lunes, octubre 08, 2012

NOTICIA 1141ª DESDE EL BAR: HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL SIGLO XX (5 de 6)



HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL COMIENZO DEL SIGLO XX (por Daniel L.-Serrano) (5 de 6)

 
La obra literaria que inspiraba a Pratt inicialmente deambula entre la novela de aventuras de Emilio Salgari o Fenimore Cooper, pero también la de Jorge Luis Borges, Herman Melville, Joseph Conrad o un Jack London. Mientras que Milton Caniff era su historietista favorito en sus inicios. Curiosamente todos estos autores y otros eran los mismos que leía Corto Maltés según se va leyendo en las citas que a veces recuerda o pronuncia a lo largo de la saga[1]. La biblioteca que dejó Hugo Pratt al morir en Grandvaux o en Pully, según la biografía, en todo caso en Suiza, contaba con 35.000 volúmenes en Lausana[2]. Se había ido formando a lo largo de toda su vida con múltiples lecturas. También legó un gran número de discografía, sobre todo de jazz, y un innumerable reguero de recuerdos de conversaciones con innumerables escritores de literatura y creadores de cómic de todo lo largo del siglo XX. Por ello sus obras se asemejan a menudo a las novelas en sí más que a la novela gráfica. Quizá por ello su obra roza la perfección de guión. Intentar seguir todas las referencias directas o encubiertas a obras literarias, mitologías, leyendas, vidas de personas reales, hechos históricos, incluso comprobar la perfección de detalle de trajes, emblemas, vehículos (de los cuales algunos los dejó al cargo de un amigo suyo arquitecto) y demás, puede ser una tarea enciclopédica, y en su lectura: apasionante.

Sus dibujos sufrieron tres etapas, una primera un tanto recargada, buscando un manejo de la sombra y la luz que no se ha llegado a igualar. Una etapa posterior que eliminaba a la vista los detalles menos importantes para centrarla en lo que la imagen quería narrar, pues Hugo narraba con palabras una cosa y con la imagen mostraba otra, como en el caso de algunos asesinatos de Rasputín, donde con palabras llega a decir “se lo merecía”, y en su rostro se ve la cara de arrepentimiento inmediato por un asesinato pasional[3]. Y una última etapa donde era consciente que sus cómic en blanco y negro se estaban coloreando y pintaba de modo claro y esquemático dejando lugar para el color, pero también a la simpleza para dar más espacio aún  a la historia narrada en diálogos.

Pero también tiene otras referencias visuales y narrativas evidentes. Si bien se ha citado que seguía la máxima del director de cine John Ford para darle importancia a los personajes secundarios como soportes de la historia a narrar, no se nos ha de olvidar algunos guiños a la cinematografía, como el del nombre de la citada Shangai Lil[4], sacado del personaje interpretado por Marlene Dietrich, Shangai Lily, en la película de cine negro El Expreso de Shangai (Shangai Express), de Josef von Sternberg en 1932 (que el nombre de este personaje coincida con el de una obra cuyo director tiene un apellido que es el mismo que el de uno de los personajes reales que hacen de malos en esta historia de Pratt, no deja de ser uno de los típicos guiños y bromas del autor en busca de mezclar realidad y ficción). Pero también resulta que aparece el King Kong[5], de la película homónima de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack en 1933, en las alucinaciones que sufre Corto Maltés al visitar la casa del escritor Herman Hesse. O la copia total de un fotograma de la película brasileña “Deus e o diabo na terra do sol"[6], de Glauber Rocha en 1964, para presentar al personaje cangaçeiro Tiro Fijo[7], un tipo revolucionario con ideas entre místicas y anarquistas que se dio en el Brasil del comienzo del siglo XX. También  existen referencias visuales al metraje de Lawrence de Arabia, de Robert Bolt y Michael Wilson en 1962, en el primer capítulo de Las Etiópicas[8], personaje real de la I Guerra Mundial al que también mencionan a lo largo de este libro. E incluso referencias al cine de género negro clásico de Hollywood (sobre mafiosos) de los años 1930’, y a Dos Hombres y un Destino, de George Roy Hill en 1969, en Tango[9].

Estos guiños, literarios, de su vida personal o cinematográficos, no eran exclusivos de Corto Maltés, aunque sea donde más abunden. También están en otras de sus obras consagradas, como las citadas Ana de la Jungla y Escorpiones del Desierto, que tanto se entrecruzan y tienen que ver con Corto Maltés cuando pasó por África… el mismo lugar donde estuvo Hugo Pratt. Así por ejemplo,  en la biografía que dibujó de Saint-Exupéry, aparece la imagen insinuada de un cartel propagandístico de la Guerra Civil Española insinuando que el fascismo es la Muerte en sí misma[10], aunque Pratt le da un giro en el dibujo mostrando lo sutil de lo fantasmagórico de un Saint-Exupéry que alucina mientras muere y la guerra como fenómeno de muerte gratuita[11]. Pero es que además ese cómic era otro guiño, otra mezcla de la realidad y la ficción en su vida. Había usado esta vez a Saint-Exupéry en lugar de a Corto Maltés o cualquier otro de sus personajes ficticios, para contar lo que a él mismo le estaba pasando. Es curioso que un personaje real, transformado en ficción por él, era ahora el que iba a narrar a sus lectores lo que estaba ocurriendo, a pesar de ser un cómic creado en el 50º aniversario de la muerte de aquel escritor. En 1978 había declarado a Numa Sadoul:

“NUMA SADOUL: A propósito: ¿qué piensas de la muerte?
HUGO PRATT: Para mí la manera más interesante es terminar con romanticismo, como un aventurero. ¡Morir cardíaco, gotoso o diabético me parece un asco!
NUMA SADOUL: Ya te he dicho que tienes algo de Orson Welles, ¿encuentras interesante desaparecer como él, a bordo de un avión…?
HUGO PRATT: ¡Pero Orson Welles no ha muerto!
NUMA SADOUL: Déjame acabar. Desaparecer como Welles en ‘M. Arkadin’: el personaje desaparece, solo, en su avión, yendo sobre el mar, sin que se llegue a saber si cayó o no. Bonito, ¿verdad?
HUGO PRATT: Tiene su encanto. Creo que también Saint-Exupéry desapareció así. Pero, aunque ese es un final hermoso, para mi caso personal sería adecuado morir de la última flecha del último guerrero dhankali, por ejemplo.”[12]

            Así que la muerte de morir simplemente desapareciendo en un avión que va a la deriva hacia el mar, como Saint-Exupéry, como apuntó Pratt, ya había sido sugerida por Numa Sadoul en 1978. Pratt, en 1994, sólo había retomado esta idea de su amigo Sadoul para no decir que él también se estaba muriendo de un cáncer de intestino, cosa que ocurrió definitivamente en 1995. Dejaba dos obras póstumas, Morgan (publicada en ese 1995 y reeditada en 1999/2000) y Uomini a sei zampe, esta inconclusa aunque apareció en 1996, más las intenciones de crear otra historia de Corto Maltés. Una vez más había mezclado realidad y ficción incluso en su última hora, esta vez rizando el rizo al mezclar más realidad y más ficción de la vida de otro autor.

