martes, febrero 18, 2020

NOTICIA 1941ª DESDE EL BAR: PASADO Y FUTURO DEL PALACIO ARZOBISPAL DE ALCALÁ DE HENARES

(Volumetría de los restos actuales del Palacio con el Museo Arqueológico Regional a la derecha. Dibujo de Francisco Bedoya.)

Desde el pasado 13 de noviembre y hasta el próximo 12 de abril el Museo Arqueológico Regional de Madrid, ubicado en la Plaza de las Bernardas de Alcalá de Henares, alberga la exposición temporal y gratuita "De Palacio a Casa de los Arqueológos". Tuve la oportunidad de ir a visitarla el pasado sábado y quedarme con la constatación de que se trata de una exposición de Historia de Alcalá que en realidad es mera excusa para autopublicitar las intenciones y el futuro del Museo Arqueológico Regional. Posiblemente sea una exposición que se le ha pasado por alto a muchos alcalaínos, pero en ella se contiene lo que probablemente será una parte importante del futuro cultural de la ciudad, incluyendo un posible conflicto ecológico del que la prensa local no ha querido hacerse eco o bien no ha querido plantearlo, centrados en promocionar las noticias de exposiciones que el propio museo les pasa.

Empezaré reconociendo que la exposición era sumamente necesaria. Si bien se han realizado diversas campañas arqueológicas en el Palacio Arzobispal, se ha creado un museo al aire libre con algunos de los restos por dentro del recinto amurallado y se escribió un libro hace años sobre su incendio, el cual se completa con uno nuevo de parte del propio Museo con más información documentada y con la propuesta sobre el futuro de los restos, aún con toda una buena parte de la población desconoce el pasado del Palacio, su papel en la Historia tanto de Alcalá como de España, y si acaso mal conoce a modo rumores su incendio en 1939. Por todo ello, la ciudad le debía al Palacio Arzobispal, que tanta influencia tuvo en la Historia local y la española, una exposición como esta que le narrara de forma fácil y visual el pasado y el presente del Palacio, pero especialmente su destrucción y su recuperación arqueológica que nos ha dado la fisonomía que hoy día conocemos en su forma de ruinas principalmente, precisamente donde se explaya necesariamente esta exposición.

Podemos ver numerosas piezas y documentos, videos con documentales con voces vivas aún, etcétera. Destaca la maqueta que reproduce el palacio entre los siglos XVI y XVII, mostrando todas sus edificaciones, incluidos los miradores y las torres barrocas desaparecidas y los jardines con los que se recreó Isabel I "la Católica" en el paso del siglo XV al XVI y poseteriormente el Cardenal Lorenzana y otros en el XVII. Unos jardines desaparecidos para usar su espacio en un horrible aparcamiento de tierra que sirve de antesala ocasional para el paso a conciertos y eventos del mercado cervantino. Más merecería la pena recuperar esos ajardinamientos que ahondar en el culto al coche aparcado, pero no está en el actual proyecto de futuro que se presenta ni la más mínima intención de recuperar esos jardines, por otra parte: alguna vez reivindicados por los historiadores del valle del Henares. Yo mismo se lo he oído en persona comentarlo informalmente el cronista oficial actual de la ciudad, Sánchez Moltó. Al menos lo hizo en el encuentro de estos mismos historiadores hace unos cuatro o cinco años.

El Palacio Arzobispal comenzó a construirse en el siglo XIII por el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, a partir de las murallas de lo que era un qun musulmán (unas especie de acuartelamiento amurallado). Albergó arzobispos toledanos y reyes castellanos a lo largo de la Edad Media, siendo escenario del tratado entre los reinos de Castilla y de Aragón en 1308 para intentar conquistar Granada, la reunión de 1348 de las Cortes Castellanas, la muerte accidental de Juan I de Castilla en la Puerta de Burgos en 1390, la participación alcalaína por parte del Arzobispo Carrillo a favor de Juana "la Beltraneja" en la Guerra de Sucesión Castellana de 1475-1479, la residencia y planes de transformación del Cardenal Cisneros, la primera entrevista de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón en 1486, el nacimiento de Catalina de Aragón, también el de Fernando I de Austria, un breve momento de estancia en el presidio del rey Francisco I de Francia en España, diversas modificaciones entre 1523 y 1545, el intento inútil de cura milagrosa del primogénito de Felipe II con los restos de San Diego, las reformas y ajardinamientos nuevos en los primeros años del siglo XVII, la pernocta de Carlos III a su llegada a España antes de entrar en Madrid para su coronación en 1759, la residencia de las tropas francesas durante la Guerra de Independencia de 1808 y hasta su ida en 1813 (José I pasó alguna noche en Alcalá, pero no se hospedó aquí), la desamortizaciones de 1841 y de 1855, acusando ruina en 1857, su nombramiento como Archivo General Central en 1858, lo que hace que tenga diversas reformas desde 1860 (no obstante en los siglos previos albergaba de por sí numerosos documentos para la administración del Estado), su apogeo como archivo estatal en 1926, su incendio accidental y destrucción de su mayor parte artística y arquitectónica recién terminada la guerra civil en 1939 por usarse sus instalaciones con vehículos y material bélicos, lo que supuso la pérdida de mucha documentación, pero no tanta como podría haber sido pues se había comenzado a trasladar décadas atrás la documentación más antigua al Archivo Histórico Nacional, la demolición de los restos de las alas norte y este, la pérdida de jardines y huertos, la recuperación en los años 1990 de parte del edificio del seminario y sus estudios históricos y arqueológicos, el cese por parte del obispado del usufructo de los solares y patios al ayuntamiento de Alcalá de Henares en 1998 coincidiendo con el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad (momento en el que se inició la recuperación y rehabilitación de varios espacios en estado ruinoso), el uso de su interior para conciertos y fuegos artificiales en ferias de agosto y mercados cervantinos en octubre y representaciones del Don Juan en noviembre, la programación de un proyecto de recuperación arqueológica por parte del Museo Arqueológico Regional de Madrid a partir de 2014, la transferencia en 2017 por parte del ayuntamiento del usufructo de los solares y patios del Palacio a la Comunidad Autónoma de Madrid para que el Museo Arqueológico Regional desarrolle su proyecto, y definitivamente la presentación pública de este proyecto, llamado Casa de los Arqueólogos, a través de la presente exposición y su libro en 2019-2020, momento en el cual nos encontramos.

El Museo Arqueológico Regional vive estos últimos años una ampliación física a costa de los solares de lo que fue la antigua comisaria de policía de Alcalá, la cual fue demolida para construir esa ampliación, así como otra ampliación menos llamativa al usar los locales de lo que fue la antigua oficina de la seguridad social en la calle Rico Home con Santa Catalina para actividades de investigación y biblioteca de momento. Lo que presentan ahora es un proyecto ambicioso donde también interviene la Asociación para la Recuperación del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares (ARPA). No se trata de reconstruir las antiguas edificaciones, cosa no imposible, visto lo visto en Notre Dame de París o el propio alcázar de Segovia muchos años más atrás. Se trata de recuperar espacios edificados y aprovechar, como mucho, los restos de algunas de las torres y muros que quedan en pie en estado ruinoso. O en otras palabras: se va a hacer arquitectura actual siguiendo parte de las ubicaciones antiguas de otras estructuras y aprovechando algunas de las partes que se podrían rehabilitar. 

Todo esto está visualmente explicado y expuesto en el final de la exposición... sólo que tras cortinillas verdes, lo que hace que quede un poco oculta al visitante y, aunque está en el último tramo de la exposición, casi invita a no entrar por duda de si se puede entrar en ese espacio o está tapado porque estén montando algo. Un error a la hora de crear esta temporal, o quizá no era error pensarlo así... 

