jueves, octubre 22, 2026

NOTICIA 2492ª DESDE EL BAR: ALCALÁ DE HENARES, COMERCIO Y MEMORIA DE UNA CIUDAD EN TRANSFORMACIÓN

La Sala de Exposiciones del Antiguo Hospital de Santa María la Rica está realizando en estos momentos su tercera exposición dedicada al comercio alcalaíno. Se llama: Alcalá de Henares, comercio y memoria de una ciudad en transformación. Comenzó el pasado 15 de octubre y se prolongará hasta el 1 de noviembre, siendo visitable de manera gratuita, siempre dentro de su horario, consultable en el enlace que os he hecho. La exposición ha sido coordinada por Sonia Lorenzo Gago, aunque el comisario fue Luis Alberto Cabrera, Jefe del Servicio de Archivos y Bibliotecas, el cual también ha publicado el catálogo de la exposición (comentado en Las notas de los cíclopes libreros). Ha sido una iniciativa del ayuntamiento de Alcalá a través de su Concejalía de Seguridad Ciudadana, Recursos Humanos y Comercio. Es el tercer año consecutivo que se realiza una exposición dedicada a este tipo de actividad económica, lo que nos ubica en 2024 como primer año en el que se inició este tipo de actividad, coincidiendo con un gobierno ya plenamente instalado de la coalición PP-Vox en Alcalá de Henares, desde que pactaron en coalición en las elecciones municipales de la primavera de 2023, aún a pesar de que este año 2026 hay una ruptura clara entre ellos y hasta con pelea desde junio (Noticia 2467ª). 

La exposición abarca fotografías obtenidas a través de varios fondos públicos y particulares que se realizaron entre 1863 y 1987, si no recuerdo mal la fecha más reciente que vi expuesta, 1990 como muy avanzado. No pisan el siglo XXI, con total seguridad, aunque se podría haber hecho como paso lógico de este intento de crear Historia visual del comercio alcalaíno y de la sociedad alcalaína a través de él. 

En el catálogo se habla del comercio alcalaíno como algo destacable y de vital importancia más allá de las fronteras municipales desde la Edad Media, desde el siglo XII, centrando así la Historia a una visión desde la reconquista de la ciudad por los cristianos en guerra con los islámicos, pero eludiendo tanto un estudio del comercio visigodo y islámicos previos, cuestión muy desconocida y de esfuerzos investigadores que sin duda no son objeto de una exposición fotográfica, pero es que tampoco es objeto de una exposición fotográfica hablar del siglo XII. En todo caso, se entiende que se quiera enfatizar la importancia comercial de la ciudad y por ello se trate de buscar un hito remoto que destaque, en ese sentido hay que recordar que tanto desde la arqueología como desde la Historia cada vez hay más evidencias y análisis que apuntan a un muy destacada e importante actividad comercial alcalaína cuando la ciudad era romana y se llamaba Complutum. Pero la exposición no va en realidad el comercio histórico de la ciudad, pues tampoco hay referencias a los muy importantes cambios y transformaciones que supuso en el mismo la Universidad inaugurada en 1499, así como la pérdida sostenida de estudiantes desde el siglo XVIII y la desaparición universitaria en el siglo XIX. 

Transformación comercial que incluso cobraría nuevos giros con la instalación de cuarteles, abundancia de conventos o la llegada de la industrialización. Llama la atención que no se vean fotografías de la farmacia militar o la sastrería militar activos hasta casi llegado el siglo XXI, como llama la atención la ausencia de algunos establecimientos muy conocidos del centro de la ciudad donde se vendían figuras de santos, cirios y bacalaos. Pero también es cierto que esta es la tercera edición y pudieron estar presentes en las dos ediciones anteriores. Lo que yo escribo hoy es referente a esta tercera edición.