            Hugo Pratt había dicho que hubiera preferido morir de la última flecha del último guerrero dhankali, aquellos guerreros africanos que tan bien conoció en África y que con tanto empatizó, a pesar de que durante su etapa de policía colonial de 1941 a 1942 ellos mismos querían matarle por considerarle un enemigo. Pratt, siempre condescendiente y comprensivo, comprendía la lógica de toda aquella guerra y nunca eliminó su admiración por ellos. De hecho ya hemos mencionado la aparición del personaje Cush como nexo de unión entre Corto Maltés y Los Escorpiones del Desierto. Las historietas que de niño admiraba de Caniff, le leía incluso antes de ir a África, según Pratt ya en 1935 con ocho años de edad, eran precisamente aventuras africanas, al igual que las de otro de sus admirados autores, Lyman. Es de considerar entonces el impacto que le produjo el continente cuando fue a él en 1937. Precisamente su primer éxito fueron aventuras africanas, con Hombres de la Jungla, y el siguiente éxito otro, Ana de la Jungla, con sus recuerdos infantiles y adolescentes. A Corto Maltés, con quien comparte tantas similitudes como hemos visto, le hizo pasar por allí y coincidir con aquellos personajes de esas historias. Y a Los Escorpiones del Desierto les dotó de sus recuerdos bélicos. Pero aún tuvo otro éxito de aventuras africanas, como era Cato Zulú (1984-1988) ambientado en las guerras zulúes y las guerras boers del siglo XIX, en el cual cobraban protagonismo importante precisamente los africanos.

            La obra de Pratt está plagada de él mismo. Y Corto Maltés es su otro yo innegable, al que dotó de montones de referencias a su propio pasado familiar, su propia vida y vivencias, y montones de personajes con nombres o actitudes que habían existido en la vida real en torno a él. Los rasgos del personaje y los de él mismo coincidían, y los de su amor malogrado, Pandora Groovesnore, eran los de su amor más profundo, Gisela Dexter, del mismo modo que Anne Frognier, su esposa, había dado rostro a Ana de la Jungla años antes. Pratt siempre negó que Corto Maltés fuera él, fuera su otro yo. Toda su vida estuvo haciéndolo. Sólo llegó a reconocer que sus experiencias, encuentros, viajes y demás eran la mezcla que había creado al personaje. Estaba con ello confirmando lo que de modo directo negaba. Los desmentidos, como escribiría Carlos S. Olmo Bau, eran de poca utilidad. Cuando murió en 1995 su amigo Umberto Eco escribió en un artículo necrológico: “se ha contado a sí mismo, para toda la vida, cómo le hubiera gustado ser”.[13]


            En torno a África, tanto en los cómic de su infancia, como en su paso por ella y sus dibujos de lo que veía, se forjó aquello que iba a forjar su obra. Su criado Brahane tenía el talante de tolerancia y comprensión que sería parte de Corto Maltés y que le educó a él mismo. Las vivencias entre culturas y que su primer amor de juventud fuera etíope lo adquirió allí. También allí saboreó el sin sentido de la guerra. Después vendrían múltiples viajes por todo el mundo, teniendo por referencia Venecia, pero sin terminar de vivir en ningún lugar concreto. Conociendo a múltiples personas y adquiriendo cada vez más y más gusto por aprender y leer. Era sin duda él Corto Maltés. Todo él estaba en Corto Maltés. Y África. No es casualidad que los personajes de sus cómic más importantes, salvo Sargento Kirk y Ernie Pike, confluyeran en África y todos se cruzaran en persona o en referencia en aquellos lugares.

            Hugo Pratt había logrado contar su vida mezclándola con ficción.




[1] Alberto Ongaro, “Cómo nació Corto Maltés”, en Tótem, s.f.
[2] Iván Pintor, “La balada de Corto Maltés”, en http://www.dreamers.com/corto/
[3] Antonio Sagarra, “Introducción a una obra maestra: La Ballata del Mare Salato”, en Bang, nº 9, 1973.
[4] Hugo Pratt, Corto Maltés en Siberia, ed. Norma, Barcelona, 2007.
[5] Hugo Pratt, Las Helvéticas, ed. Norma, Barcelona, 2007, Págs.: 59-63.
[6] Daniel López-Serrano Páez, Noticias de un Espía en el Bar: Noticia 855ª desde el bar: Cangaçeiro o jagunço, la revolución de los muertos vivientes (1), Noticia 856ª desde el bar: Muertos vivientes del Brasil, levantáos contra el opresor (2), y en Noticia 857ª desde el bar: Ya no quedan zombis vudús guerrilleros (y 3), http://www.espiadelbar.blogspot.com, [16 al 18 de noviembre de 2010].
[7] Hugo Pratt, Suite Caribeña, ed. Norma, Barcelona, 2006, Pág. 74.
[8] Hugo Pratt, Las Etiópicas, ed. Norma, Barcelona, 2006, Págs. 15 a 34.
[9] Hugo Pratt, Tango, ed. Norma, Barcelona, 2006. Ver también Daniel López-Serrano Páez, Noticias de un Espía en el Bar: Noticia 901ª desde el bar:  La Patagonia Rebelde (1), Noticia 902ª desde el bar:  La Patagonia Rebelde (2), y Noticia 903ª desde el bar:  La Patagonia Rebelde (y 3),  http://www.espiadelbar.blogspot.com, [22 al 24 de febrero de 2011].
[10] Cartel de Pedrero / Unión General de Trabajadores. Sindicato de Profesionales de las Bellas Artes, [Madrid]: Junta Delegada de Defensa de Madrid, Delegación de Propaganda y Prensa, [entre 1936 y 1939] (Madrid : Rivadeneyra, U.G.T.)1 lám. (cartel): il. col. ; 99,5 x 70 cm, Se puede consultar en: http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServlet?cartel=110&page=3&from=catalogo
[11] Ídem Nota 24, Pág.: 69. Y también Daniel López-Serrano Páez, Noticias de un Espía en el Bar: Noticia 967ª desde el bar: Saint-Exupéry Está Sin Morir, http://www.espiadelbar.blogspot.com, [05-agosto-2011].
[12] Ídem Nota 1.
[13] Carlos S. Olmo Bau, “Adiós a Hugo Pratt”, en Thader, nº 3, 1995.
***El retrato en cómic de Hugo Pratt que os muestro en esta entrada lo realizó su amigo, y en cierto modo discípulo, Milo Manara.

sábado, octubre 06, 2012

NOTICIA 1140ª DESDE EL BAR: HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL SIGLO XX (4 de 6)



HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL COMIENZO DEL SIGLO XX (por Daniel L.-Serrano) (4 de 6)

Las aventuras de Corto habían podido ser creadas desde 1967 a 1988, a pesar de las referencias más duraderas en el tiempo en Los Escorpiones del Desierto (1969-1992), una novela, sus intenciones declaradas de continuarlo o la referencia citada en 1994 en la biografía en cómic de Saint-Exupéry. Hugo Pratt no quería deshacerse del personaje, probablemente lo sentía como algo propio. Pero a la vez, no quería adentrarle en épocas donde todo se volviera más tecnificado, posteriores a la II Guerra Mundial.  “En un mundo donde todo es electrónico, donde todo se encuentra calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como Corto Maltés”.[1]