La idea es crear en esos nuevos espacios las infraestructuras futuras gestionadas por el Museo para la investigación de los arqueológos, incluyendo salas de estudio, biblioteca, archivo, no sé si para hacer algunas investigaciones de tipo material y experimental. Desde luego sería una modernización y una actualización del concepto del papel de los museos en la actualidad investigadora y cultural. Será un nuevo aporte que anotarse en su haber Alcalá de Henares en su contribución al conocimiento. 

Nada habría de problema, si no fuera porque por lo que se lee en los paneles, lo que se ve en las proyecciones de lo que se desea hacer y lo que por fuerza sería al ponerse a funcionar, amenaza seria y claramente a los numerosos nidos de cigüeñas y águilas primilla que se ubican precisamente en los restos elegidos para levantar estos espacios nuevos. Torre y muros de edificio. Este espacio, visible desde el actual aparcamiento, tiene uno de los principales focos de habitación de estos animales, por otra parte protegidos, en amenaza de especie de extinción, objeto de la primera normativa protectora que hizo una ciudad en España, símbolo de Alcalá, parte de su fauna y riqueza, y sí, también, atracitvo turístico y parte de la cultura e Historia de la ciudad. La ausencia de este análisis en la prensa local, el silencio por parte de todas las instituciones implicadas y las claras explicaciones de lo que será el proyecto en los paneles de la exposición hacen pensar lo peor.

Si es deseable recuperar de alguna manera lo perdido, no olvidemos que en esa pérdida tuvimos la ganancia de esa fauna que nos eligió y que ya de por sí se ve afectada por el cierre del vertedero sin que se hayan creado aún en forma debida comederos adecuados para ellas. Todo proyecto debe pasar por respetarlas, y un uso humano de los lugares donde viven, aparte de obras de construcción previas, atenta contra ellas. Se debería estudiar cómo conservarlas en ese mismo sitio, o al menos como trasladar sus nidos, si es que eso es viable, dentro del propio recinto. Los expertos deberían comenzar a pensar en esto antes de que todo ocurra y, por no haberse querido hablar de ello, al final sólo lloremos lo perdido sin haber hecho nada por no perderlo. Lo dice alguien que ya colaboró con Ciconia en los primeros años 2000 para evitar que se quitaran los nidos de encima de la catedral. 

Saludos y que la cerveza os acompañe.


viernes, febrero 14, 2020

NOTICIA 1940ª DESDE EL BAR: UNA NUEVA VIDA PARA ALCALÁ EN EL SIGLO XIX (y 5 de 5)


3.2.- La Guerra de Independencia 1808-1814 en Alcalá de Henares, el parto de un liberalismo con un comienzo traumático en su apogeo del Trienio Liberal de 1820-1823 (2).

Guadalajara, francesa en ese momento, capituló y a todos los presos que se hicieron se les trajo a Alcalá de Henares. El día 22 fueron enviados a Madrid. Entre los que se llevaron estaba Novella, a varios alcalaínos no les pareció justo que se le hiciera aquello. Cándido Riaza, sobrino de Juan Domingo Palomar se fue de guerrillero con “El Empecinado” en calidad de tirador. El 28 y el 29 de ese mes se juró solemnemente la Constitución en Alcalá. El nuevo ayuntamiento constitucional fue nombrado el 11 de octubre, fueron Juan José Landa, el cura Heredero, y Pedro Tejada como electores parroquiales para la elección de diputados por el distrito de Santa María y Jerónimo López y el doctor Barco para el distrito de San Justo. Se levantó una placa proclamando la Constitución con grandes fiestas que incluyeron fuegos artificiales.

El día 25 de octubre entraron en Alcalá los ingleses. Juan Domingo Palomar escribió:

“El día 25 entró en esta ciudad la primera tropa inglesa y portuguesa en número de unos cinco mil hombres, buena gente, toda de infantería; y el 27 por la mañana, a las siete, marchó con dirección al Tajo, donde han llegado los enemigos. Son nuestros defensores y los que nos han dado la libertad los ingleses: no son gravosos porque los víveres, y casi todos los transportes necesarios, los traen consigo, pero se alojan militarmente, y tanto ellos como los portugueses son muy aficionados a robar, propiedad de toda la soldadesca en general, y han incomodado demasiado en las casas de vecindario.”[56]

O en otras palabras, causaban los mismos estragos que los franceses entre los alcalaínos, pero al recibirlos como libertadores los exculpaba el autor del diario. La alegría les duraría poco, el día 2 de noviembre volvieron las tropas francesas a Madrid y a Guadalajara, por lo que las tropas aliadas se fueron de Alcalá dejando a los habitantes a su suerte. Muchos documentos fueron llevados consigo por unos y otros. Todavía se volvieron a ir los franceses de Madrid el día 7, pero volvieron el 3 de diciembre. Esta vez José I volvía acompañado de varios guerrilleros españoles leales a él, como el citado “El Manco”. El día 5 de diciembre los franceses regresaron a Alcalá de Henares con ropas y enseres que requisaron de otros municipios. El general Palombini y sus italianos era uno de los que entraron. Viendo y sabiendo todo lo que había ocurrido en la ciudad se dio permiso para cometer saqueos indiscriminados. Dejó una guarnición de seiscientos hombres al mando de un francés llamado Soult del que Palomar escribió “Somos esclavos de estos caribes, y sobre la esclavitud tenemos que hacerles el gasto de leña, carbón, aceite, camas, manteles, sal, pimienta, y toman cuanto hay en la casa que quieren o necesitan”[57]. O en otras palabras, si le parecía bien que se lo robasen los ingleses, le parecía mal que tuvieran que abastecer con la ley de José I a los franceses. Y es que habían vuelto de nuevo una enorme cantidad de impuestos y de órdenes militares de avituallamiento.

El 7 de Diciembre de 1812 nombraron juez de primera instancia en Madrid a Roque Novella, que volvía a ser libre como tantos otros afrancesados, alguno de los cuáles fue temido su regreso por los que eran leales a Fernando VII, como Tramaria, pues no obstante algunos habían sido delatados y entregados a los fernandinos o bien habían sufrido injurias y abusos durante su breve derrota. El día 16 se nombró un nuevo subprefecto y se hizo regresar a los empleados temidos. El subprefecto fue Barandalla, que era en esos momentos médico de Parla, y se trajo de empleados a Soto y a Félix Cárdenas, y como agregado militar al ya citado  Villagarcía. Este militar mató el día 20 a un estudiante llamado Antonio Allier a sablazos sin saberse los porqués y sin que le arrestase ni se investigase la causa al momento, en enero del año siguiente se llevaría a cabo el juicio y quedó totalmente exculpado del crimen.

1813 comenzaba con subidas del precio del pan, con prisiones y persecuciones, y con la petición de mantas y colchones. Barandalla quiso poner orden según las nuevas normativas militares que se habían dado, por lo que retribuyó a aquellos que cometieran delaciones. Los castigos que se aplicaron, por otra parte, eran castigos fuertes para causar ejemplo, mientras las autoridades eran muy laxas con los excesos de la tropa francesa. Así por ejemplo se llegó a fusilar a cinco alcalaínos durante una salida de la tropa francesa de la ciudad, esta ejecución no estaba en la autoridad de Barandalla, sino en la autoridad militar de los franceses. En otro caso los oficiales franceses y afrancesados permitieron a una columna entera provocar a los vecinos y cometer abusos. La táctica ahora parecía haber pasado a una fase de provocar terror. Se sabía también que los sacerdotes eran el principal objeto de maltrato por parte francesa. El día 2 de abril el general Soult vino a instalarse en Alcalá, uno de los españoles que llevaban la administración local en ese momento, Gallardo, decidió que se le volviese a pagar a él los impuestos que ya habían sido pagados. No obstante, los combates con los empecinados volvían a estar cercanos. Las columnas francesas se sucedían en los relevos unas a otras y se recibían noticias de curas presos de localidades cercanas.

