miércoles, agosto 22, 2018

NOTICIA 1810ª DESDE EL BAR: NAM


NAM

Unos negros habían quitado la aguja del percutor de unas granadas de mano la noche anterior. Fueron a una cantina llena de soldados blancos y arrancaron las anillas de las granadas mientras las lanzaban al interior gritando: "¡os vamos a matar a todos!". Todo el mundo se puso muy nervioso. Saltaron como resortes de sus asientos tratando de correr fuera del lugar, algunos se refugiaban malamente debajo de los taburetes y las mesas de donde se caían con estrépito las bebidas y cigarros. Cuando el lugar quedó súbitamente vacío sólo se oían las risas de los soldados negros, a sabiendas de que ningún oficial andaba cerca con aquella broma. Algunos blancos volvieron malhumorados a la cantina, otros se lo tomaron como una broma más de compañeros de armas que trataban de matar lo que allí se vivía.

Aquellos negros ahora estaban colocados. El médico de campaña les había pasado algo de morfina. No lo consideraba un desperdicio. A veces los soldados más indemnes tenían heridas que iban más allá de lo físico. Los negros estaban en la ribera del río por donde llegaban las barcas techadas de paja de los vietnamitas que traían sus productos para vender en el pueblo que ocupaba aquel destacamento norteamericano. A unos diez metros unos soldados de Tennessee habían colocado una bandera confederada en su camión. Querían reafirmar su pertenencia al Sur estadounidense. No parecía que tuvieran nada concreto contra los negros, estos entendían aquello y no les tenían en cuenta aquella bandera, salvo cuando volvían de algún combate en el que les habían colocado en la primera linea de fuego o haciendo la cobertura en las evacuaciones por helicóptero. Entonces, cuando veían aquella bandera, solían tener fuertes discusiones con los soldados de Tennessee, pero al cabo del día las heridas se guardaban y se sacaba como mínimo la camaradería de los compañeros de armas.

Aquellos negros eran algo más. Eran compañeros de sangre. Combatían juntos y trataban de no morir. Unos eran de Michigan, otros de Louisiana, alguno de Vermont, allí todos eran de Vietnam. Pertenecían al ejército y a una guerra de blancos que habían ido al país de los amarillos. En una fábrica de Detroit podían trabajar un par de negros juntos y morir uno de ellos. El jefe podía darle un par de días de permiso al amigo vivo y así se podía tratar de recomponer un orden de vida. En Vietnam los compañeros eran amigos y podían reír juntos, emborracharse o colocarse con la morfina o la marihuana, pero cuando ibas a la jungla una bala podía atravesar el pecho de tu amigo y llenarte de su sangre. Tu oficial no te daría ningún día de descanso, porque había que avanzar. Había que avanzar en una linea de frente inexistente, porque toda la jungla, todo Vietnam, era un frente de vietcongs que aparecían de la nada a través de túneles excavados en el barro o de frondosas vegetaciones de los arrozales llenos de mosquitos y agente naranja lanzado semanas atrás desde un avión amigo tras salir de las fábricas de Monsanto Corporation y Dow Chemical a miles de kilómetros de donde la gente moría.

Unos días atrás unos doce soldados blancos de otro batallón habían bajado de una lancha para aprovisionarse en el pueblo. Encontraron a un vietnamita comiéndose una lata de peras en conserva. Le preguntaron de dónde la había sacado. Él les contestó que se lo había dado uno de los americanos de la intendencia. Los nuevos no le creyeron, le acusaron de robo y le dieron una paliza. Acudió en su ayuda una niña de catorce años. La chica era menuda. En un mal inglés trataba de pedir que dejaran en paz a su padre. El que parecía ser un cabo que no guardaba el más correcto orden en su vestimenta decidió que sería mejor dejarle la lata de peras si le cobraban un precio. Entre los doce hombres violaron a la niña por turnos mientras se pedían permiso entre ellos, impacientes. El padre lloró cuando vio a su hija sangrando después de todo aquello. Uno de los soldados sacó su pistola y le disparó en la cabeza. La niña, que aún no había roto a llorar, por mucho que gritó, lloró entonces. El artillero de la lancha desenganchó su cañón más potente y disparó contra la cara de la niña. Decía que no le gustaba ver sufrir a la gente, que sería una crueldad dejarla sola en el mundo en medio de aquella guerra. La cabeza de la niña prácticamente había quedado esparcida por el lugar. Luego, los doce hombres saltaron sobre los restos. Ese fue el panorama que se encontró el destacamento cuando todos los que lo componían regresaron al pueblo. Ya había ocurrido todo para cuando ellos estuvieron de vuelta de una misión de reconocimiento. Lo cierto es que entre aquellos doce soldados blancos había uno que era negro. Lo sabían porque los vieron alejarse yéndose en la lancha río abajo justo cuando ellos entraban a su base. 