 




Corto Maltés son las aventuras de un marino lanzado a la piratería corsaria primero, y a la aventura después, que repasa el comienzo del siglo XX en sus tres primeras décadas desde una perspectiva de antihéroe romántico y anarquista que, no lo puede evitar, prefiere la justicia moral y social al lucro personal con el que aparentemente comienzan todas sus aventuras. La gran diferencia con Luca Zane de Corto Maltés es el no apego a ningún negocio estable, como lo es el de transportista de mercancías por río de Luca. Y la gran diferencia con Koinsky, el polaco protagonista de Los Escorpiones del Desierto, es la veneración de Corto por la vida, a pesar de que también mate cuando le es inevitable en sus aventuras, y por el respeto a unas normas de cortesía, mientras Koinsky no tiene ni lo uno ni lo otro para lograr sus objetivos. Corto cree en las personas, incluso en sus enemigos, cree en que todo el mundo se merece una oportunidad. Koinsky no cree en ello, y por ello no da oportunidades. Es un descreído a costa de un afán de venganza por la muerte de su familia en la ocupación alemana de Varsovia, pese a que de vez en cuando  Koinsky muestra rabia ante una muerte injusta y una misma sed de venganza  por tales sucesos. Son como dos Némesis. Quizá Hugo Pratt quiso distanciar la personalidad de ambos personajes, y sin embargo tienen puntos en común, los de la intuición de querer alcanzar una justicia para las personas que encuentran desfavorecidas ante alguien que les oprime. Posiblemente ambos sean proyecciones del propio Hugo Pratt. Una cosa sí que es evidente en ambas historias. Las historias de Corto Maltés se desarrollan en un mundo que un niño y un adolescente Hugo Pratt conoció entre Italia y África, que sin duda completó con numerosas lecturas e investigaciones personales, y las de Los Escorpiones del Desierto es el mundo de la II Guerra Mundial que el autor conoció en África. Quizá no sea tan raro que de sus cinco personajes más populares, tres de ellos confluyan en África, y que precisamente sus personajes se entrecrucen por sus páginas, hablamos de Anna de la Jungla, Corto Maltés (en una de sus novelas gráficas) y Los Escorpiones del Desierto. En el primero estaría el África que el autor más recordaría de su infancia. No obstante los protagonistas no dejan de ser jóvenes como él lo era. Allí están representados todos los conflictos coloniales y tribales que él pudiera conocer, pese a que los situara entre 25 y 30 años antes de su propia experiencia. Aparte de todo el África con culturas aún no occidentalizadas al completo que también conoció. Pero, cuidado, también contiene Ana de la Jungla el África tribal una plena concienciación política que aspira a su independencia, como se puede ver en Las Etiópicas de Corto Maltés, y en Los Escorpiones del Desierto. Hay que recordar que precisamente la I Guerra Mundial iniciada justo cuando se inician las aventuras del primer título, transformó el panafricanismo preocupado por acabar con las desigualdades raciales y mejorar las condiciones de vida de las personas de raza negra, en otro tipo de aspiraciones. La I Guerra Mundial supuso para el panafricanismo un giro hacia dos posturas. Por un lado la concienciación de que como pueblo pueden disponer de ellos mismos y aspiran a su autonomía e independencia. Por otro lado, el desembarco de ideas socialistas a través de sus puertos, atractivas a los panafricanistas por cuanto suponía de igualdad de razas y clases. Ya en Las Etiópicas, a través del personaje dhankali Cush se ve incluso otro componente más que llevaría a los movimientos independentistas de después de 1945, pero que eran evidentes en la I Guerra Mundial, un sentimiento independentista marcado también por el sentimiento de pertenencia a la religión  islámica y el arraigo a sus territorios africanos. Un sentimiento que, como comunidad religiosa, les inspiraba la necesidad de no ser gobernados ya no sólo por europeos, sino tampoco por gentes de otra religión. Hay, sin duda, un arraigo a África en todas estas gentes, y un componente socialista muy básico mezclado con la religión, un sentimiento de raza, ya negra, ya árabe, que incluso reniega del islamismo de los turcos que luchan en la zona. Algo que el propio Lawrence de Arabia supo utilizar en aquellas fechas no tan lejano de esas tierras africanas.

En Los Escorpiones del Desierto sería el final prematuro de la adolescencia de Pratt, apenas bien vivida, a causa de la guerra, la pérdida de la inocencia, quizá por ello Koinsky es un personaje tan brutal, es otro héroe antihéroe como Corto Maltés… pero menos simpático, descarnado. En ese mismo título se ve bien algo que conocería bien el autor, el movimiento de tropas y el juego político que suponía para unos y otros los avances de la guerra, las rencillas personales pagadas con sangre aprovechando esa misma violencia institucionalizada, y el ir y venir de oportunistas en un frente que no estaba tan definido como el europeo o el asiático a costa del uso de guerrillas y espías.


No hay que despistar tampoco nunca a los personajes secundarios. Pratt ponía gran énfasis en ellos, sin llegar jamás a perfilar su historia del todo, igual que la de sus protagonistas. Siempre dejaba un espacio para el misterio, la especulación y la sugerencia, que hacen al lector pensar en las posibles relaciones e historias sin contar, y a la par contadas en cierto modo. Seguía la máxima del director de cine John Ford por la cual los personajes secundarios a menudo podían ser tan atractivos que podían soportar buena parte de la historia que se narraba. Así pues salen personajes históricos en Corto Maltés (en otros cómic suyos también) bien conocidos junto a otros no tan obvios, tales como los ya citados a lo largo de este ensayo más otros como el escritor Ernest Hemingway, el zarista iluminado Ungern-Sternberg, los mafiosos polacos instalados en Argentina creando una red de prostitución llamada “La Varsoviana”, el multimillonario Aristóteles Onassis, muy diversos tipos de revolucionarios auténticos y anónimos de todo el planeta, ya sean brasileños, chinos, africanos, irlándeses, rusos, etcétera, junto a muy diversos tipos de imperialistas con códigos morales muy concretos tales como japoneses, ingleses, alemanes, o norteamericanos, junto también a toda una gama de gobernantes de Repúblicas Bananeras en las Antillas y coroneles del Brasil. Pero también aparecen atractivos secundarios del mundo ficticio que, en nuestras mentes, han formado nuestra civilización. Son personajes que aparecen en obras de teatro dibujadas, sueños o estados de alucinación en los peores trances de los personajes. Hablamos de gentes como el mago Merlín, el Rey Arturo, Samael, diversos dioses mayas, Percival, y otros. A veces salen mencionados, como la aviadora Amelia Earthart.

