sábado, septiembre 26, 2026

NOTICIA 2484ª DESDE EL BAR: VIVIMOS EN UN VASO DE AGUA

Es sábado por la mañana del primer fin de semana del otoño de este año y aquí estoy, de madrugada escribiendo en el salón de mi casa. Me desperté sobre las cinco de la mañana, unos minutos pasadas las cinco, y ya no pude dormir. En buena parte ha sido por el calor. Hace calor, demasiado calor. Según diversos partes meteorológicos, mañana descenderá la temperatura y lloverá, comenzará a hacer el tiempo propio del otoño. Ahora mismo lo que está haciendo es unos diez grados por encima de la temperatura media de los últimos años en estas fechas del año, o sea, una temperatura plenamente veraniega. 

Estamos demasiado atentos a lo que ha pasado en Ceuta, a las guerra de Ucrania y su posibilidad de ataque ruso al resto de Europa, a la guerra de Irán y los innumerables actos bélicos de Israel o, esta semana, a un desahucio habitacional inhumano y plenamente capitalista, liberal o neoliberal (llámenlo como quieran pero llámenlo por su nombre) a una mujer octogenaria que llevaba setenta años viviendo en la casa de la que la sacaron. No son cosas a las que no haya que estar atentos, son importantes, y hasta están dando pistas de que algo está cambiando en la sociedad y que puede que termine en choque, en tremendo choque civil alentado por las irresponsabilidades de los voceros políticos. Pero estamos totalmente desatendiendo lo fundamental: el cambio climático, que se puede llevar por delante todas las preocupaciones de golpe del mismo modo que la parca con su guadaña acaba con todas las facturas a pagar de una persona.

En los noticiarios españoles, ya sean en prensa escrita, televisiva, radiofónica o de Internet, hubo un cambio de paradigma informativo a partir de 2020, quizá con un amago en 2017. Antes, los informativos se habían dedicado a dar sus noticias más o menos distribuidas en que la mitad de su tiempo se repartía entre noticias nacionales, internacionales y culturales, la otra mitad iba a deportes y residualmente al parte meteorológico. Los tiempos dependían de cada medio, pero más o menos se cumplía esto, que no era tampoco algo justo o que fuera bueno, tal como yo lo veo (demasiado tiempo dedicado a deportes, que eran las noticias que se decía que más se consultaban), pero respondía a otro cambio de paradigma que hubo sobre la década de 2000. Precisamente en esa década de 2000 yo, que trabajaba de camarero en La Vaca Flaca, conocí a una productora de televisión que era clienta habitual y que me hablaba que habían sacado la sección de deportes y el tiempo de los telediarios porque no se podía poner publicidad en los espacios de informativos. Sacándolos de los telediarios podían poner publicidad. Lo hicieron de tal modo que aún hoy parecen parte de los telediarios, pero son espacios informativos diferenciados. En 2017 un hecho inusual provocó que los espacios informativos dedicaran prácticamente la totalidad de su tiempo a una única noticia de la que derivaban otras, el intento secesionista de Cataluña. Ya había ocurrido en otros momentos señalados, como pudiera ser el atentado del 11 de septiembre en 2001, la muerte del Papa o asuntos de gran relevancia varios. La novedad estaba en que en estos momentos se movilizó todo tipo de espacio informativo, hasta los que no eran de noticias, sino de debates, incluidos los de las noticias del corazón. Este esquema se repitió y se potenció a la máxima potencia por la epidemia de Covid-19 en 2020, pasando a ser durante meses el monotema informativo y hasta de los espacios de entretenimiento. Desde entonces los informativos españoles en cualquiera de sus medios toman por principal una noticia y ya no saben hablar de otra cosa. De ese modo nos hemos visto informados casi únicamente, según el momento, de aquello que se ha deseado por parte de los dueños de las grandes cadenas informativas, el resto de noticias apenas pasaban por ser meros titulares o pequeñas notas. Con este sistema lo que hemos vivido en los últimos años es una polarización profunda de la sociedad, que se posiciona ante la saturación sobre un mismo tema, a la vez hay un alejamiento de los periódicos y telediarios, mal que les pese a los periodistas: sí, tratar así las noticias es una forma de manipular... y la gente lo percibe.

Si los informativos dedicaran ese espacio monotema informativo a los asuntos de cambio climático y ecología tal vez tendríamos a personas más concienciadas y responsables en sus vidas para intentar frenar ese cambo climático. Menos viajes en avión o innecesarios, menos uso de los aires acondicionados, menos consumo irresponsable, y, en fin, la norma de las cuatro erres: Reducción del consumo, Reutilización, Reciclaje y Responsabilidad. Yo añadiría una E, estirar la vida útil de los objetos. Como ya he escrito más de una vez en esta bitácora, a generaciones anteriores se les pidió ir a morir a tal o cual batalla para salvar al resto (véase las Termópilas o Normandía, por ejemplo), a nuestras generaciones sólo se les pide reducir determinados hábitos... y no lo hacen.

La carrera espacial por la conquista y exploración del espacio exterior en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI provocó grandes avances tecnológicos que se aplicaron a la vida común, como los microprocesadores, la industria del microchip, el conocimiento de algunos conductores que ahora están en numerosos aparatos, el teflón para las altas temperaturas, la fotografía digital, avances notables en la informática y las telecomunicaciones y demás. Ahora, con el nuevo impulso por llegar a La Luna y colonizarla, se dice que el siglo XXI será el siglo donde se impulsará grandes novedades en las industrias del reciclaje y de la reutilización, porque los que vivan en La Luna y aquellos que hagan grandes viajes espaciales van a necesitar de innovaciones, incluso en la medicina ósea. Es una lástima que estos avances no se produzcan por la sensación de necesidad que se pueda crear, pero bienvenido sea este impulso. 

Aunque paradójicamente, los lanzamientos de naves al espacio son de lo más contaminante que hay en la atmósfera. Y en esto no ayuda que haya millonarios que quieran hacerlos por placer y empresarios que vean negocio. Una amiga me preguntaba si esto y las guerras actuales no estarían recalentando más el planeta. Algo contribuirá. No obstante, desde el comienzo de la guerra en Ucrania varios países de la Unión Europea decidieron eliminar su compromiso de eliminar las emisiones contaminantes producidas con carbón, para garantizar su energía ante amenazas de cortes energéticos. La guerra lleva varios años, por lo que hemos de pensar que el uso masivo del carbón en varios países está ahí. Por otro lado, no es ningún secreto que en la actual guerra con Irán unos y otros bombardean petroleros, refinerías (por cierto Ucrania lo hace también en Rusia), oleoductos... y eso también son numerosas emisiones altamente contaminantes. Ayudar no ayuda.

Como no ayuda que el deshielo de los polos del planeta sea cada vez más rápido. Ese hielo ayuda a mantener las temperaturas y climas que conocemos, sin esas grandes masas de hielo, formadas a través de millones de años, el planeta se recalienta. Imaginad vuestro vaso de agua con hielo al sol en pleno verano. ¿A qué temperatura se queda el agua si el hielo se consume del todo y le dejas un tiempo más al sol? Pues vivimos dentro de ese vaso de agua.

Durante la carrera universitaria en la década de 2000 analizábamos los historiadores de entonces que las grandes tecnológicas se estaban empezando a comportar de manera que sobrepasaba los Estados, por lo que podríamos regresar a una especie de espacio político al estilo de la Edad Media, con grandes señores con poder más allá de los gobiernos. Por entonces no éramos tomados en serio, pero poco a poco este análisis se fue ampliando a más sectores, especialmente en la izquierda y según se ha visto que han evolucionado. Ahora, en la de 2020 y con el Papa dando la razón en este aspecto y los grandes empresarios interviniendo en los asuntos de Estado de varios Estados, es un pensamiento generalizado. Pues ahora podríamos dar otro paso en el análisis. Con la problemática tan enorme del cambio climático es probable que tarde o temprano los más poderosos y ricos terminen imponiendo de un modo u otro algo que se ha visto en otros tiempos históricos con otras cuestiones: su primacía. Impondrán un hipotético derecho de primacía (que se lo dará la fuerza, aún cuando lo hagan convenciendo a los más ingenuos) a los recursos del planeta, y también a los medios tecnológicos más necesitados de energía, como puedan ser Internet, vehículos u otros. A otra escala y con otras cuestiones, por ejemplo la comida, el uso de molinos y puentes, o el agua, ya ha ocurrido en otros siglos. No es algo impensable, como no lo era (y los historiadores lo decíamos pero no se nos tomaba en serio) que volviera a haber una pandemia al estilo medieval o la posibilidad de guerra en Europa, o que las grandes hambrunas llevaran a grandes movimientos migratorios de África a Europa a comienzos del siglo XXI.

La cuestión es, ¿querrá la gente asumir su papel en nuestros días, o dejar para sus hijos, hijas y nietos un futuro aciago?

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