"Suárez
no daba pasos claros hacia una integración en la OTAN, lo que se
explicaba por su cercanía a Carrillo. Así, frente a un clima de
desafección popular, los electores más conservadores (y no sólo los de
extrema derecha) quedaron estupefactos con los gestos populistas de
Suárez, abrazando a Arafat y a Fidel Castro en medio de baños de masas.
Estados Unidos no podía mirar con buenos ojos aquella deriva, que no
tenía parangón en Europa. Esto explica el desprecio del Secretario de
Estado norteamericano cuando se produjo la intentona golpista de Antonio
Tejero en febrero de 1981."
(José Luis Villacañas, Historia del poder político en España.)
"Entretanto, el general Alfonso Armada, que había sido durante muchos años secretario del rey y era ahora segundo jefe del Estado Mayor, se acercó al Congreso y negoció con Tejero la reconducción del golpe hacia la formación de un gobierno provisional que contara con la colaboración de las diversas fuerzas políticas y del Congreso, y con el beneplácito del rey. Frente al golpe 'duro' alentado por Tejero se alzaba la posibilidad intermedia de un golpe 'blando', lo que podía responder a la existencia de dos líneas de conspiración coincidentes en la necesidad de dar un golpe pero sin acuerdo en su orientación posterior."
(Carlos Barrera, "La España democrática (1978-1997)", en Historia Contemporánea de España (Siglo XX), coordinado por Javier Paredes)
"Si no se persiguió a los mandos opuestos al cambio [la Transición] que no habían intervenido, tampoco se les concedieron puestos decisivos [después del 23F]. Tal vez estos mandos no acabasen siendo demócratas beligerantes, pero sí personas con sentido de la disciplina y la fidelidad a la monarquía."
(Javier Tusell, Dictadura franquista y democracia, 1939-2004.)
Hoy, 25 de febrero de 2026, se ha desclasificado ciento cincuenta y tres unidades documentales referentes al intento de golpe de Estado fallido el 23 de febrero de 1981. Han pasado cuarenta y cinco años y la ley de secretos oficiales, así como la de custodia documental en los archivos preservando unos plazos de silencio, parece que para el gobierno actual ya han cumplido su papel y, dice el presidente de gobierno, Pedro Sánchez (PSOE), y otros miembros del mismo gobierno (PSOE-Sumar), que ya no hay nada que pudiera poner en peligro la seguridad del Estado. Bueno, eso pudiera parecer, en realidad puede caer un poco en un pensamiento subjetivo, ya que medio siglo (casi medio siglo), aunque nos pueda parecer mucho tiempo, en los plazos de la Historia no es tanto. Muchas personas protagonistas siguen vivas, y sus herederos directos (físicos, ideológicos y políticos).
Sea como sea, y con alguna discrepancia sobre el qué y el cómo entre PSOE y Sumar, así como con PNV, el partido que más lo ha pedido en el Congreso, la parte del PSOE ha asegurado que se ha desclasificado el total de todo lo que se tenía. Ese total lo han cifrado en esas ciento cincuenta y tres unidades documentales, que en realidad se han quedado en unas ciento treinta y cuatro, porque no han localizado las que faltan, pero las están buscando (han dicho literalmente en medios). Por un lado, como archivero en ejercicio desde 2009 y como historiador licenciado y en activo desde 2004, la cifra de ciento cincuenta y tres unidades documentales en referencia a un intento de golpe de Estado es una cifra francamente ridícula. Es una cifra poco creíble. Puede que sea esa la cifra claramente detectada a fecha de hoy, a falta de que pueda aparecer algo relacionado en otras cajas de archivo y que en su día no se tuviera la preferencia de darle la mayor relevancia en torno al 23F, porque su peso informativo esté en otro lado, pero lo más probable es que esté dando la razón a la teoría de numerosos historiadores y periodistas sobre el hurto y/o destrucción documental por parte de numerosas personas tanto del Ejército, como de los cuerpos de orden en general, políticos, funcionarios y civiles que, simpatizantes aún del franquismo y anhelantes del triunfo del golpe de 1981 se vieran desesperados a destruirlos u ocultarlos a la carrera, en vista de que el rey Juan Carlos I se puso del lado contrario a los golpistas en su aparición televisiva de la noche de aquel 23 al 24 de febrero.