Juan José Landa, que en estos momentos ejercía de comerciante, que era la actividad que se le asignaba a su familia desde hacía décadas, tuvo que alojar en su casa a un teniente coronel y a varios oficiales. Les recibió afirmativamente pero no se quitó el sombrero. En la escalera principal de la casa un oficial se lo tiró de un manotazo. El hijo recriminó al oficial. Fue abofeteado. Hubo insultos. Los oficiales se fueron y Juan José Landa huyó; al regresar los franceses se llevaron presos al hijo y al yerno, llamaron a Juan José Landa tres veces en una plaza pública, vino a la tercera vez y también le hicieron preso. La ciudad quedó escandalizada. Fueron liberados por dinero, una multa. Pero sin duda se había tocado a una de las personas notables del nacido liberalismo alcalaíno[58].

Ante la cercanía de los guerrilleros los franceses volvieron a llevarse cuanto pudieron tanto como abastecimiento como por robo. El día 10 entraron los guerrilleros de nuevo en la ciudad con un festejo aún mayor que la vez anterior. Sin embargo, el día 20 de abril numerosas fuerzas francesas a las órdenes del mariscal Soult regresaron a Alcalá, que fue evacuada con rapidez por los guerrilleros. Alcalá pagó cara su afinidad a los fernandinos constitucionalistas. Se dejó que los soldados franceses saquearan, asesinaran, violaran y destruyeran a su antojo a lo largo del día 21 de abril. Los gritos de las mujeres eran oídas por la noche causando indignación incluso entre los alcalaínos afrancesados. En el convento de las Bernardas pisotearon los óleos bendecidos. Esteban Azaña contó los hechos de lo que ocurrió en aquel convento en su libro de historia, su testimonio es corroborado por Lucas del Campo, otro político coetáneo de él a finales del siglo XIX, gracias a que los documentos del ayuntamiento de la época tomaron precisamente registro de todo lo ocurrido, quizá para quejarse, quizá para guardar memoria. 

Según la versión de Esteban Azaña las tropas francesas forzaron, profanaron y saquearon el templo y convento, destruyendo además las santas formas (las obleas bendecidas) y diversas parafernalias del culto. El general destinado en la plaza alcalaína se asentó en el Palacio Arzobispal, quiso que la tropa se alojara en el convento. Cuando lo logró, un soldado le dijo que había visto a tres monjas de 25 a 27 años que eran muy guapas. El general asentado en el palacio ya había visto a una que realmente le gustó. El general mandó a la priora que se las mandara a palacio, la priora se negó, el general amenazó con asaltar el convento por la mañana, pues ahora que podía alojar a sus tropas él tenía que desalojar el convento de las monjas, quería el convento como cuartel tal como había obtenido permiso. Le puso de tope el 21 de abril. Ellas se habían escondido en el techo con el cura que las asistía, se negaron a salir. Las tropas rodearon el frontal y el largo del convento para que no huyeran. Sin embargo a la mañana siguiente el general amaneció muerto en su dormitorio, donde fue a descansar en espera. Las monjas, se dice, rezaron en gracias al “milagro”. La fuente de esto, que es la familia de escribanos Azaña, decían que se conocía las intenciones del francés por toda Alcalá, pues el sirviente del francés en el palacio, un español, se lo había oído a la hora de la comida. Eso no evitó el saqueo del templo ya citado, sin olvidar que esa noche la población de Alcalá sufrió en gran medida. Desde entonces y reafirmado desde 1844, si se entra en la iglesia de las Bernardas de Alcalá de Henares a lo largo de un 21 de abril y se deja allí una ofrenda o se participa de su misa, se tiene indulgencia de todos los pecados. ¿Razón? Fue concedido por el Papa que hubo en la década de 1820, León XII.

Los días 21 y 22 las tropas de Soult se fueron a Guadalajara para traer consigo todo lo que pudieron coger allí de abastecimiento. El día 25 regresó a Madrid. El 27 volvió a apresarse a Juan José Landa, ahora junto a su esposa. El ayuntamiento intercedió por ellos para que obtuvieran la libertad, cosa que se logró al día siguiente. Alguien les había delatado como personas que alojaban o ayudaban a guerrilleros. Se hizo cargo de la ciudad el general Ormancei. Que será el último general que en mayo recibirá una derrota grande en el puente del Zulema, hoy destruido por la explosión de 1947. Juan Martín “el Empecinado” liberó Alcalá definitivamente con una emboscada maestra donde unas centenas de guerrilleros acabaron con millares de franceses. Los franceses en breve se tendrían que retirar de Madrid. Mientras tanto el precio del pan bajaba paulatinamente.

El 2 de junio Joaquín Garcés, que había jurado la Constitución, tuvo reticencias iniciales para retomar el ayuntamiento leal a Fernando VII, por miedo a precipitarse y que regresaran los franceses, pero al final aceptó el cargo de nuevo alcalde[59]. Aunque los franceses no iban a volver a Alcalá, la guerra continuaba y sus decisiones debían de ser decisiones de contribución de guerra, más teniendo en cuenta el esfuerzo de la liberación de la ciudad. Las tropas constitucionales estaban también muy necesitadas de avituallamiento, sobre todo porque los franceses habían arrasado con todo lo que pudieron. Así pues, Garcés decidió cobrar nuevos impuestos esta vez aplicando la ley constitucional, o sea: haciendo que pagasen impuestos también los nobles y los sacerdotes de acuerdo a sus rentas, cosa que ya se hacía con José I, pero que nunca se había hecho antes. Aquí comenzaron los primeros enfrentamientos entre casas nobiliarias y gobierno constitucional. Los pudientes nobles usaron al Jefe Político, Ignacio Arratia, en su defensa. Hubo un alza de precio por escasez de suministros. El 21 de septiembre contribuyeron porque el jefe de tiradores de Sigüenza llegado a la ciudad les puso en evidencia y en cierto modo ejerció presión con sus hombres y armas. Hubo crisis de gobierno municipal, caídas y ascensos políticos. Conspiraciones de poder. Tiras y aflojas entre el viejo orden y el nuevo orden. El periodo final de la Guerra de la Independencia en Alcalá es conocida como la Revuelta de los Privilegiados, según como la han nombrado los historiadores que más la han trabajado en el libro de La ciudad oculta. El 18 de julio de 1813 los privilegiados mandaron un informe sobre José Antonio Barandalla durante la etapa josefina a Fernando VII. Fue exculpado por otros motivos que se alegaron a su favor. A comienzos de 1814 Fernando VII ya se veía como vencedor y traía de vuelta con él el sistema absolutista, los absolutistas se crecieron. Se consolidaron el 22 de marzo en el Manifiesto de los Persas.

Una de las primeras cosas que hizo Fernando VII por Alcalá fue la ya citada supresión de la orden de los liberales de trasladar la Universidad a Madrid en 1814. El sacerdote Nicolás Heredero, último de los cargos electos constitucionalmente en Alcalá junto a José Rayón, inauguró un nuevo curso siendo catedrático de Retórica y canónigo de la Iglesia Magistral. En su discurso loó a Fernando VII con puyas a los liberales, aunque curiosamente él no sólo era liberal, sino que además volvió a participar de un gobierno liberal en la ciudad en el periodo del Trienio de 1820-1823. Fue depurado por Fernando VII en 1824, y repuesto en 1834, ya anciano y con el rey muerto.

Como ya se ha dicho se comenzó una persecución a los liberales sobre todo con la guerra ya terminada. El epicentro en la ciudad será el Colegio de Málaga. Allí se instruirían alumnos que chocaron constantemente con los soldados del regimiento de zapadores y de la academia de ingenieros. Uno de los conflictos más señalados ocurrió el 16 de abril de 1815 en una obra de teatro en el Corral de Comedias. Como solución se prohibieron las obras de teatro, para malestar de toda la población. En 1819 Miguel Azaña registró la existencia incluso de insultos por este motivo.

