850 y 1860 fueron prueba de ello. Incluso se recomendaba, aparte de higiene, prender plantas aromáticas como si fuera incienso para poder combatir la enfermedad y sus olores. Julián Vadillo habla de una gran movilidad entre los habitantes que iban y venían de la ciudad, pero también habla de unas tierras que habiendo sido antes de la Universidad o de las órdenes religiosas, ahora estaban atomizadas en unas pocas y mismas familias de origen noble o de la alta burguesía, que además era normal que ocuparan cargos de gobierno[31]. Destaca de su análisis los sueldos ajustados de los alcalaínos que apenas llegaban justos para poder pagar los precios de los alimentos. Probablemente complementaban con otras tareas personales que pudiera reportarles ingresos extra, o bien ponían a trabajar a algún miembro más de la familia. Los obreros alcalaínos podían permitirse muchas patatas, el pan malamente a precio caro, las legumbres estaban baratas, los huevos estaban muy caros, se permitían muy poca o ninguna carne por el precio, y, curiosamente para estar en el centro penínsular, el bacalao les era más barato que la carne[32]. No obstante, uno de los primeros gremios en provocar motines del pan entre la ciudadanía e igualmente en movilizarse ellos en huelga fueron los panaderos, obviamente por intereses en sentidos contrapuestos en torno al precio, pero en definitiva ambos con motivación obrera. En 1898 destacó un motín del pan encabezado por mujeres con bandera negra que provocó que se declarase el estado de guerra en la ciudad y el encarcelamiento de algunas de estas mujeres.


[17]              AGA 44/13920,0003  “Escritura notarial de inventario y transmisión de bienes por herencia de Julián García Briones”. 31 de mayo de 1718 a 21 de marzo de 1719.
[18]              Op. Cit. en nota 13.
[19]           AMAH, Signatura 4832 L, María MELGAR GARCÍA, dirigida por José Morilla Critz, Estudio demográfico de Alcalá de Henares. Siglo XIX. Primera parte del trabajo de investigación: Poblamiento y despoblación castellana. El fenómeno alcalaíno. Siglos XVI al XIX, facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares 1984-1985; pp. 15 a 20.
[20]              Ídem.
[21]              Ídem nota 11. Los expedientes del Corregimiento de Alcalá guardados en el AGA son una mina por explorar para rastrear este y otros aspectos de la ciudad de Alcalá de Henares.
[22]              Ídem nota 19, p. 32.
[23]              Ídem nota 19, pp. 36 a 37.
[24]              Op. Cit. nota 9; p. 585.
[25]              Op. Cit. nota 9; p. 155.
[26]             Artículo de Wikipedia consultado en 3 de septiembre de 2014, “Historia de Alcalá de Henares”, http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Alcal%C3%A1_de_Henares
[27]             Ídem. 
[28]             Julián VADILLO MUÑOZ, El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939, ed. Silente Académica, Guadalajara, 2014; pp. 27 a 34.
[29]             Ídem nota 25.
[30]             Op. Cit. nota 28; pp. 27 a 93. Y también op. cit. nota 9, pp. 136 y aledañas. Y también en el segundo libro de la op. cit. nota 2.
[31]             Op. Cit. nota 28; pp. 34 a 47.
[32]             Op. Cit. nota 28; pp. 53 a 72.