viernes, febrero 24, 2017

NOTICIA 1685ª DESDE EL BAR: VIOLETA Mag ME PUBLICA UN ARTÍCULO

La revista Violeta Mag nació el año pasado, 2016, en Madrid, creo que sobre la primavera o el verano. Se trata de una revista cultural que trata de abarcar todo tipo de expresión artística. Se edita en papel, de muy buena calidad, por cierto, gracias a Nieves Meijide (su impulsora y creadora) y Pablo Martín Torrego, al cargo de un impecable diseño artístico en tamaño un poco superior al de cuartilla, veintiocho páginas, un logo propio y mucha, mucha clase sensible para acompañar textos e imágenes. Pero Violeta Mag no sólo se queda ahí, no sólo es una revista en papel, que ellos mismos se financian (ay, como me recuerda a la gan cantidad de proyectos de esta clase que yo mismo he acometido con amigos desde mi adolescencia). Violeta Mag también organiza recitales de poesía y encuentros en diversos locales y lugares de Madrid capital. Se puede rastrear ello a través de sus fotos en Pikore, que son de Instagram, sus fotos en  Pictaram, o su Twitter, aunque lo más efectivo es seguirles en Facebook. Yo no he podido tener aún la oportunidad de participar en ninguno de sus recitales. No he podido asistir a los recitales de Violeta Mag por razones personales de mi vida, ni siquiera he podido ir al de la presentación del número 2, a la cual deseaba ir, y mucho. Tampoco he podido participar de otros actos, ni organizarlos. Mi vida social  y actividad normal están menguadas en estos momentos. Espero que en el futuro pueda darse el caso de coincidir en uno de esos recitales de Violeta Mag a los que pueda asistir.

La poetisa Sofia Winter sí ha podido participar del inicio y de los recitales de Violeta Mag desde ese 2016, intuyo que a través del poeta Leo Zelada. Fue ella quien le habló de mí a Nieves Meijide, a quien no conozco en persona pero con quien he hablado ya varias veces gracias a que ella me solicitó por una red social y a través de sus servicios de conversación y de los correos electrónicos hemos empezado un trato "editora con escritor". Nieves es una chica muy joven, realmente joven, y por ello me recuerda todo lo que está haciendo a mí y mis amigos cuando éramos adolescentes y también lo hacíamos. No he parado de hacerlo, confieso, y lo sabéis, pero lo de Nieves me recuerda aquellas épocas. Ella me ha ofrecido varias veces a ir a sus recitales, pero no me ha sido posible... ya lo he explicado. Me pidió que le escribiera un artículo para el número dos de la revista. El cupo de poesía y el de relatos de ficción ya los tenía cubiertos, por cierto que me parece muy recomendable destacar el pequeño relato de Arantxa Rochet, entre lo inquietante, lo existencial y un cierto humor negro. Nieves me pidió que escribiera sobre Arte. Lo cierto es que me ha concedido, sin conocerme, dos páginas. Me siento honrado y agradecido. Así que aquí yo, Canichu, escribí un pequeño ensayo llamado "El movimiento lo cambia todo", sobre el conceptualismo espacial y el cinetismo en relación casi metafórica con la sociedad actual y los acontecimientos de nuestras épocas recientes... Me era ineludible mantener un lenguaje poético, sin caer en la poesía ni en lo lírico. Reflexión es. Ensayo. Texto que ellos llamaron crónica. Ensayo. Reflexión.

La revista número 2 se publicó en octubre o diciembre de 2016, en Madrid capital, pero a llegado a mi buzón, gracias a Nieves, este mes de febrero de 2017. Por allá la capital anda circulando en su papel impecable y sus cuidadas y escogidas obras de poesía y relado, de diseño, fotografía y dibujo, e incluso una interacción audiovisual gracias a las nuevas tecnologías que, también, son accesibles desde el papel y los códigos que en él se insertan. Es una obra en busca de todo arte. Si la veis por ahí, allí estoy publicado junto a otras personas. Desconozco si es gratuíta o si el precio es alto o bajo, o si en alguna ocasión se vende y en otra se regala, aunque es lógico que se pague, aunque sea poco, ya que necesitan mantenimiento. 

Con el deseo de que las cosas mejoren en los hados como para poder asistir a alguno de sus encuentros, e ignorando si Nieves quiere o no quiere más de mí, o de quererlo el cuándo y el cómo o el qué, os dejo la referencia y, si lo encontráis, deseo que lo disfrutéis como yo lo he disfrutado al leerlo. Saludos y que la cerveza os acompañe.

miércoles, febrero 22, 2017

NOTICIA 1684ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1994-1998 (5 de 5, parte final, adolescencia)

Llegamos al final de este serial sobre los libros que leí completos en mi adolescencia. Por supuesto podríamos considerar aún una adolescencia ya última en los primeros años de mi veintena, pero eso, si algún día hablase de esos libros, lo llamaremos juventud, en sus años de universidad. En la primera miitad de 1998 yo cursaba la segunda parte de la segunda vez que cursé COU. Luego pasé el final de la primavera y el comienzo de verano leyendo y releyendo montones de apuntes y libros de texto del bachillerato y de COU para preparar el examen de Selectividad. No saqué malas notas, ni como media de Bachillerato-COU, ni como nota media de Selectividad. En verano aún trabajé en alguna cosilla y me dediqué a dar clases de Historia y Filosofía a algunas amistades que lo necesitaban para aprobar asignaturas que suspendieron, como a Laura Vega o alguna otra persona. Seguí participando de El Recreo y ya teníamos en mente crear una nueva revista, que sería La Botella Vacía, pero que aún no estaba planteada de manera explícita, ni sabíamos que ese sería el nombre y el resultado. Yo comencé a cursar Pedagogía en la Universidad Complutense de Madrid en la segunda mitad del año. Varios motivos me dejaron caer en una desmotivación y en el abandono de los estudios en las Navidades de ese año, o más bien hacia enero de 1999. Así comenzó el mal llamado año sabático de Canichu en 1999, no sin enfados y tensiones familiares. Pero para la segunda mitad de 1999 al fin estaba totalmente decidido por la Historia. Quizá a mi padre no le gustó mucho mi decisión, o nada, pero la respetó, me hubiera gustado que hubiera visto su final en 2004 y cómo he podido trabajar con mis estudios, aunque hayan sido malos trabajos en tiempo y sueldo. Bueno, todo eso son otras historias. Sea como sea, en la segunda mitad de 1998 tambén tuve que leer libros y artículos de pedagogía y psicología. Reforzaron los que ya había leído, más los de filosofía, y desde entonces no he dejado de leer sobre todo ello, aunque no terminara haciendo la carrera de pedagogía. Sin más, estos son los libros que leí en 1998.

1998: 19 años de edad.
Leí 16 libros completos.

Carmilla (Sheridan Le Fanu, 1872): Lo leí por segunda vez. La primera vez fue el año anterior. A pesar de ello, lo destaqué de entre los libros que leí ese año en la Noticia 204ª. Hablé de él ya en la entrada anterior, Noticia 1683ª. Una historia de una vampiresa, otra de fantasmas y otra de zombis. Contenía además un cierto erotismo, en parte lésbico, como dije entre ambas referencias. Inspiraba recursos y sugestionaba imágenes en una mente adolescente.

Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932): Fue el segundo libro que destaqué de las lecturas de aquel año en la Noticia 204ª. Decía por entonces que era mi primera distopía que leía, de las cuáles ya hablé mucho a través de Zamiatin en dos de las primeras entradas de esta bitácora (Noticia 2ª y Noticia 3ª), y posteriormente. Pero por entonces me equivocaba. Quiero decir, repensando, realmente ya había leído dos, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K,. Dick, de la que hablé en la entrega de la Noticia 1682ª, leída en 1996, y El planeta de los simios, de Pierre Boulle, de la que hablé en Noticia 1683ª, leída en 1997. Sí me reafirmo en que esta novela, junto al libro de poemas de Bukowski que leí este mismo año y del que hablaré ahora, fueron un punto de cambio en mí. La producción de lo que escribiría tiene un antes y un después, igual que cuando llegaron los Beatles y las experimentaciones literarias a mi conocimiento unos pocos años antes, como ya comenté también en este serial. Se puede considerar que hay tres novelas claves en la creación del género de la distopía propiamente dicha, que serían: Nosotros de Zamiatin, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y 1984 de George Orwell, todas en las primeras décadas del siglo XX y a raíz de los acontecimientos históricos que vivieron sus autores, por cierto que los dos últimos confesamente seguidores del primero. Hubo otras creaciones y autores del mismo género por entonces, pero esas tres yo creo que son las básicas, aunque se pueden citar otras, entre ellas varias de Orwell. Estas novelas, siempre referentes en mí, provocaron que con el tiempo yo también escribiera una novela y relatos de distopía, aún a la espera de editor. Esta novela anticipaba en 1932 la modificación genética y hasta la clonación. Muy interesante de conocer  y muy necesaria lectura también para reflexionar de la pérdida de humanidad de los humanos en favor de la tecnificación y la entrega total a la ciencia preocupada sólo por lo realizable y nada por valores éticos, creando su propia ética a la que los humanos se han de adaptar... y crear. En tiempos como los actuales, es una buena lectura. Lo tengo en una edición barata de la feria del libro antiguo y de ocasión que, por otra parte, todos los años hasta el presente la siguen vendiendo y reeditando.

20 Poemas (Charles Bukowski, 1998): Al igual que mencioné que en los años 1990 se editaron pequeños libritos en una colección que se llamaba y costaba "A 100 pesetas" (0'60 céntimos de euro actuales), la editorial Mondadori dio otro paso y vendió otra colección diferente a esa, que era de otra editorial, con pequeños y breves libros de bolsillo a 350 pesetas, unos 2'30 euros de hoy, mal calculados. En esta ocasión se centraron en autores de poesía que por entonces no eran o ni muy obvios o ni muy vendidos y algunos ni muy conocidos en España. No es que no se hubieran vendido o leído, sí lo hicieron sobre todo en los años de La Movida, de los años 1980, pero en círculos intelectuales vanguardistas del momento. La colección se llamaba "Mitos". Hablamos de gente como Alejandra Pizarnik, Boris Vian o este Charles Bukowski, cuya literatura se generalizaba ahora en España, una literatura contracultural que hacía aparición general en el público lector de una manera algo tardía respecto al resto de países occidentales. Ahora Bukowski es un autor muy conocido y leído en España, pero es un fenómeno más bien reciente. De hecho había muchas obras descatalogadas o no publicadas en España y que comenzaron a publicarse o reeditarse en esos años. Comenzó la editorial Anagrama con sus libros de relatos y algunas novelas, sus poemas eran raros de encontrar todavía. Quizá por eso Mondadori editó esta recopilación de veinte poemas de un Bukowski que había muerto en 1994. Fue un éxito de ventas. Ya lo he comentado varias veces, me lo regaló mi profesor de Filosofía Enrique Mañero. La revista que creaba con unos amigos, El Recreo, era constatemente censurada en el instituto. A Mañero le gustaba lo que escribíamos y la actitud comprometida con un cambio en el modo de escribir esa revista que rompía y chocaba con muchos códigos no escritos de lo que debía ser una revista juvenil. Por ello me regaló este libro, me llamó a su despacho personalmente para dármelo. Me gustó mucho el gesto, el regalo y la lectura. Yo en ese momento estaba creando los dos primeros libros de poesía de mi trilogía Poemas de un hombre en cambio. Y sí, Bukowski cambió mi rumbo totalmente, abrió mis ojos hacia realidades y plasmaciones que antes tenía delante y no terminaba de ver o expresar. En esa trilogía (el tercer libro lo cerré en 1999, mientras el primero lo empecé en 1997, acabándolo en 1998, año en el que cree también el segundo) se nota precisamente ese cambio y esa búsqueda. Hay otros autores clave en esa trilogía, como Lorca, Blas de Otero y otros, pero Bukowski es la clave y la transformación. El profesor de Literatura Julio Huélamo leyó aquellos dos primeros libros, quedó muy contento y satisfecho. Me invitó a seguir buscando en mi camino. Fue un libro totalmente transcendente en mí, a pesar de ser una recopilación breve, barata y de papel no de muy buena calidad. No podía ser de otro modo.

Sueños del marinero (Rafael Alberti, 1998): De la misma colección que el anterior. Otro libro recopilatorio de carácter póstumo. Fue un regalo espontáneo de mi madre. Recogía varios de los poemas más conocidos del poeta. Supongo que me lo regaló porque era muy barato y porque le gustaba que leyera poesía. Me veía escribir poesía, así que creo que por ahí iría la intención del regalo. Era mi primer libro de Alberti. Con el tiempo, como archivero, he llegado a archivar y tratar hasta cartas manuscritas de Alberti. Surrealismo clásico de los años 1920 y 1930, más algunos poemas del exilio.


Los crímenes de la calle Morgue (Edgar Allan Poe, 1841): Un relato clásico del terror y del misterio en Poe y el siglo XIX norteamericano. Creo que este se lo regaló mi madre a mi hermano también porque simplemente le apeteció. El autor siempre es sorprendente en sus giros y en sus propuestas. Recomendable.

Chacal (Frederick Forsyth, 1971): Era una novela de espionaje, detectives de la policía judicial y terrorismo internacional que pertenecía a mi padre y la cual guardaba en mi dormitorio. Traté de leerlo en años anteriores varias veces, pero no estaba preparado y lo dejaba. Este año lo leí entero. Carlos "el Chacal" es un terrorista internacional que existe en la vida real. Aún no le habían atrapado, creo recordar, aunque estaban a punto de hacerlo. Había huído de todo tipo de persecuciones. En 1973 estuvo envuelto en los preparativos del atentado a Carrero Blanco, pero en 1971, cuando Forsyth escribió esta novela, sus hitos más conocidos eran sus actuaciones terroristas a modo de mercenario para diversas causas revolucionarias de izquierdas, estando entre esas causas varios intentos frustrados de asesinar a Charles DeGaulle, presidente de la República Francesa, así como de cometer diversos actos terroristas en Francia en ayuda de los argelinos que se querían independizar de Francia, o bien los realizados para la OLP, se sospecha. Chacal solía hacer efectivos sus atentados. Como sea, el personaje fue cubierto de un relativo romanticismo a través de esta novela, obra cumbre de Forsyth, a pesar de lo siniestro de su actividad en la vida real. La obra ha sido adaptada al cine y televisión varias veces. Es una de las mejores novelas de espionaje que he leído. Te ayuda a comprender además el mundo de acción, reacción y espias de la Guerra Fría, y un modo ya anticuado de perseguir en secreto a alguien en el apogeo de la mitad de la segunda mitad del siglo XX. Mi padre me recomendó tras este, una vez más, Shogun, de James Clavell, del que ya hablé en la Noticia 1680ª, y añadió Papillón, de Henri Charriere, ambos los tengo pendientes de lectura aún hoy día.

Reproducción prohibida (Jean Michel Truong, 1990): Editado por la editorial Planeta. Me lo prestó Laura Vega, una buena y querida amiga de la época. Yo la había dejado a ella el libro que necesitaba de San Manuel Bueno mártir, de Unamuno, comentado en la Noticia 1682ª, y ella me dejó este sin que yo supiera de él y sin que le pidiera que me dejara ningún libro. Quería que lo leyera. Era una de las chicas que escribía en El Recreo y con la que realicé un cortometraje ya citado. A través de los libros y objetos que te regalan, así como de los libros que sabes que leen o pertenecen a alguien, se pudiera saber algo de ese alguien, como mínimo se puede intuir como te ve ese alguien para que quiera compartir eso contigo. En este caso el libro trataba sobre la clonación. Era un libro de ciencia ficción que confundía ciencia con metafísica, pero estaba bastante bien. Yo le dije que este libro me recordaba Nuevos Dioses, de Alberto Vázquez-Figueroa, por la temática, y que había leído hacía poco el libro de Un mundo feliz, y se los recomendaba. Ella creía que lo de la clonación sería algo nuevo para mí, supongo que para ella lo era. En cierto modo este libro y el de Alberto Vázquez-Figueroa también pudieran ser una distopía. Como sea, no sé si me gustó más el libro o que me lo dejara.

La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela, 1942): El libro pertenecía a mi padre en una encuadernación muy bonita que simula una cubierta de cuero con letras doradas de la editorial Seix Barral. Se trata del primer libro que escribió Cela, que además es su primera novela. Muy cercano en fecha al final de la guerra civil española en 1939. No va de la guerra, ni de los asuntos políticosociales de la postguerra, pero está claro que deja reflejado un ambiente social de retraso y ostracismo, de endogamia, de analfabetismo y de violencia rural en la inmediata postguerra de la España rural más profunda, oscura y negra. Un libro brutal y seco, magistral en Cela. Uno de los mejores comienzos en la Literatura para alguien. No es apto para estómagos delicados, ni para aquellos que crean en la bondad del ser humano a toda costa de forma innata, ni siquiera por efecto de las creencias religiosas, las cuáles pueden ser en realidad desviaciones hacias la supersticiones y atavismos. Imprescindible lectura si se quiere conocer a Cela y su obra. En ese año del cambio en mí, este libro también hay que contarlo, y eso que Cela ni pertenecía a la contracultura, ni cuando escribió esto se escribían aún esta clase de historias tan retorcidamente oscuras y macabras.

Los hijos del capitán Grant en América del Sur (Julio Verne, 1865): Es el primero de una trilogía que se publicó por entregas en la prensa entre 1865 y 1867, las otras dos partes serían Los hijos del capitán Grant en Australia y Los hijos del capitán Grant en el Océano Pacífico. Los tres serían editados como un sólo ejemplar a partir de 1868, pero aún hoy, de vez en cuando, los publican por separado. Contienen bellas imágenes de grabado, como casi todos o todos los de Verne, producto de que se publicaban en periódicos en un primer momento. Creo que este lo teníamos de la editorial Orbis, como regalo de la vecina de mi abuela materna. Tardamos años en tener las tres partes. Yo tenía una, mi hermano dos, por ello me decidí un día a regalarle el tercero, para que lo tuviera completo. Creo que le gustó el gesto. No recuerdo, eso sí, cual de ellos fue el que me compré yo en una feria del libro viejo y de ocasión, en un mes de abril. Sí recuerdo que leí este libro porque era el primero de la trilogía, pero que no terminé de leer la trilogía. Desde muy niños habíamos visto en televisión y en vídeo VHS la película que hizo Robert Stevenson con actores para Walt Disney en 1962. El título original de la película no era el título español de los libros de Verne, si no que la traducción literal hubiera sido En la búsqueda de los Castaways. Era una historia de aventuras muy exóticas por todo el mundo. Yo recuerdo habérmelo pasado muy bien con esa película muchas veces. Supongo que la lectura del libro en sí me venía ya algo tarde, pero Verne siempre ha sido Verne.

The Beatles (Andrés López, 1997): Pertenecía a la editorial Cátedra, una curiosidad para tal editorial, en una colección que se llamaba Rock-Pop. Publicaban pequeñas biografías de grupos clásicos del rock y no tan clásicos, normalmente escritas por autores españoles. Esta en concreto imagino que salió a la venta porque se estaban reeditando todos los discos de los Beatles y porque ellos habían terminado de sacar los Anthology. No aportaba nada respecto a ese otro trabajo, ni siquiera respecto a la obra de Peter Brown y Gaines. Me lo compré en la Librería Diógenes porque contenía un anexo con todos los discos y conciertos que habían realizado hasta la fecha de la publicación. Muy útil para conocer su obra y como coleccionista.

The Beatles, guía de canciones (W. J. Dowling, 1995): Editado de manera lujosa por editorial Celeste. Fue un regalo de mi hermano, tal vez en el cumpleaños o en las Navidades de 1997. Es una guía con todas las canciones del grupo, los instrumentos que usaron, cómo los usaron, quién los usó, cómo se grabó, los técnicos que intervinieron, cuándo se publicó, quién compuso, anécdotas, comentarios de los implicados y autores, etcétera. No sólo te adentrabas ya en el mundo Beatles, sino también en la musicología de los Beatles. 

Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll, 1865): Me compré una edición especial que recogía también la segunda parte, Alicia a través del espejo, en la Librería Diógenes. De momento sólo me leí la primera parte. Era una edición crítica, asíque también leí algunas notas biográficas y literarias de la obra. Me pareció altamente imaginativa y muy inteligentemente compuesta y coordinadas sus historias. Tomé nota de la libertad para asociar elementos imposibles entre sí sólo en lo aparente. Muy imaginativo. Puede que lo leyera tarde respecto a muchos de mis amigos y amigas, para mí era una novedad que seguía funcionando de manera muy fresca.

La luz que nunca yerra (Javier Jover, 1992): Jover fue uno de los ganadores del premio literario de poesía que organizaba la desaparecida Fundación Colegio del Rey. Esta colección de libros ha  tenido su sucesión en los publicados por el ayuntamiento de Alcalá de Henares como ganadores del Premio Ciudad de Alcalá. Me lo regaló Laura Vega. Supongo que se lo dieron a ella por algún acto. Estos libros no solían tener mucha salida de venta. Aunque era un prestigio ganarlo, hay que reconocer que no sabían promocionarlos. Las instituciones municipales solían regalar algunos de ellos a personas que acudían a hacer algo en algún acto. Aún hoy día eso sigue siendo así. Suelen venderlos en la Fería del Libro Nuevo y en determinadas tiendas locales. El libro no fue el más relevante de los que leí, pero una vez más lo guardo con el cariño no tanto de su lectura si no de quien me lo regaló. Supongo que ella me veía ya como poeta.

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez, 1967): El segundo libro que leía de García Márquez fue este, el más emblemático del realismo mágico. Me lo regaló mi madre, comprado de la papelería del barrio. El libro me costó un tiempo leerlo, pero lo disfruté mucho. La combinación de realidad, fantasía y fábula me pareció maravillosa. Creo que en cierto modo algo de eso se me coló en mi estilo en algunos relatos y poemas. Creo que esa aspiración de contar realidad y cuento a la vez es estupenda. Lo guardo con cariño por ser regalo de mi madre y por ser el libro que es. Altamente recomendable.

Cadáveres bien parecidos. La crónica negra del rock (Jordi Sierra i Fabra, 1998): Buscar este libro por Internet nos da por resultado que su publicación es de 1999, pero es algo imposible, ya que yo lo leí en 1998, recién comprado por Jaime de Jesús ("Jimi Rizos"), amigo mío desde la guardería y gran músico del bajo, participante de numerosas bandas y grupos de música de todos los estilos. Lo tengo bien anotado entre mis diarios personales de 1998... no de 1999. Como me lo dejó mi amigo, el libro no es mío y no puedo consultar su fecha de escritura y publicación de verdad, Internet dice 1999, pero no es real, como mínimo debía ser de 1998. Estaba publicado por Ediciones La Máscara, que publicaba numerosos estudios y relatos sobre música. Sierra i Fabra es un periodista musical de los que más saben en este país sobre el asunto, junto a Diego Manrique. Me empapé y llené de historias truculentas del mundo del rock. Mientras tanto, seguía leyendo y tratando de leer las carpetillas de los álbumes de música que compraba, la gran mayoría en inglés.