Aunque se realizaron tertulias liberales en la Universidad, los liberales fueron muy perseguidos, por lo que pasaron a ser sociedades secretas. La Universidad se apegaba así a un modo de ser ultracatólico o ultramontano, como se prefiera. Sin embargo, curiosamente, cuando el 20 de marzo de 1820 dio el golpe de Estado el teniente Rafael Riego en Cabezas de San Juan y proclamó de nuevo la Constitución, estudiantes y zapadores alcalaínos se unieron para proclamar juntos por las calles el nuevo régimen. Se estableció la obligación de enseñar la Constitución en la Universidad y en las iglesias, aunque sólo una iglesia lo cumplió, no por mucho tiempo, pues su sacerdote fue destituido.  El clero alcalaíno era claramente absolutista en su mayoría. Los liberales se empeñaron en que se aclarara desde la educación que la Constitución no estaba reñida con la religión. Nicolas Heredero y José Rayón volvieron a ser repuestos por las urnas en sus cargos municipales, pero a la vez fueron elegidos en el ayuntamiento extremados y retrógrados absolutistas como Lorenzo de la Torre y José Agustín Jabonero. La sociedad estaba dividida en los extremos. Se compuso una milicia nacional liberal, la cual supuso incomodidades sobre su composición, ya que el equipamiento recayó en los económicamente pudientes, tuvieron obligación de sufragarles equipo. Pero aunque los cambios eran muchos para algunos liberales esto era poco, algunos pedían una democracia aún más radical y total que alcanzara a todos los sectores sociales, estos fueron los llamados exaltados. Mientras los liberales se dividían en dos grupos enfrentados, ambos grupos se unían a la hora de chocar con los serviles o fieles conservadores del Antiguo Régimen, los cuáles llamaban “negros” a los liberales.

El Colegio de Málaga, como centro neurálgico del liberalismo fundó la primera sociedad patriótica de la región madrileña. Se fundó en abril de 1820, celebró su segunda sesión el día 14 con un discurso del doctor Joaquín Lumbrera. Lo fundamental era la explicación del “sagrado Código” [la Constitución] a agricultores y artesanos. Luego pasó a ser llamada tertulia patriótica según el diario El Espectador del 1 de agosto de 1821. Y esa era otra cuestión, la ciudad vio crecer y enriquecerse sus publicaciones gracias a la libertad de prensa.

Manuel Martín-Esperanza fue nombrado alcalde, luego Isidro Escobar y Lizana, y Lumbreras creó un plan de estudios del curso 1820-1821 centrado en explicar la Constitución y la democracia. El 9 de junio de 1821 los liberales quisieron acabar con la Universidad, como ya se explicó páginas atrás. Cerró en el curso 1822-1823 causando pérdidas económicas y despego a los liberales por una parte de la sociedad alcalaína que aún no les había sido desfavorables, si es que la obligación de equipar a las milicias no había sido suficiente, y es que no sólo era equipar, sino que también tuvieron que aportar voluntarios; en las milicias había personas liberales como los Corera, los Landa, los Recio, los Aldama, los Calzada o los Caterineu, entre muchos otros. El ayuntamiento mandó una representación a las  Cortes el 20 de agosto para conservar la Univesidad, como se explicó no fue sincero el apoyo de algunos catedráticos que les acompañaron. No se pudo evitar el cierre ese curso.

En las elecciones abril de 1820 Lumbreras fue elegido representante liberal frente a Fernando Sabugo e Ignacio Urrutia, conservadores. El 18 de febrero de 1822 se produjeron disturbios con disparos entre un soldado y estudiantes a costa del insulto de los estudiantes a este soldado, toda la ciudad se alborotó. Tuvo que intervenir un oficial que le pidió al rector que contuviera a los muchos estudiantes que no paraban de insultar a los soldados desde las ventanas universitarias, fue difícil traer la paz. Quizá por todo esto nacieron ahora guerrillas ultraconservadoras que se dedicaban a entorpecer el gobierno liberal, cuando no a matar o robar a liberales. Fue el caso de un sacerdote llamado Francisco Marzá, del que habla Esteban Azaña como liberal, y al cual contestó José Demetrio Calleja, como absolutista. Francisco Marzá, sacerdote guerrillero absolutista, fue sorprendido y ejecutado en Alcalá de Henares en el verano de 1822, cuando fue descubierto por un mozo de una posada que le vio por la mirilla de la puerta sacando pistolas de su equipaje, cosa que ocurrió en la calle Libreros. El caso fue importante, pues para los conservadores la ejecución de este sacerdote era la prueba de la malignidad del ser de los liberales.

El Congreso de Verona mandó a los Cien Mil Hijos de San Luis a España el 21 de noviembre de 1822. Esto envalentonó a las partidas realistas para cometer asesinatos. El caso de Marzá apareció en ese contexto. En Enero de 1823 el ayuntamiento se indignó con la decisión del Congreso de Verona y mandó un escrito de protesta al gobierno central. Los soldados franceses y españoles realistas obtuvieron resistencia de Torrejón de Ardoz y de Alcalá de Henares, según Azaña, pero ambas localidades cayeron. Fue casi un paseo militar de los absolutistas. No obstante, ante los atropellos de represalias de los absolutistas españoles contra lo liberales, hubo la necesidad de que el francés duque de Angulema pusiera fin a los asesinatos arbitrarios de las partidas absolutistas españolas.

El 8 de julio de 1823 los alcalaínos absolutistas desenterraron el cadáver de Marzá y le rindieron culto sacado al aire en la Iglesia Magistral. A partir de ahí se procedió a la depuración de los maestros universitarios, a la petición del claustro de reprimirles, a los disturbios donde se les fue a buscar, apalear y quemar sus casas, etcétera. José Laso formó ahora las milicias de los voluntarios realistas, pero a diferencia de las milicias liberales anteriores tardó en formarlas por falta de voluntarios. Lo logró el 28 de septiembre. Desde los púlpitos alcalaínos se habló de los liberales como del mal en estado puro. Hubo una persecución de los universitarios del Colegio de Málaga, que volvieron a las sociedades secretas y, ahora también, masónicas. El día de San Lorenzo de 1823 fue el día de las turbas citadas contra los liberales, que se llegaron a comparar con los hechos del 21 de abril de 1813. Entre 1824 a 1829 el escribano Francisco Huerta, que había sido uno de los escribanos del proceso de 1793, opinó que las tertulias y juntas liberales no debían ser permitidas para poder mantener el orden. El 29 de enero de 1827 se sabe que los liberales distribuían pasquines liberales con vivas a la constitución en la calle Mayor y la Plaza de Mercado (de Cervantes), a pesar de estar prohibidos. Y la división prosiguió así hasta la muerte de Fernando VII en 1833, con algún freno en 1830 (año de la supresión de la ley sálica) pues la reina regente en nombre de la reina aún niña Isabel II, necesitaría de los liberales para mantener el trono y combatir a los carlistas.