"¿Cómo pudieron hacer aquello?", preguntó en voz alta Paul Winchester al resto de los negros colocados que esa mañana estaban al lado de la ribera del río mientras ondeaba la bandera confederada en el camión de sus compañeros de armas. No esperaba respuesta. Nadie respondería, porque todos sabían la respuesta. Sandra, la enfermera de la Cruz Roja, volvió a acercarse a ellos de parte del médico y les pasó un par de dosis más de morfina. Los soldados andaban adormilados con aquello, sólo de vez en cuando fumaban un cigarrillo.

Daniel L.-Serrano "Canichu"
22 de agosto de 2018
(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro. La Ley de Propiedad Intelectual le protege.)

martes, agosto 14, 2018

NOTICIA 1809ª DESDE EL BAR: YōKAI. ICONOGRAFÍA DE LO FANTÁSTICO

En el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la calle Alcalá de Madrid, casi en la Plaza del Sol, se está celebrando los ciento cincuenta años de relaciones diplomáticas entre España y Japón. La Fundación Japón, con los comisarios Koichi Yumoto y Daniel Sastre de la Vega (este de la Universidad Autónoma de Madrid) han organizado una exposición temporal que nos muestra una gran galería de los monstruos y diablos de la mitología fundacional de Japón, algunos incluso anteriores a la llegada completa del budismo a aquellas tierras. Estos monstruos son llamados por una palabra compuesta de dos palabras y Kai, los yōkai, por lo que la exposición se llama: Yōkai. Iconografía de lo fantástico. El término no tiene traducción exacta en español, por eso se encontrará traducido como "diablos", "monstruos", "espíritus", "algo sobrenatural" o "algo extraño", dependiendo del traductor. 

España fue el primer Estado europeo que realizó contactos diplomáticos con Japón, fue en el siglo XVI, como ya conté al hablaros de las conferencias que se dieron en el Ateneo de Madrid en febrero de 2011 (Noticia 900ª) o cuando hablé de un combate entre piratas japoneses y tropas españolas en Filipinas al descubrir estas un nido de piratas por casualidad, lo que fue llevado a cómic en 2016 (Noticia 1597ª). Tal como conté en esos mismos lugares, en las primeras décadas del siglo XVII Japón decidió aislarse del resto de países, especialmente de los occidentales, para preservar su cultura, sus creencias y su autonomía, por ello esta relación España-Japón se cortó e incluso empeoró cuando varios misioneros se infiltraron en secreto en tierras japonesas, fueron ejecutados o presos y obligados a renunciar a su fe cristiana. Japón mantuvo unas relaciones comerciales mínimas una vez al año, especialmente con los holandeses, y persiguieron al cristianismo, el cual estaba corrompiendo las creencias que sustentaban el mundo japonés, y por tanto los cimientos de aquel Estado. En el siglo XIX los estadounidenses decidieron obligar a los japoneses a abrir todos sus puertos al comercio occidental, especialmente con ellos mismos, por lo que tras encontrar un "casus belli" bombardearon uno de aquellos puertos para imponer esa condición de paz. El emperador de Japón se dio cuenta que su sociedad vivía aún con tecnologías, organización y conocimientos medievales. La llegada masiva de europeos, especialmente de empresarios y comerciantes, podría hacer que Japón siguiera los pasos de China, o de otros países de Asia, y terminar siendo un protectorado colonial y un lugar de disputas bélicas de las potencias europeas, mientras a la vez la esencia del ser japonés entraría en decadencia y aculturación. Por ello inició una revolución cultural, la revolución Meiji. Se trataba de modernizar Japón por sí mismos. Mediante la concienciación y políticas culturales y educativas logró poner a Japón al mismo nivel que las grandes potencias europeas. En los primeros años del siglo XX Japón ya podía hablar de tú a tú con cualquier país occidental. Por supuesto eso llevó a una serie de ideas que desembocarían en la Segunda Guerra Mundial, pero esa es otra parte de esta historia. La cuestión es que el año clave de la revolución Meiji es 1868, año en el que Japón abrió relaciones diplomáticas con la gran mayoría del resto de países del mundo, entre ellos España, de ahí que este 2018 se cumpla ese ciento cincuenta aniversario.