Pero Pratt no sólo repasa en sus secundarios a innumerables personas reales y ficciones del mundo real fuera de ese cómic de su invención, sino que inventa secundarios que son ejemplo de ese mundo del comienzo del siglo XX y que acompañan a Corto por gran parte de sus aventuras. Desde Rasputin, el nihilista y asesino ruso, de idéntico nombre al malogrado asesor del zar, que deserta de las tropas zaristas en plena guerra con Japón en 1905, quien será el mejor amigo de Corto pese a existir entre ellos una relación de amor y de odio, a otros tan sugerentes como la pitonisa y revolucionaria Boca Dorada, la también revolucionaria, pero agente doble, Shangai Lil, con quien se insinúa que existió una relación de amor entre ella y Corto, la prostituta Esmeralda, que también se insinúa un antiguo amor de Corto, la antagonista Veneciana Stevenson, que finaliza sus aventuras embarazada sin mencionarse el nombre de quién pese a que sólo Corto estaba con ella, Banshee, la irlandesa del ejército revolucionario IRA que tiene nombre de diosa que atrae la muerte, o el Monje, que siendo un personaje real en realidad es la encarnación de una leyenda española auténtica popular en el siglo XVI por la cual se decía que un monje se adentró en el océano y fundó una civilización cristiana donde sus ciudades eran de oro. 




[1] V. Mollica y M. Pagnelle, Pratt, 1980, en http://www.dreamer.com/corto/cortovid.htm
***Los tres retratos centrales son, por este orden: Luca Zane (de "Ana de la Jungla"), Corto Maltés (de "Corto Maltés") y Koinski (de "Los Escorpiones del Desierto").

jueves, octubre 04, 2012

NOTICIA 1139ª DESDE EL BAR: HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL SIGLO XX (3 de 6)



HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL COMIENZO DEL SIGLO XX (por Daniel L.-Serrano) (3 de 6)

 
            Hugo Pratt comenzó a dibujar historias de cómic creando una revista con unos amigos en 1945. Eran él, Mario Faustinelli y Alberto Ongaro. Los tres eran inexpertos, pero los tres cambiarían en parte el rumbo del cómic primero sudamericano y después el europeo. La revista se llamaba As de Picas (Asso di Picche). La idea había nacido a lápiz durante unos días en una celda de Santa María Maggiore, en Venecia, en los días de la Resistencia italiana al NAZISMO[1]. Aunque Pratt ya admiraba por entonces a dibujantes de cómic como los anglosajones Lyman y Caniff, o los italianos como Terzi, Tozano o Albertarelli, un año antes, en 1944, se había quedado impresionado con los dibujos acerca de la tropas coloniales de Eritrea (de las que él venía), publicados en la revista Scala d’Oro de la UTET y en la Enciclopedia de los Niños, siendo su autor Paolo Caccia Dominici da Sillavegno. El cual le inspiró en su futuro[2].

El formato de As de Picas era apaisado, de hojas grandes, y siguiendo las líneas clásicas del cómic-book norteamericano. Hasta las historietas que empiezan a producir, bélicas algunas de la II Guerra Mundial y pro aliadas, seguían la temática americana. As de Picas en concreto era un periodista norteamericano que por la noche se ponía una capa con un as de picas para impartir justicia en la ciudad californiana de San Francisco, seguían pues la línea de la Detective Cómic, la cual había inventado al superhéroe en 1938 con Superman, de Jerry Siegel y Joe Shuster, y en 1939 lo habían perpetuado con Batman, de Bob Kane y Bill Finger. Por entonces no parecía que innovaran nada, pero con el tiempo se llegó a idolatrar aquellas publicaciones como el inicio o el preludio de la clásica revista europea de cómic, donde se reunían historias de diferentes personajes unidos por una temática, en este caso bélica, en otros erótica, de terror, ciencia ficción, Oeste Americano o de humor.

            Publicaron más revistas en los años sucesivos (Ray e Roy, 1946, Slogan e i piani scomparsi, 1946, Silver-Pan, 1946, Indian River, 1946, Un allegro Natale, 1946, Indian Lore, 1947, Allan delle stelle, 1949, etc.), hasta que cayeron en manos de la editora Matilde Finzi, que trabajaba para la Editorial Abril, de Buenos Aires (Argentina). Fue a partir de entonces que comenzaron una gran cantidad de encargos para este país hasta el punto de que en 1950 se les pidió que se trasladaran a vivir allí.  El mayor éxito de Pratt era Hombres de la Jungla (Junglemen, 1949-1952), que a menudo se mal atribuyó a Dino Battaglia, con el que Hugo trabajaba a veces dentro de aquella editorial. Era un cómic de aventuras africanas. El periodo africano de Hugo Pratt hacía tiempo que comenzaba a salir en su obra, quizá evocación de mejores momentos. Hubo otras historias de jungla en sus títulos.

Pero fue en el año en que dejó de crear ese título, 1952, que comenzó un personaje que llegó a tener revista propia, Sargento Kirk, aunque no en esta época ni con esta editorial. Pero centrándonos aún en 1952, Hugo Pratt había cambiado de editorial por final de contrato. Su nuevo editor de entonces, Cesare Civita (ahora estaba en Editorial Frontera), le sugirió comenzar un personaje nuevo y diferente, un pistolero del Oeste Norteamericano excombatiente de la Guerra de Secesión Norteamericana (1861-1865). Comenzó a aparecer en la revista Misterix, el éxito fue rápido y llegó a tener ventas en el resto de países Hispanoamericanos. No obstante su guionista fue otro histórico del cómic argentino, Héctor Oesterheld,  con quien aún estaba por venir su lanzamiento ya no Hispanoamericano, sino mundial. Aquella editorial había reunido a los mejores autores que estaban innovando perspectivas, guiones, el uso de sombras y luces… Era gente como ellos dos, Vogt, Pavone y otros.

Pratt y Oesterheld volvieron a crear otros hitos en poco tiempo, Ticonderoga (1957-1958) y Ernie Pike (1957-1959). Fue precisamente Ernie Pike la obra que en su día se consideró superior a Sargento Kirk. Se trataba de un regreso al cómic de la II Guerra Mundial, pero esta vez no eran hazañas bélicas de militares, sino la visión de un reportero de guerra. Comenzaba a nacer así un nuevo tratamiento al cómic bélico, con crítica, a la par que hazañas. Fue ese cómic el que le abrió la puerta a otros trabajos en Brasil y Reino Unido. Hasta que llegó el año 1959 y surgió el preludio de un punto de inflexión que, ahora sí, iba a lanzarle de ser un creador erudito y concienzudo conocido, gran técnico de las sombras y algo barroco y preciosista, a un autor de mismas características (en progresivo aumento) pero famoso y transformándose en un hito del Noveno Arte.

En 1959 pintó las aventuras de Ana de la Jungla (Ann y Dan, o Anna nella Giungla). Su mayor éxito hasta la fecha. Sus cómic eran requeridos por un gran número de revistas de todo el mundo occidental. Basándose otra vez en sus recuerdos, dibujos y notas de su juventud africana, creó una historia donde ya aparecía un personaje, Tipperary O’Hara, que tenía todos los rasgos básicos psicológicos y físicos que compondrían más tarde al personaje Corto Maltés. Pero Corriere die Piccoli, una revista italiana, al editarlo transformó en su traducción a Tipperary en Luca Zane. En esos años no había vuelta atrás y se popularizó con ese nombre, aunque actualmente la editorial Norma, que edita la obra de Pratt en España, mantiene el equívoco de nombrarle como Tipperary O’Hara en su edición de Ana de la Jungla, y como Luca Zane cuando le nombran en Corto Maltés, Las Etiópicas, donde aparecen ya en persona o ya mencionados los personajes principales de Ana de la Jungla[3].

