martes, febrero 17, 2026

NOTICIA 2440ª DESDE EL BAR: COMO ESTÁN LAS CABEZAS

Ayer en un bar del barrio sorprendí a un señor de edad avanzada haciendo una fotografía a escondidas a una de las camareras con su teléfono móvil. Un anciano que de vez en cuando va por allí, un habitual, pero no de los que comúnmente aparecen con normalidad; uno que, además, a poco que escuche algo que no comparte te monta una bronca que normalmente te tragas con patatas por respeto a sus canas, aunque tratas de decirle que cada uno es libre de pensar lo que quiere. Y precisamente, una vez que le delaté, otro cliente me dijo que le respetase sus canas, porque el hombre, viéndose delatado y habiendo comprobado la camarera que efectivamente había hecho una foto sin permiso (le pidió el móvil cuando este trataba de borrar fotos, pero se lo dejó), me habló muy nervioso y enfadado y yo me mantuve firme en decir lo que había hecho. Trataba de defenderse él diciendo que eso había sido un accidente porque no entiende bien el móvil, pero sin embargo, no era así. La barra del bar estaba ayer a esa hora llena de gente y yo me pedí mi botellín en segunda fila, estaba detrás de él y pude ver cómo trataba de ocultar su acto y cómo esperaba el momento para hacer la foto que deseaba. Sabía perfectamente cómo funcionaba la cámara de su teléfono y como hacer fotos. La cosa no fue a más. Todo quedó ahí, siendo ese "ahí" un mal trago para todos. No se le echó del bar, y pudo haber ocurrido y, quizá por ese respeto a sus canas, el único que le dijo algo fui yo, ni siquiera la camarera, que como mucho le dijo con buen tono de voz que si llega a estar ahí su pareja y fuera él quien le hubiera visto y no yo, su pareja le hubiera sacado de la cabeza con una mano. La foto, por otra parte, era bastante inocua, al menos en cualquier mente normal, todo hubiera quedado en un pequeño tirón de orejas de haber sido pillado con las manos en la masa y ya, pero fue el propio señor quien lo elevó todo a bronca con su enfado y su negar lo innegable.

Esto de ayer a mí por lo menos me ha dejado mal sabor de boca, durante toda mi jornada laboral pensaba en esto y en porqué hay que tener estos conflictos. El asunto de lo de respetar las canas me llevó a pensar en otra anécdota hace ya varios años, cuando yendo con una amiga a enseñarle la Fuente de la Salud romana, al otro lado de la carretera, porque ella no la conocía, nos topamos saliendo de entre unos arbustos cruzada la rotonda a un anciano de aspecto físico entrañable abrochándose el cinturón del pantalón mientras al instante salió detrás de él una chica cuya profesión era evidente. Mi amiga se sorprendió mucho de la escena, pero sobre todo de que un anciano tan aparentemente entrañable estuviese en ello. Aquello se pasó con apenas una mala broma sobre que después seguro que iría a ver a sus nietos. 

Pensemos, por otra parte, en aquellos otros ancianos que de vez en cuando aparecen en las noticias por haber asesinado a su también anciana pareja tras varias décadas de matrimonio.

La gente asume en general que sólo por la edad se le ha de dar respeto a alguien. No se le ha de afear nada. Se ha de ser educados con él y hasta comprensivos y complacientes. Esto no es así. De acuerdo que por edad debamos ser más cuidadosos en nuestro trato con esa persona, pero esa persona ha de ser digna de respeto por sí mismo, no por su cúmulo de años. Evidentemente en un conflicto con esa persona no se debe uno enfrentar como si tuviera tu edad, eso no está bien, pero tampoco está bien que salga como si no tuviera importancia lo que quiera que haya hecho. El respeto a las canas no debería implicar una carta blanca a cualquiera de sus actos, en el caso de ayer sacar fotos a escondidas y sin permiso a una camarera. 

Tengo la impresión que en esto las nuevas generaciones también lo han comprendido, lo intergeneracional pasa por un respeto mutuo generación a generación. Los respetos no vienen llovidos del cielo, o por una ética educativa que ya en pleno siglo XXI parece evidenciar que necesita reorganizarse, nuevos medios tecnológicos mediante incluidos.

Cómo están las cabezas, me dijo la camarera pasando el trapo por la barra cerca de mí cuando el señor decidió irse ya del bar. Pues eso, que las cabezas puede que no estén mal y que los hoy ancianos, ayer fueron más jóvenes, y que cada uno llega a su edad con su cabeza. Y: sí, estás se pueden revolver así o así, pero tu cabeza es tu cabeza y, si no estás senil, tu cabeza es la que es. Cómo están las cabezas, sí, cómo están las cabezas.

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