Y es así como poco a poco se fue conformando en la ciudad la tendencia liberal en contraposición de la absolutista, fuerza políticas ambas que con el tiempo, finales del siglo XIX y tras varios sucesos más, cambiarán y se dividirán hasta formar por ejemplo las corrientes republicanas y las socialistas o las más puramente de derechas, según la tendencia. Baste citar por ejemplo a Esteban Azaña cuando nos recordaba en 1882 como en 1814 se puso una lápida en el puente del Zulema en memoria de la heroicidad de Juan Martín “el Empecinado” de haber liberado la ciudad en 1813, y como esta fue derribada y destruida por los absolutistas en 1823 a costa de que este hombre fue uno de los liberales del Trienio, asesinado en aplicación de la Ley de Fugas por los absolutistas. Durante el resto del siglo y gracias al ascenso político de los liberales en la década de 1830, los liberales complutenses pedirán a la reina Isabel II varias veces que se le reponga algún tipo de monumento a Juan Martín en la ciudad, sin obtener nunca respuesta favorable o como mucho recibiendo largas. Al fin se obtuvo respuesta favorable firme en la década de 1860, sin Isabel II, pero el monumento no se creó de manera inmediata y cuando se hizo era demasiado al estilo francés, por lo que se tuvo que retirar y construir uno nuevo basado en la líneas generales de aquel. Este, el nuevo monumento, que es el que hoy perdura en la Plaza del Empecinado, es de 1879, se trata de una columna en mitad de un jardincillo que sostiene la cabeza en bronce del héroe con un lema. Se ubica en la calle que da al antiguo camino que por la Puerta del Vado (hoy plaza), se llegaba al puente del Zulema, y que por tanto es por donde entró “el Empecinado” en Alcalá, aunque, incluso para los alcalaínos de 1879, este era un lugar retirado y poco visible, aunque bien contentos estaban tras tantas décadas de esperar este reconocimiento. Así de difícil estaban las cosas para los que creían en mayores derechos y libertades en una época tan convulsa como apasionante. En una ciudad que si bien tuvo mejores tiempos, los que vivía eran otra historia que habría de configurar su Historia futura como en silencio tácito, como en susurro, sólo para que ahora podamos escucharlo bien fuerte.

Daniel López-Serrano Páez “Canichu”
Alcalá de Henares, 4 de octubre de 2014.


ARCHIVOS CONSULTADOS

Archivo Histórico Nacional (AHN).
Archivo General de la Administración (AGA).
Archivo Municipal de Alcalá de Henares (AMAH).

BIBLIOGRAFÍA

AZAÑA CATARINEU, Esteban, Historia de Alcalá de Henares, ed. Universidad de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, 1986. Edición facsímil del original de 1882.
AZAÑA DÍAZ, Manuel, En el jardín de los frailes, ed. El País, Madrid, 2003, libro original de 1927.
BRIHUEGA MORENO, Urbano, La instrucción pública en Alcalá de Henares, el periodo entre repúblicas 1873-1939, ed. Fundación Colegio del Rey, Alcalá de Henares, 2005.
DE ASÍS PALOU, Francisco, Historia de la ciudad de Alcalá de Henares. 1ª Parte, Imprenta Española, Madrid, 1866.
[DOMINGO PALOMAR, Juan], Diario de un patriota complutense en la Guerra de la Independencia, con un prólogo y notas de J. C. G., edición facsímil, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares, 1991.
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[56]              En Diario de un patriota complutense en la Guerra de Independencia, pp. 93 a 95.
[57]              En Diario de un patriota complutense en la Guerra de Independencia, p. 96.
[58]              Op. Cit. nota 9; p. 104.
[59]              Op. Cit. nota 9; p. 612.

NOTICIA 1939ª DESDE EL BAR: UNA NUEVA VIDA PARA ALCALÁ EN EL SIGLO XIX (4 de 5)



3.2.- La Guerra de Independencia 1808-1814 en Alcalá de Henares, el parto de un liberalismo con un comienzo traumático en su apogeo del Trienio Liberal de 1820-1823 (1).

El gobierno de Carlos IV había tomado por valido para gobernar a Godoy desde hacía unos años y fue este quien permitió el paso de los franceses por suelo español hacia Portugal con la finalidad de invadirla en 1808. Los franceses en realidad tenían otros planes que incluían la invasión de la península Ibérica completa, a pesar de que España era su aliada y que incluso se había combatido conjuntamente contra los ingleses en 1805, en Trafalgar. La derrota en aquel mar fue en buena parte responsabilidad de los militares franceses que prefirieron no prestar atención a los consejos de los militares españoles que conocían el terreno por ser sus aguas, pero Napoleón Bonaparte consideró que la responsabilidad era española. Que además los españoles se negaran a invadir por tierra a Inglaterra disgustó más a Napoleón. La idea imperial francesa era hacerse con España y Portugal para poder realizar un bloqueo efectivo contra los anglosajones. Carlos IV acumulaba ya demasiados errores en su gobierno que habían provocado un gran descontento en la población, por ello fue forzado a abdicar en favor de su hijo Fernando VII, quien a la vez fue obligado en Bayona a abdicar en favor del hermano de Napoleón, José I Bonaparte. Aunque Fernando VII se arrepentiría posteriormente viendo que los españoles eran los primeros europeos en infligir derrotas a los napoleónicos en nombre de él, se abrió así una guerra de independencia iniciada el 2 de mayo de 1808. Sin embargo no eran pocos los españoles que consideraban que el Antiguo Régimen debía tocar su final e introducir cambios democratizadores en la vida española. No pocos españoles se hicieron afrancesados sinceros, mientras otros juraron cargos en falso a favor de José I. Otra parte de los españoles se hicieron abiertamente contrarios a José I lanzándose al monte a combatir o enganchándose a lo que quedaba del ejército regular, que si bien obtuvo victorias, también recibió enormes derrotas. Dentro de los leales a Fernando VII tendremos tanto a los conservadores más acérrimos que no deseaban cambiar nada de la monarquía absolutista y aquellos que queriendo a Fernando VII por rey, y sin renegar de la religión católica como los franceses más profundamente revolucionarios, abrazaron un orden democrático materializado en la Constitución de Cádiz de 1812, estos serán los liberales.

Explicado brevemente el comienzo de la Guerra de Independencia, ¿cómo se desarrolló en Alcalá ahora que sabemos de la presencia de revolucionarios franceses en 1793 y de sus influencias sociales? Estos revolucionarios franceses que vivían en Alcalá en buena parte habían desarrollado sus ideales liberales, pero siguiendo la trayectoria de ellos según los documentos, vemos como eran fieles a Fernando VII y a la religión católica, si bien dentro del orden constitucional de 1812 y siendo católicos pero no de manera fanática o intransigente. La Universidad de Alcalá contaba con catedráticos afrancesados que, como el citado Novella, llegaron a participar del Consejo de Notables de Bayona, o bien otros recibieron cargos en el gobierno municipal de parte de su lealtad sincera a José I[43].

Alcalá de Henares se enteró del levantamiento de Madrid del 2 de Mayo en el momento y el 3 de mayo ofreció el envío de los soldados zapadores acuartelados en la ciudad, así como milicias de estudiantes universitarios que se estaban formando espontáneamente. Igualmente se ofreció a avisar a los pueblos cercanos. Madrid contestó con la petición del mantenimiento de la calma en la ciudad, mientras por la misma pasaban las tropas sublevadas contra José I con dirección Este. Los zapadores se marcharon con ellos a Valencia. A su vez la escuela militar de ingenieros se disolvió. En 19 de julio de 1808 se produjo la victoria española de la Batalla de Bailén, en agosto la ciudad comenzó a organizar un alistamiento. Se presentaron Nicolás María Velarde y Matias, Francisco Pla, Gabriel Moya, Fernando Velarde y Juan Baltasar de Ayala. Se organizó la milicia por barrios. El corregidor y Justicia Mayor, Agustín de Cuadros, el escribano Miguel Azaña, el regidor Juan Domingo Palomar (autor del diario que nos ha llegado hasta nuestras fechas como testimonio de aquellos días), asistidos por el escribano Benigno Vera y el regidor Tomas Recio, con ayuda del escribano ya muy anciano Nicolas Azaña, formaron el nuevo gobierno consistorial jurando lealtad a Fernando VII. El 20 de octubre se produjo otra recluta. El 5 de diciembre Alcalá se resistió fugazmente de las tropas francesas, las cuales aún no habían llegado a la ciudad a pesar de la cercanía a Madrid[44]. Lo narró por escrito el político local Juan Catalina, pero también Esteban Azaña en su Historia de Alcalá de Henares, y el citado Juan Domingo Palomar en su diario, y lo confirmó Martin-Esperanza, también político liberal. Los alcalaínos dispuestos a defender la ciudad con sus armas en sus casas se prepararon para la defensa calle por calle, sin tropa regular, pues como se ha dicho esta se fue hacia Valencia. Los franceses venían de Somosierra y de Madrid. Los primeros en empezar el fuego fueron los alcalaínos. Mataron a un capitán de caballería y a algunos soldados. Los franceses creyeron que les disparó tropas regulares, por lo que optaron por parar la marcha. Dispusieron sus cañones y los dispararon contra la puerta de Madrid, que se había terminado hacía relativamente poco, en 1787. Allí se habían apostado varios vecinos de Alcalá con armas que en realidad eran escopetas de caza, armas blancas y poca cosa más. Ante el bombardeo optaron por retirarse al interior de la ciudad. Los franceses al ver que no se les respondía mandaron avanzadillas sueltas de mamelucos en parejas que inspeccionaron las casas. Avanzaron por las calles sin grandes complicaciones, con algún disparo desde puertas o ventanas, o con alguna emboscada que, acuchillándolos, terminaron con alguno de estos mamelucos en los pozos o las paredes de las casas de los alcalaínos, pero en general estas avanzadillas dieron el aviso de que solo se trataba de paisanos.  La tropa francesa entró en tromba con ira en la ciudad cometiendo muchos abusos y destrucciones, pero la ciudad sólo se había defendido muy ligeramente[45].

