jueves, julio 09, 2020

NOTICIA 1979ª DESDE EL BAR: ¡QUE TE VAYAS DE CUADROS!

No es la primera vez que hablo de Arte, como bien saben los que por aquí me leen, ni tampoco es la primera vez que interrelaciono con los lectores a través de las redes sociales. Este verano nos dicen que dado que tenemos grandes pérdidas laborales y económicas por la pandemia de la Covid-19 se haga turismo por España, para autoayudarnos. Lo cierto es que antes de todo esto esa misma gente, empresarios y administraciones hablaban de que ellos lo que querían era atraer al "turismo de calidad", que era lo mismo que decir que querían atraer preferentemente a los extranjeros que se gastaran mucho dinero como si no hubiera mañana. Ay, que endeble es lo que algunos creen ser "calidad", o mejor dicho, lo tienen claro: calidad es para ellos el cliente que paga más, y en estos momentos entre extranjeros que pueden no venir y no gastar nada, y españoles que podrían ir de aquí para allá y gastar algo, tienen claro dónde está la "calidad". Como sea, independientemente, en el verano de 2017 se me ocurrió preguntar por redes cual era la canción del verano de la que querían mis lectores que hablara, y eligieron, como buenos tiempos modernos entre el humor y el deseo real de ver qué se puede escarbar, el "Despacito", de Luis Fonsi y Daddy Yankee (Noticia 1729ª). Pues este año, aprovechando el río Pisuerga, se me ha ocurrido preguntar por cuál cuadro de un museo español le gustaría a los lectores que me tienen añadido por redes sociales que comentase qué me sugiere, no hacer un ensayo artístico, si no qué me sugiere. Hablaría de aquel cuadro que se repitiera más entre los que me escribieran, o bien, si no se repitieran, el que más me sugestionase hoy de los que me nombraran.

Todas estas sugerencias me escribieron:

1.- El Guernica (1937), de Pablo Picasso (Museo Reina Sofía, Madrid).
2.- El jardín de las delicias (1490-1505), de El Bosco (Museo del Prado, Madrid).
3.- La Gloria (1551-1554), de Tiziano (Museo del Prado, Madrid).
4.- La rendición de Breda, o Las lanzas (1634-1635), de Velázquez (Museo del Prado).
5.- Pájaro en el espacio, o Oiseau dans l'espace (1976), de Joan Miró (Museo Reina Sofia, Madrid).
6.- El coloso (1818-1825), de Goya, pero desde 2008 se investiga si pudiera ser de un seguidor suyo, Asensio Juliá (Museo del Prado, Madrid).
7.- Gaspar Melchor de Jovellanos (1798), de Goya (Museo del Prado, Madrid).
8.- Hombre en el Café (1912), de Juan Gris (Fundación Museo Juan Gris, pero parece ser que pasó por el Reina Sofía, por el Museo de Arte de Filadelfía y por la Fundación Juan March).
9.- Saturno, o Saturno devorando a sus hijos (1820-1823), de Goya (Museo del Prado, Madrid).
10.- Mono comiendo mandarinas [Esta imagen no existe como cuadro de museo español, es una serie de fotos y videos populares en Internet donde se muestra monos comiendo mandarinas, lo comentó un amigo para hacer la broma, pero tuvo varios seguidores para que lo comentara, sin llegar al máximo de votos. Se podría haber comentado desde un punto de vista de cómo son los tiempos modernos]. 
11.- Ecce Homo, de Borja (alrededor de 1930, destrozado en una falsa restauración de 2012), Elías García Martínez (Santuario de la Misericordia, Borja, Zaragoza).
12.- Retrato ecuestre de Carmen Martínez-Bordiú (1972), de Dalí (Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueras).
13.- Figura en una ventana, o Figura en una finestra, o Muchacha en la ventana (1925), de Dalí (Museo Reina Sofía, Madrid).
14.- Eugenia Martínez Vallejo, vestida, o La monstrua vestida (1680), de Juan Carreño de Miranda (Museo del Prado, Madrid).
15.- Eugenia Martínez Vallejo, desnuda, o La monstrua desnuda (1680), de Juan Carreño de Miranda (Museo del Prado, Madrid).
16.- El descendimiento de la cruz (siglo XVI), anónimo copiado por Roger van der Weyden (Museo del Prado, Madrid). [No me anotaron el autor, por lo que se lo he otorgado a este anónimo, que por otra parte es uno de los más conocidos.]
17.- La Anunciación (1425-1426, o bien 1430-1432), de Fra Angelico (Museo del Prado, Madrid).
18.- La Virgen y las ánimas del Purgatorio (1517), de Pedro Machuca (Museo del Prado, Madrid).

Como veis hay predominancia por los dos museos más conocidos de Madrid capital, y, ¿cómo no?, mucho sentido del humor donde casi parece que el boicot es el leit motiv del chiste. La cosa es que este tipo de cosas estaban muy al día en la Blogosfera cuando comencé con esta misma bitácora en el final de 2005. Alguien proponía algo participativo y la gente lo seguía o no según le interesase, ahora la cosa ha cambiado algo, es otro modo diferente de entender todo esto. Se propone algo participativo y hay quien participa y quien lo hace con cierta idea humorística de imposibilitar que se produzca en serio la propuesta. Bueno, es parte de todo esto y de la evolución de cómo se entiende el modo de compartir en Internet. La verdad es que me parece divertido, porque en el fondo dentro de la broma hay también un deseo de participar. Son los nuevos tiempos donde no hay pedestales ni donde no los había de entrada. Por supuesto, no se trata de ser modelos, de ser críticos profesionales, cocineros de alta cocina o lo que toque en lo que quiera que sea que cada uno escriba, es otra cosa, y eso se entendía en 2005, la cosa ha cambiado y se ha generalizado la creencia o el tópico de creer que quienes escribimos nos creemos ser, y no es esa la realidad, ha cambiado la percepción de los lectores respecto a los leídos, ha cambiado el modo como se perciben las cosas en Internet. Esto es una reflexión que daría entrada a pensamientos más largos y más complejos que en nada nos lleva a lo que quería escribir y compartir. Sería interesante, eso sí, que algún día se pudiese analizar todo esto, a fin de cuentas es parte de la evolución del siglo XXI en su Historia y en su sociedad, una parte que se ha dado cambiante de modo sutil y que quizá ahora mismo es casi imperceptible, pero particularmente sí creo que se han dado algunos cambios en cómo se percibe creadores y usuarios y usos en Internet. Me divierte las bromas que me han gastado, no obstante: yo también se las gasto a ellos cuando puedo. Es parte de la gracia de todo esto, del mundo Internet, de la Blogosfera. Jugadores y juego están ahí, no hay problema, porque además es un juego tan cambiante como cambiantes son los jugadores... y hay relevos generacionales, tanto como interacción entre generaciones muy diferentes entre sí.

Como veis, se coló hasta las fotos y videos de los monos comiendo mandarinas y naranjas. Tuvo bastantes seguidores para que comentara sobre ello e incluso un ofrecimiento de pintarme uno para que fuera una pintura o un dibujo. También hubo mucha presión humorística para que hablara sobre la opción seis, el de Pájaro en el espacio, de Joan Miró. Lo más interesante fue el replanteamiento de la alteración de las normas de elección establecidas para hacerlas más acordes a un espíritu de red social, algo digno de analizar en sí mismo en relación a nuestras épocas y medios respecto a lo que previamente hacíamos y cómo entendíamos que debíamos hacer. Pudo haber sido electo, pero no lo fue al final. Lo cierto es que la primera vez que vi cuadros de Miró delante de mí, de lienzos me refiero, no de fotos, fue de adolescente. Un fin de semana yendo a visitar a mis abuelos a Madrid, aproveché para quedarme allí, había quedado con unos amigos y mi padre me dejó con su coche delante del Museo Reina Sofía. Era la primera vez que entraba. Tal vez era 1996 ó 1997. He de confesar que me quedé alucinado con Miró en aquel momento, pero nunca jamás he vuelto a sentir lo que sentí en aquel día, nunca más he logrado ni medio entusiasmarme con Miró. De hecho me deja a menudo en indiferencia, pero si en aquella ocasión ocurrió, ¿quién dice que algún día no me vuelva a ocurrir a pesar de que durante años nunca se repitió ni medio cuarto de sensación de sentirme atraído por los brillantes blancos de Miró salpicados de sobrenaturales colores rojos, azules o negros, brevemente trazados a modo casi de alógenos contra los ojos del alma? 