Textos y documentos: Historia Universal Contemporánea (Varios autores, 1998): Estos libros los editaban todos los años, eran libros que se creaban por profesores de toda España de Bachillerato y de la Universidad para estudiantes del Curso de Orientación Universitaria, con la idea de ser material de trabajo para ejercitar el análisis y los comentarios de texto de Historia. La finalidad era preparar el examen de Selectividad sobre Historia que daría la nota para acceder a una carrera universitaria. A nosotros nos lo hizo trabajar desde el principio hasta el final, y con dureza, don Manuel, uno de los mejores profesores de Historia que he tenido junto a don Antonio, en EGB, o a Rocamador, en Bachillerato. Los otros profesores de Historia, los de la universidad serían para comentarlos uno a uno. Contenía únicamente textos extensos, algunos totalmente íntegros, que eran documentos históricos relevantes desde la Guerra de Independencia Norteamericana de 1776 hasta el año en el que se editó el libro, en 1998, aunque creo recordar que el texto más reciente tenía que ver o con la caída del muro de Berlín en 1989, o con el fin de la Unión Soviética en 1991. Había textos de toda clase y episodios de la Historia Contemporánea y Actual. Lo cierto es que me gustaba mucho este libro. Me gustaba leer de primera mano los textos que habían hecho Historia y cambiado el rumbo de los acontecimientos. Se lo presté a Laura Vega cuando lo necestió ella para cursar COU una vez que yo ya no estaba en el instituto. Nunca me lo devolvió. Lo echo de menos, pero a estas alturas también es verdad que he visto muchos documentos históricos. Creo que era necesario realizar esa ayuda a esta compañera. Y me alegra saber que no la ha ido mal tras aquella adolescencia y aquellos préstamos de libros. Como sea, este libro quizá haya sido también otro de los decisivos en mi futuro, hoy presente.

lunes, febrero 20, 2017

NOTICIA 1683ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1994-1998 (4 de 5, adolescencia)

 En 1997 cursé en su primera mitad el final del Curso de Orientación Universitaria (COU), pero no estaba seguro de qué quería cursar en la Universidad, además tenía mucho apego a la revista que escribía con mis amigos y a mis amigos mismos. Uno de ellos repetía curso, y todo ello, combinado con otras cuestiones, me hizo decidirme a suspender a drede tres asignaturas con la idea de quedarme a repetir de nuevo COU para decidirme por una carrera universitaria. Por ello, la segunda mitad de 1997 volví a cursar la primera parte de COU. En 1997 yo cumplía la mayoría de edad y mi padre quiso, quizá también mi madre, que me fuese a trabajar con él de aprendiz de tornero siderúrgico. Así que pasé el verano roscando tornillos, fabricando pernios de ascensor, varillas de motos y otros objetos de metal. Fue mi primer trabajo. En ese mismo año también repartiría publicidad de una editorial de libros con temarios para oposiciones a enfermería y doctores médicos, por medio de la Librería Diógenes. Era también otra forma de aprender, y eso está bien, muy bien. Entre tanto, seguía creando la revista El Recreo.

1997: 18 años de edad.
Leí 37 libros completos.

Tres sombreros de copa (Miguel Mihura, 1932, no publicada y estrenada hasta 1952): Nos lo mandaron leer en las clases de Literatura. Mihura era surrealista cuando escribió la obra en los años de la Segunda República. Seguía la estela del humor del absurdo que en esos años estaba de moda gracias a los hermanos Marx en el cine. Por esta misma razón diré que Televisión Española tuvo unos años antes un ciclo de películas de los hermanos Marx, las había visto prácticamente todas. Me gustaban mucho. Me hacían y me hacen reir. Así que este libro lo leí con ganas y no me defraudó. Nos enseñaron las claves y el funcionamiento de los recursos estilísticos y trucos que usaba esta obra de teatro para hacer reir, los cuales le hacían diferente a otras obras de teatro de humor. Tomé buena nota de ello. Los efectos de la Literatura en las personas no era algo que ocurriera porqué sí. Había métodos y había intenciones. Hasta el humor del absurdo respondía a una lógica pensada, quizá eso es algo que en algunas creaciones del absurdo actuales parece haberse olvidado y caen a menudo en un sin sentido efectista y efectivo, pero sin sentido.

Maribel y la extraña familia (Miguel Mihura, 1959, estrenada en 1960): Mientras que el anterior libro era comprado por mí de la editorial Cátedra, este otro libro no era mío. Lo leí porque quise sin más, no porque me pidieran leerlo. Era más flojo que el anterior, o eso me lo parecía. Tenía humor y aún guardaba algo del absurdo, pero ya no tanto. Cuando lo escribió eran otras épocas y, además, a pesar de que Mihura era un conservador que no entró en conflicto con Franco, su obra anterior a la guerra civil y la inmediatamente posterior sí tuvo algunos problemas como obras de teatro del surrealismo y el absurdo. Eso hizo que Mihura suavizara mucho su literatura y que se aproximara incluso a algunos formulismos del teatro costumbrista.

El romancero gitano (Federico García Lorca, 1928) y Poema del cante jondo (Federico García Lorca, 1921, publicado en 1931): La repetición del COU trajo consigo que ese año volvieran a pedir que leyera El romancero gitano, como yo ya lo había leído pedí a mi profesor leer yo por propia voluntad Poema del cante jondo, que también lo tenía en el mismo volumen del ejemplar que había en casa. El profesor aceptó pero debía leer igualmente el otro, porque el resto de compañeros debían conocer las claves del otro. Asíque por gusto y voluntad propia leí los dos. El profesor, de todos modos, llegó a analizar alguno de los poemas de Poema del cante jondo en clase. No serían estas las últimas veces que lo leyera, volvería a hacerlo tiempo después y, por supuesto, a veces suelo ir a sus páginas a leer poemas sueltos. El romancero gitano y Poema del cante jondo me hacían fijarme ahora en su valor como nexo moderno con la tradición y lo popular. Por mucho tiempo me fijaba en estas formas compositivas, pero pronto comenzaría a hacer comparativas con romanceros castellanos y araganoses, pero también de otros sitios. Muy enriquecedor. Para completar esto respecto a El romancero gitano, hablé de él en esta serie en Noticia 1681ª.