En los pocos días que quedaban de diciembre de 1808 se trasladó el cuerpo de San Diego a la Iglesia Magistral para preservarlo, creyendo que se respetaría ese templo, y se hizo lo mismo con la imagen de Santa María de Jesús, que fue llevada a la iglesia jesuita de Santa Maria de la calle Libreros[46].

El 27 de enero de 1809, en documento secreto, Juan Domingo Palomar, regente de la Real Jurisdicción en Alcalá, o sea alcalde, declaró fidelidad a Fernando VII en nombre de todos los alcalaínos y afirmó que el juramento de fidelidad a José I lo hizo como coacción, lo confirmó el escribano público Pascual Zamora. La poca colaboración que demostró con las autoridades francesas Juan Domingo Palomar, al retrasar todo lo posible todo tipo de abastecimientos a las tropas francesas, hizo que le destituyeran por Roque Novella el 16 de mayo. Como se ha dicho muchas veces este era un catedrático de Recopilación y comisionado por la Universidad de Alcalá en la Asamblea de Notables de Bayona, reunida entre el 15 de junio y el 7 de julio. Él se hizo cargo del abastecimiento de tropas haciendo que los ciudadanos contribuyeran con ayuda de los franceses[47]. El nuevo gobernador Roque Novella fue a la vez nombrado el 16 de abril corregidor interino. Celebró un convite en honor a la paz alcanzada entre Francia y Austria. Fueron pocas personas, pero en él estuvieron presentes los regidores Baltasar de Ayala y Antonio Priaza.  Novella hizo en esa ocasión un brindis de reconocimiento a los logros políticos y sociales de los franceses que sería muy recordado posteriormente por los alcalaínos presentes, que, como se ha visto, se habían reunido en 1808 como ayuntamiento leal a Fernando VII. Todo esto ocurría mientras se habían producido dos asesinatos impunes a manos de los franceses en la ciudad, se suprimían conventos, se desamortizaban sus bienes, y se cometían en pueblos cercanos incendios y tumultos que pertenecían al corregimiento de Alcalá de Henares[48].

Las victorias guerrilleras de Juan Martín el Empecinado por tierras de La Alcarria hizo que los franceses hicieran tapiar casi todas las puertas de acceso a Alcalá de Henares en noviembre. Ya se habían producido varias de las victorias importantes de los españoles y la resistencia era notable en todo el país. En ese mes, se nombró regidor de la ciudad a Juan José de Landa el día 24 y regente de la Real Jurisdicción en la ciudad[49].

El año de 1810 comenzó con el hartazgo francés del problema serio que suponía que los guerrilleros o los resistentes interceptaran o no entregaran los correos que mandaban desde Madrid a Guadalajara, por lo que hicieron un nombramiento arbitrario de portapliegos en Alcalá de Henares, que cayó en la responsabilidad de personas pudientes. Entre las personas elegidas estaban Francisco Recio, Domingo Calzada, Isidro Calzada, Eugenio Martin, Pedro Aldama, José Calderon, Joseph Peña, Francisco Ibáñez, Isidro Lizana, el mancebo mayor de la tienda de Monasterio, Domingo Urrutia, Gregorio Regidor, Ramón Yarritu, Andres Raboso, Fernando Sabugo, José Azuela, Francisco Vea-Murguía, Martin de Astoreca (que fue testigo en el proceso de 1793) y hasta cuarenta personas notables más[50].

Las necesidades económicas del gobierno de José I provocó que se desamortizaran los bienes de oro y plata de las iglesias de la ciudad. El 21 de marzo le tocó el turno a la que se pensaba intocable, la Iglesia Magistral. Pocos días después, tanto sus campanas como las del resto de muchas otras iglesias, fueron quitadas y llevadas a Francia, aunque alguna quedó. Esta medida generalizada por muchos lugares de España en parte respondía a necesidades materiales de la guerra, en parte a medidas ideológicas y en parte también a que en algunos lugares se alertaba a los fernandinos repicándolas. Al mismo tiempo que se quitaban las campanas de la Iglesia Magistral entraba en Alcalá el nuevo comandante destinado a ella, Beauvois. Este se trasladó al Palacio Arzobispal provocando un escándalo social, pues se instaló con una joven a la que tuvo por pareja sin estar casados, estaban emparejados.

Beauvois aplicó la orden del gobierno francés de crear en Alcalá la guardia cívica. Hizo el llamamiento pero sólo se presentó voluntario el administrador de rentas, Nicolás Vivanco, que también se instaló en el palacio como administrador de rentas que era, junto a los empleados del ramo.

Entre abril y mayo los franceses destrozaron, quemaron, vendieron o confiscaron casi todos los altares de los conventos, acorde a las leyes de laicización mezclado con los resentimientos de toda guerra. Mientras la guerra proseguía por los campos con los guerrilleros matando franceses sin seguir las normas de la guerra a la que estos estaban acostumbrados, en la retaguardia o municipios los franceses se ensañaban en represalia con la población civil o con los lugares u objetos que estos apreciaban. Beauvois, por ejemplo, permitió todo tipo de abusos por parte de sus tropas dentro de Alcalá. Aunque otras veces simplemente era el cumplimiento de órdenes que respondían a las necesidades de la guerra y las nuevas ideas de la revolución. El comandante francés dio orden de convertir en cuadra la iglesia del convento de Madre de Dios, lo que causó un gran malestar en la población, que se lo tomó como un insulto y un sacrilegio, ya que Alcalá no andaba falta de cuadras y de espacios para albergar a los caballos del ejército francés. 

El 4 de junio se nombró a Roque Novella juez de la Junta Criminal Extraordinaria de Guadalajara, desde donde parece ser que trató de amortiguar las condenas a españoles, a pesar de ser afrancesado. Ese verano las luchas guerrilleras se recrudecieron.