No hace mucho, durante el confinamiento, uno de los libros que leí entero por primera vez fue Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley, aunque ha pasado como un tratado icónico de la droga alucinógena del LSD, lo cierto es que el libro en sí mismo es todo un tratado de Arte, o a mejor decir de cómo percibir el Arte con ojos nuevos, ojos más allá de los ojos físicos, ojos profundamente conectados con el intelecto, y más allá del intelecto, con ojos que nos descubren todo aquello que encerramos en formas concretas que conocemos a través de la visión dentro de otras formas que son suyas y que pertenecen al mundo de las ideas que es mucho más complejo y no tan evidente como son las formas. Hablaba Huxley de la silla amarilla de Van Gogh y de cómo la percibía antes y después de percibirla de forma diferente, siendo que la silla estaba encerrada en una forma de silla, pero era una forma mucho más superior, siendo sus formas y colores mucho más importantes que la silla en sí. Tal vez todo ello es el golpe que tuve al ver a Miró en lienzos reales por primera vez, aunque evidentemente yo no tenía lisérgico alguno en el cuerpo. Pueda que aquella tarde mi padre al dejarme junto a mi madre en Madrid, mientras ellos regresaban a Alcalá, me dijera él que esperara a mis amigos viendo el Museo, y no como orden, sino como sugerencia de entretenimiento, y que aquello mi mente lo recibiera como un consejo de Arte que nunca antes le recuerdo haberme dado a mi padre. Pueda que aquella tarde mi mente reordenara en Miró percepciones más allá de Miró y que Miró encerró de manera que solo algunos alcanzan en algún tipo de momento. Por supuesto, el cuadro Pájaro en el espacio estaba allí. Apenas una línea con punto, tal vez una golondrina, de las que siempre se van para volver. No fue, no recuerdo que fuera el que más excitara mi mente en aquella tarde, pero el conjunto de Miró, sí. 

Sea como sea, no fue ese cuadro el más mencionado. Lo fue el de Saturno, de Goya. Un cuadro que en realidad es un fresco arrancado de las paredes de la casa del pintor, de la llamada Quinta del Sordo; un cuadro que tuve que trabajar largo y tendido cuando en lo que se conocía como tesina o como trabajos presenciales del predoctorado, me dediqué a Goya. Se puede leer el resultado en esta misma bitácora si se busca "Goya y las clases trabajadoras" (Noticia 362ª, Noticia 363ª, Noticia 364ª y Noticia 365ª). Sin embargo, uno de sus electores retiró su voto a cinco minutos de cerrar el tiempo de elegir, por lo que creó una "polémica" al alcanzar un empate junto a El Guernica, de Picasso, cuadro, por otro lado, que por razones evidentes, vi por primera vez delante de mí el mismo día que vi lo de Miró. 

Los dos cuadros guardan una relación salidos de la cámara de los horrores de los que tuvieron constancia desde una distancia entre cómoda e incómoda de que ellos serían respetados a pesar de lo comprometido y polémico de sus implicaciones y simpatías políticas respecto a los ganadores y los perdedores. La verdad es que Goya y Picasso se interrelacionan en zig-zag en diversos aspectos, pero la idea de todo esto no es crear análisis ni explicaciones, sino la impresión que me produce en este día de calor concreto del 9 de julio de 2020, ni siquiera ayer, o mañana. Hoy, con los pocos coches sonando sus ruedas recalentadas por el asfalto de la calle en plenas horas de sol de la tarde, colándose por mi ventana, en mi salón en penumbra. Hoy, con todas sus circunstancias y ni siquiera dentro de tres horas más tarde, ni de cuando propuse esto esta mañana. Pero también es cierto que comentar dos cuadros a la vez es más complejo que centrarme solo en uno. Desgasta bastante las entradas más sesudas, más con un calor tan pleno y del Sahara llegado a este centro penínsular, a esta ciudad donde se han cortado tantos árboles y se ha sustituido tanto suelo de tierra por baldosas de piedra que hacen efecto sartén y añaden calor al calor, mientras a la vez el motor del ordenador añade más calor a mi salón.

No es mi intención prolongarme comentando todos los cuadros ni dos cuadros empatados, más cuando ya teníamos un solo cuadro ganador, supone también tiempo... y calor, mucho calor. Pero es cierto que sí deseo hacerlo, porque para eso lo he puesto en juego. Quiero además con ello animar a que la gente tenga en mente esa opción de los museos en España, aunque hay más museos en Madrid capital y, sí, también, muchísimos más repartidos por gran cantidad de municipios de toda nuestra geografía. No sólo pinacotecas, también hay museos de otras cuestiones. Interesante el egiptológico que hay en Barcelona, el de Historia que hay en Sevilla, el Etnológico de Valencia, el de la ciudad en Santiago de Compostela, el Arqueológico Regional de Alcalá de Henares, el de Bellas Artes de Bilbao y su homólogo de Cádiz, la Casa Lis de Salamanca, el Palacio del Infantado en Guadalajara, la antigua sinagoga de Toledo y tantos otros.

Sea que El Guernica me impresionó por su tamaño la primera vez que lo vi. Casi parecía que te invitaba a estar dentro de la escena, pero sea también que nunca supe ver en este cuadro toda esa tragedia y dolor que tanta gente dice ver en él. Sea que mi visión del cuadro se aproxima a la de Miguel Hernández, que se peleó con Picasso porque al verlo creyó que Picasso deshumanizaba la guerra y a las personas. Yo no llego a eso, pero no veo en el cubismo, o al menos en este reconocido grito contra la guerra hecho en cubista, en este concreto, todo ese drama. Sea que supe que Picasso pudo no haberse inspirado tanto en los periódicos, como se dijo por muchas décadas, sino que se le ocurrió tras ver la película Adiós a las armas en el cine, y ciertamente tengo la película en DVD y es verdad que todas las partes y detalles del cuadro están en los fotogramas del metraje, sin faltar ni uno. Sea quizá que mi condición de historiador y de archivero me ha hecho conocer la guerra, aquella guerra concreta, con testimonios directos y aún hoy día sin resolver en sus dimensiones más humanas, y que este cuadro no termina de cuadrarme con la propia mentalidad de sus contemporáneos españoles que, por ejemplo en Guernica, recibieron el bombazo tras bombazo, mientras Picasso, atormentado y comprometido, ofrecía sus servicios de ayuda desde París. Es legítimo, pero por fuerza eran visiones diferentes aún estando de acuerdo en lo más básico, porque incluso dentro de eso, ¿acaso la pelea entre Hernández y Picasso no iba de eso mismo? Pero, ¿quién soy yo para tratar de opinar como si fuera un ciudadano de 1937, cuando entre ellos mismos hubo quienes hicieron del cuadro un emblema o un lloro, o un odio profundo al otro, y a la vez quienes creyeron que ese cuadro quitaba humanidad a lo que humanamente signficaba toda aquella tragedia? 

He visto El Guernica numerosas veces desde aquella tarde de 1996 ó 1997, nunca he llegado a alcanzar con él esa empatía que han alcanzado mucho otros, todo sea que a mí esas cosas, por ejemplo, sí me las han hecho alcanzar cosas mucho más invisibles, como una hoja mecanografiada del interrogatorio de un expediente de depuración a un maestro común y corriente en 1940. Pero sí veo en el cuadro sus significados y su relevancia, y sabría interpretarlo y comentar interpretaciones de otros, o su proceso creativo y su contexto, pero de aquel día que lo vi por primera vez, en concreto de Picasso, no llegué a entender los porqués de Picasso, ningún porqué de Picasso para ningún cuadro. No veía lo que él veía, y en consecuencia no veía con mis ojos lo que pudiera alcanzar a ver incluso al margen de los ojos de Picasso. Tardé tiempo en entender a Picasso y, aún hoy día, hay obras menos conocidas de él que me mueven por dentro más que El Guernica. Pero si mañana me dijesen: "hay que defender el Guernica", entonces yo seré junto a todos el Guernica, y seremos, es evidente, todas esas partes rotas que aparecen en el cuadro y que juntas son todas algo.