La Eneida (Virgilio, entre el 30 y el 19 antes de Cristo): Lo leí en parte por mi profesor de Latín, Miguel Ángel, y en parte por gusto propio. Una edición de la editorial Austral, pasada a castellano en prosa. quizá no sea la edición mejor lograda, pero es desde luego la edición que mucha gente de la época leía. Era práctica. La obra la escribió Virgilio como propaganda política, aunque suene extraño. El largo poema épico cuenta la historia de Eneas, uno de los héroes de Troya, después de la guerra de Troya. En su exilio vaga por el Mediterráneo ocurriéndole numerosas aventuras y desventuras a causa de los dioses hasta que llega a Italia y se enfrenta a uno de los reyes de allí, logrando establecerse y transformarse en un antepasado directo de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, y de este modo de César Augusto, que es quien gobernaba y quien encargó a Virgilio la obra. Emulaba y recordaba a La Odisea de Homero. El mensaje era reconstruir el pasado histórico y la propia versión religiosa de los hechos ocurridos siglos atrás, milenio ya, para justificar el poder que había acumulado César Augusto, que además se endiosaría, teniendo en cuenta que a su tío Julio César le habían asesinado por acumular tal cantidad de poder. De paso justificaba a Roma como heredera de Troya y el poder y gloria que cosechaba. Un clásico de la Literatura que, sin ser trilogía, se podría leer como el tercero detrás de La Iliada y La Odisea de Homero. Un ejemplo no sólo de literatura, sino de su utilización como instrumento de poder y propaganda. Es de suponer que en su época la obra sería polémica, pero pocos o ningún testimonio público y abierto sobre esto nos ha llegado.

El Satiricón (Petrarca, siglo I después de Cristo): Petrarca murió en el año 65 ó 66 después de Cristo, así pues, la obra no puede ser posterior a estos años. Fue leída en su época, en el Imperio Romano, pero la Edad Media hizo que tuviera que ser ocultada primero de las hordas bárbaras y después de la censura cristiana que tenía a este relato, considerado la primera novela, en su punto de mira por ser sus personajes seguidores de los dioses de Roma y por abarcar temas y escenas polémicos para la moral cristiana, como por ejemplo la homosexualidad. Fue publicado de nuevo tras varios siglos escondido en 1476, en el comienzo del Renacimiento. En mi casa hay un ejemplar que debía ser o de mi padre o de mi madre. Una encuadernación muy bonita que imita cubiertas de cuero repujado. Tuve curiosidad por leerlo, por leer algo de la antigua Roma que no fuera más mitología y cuestiones épicas. El libro me gustó. Además me sorprendió encontrar en sus páginas un pasaje de licantropía. Es probablemente la referencia a hombres lobo más antigua que he encontrado personalmente. Contiene algo de erotismo, lo que no deja de ser algo significativo teniendo en cuenta a tiempo pasado que Petronio vivió con Nerón de emperador.

La Colmena (Camilo José Cela, 1950): Nos lo mandó leer don Jacinto, en Literatura, pero lo tenía en la estantería de mi habitación como otro de esos libros que eran de mi padre. Había visto la película hacía tiempo, pero no la recordaba bien. Le tenía ganas, de todos modos. Cela podía ser una persona antipática con muy malos modos, pero es indiscutible que probablemente sea el mejor escritor español de la segunda mitad del siglo XX. Como Cervantes, maneja el idioma y las palabras con un conocimiento y una precisión muy agudos. Cela era un funcionario de la dictadura franquista, conservador y de las oficinas de censura, que se rumorea que escribió esta novela usando los folios de su trabajo. Yo ya conocía de él, porque lo ojeaba, su Diccionaro secreto (1968), en dos volúmenes. Esta novela pertenece al realismo social y, a pesar de las simpatías políticas de Cela, era una crítica a la sociedad que había generado el franquismo, no tanto una crítica al franquismo. Criticaba una sociedad indolente cuyos individuos se preocupaban sólo de sus asuntos cotidianos personales, una sociedad que de fondo ocultaba una misma preocupación, pero que envuelto en un cierto costumbrismo aparecía como una sociedad nada interesada en nada que no fuera lo insignificante, una sociedad sin inquietudes y una sociedad ensimismada. Aunque Cela tenía las simpatías que tuviera, él mismo tuvo problemas con sus escritos en algunos momentos por la censura.

Love story (Erich Segal, 1970): En su día esta novela romántica fue uno de los libros mejor vendidos. Segal la escribió al principio como guión de cine para la productora Paramount, pero lo pasó a novela. La película se hizo y fue también una de las más vistas, lo que logró salvar económicamente a la Paramount, cuyas últimas superproducciones no habían recaudado lo suficiente para cubrir sus costes. Vista o leída esta historia a fecha de hoy nos pasaría desapercibida. Un drama sentimental con todo tipo de recursos fáciles para apelar a la empatía, pero la historia funcionó en su día. Este libro era de mi padre, tal vez lo compró para mi madre cuando se casaron o antes, y también se guardaba en mi habitación. Yo lo quería leer, pero no por la historia en sí, que todavía no sabía de qué trataba, si no porque conocía a Erich Segal. Para mí Segal era el autor del guión cinematográfico de Yellow Submarine en 1968, la película de dibujos animados de The Beatles. Me leí el libro siempre asociándolo a ese hecho, si bien el libro en sí no me marcó especialmente.

Luces de bohemia (Ramón María del Valle-Inclán, 1920, publicado en formato libro en 1924): Una obra de teatro que quería leer porque quería leer algo de Valle-Inclán. Coincidió que nos lo mandaron leer en Literatura. El esperpento en estado puro, la película que le hizo Miguel Ángel Díez en 1985 está muy bien lograda y conseguida. Con el tiempo yo trabajaría como archivero en la Filmoteca Española teniendo al nieto de Valle-Inclán por jefe. Una obra de teatro que me recuerda en buena parte la realidad de muchos de los creadores de Alcalá de Henares actual en su "convivencia". Me gustó mucho. Tiene sin duda un fino sentido del humor y la realidad.

