Canción: Nina Simone, "Revolution" (versión en jazz de 1969, la original es de The Beatles, 1968)
Todo el mundo señala esta fecha, la del 20 de enero de 2009, como fecha para la Historia. El actual Imperio del mundo, Estados Unidos de América, nombra por primera vez a un presidente de raza negra. Tengo un amigo que discrepa acerca de que sea un acontecimiento histórico, ya que él juzga que estos sólo son los grandes cambios sociales de verdad, y nombrar a alguien de raza negra para él no es un gran cambio social, sino la misma dinámica social de siempre aunque se materialice en alguien cuya raza aún no se había materializado. Sus argumentos son más complejos, y desde luego el debate es interesante, pero no me voy a meter en sociología o “metafísica de la Historia”. Personalmente sí creo que es una fecha para la Historia. Yo no sé si Obama será un gran presidente o un mediocre presidente. Analizo algunas de las cosas que ha dicho y que han dicho los que le rodean y me hago cargo de ciertas ideas que me suscita, y que no coinciden ni exacta ni totalmente con todas esas expectativas mundiales que ha generado desde el año pasado. Su frase de que el siglo XXI debía seguir siendo para los norteamericanos, repetida hasta la saciedad por los miembros de su equipo y los periodistas más prodemócratas, me hace pensar muchas, muchas cosas. Sea como sea, es un día a señalar. Un día muy importante. Bajo su gobierno, por ser el primero de su raza en ser presidente de USA, se dará posiblemente muchas de las bases para que confíen en futuros presidentes negros según los actos de Obama, pues no hay que olvidar que en USA, sobre todo en los Estados del Sur, la cuestión racial es vital en algunos sectores sociales nada desdeñables en porcentaje.
George W. Bush sale del gobierno con una de las críticas de los politólogos norteamericanos que más le han podido doler, le han llamado “gobierno sovietizante”, por cuanto de cerrado, de “ordeno y mando”, de belicismo, de secretismo y de las artes más maquiavélicas ha hecho gala. Un hombre tan anticomunista como él, que ensalzó la figura de Ronald Reagan, le ha tenido que sentar como un jarro de agua fría por la cabeza. Ahora entra Barack Obama, presuntamente con unas ideas renovadoras dentro de partido Demócrata que le aproxima a la renovación que en su día hizo Kennedy. Obama podría haber honrado a Kennedy precisamente por tener varios paralelismos con él en su discurso y actos, no obstante una de las razones esgrimidas entre otras para justificar su asesinato en 1963 fue su apoyo y medidas para la igualdad racial, que culminó Johnson. Pero Obama ha decidido ensalzar a otro presidente demócrata que también fue asesinado entre otras cosas por abolir la esclavitud (no sólo liberó a los negros sino que hizo diversos tratados de paz con los pueblos indios, que fueron traicionados por su sucesor Grant). Hablamos de Abraham Lincoln, cuyas ideas integradoras (aunque también pesaban otras de otro tipo muy diferente), llevó a la guerra civil a USA y provocó, entre otras razones, a su asesinato en 1865. Obama cogió el tren para acercarse de Philadelphia a Washington el día 17 con el objetivo de tomar posesión de su cargo, igual que él lo hiciera en 1861. Se acercó a la estatua del propio Lincoln en el capitolio y pronunció un discurso el día 18 de enero (aniversario del discurso que en ese mismo lugar dio el reverendo Luther King sobre la igualdad de derechos y que tenía la frase “anoche tuve un sueño”). Y hoy, 20 de enero, toma posesión solicitando usar para el juramento la misma Biblia sobre la que juró el cargo Lincoln. Cosa que se le ha concedido.
El asunto abolicionista en USA no comenzó con Lincoln. Era un debate antiguo desde la misma fundación norteamericana en la década de 1770’, sólo que la mayoría de los padres fundadores eran grandes propietarios latifundistas que no apoyaban la abolición de la esclavitud, y que además veían en esta una injerencia en las libertades de los Estados en origen (durante la guerra contra Gran Bretaña) confederados y tras la Constitución de 1776, federados. La primera mitad del siglo XIX estadounidense asistió a numerosos debates a este respecto entre el los Estados del Norte y los del Sur, teniendo de fondo temas de mayor calado como era la representación mayoritaria en las cámaras de representantes (diputados y senadores) o la gran diferencia económica, cultural y social entre unos Estados y otros. Cuando México ilegalizó la esclavitud tras independizarse en los 1820’, se encontró que sus territorios de Nuevo México (actuales Texas, California, Nuevo México, Oregón, y algún otro) tenían numerosa población emigrante proveniente de USA, de los Estados del Sur, y que no sólo no acataban las normas del gobierno de México, sino que se instalaban con esclavos en algunas zonas. El dictador Santana quiso poner orden y por ello quiso imponer las leyes abolicionistas mexicanas por el medio de la autoridad, USA respondió con una guerra bajo el eslogan “América para los americanos”… que ocultaba en realidad: “para los norteamericanos". Dos guerras méxico-estadounidenses en las décadas de 1830’ y 1840’ no sólo derrocaron a Santanna e inestabilizaron México en una serie de conflictos que se eternizaron, sino que hicieron que Nuevo México fuera parte de USA, reorganizado en varios Estados que en cierto modo estaban en la órbita política del Sur. Las cámaras de representación política estadounidense, y su sistema económico, estaba desestabilizado. La década de 1850’ presentó diversas ocasiones para entrar en conflicto. Pero no se llegó a ello.
Los temas puestos sobre la mesa eran muy delicados. Fuerza política en las cámaras de gobierno (el Sur solía ser más republicano y el Norte más demócrata), choque cultural (el Norte era más anglosajón y centroeuropeo por entonces, y el Sur más europeo al estilo Mediterráneo), conflicto económico (el Norte era industrial y el Sur agrario), conflicto religioso (los protestantes eran más del Norte, los católicos más del Sur), problemas de entender la libertad constitucional (el norte era partidario de ser federados –dirigidos por una cabeza- y el Sur de ser confederados –todos los Estados con los mimos poderes y capacidades de decisión sin cabeza predominante, al estilo de la actual Unión Europea-), problemas de cómo repartirse las nuevas tierras a colonizar hacia el Oeste, y por supuesto el asunto que saltó la chispa de la guerra: el Norte apoyaba la abolición de la esclavitud y el Sur apoyaba la continuidad de la misma (claro que en esto no sólo había propósitos humanitarios o demócratas, sino la posibilidad de debilitar o perpetuar la economía sudista, según el bando, y por tanto su poder político y de influencia). Esa era la principal razón de la guerra según se extendió en un primer momento para ir a la guerra, pero parece ser que el resto de razones tenían un gran peso realmente, y que el asunto federados o confederados tenía tanto o más peso que el asunto de la esclavitud de la raza negra. No obstante, no todo fue blanco o negro, sino que hubo infinidad de escalas de grises durante uno de los conflictos del siglo XIX más interesantes y duraderos en muchos aspectos de toda índole.
Abraham Lincoln era el demócrata más renovador del momento cuyo discurso levantó pasiones. Apostó por la convivencia de todas las razas en USA en perfecto uso de la democracia. Al nombrársele presidente en 1861 la guerra estalló, el Sur no le reconoció. La guerra se prolongó hasta 1865, fue poco tiempo después de acabada la contienda que le mataron de un tiro en la nuca durante una obra de teatro a la que asistía con su esposa. Ulises S. Grant, general y héroe de la reciente guerra, su vicepresidente, pasó a ser presidente, e incluso fue elegido como tal cuando llegó la fecha electoral ese mismo año. Campos de concentración para sudistas, reconocimiento de la necesidad de que el Sur mantuviera leyes segregacionistas para no ir a una segunda guerra civil, inicio de las guerras indias en el Oeste al romperse los tratados de paz realizados por Lincoln, aumento de la criminalidad y los forajidos (época dorada de los pistoleros y los asaltadores y cuatreros), creación del Ku Klux Klan, y, en fin, una serie de circunstancias que en algunos casos fueron malos parches para no avivar las llamas de la guerra.
USA avanzó de esta manera y vivió más debates y episodios raciales, con nombres muy destacados. La Primera y la Segunda Guerra Mundial en la primera mitad del siglo XX puso sobre la mesa la importancia de la población negra, cuyos esfuerzos no eran socialmente recompensados. La década de 1950’ fue la década donde aparecieron numerosas voces negras (y algunas blancas) reclamando su derecho natural de igualdad como seres humanos ante otros seres humanos. Civiles, escritores y reverendos negros figuran ahora en este camino, incluso el boxeador Cassius Clay (posterior Mohamed Alí, claro que el caso de los deportistas y la defensa de la raza negra viene de lejos). Pero en política destaca Kennedy, que se enfrentó electoralmente a la herencia política de Eisenhower en manos de Nixon, en 1960. Le derrotó electoralmente al estilo que Obama ha ganado. Su asesinato en 1963 truncó varias de sus iniciativas políticas, entre ellas las de la igualdad de derechos, pero pudieron ser llevadas a cabo por su sucesor, Johnson, y bajo la contribución de Luther King o Malcom X. La igualdad de derechos se dio, pero en la práctica hubo diferencias significativas que provocaron disturbios raciales en Chicago en 1968, algunos otros en los 1970’, los 1980’, y los 1990’. El nombramiento de Obama como presidente en este 2009, es parte de este camino hacia la igualdad. La comprensión de ver a la persona y no a la raza en un país donde este tema ha sido tan vital en su Historia, es el hecho histórico. Sobre los hombros de Obama hay un gran peso de responsabilidad para asentar el futuro, quizá la mejor forma de llevarlo sea olvidando él mismo la raza, siendo tan sólo persona, como todos.


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