El 18 de septiembre José I Bonaparte en persona visitó Alcalá de Henares. Visitó la Iglesia Magistral a la que donó uno de sus anillos de oro en compensación por lo que se le había quitado, adoró las Santas Formas que se conservan como reliquias de la ciudad y visitó la Universidad. La gente fue a verle por las calles con gran curiosidad y en silencio. Él se dejó ver en su carro descubierto. Juan Domingo Palomar dice que no se quitaban el sombrero ante él, pero el mismo autor en su diario nos relata mucho más tarde que en la ciudad había afrancesados que tuvieron que irse ante el triunfo de los leales a Fernando VII, por lo que no es del todo creíble que no hubiera gente que fuera a verle por serle afín. José I se fue a Guadalajara ese mismo día, pues tenía que hacer unos nombramientos nuevos. Regresó el día 19 y pasó la noche en la ciudad para irse el 20 a Madrid. No se alojó en el Palacio Arzobispal, como ya se dijo, sino en la casa de Vicente Munárriz, en la calle Santiago. Estando allí recibió la visita de Isidro Calzada. Quienes han escrito sobre este hecho dicen que escucharon rumores de que, sin saber de qué hablaron ambos, Isidro Calzada, una persona de una familia muy significada históricamente en Alcalá, debió darle a José I una serie de nombres para formar el nuevo ayuntamiento, el cual se formó el 7 de octubre. Como se verá en este hay afrancesados y liberales: el nuevo corregidor era el propio Isidro Calzada, los regidores los Urrutia, los Peña, Azuela, Aldama, Novella el abogado, sobrino del catedrático Roque, y el propio que nos ha legado el testimonio de esos días en primera persona, Juan Domingo Palomar, que se negó a tomar el cargo y estuvo a punto de ser multado, aceptó el cargo aconsejado por Jerónimo López. Los cambios no terminaron ahí, Beauvois fue destituido en Alcalá en el propio mes de septiembre que hizo su visita el rey José I, le sustituyó el comandante Henri.

En octubre se nombró los cargos citados. Su juramento fue hecho con reservas por parte de unos pocos, que, como Juan Domingo Palomar, dijeron posteriormente que juraron lealtad al Rey pensando para sus adentros que este era Fernando VII y no José I. Sea como sea la realidad, mientras tanto, Antonio Viedma fue encargado de formar la guardia cívica de nuevo. Se le dieron mayores poderes para lograr una recluta de un modo u otro. Se hizo con una leva forzosa[51].

En diciembre las necesidades de los franceses eran tantas que para abastecer a las tropas se pidió todo tipo de alimentos, ropas y otros objetos, lo que a algunos les pareció un saqueo. Así empezaría también 1811. Los impuestos extraordinarios y las necesidades de abastecimientos se unían a los problemas humanos y materiales de la guerra para trabajar las tierras. Los precios iban aumentando y las gentes iban empobreciéndose. En consecuencia el hambre aumentaba. Además, las acciones de los guerrilleros hicieron que se tomaran medidas más restrictivas sobre toques de queda y entradas y salidas en la ciudad. El 28 de enero se decidió que había que nombrar a un claro afrancesado como subprefecto, Pedro Miranda. Todas las medidas no impidieron que los guerrilleros intentaran entrar en la ciudad en junio. Miranda creyó entonces que había que recaudar más grano y eso empeoró las condiciones de vida de los alcalaínos, que a la vez veían como se construían aún más muros en torno a Alcalá. En agosto se fue el comandante Henri y le sustituyó Manuel Azlor, que tenía el grado de mayor coronel de caballería. Era un español afrancesado. Quizá se pensaba que así, eligiendo a un español, se recuperarían simpatías en la ciudad. Además, se nombró comisario de guerra a Miguel Belgrado.  Pero las necesidades de grano eran grandes y eso no impidió la carestía. Ante el descontento social se cambió al subprefecto Miranda en septiembre por Manuel de Tramarias. Este, sin embargo, resultó más duro y contundente aún a la hora de recaudar. El 18 de septiembre la recaudación fue tan grande que se percibió otra vez como si fuera un saqueo.

En octubre la observación de un cometa durante varios días hizo pensar que algo iba a ocurrir muy importante, quizá para mal de los franceses. Lo cierto es que aunque había algunos descalabros franceses en la guerra, en Alcalá el precio del pan empezaba a ser enorme y para mayor de los males el día 7 parte del pan que se producía se llevó a Madrid para atajar la carestía de la capital y evitar un levantamiento allí. En mitad de estas carencias alimenticias el día 18 se abrió el curso universitario 1811-1812, estuvieron en el acto el subprefecto Tramaría, el mayor comandante Azlor, el doctor universitario Nicolás Heredero y el mayoral, con un discurso triunfalista del nuevo orden y acusativo de los renegados que combatían al rey José I[52]. La Universidad y la economía de la ciudad estaban íntimamente ligadas. La desaparición posible de la Universidad supondría una gran catástrofe en la ciudad dentro ya de la catástrofe económica que padecían.

Azlor había intervenido e informado de tertulias, papeles revolucionarios contra el gobierno de José I y alojamientos de guerrilleros en casas de los vecinos[53]. Tomó una serie de medidas y órdenes militares muy duras y represivas. La situación en Alcalá, siendo próxima a Madrid, era delicada. José I volvería a cambiar al gobierno local en noviembre. El suceso decisivo ocurrió de modo que Urrutia, como regidor de la ciudad, para cumplir la orden del gobernador Lafont Blagnac, general de Madrid, pidió camas a los alcalaínos. Lo retardó todo lo que pudo para dificultar a los franceses su abastecimiento, ya que lo consideraba abusivo. El comandante Azlor le encarceló usando sólo su autoridad militar. Para liberarle le pidió una cantidad de dinero que no le fue entregada, era la petición de un soborno, o en otras palabras: un chantaje. Esto llegó a oídos de José I y usó el asunto para destituir a Azlor.

Los triunfos de los guerrilleros cerca de Alcalá por la zona que da a Guadalajara, hizo que el nuevo comandante de la plaza decidiera en diciembre cerrar con tapias todas las calles que daban acceso al Palacio arzobispal. Mientras tanto el precio del pan seguía aumentando y el propio Napoleón Bonaparte batallaba en la península.

1812 no empezaba bien en Alcalá, y para colmo hubo un terremoto en enero, que si bien no causó destrozos se dejó sentir sin problemas. Eso azuzó las imaginaciones sobre presagios nuevos de catástrofes. No era para menos. El gobierno leal a Fernando VII se arrinconó en Cádiz tras la caída de Valencia, a la que los alcalaínos se sentían unidos por medio de los soldados que habiendo estado estacionados en Alcalá se fueron allí en 1808. Hubo una matanza de frailes y de guerrilleros valencianos, mientras otros se cambiaban al bando francés, entre ellos Saturnino Albuín “el Manco”, que había combatido con “el Empecinado” y que tras ser preso de los franceses y paseado con sus hombres por las calles de Alcalá, a los pocos días de febrero se paseaba por la ciudad como hombre libre como nuevo guerrillero ahora al servicio de los franceses.

Mientras, el pan seguía subiendo de precio y mucha gente no podía comerlo. La comida habitual era arroz cocido, patatas cocidas y judías que se daban gratuitamente de parte de las personas más acaudaladas de la ciudad en grandes perolas con escudillas en la Plaza Mayor o de Mercado, hoy De Cervantes. Pero como la pobreza era mucha también hubo gente que se quiso aprovechar vendiendo pan adulterado que afectaba muy gravemente a la salud de los consumidores. Las autoridades de la ciudad optaron por quemarlo públicamente en una de las plazas con un pregonero que anunciaba el porqué, pero el efecto psicológico debió ser tremendo en unos días en los que literalmente hubo quien se murió trabajando en el campo por malnutrición y trabajo excesivo que en realidad era una tarea normal de la agricultura del lugar[54]. Hubo durante todo el año especulación económica de panaderos, harineros y de productores de grano. En marzo hubo hasta muertos de hambre por las calles. Hubo incluso muertes escandalosas como las de un sacerdote llamado María Brea, en su casa de la calle Damas. Este fue asesinado por dos delincuentes habituales, “el Cenacatres” y los hermanos “Cigarros”,  que entraron a robar a su casa y que fueron presos, juzgados y ajusticiados por las autoridades leales a José I al cabo de los meses. Los asesinos habían sido previamente acogidos por el sacerdote en su casa que les dio trabajo a su servicio para regenerarles. Los ladrones y asaltantes de caminos habían aumentado, incluso algunos eran guerrilleros que también eran ajusticiados si eran pillados por sus jefes de partida. Como sea, estos actos delictivos sólo lograban que bastantes alcalaínos se pusieran de parte de los franceses como garantes de la seguridad y la ley.