Los yōkai nacen de las creencias populares japonesas más humildes en su relación con la Naturaleza. Son hechos inexplicables y seres sobrenaturales, sucesos paranormales.  No se sabe muy bien cuándo comienzan las historias de estos seres oralmente, pero hay constancia ya del uso del término yōkai para referirse a ellos desde el siglo VIII, a través de las Crónicas de antiguos hechos de Japón (Kojiki). Cobra especial relevancia la historia conocida como "Desfile nocturno de los cien demonios" o "Desfile nocturno de los cien monstruos", que da la génesis fundacional de estos seres y del propio Japón y que con el pintor Totsa Mitsunobu, desde un templo de Kioto entre los siglos XV y XVI, se mezcló esta mitología con el budismo. Los yōkai volvieron a tener una fuerte relevancia cuando en el siglo XVIII Toriyama Sekien realizó diversas enciclopedias y narró por escrito muchas de las historias y de las criaturas de estas creencias populares, y fue más allá, se inventó treinta criaturas nuevas. La verdad es que no hay un número fijo de estas criaturas, ni siquiera el desfile nocturno cuenta con un número exacto de seres participantes aunque se diga que son cien, y en sus diversas narraciones y representaciones tampoco son siempre ni las mismas criaturas ni las misma disposición de orden al desfilar. 

En el siglo XX y lo que va del XXI la cultura popular volvió a relanzar a estos seres a través de los productos de masas como son los dibujos animados, las películas, las series de televisión, los cómic... Los Estudios Ghibli, y en particular Hayao Miyazaki, son dos de los motores más importantes de su promoción e incorporación a historias y cuentos actuales que más o menos conocemos todos, como La princesa Mononoke, La batalla de los mapaches del Valle Pompoko, El viaje de Chihiro, El castillo ambulante, etcétera. Pero también otras producciones de otros autores como puedan ser las diversas producciones de Godzila, Power Rangers, la pelicula de terror Ringu (de Hideo Nakata en 1998, pero popularizada en Occidente por la versión estadounidense The Ring, de Gore Verbinski en 2002), la serie de dibujos animados Pòkemon, Bola de Dragón, o la serie propia y literalmente llamada Los yōkai.

La exposición que se puede ver en Madrid contiene rollos de papel ilustrados, libros, kimonos, colgantes de cerámica, empuñaduras de sables samuráis, dagas, cartas y otros objetos donde aparecen muchos de estos seres o se narran algunas de sus historias. Se exponen en dos tandas, del 17 de julio al 20 o 21 de agosto hay una determinada serie de estos objetos, mientras que el 21 o el 22 de agosto y hasta el final en 23 de septiembre se expondrán otros objetos, por motivos de conservación ante la exposición a la luz. Aunque ya he dicho que los yōkai aparecen así llamados por primera vez en el siglo VIII, pese a ser más antiguos oralmente, esta exposición cuenta como piezas más antiguas libritos y dibujos del siglo XVIII, centrándose más bien en la abundancia de lo producido en el siglo XIX y primeras décadas del XX, especialmente desde 1868, la fecha clave que sirve de excusa para mostrarnos esta riqueza visual.

Algunos de los dibujos del siglo XIX se asemejan sorprendentemente al cómic actual y a los coloridos del Arte Pop de los años 1960, no siendo algo que pertenezca a esas corrientes. Es bonito también ver las combinaciones artísticas entre las grafías de la escritura japonesa combinada con los dibujos de los libros, donde a veces cobran parte de la historia al transformarse los iconos japoneses en algo semejante a lluvia, por ejemplo. Samurais y monstruos van desfilando, como en el dibujo donde unos samurais combaten con una araña gigante. 

Por intuición, a fuerza de verlos repetidos en diferentes obras de cine o televisión, yo pensaba que varios de los seres que aparecían tenían algo que ver con la mitología japonesa, sin saber exactamente nada sobre ello. Las tres cabezas que caminan y hablan, el gato que agita su pata, la mujer que estira su cuello, las niñas fantasmales de pelo negro largo y caído, los seres como piedras que dan vida y magia a los bosques, los espíritus del bosque, los mapaches mágicos que estiran su escroto, el zorro blanco de las siete o nueve colas, el ser negro que devora otros seres y come pelo, el sapo gigante, los dragones, el esqueleto gigante que sobrevuela los cielos, el fuego con vida que alimenta la magia de una casa, etcétera. Esta exposición hace para mí una serie de descubrimientos que asientan algo que a veces sólo intuía. Enriquece mi mundo y me hace pensar además en lo mucho que Miyazaki habrá buceado en sus mitologías tradicionales más remotas para crear todos esos cuentos modernos que hoy nos hacen disfrutar. 

