Anoche sonaron los fuegos artificiales más imaginativos que se hayan lanzado en un fin de fiestas en Alcalá de Henares. La persona encargada de la pirotecnia sin duda tenía algo de sentido artístico y del espectáculo. Algo impecable.
Y con estos fuegos artificiales, como suele ocurrir en estos en esta ciudad, se marca no sólo el final de las fiestas grandes, sino en cierto modo, al coincidir con el final de agosto, es como si se marcara también el final del verano, aún cuando todavía quede casi un mes hasta que llegue la veintena de septiembre, que es cuando realmente eso ocurre.
En mi caso mis cortísimas vacaciones veraniegas de este año están casi todas aún por delante, me queda toda esta nueva semana que empieza hoy. Luego hay que volver al trabajo de archivo. Y en esto pienso en una serie de televisión a la que me he aficionado esta verano por las tardes de lunes y martes, cuando volvía de trabajar y después de descansar un poco y preparar la comida del día siguiente. Bright Minds, una serie francesa cuyo capítulo piloto fue de 2017 (en principio iba a ser una película, pero no acabó siéndolo); empezó a emitirse en 2019 y cuyo título original es Astrid y Raphaëlle, pero en España a alguien le dio por cambiarle el título y ponerlo en inglés, lo que sería Mentes brillantes. Cosa cuando menos curiosa y que, hablando con otras personas veo que hace creer a quienes la han visto poco (y yo mismo al comienzo) que se trata de una serie norteamericano, pero la panorámica de la ciudad en su cabecera, con la Torre Eiffel, no deja dudas. De hecho la serie ya tiene de por sí una versión británica desde 2024, Patience. No hubiera pasado nada por dejar el título original en francés en la serie original. Es más, este otoño de 2026 se estrenará una versión española y esta mantendrá un nombre análogo al original, será Ágata y Lola.
La serie es una serie ligera de crímenes, no truculenta, en los que una brigada criminal de París los investiga a lo largo de capítulos independientes. El hilo conductor que une toda la serie es la relación que se entabla principalmente entre Raphaëlle, una policía detective que a veces se salta las normas, y Astrid, una archivera del Departamento de Investigación Criminal dentro del Centro de Documentación Criminal. Y dada mi profesión, ahí me comencé a quedar a ver algunos capítulos... y después, dadas las relaciones de Astrid con el restos del equipo, me enganché, pues Astrid tiene la particularidad de ser una persona autista, con un autismo muy alto, pero con altas capacidades intelectuales, un poco al estilo de personaje del actor Dustin Hoffman en Rain man (1988).
No es la primera vez que una ficción me llama la atención en producciones de cine y televisión por tener a un archivero o un archivo de protagonista. Hablé de ello por primera vez en Noticias de un espía en el bar en la Noticia 1730ª, de 13 de agosto de 2017, donde comenté varias películas donde ocurre esto. Por cierto que una de ellas en realidad era una saga de películas muy conocidas no precisamente por esto, pero cuya trama principal de toda la saga tiene precisamente un problema documental y fallos de seguridad en los archivos y documentos del Estado, Star Wars, y ocurre en todas las películas, aunque donde se hace totalmente notable y directo es en Rogue One: una historia de Star Wars (Gareth Edwards, 2016). He de decir que cuando escribí sobre esto, hasta entonces nadie había escrito o hablado sobre esto en archivos, ni sobre la película Star Wars: episodio IV, una nueva esperanza (George Lucas, 1977) tampoco, ya que el problema documental ya se muestra ahí mismo, en esa trama. Aunque sí se había hablado y escrito en el mundo de los archivos de La vida de los otros (Florian Henckel Von Donnersmarck, 2006). Relativamente poco después de escribir hubo un encuentro de archiveros donde acudieron principalmente archivistas de archivos regionales. Una de las ponentes, que fue muy aplaudida y reconocida por la novedad de su planteamiento, fue hacer precisamente una explicación sobre la custodia documental a partir del análisis de Star Wars... Yo no estuve presente, pero los y las colegas de profesión que me contaron la ponencia me hicieron pensar si esta persona leyó mi entrada y jamás dijo que la inspiración de la ponencia le vino de ahí. Es algo que nunca sabré si fue así o fue coincidencia. Peculiar coincidencia, diría yo, pero no imposible.
En el caso de Bright Minds, por cierto: impresionante interpretación de la actriz Sara Mortensen, partimos de la base de varios errores sobre cómo ve alguien (unos guionistas) ajeno a los archivos, los archivos. Lo primero que hay que decir es que aunque en las sinopsis que se leen en redes sociales sobre la serie se dice correctamente que Astrid es una archivera, en la serie se dice en todo momento que es una documentalista. Puede que se trate de problemas de traducción y de concepción del oficio entre Francia y España. Por lo que a mí respecta Astrid es evidentemente una archivera superdotada, aún a pesar de su autismo. Aunque la serie quiere remarcar que es su autismo la que la hace especialmente cualificada como archivera, esto funciona con la ficción, aunque no hace falta tener altas capacidades para poder ejercer de archivero de manera muy eficiente y eficaz o para poder conocer y hablar con propiedad de documentos, fondos y series documentales. No voy a negar que entre los que ejercemos el oficio desde hace años alguna vez hemos bromeado con la sospecha de que casi todos tenemos algún tipo de trastorno obsesivo compulsivo si nos analizasen.
Archivista (o archivero) y documentalista no son lo mismo, aunque se asemejen mucho. De hecho uno de los problemas de España durante muchos años es que había formación universitaria de documentalista, pero no de archivero. La formación de archivero, aunque ahora desde hace muy poco tiempo creo que existe un Grado Universitario, se creaba a través de la formación de diversas carreras universitarias como la propia de Documentalista, la de Historiador (de donde yo vengo), Humanistas, Economistas y alguna otra, a las que se añadía o bien la combinación de ellas con la de documentalista, o bien con cursos especializados, becas específicas de formación y desde luego: práctica laboral. Sin embargo, es verdad que en España el alto desconocimiento de las funciones de documentalistas y archiveros hacen que muchas personas confundan ambas profesiones, que se solapan, pero no son exactamente lo mismo, aún cuando un documentalista pueda ejercer de archivero y al revés.
El documentalista busca, encuentra, ordena y pone a disposición la documentación necesaria para una tarea solicitada. El mejor ejemplo serían los documentalistas de telediarios que buscan en los archivos audiovisuales para completar las noticias que redactan y graban los periodistas. Un archivero identifica, clasifica, ordena y pone a disposición la documentación y los productores de la misma, así como su finalidad inicial, y si es información de oficina actual, intermedia o ya histórica. Dentro de esas bases luego es cierto que hay diversos caminos, ya sean de Historia, de administración, de investigación, médicos incluidos, etcétera.
Astrid trabaja dentro del Centro de Documentación Criminal como documentalista, pero en realidad lo que muestra la serie es que sus funciones, según la primera temporada, debían limitarse a las de archivera, incluido el servicio de préstamo de expedientes. Es su curiosidad, su conocimiento extraordinario de los fondos de archivo y su afán investigador lo que la hacen ejercer de documentalista hasta el punto que es vital para solucionar un crimen que parece un suicido y no lo es, lo que hace que Raphaëlle solicite que pueda salir de vez en cuando del depósito de archivo para ayudar a investigar. De hecho, en posteriores temporadas, Astrid terminará formándose también como detective o forense, pudiendo explicarse así mejor su presencia constante en la brigada criminal más que en el depósito del archivo... cuya ausencia permanente haría que este quedara en parte desatendido, y eso no sería posible.