La exposición sin duda está interesada en la Historia contemporánea y actual, aún a pesar de no atreverse a pisar el siglo XXI. Reitera numerosas caras conocidas de personas y familias de la ciudad a través de su actividad en los últimos cien años, así como de libros y artículos de periódicos donde no paran de referenciarse y autorreferenciarse. Aunque estas caras, y también lugares comunes, han de estar, pues es evidente que son imprescindibles para conocer la actividad de la ciudad y su Historia, también es cierto que el empeño en destacarles sólo a ellos y a esos lugares impide que se vean a otras personas, familias y lugares que también han sido y son parte de Alcalá de Henares y su Historia y sociedad, máxime aún cuando se acerca el siglo XXI y cuando nos metemos en el siglo XXI. Pero cobra mayor velocidad de peso cayendo cuando nos metemos en fechas de la Transición en adelante, ya no sólo con una ciudad que creció numerosamente por la industria y una nueva Universidad, sino también por el regreso de personas que previamente, con la dictadura, tuvieron que hacer un paréntesis de su presencia, tanto ellos como sus familias, en la urbe. Sin necesidad de indagar en los pasados de nadie, lo que se hace patente en esta exposición dedicada al comercio es que se necesita que este se haga todavía más representativo de la realidad del mismo y de sus sociedad, tratando de aportar incluso una mayor riqueza de visiones, pues la Historia no ha de ser complaciente, sino explicativa, analítica.

No vale decir en el catálogo o/y en la exposición que tal o cual tipo de comercio ha desaparecido explicándolo como algo que ocurre como si lo inanimado y lo abstracto tuvieran vida y decisión sobre sí. Son las personas las que actúan y las que deciden, y dentro de la actividad humana el comercio no sólo varía según avanzan los tiempos, también lo hace por decisiones tanto económicas como políticas. Es decisión política ordenar el espacio, como pueda ser la limitación de licencias de bar en la calle Mayor, o cuando se quiso limitar los bazares regentados por chinos (esto se quiso hacer hace ya bastantes años, revísese la hemeroteca previa a 2011, por ejemplo). Del mismo es decisión política conceder numeroso suelo a numerosos centros comerciales en detrimento del comercio de calle, cosa que ocurrió a partir de la década de 1990, revísese desde entonces y en la década de 2000 las polémicas que a veces suscitaba entre los ciudadanos la saturación de centros comerciales, así como la que suscitó el primer intento de peatonalización del centro de la ciudad en el comienzo del siglo XXI. La falta de voluntad para normativizar y hacer cumplir las normas en torno a protección propician la desaparición de algunos escaparates y fachadas, que aquí aparecen como lamento melancólico. Se ha debido en buena parte a un dejar hacer a los propietarios y nuevos propietarios, del mismo modo que se ha dejado hacer (o sale muy barato) saltarse algunas normativas sobre conservación patrimonial, tal como la prohibición de no hacer cerramientos de los patios interiores de la calle Mayor, cosa que han hecho casi todos o todos los bares y restaurantes del lugar. Tampoco hay un endurecimiento de requerimientos en algunos lugares de la ciudad para proteger cierta actividad comercial que aquí se reivindica como alcalaína y ha menudo ha ocurrido para favorecer que se vaya determinado comercio tradicional en favor de la llegada de uno que se creía más apropiado para el turismo. Y con ello, la subida de precios. Tampoco es ayuda fomentar la creación de barrios cuya arquitectura excluye la posibilidad del comercio de proximidad a la vez que, volvemos a ello, se dan más licencias para supermercados de barrio o para nuevas grandes superficies comerciales en las afueras de la ciudad.

Pero todo ello es parte de la Historia del comercio de Alcalá y también ello debería estar reflejado en esta exposición, sin ojos para condenar ni para aplaudir, simplemente para testimoniar la evolución histórica. Llama la atención que no haya fotografías de comercios regentados por chinos, ni por iberoamericanos, ni por africanos. Si alguien quisiera ser malintencionado pensaría en un sesgo racial a la hora de elegir la evolución del comercio alcalaíno a la hora de acercarse al siglo XXI, aunque bien es cierto que si la foto más evolucionada es de 1987, pues prácticamente este comercio era inexistente todavía. Tampoco hay comercios que están automatizados, que son más del 2010 en adelante, y tampoco aparecen las franquicias (la gran mayoría estadounidenses y de diversos orígenes europeos), que esas aparecieron sobre la década de 1990 en esta ciudad. Sin embargo, sí había desde final de la década de 1980 restaurantes chinos, si bien había uno o dos y era algo exótico y fuera del centro de la ciudad, pero no aparece ninguno. 

Ahora bien, tampoco aparece la funeraria de la Calle Mayor, o la tienda de caza, o la carnicería de la misma calle (y no me refiero a la actual tan pulcra y tan sin aspecto de carnicería), o los puestos ambulantes (y totalmente legales y autorizados) que los fines de semana se ponían en la Calle Mayor de parte de un vendedor de monedas y sellos antiguos y de parte de la CNT, y eso vino ocurriendo hasta mediada la década de 1990, quizá incluso hasta casi acercarse al año 2000. 

Claro que la exposición deja muy claro que lo que le interesa es documentar fotográficamente sobre todo el centro de la ciudad, como si sólo el centro de la ciudad fuera la ciudad, igual que unas mismas familias fueran los únicos alcalaínos posibles. Hay alguna fotografía de alguno de los barrios al este del centro, pero son mínimas, casi como concesión para que no se diga que no se mira los barrios, pero es que la ciudad es tan grande, y desde hace tanto tiempo, que llama poderosamente la atención que no aparezcan los mercados de abastos tradicionales, los mercadillos ambulantes, las grandes avenidas comerciales como Reyes Católicos, Luis Vives o alguna de las que han construido en Espartales. Sí, sale Simago como primer centro comercial de la ciudad, y vale que por fechas queden fuera Alcampo, Quadernillos, El Corte Inglés y otros, pero es raro que quede fuera el Centro Comercial El Val, que aunque ahora sea un abandono en sí, en el pasado muy un lugar de gran afluencia social. Es verdad que aparece la mujer que llevaba su tienda de mascotas, pero ¿qué hay de sus minicines, que fue la primera multisala de la ciudad, o de su pizzería Telepizza y su Burguer King, también pioneros en la ciudad? ¿Qué hay de las tiendas de discos como Búho Compact? ¿Qué hay de las innumerables papelerías que se saturaban de madres buscando material para sus hijos? ¿Qué hay de la juguetería de la Calle Mayor? ¿Qué hay de los kioskos de prensa que una decisión municipal decidió hacer desaparecer en este siglo XXI? ¿Qué hay, en definitiva, de la vida de Alcalá, la cual se hace en toda Alcalá y no sólo en el centro de la ciudad? ¿O es que nadie sería capaz de hablar del Cine Benidorm, ni "La Zona" existió, ni hubo tiendas de mascotas?

Pero aún con todo lo dicho, la exposición es una muy buena iniciativa. Merece la pena. Yo os comparto de ella una fotografía de alguien que conocí en vida, Braulio Vivas, "El Lali", uno de los últimos alfareros artesanales de la ciudad hasta entrada la década de 2000. Aparece a la derecha su hijo en un puesto que ponían en la Plaza de Cervantes durante las ferias de la década de 1980, y del que mis padres llegaron a comprar algo que colgaron en su terraza. Conozco también a su nieto, a quien le dije que vi esta foto en la exposición. La familia no sabía que la habían puesto. Pero en buena parte la exposición tiene también este encanto, ese reencuentro con el pasado y con gente y lugares que conocimos. Como lo fue también volver a ver la papelería de la Plaza de Cervantes donde los fines de semana mis padres nos compraban tebeos y ellos la prensa. 

La exposición merece la pena porque, aunque yo haya hecho aquí una crítica (siempre con carácter constructivo par aportar mejoras en el futuro o más puntos de vista, no nos equivoquemos), es un ejercicio que entiendo que ha sido arduo, tal vez complejo de lograr. Consigue reconstruir una Historia visual y también ayuda a comprender mejor el pasado. Aún cuando a veces a las imágenes hay que acompañarlas de más referencias, pongamos por ejemplo la familia que en las primeras décadas del siglo XX aparece asomada a la puerta de su casa en lo que fue posteriormente el bar Torrejonero, por la Puerta del Vado, más o menos, y que Manuel Azaña, que conoció a esas personas, nos cuenta en su novela Fresdeval que eran las personas más pobres de la ciudad en esos momentos, y también lumpen, y explican en notas los editores de la edición de la novela que las familias con posibles se fueron de esa zona con la llegada del ferrocarril, precisamente por el comercio, dejando a aquella zona como zona marginal.

La ciudad la construyen las vidas.

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