De Saturno, visto por Goya, sin embargo, me remito siempre más al de Rubens. El trabajo metafórico está más que hecho por los propios griegos. El tiempo debora a sus hijos. Siempre me pareció Rubens más acertado, pero Goya es Goya y le he tenido que conocer tanto que es como si hablara del cuadro de un amigo que jamás conocí. Han variado mucho mis percepciones sobre esta pintura a lo largo del tiempo. La primera vez que lo vi fue de niño, con una excursión escolar, luego, a lo largo de los años, he tenido que pisar tantas veces el Museo del Prado, y tantas veces por culpa o por implicacion de Goya, que este cuadro lo tengo en mi vida tan presente, como tantos otros de Goya o en general de ese museo, que si un día entrara y lo viera colocado en mi salón, no me sorprendería, lo aceptaría de manera cotidiana. No es quizá el cuadro que yo eligiera más decididamente de Goya, ni siquiera entre las Pinturas Negras. ¡Las Pinturas Negras son tan tramposas! Eran frescos y fueron arrancados de manera chapucera de las paredes, de tal modo que no se sabe bien si alguna de las cuestiones que les han alabado como innovaciones de Goya adelantadas a su tiempo sean, en realidad, deformaciones de la composición realizadas por los operarios del siglo XIX a la hora de proceder al sacar los frescos de la pared para ponerlos en cuadro. 

Sin embargo, todas las Pinturas Negras me resultan realmente sugerentes en cuanto a lo que para Goya supuso. Mente perturbada singular. De bellos frescos campestres del propio autor en su propia vivienda habitual a estos otros frescos que taparon los otros, todos con oscuridad, con muerte, con incógnitas y hasta brujería. Inquietante no sólo ellas mismas, sino la decisión de Goya de rodearse de ellas para vivir, distribuyéndolas por toda la casa. Visitantes del pintor de aquella época narraron lo impactante que era entrar en la casa, porque además Goya les daba la oscuridad oportuna a cada estancia, lo que generaba estimulaciones mentales imagino que impactantes, especialmente de noche. Ese efecto no se ha recuperado. Nunca se han exhibido en la misma disposición ni con esas luces ni en habitaciones pequeñas otra vez. Pero me desvío. El cuadro de Saturno, en concreto, ese acto de canibalismo paterno, esa deformación de locura en el dios... y conociendo las particularidades de la vida de Goya en esos tiempos, me crea claras conexiones morbosas y empáticas con el pintor. Comprendo su descenso a no se sabe qué abismos y me crea en la mente todo tipo de simpatías por los misterios irresolutos de esos tiempos de su vida. Puede que no sea el cuadro que yo más destacaría de él, repito, ni entre esta serie, pero está hecho para lanzar un mensaje claro al visitante de todas las épocas: el tiempo acabará devorándote, pero cuidado, porque el tiempo es algo más complejo y puede que no sea exactamente eso que marca el reloj.

martes, junio 30, 2020

NOTICIA 1977ª DESDE EL BAR: MI CINE DURANTE EL CONFINAMIENTO (y 4, final)

Pues terminado el estado de alarma el pasado 20 de junio, quedaba por terminar el comentario y análisis de las pelícilas que vi durante el mismo. La última entrega la realicé el 11 de mayo, por lo que toca hablar de las películas que vi completas desde el 12 de mayo al 20 de junio. Fueron menos que en otros periodos anteriores del estado de alarma, por una parte porque las películas que pusieron en televisión  no me terminaron de gustar o de atraer, por otra pusieron muchas que ya vi, por lo que no volví a verlas, por otra porque el 1 de junio comencé a volver al trabajo y por otra porque realicé varias cosas que no se habían podido hacer, como la visita al Museo del Romanticismo, la visita a la familia del tío paterno que se murió, o la visita y ayuda de mudanza a algunas amistades que en todo ese tiempo aún no había podido ver. 

Para las personas que quieran repasar las otras entregas la primera parte está en Noticia 1958ª, la segunda parte en  Noticia 1959ª y la tercera parte en Noticia 1966ª. Y una vez que está dicho esto, procedamos a poner esas películas que nos quedaban en esta serie sobre el cine que vi durante el estado de alarma.

El perfume (2006, Tom Tykwer): Nunca me hubiera interesado más que lo justito por esta película. No estaba en mis planes verla ni cuando la estrenaron ni después. Tampoco tengo especial interés en la novela de la que partió de Patrick Süskind, la cual fue un éxito de ventas en su momento y la cual he vendido varias veces cuando he ayudado a algún amigo librero. Sin embargo, un papelero del barrio me regaló el DVD en 2018, editado de forma barata por un periódico años antes y que no había tenido salida comercial, nadie lo compraba. Así que tengo el largometraje entre la filmoteca de mi casa en DVD original. Ahí lo tenía sin hacerle caso hasta este momento. La verdad es que vista la película... ahí se podía haber quedado. Pensaba que sería una historia al estilo del relato sobre el asesino en serie británico Sweeney Todd, del cual se han escrito libros y se han hecho películas y hasta musicales, relato por otra parte que yo conocí por la película que le dedicó David Moore en 2006 para la BBC, de la que creo que su antecendente de 1997 es interesante y de la que la más reciente de Tim Burton en 2007 es cuando menos peculiar, por decirlo así. La cosa es que no iba descaminado. La base de esta otra historia de El perfume es la misma que esa otra historia basada en un hecho real, solo que donde Sweneey Todd practicaba la repostería con carne humana, el protagonista ficticio de esta otra historia practica la perfumería con la descomposición de los cadáveres de mujeres como ingrediente secreto a sus perfumes. No creo que sea coincidencia que en pleno auge de la novela de Süskind se hiciera la película de la misma en 2006 y a la vez se retomara cinematográficamente la citada vida de Sweeney Todd por otra. Son dos historais diferentes, pero con claras coincidencias. El metraje de El perfume es una película alemana, pero podría pasar por su ritmo, por su poética visual, por su guión centrado en la poética y en los mundos interiores del protagonista, incluso por las reflexiones de la voz en off del narrador, por una película francesa. La historia trascurre en el París del siglo XVIII, probablemente por ello su realizador le quiso dar un espíritu totalmente francés, en ese sentido está lograda. El problema es que se le ha querido dar una forma de realismo mágico que quizá en la literatura es pura delicia, pero en cine, tal como se ha planteado, es un producto extraño, entre el video musical, la metafísica, el experimento, la lentitud introspectiva y el conjunto de elementos que ralentizan y aminoran cualquier atisbo de interés que pueda generar lo que se nos cuenta, sin descontar todos esos momentos que parece que va a pasar algo y no pasa nada ni aquellos otros que nos despistan y nos hacen preguntarnos primero: ¿que estoy viendo?, y luego: ¿por qué estoy viendo esto? Comentando este hecho días después con otra persona que vio la película y leyó el libro, su conclusión y sensaciones eran las mismas, no puede ser casualidad. No es que produzca rechazo lo experimental, es que la película está a medio camino de todos los caminos y no está en ningún camino. Se pierde en todos los vericuetos. No sabemos si es una propuesta estétitca, si es un thriller, si es una película poética, si es filosófica, si es un homenaje a las vanguardias fotográficas del final del siglo XX... aunque la película tuvo relativa repercusión, quizá por el tirón de la novela, aunque tiene algunos momentos estéticos interesantes, en general es una película altamente prescindible. Al menos esa es la sensación que me ha dejado tras la primera vez que la he visto en mi vida.

Los Croods, una aventura prehistórica (2013, Kirk De Micco y Chris Sanders): La emitió la televisión digital, a través de Disney Channel una noche, pero luego la repitieron un par de veces en días posteriores en otras cadenas adscritas al grupo que emite ese canal. No la había visto aún. Sé que tuvo bastante tirón entre padres y niños en su momento, tanto que se planteó una segunda parte para 2017, la cual fue postpuesta dado que Universal Pictures compró DreamWorks. la película hubiera podido salir entre 2019 y lo que va de 2020, pero definitivamente esa segunda parte se ha previsto para diciembre de este 2020. Como sea, para mi gusto no es de las mejores películas de dibujos animados de estas compañías cinematrográficas con ese estilo que se hayan podido crear en los últimos años. Son mucho mejores y con un humor más fresco y más imaginativo, con creces, títulos como Vaiana (2016, John Musker, Ron Clements, Don Hall y Chris Williams), Zootrópolis (2016, Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush) o Del revés (2015, Pete Docter y Ronaldo del Carmen), por citar tres de entre otros buenos títulos de esta clase. Pero es innegable que Los Croods tuvieron su tirón cuando se estrenó. Cumple con todos los mínimos argumentales de las películas de dibujos animados de estas factorías, película que pretende potenciar los valores familiares clásicos y de liderazgo, hoy día con toques feministas puestos de relevancia, cuyo principal planteamiento es el conflicto de valores que supone que una de las hijas alcance la pubertad y cuestione el orden establecido, cuestionamiento que provoca un grave problema que solo se resolverá cuando la hija entre de nuevo en el redil de aceptar el orden establecido, aunque ahora lo haga desde el respeto jerárquico emanado desde sus padres a ella. O en otras palabras, un conjunto de valores conservadores con claros matices de cultura norteamericana desde el mismo comienzo del metraje en el que hay una especie de juego de rugby para conseguir comida. Todo esto bajo un contexto en el que los padres han convencido a toda la familia de que deben estar encerrados sin salir de casa, porque salir de casa puede provocar la muerte. Ahí hay algo de platonismo, sí, pero en nuestros días, tal como ha pasado desde el comienzo del estado de alarma, hay programadores televisivos lanzando mensajes a interpretar por los televidentes, porque, además, es evidente que el padre en la película está tan equivocado como acertado. Los chistes son bastante formales, envueltos además en un problema ecológico como es la partición del desaparecido continenete de Pangea. Un mundo viejo se derrumba para crearse uno nuevo. Con todo, dentro de lo formal, la película mejora según avanza, aunque nunca más allá de hacer alguna sonrisa y poco más. Es una película para mi gusto correcta en todo, formal, sin demasiados atrevimientos, lo justito para cumplir el cupo de contentar una tarde a una familia con niños pequeños. Poco más.

Esperando al rey (2016, Tom Tykwer): Parece mentira que en tan poco tiempo viera dos películas de Tom Tykwer, y más con el mal sabor de boca que me había dejado El perfume. La puso La Sexta una noche de fin de semana y lo cierto es que no sabía que el director era él. No esperaba nada del metraje, pero el protagonista era Tom Hanks y tuve curiosidad, porque no sabía que había rodado este largometraje, así que la terminé viendo entera. Tiene algo que te invita a seguir la trama sin abandonarlo. Parece que diez años después de El perfume Tykwer hizo los deberes para hacer cine que no dejara más decepciones que disfrutes. Sigue teniendo un punto fotográfico estético claro, sobre todo potenciado por el desierto y sus posibilidades metafóricas a la hora de afrontar la historia del protagonista a modo de la historia del hombre de negocios actual frente al mundo que no es el suyo. Un gran hombre de negocios tiene que cerrar un negocio importante de comunicaciones con un país de Oriente Medio, presumiblemente Arabia Saudí. Es mandado por la empresa a ver al rey para ultimarlo todo junto a su equipo, pero el rey nunca aparece. Él está instalando en una caseta de obras en el desierto esperando que el rey aparezca, y a la vez está instalado en un hotel para dormir, en teoría no tiene permiso para salir de los lugares que el gobierno le ha marcado. Los retrasos harán que tarde meses en ver al rey, con todos los problemas que provoca económicamente para su empresa. Mientras, descubre de refilón algunas de las realidades más duras de la sociedad del país al saltarse las zonas que le fueron designadas gracias a su chófer particular. Descubre realidades como son las restricciones a las mujeres, el nacionalismo religioso que, por otra parte, toca insinuadamente los problemas sociales y terroristas de las monarquías absolutas hoy día, la corrupción de la administración, las implicaciones europeas que viven allí con los ojos cerrados a los padecimientos de la sociedad más pobre árabe de la que viven, o los escarceos amorosos a la vez que se descubre el amor. Y de paso, ¿por qué no? el problema existencial ante una dolencia desconocida en medio de un lugar lejano a tu casa real. Toca así muchos palos sin llegar a tocar ninguno en concreto. Si de algo va esta película es de lo insignificante del destino de un solo individuo por sí solo, pues es un conjunto de destinos y circunstancias los que determinan de verdad la vida del individuo de una forma entre aleatoria y consecuencia de un efecto mariposa de cada acto que hacemos como sociedad. La cosa es que Tykwer ha hecho mejor los deberes que hace diez años atrás y logra encajar muy bien un mensaje de lo que sería cine independiente dentro de lo que en realidad sería cine de superproducción. No está mal la película, pero hay que estar habituado al cine europeo independiente, aunque la película sea más hollywoodiense que europea, pese a ser alemana. Dentro del cine que pusieron, esta se podría salvar.

Garbo, el espía (el hombre que salvó el mundo) (2009, Edmon Roch): Este es un documental que me compré en DVD edición especial hace tiempo, pero no lo había visto hasta ahora. Vi el documental en sí y el conjunto de entrevistas y material inédito de investigación del extra. Igual que me pasó con otros documentales de esta serie, en concreto citemos Eight Days a Week: the touring years (2016, Ron Howard), del que hablé en la primera entrega, merece más la pena la información del extra que la del documental en sí. Todo el material de entrevistas que se quedó fuera del documental aporta más datos al historiador que el documental en sí, el cual está más preocupado en crear un producto estético con discurso y banda sonora prácticamente aspirando a ser una película compatible a una historia de ficción, aunque sea un documental de Historia real. De hecho el ritmo del documental implica el uso de imágenes de películas de cine negro que muy evidentemente delatan el deseo del director de crear algo artístico más que documental. Quizá creyó que la Historia es aburrida y por ello creyó necesario contar la Historia como si fuera algo de cultura pop muy apto. esta historia se conoce públicamente desde los años 1980, cuando se desclasificaron varios documentos de los archivos secretos de Reino Unido de la época de la Segunda Guerra Mundial. Joan Pujol un republicano español que durante la guerra civil se cambió de bando al franquista, terminó ofreciendo su ayuda como espía varias veces fallidas a los ingleses cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Al ser rechazado ofreció esta ayuda a los alemanes, que lo aceptaron. Se inventó toda una red inexistente de informadores e informaciones, hasta el punto que los alemanes le creían, momento en el cual los ingleses terminaron reclutándole después de que un alto mando norteamericano hablara de sus potencialiades como un agente doble para engañar a los alemanes. De este modo de vez en cuando pasaban información verificable para colar por otro lado informaciones falsas que favorecieran los planes de los aliados, lo que vino bien tanto para la Campaña del Norte de África como para engañar a los alemanes en cuanto a dónde sería el desembarco de Normandía... incluso estando produciéndose el desembarco. Por todo ello, Joan Pujol, apodado Garbo, pasó a ser condecorado por los dos bandos combatientes, es la única persona en lograrlo. Pasada la guerra fingió su propia muerte en África con ayuda del servicio secreto británico, abandonando a su familia y creando una nueva y otra vida en Hispanoamérica. Fue descubierto por un investigador del propio servicio secreto británico en los años 1980, y fue homenajeado por la propia Reina de Inglaterra en 1984, visitando las playas del desembarco junto a veteranos de guerra. España ya había recuperado su historia entonces en una entrevista que realizó entonces la televisión catalana, pero volvió a caer en la amnesia general colectiva hasta el estreno y los premios de este documental de cine en 2009. Interesa de entre los extra algunos documentales de los servicios secretos norteamericanos de la guerra, ya desclasificados, y que nos hacen ver que la técnica para grabar varias pistas de sonido a la vez ya estaba desarrollada en secreto en los años 1940, aunque no fuera hasta la década de 1960, con los Beatles, que esto se conociera y se pudiera popularizar. Pero también es interesante una extrapolación interpretativa de lo que se nos cuenta sobre la tarea de un doble agente, pues nos puede hacer pensar que actualmente, y gracias a Internet, puede que algún gobierno esté usando como dobles agentes a numerosas personas de todo el mundo sin que ellos mismos lo sepan, al hacer verosímiles algunas noticias que no son verdaderas, y que con su verosimilitud aceptada como verdad ayudan a alterar acontecimientos y conciencias, así como a cambiar el rumbo completo de las sociedades.

Drácula: la leyenda jamás contada (2014, Gary Shore): ¿Quién iba a decir también que en este estado de alarma en el que me dio por ver la película de Dracula de 1931, de la que ya os hablé en las entregas anteriores, ahora iba a ver otra más de Drácula? En este caso la vi porque la pusieron una noche en Neox y no había nada mejor que ver. Me generó curiosidad, pero está claro que no tiene nada que ver con todo lo anterior producido sobre este vampiro. Es una suerte de película que, como la de El perfume, aspira a aunar el lenguaje de video musical, en este caso un tanto gótico, con un lenguaje de película de acción, pasando por el tipo de vampiros que parecen superhéroes al estilo de algunas series de televisión y otras películas producidas para adolescentes, solo que esta vez no parece que el metraje fuera dirigido a los adolescentes, lo peor de todo esto: que Gary Shore se lo tomó como algo serio. Drácula, para empezar, pasa a ser revisado desde la óptica rumana de ser un héroe nacional que salvó Europa al detener a los turcos en su invasión de los reinos cristianos, pero como Drácula fuera de Rumanía es recordado por su crueldad o por los mitos de que se transformó en vampiro, esa visión romántica de héroe termina cayendo en los excesos de un héroe que es antihéroe, lo que le transforma en ese vampiro, y por el camino crea un grupo de vampiros en el siglo XV-XVI que parece que quieren tocar todas las historias de Drácula que se han rodado, o bien todas las de vampiros. Cual más o cual menos, las más importantes están todas presentes en este metraje si se sabe ver. Desde el Nosferatu de Mornau en 1922 al Drácula de Bram Stocker (1992, Coppola), desde el que rodó Browning en 1931 a Entrevista con el vampiro (1994, Neil Jordan) o hasta Blade (1998, Stephen Norrington). Es un Drácula para atraer jóvenes más acostumbrados a vampiros buenos con alma rebelde en historias incongruentes. En el camino de todo y encauzado en nada, como película de acción puede tener un pase siempre que se acepte la astracanada, pero en serio, no hagáis como el director, no os toméis en serio una película cuyo guión tal vez era más disoluto de lo que Shore creía que lo era. Tengo la impresión de que él quería rodar de acción y superhéroes y la productora le entregó una historia de vampiros. En todo caso, no deja de ser curioso un Drácula del siglo XVI con ligeros toques de la visión rumana sobre su figura.

La bruma (2018, Daniel Roby): Una película de sobremesa en fin de semana que aspiraba a poner de fondo mientras me amodorraba, pero lo sorprendente es que logró que la siguiera con interés. Es una película francesa que emitió canal Cuatro. Un movimiento sísmico reproducido por toda Europa provoca el escape de un gas denso desconocido que sumerge la ciudad de París, matando al instante a las personas que lo respiran. Solo logran sobrevivir las personas que alcanzan las alturas de los edificios más altos o bien viven en las zonas más elevadas de la ciudad, aparte de una serie de niños que viven dentro de burbujas de cristal por padecer una extraña enfermedad respiratoria. La electricidad es cortada, acceder a los alimentos es difícil y tener otro tipo de suministros es un problema. En este ambiente se dispara la solidaridad tanto como la insolidaridad entre los ciudadanos sobrevivientes de la nueva normalidad de este acontecimiento letal a modo de pandemia. Unos padres de una de las niñas burbuja quieren ayudar a su hija, aislada en su burbuja en medio de la bruma, antes de que se le agoten sus reservas energéticas. Para ello ayudan a la vez a un matrimonio anciano que les acoge en su casa. La película combina la acción con la metafísica e incluso con el intimismo introspectivo y sentimental propio del cine francés. Una mezcla curiosa. Las conexiones e intenciones del programador de televisión vuelven a ser evidentes, pero hay que reconocer que aún siendo una película de sobremesa tiene un nivel más alto que otras películas de sobremesa, y se nota una mayor preocupación por la calidad de la producción que el resto de este tipo de metrajes. Puede cuadrar perfectamente como película de cineclub de cine europeo aún entrando en la ciencia ficción de gran espectáculo, porque lo suyo no es tanto el espectáculo como el planteamiento de lo que lo inesperado más trágico puede provocar como ruptura en nuestras vidas, así como lo relativo de que la vida sea de un modo o no de otro o incluso una invitación a valorar lo que quiera que sea que en la vida nos ha tocado vivir. No es la gran película, pero no es una película mala. La película está bien y para lo que es se la puede tener buena consideración.

Jojo Rabbit (2019, Taika Waititi): Nada más regresar la reapertura de los cines, aquel viernes, abrieron menos de los que se cuentan con una mano. Yo salí del trabajo y, aprovechando que en Madrid capital hay sesiones matinales, me fui a los Cines Renoir de la Plaza de España, donde se reabría con las películas con las que habían cerrado el 14 de marzo, en su versión original subtitulada. La verdad es que me entrevistaron antes de entrar y esquivé tres grupos de periodistas a la salida. La pregunta principal era qué me había parecido ir al cine, supongo que lo mismo que a esas personas ir a comprar el pan o salir a dar una vuelta. Como sea, a esa hora solo había una película posible para ver y era esta comedia que entre finales de 2019 y comienzos del 2020 andaba por la polémica entre personas que les gustaba mucho y se reían y personas que la criticaban por vanalizar el nazismo y la extrema derecha. A ver, hay que reconocer que se viven épocas en las que las personas de piel más fina se han transformado en censures puros y duros en pro de construir lo que ellos consideran un mundo mejor, tal como todos los censores de todas las épocas creían estar haciendo. No a la censura. Sea como sea, el nazismo, el fascismo, la extrema derecha, ya ha sido objeto de humor en muchas ocasiones. Precisamente estaba Adolf Hitler vivo y matando gente cuando se creó la comedia Ser o no ser (1942, Ernst Lubitsch), o cuando arrasó en taquilla El gran dictador (1940, Charles Chaplin). Muy recientemente es muy meritorio el falso documental con total sentido del humor, y nada más y nada menos que de la mano de un revisionismo alemán que de paso critican el ascenso de la extrema derecha hoy día, Ha vuelto (2015, David Wnendt). No le veo particular problema a que se haga una comedia con el nazismo, riéndose de él, si hasta los dibujos animados vienen haciéndolo desde los años 1940. Ni siquiera con el asunto del exterminio judio, pues no se promueve, sino que se condena, solo que usando el humor, tal como los directores con origen judío citados ya hicieron incluso cuando aquella tragedia estaba ocurriendo a tiempo presente, Lubitsch y Chaplin. Jojo Rabbit usa de la condena al nazismo y al exterminio judío, por cierto reutilizando hasta cierto punto la historia de Anna Frank. El problema es que es una crítica aunque evidente no especialmente destacada, no especialmente comprometida, cuando incluso alguna de las partes del largometraje más que de los nazis parece que hablara de los comunistas. De hecho, igual hubiera sido ambientarla con los nazis que con el gobierno comunista de la República Democrática Alemana. Más aún, en pequeños detalles de la película pareciera que Waititi está en realidad dispuesto a exculpar a los nazis, pobres chicos confundidos, pero está totalmente interesado en presentar a los comunistas como auténticos asesinos culpables de todo, son los únicos que en la película aparecen practicando la violencia explícita de manera seria, no humorística, e incluso una ejecución de  nazis que el guión presenta claramente como injusta, eso a pesar de que es evidente de que aparecen ahorcados por los nazis en las calles, solo que nunca aparecen los nazis ahorcándolos ni practicando con seriedad ningún acto de violencia, ni nada concreto se muestra en el guión como una injuticia clara, aunque coincide en una condena general y social al nazismo, que parece más una convención que una convicción por parte del director del largometraje. Aún con todo, la película señala los absurdos del nazismo desde un punto de vista de la historia de un niño que se hace nazi más que por creer en aquello entendiendo totalmente lo que se le adoctrinó, por querer encajar socialmente con el resto de niños amigos suyos. Es la historia de un niño que quiere encajar entre sus amigos, ante la ausencia de su padre. En medio tiene a una madre de la resistencia alemana que oculta a una niña judía en su propia casa. Por todo ello ha desarrollado imaginariamente a un amigo peculiar, Adolf Hitler, que se le aparece como se le aparecía un conejo gigante y parlante al alcohólico de El invisible Harvey (1950, Henry Koster). La película ha sido dotada de un colorido en tonos pastel y estética de Arte Pop anacrónico, tan anacrónico que incluso se hacen guiños evidentes a videos musicales de los Beatles de los años 1960. El principal problema que tiene la película para mí es que su humor es en realidad un conjunto de chistes evidentemente de programa de televisión nocturno, lo que se conoce como Talk Show o Night Show. Encajan bien dentro de discursos de presentador que está obligado a tener cierta irreverencia como personaje golfo que cada noche debe crear un poco de polémica para hacer reir. Da la sensación que la película busca eso, revolver en asuntos polémicos para hacer reir, pero en realidad le da igual todo aquello de lo que se ríe, es solo el negocio de hacer humor. Ese es su problema. Si aceptas que ese conjunto de chistes estén hilados en un argumento de película, pues la película te funcionará, más o menos, si no terminas de digerirlo, pues se te quedará ciertamente coja. Es, en general, una película creada como excusa por su director para ver si funcionan o si comercializa una serie de chistes sobre el nazismo que se le ocurrieron, no hay especial compromiso político o social como otros metrajes de humor. A mí no me hizo carcajear, ni reir, alguna cosa me hizo sonreir, algunas partes, con ojos críticos me parecen que sobraban, pero si se ve sin ojos críticos te puede valer. Puede ser para pasar un rato, siempre que no se espere de ella lo que se supone que Waititi decía que se podía esperar.

Despertando a Zodiac (2017, Jonathan Wright): Zodiac fue uno de los asesinos en serie más famosos del siglo XX en Estados Unidos de América. Mató entre los años 1960 y 1970 mandando cartas a la policía y siguiendo el zodiaco. Nunca se supo quién era o quién sigue siendo. Ha despertado todo tipo de hipótesis, de seguidores y de cazadores de recompensas, y no es la primera película que le dedican, de hecho David Fincher ya dirigió Zodiac en 2007. En este otro caso, Despertanto a Zodiac, el canadiense Wright traslada la historia a nuestras épocas actuales y crea la teoría de que Zodiac actualmente es un anciano integrado con normalidad en la sociedad y que oculta sus cosas en un trastero alquilado. El problema viene cuando por un impago ese trastero es comprado por una pareja joven que se adentra así en una serie de pistas mediante las cuales creen que pueden conseguir la gran recompensa que se ofrece por la identidad de Zodiac, lo que no esperan es que el asesino no está muy lejos y que ellos mismos se transforman en el objetivo de sus próximas víctimas, de ahí que la película se dedique a su despertar. Fue emitida por TVE 1 en una noche. Película de suspense que tontea con el género de terror sin llegar a crear terror. Tiene un ritmo más propio de las películas de los años 1990 de este género que las tan espectaculares que se hacen en los 2010. Se alimenta de la cultura audiovisual televisiva que el director supone al espectador medio de este largometraje, pues tiene numerosos puntos de unión y lenguaje a los programas de realidad (reality show) destinados a mostrar cosas como las sorpresas de los trasteros que sortean por impago, los crímenes no resueltos, los detectives aficionados, etcétera. De paso entra en el sueño americano tratando de prosperar haciendo lo que te gusta y con poco esfuerzo. Como sea, es una película ligera, no es la más significativa de su género, pero está ahí, no es lo peor que de este tipo de cine se ha hecho, aunque se pudiera mejorar. Pensemos por ejemplo que si Zodiac ha de ser un anciano, en toda la película salen tres ancianos y dos de ellos mueren, por lo que deja poco para la imaginación.

Miles ahead (2015, Don Cheadle): La mejor película de esta última etapa del estado de alarma fue la última, emitida por La 2 por la noche. Se trata de un biopic sobre la vida del músico de jazz Miles Davis. A mí este músico me gusta bastante, especialmente su álbum Milestones (1958); quepa decir que dentro del jazz innovó el estilo varias veces y cuenta con varios álbumes clave, y que en determinado momento de finales de los años 1960 y principios de los 1970 influyó totalmente en la música rock y pop del momento y aún volvió a hacerlo en los años 1980, siendo para los años 1990 una referencia de toda la música popular del siglo XX. Ahora bien, tenía una personalidad difícil de tratar, con mal humor, diversos prejuicios, alcoholemia, drogadicción de drogas duras, diversos problemas graves de convivencia en su vida personal, y un problema físico que le dejó cojo por accidente y que empeoró aún más su carácter. En 1975 todo confluyó en sus horas más bajas para que no se le ocurriera nada de calidad, según él, y decidió retirarse de la música, siendo ya un clásico venerado y en lo más alto de su producción. De repente dejó de producir. Además esaba de fondo diversos traumas no superados, como la ruptura con la mujer que más amó... y con la que tuvo peleas violentas por los efectos paranoides de varias drogas y medicamentos que tomaba. Es curioso que 1975 es el punto de inflexión productiva para muchos de los grandes autores, Lennon también paró en ese año y ya no volvería hasta 1980, año que le mataron, o bien The Who, Led Zeppelin, Bob Dylan o Deep Purple comenzaron ya a crear álbumes que se consideraron menores respecto a lo anterior y así siguieron hasta su final o bien hasta un resurgir años más tarde. En el caso de Miles Davis su regreso no se produciría hasta 1981. Entre medias recibiría, para su disgusto, diversas ofertas para regresar de algún modo o para mantener la venta de sus discos. Una de esas ofertas parecía que se iba a materializar en 1979, cuando se rumoreaba que había participado de la grabación para uso privado de un encuentro privado con otros músicos del jazz actual de aquel momento. La reunión y la grabación eran reales, pero Miles Davis guardaba la grabación como secreto de Estado y se negaba a mostrarla ni a volver. En ese momento llegó a su vida un periodista que decía trabajar para la revista Rolling Stones, y que en realidad usaba todo tipo de trucos y engaños para lograr un reportaje exclusivo que relanzara su carrera y la del propio Davis, aunque Davis era contrario a él. La película se centra en ese momento, más o menos entre 1979 ó 1980. La relación entre Davis y el citado periodista fue fuerte pero a la vez convulsa, había amor-odio por la difícil personalidad de Davis. Por otra parte, chanchullos de la discográfica, la acción de un mafioso de poca monta y la intervención de un nuevo músico de jazz imbuido en la droga, provocó el intento de robo de la grabación, lo que les metió a todos en una extraña historia con persecución y tiroteo incluidos. Todo ese momento es la historia central del metraje, lo que hace que tenga algo de road movie, de película de acción e incluso de género de extraña pareja de policías de diferente modo de ser y algo de comedia. Todo este relato fue algo tan emocionalmente fuerte que ambos personajes se ayudaron mutuamente hasta el punto de que en 1981 lograron ese regreso musical, con gran éxito, y relanzar la carrera periodística del periodista. Entre medias se introducen recuerdos de Davis desde sus inicios a sus mejores momentos, con una excelente fotografía y vestuario que recupera a la perfección los ambientes reales en los que vivió Davis y que conocemos a través de las sesiones de fotografías innumerables de cada momento de su vida y producciones. Además, cada recuerdo lleva consigo de banda sonora lo que en esos momentos componía. Se explica su vida escogiendo momentos clave, algunos aspectos se explican de manera sutil, incluso los polémicos como sus relaciones con mujeres de raza blanca, siendo él negro, cosa que en su juventud era algo mal visto por un sistema racista instalado en la sociedad norteamericana, cosa que le llevó injustamente al calabozo de una comisaria incluso siendo ya famoso. La caracterización del actor es perfecta. El regreso de Davis en 1981 supuso además un cambio radical del jazz, al fusionarlo con otros géneros de una manera como nadie se había atrevido. El autor comprendía la música como arte y no tanto como éxitos que comercializar, de ahí buena parte de su historia y de su temperamento. Uno de los biopic que más me han gustado de los últimos que he visto. Lo recomiendo incondicionalmente, incluso si lo que te interesa es una película de poli bueno y poli malo. Muy buena película.

miércoles, junio 24, 2020

NOTICIA 1976ª DESDE EL BAR: MI CONFINAMIENTO EN FOTOS





Ciento una fotografías. Una por cada día del estado de alarma iniciado formalmente el 14 de marzo de 2020. En realidad, reuní fotos e hice fotos desde el 13 de marzo, día que anunció el gobierno que habría la activación del estado de alarma al día siguiente, y aunque el estado de alarma acabó el 20 de junio, hay una fotografía del domingo 21, primer día sin estado de alarma, y otra del lunes 22 de junio, primer día laboral sin estado de alarma. Como siempre, si se pulsa en las imágenes, se amplían.

Salvo dos fotografías que por su alto valor informativo y significativo se las cogí prestadas a dos amistades muy queridas, todas las realicé yo. Recojo aquí cómo ha sido mi confinamiento. Está desde el comienzo de la primavera al aniversario de la muerte de mi madre, desde la muerte de uno de mis tíos paternos al momento que autorizaron salir para pasear una vez al día, una hora a un kilómetro máximo de tu casa, desde la Semana Santa al aniversario de la proclamación de la Segunda República, desde el 1º de Mayo, Día del Trabajador, al día que me llamaron para regresar a trabajar con horario reducido en el Archivo General Militar de Madrid, desde el día que reabrió el primer cine en Madrid al primer bar que se atrevió a regresar sin gente, desde las colas de la carencia que protagonizó la gente, en este caso para comprar tabaco para el confinamiento, a las comidas y desayunos en soledad, desde mi gata acompañándome estos días al día de su cumpleaños y al día de mi cumpleaños, desde la situación compleja de mi casa a la reorganización de estanterías, desde las lecturas a las películas, desde la amistad materializada en correspondencia a la escritura de una nueva novela, desde las mascarillas para poder salir a la calle a comprar o viajar por las leyes anti-pandemia a los gorriones que me han tomado confianza y ahora alimento, desde la tarta que me hizo una mujer que fue amiga de mi madre por mi cumpleaños hasta el regreso de la lotería que, por otra parte, sacó justo los números consecutivos siguientes a los que yo decidí jugar (fue como si me tocara sin tocarme nada, nuca estuve tan cerca), desde el lazo negro del ayuntamiento de Alcalá en la Puerta de Madrid por los muertos de la Covid-19 de nuestra actualidad a mi trabajo,  desde el comercio cerrado a las calles vacías, desde los militares llevándose camas de un hotel para los hospitales al amigo auxiliar de enfermería que desde el primer día estuvo en primera línea del cuidado de los pacientes graves, y así, en ellas, en las fotos, numerosas historias directas, indirectas, claras, otras más ocultas, unas más comunes a todos, otras más crípticas y propias de mi vida particular. 

Me consta que el pasado 15 de mayo ya os compartí una especie de primera entrega con fotografías que hice de primavera desde que se había podido salir a pasear hasta esa fecha, cada foto era de un día diferente (Noticia 1967ª). Me consta, además, que os debo una entrada para cerrar el serial sobre el cine que vi este confinamiento, que corresponde a la última quincena del mismo. A la próxima entrega. Saludos y que la cerveza os acompañe.

sábado, junio 20, 2020

NOTICIA 1975ª DESDE EL BAR: ¿QUIÉN SE HA LLEVADO EL MES DE ABRIL?



En el anochecer del sábado 14 de marzo comenzaba el estado de alarma preanunciado dos días antes y anunciado su día formal de puesta en funcionamiento el viernes 13, un día antes. No hubo estado de alarma completo ese día 14, solo fueron las últimas horas, por lo que lo más correcto es comenzar a contar los días a partir del día 15, que ya habría transcurrido un día completo, siguiendo esa lógica habrían pasado hoy noventa y ocho días de estado de alarma a nivel estatal. Ahora bien, hay quien cuenta el mismísimo día 14 como día completo en estado de alarma, aunque no fue así... No fue así a nivel estatal, porque sí fue sí hubo comunidades autónomas y algunas localidades y regiones que sí entramos en confinamiento oficial aquel mismo sábado desde el principio de él mismo a las 00:00 horas de la noche del viernes 13 al 14, fue el caso de la Comunidad de Madrid. Eso nos pone en que han pasado noventa y nueve días. Claro que hay gente que cuenta como parte de todo esto el viernes 13 completo, cuando se anunció oficialmente que sería el sábado cuando entraríamos en el estado de alarma, eso lo pone hoy en cien días, pero dado este tecnicismo que realmente no cumple con lo estricto del estado de alarma, ¿por qué no contar entonces el preanuncio de que se iba a tomar la decisión en algún momento, el cual fue el jueves 12 de marzo, lo que nos pone en ciento un días? Pongamos la referencia del día propio, el sábado 14, lo que nos pone en los citados noventa y nueve días oficiales de estado de alarma y confinamiento. Lo que sí estaremos de acuerdo todos es que el anuncio oficial y la ley ha fijado sin orden de duda que hoy es el último día del estado de alarma tan histórico que hemos vivido, y tan excepcional. Esta noche del sábado 20 de junio al domingo 21, a las 00:00 horas, en cuanto empiece formalmente el domingo, se acaba el estado de alarma prorrogado por el gobierno y el Parlamento de manera dura y bronca varias veces a lo largo de estos tres meses y diez días transcurridos. Mañana, el día cien, es el primer día en el que volvemos a un gobierno con poderes normales, aunque algunas de las medidas de este estado de alarma se prolongarán mediante un decreto ley del gobierno central y las normativas y leyes específicas que desarrollen cada comunidad autónoma para su territorio.

Este estado de alarma se ha llevado por delante el final del invierno, lo que era fácil al empezar en 14 de marzo, pero lo que nadie se esperaba es que también nos ha eliminado de golpe la primavera de 2020, al menos en cuanto a nuestra vivencia humana, pues está claro que la Naturaleza la ha aprovechado y mucho. Empezó el 21 de marzo, como fecha convencional en el calendario, y a nadie se le escapa que justo entre hoy y mañana termina esta estación del año y comienza el verano. Termina el estado de alarma justo cuando comienza el verano. ¿Quién me ha robado el mes de abril?, que preguntaba Joaquín Sabina en una canción que quizá cobre un sentido que tópicamente se le una a hipotéticas y futuras producciones de televisión y cine cuando hagan realizaciones de cine o series ambientadas en la pandemia de la Covid-19 de este 2020. 

Ha sido una primavera cuando menos excepcional. Excepcional en España y excepcional en el mundo. Aunque las circunstancias han sido biológicas, las decisiones han sido políticas y sociales. Nunca antes la humanidad entera había alcanzado un consenso pacífico ante un problema común, aunque este consenso haya tenido sus lógicas variantes en diversos puntos del planeta. Crea un antecedente más o menos sano de cara a afrontar otros graves problemas que están en marcha, como el cambio climático. Pero para ello hay que tener reflexión y análisis sobre todo lo ocurrido estos meses, si bien en el conjunto del mundo es ahora cuando se están entrando en las fases más graves de la pandemia, al alcanzar cotas de propagación y mortandad altamente elevadas en el continente americano y a la espera de ver qué ocurrirá en África, todo ello mientras existe la amenaza real de un repunte grave que ya ha amagado con seriedad en China. 

Quizá una de las vías a analizar es que parte de todo este problema pasa por revisar y tal vez modificar severamente o finiquitar el sistema capitalista, tanto por ser origen de la pandemia al esquilmar la Naturaleza y provocar el cambio climático que ha favorecido el salto del virus al ser humano, como por demostrar su carácter altamente egoísta e injusto, así como desfavorecer a todos aquellos que han quedado internacionalmente descolgados del mercado productivo en favor de los tejemanejes de grandes empresarios y gobiernos que juegan en el mundo como partidas de ajedrez sutiles de las que en general el común de los humanos no nos enteramos hasta que nos estalla en la cara su resultado maquiavélico.

Si en algún momento había que repensar y replantear el socialismo es ahora que también lo requiere el capitalismo. A fin de cuentas los sistemas socioeconómicos no siempre fueron los mismos, ni los valores de la humanidad asociados a cada uno. El feudalismo tenía los suyos; las ciudades-Estado griegas también; el imperialismo respondía a sus propias pautas más o menos similares pero con sus peculiaridades ya sea en Egipto, la antigua Roma, la España del Renacimiento o la Gran Bretaña del siglo XIX; en el siglo XVII los franceses desarrollaron el mercantilismo tras colapsar poco a poco el sistema feudal y la organización social por estados sociales, el mercantilismo fue un sistema socioeconómico al que se acogió toda Europa hasta que surgió el capitalismo, fue un paso previo que derribaba social y económicamente todo, mientras, a la par, se vivía un brote de peste negra y una guerra de treinta años que algunos historiadores analizan como antecedente no exacto a lo que sería una guerra mundial tal como la entenderíamos hoy día. 

Hemos tenido una primavera confinados, pero ahora comienza el verano. Ya se podrá hacer cosas como ir de Alcalá de Henares a Azuqueca de Henares sin motivos exclusivamente laborales, cambiando así de la provincia de Madrid a la de Guadalajara, cosa que durante todo el estado de alarma ha sido ilegal. Saludos y que la cerveza os acompañe.

miércoles, junio 17, 2020

NOTICIA 1974ª DESDE EL BAR: NO NOS HAGAN INVISIBLES


El próximo lunes 22, a las 00:00 horas, o en otras palabras: en la noche del domingo 21 al lunes 22, se habrá terminado este histórico estado de alarma. Varias medidas adoptadas seguirán vía decreto ley, como ha anunciado el gobierno, otras dependerán de las decisiones de los gobiernos autonómicos, y otras teróricamente desaparecerán. Pareciera que en pleno momento del final del sistema de fases para ir "desescalando" la escalada de medidas contra la pandemia de la Covid-19 todo cambiará para que nada cambie en esa proyectada vuelta paulatina a la normalidad. "Nueva normalidad" que decía el gobierno en un contrasentido monumental, "normalidad provisional" que dijo no hace mucho el propio gobierno intentando suavizar el término anterior con vista a una normalidad como la anterior a la Covid-19, negada a la vez con la idea de mantenerlo todo tal cual hasta que haya una vacuna o un tratamiento que, dicho sea de paso, ni se sabe cuándo estarán, ni si estarán, ni si de estar serán de total eficacia, todo lo cual afectaría al argumento planteado de intento de suavizar.

No me apetece hoy hacer un análisis sesudo de todo lo acaecido. 

Simplemente me apetecía compartir una fotografía que hice la semana pasada, tras salir del trabajo y dar un paseo, vi la ventana de una residencia de ancianos privada, perteneciente a una orden religiosa de monjas, donde desde una de las ventanas alguien colgó una pancarta donde se leía "No nos hagan invisibles". Estaba detrás del Senado, cerca de la Plaza de España. Al margen de todo lo que implica su contexto social e histórico en esta pandemia, incluso al margen de lo que implican todas las lecturas que la imagen misma puede dar con esas ventanas donde no pareciera que viviera nadie capaz de quedar invisible a la sociedad, es una frase que puede extrapolarse a múltiples realidades actuales y venideras, en este contexto, derivadas de él o dentro de la propia individualidad y la vida particular de cada uno.

Mucha gente se apuntó al carro tópico buenista de afirmar que nos haríamos mejores. Me parece más real esta frase de petición y no de afirmación, "No nos hagan invisibles".

Hoy día hay muchos invisibles y mucha gente que crean invisibles no con pócimas, si no con una mirada al interior de sus párpados. ¿Cuántos vecinos han preguntado estas últimas semanas al vecino de toda la vida justo lo que de toda la vida ya sabían sin preguntar?

Saludos y que la cerveza os acompañe.

miércoles, junio 10, 2020

NOTICIA 1973ª DESDE EL BAR: PASEANDO POR EL SIGLO XIX

Un bebé descansa en su cuna pétreo y blanco, marmóreo en su dormitorio para siempre, retrato en piedra del hijo muerto que hicieron sus padres en el siglo XIX y que se guarda en el Museo del Romanticismo de Madrid, junto a las pistolas de pistón del general Palafox, varios cuadros de Valeriano Bécquer (el hermano de Gustavo Adolfo), la cinta negra que vistió Zorrilla en el entierro de Larra, innumerables pianos y cuando menos numerosos cuadernillos con tapas de nácar para las tarjetas de baile de las damas de la época. Con la cara tapada con una mascarilla de farmacia más como salvoconducto para ir andando por ahí por obligación de la ley que por sanidad real, he estado a solas en este museo de la calle San Mateo de Madrid. Fui al acabar mi breve jornada de trabajo, reducida a cuatro horas desde que regresé la semana pasada. Los museos abrían de nuevo en la Comunidad de Madrid poco a poco y para ser más atractivos, dado que no se puede hacer nada salvo deambular, sin guía de papel, sin postal, sin nada, estos días son gratuitos y con foro muy limitado. Había dos museos que aún no había visto de los que se me ocurrieron que podría ir hoy después de mi jornada, uno de ellos era este. Toda la vida lo he conocido como Museo Romántico de Madrid, pero al buscar su dirección he visto que en realidad se llama Museo del Romanticismo. Pregunté por la calle a un par de personas con ese nombre, pero no solo no sabían de qué les hablaba, sino que mi miraban que parecía que les había hecho una proposición amorosa, así que corregía y decía: "Museo Romántico", y ahí sí, todos de acuerdo, sabían de qué les hablaba. 

Deambule por las salas yo solo. No había nadie más. Todo el pequeño museo para mí solo. Alguna voz de las vigilantes de sala hablando en habitaciones contiguas, pero poco más. Lo cierto es que como muestra del romanticismo del siglo XIX está mejor el Museo de la Fundación Lázaro Galdiano en Madrid, o la Casa Lis en Salamanca, pero es cierto que tiene una colección de cuadros muy destacados de varios autores, no sólo de Bécquer, también de los Madrazo o de Esquivel o de Esteve o del indiscutible y siempre genial Villamil, entre otros. Aunque lo mejor sin duda son su mobiliario y su ajuar. Objetos muertos que te permiten andar dentro de un bodegón burgués del siglo XIX. Alguna que otra cosa no me importaría tenerla por casa, me encantan los pequeños muebles con compartimentos privados y decoraciones que tienen cierta mística. impagable a quien se le ocurriera en su día tallar en mármol a un Napoleón para un reloj de salón. El pequeño carruaje negro para niños, el sillón reclinable con sedas aún vivas, los interminables retratos de Isabel II y los cuadros famosos de Fernando VII o de las burlas al suicidio romántico. 

Anduve solo por las salas pensando en qué pasado vieron aquellos objetos, colocados unos junto a otros para buscar una coherencia estética para cada sala, en realidad amontonados como muestra de lo suntuario de aquel siglo. La sala de billar rodeada de cuadros con infinidad de mujeres de la familia, como si jugar al billar, cosa masculina en el siglo XIX, fuera cosa de hacerlo rodeado de las miradas al óleo de tu esposa, de tus hijas, de tus hermanas y de todas las mujeres cercanas a ti en la sangre que se te pudieran ocurrir. Chimenea tras chimenea decorada y ese dormitorio isabelino con cortina tan pesada para la noche, imaginé, mente sexuada, cómo fuera una noche de amor en aquella estancia, y una noche cálida en invierno con tremenda cortina alrededor. 

Todo el museo para mí, que no lo había visto nunca, y los nácares y los camafeos. Paseé.

Momentos antes, horas antes, había estado en mi trabajo con los expedientes de los mutilados de guerra en la Cuba de 1895-1898. Al salir, allá por Moncloa, una tienda de ropa militar me sorprendió abierta a pie de calle teniendo en su escaparate una foto del actor Luis Tosar vestido con traje militar de 1898 para el rodaje de Los últimos de Filipinas. Su rúbrica estaba en la foto, enorme foto en tamaño. Todo parecía dispuesto para un paseo en una determinada melancolía que me depara este estado de irrealidad que nos da las normas sociales por ley del distanciamiento y la mascarilla. Una melancolía sobre la incertidumbre laboral propia, con un proyecto ya prácticamente completado.

La Posada del Diablo ha puesto el cartel de "se alquila" durante este estado de alarma, del mismo modo que anunció su cierre el Kingston Pub, o, por jubilación para el otoño la Librería de Javier. No es lo único que veo en cierre en esta Alcalá de Henares. Paseo y por el barrio veo una pollería de siempre con el mismo cartel, una tienda de repuestos de maquinaria, como ya dije anteriormente, y ahora, más aún una tienda de camas del barrio, varias tiendas de alimentación del Mercado de Santa Teresa, algún que otro comercio de los bajos de los edificios de estos barrios. Son los pequeños negocios los que quiebran y con ellos se llevan montones de puestos de trabajo y de vida normal y cotidiana. Y nos vamos sumergiendo en esa mal llamada "nueva normalidad" que persigue el gobierno y la oposición, ahora llamada "normalidad de transición", apuntando el mantenimiento de medidas que estrangulan vidas en nombre de la salud, sin que todo lo que se afirma realmente sea útil o como si no pudiera tener alternativas para bien de todo y todos. 

El niño dormía en su cuna, hecho de mármol, perpetuamente. Me pregunto cómo sería la psicología de aquellos padres que al morírseles el bebé decidieron tenerle de ese modo eternamente suspendido en el tiempo dentro de su casa.