Intuyo también, tras ver bastantes de estas producciones, que el sentido de monstruo en Japón no tiene exactamente las mismas connotaciones que en Occidente, aunque hay zonas comunes. Así por ejemplo, cuando veo a estos seres en sus obras japonesas, o incluso cuando veo alguna película de zombies hecha en Corea del Sur (Tren a Busan, de Sang-ho Yeon en 2016) o en el cine de China y otros países del Extremo Oriente, intuyo que incluso el personaje que ejerce de malo no es malo en sí mismo. Es una persona o un ser que obra mal por alguna razón que encierra o un sufrimiento interior por motivos concretos, o por miedo, o bien por una maldición o por cuestiones de honor familiares. Pensemos que hasta las brujas de los cuentos de Miyazaki, por muy malas que sean, tienen un fondo de buena persona. O tomemos en otras de las películas de Miyazaki el ejemplo del yōkai negro y sin rostro que no hablaba y devoraba a otros yōkais en la Casa de los Baños tras explorar en la codicia de ellos para comprar lo que a él le faltaba, el afecto o el amor, en El Viaje de Chihiro (2001). Tal vez es cosa de una perspectiva diferente entre su cultura de transfondo budista y la nuestra de transfondo judeocristiano. Los conceptos del bien y del mal, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, el Cielo y el Infierno, y demás, puede que difieran en algunas de sus partes más sustanciales.

Una exposición gratuita muy recomendable e instructiva. Sugerente.

martes, agosto 07, 2018

ENTRADA 1808ª DESDE EL BAR: EN ESOS PEQUEÑOS TRABAJOS OCASIONALES

Entramos en agosto y sigo con lo de echar una mano en las suplencias veraniegas de la librería Domiduca, entretanto hoy me pidió ayuda una amistad para hacer algo a lo que estoy acostumbrado: investigar en un archivo para una investigación de Historia. La cosa es que el año era muy reciente y no era un archivo, sino una hemeroteca. Buscaba sobre los atentados de ETA del 6 y el 19 de febrero de 1992, y todo lo relacionado con la banda terrorista publicado en prensa ese mes, cuando me topé con algo muy especial para mí que no tenía que ver con ETA. Se trataba de las jornadas del 23, 24 y 25 de febrero en las que las noticias informaban de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia sobre el caso de la estafa del aceite de colza, que fue el mayor atentado contra la salud pública vivido en este país en la Historia actual. En esas informaciones se encontraban hasta algunas editoriales y noticias aledañas sobre las concentraciones de los afectados por el síndrome tóxico de la colza y sus reclamaciones de justicia, ya que consideraron las sentencias dadas injustas por mínimas. Los colzeros fueron condenados de manera tan irrisoria que no sólo las indemnizaciones las pagó el Estado de manera subsidiaria tras tantos años de juicios, sino que además ellos apenas recibieron condenas y las que recibieron les fue fácilmente superadas ya que se redujeron en extremo a la hora de cumplirlas. 

La cosa es que estas noticias tenían algo muy especial para mí porque me encontré con la cara de mi madre en fotografía. Fue en la edición de El País del 24 de febrero, o quizá era en el del 25. Ella estaba con otras compañeras, todas sentadas dentro de la sala del tribunal mirando de medio perfil de frente al objetivo, imagino que el periodista les pidió mirar al objetivo, o quizá lo captó cuando miraban otra cosa. Al llegar a casa esta tarde he intentado reencontrar la foto en el archivo cibernético de El País, pero este periódico, a diferencia del ABC o de La Vanguardia, gestiona su archivo público mal, esto es: eliminando información documental, la gráfica. Puedes encontrar los textos de todo lo que publicaron esos días, pero no hay fotos, diagramas, mapas o cualquier cosa que no sea un texto formato html. Voy a centrarme en lo que me interesa compartiros hoy, al margen de los muchos comentarios archivísticos que me sugiere esto y que se podrían resumir en que aunque El País hace bien en poner a disposición pública su hemeroteca, lamentablemente lo hacen mal al eliminar información y alterar el documento original, pues al quitarle información gráfica es eso lo que se hace. ABC y La Vanguardia (otros periódicos, no todos, también) siguen siendo los mejores en este sentido democratizador de su información de archivo de hemeroteca, aparte de que fueron los pioneros en España. Supongo que El País ha optado por economizar datos y por tanto espacio de memoria en su servidor de Internet, lo que da algunas ventajas técnicas, pero también económicas, al mismo tiempo que se perjudica al ciudadano interesado en investigar y su derecho al acceso a la información, base de las democracias actuales.

Y lo que a mí me interesa compartiros hoy es esa emoción de encontrar a mi madre entre la prensa estatal de veintiséis años atrás, un año y tres meses después de su fallecimiento. La prensa en 1992 aún publicaba mayoritariamente sus fotografías en blanco y negro, el color o no estaba, por costoso, o era usado de manera minoritaria en algunas portadas. Lo normal es que no hubiera fotos en color en los periódicos. Pero allí estaba mi madre con sus compañeras. Recuerdo aquellos días en los que mi madre participaba de aquellos procesos, reclamaciones y protestas. Encontrarla en foto ha sido una grata sorpresa para mí. Me devuelve algo de aquel tiempo, algo más allá de la foto. Es un legado familiar, algo que no se puede eliminar ni destruir. Ni siquiera aunque haya sido eliminada de la hemeroteca digital del periódico que publicó aquello.

miércoles, agosto 01, 2018

NOTICIA 1807ª DESDE EL BAR: EL LARGO EN EL JARDÍN PROHIBIDO

Venía yo de una entrevista de trabajo en Madrid de resultado aún incierto, cuando, siendo ya la hora de comer y yendo a mi casa, decidí entrar a tomar algo fresquito a la altura de la calle Cardenal Cisneros de mi ciudad, Alcalá de Henares. Allí hay desde hace un par de meses un bar nuevo con patio interior en el que se está tranquilo y a gusto, aunque yo prefiero el interior al patio. Los dueños y camareros son gente sociable y eso siempre se agradece. Además, son gente que algunos son caras conocidas de otros bares que hubo en la ciudad, como La Chata. No hace mucho hablé de este bar porque participaban del encuentro de cantautores que hubo en Alcalá el pasado mes de junio, pero por entonces confundí su nombre con el de El Jardín Secreto (Noticia 1799ª). Su nombre real es El Jardín Prohibido, nombre con reminiscencias bíblicas, pues el Jardín Prohibido es aquel que estando al este de Edén era el Paraíso terrenal de donde fueron expulsados Adán y Eva por comer una manzana del Árbol de la Ciencia. No obstante el logo del bar es una manzana mordida, por lo que nos indica el estado de tentación existente a disfrutar de lo terrenal en un lugar donde uno se siente cómodo y bien.

Descubrí que se habían animado a hacer un segundo evento cultural tras aquel recital de cantautores. Llevan como una semana exponiendo su primera exposición de cuadros. Son de un artista local, Ricardo Zarza "El Largo", de quien ya hablé y mostré una parte de su obra de la exposición que hizo en 2014 en el bar La Chata (Noticia 1417ª). En aquella ocasión eran cuadros dentro de las corrientes del cinetismo y el conceptismo espacial. En esta ocasión sus cuadros no están dentro de esas corrientes. Son cuadros figurativos que caen dentro de una especie de surrealismo y conceptualismo usando caras y figuras femeninas que en ocasiones parecen pasadas a formas geometrizadas, o bien inertes, que forman la figura o la cara dentro de unos colores que crean sectores en los rasgos, reafirmando así un concepto de lo que al personaje pudiera estar ocurriéndole, si bien por lo general se tiende a las imágenes estáticas y meditantes.

Así pues, parece que el nuevo bar no sólo aspira a dar bebidas y comida de tapas (como las que siempre se hacían en Alcalá antes del estallido de la promoción turística en distrito centro), sino que aspira a recoger el guante cultural con modestia y sin bombo que muchos bares han ofrecido a esta ciudad fuera de los circuitos turísticos y oficiales y de los que los años 2016-2017 fueron una siega haciendo desaparecer a casi todos, y salvándose excesivamente pocos, estaría por decir que dos o tres de los que no eran los más obvios en el momento de los desaparecidos. Bienvenido sea El Jardín Prohibido y que el futuro le depare futuro, aunque para eso, ya lo sabemos todos, hay que ir a disfrutarlo y a consumir, puesto que un bar es un bar y también necesita comer. Hay que morder de su manzana.

Saludos y que la cerveza os acompañe.