domingo, octubre 11, 2026

NOTICIA 2488ª DESDE EL BAR: INTERNACIONAL MERCADO CERVANTINO

Es puente festivo y en Alcalá de Henares lo es un poco más que en el resto de España. Si para el resto de españoles será fiesta mañana lunes día 12 de octubre, para nosotros también lo ha sido porque el viernes 9 es festivo local, celebrando a Miguel de Cervantes por el día de su bautismo. Coincide con la Feria del Libro Viejo y de Ocasión, que dura una tres semanas, ya está llegando a su fin tras ese día 12, y desde hace años se celebra el Mercado Cervantino, mal llamado y mal estructurado como mercado medieval, sin ser mercado medieval. En diferentes años he escrito del mercado, incluido en 2013, lo recordé también en 2016, cuando comenté que se talaron árboles en la Plaza de Palacio en nombre de la seguridad, aunque era más que evidente que se hizo para ampliar el espacio para casetas de este mercado, como así ha sido. Y un poco más tarde, incluso para habilitar una entrada al aparcamiento del Palacio Arzobispal que sirve de entrada a este mercado. Otras veces, en otros años, he recordado que Cervantes escribió más cosas que El Quijote, que aunque se mezclan mundos fantásticos más o menos medievales de otras culturas hay en España ya de por sí su propia riqueza en esto si se desea seguir por ese camino, que dado que se confunde mercado cervantino con medieval tenemos al Arcipreste de Hita en Alcalá también para este mercado, he hablado de anacronismos, o de la transformación de la ciudad en una especie de empresa turística. Pero también es cierto que también he escrito cosas favorables, como por ejemplo el momento exótico que nos trae cada año o algunos productos difíciles de encontrar si no es aquí, si bien los precios son cada vez más abusivos e intuyo que hay picaresca en varios comerciantes a la hora de vender (y hablo por la sospecha propia de alguna compra que hice en alguna ocasión). Por otro lado, han habido años donde los comerciantes alcalaínos se han quejado que ellos son los que menos se benefician, pues la mayoría no son de aquí, y de los que son de aquí y se presentan a tener un puesto a veces se quejan de que creen que ha habido más de una vez alguna alteración a la hora de conceder las ubicaciones. Yo en eso no puedo hablar, he oído algunas cosas que alguno me ha contado, pero no sé si corresponde a la realidad total.

Este año el escritor Matías Escalera pone la visión crítica, entiendo que, igual que aquí, con carácter de aportar positivamente. Lo hace en la prensa local, en Alcalá Hoy, en su artículo "El uso y abuso de un falso Cervantes y la educada respuesta del auténtico". En él expone a la idealización de un Miguel de Cervantes que en los últimos años deforma lo que sabemos cada vez más de su vida personal, para mostrarnos un Cervantes más amable y vendible, que se ajusta a lo institucional. Cervantes, cuya vida no estuvo exenta de polémica, aparte de éxito tardío, tenía algunos pensamientos adelantados a su época. Hizo crítica política y social, crítica del reparto de la riqueza, habló de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes para superar los conflictos, no era contrario a lo intercultural ni a lo interracial, estaba abierto a una mayor igualdad de derechos para la mujer (aunque aún dentro de los parámetros de su época). Y a toda esta vertiente se refiere él. Una vertiente que está en El Quijote, pero que se ve todavía más profundamente en el resto de su obra... y en su propia vida. No le restemos tampoco su pasado militar, de preso, de informador de la Corte (espía), cobrador de impuestos e incluso de preso no sólo de guerra, también por quedarse parte de la recaudación de impuestos destinados a armar lo que sería la Gran Armada. 

Este año el Mercado Cervantino ha elevado su reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional a Fiesta de Interés Turístico Internacional, así que el estado eleva con esto la dotación de subvención vía incentivos regionales. Pero eso también tiene su costo. Implica una publicidad mínima en medios de comunicación reconocidos de otros países, así como de la propia España, la presencia en determinados eventos, también de nivel internacional y un movimiento constante de, llamémoslo, diplomacia para el turismo. Dinero, sí, bastante dinero que se debe meter en esto y que van centrando cada vez más la actividad del ayuntamiento en una actividad que se asemeja a la de una empresa de turismo, más que a una administración al servicio de los ciudadanos en todas sus necesidades. Pensemos que hay otras celebraciones en esta ciudad de interés internacional, nacional y regional. Todas ellas implican la atención debida si quieren mantener esos reconocimientos oficiales y lo que estos conllevan. Es de las pocas ciudades de España que amontona tantos reconocimientos turísticos, al margen de los títulos de Patrimonio de la Humanidad y de Conjunto Histórico-Artístico de Interés Turístico Nacional. Por un lado es un hecho para sentir cierto orgullo, pero por otro lado conlleva una suma de deberes que vienen con los derechos que, como he dicho, tienen su peso en el gobierno de la ciudad.