Siempre me llama la atención el volumen tan grande de las cajas de archivo que se muestran en estas series, en este caso serie francesa, pero se ven iguales en estadounidenses. Normalmente los depósitos de archivo, por muy grandes que sean, son limitados y se tiende a ahorrar espacio. Los documentos se suelen guardar en cajas que los conservan en vertical, no en horizontal, pero puesto que estas cajas salen tanto en producciones extranjeras sólo anotaré que desconozco la realidad francesa de las unidades de instalación en archivos franceses. Pero en principio es algo poco viable, y menos cuando en algún capítulo se dice que hay expedientes de 1920, lo que indicaría (acorde con las imágenes que se ven) que el depósito está sobresaturado y hay problemas de espacio. Siguiendo por el mismo camino, la serie parece indicar una incompatibilidad entre archivos de papel y archivos electrónicos, y eso no es real. Ambos tipos de documentación son compatibles y conviven. Es hasta deseable la conservación del papel, que es lo que se hace, aunque a la vez se digitalicen datos de los expedientes. Son actividades complementarias de archivo en pleno siglo XXI. España fue pionera en esto desde 1992, con el Archivo de Indias. Y no, no se destruye la documentación histórica si se digitaliza, tal como se pretende en una de las temporadas.
Del mismo modo parece que todos los expedientes son pequeñas carpetitas guardadas en grandes cajas, cuando en realidad todo apunta a que, dado lo complejo de los casos, deberían ser enormes grupos de hojas en una o dos carpetas. Y no, nunca se depositarían los documentos sobre el suelo, aunque en este caso, dada la trama de la serie es algo que va con el personaje, es perdonable. Del mismo modo que algunos tipos físicos documentales necesitan ser ensobrados dentro de sus expedientes, cosa que supongo que por estética no sucede aquí.
En cuanto al edificio, su volumen traspasa el de un mero centro documental de los servicios internos de la policía de París, y es prácticamente un archivo intermedio que no sólo abarcaría París, sino toda Francia. Eso o es que en París se acumulan crímenes en un sin parar. Pero evidentemente esto es también un recurso narrativo para magnificar las dotes intelectuales de Astrid y su capacidad de retentiva de datos. Aunque hay que decir que en los archivos no hay caos, todo lo contrario, por eso son archivos, y hay sistemas y sistematización del orden, las búsquedas no son al azar. Los documentos no están perdidos, sin embargo, aquí resulta milagrosa Astrid para saber donde están todos... Y dado el tamaño del edificio parece que tuviera retentiva para más de un millón de documentos. También hace gracia la oscuridad a la que dotan al depósito, cuando, hoy por hoy, en general, son bastante luminosos cuando alguien trabaja dentro. Pero esto es también alimentar unos conceptos que se presuponen tópicos de los archivos y los archiveros, todos con vidas tristes, parece ser... Ay, si conocieran nuestras vidas... ¡Somos personas con vidas como tú!
Pero la serie es muy atractiva. Los personajes son muy llamativos y los crímenes se resuelven deductivamente, al viejo estilo Sherlock Holmes. Yo reconozco numerosas licencias tópicas sobre los archivos y los archiveros, pero son perdonables. Lo malo es que alimenten falsas percepciones sobre el oficio, pero tampoco es algo grave, sólo es una serie de misterios policiales. Yo recomiendo la serie, la verdad. Y es desde luego algo entrañable para mí que sea una archivera una de las principales detectives. Sobre todo porque, aún con todo lo dicho, hay algunas cosas muy reconocibles del oficio y eso me hace gracia, junto a las relaciones entre los personajes protagonistas.
Así que tengo una semana de vacaciones y luego vuelvo al trabajo de archivo, quizá no al estilo de Astrid, pero igual de oportunidad para conocer lo que otros nunca conocerán. Y eso en buena parte es un atractivo, pues te permite conocer y comprender tanto los tiempos actuales como la Historia (depende de los fondos que te van tocando trabajar) mejor y más claramente. Te permite poder tener una visión de la realidad social, política, económica e histórica más profunda. Un atractivo del oficio. Y algo de eso tiene la serie, que de lo particular se llega al conjunto y al revés.