Es en Ana de la Jungla, ambientada en los momentos previos a la I Guerra Mundial y en su primer año, 1914,  donde aparecen los recuerdos de juventud de las luchas tribales de los guerreros de diversas tribus africanas, los conflictos coloniales europeos en la zona, los aventureros en busca de fortuna como Luca Zane, y, sobre todo, un marcado estilo por lo preciosista y lo barroco de los claroscuros. Más aún, la propia Anna tendrá la cara de Anne Frognier, una vecina de Hugo Pratt que tenía 15 años cuando pintó la obra en 1959, pero con la que se casaría en 1964[4]. No es un dato tampoco sin importancia, si tenemos en cuenta que la cara de Corto Maltés se parecía a la de Pratt de joven, y que Luca Zane ya tenía los rasgos de Corto Maltés, con la diferencia de ser rubio y no moreno. No es algo casual, en la primera aventura de Corto Maltés, Balada del Mar Salado, que pintaría en 1967, la joven a la que Corto ayuda a secuestrar y que posteriormente rescata, de la cual se enamora sufriendo un desengaño tan profundo que marcará un tono de melancolía el resto de la saga, y con la cual se va a vivir cuando es anciano como si fuera para ella su tío, Pandora Groovesnore, también tenía la cara de otro de los amores del propio autor, Gisela Dexter, quién probablemente fuera el auténtico gran amor de su vida[5].

Parece cada vez más claro que como subrayan muchas de las personas que le conocieron, es como si Hugo Pratt hubiera puesto en Corto Maltés su otro yo.

Aunque de 1959 a 1967 llegó a crear hasta veinticinco personajes diferentes más, Ana de la Jungla había sido su gran éxito aparentemente inigualable. Pero en ese 1967 Fiorenzo Ivaldi, promotor inmobiliario, admiraba tanto su obra que le ofreció tener una revista propia de la mayor calidad de la época. Pratt aceptó y llamaron a la revista, donde aparecían varios personajes, Sargento Kirk, reeditando las aventuras de este. La idea en realidad era reeditar toda la obra argentina de Pratt en Europa por primera vez. Pero Pratt incluyó un personaje nuevo llamado Corto Maltés, que ahora sí de verdad, fue la transformación total del cómic europeo de aventuras. La revista sólo duró hasta 1969 por problemas entre los editores, pero Balada del Mar Salado pudo ser editada entera con un gran éxito internacional incluso en el mundo norteamericano, donde se estaba creando la gran innovación del mundo de los superhéroes de mano de Stan Lee en la editorial Marvel. No deja de ser significativo este hecho, pues Corto Maltés es un personaje plenamente humano, sin superpoder alguno como por ejemplo Spiderman, de Marvel Cómics (1962, por Stan Lee y Steve Ditko, en la revista Amazing Fantasy), Corto es un antihéroe romántico que no se basa siquiera en sorprendentes artilugios como Iron Man, también de ese Universo Marvel (1963, por Stan Lee, Larry Lieber, Don Heck y Jack Kirby, en la revista Tales of Suspense). El único atractivo de Corto es su personalidad que aún cree en los valores humanos como para defenderlos sin comprometerse con ninguna idea más que con la idea de vivir y dejar vivir, del respeto a quien respeta, del amor a la vida y lo que el personaje considera justo. A lo largo de la saga, no obstante, hay numerosas referencias explícitas o implícitas de la mentalidad anarquista del personaje. Muchos de los personajes famosos, y algunos ficticios, que frecuenta oscilan entre el anarquismo y el comunismo puro que aún no cree en la dictadura del proletariado (el escritor Jack London sale en La Juventud, en Tango se menciona que frecuentaba a anarquistas españoles aparte de que uno de sus amigos allí es el bandido y posterior ganadero Butch Cassidy, el cual contaba con ideas socialistas, en sus aventuras brasileñas simpatiza con Tiro-Fijo, un cangaçeiro, en En Siberia se le perfila claramente sus ideas así como cuando visita a Herman Hesse en Las Helvéticas, entre otras muchas referencias directas e indirectas que impregnan toda la saga, especialmente en Balada del Mar Salado). Posiblemente el propio Pratt sentía simpatías por el anarquismo, que no es lo mismo que decir que era anarquista, en tanto en cuanto esa tendencia se aproxima a sus ideales de libertad, ciudadanía del mundo, justicia social y respeto por todas las culturas, razas y demás. Es de notar que en la biografía de Saint-Exupéry Pratt llegó a retratar al anarcosindicalista español Buenaventura Durruti[6] y a varios anarcosindicalistas más, y que se intuye que en la novela gráfica que nunca dibujó de Corto Maltés en la Guerra Civil Española, por referencias en algunos textos, es posible que planease que apareciera el otro anarcosindicalista de la Confederación Nacional del Trabajo García Oliver.

Hugo Pratt, tras la desaparición de su revista, no tenía problema ninguno. Comenzó a pintar Los Escorpiones del Desierto (1969-1992), unas aventuras africanas donde volvían a reaparecer como personajes invitados algunos de los personajes de Ana de la Jungla y hasta alguno de Corto Maltés. Fue allí donde precisamente un guerrero dhankali (o danakali) llamado Cush, que ya aparecía en Corto Maltés, Las Etiópicas, menciona que lo último que sabía de Corto Maltés era que había estado en la Guerra Civil Española (1936-1939)[7]. También en la introducción de La Juventud se menciona el hecho[8]. Hugo Pratt había declarado su intención de crear una aventura de Corto Maltés en dicha guerra, llegó a pintar algún boceto. Pero la muerte le sorprendió en Suiza en 1995 antes de llegar a hacerlo.
 
Sin embargo, Corto Maltés fue su personaje más mimado. Gracias a la revista francesa Pif había logrado perpetuarle desde 1970 a 1975. Después, al ser reconocido una inminencia del cómic, jamás tuvo problemas para crear álbumes integrales y reediciones con diversas editoriales. Llegó a colaborar con grandes escritores y otros grandes creadores de cómic, como Milo Manara. Pero si nos hemos de centrar en Corto Maltés en torno a su persona, de ese personaje el propio Hugo dijo:

“Es mágico cuando estoy solo con él, cuando comienzo a dibujarle y a verle aparecer. Comienzo casi siempre por los ojos porque son el centro de la cabeza. Comienzo por los ojos que me dan la dimensión del resto y, además, sus ojos empiezan a mirarme; nace, aparece y me dice: ‘míranos otra vez juntos una vez más, ¿qué hacemos ahora?’ El juego entre nosotros dos comienza entonces. Diría que es un juego entre amigos, como una partida de póquer, no sabe qué preparo y no sabe las cartas que tengo en la mano. En general es siempre él quien gana la partida; es un jugador profesional y juega bien; es un buen amigo y no quiero hacerle jugar una mala partida”[9].

