
Quizá a alguien que no tenga trabajo este año, o que no sólo no lo tenga sino que además no tenga ingresos desde hace meses, le interese leer una receta barata, que se puede hacer con lo que hay en la nevera normalmente, que es un poco apañada a la vez para que resulte diferente a lo de cada día, y que además está rica. Me meto en la cocina con cierta frecuencia, experimento con lo que hay, a veces salen buenos platos. No sé si la receta que voy a compartiros voy a hacermela para cenar yo este año, que cenaré solo, pero desde luego es una buena opción... barata y rica, repito. Esta receta ya la compartí cuando se me ocurrió en uno de mis álbumes de fotos Facebook, pero supongo que a los seguidores de esta bitácora podría interesarles. Yo, tras improvisarla, desde luego la anoté paso a paso y ahora de vez en cuando me la repito. De verdad, puede ser una buena opción para estas Navidades tanto para los que vais apurados de dinero, como para los que sólo os teneis a vosotros mismos en casa para comer o cenar. Mejor os la pongo hoy día 20 de Diciembre, antes de que el día 23 hagáis la locura los más apretados de dinero de gastaros en el mercado lo que no podéis gastaros para poder vivir unas semanas más. Claro, que mejor sería si os tocara la Lotería de Navidad el día 22 (así que dejo abierta esta puerta violeta para que lo comprobéis si leéis esto ese día)...
Experimentar es bueno a veces. Y en este caso la receta que me ha salido experimentando es digna de recordarla y repetirla... aunque me temo que para repetirla dependo del bote de mostaza francesa que mi viejo amigo Paulino Merino (el Barón Kaos con el que hice parapente) me regaló de su viaje a los Alpes esta pasada Primavera. Es una mostaza muy fuerte, muy picante. Ya la usé en otra receta. Quien haya probado la mostaza fabricada en Francia sabrá lo que digo, es altamente picante.
La salsa que veis, o el caldo, o no sé cómo llamarlo... no es para nada graso, ni malo para celiacos, ni nada de eso... de hecho es bastanto sana/o. Vamos a explicar la receta:
1.- En un cazo he puesto un poco de aceite de oliva para poder sofreir cebolla y un tomate cortados en cachos muy pequeños. El tomate suelta agua, así que no se sofreíran exactamente, pero se irán haciendo, lo vereis. Aunque bien es cierto que antes de poner ese tomate habremos puesto las cebollas en ese aceite, frio, que se vaya calentando con ellos para evitar que se nos quemen instántaneamente, nos ayudará a controlar que se haga bien.
2.- Según lo veis hacerse encontraréis el momento en el que pondréis un vaso lleno de mitad de agua y otra mitad de tomate frito. Y sal, poca.
3.- Según se ha calentado ahora, añadís una cucharada pequeña de mostaza francesa (supongo que la venderán en algún lugar de España, los grandes almacenes a veces nos sorprenden... es lo que tiene la cultura económica occidental del siglo XXI).
4.- Añadís cominos, no abuséis, y dais vueltas.
5.- Cuando está cociendo ponéis dentro calamares y guisantes y pasáis de cocinar de fuego medio a un fuego lento. Cuando vuelva a reactivarse la cocción burbujeante, que tardará, lo dejáis un rato así. Cogerá el líquido una textura y un sabor muy rico, tanto como naranja.
Y esta receta se llamará Calamares Pies Negros, el nombre me lo ha dado, mi también amiga, la editora y poetisa Carmen Herrera por cuestiones de origen de los ingredientes. El comino es de origen magrebí (diversas poblaciones del Magreb han recibido por cuestiones obvias étnicas y del desierto el denominativo de "pies negros") y la mostaza es francesa, me dice. Y en vista de que la mostaza es francesa: "pies negros" fueron llamados los franceses que vivieron en Argelia cuando era francesa, entre los siglos XIX y XX (de 1830 a 1962), que tras la independencia de Argelia, mediante una guerra, tuvieron que irse de allí de vuelta a Francia.
Que os aproveche. Merece la pena.