Personalmente siempre lo dije, las primeras ediciones me parecen las mejores. Yo estuve como un joven que vio ilusionado la primera de 1998 y que le hablé a mis padres de ella para que fueran. Entonces eran más humildes y de menos puestos, aunque estaban pensadas para reforzar aquel octubre el nombramiento de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad en diciembre de ese año. Con los diversos aniversarios de publicaciones de El Quijote de los años siguientes, el mercado aspiró a ser ampliado para llegar a ser el mercado de época más grande de Europa. Eso es en parte lo que llevó a la tala de algunos árboles, pero con el tiempo también llevó a la reducción en casetas de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión y, años más tarde aún, a su desplazamiento de la Plaza de los Santos Niños a la Calle Libreros. Esa aspiración de dimensiones ocasionó ya quejas de comerciantes y vecinos de la zona, porque se unía además a un mercado que cada vez duraba más en el tiempo. De ser algo apenas de un fin de semana, ahora llega a abarcar cinco días. Por otra parte los precios en aumento y lo que se percibe como desplazamiento de prioridad de los vecinos de la propia ciudad por los turistas de un día está ahí. No hay alcalaíno que no reconozca lo imposible de usar el centro de la ciudad o caminar por allí sin problema. 

Pero nos gusta el Mercado Cervantino, incluso aunque indiquemos quejas o cosas a mejorar o tener en cuenta. Yo mismo no me he perdido ni una sola edición, sea mi presencia mayor o menor, según el año. Hay eventos que se han ido sumando, como las representaciones teatrales de época, los actores de calle, y a vece eventos tan llamativos como aquel año donde se representó una condena de la Inquisición, quema incluida. Ahora hay hasta anacrónicos torneos medievales, justas, que no vienen a cuento de nada en un mercado que por cervantino debieran ser o bien ambientados en la segunda mitad del siglo XVI o en las primeras décadas del siglo XVII. El ayuntamiento y la empresa promotora siempre lo han justificado como parte de las fantasías de Quijote con el mundo de los caballeros andantes medievales. Sin embargo, no hay nada en esas representaciones que nos haga pensar en ese elemento, ni que parte de la gracia del libro es que Quijote vive en un anacronismo idealizado. Pienso que tiene más que ver con que la empresa lleva mercados medievales de un lado a otro de la geografía y no está en su labor adaptar el formato a la época que se trata de honrar, o mejor dicho: al mundo cervantino. Pero es cierto que las justas gustan.

Como gustan los animales. Recordando siempre a aquel camello que murió hace unos años entre la polémica de si lo hizo de cansancio o porque estaba enfermo o viejo, lo cierto es que los animales han aminorado mucho su exposición al público en los últimos años desde que pasó lo del camello o dromedario. Antes, especialmente en los primeros años, era más que evidente que se les hacía estar de un lado a otro de manera constante. Queda en la memoria también el año que un halcón decidió pasar de su dueño, cazar al vuelo una paloma en la Plaza de Cervantes y comérsela en un techo. Pero con tantos años a las espaldas del mercado, es normal que existan anécdotas como esta, lo raro es que no las hubiera. Sin embargo, poco se ha comentado que en los primeros años, y durante bastantes de ellos, se permitió a los comerciantes atar cuerdas a las columnas de la Calle Mayor, o que uno de los que llevaba asnos los ataba a los monolitos del Monumento del Descubrimiento que estaba en la Plaza de los Santos Niños, lo que ocasionó desgaste y graves deterioros en esas piedras, hasta que un año las quejas forzaron a que el ayuntamiento se pusiera serio y mandara a la policía que hiciera lo que por omisión y mirar a otro lado no se había hecho: indicarles que eso estaba prohibido. 

En el fondo, aún con todos los peros, algo tiene este mercado que nos gusta a todos, aún al que mas se queje. Siempre hay algún detalle. A mi me gustaba encontrarme sorpresas y novedades, hace años que no las hay, sólo hay aumento de precios y cada vez más puestos ofreciendo lo mismo, y menos cosas espontáneas de los actores por las calles. Pero también me gustaba compartir algún paseo con alguna amistad y pararnos en algunos sitios que, como si fuera una tradición anual, siempre nos hacía pararnos. Incluso me gustaba encontrarme vendiendo en los puestos a algunas caras amigas de aquí de la ciudad, cada vez veo menos. Ahora las amistades van cada vez más a su ritmo. Este año me encontré con un grupo de ellas y pude mantener esta buena costumbre, incluso quedar con una amiga, pero es cierto que algo cambia, y quizá sean los años... que no sólo pasan para el mercado.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

No hay comentarios: