Llegamos a la tercera entrega de películas que vi y destaco de este comienzo de verano 2026, aunque he de decir que planeo ver este fin de semana La Odisea, de Christopher Nolan, que la estrenan en cine y por sí sola podría entrar en este serial, pero dije que eran tres entregas. La primera la dediqué a las que vi en cine, la segunda a destacadas que vi en televisión, y dije que esta entrega sería de DVD. La cosa es que hace años el periódico La Razón sacó una colección muy barata de películas del Oeste, yo ya he dicho que es un género que me gusta. Quise tener un espacio dedicado al Western en mi videoteca, así que me compré en su momento varias, aún cuando implicaba la compra de ese periódico. Muchas ya las había visto desde niño en la televisión, otras ya más mayor incluso en el cine, pero aún con todo había algún título que o no vi o ya no me acordaba. Y así llegamos a dos de esos títulos. Tampoco las vi cuando las compré porque nunca terminaba de surgir el momento, y este verano, con el tedio de regresar del trabajo, un poco de descanso, hacer la comida del día siguiente y después la cena, me dio por ver dos de las primeras de esa colección, que no había visto o que no recordaba haber visto. Me acorde de cuando veía películas con mi gata, pero ya no estaba la gata, ni tampoco creo que nadie quiera venir a casa a ver un DVD y menos de películas viejas del Oeste. Así que ya veis, no ha habido gran épica en este comienzo de verano en el que me toca madrugar mucho para ir a trabajar. Aunque ya hemos entrado hoy en la canícula, la parte media y más calurosa de la estación.
Pasión de los fuertes (John Ford, 1946): Si alguna vez vi esta película en el televisor, no lo recordaba, pero de haber ocurrido me cuadraría que quizá en alguna sobremesa de sábado por la tarde, o domingo, en casa de mis abuelos maternos... lo que me remontaría a la década de 1980. Si la hubiera visto posteriormente pudiera haber sido en casa de mis padres en la década de 1990. Pero no recordaba nada de ella, y creo que no la había visto antes. En realidad el título que le dieron en España en 1946, Pasión de los fuertes, no tiene nada que ver con el título original: Mi querida Clementine. El título español respondía a una España de Franco llamada a reivindicar nombres muy rotundos, muy llenos de testosterona, que no hicieran pensar que se va a ver algo que ver con un romance, sino con una película de acción y violencia en el Oeste. Pero en realidad el título original te indica ya que a pesar de que es una película de pistoleros, el enfoque que le quisieron dar al personaje central, Wyatt Earp, era uno más cercano a la vida cotidiana, menos a la del mundo de la lucha contra el crimen. Para empezar, John Ford es uno de los grandes directores del cine. Es de los que han hecho Historia, porque además innovó mucho tanto en tramas como en cuestiones técnicas. Gracias a él evolucionó una forma de narrar en lo audiovisual, es de esos directores que construyeron el lenguaje del cine en el que hoy mismo seguimos viendo muchas historias. A la altura de 1946 aún le quedaban muchos años para crear innumerables clásicos, una buena parte de ellos ambientados en el Oeste, pero en ese año no era un desconocido. Llevaba haciendo cine desde 1916, con la llegada del cine sonoro en 1927 su nombre empezó a unirse a películas muy taquilleras. En la década de 1930 ya contaba con varios títulos que son hitos. Y en cuanto al personaje de Wyatt Earp, pues decir algo que ya dije en esta bitácora otras veces. Era un personaje real del siglo XIX que se transformó en un sheriff de frontera en Dodge City y en Tombstone enfrentándose con algunos de los criminales más sonados del Oeste. En una de aquellas ocasiones el asesinato de uno de sus hermanos hizo que él y sus hermanos como ayudantes de sheriff, más un pistolero amigo suyo, Doc Hollyday, con tuberculosis, se enfrentaran a una familia completa de cuatreros. Toda la historia desembocó en un tiroteo con varios muertos en OK Corral. Este es un momento fundacional de Estados Unidos en su medio Oeste, y también porque algunos historiadores estadounidenses consideran que ese fue el momento del comienzo del crimen organizado (en sentido mafias, al tener objetivos comerciales) en Estados Unidos, aún cuando ya en otros lugares de Estados Unidos habían habido episodios de crimen organizado, y no necesariamente en el Oeste.
De Wyatt Earp y del duelo en OK Corral se han hecho muchas películas, incluso hoy día. En 1946 el personaje y esa historia ya contaba con varias películas desde las épocas del mudo. Incluso en esa década de 1940 ya se había rodado alguna película más sobre el tema. La innovación de Ford es que intenta narrar la historia desde dos perspectivas algo más novedosas en ese 1946. Por un lado trata de narrar la Historia desde un aspecto más sujeto a la realidad del Oeste, y menos desde la épica o la leyenda. Por otro lado quiere mostrar a un Earp y sus hermanos más humanos, más cercanos a personas reales que por circunstancias se ven envueltos en un conflicto contra una familia de asesinos profesionales prácticamente. Se muestra a un Doc Hollyday y a un Wyatt Earp con sentimientos más allá de la violencia o la venganza (y hay mucho de venganza por parte de todos los personajes), son personas que también varían su rumbo por el amor, y es ahí donde John Ford quiere darle más protagonismo a Clementine, quien fuera la esposa de Earp, que aquí aparece tal como era al inicio, una expareja de Hollyday. El triángulo amoroso entre amigos está servido.
Ford despliega aquí un manejo de un fuerte contraste entre luces y sombras en una fotografía que nos muestra un pueblo en mitad de una desértica nada. Se desatan las pasiones y los odios en mitad de un lugar que parece en medio de la desolación, algo que aparecerá como reminiscencia en varias películas de la década de 1960, por ejemplo en las de Sergio Leone. Aparte de que posiblemente más de un pueblo se construyó en esos páramos, aquí Ford nos muestra también las condiciones de vida para personajes tan endurecidos... en un pueblo mayoritariamente masculino, donde hasta las autoridades consideran que lo mejor que se puede hacer es irse al bar, que sirve de prostíbulo también, a jugar a las cartas y emborracharse. En medio de toda esta vorágine de hombres endurecidos por la mala vida habrá una escena en la que un actor alcohólico es reclamado para que represente a Shakeaspeare... y de repente todos se transforman en pequeños niños recitando algo que les trae recuerdos de oros tiempos más amables con ellos. Escena que sin duda es la base para la escena análoga y clave de Senderos de gloria (Stanley Kubrik, 1957).
Henry Fonda, Linda Darnell, Victor Mature... un guion lleno de grandes frases, violencia inexplicablemente explícita en el Estados Unidos de 1946... y alguna frase que, si se sabe leer entre líneas y se tienen conocimientos, tienen trasfondo de ideas socialistas. Inconfundiblemente es cine previo a la Caza de Brujas en Estados Unidos, la cual empezaría a perseguir presuntos comunistas en Hollywood a partir de 1947. Aunque conociendo a John Ford, de haber algo sería cosa del guionista, Sam Hellman, que se basó en una novela de Samuel G. Hengel. La película me sorprendió, no la esperaba un Western con personajes dibujados de manera tan compleja psicológicamente. El tiroteo de OK Corral, por otra parte, mucho más verosímil que otros rodados en otros rodajes, mucho más posibles dentro de la realidad, ha sido más o menos imitado en algunas de la biogafías de Earp posteriores... Y alguna vi yo en cine en la década de 1990.
Río Rojo (Howard Hawks, 1948): Esta sí la he visto varias veces, pero hacía tantos años que no me acordaba casi de nada de ella, como mucho de una escena concreta y de forma vaga. Con seguridad es una de las que vi con mi padre de chaval. Además, sé que he visto ese serial protagonizado por Joh Wayne que es esta película de 1948 más Río Bravo (Howard Hawks, 1959) y Río Lobo (Howard Hawks, 1970), que se puede completar con Río Salvaje (Elia Kazan, 1960). Hawks es otro de los grandes nombres del cine, muy atado al Oeste también. Otro de los que revolucionaron el lenguaje del cine, pero que exploró además en la fotografía y en los guiones. En este caso su película de 1948 se estrena hacia el final de la Caza de Brujas y este dato me parece importante, porque muy valientemente en el guion de Río Rojo, aparte del color del río, lanza auténticos ataques a la construcción de Estados Unidos a base de ambición y un sistema capitalista que es el eje vertebrador del relato, aunque parezca que no, pero sobre el que suelta también alguna puya.
La película se monta sobre lo que sería el sueño americano, aquel que dice que partiendo de la nada puedes lograrlo todo, eso sí con trabajo y esfuerzo, aunque gente como Rober Zemeckis nos dijo que Forrest Gump (1994) que en realidad puede ser por el azar o porque aparentas ser quien no eres. Hawks también lanza una puya al sueño americano y a los valores americanos, aunque se anda con cuidado y lo envuelve en ideas de nacionalismo y una idea a la estadounidense de lo que es libertad, se lava así las manos con la Caza de Brujas tan cerca. El guion se basa en un relato de Borden Chase. El protagonista abandona a su suerte a una caravana, donde viaje una mujer que le ama, y los deja ser emboscados por los indios, sólo porque él desea probar suerte y hacerse con muchas tierras para fundar un rancho con un amigo suyo, sólo que piensa ser únicamente él el capataz. Los de la caravana buscaban ir a asentarse en tierras de suelo estadounidense, en lotes que regala el Estado, pero él quiere más y pasa río Rojo, que hace frontera con México. Busca la tierras más fértiles y se apropia de ellas aún cuando le indican que esas tierras son de un capataz mexicano. El protagonista dará un discurso que mezcla ideas socialistas (la tierra para quien la trabaja) con ideas de libertad y democracia a la estadounidense. Llega a matar a un hombre y, aunque no se ve, a lo largo del metraje se dirá que conseguir sus enormes territorios de pasto le costó matar a siete hombres... y permanecer allí durante la guerra. No se cita qué guerra y, por fechas que se citan más tarde, podemos pensar que hablan de la Guerra de Secesión, pero en realidad la única guerra que cuadra con que se pueda quedar esas tierras y que llega a ellas siendo México y en un salto temporal ya son Estados Unidos, es la Guerra Estados Unidos-México provocada precisamente por el asentamiento ilegal de estadounidenses en suelo mexicano hasta el punto que llegaron a llevar esclavos (el esclavismo estaba prohibido en México). México quiso expulsar por la fuerza a estos colonos y eso llevo a una guerra que acabó con la épica batalla de El Álamo y la apropiación por parte estadounidense de Texas, California, Nuevo México y otros territorios. Todo esto no sale directamente en la película, pero si se tienen conocimientos de Historia, entre los diálogos y las escenas entre salto de tiempo, se entiende. Es todo un ataque al expansionismo y al capitalismo, así como la relatividad de las ideas de libertad en manos sólo de la interpretación de un país. Y una referencia clara: la propiedad es un robo, afirmación del anarquista Proudhon en el siglo XIX, que por otra parte apoyaba las pequeñas propiedades y la asociación comunitaria a las que servirían socialmente.
Sea como sea, en ese salto del tiempo las tierras no dan pasto suficiente y las épocas de los grandes ganados ya no son tan rentables. La creación del ferrocarril permite colocar los ganados en los mercados de manera más rápida y barata. Fue parte del colapso del salvaje Oeste. Esto sale en la película, pero no se analiza, una vez más se deja que el espectador sea suficientemente listo para captar al sistema capitalista como un sistema que se basa en grandes empresas que instrumentalizan las vidas y que arruina modos de vida tradicionales y más humanos. Los protagonistas deben volver a cruzar río Rojo para buscar una vía de tren en construcción de la que han oído rumores pero no saben ni si estos son ciertos. Necesitan encontrarla para vender el ganado completo a una gran empresa y salvarse de la ruina total.
El capataz y su socio tienen otro socio, un joven al que han criado, superviviente de aquella caravana a la que mataron los indios al comienzo de todo. Se encarnan aquí dos rivalidades, una forma autoritaria de dirigir a sus vaqueros y a sus vacas, obsesionada con el dinero, y otra más humanizada dispuesta a escuchar a los otros para tomar las decisiones, Se podría ver aquí una analogía de la Guerra Fría, pero en realidad puede haber también ese mundo en lucha dentro del propio ser del capitalismo en liza con un nuevo modo de ver la vida posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Los combates de los peligros con indios y peleas entre vaqueros, e incluso las desbandadas del ganado, están servidos, además de un pistolero metido a ganadero, como ocurrió en la vida real en algunos casos. El viaje se transforma también en un viaje de introspección y choque de personalidades, de los estragos que hace la voracidad por el dinero, como causa que pierde vidas enteras. La aparición de una mujer joven hacia el final del metraje le hará pensar al personaje central en aquella otra mujer que abandonó a su suerte en la caravana años atrás y es en la expresión del actor que se entiende que se replantea su vida sobre lo que tiene y lo que pudo tener.
La fotografía es algo muy destacable y brillante en este metraje, anterior al cinemascope. Los encuadros mismos narran el momento exacto del viaje como si fueran cuadros. Tiene además toda la emoción de un clásico del Oeste. Me pareció otro acierto verla, aunque hubiese sido solo.