¿Por quién doblan las campanas? (Ernest Hemingway, 1940): Lo destaqué entre los libros de ese año en la Noticia 204ª. Era de mi padre. Uno de los motivos por el que quería leerlo era por conocer más de la guerra civil española, a través de una novela. Además, Hemingway tenía cierto renombre y quería saber porqué. Lo leí en verano. Recuerdo a un amigo de mi familia que salía por las noches al parque donde también salían mis padres para tomar un poco de fresco. Ese hombre era un guardia civil retirado. Cuando una noche me preguntó qué leía a la luz de una farola, dijo que era un libro del maquis, que había conocido a los últimos, pero que su causa estaba perdida. El maquis era la guerrilla española que quedó en activo en España tras la guerra civil contra la dictadura de Franco. Se equivocaba. El libro va sobre la guerrilla republicana, pero durante la guerra civil, no tras ella. Es curioso que durante la guerra ninguno de los dos bandos hiciera mucho uso de las guerrillas. Sea como sea, me quedé imbuido en esta historia. Tiene una gran potencia, una gran fuerza. Dibuja muy bien los personajes, hasta el punto que te hace padecer e inquietarte por las mismas cosas que pasan ellos. Por cierto, el título está mal traducido, en inglés está en singular, pero además es de lógica, pues cuando se toca por un funeral no suena el repiqueteo de varias campanas, si no que el toque es de una sola campana.

El estudiante de Salamanca (José de Espronceda, 1840): Lo leí por curiosidad. Era un ejemplar de la biblioteca municipal. Tras leerlo siempre he querido escribir un relato de terror o de otra cosa en verso, pero nunca he llegado a hacerlo, aunque en algunas ocasiones me he aproximado. Luego leí poemas sueltos de Espronceda. Me parece uno de los autores del romanticismo español más digno. Su terror en esta historia alcanza una cuota bastante impecable. Me atrajo de él su manera de controlar los ritmos y la musicalidad saltándose el rigor de la métrica en favor de lo que cuenta. De ahí que me entregara cada vez más al verso libre y su escritura.

Ancia (Blas de Otero, 1958): Uno de mis libros de poesía favoritos es en realidad dos libros, Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), que el autor unió añadiéndole un prólogo de Damaso Alonso en 1958, usando por título la primera y la última sílaba de cada libro: Ancia. Me mandaron leer algunos de estos poemas en el instituto, pero yo me compré el libro y me lo leí entero. Lo he consultado innumerables veces. Alguno de sus poemas han estado presentes en alguno de mis recitales. Tiene un gran poder de desgarro y desarraigo. Su violencia está latente, una violencia existencial y de crisis religiosa. Es un poemario imprescindible. En más de una ocasión traté de acercarme a él en alguno de mis poemas de la época.

Pedro Páramo (Juan Rulfo, 1955): La única novela escrita por el mexicano Juan Rulfo es todo un torpedo en la línea de flotación. Su experimentación crea una narrativa que hay que leer muy atento y dejarse caer en sorpresas. El desorden cronológico se une a una idea de no atenerse a las normas clásicas. Vivos y muertos se entremezclan. Un libro que me gustó mucho. Estaba en un punto alto de experimentación yo mismo.

Los ojos del dragón (Stephen King, 1987): Es una novela que llegó a España de manera tardía. No es un relato obvio de Stephen King. No es de terror ni de la tópica fantasía suya. Es un libro de fantasía épica medieval. Interesante curiosidad en su obra, aunque no trascendente.

Carrie (Stephen King, 1974): La película que hicieron de este libro me tenía aterrorizado desde niño. Apenas había visto la escena en la que a Carrie le cae sangre encima, pero me impactó. Leer este libro ahora, tardíamente, era un modo de enfrentarme a mis miedos con la idea de superarlos y para poder hablar de esta historia más propiamente y más allá que de aquella sensación de miedo que me dio de niño aquella imagen. La lectura me fue útil. Está considerado el mejor libro de Stephen King, no podría juzgar.

Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas, 1844): En realidad son dos libros en un sólo ejemplar, pues la novela son dos novelas, bueno, en realidad de verdad son tres novelas, la tercera parte sería La máscara de hierro. Hace muchas décadas que esas dos novelas primeras se venden como una sola, por eso la he contado como un libro. Hay otras tres novelas centradas en D'Artagnan, en exclusiva. Como sea, leí este libro de entre los libros de mi padre. Una historia clásica que había visto en diferentes versiones cinematográficas e incluso de dibujos animados. Aventuras clásicas en la Francia del siglo XVIII. Muy recomendable. Me gustó mucho.

Mostelaria, Aulularia, Anfitrión, Asinaria, Casina, Báquides, Captivi, Cistellaria, Curculio, Epidicus y Los Menecmas (Plauto, siglo III a siglo II antes de Cristo): De estas once obras de teatro ya había leído las dos primeras, las releí. Hablé de aquellas en la Noticia 1681ª. Son la mitad de las obras conservadas de Plauto. Son del ejemplar que me compré y cité en aquella noticia. Quería leer el ejemplar completo. Además, al ser una edición crítica me fue muy instructivo todos los análisis y artículos de Historia y Literatura que acompañaban a cada obra. Me llevó un tiempo leerlas todas, pero menos que otros libros. Aprendí mucho más de la antigua Roma de este modo, por iniciativa propia.