Fue en marzo que los franceses decidieron celebrar una misa en la Iglesia Magistral con motivo del santo de José I y de su esposa. Si bien algunos alcalaínos vieron mal el motivo de la misa, la verdad es que se repartió pan gratuito a los ciudadanos que se acercaron a la plaza. Era un modo más de acercarse y ganarse voluntades, una nueva estrategia. Poco duraron sus frutos, pues días después los soldados dieron de comer pan sobrante a sus caballos ante los ojos de mucha gente que padecía auténtica y pura hambre.

Ese mes se estableció la guardia cívica en la ciudad definitivamente. Se le encargó al edecán de origen español Francisco Javier de Gorostiza Oferril. La organizó el 12 de abril por medio de una recluta forzosa de la que participó el comandante Azlor. Hubo voluntarios auténticos, otros lo eran por intimidación. Usaron un pregonero para llamar a las personas que ellos habían seleccionado por juventud o por otros motivos. La guardia cívica fue un logro del empeño del subprefecto Tramarias. Lo logró junto a Juan Antonio Terón como administrador de bienes nacionales, y junto a Nicolás Vivanco como administrador de rentas. Los tenientes capitanes, los oficiales Gallo y Lizana, fueron los tesorero y guarda mayor. Si bien Juan Domingo Palomar dice que fue contra su voluntad, cabe la duda.

El mes de abril aumentaron los ladrones en la ciudad y en los caminos, mientras el pan estaba tan caro que sólo lo adquirían las personas más pudientes y los oficiales franceses. Y otra vez para colmo se veía como se llevaba trigo a Madrid para solucionar los problemas allí, aunque al muy elevado coste de dos pesetas. Eso no evitó que en la capital hubiera motín del pan (por hambre). Alcalá elevó un recurso al gobierno para que los pobres adquirieran algún alimento. El pan bajó algo su precio, pero más que por el gobierno, porque los comerciantes ya no lo podían vender por culpa de lo caro que resultaba. También habían subido alimentos como el arroz o las legumbres. Sin embargo, el día 18 se volvió a quemar pan adulterado en la plaza y se castigó al vendedor públicamente apaleándole. El hambre aumentaba, los muertos aparecían en las calles, de Madrid capital y alguno en Alcalá. Hubo quien solicitó la carne de animales muertos de personas pudientes para poder comer, cosa que hacían sin asco alguno quienes comían. En mayo se repartió sopa gratuita y en junio se empezó a dar permiso para hacer pan con cebada. Muchas personas que se recogían de la calles medio vivas volvían a estar perfectamente sanas cuando se les daba de comer dos o tres días seguidos en los lugares donde se les acogía, ya hospital, hospicio o convento.

A la vez, esa primavera, Roque Novella y otro miembro de la Universidad de Alcalá comenzaron a escribir y editar en la Gaceta de Madrid, periódico proclive al gobierno afrancesado.

Los guerrilleros volvían a complicar la guerra a los franceses. Estos optaron por una retirada estratégica que en esos días se vivía como una victoria española por parte de los leales a Fernando VII. Eso provocó situaciones de alteración como por ejemplo el asesinato de un alcalaíno llamado Lino en la puerta de su casa de un disparo de fúsil en plena retirada francesa. Los oficiales franceses estaban malhumorados y cometían más excesos que otras veces con la población civil. Pero la retirada era real y el propio Jesús Domingo Palomar escribía en su diario: “ahora experimentan ellos los efectos de la infidelidad a su patria”[55]. Al escribir esa frase delata aquello que no para de negar a lo largo de todo el diario, en Alcalá de Henares existían claros partidarios del nuevo orden democrático de la monarquía de José I. Según avanzaba julio y se hacía evidente la retirada los franceses imponían nuevos tributos para poder llevarse consigo todo el grano y comida que pudieran. El día 19 de julio comenzaron a preparar la salida de la ciudad las autoridades y los cargos que nombraron, como el subprefecto Tramarias que se encargaba de las recaudaciones. Unos días después pasaba por la ciudad el general italiano al servicio de Bonaparte, Palombini, hacia Madrid. Los soldados rasos que se iban quedando estaban más nerviosos que de costumbre. El propio José I abandonó Madrid el día 21. El día 29 no había franceses en Alcalá de Henares, el júbilo estalló.

Se celebró una gran fiesta sin ningún tipo de autoridades visibles, salvo las del ayuntamiento clandestino ya mencionado. El día 30 comenzaron a llegar los guerrilleros, que se dedicaron a ir casa por casa buscando franceses, encontraron escondidos a unos pocos que no pudieron irse, lo que nos da una pista más de alcalaínos que dieron refugio a franceses quizá por simpatías diversas, entre ellas, tal vez, políticas. En este ambiente también se les entregó afrancesados a los guerrilleros en medio de una gran fiesta. No sabían que los guerrilleros de Mondideu entraron en secreto el día 31 y se fueron el día 1. Y es que el día 1 de agosto entró en Alcalá Vicente Sardina, mientras Blagnac se retiraba hacia Madrid. Se bajó artificialmente el precio del pan, lo que fue muy bien recibido y se comenzaron a tirar las tapias de defensa de los franceses. Al tiempo, comenzaban los procesos y ejecuciones de afrancesados. Los guerrilleros de origen alcalaíno tomaron la decisión de hablar a favor de Antonio Barandalla, que fue subprefecto, por defender los intereses de los españoles siendo afrancesado en todo ese tiempo que ejerció. Sin embargo, Novella fue paseado preso por las calles en espera de juicio, lo que movió a compasión a muchos alcalaínos que sabían que como juez había tratado de suavizar las condenas a los españoles. Otro preso afrancesado fue Villagarcía, que no tenía simpatías.

Se descubrieron depósitos secretos de grano y se confiscaron los de La Oruga. El día 2 Sardina ordenó que se volviera a iluminar las calles de la ciudad y celebró una misa en la Iglesia Magistral. Sin embargo, José I volvía a entrar en Madrid, su retirada estratégica había funcionado. En Alcalá se proclamó la lealtad a la Constitución de 1812, pero la entrada en Madrid de José I levantó todo tipo de temores. El día 5 los franceses avanzaron de Madrid a Guadalajara sin que hicieran grandes estragos en Alcalá. La guerrilla se marchó precipitadamente. El día 10 una columna francesa del general Lafont tuvo que retirarse de Guadalajara con rapidez y parar en Alcalá, José I volvía a abandonar Madrid. El día 12, el duque de Wellington con Juan Martín “el Empecinado” entraron en la capital, y al día siguiente “el Empecinado” entró en Alcalá de Henares. Fue recibido con grandes y mayores festejos y muestras de alegría por lo mucho que significaba su nombre en la ciudad.


[43]              Ver el libro Diario de un patriota complutense en la Guerra de Independencia, ya citado y en la bibliografía.
[44]              Op. Cit. nota 9; pp. 570-576.
[45]              Se puede leer por ejemplo en op. cit. nota 15; pp. 107-110, en notas.
[46]              Ídem nota 42.
[47]              Op. Cit. nota 9; pp. 578 a 585.
[48]              Ídem nota 42; pp. 22-23
[49]              Op. Cit. nota 9; p. 584.
[50]              Ídem nota 42; p. 27.
[51]              Ídem nota 42; pp. 34 a 37.
[52]             Ídem nota 42; pp. 41 a 47.
[53]             Op. Cit. nota 9; pp. 586-587.
[54]             Op. Cit. nota 9; pp. 59 a 64.
[55]             En Diario de un patriota complutense en la Guerra de Independencia, p. 79.