Otra posibilidad está en que no se haya sacado realmente todo, ya por falta de detección de los documentos en los archivos o ya por otras razones. Quien trabaja en archivos con documentación ya histórica o a punto de serlo, sabe que lo frecuente es que haya numerosas cajas que si bien se sabe que tienen en general, no se sabe aún qué tienen en concreto, especialmente en el Archivo General de la Administración (AGA) y en los archivos generales militares, y no por maldad, sino por falta de todo tipo de medios (humanos, económicos, tiempo, materiales...). Lo que sí me parece una broma es que se saquen ciento treinta y cuatro de las unidades y digan que no encuentran las otras, como si allá donde se archivaran fueran poco menos que desvanes sin orden. Los archivos no son desvanes sin orden. Y quien quiera hacerlo creer, trata de confundir.
Sí que es cierto que a veces el miedo de los funcionarios de archivo a recibir algún tipo de denuncia o advertencia ante tal o cual documento me ha hecho ver que es ese miedo el más les coarta a actuar lo más acertadamente posible, aunque la normativa y la ley les avale. Denuncias locas las hemos visto estos años por todas partes, denuncias que llevan a la autocensura y a coartarse en sus actos uno mismo. Yo soy archivero, no soy funcionario, trabajo por cuenta ajena, pero trabajo mano con mano con los archiveros funcionarios desde 2009 y he visto todo tipo de actitudes y decisiones. Tengo mi opinión en cada caso que pudiera referir.
No es real que se haya desclasificado todo lo que se tiene del 23F. El gobierno ha desclasificado el total (o lo que cree el total) de lo que tiene la Administración General del Estado, que no es lo mismo que todo lo que se tiene. Han dicho (me ha hecho gracia también) que se ha sacado todo lo que había en los cajones de varios Ministerios... Como si no se hubieran cambiado los mobiliarios ni vaciado los cajones y estanterías desde 1981. Es algo absurdo y ridículo. Buena parte estarán transferidos al AGA, y lo que no estará archivado en los propios archivos internos de cada Ministerio. Sea como sea, es parte de la administración general del Estado, pero faltarían otros documentos, como por ejemplo el que han citado en los informativos: el poder judicial no ha desclasificado nada de lo que él tiene sobre el 23F, por lo que todo lo relacionado con el proceso judicial posterior, o papeles relacionados, siguen secretos. Tampoco se ha dicho nada de los archivos de la propia Casa Real, o de los que pueda tener Defensa en los los servicios de inteligencia (CNI), o los militares, y tampoco se ha dicho nada de guardia civil. Así que me siguen suscitando preguntas sobre esa citada totalidad.
Quepa también decir que la Historia no se escribe sólo con la documentación oficial, posiblemente destruida en buena parte el 24 de febrero por gente que no quería ser implicada, aparte de que parece ser que hay mucha cosa informal (en vista de las grabaciones de teléfono y conversaciones transcritas). habría que ver y contrastar el conjunto de memorias de personas relacionadas, algunas ya publicadas, otras quizá aún incluso sin escribir, y los archivos personales con toda su documentación intacta (cartas, diarios, notas, fotos, grabaciones, agendas, etcétera) de personas como pudieran ser Juan Carlos I, Alfonso Suárez, Gutiérrez Mellado, Tejeros, Armada, Milans dels Bosch, y más de un empresario, por poner ejemplos obvios, pues habrá personas menos obvias.