            Parece evidente que Hugo Pratt no sólo tenía al personaje como parte de una dualidad de su propia vida llevada a aventuras que nunca había vivido, sino que también le tenía un cariño especial de entre todos sus personajes. Tanto es así que incluso en el penúltimo año de su vida, 1994, cuando dibujaba una biografía de homenaje al aviador y escritor Saint-Exupéry, le incluyó de fondo bailando un tango en Argentina extrayendo su pose y momento de baile de una de las viñetas del álbum de Corto Maltés Tango, y todo a media luz…, ambientada en 1923. [10]




[1] Franco Fossati, “Hugo Pratt, un autor de hoy”, en Bang, nº 9, 1973.
[2] Hugo Pratt, Los Escorpiones del Desierto, tomo II, ed. Norma, Barcelona, 2005, Pág.: 16.
[3] Ver Hugo Pratt, Ana de la Jungla, ed. Norma, Barcelona, 2000, y Hugo Pratt, Corto Maltés, Las Etiópicas, ed. Norma, Barcelona, 2006, Pág.: 90.
[4] Otra versión en su bitácora oficial española indica que se casaron en realidad en 1957 en México, y que el matrimonio duró hasta los 1970’, era su segunda esposa. http://www.dreamers.com/corto/biopratt.html
[5] Ídem Nota 2.
[6] Hugo Pratt, Saint-Exupéry, el último vuelo, ed. Norma, Barcelona, 1994-2004, Págs.: 68-73 
[7] Hugo Pratt, Los Escorpiones del Desierto, tomo I, ed. Norma, Barcelona, 2004, Pág. 113.
[8] Ídem nota 2.
[9] Hugo Pratt, “Hugo Pratt habla de Corto”, traducido por Carlos González, en http://dreamers.com/corto/
[10] Ídem Nota 22, Pág.: 33.

martes, octubre 02, 2012

NOTICIA 1138ª DESDE EL BAR: HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL SIGLO XX (2 de 6)



HUGO PRATT A TRAVÉS DE CORTO MALTÉS Y EL COMIENZO DEL SIGLO XX (por Daniel L.-Serrano) (2 de 6)

(Fotomontaje sacado de Paco Martino, el freelance errante, cuyo artículo sobre Hugo Pratt es sumamente interesante.)


            La Historia real del comienzo del siglo XX (de 1913 a 1925, o si se prefiere por referencias dentro de los cómic de 1900 a algún año anterior a 1965), así como las historias reales de esa Historia, se entremezclan con la historia ficticia de Corto Maltés. Aún más, el propio Hugo Pratt jugó en sus artículos y algunas entrevistas a hablar de Corto y otros personajes como si realmente existieran al mismo nivel que los múltiples personajes históricos que desfilan por sus páginas. Más allá, sus lectores y seguidores, incluso sus editores, han jugado a la confusión añadiendo notas, cartas y referencias falseadas intencionadamente para avalar esa existencia auténtica de Corto Maltés, biografiado supuestamente por Hugo Pratt[1]. Quizá sea este uno de los encantos de esta serie, la complicidad que logró transmitir y pervivir tras su muerte el autor sobre su obra. Corto Maltés de ese modo comparte con su creador, Hugo Pratt, una historia propia que confunde la ficción con la realidad. Sólo que uno era real y el otro era ficción, sin embargo, en esa dualidad, lo cierto es que en Corto Maltés había mucho de Hugo Pratt. Incluso la cara, como dijo la hija pequeña del escritor Umberto Eco en una terraza de Milán, y como el propio escritor, tras escrutarle, corroboró[2]. Más aún, el personaje y el autor comparten también signo zodiacal, Géminis, y tampoco de Corto Maltés ha habido manera de fechar de manera rotunda su nacimiento, aunque sí el lugar[3].

            Lo cierto es que el misterio que quiso darle a su vida comienza con el propio nacimiento del autor. Aunque él se consideró veneciano, pese a comportarse como un ciudadano del mundo al que ninguna frontera le es grata, su nacimiento ha podido datarse el 15 de junio de 1927, pero no se ha podido establecer el lugar. Se sabe que fue cerca de Rimini, probablemente en Playa de Lido, entre Rávena y Rimini. A pesar de ello, otros autores dicen que pudo nacer en 1929[4]. A lo largo de su vida, y pese a su amor hacia Venecia, vivió por muy diferentes lugares del mundo desde la propia Italia a la Etiopía italiana de los años 1930’ (Abisinia), a Argentina donde se hará un nombre de conocido dibujante de historietas y dónde alcanzaría la fama, a México dónde se casó con Anne Frognier, a Reino Unido, a Brasil, a Francia o a Suiza, donde murió. Una vida tan viajada desde muy joven (fue a Abisinia en 1937, con 10 años de edad) le hizo conocer múltiples culturas y muy diferentes formas de pensar, así como toda clase de razas. Eso le fraguó una mentalidad muy abierta a conocer a los otros, a las personas de otras culturas, sobre todo atraído por sus leyendas, lo que le abriría todas las perspectivas para su obra de cómic adulto.

“En seis años, Hugo Pratt conocerá gentes de todos los sitios y de todas las razas. Referirá con pasión sus recuerdos y reflexiones a Dominique Petitfaux, en ‘De l’autré côte de Corto’ (Casterman, 1990) y en ‘Le désir d’être inutile’ (Robert Laffont, 1991). Mariam, la joven etiope, su primer amor adolescente, sus amigos amaras, Brahane, joven abisinio, Amed Beni Qadimah, el espía árabe del legendario coronel inglés Ordo Wingate que el joven Hugo tuvo ocasión de conocer, e incluso guerreros shiftas, jefes de tribu, guerreros danakiles, nómadas, aventureros militares ingleses, sudafricanos y soldados en post de fortuna. ‘No sabía yo en aquel entonces –contaba trece años- que el espectáculo del mundo constituiría para mí un vivero del que sacaría material para alimentar mis historias de dibujante’.”[5]

            Este hecho es aún de mayor consideración si se tiene en cuenta que su abuelo era uno de los fundadores del partido fascista italiano y que su padre era un militar y constructor de carreteras italiano en la Italia fascista de Benito Mussolini, quien gobernó de 1922 a 1943 y de ese 1943 a 1945 bajo los designios de la Alemania NAZI de Adolf Hitler. De hecho su padre había sido destinado en 1937 a la Abisinia conquistada por los Italianos, razón por la cual se trasladó allí toda la familia. Aunque no llegó a conocer del todo a su padre, ya que murió joven de un cáncer de hígado. El amigo de Hugo citado en el anterior texto, Brahane, era un criado abisinio de ellos que durante la II Guerra Mundial (1939-1945) fue un guerrillero independentista contra los propios italianos. A pesar de ello, su amistad sirvió para que Hugo aprendiera swahili y descubriera en esta persona muchos de los rasgos de tolerancia hacia otras razas que le acompañarían toda su vida y que saldrían retratados en muchos de sus personajes. Todo esto se entremezcla en las ideas de Pratt, que por entonces ya llenaba sus libretas con dibujos y notas de todo lo que veía en aquella África de infancia y juventud.

Aunque su propio padre le alistó en la policía colonial italiana para la represión de los guerrilleros en 1941, exactamente en el Batallón Autónomo de la Policía del África Italiana (PAI), la entrada de las tropas del emperador Hailé Sélassié en  Addis-Abeba, con ayuda de las tropas aliadas, le hizo conocer en persona al general inglés Ordo Wingate. Todo a pesar de que su batallón fue el último en rendirse ante la entrada de Hailé Sélassie y los aliados en la capital. Todo esto le debió impactar bastante, pues años más tarde, todos ellos, más el ambiente vivido, sería retratado por él en la saga dedicada a la II Guerra Mundial con gran crítica a ella y las ideologías de la guerra, Los Escorpiones del Desierto (Gli Scorpioni del Deserto, 1969-1992), por otra parte con gran lujo de detalle y documentación. Probablemente usó varios de los dibujos de sus libretas de juventud para sus primeros bocetos. Es más llamativo que el ritmo narrativo de esa obra lo lleve una voz de narrador que son las notas de un diario, tal como sus propios recuerdos se habían perpetuado, en un diario. Sea como sea fue hecho prisionero, llevado a un campo de concentración, trasladado a Dancabia y a Ogadén en 1942, y regresado a Italia en un buque de la Cruz Roja Internacional en 1943.

Un año después, en 1944 con 17 años de edad, ocurre otro hecho trascendental que se va a reflejar en su obra. El gobierno intolerante del fascismo italiano de Benito Mussolini, por entonces en un teórico Reino de Italia, había caído por la invasión aliada en 1943. Ese mismo año sus aliados, la Alemania NAZI de Adolf Hitler, tomó el control militar de las operaciones en Italia. Aunque entregaron a Mussolini el gobierno de una República Social Italiana (en realidad fascista), eran los propios alemanes quienes controlaban la situación. Por ello, estando el joven Pratt en Venecia fue arrestado por las SS alemanas  al confundirle con un espía sudafricano. Le ofrecieron enrolarse en la policía marítima del III Imperio Alemán (III Reich), pero no sólo se negó sino que desertó para unirse con los aliados como intérprete y organizador de espectáculos para los soldados. Los alemanes que conoció eran la representación más dura y pura de la intolerancia cultural, racial, religiosa, ideológica y democrática. Por ello se podría hablar de un cambio de bando si se considera sus inicios dentro de la policía italiana en Abisinia en el comienzo de la guerra, y el trabajo para los aliados en el final de la misma, pero no se podría hablar realmente de un cambio de ideología, ya que Pratt, en el fondo, había criado un amor y respeto por lo intercultural, y por el resto de personas en sus creencias en general, desde su crianza en África. Es por ello que sus primeros cómic y buena parte de los posteriores serán cómic bélicos donde los héroes eran los aliados, inspirados en los cómic estadounidenses del mismo género. Pero, más significativo es que Corto Maltés comenzara su primera aventura llegada al público, Balada del Mar Salado (Una Ballata del Mare Salato, 1967-1969, ambientada entre 1913 y 1915) siendo aliado de los colaboracionistas con el II Imperio Alemán de la I Guerra Mundial (1914-1918), y acabando dicha guerra actuando a favor de los aliados, si bien la persona y las decisiones y actos individuales de estas, independientemente de su filiación y nacimiento, es lo que al antihéroe Corto Maltés le importa más. Esto es evidente sobre todo en Las Célticas (1971-1972, ambientada entre 1917 y 1918)[6]; donde por otra parte aparece en el capítulo En el Tínglado de la Antigua Farsa un argumento en torno a una compañía de entretenimiento a las tropas aliadas y espías. Las similitudes con lo vivido y formas de ser entre personaje y autor quedan más que patentes. Comienzo en un bando, finalización por simpatía con otro, en realidad vitalmente guiados más por la valoración de las personas en sí más que de sus gobiernos o ideologías.

Esta etapa donde descubría el respeto hacia los demás fue aún más profunda. También en Corto Maltés son más que evidentes los lazos que el marino tiene con Venecia, al igual que Pratt. Corto Maltés regresa a la ciudad de los canales en 1917, en El Ángel de la Ventana de Oriente[7], ya que en La Casa Dorada de Samarcanda en una conversación telefónica de Corto Maltés con el propio Stalin, comisario del pueblo para las nacionalidades y presidente dictatorial de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, cita que había estado en Venecia previamente en 1907[8]. Pero también regresa a ella después de la I Guerra Mundial, en 1921[9]. Tanto es así que se llegó incluso a escribir y dibujar una guía turística de Venecia, de mano de los recorridos de Corto Maltés por ella[10]. Igualmente fue en esta ciudad donde en febrero de este año 2011 se abrió un museo dedicado a Pratt, y especialmente a Corto y el cómic[11].

No son datos porque sí estos datos venecianos. Hugo Pratt se sentía muy arraigado a esta ciudad por cuestiones muy precisas. El autor era un maniaco de la documentación exhaustiva, hasta el punto que a la hora de su muerte contaba con una biblioteca de miles de libros. La erudición literaria, histórica y visual es altamente patente en toda su obra. Esto hace que los dibujos de su ciudad predilecta sean especialmente cuidados y delicados en cada detalle arquitectónico, dotándoles hasta de cierta poesía en sus luces, sombras y enfoques. Regresaba a ella con frecuencia no sólo físicamente en su vida real, sino también en la vida ficticia de su otro yo, Corto.




En su erudición buscó también sus orígenes. Descubrió que sus antepasados más remotos eran de la Normandía que conquistó Inglaterra en siglos medievales. Si bien esto pudiera ser parte de la leyenda de la que quiso dotarse, si que es cierto que sus antepasados paternos más remotos estuvieron viviendo en las Islas Británicas hasta el siglo XVIII, y que se exiliaron a Francia por jacobinos. Supo que estos habían regresado a Inglaterra y vuelto a Francia, para acabar en Italia. De este modo su abuelo había nacido hijo de un inglés en la ciudad francesa de Lyon, aunque había vivido en Italia. Cosa que le fascinaba. De esta línea familiar contaba como familia indirecta con el actor Boris Karloff (William Henry Pratt)[12].

Pero cobra más importancia su familia materna. No obstante, ante el trabajo y la prematura muerte de su padre, Hugo Pratt se crió más tiempo con su madre. El propio Pratt recordaba en el artículo llamado “Una abuela veneciana” su relación con su abuela materna en la propia Venecia de su más profunda infancia, anterior a su ida a Abisina en 1937[13]. De ella supo que en realidad su familia tenía un origen judío sefardí remoto. De hecho le llevaba con cuatro años a visitar a sus amigas judías, entre ellas Bora Levi. Los Pratt por línea materna estaban emparentados con una familia importante de rabinos instalados en el Toledo español cuando fueron expulsados por los Reyes Católicos en 1492. Su rama familiar cambió su apellido a Toledano, con la idea de recordar siempre el lugar al que regresar, y se instalaron en Venecia. En algún momento por diversas causas y muy concretamente por el ascenso del fascismo en los años 1920’ italianos, la rama de la que él descendería abandonaría el judaísmo, aunque su abuela se veía atraída a la conservación de muchos de sus misterios, sobre todo los menos religiosos y sí los más alquímicos y mágicos[14]. Fue a través de ella que encontró los rincones más secretos de Italia, y diversos diablos mágicos y rituales que luego saldrían reflejados no sólo en Fábula de Venecia, sino también en Las Etiópicas[15].