Se ha dicho en radio que el documento más antiguo relacionado es 1975, lo que nos ubica en el mismo año de la muerte de Franco, incluso antes de que se intuyera el comienzo de la Transición. Personalmente yo trabajé varios documentos de esa época cuando se desclasificaron para ponerlos a disposición pública con motivo de estos años de aniversarios de la Transición y sí que creo que los investigadores han de llegar a todos ellos y relacionarlos, porque abren nuevas respuestas a través de nuevos datos que poner en relación. Porque la Historia no es sólo hechos, es análisis, y los análisis son posibles en su mayor acierto cuantos más datos, o incluso sus silencios, se tengan. Pensemos que en cuanto al 23F de 1981 este no fue el primer intento de golpe de Estado fallido, ni tampoco el último, que fue en 1985, aunque ocurrió de manera más callada, menos sonada, sofocado con discreción.
Y luego tenemos que en relación a todo esto se necesita también la consulta de los archivos extranjeros, ya de embajadas como de servicios secretos. Sería interesante conocer lo que Estados Unidos tiene que aportar. En su día se dijo que Estados Unidos tardó un tiempo en contactar con Juan Carlos I por haber acabado con el golpe, hoy sabemos con la desclasificación que Ronald Reagan tardó más de lo que se dijo, varios días más de los que oficialmente se dijo. ¿Por qué? Ese es el oficio del historiador, hacerse preguntas, sobre todo ¿por qué? y tratar de analizar cuál puede ser la respuesta con todos los datos posibles. Pensemos que cuando se asesinó a Carrero Blanco en 1973, también entonces Estados Unidos tardó unos días en mandarle una nota al gobierno español. Pero preguntarse ¿por qué? como historiador no es lo mismo que como especulador, no es crear relatos alternativos, ni bulos, es simplemente herramienta del oficio. Quien pone de relieve Estados Unidos podrá decir Portugal, cuyo proceso democratizador es contemporáneo; Francia, cuyo problema con ETA era común, aunque en esa fecha Francia les era como un santuario; Reino Unido, cuyo interés sobre sus relaciones entorno a Gibraltar podrían estar en su preocupación por el gobierno español; o la Unión Soviética y las relaciones de fuerzas en el Mediterráneo Oriental en plena Guerra Fría ahora que en España estaba legalizado el PCE y el PSOE cobraba fuerza electoral). Sin duda, estos y otros países estarían atentos esos días a lo que en España pasaba.
La desclasificación de los documentos hoy es un paso muy importante, pero aún es algo insuficiente, también porque en Historia las cosas no son compartimentos estancos y todo está relacionado con todo, en su antes y en su después. Por eso nos explica nuestro presente, y a veces nuestro futuro. Así por ejemplo, ¿cómo se encauzó a aquellos que siendo proclives al golpe se mantuvieron inactivos ante la duda del triunfo y posteriormente declarados monárquicos fervientes de Juan Carlos I, y por tanto defensores del actual sistema político por lealtad al rey, que no al sistema en sí? Y sobe todo, ¿quiénes fueron aquellos? ¿Desde donde se han movido y han movido a la sociedad? ¿Quiénes fueron los empresarios simpatizantes? Y de los que se puedan conocer o sospechar, ¿eran parte de los Pactos de la Moncloa apenas unos años antes ocurridos? Quizá se necesita desclasificar también todo lo referente a los Pactos de la Moncloa.
Preguntar, preguntar, preguntar, eso es la Historia, y no, no se contesta en apenas un día, o una semana, o unos pocos meses, como me temo que va a pasar en prensa. Los titulares son periodismo, y los que ellos contengan para informar de lo anunciado en el titular, pero la Historia, tomada en serio, son años de investigación, no menos de un año seguro, pero un buen estudio, varios años, a veces la vida de alguien.
No, el 23F no se va a contestar en todas las perspectivas posibles ya mismo, este 2026, por el mero hecho de esta desclasificación, pero es un paso importante. Hay que valorarlo... y hay que dejar trabajar a los historiadores sin ruido que los ataque, sin ruido de políticos y sin ruido de periodistas. Pero me temo que ahora mismo, políticos y periodistas inmediatos es lo que se quiere escuchar.
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