Es de hacer constar que otro de los personajes que figuran en la saga del marino es precisamente un rabino llamado Ezra Toledano, quien le educara de niño, y otro más es el filántropo y aficionado a temas de ocultismo y mitos Levi Columbia, que le proporcionará medios para viajar a los lugares más fantásticos, como la isla de Mü, donde supuestamente se encontraba una civilización descendiente de la desaparecida Atlántida de los mitos griegos[16]. Es evidente que Pratt daba en su obra múltiples puertas abiertas a su propia vida, ya fuese por medio de acercar nombres cercanos a él mismo hacia Corto Maltés. Su abuela, en todo caso, mezclaba la cábala, la simbología y la tradición, en su intento de enseñárselo[17].

Corto Maltés recorre precisamente esos patios y siente igualmente un cierto rechazo hacia los camisas negras de la Italia prefascista del año 1921 del desarrollo de su aventura veneciana, los cuáles le persiguen para matarle. Hay que tener en cuenta que Mussolini se haría con el poder en 1922. La Venecia de Corto aún tiene, tanto durante la I Guerra Mundial como en la aventura de 1921, patios secretos, hermandades mistéricas, hermandades masonas, confluencia de diversas religiones… Todo aquello que cuando regresó en 1943 echó en falta el autor, junto a muchos vecinos que jamás reencontró y que jamás volvió a ver por ser de origen judío ante las atrocidades de la II Guerra Mundial.

“Cuando regresé a Italia, aún no había terminado la guerra: las casas del guetto de Venecia estaban cerradas, y los judíos que habían huido de ellas se escondían en casas de venecianos. (…) Acabó la guerra. Desde entonces voy y vengo por el mundo, casi sin rumbo. Pero casi siempre acabo en Venecia. (…) Busco los lugares que conocí de niño, pero muchas veces no los reconozco. Ya no existe la ‘escalera loca’, ni tampoco está la señora Bora Levi. Las ventanas de su casa aparecen tapiadas: es otro sitio. Mis preguntas quedan sin respuesta, bien porque los jóvenes no saben, bien porque los viejos no se quieren acordar.”[18]

            Corto Maltés comparte mucho más de todo esto con Hugo Pratt. Él es hijo de un militar inglés de Cornualles que vive destinado en La Valetta (Malta) cuando Corto nació. Este padre ficticio también murió joven al igual que el del propio Hugo. La madre del marino es una gitana de Sevilla (España), apodada “la Niña de Gibraltar”, y que se lo lleva a vivir con ella a Andalucia, entre Sevilla y Córdoba, donde es educado por el rabino Ezra Toledano, y por ella misma y sus amigas, que practicaban la quiromancia. La anécdota más común del personaje es que con una navaja se trazó su propia línea del destino, curiosa metáfora para un autor, Hugo Pratt, que quería mezclar leyenda y realidad en el propio recuerdo de su vida. No quedan aquí las similitudes de ambas juventudes, pues si damos crédito a que Corto Maltés pudiera haber nacido en 1887, lo cierto es que en la introducción de La Juventud, entre otros sitios, se menciona que en 1900 estaba en Pekín (actual Beijing, capital de China) tomando parte activa de la Revuelta de los Bóxer siendo muy joven[19]. Así pues, ambos, personaje y autor, comparten un origen familiar similar, una educación similar y un pasado juvenil viajero y bélico similar (ambos se ven envueltos en una guerra tomando parte entre los 13 y los 14 años).



[1] Véase por ejemplo Juan Antonio de Blas, “Retrato del Marino Adolescente”, en Corto Maltés, la juventud, ed. Norma, Barcelona, 1996, Págs.: 15-19. O del mismo autor, “documentos referentes a Corto Maltés”, en el blog oficial Corto Maltés, http://www.dreamers.com/corto/biopratt.html.
[2] Umberto Eco, “Hugo Pratt ha fallecido pero nos queda Corto. El homenaje de Umberto Eco”, en l’Expresso, 4 de septiembre de 1995, y en A Suivre, número especial de septiembre de 1995.
[3] Su página oficial dice que nació en La Valetta (Malta), y se atreve a datar el 10 de julio de 1887 como fecha de la onomástica, a pesar de que algunos estudiosos de la obra lo ponen en duda, http://www.dreamers.com/corto/cortovid.htm
[4] Michel Pierre, “Hugo Pratt… o las trampas de la biografía”, en Tótem, nº 24, s.f.
[5] Renato Gaita, “El África de Hugo Pratt”, en Ana de la Jungla, ed. Norma, Barcelona, 2000. Pág.: 4.
[6] Véase especialmente en el título citado (Hugo Pratt, Las Célticas, ed. Norma, Barcelona, 2003) el capítulo Vinos de Borgoña y rosas de Picardía (Págs.: 59-80), donde Pratt narra desde la ficción de Corto Maltés la historia real de la muerte del Barón Rojo, entre la aventura, la ironía y la crítica al fenómeno de la  guerra.
[7] Originalmente editado por Tótem dentro de Las Célticas, posteriormente editado como capítulo suelto por Norma Editorial, y actualmente en Hugo Pratt, La Laguna de los Misterios, ed. Norma, Barcelona, 2010, Págs.: 67-88.
[8] Hugo Pratt, La Casa Dorada de Samarcanda, ed. Norma, Barcelona, 2006, Pág.: 152.
[9] Hugo Pratt, Fábula de Venecia, ed. Tótem, Humanes (Madrid), 1983, y también en ed. Norma, Barcelona, ed. 2010.
[10] Guido Fuga y Lele Vianello, La Venecia secreta de Corto Maltés: itinerarios fantásticos y ocultos de Corto Maltés en Venecia, ed. Norma, Barcelona, 2006.
[11] Milena Fernández, “Reportaje: Corto Maltés abre casa en Venecia”, en EL PAÍS, 21 de febrero de 2011.
[12] Ídem nota 1.
[13] Hugo Pratt, “Una abuela veneciana”, en Fábula de Venecia, ed. Tótem, Humanes (Madrid), 1983, Págs.: 10-16.
[14] Antonio Guiral, “En la Argentina fui actor de fotonovelas”, entrevista a Hugo Pratt publicada en http://www.lamaga.com.ar/www/area2/default.asp
[15] En el capítulo de “Otros Romeos y otras Julietas”, aparece un personaje histérico llamado Shamaël, el cual era uno de los diablos mistéricos que vio y le enseñó su abuela de niño. Hugo Pratt, Las Etiópicas, ed. Norma, Barcelona, 2006, Págs.: 61-82. Volverá a reaparecer en La Casa Dorada de Samarcanda y En Siberia como alucinación.
[16] Ver Hugo Pratt, Bajo el Signo de Capricornio, ed. Tótem, Humanes (Madrid), s.f. (hoy día partido entre Hugo Pratt, Suite Caribeña, ed. Norma, Barcelona, 2006, y Hugo Pratt, El Mar de Oro, ed. Norma, Barcelona, 2004), y Hugo Pratt, Mü, ed. Norma, Barcelona, 2007.
[17] Ídem Nota 16.
[18] Ver nota 14, Pág.: 15
[19] Ídem nota 2.