Narración de Arthur Gordon Pym (Edgar Allan Poe, 1838 en libro, previamente por entregas en prensa): Es la única novela que escribió Edgar Allan Poe. Este autor es otra de mis referencias. Había leído relatos y poemas suyos, saber que escribió esta novela me hizo inveitable comprarla. La compré en unas vacaciones familiares en Cullera, creo que las últimas que pasamos juntos en la playa toda la familia. La vendían en un puesto callejero del paseo marítimo por la noche. La fantasía y misterios de esta novela me sumergió mucho. Su final me parece perfecto, aunque mucha gente lo haya criticado desde el mismo día de su publicación. Poe era sin duda un hombre atormentado que sabía reflejar en relatos una gran sombra. Lo destaqué como lectura de aquel año en la Noticia 204ª. La experimentación y alcoholemia de Poe también está en algunas de mis obras.

La esfinge de los hielos (Julio Verne, 1897): Lo compré en el mismo lugar que el anterior, a la vez. Julio Verne era admirador de Poe, que había muerto muchas décadas antes de que él fuera un escritor, no sé ni si habría nacido. Verne había leído la novela Narración de Arthur Gordon Pym, de Poe. Era uno de esos lectores que no le gustaba el final que tenía. Creía que era algo inconcluso e indigno. En su admiración a Poe decidió escribir por entregas una novela que fuera la segunda parte y que diera fin lógico a todo aquello. Lo cierto es que el resultado es muy desigual. Poe era más visceral, más romántico, le gustaba el misterio y lo sobrenatural. No necesitaba tanto de explicaciones lógicas para los acontecimientos. Verne sin embargo necesitaba del racionalismo, de la explicación científica, del orden lógico. Esto hace que su novela sea muy de Verne, mientras que la de Poe es muy de Poe. A pesar de la buena intención de Verne, no le hace justicia. Mientras Poe invita al misterio irresoluble de las leyendas viejas, Verne genera un cuerpo científico que lo explica absolutamente todo. Por completar la historia no está mal tenerlo, pero su lectura como segunda parte es prescindible, sólo para los más curisoso y los que tienden a completar.

Carmilla (Sheridan Le Fanu, 1872): Me lo compré en verano. Pocas personas saben que la primera historia de vampiros en clave de literatura occidental, romántica, neogótica, no es la historia de Drácula, ni siquiera es la historia de un vampiro varón, es la historia de Carmilla, una vampiresa. El libro recopila varios relatos de terror de Le Fanu, incluyendo los fantasmas clásicos. En esta historia aparece el lesbianismo, lo que hace del relato algo revolucionario, innovador y contrario totalmente a los valores morales y éticos de la época. Era algo tan escandaloso como morboso. A mí me encantó su lectura. Años después se lo dejé a una amiga que al hablarle de este libro quiso leerlo. Jamás me lo devolvió y volví a comprar la misma edición en una libería de viejo donde lo encontré el año pasado o el anterior. Lección: no prestar libros, al menos que sea a muy contadas personas a las que, además, uno visite en su casa y tenga la facilidad de recuperar el libro por uno mismo. Habían desaparecido ya varios libros por préstamos no devueltos. Ahora es muy difícil que yo preste un libro.

Las aventuras del barón de Münchhausen (anónimo, 1781): Aunque el autor es anónimo, no se descarta que fuera el propio Rudolph Erich Raspe, barón de Münchhausen, ya que este narraba sus propias historias desde que regresó de la guerra contra los turcos en 1750 y en alguna ocasión las escribió. El libro de 1781 compila todas esas historias. Aunque es una comedia, está claro que eran una serie de mentiras y exageraciones de este barón, que, por otro lado, también ha pasado a la Historia como estafador. Cuenta una serie de acciones imposibles, como que llegó a La Luna subido en la bola de un cañón. Su lectura me era tardía, pero algo me llevó a verla. Quizá fuera que estaba hablándose de la película de los Monty Python.

El Árbol de la Ciencia (Pío Baroja, 1911): Con este libro aprendí el significado de la palabra "ataraxia". En realidad era una de esas lecturas de Literatura que no tenía porqué hacer. El profesor había mandado leer San Manuel Bueno mártir, de Unamuno, pero como yo ya lo leí, preferí leer por mi cuenta este otro. Se lo comenté a mi profesor y me dio el visto bueno. Baroja combinaba la psicología con la filosofía, la combinación me gustaba. Pensaba en que yo no podría alcanzar ese nivel. Ahora creo que todo es cuestión de ser una persona reflexiva y tener práctica escribiendo. Aunque Baroja era Baroja, claramente. La vida era contada como una sucesión de sucesos comunes a todas las personas, desde un punto de vista de tragedia inexorable. Deprimía la idea, pero el libro está muy bien escrito.

Cinco horas con Mario (Miguel Delibes, 1966): El tercer libro que leí de Delibes. Era otro de esos libros que no tenía porqué leer, porque ya leí La Colmena, de Cela, que era la otra opción ese curso, pero leí los dos. El soliloquio de la viuda de Mario en el velatorio de este es un libro que recoge igualmente algo de experimentación. Algunas personas lo han transformado en obra de teatro, pero realmente es una novela. Interesante repaso de Historia familiar. Ponía de relieve los pormenores y miserias de ese matrimonio de una manera magistral, ya que muchos de sus pasajes eran o son probablemente comunes en la vida conyugal de muchas personas, pasajes que en parte no se sienten capaces de confesar por miedo al conflicto. De ahí que el soliloquio parezca un diálogo, pero en realidad un diálogo con un muerto es un soliloquio, manera en la que una persona se envalentona al hablar.

El planeta de los simios (Pierre Boulle, 1963): Esta novela de ciencia ficción se la compró mi hermano en una feria del libro. No es muy fácil de encontrar. Nosotros habíamos visto la película de Schaffner de 1968. Tiene algunos pasajes preciosos que no salen en el metraje y que en breve podrían no ser ciencia ficción, como por ejemplo que la nave espacial se impulsaba por energía solar gracias a una especie de vela hecha con placas solares. El libro es tan estimulante como la película. Muy recomendable. Una distopía muy propia de la ciencia ficción de la década de los años 1960 y de los miedos de los resultados catastróficos de una guerra nuclear en la Guerra Fría. Todo un aviso pacifista.

Los Beatles (Peter Brown y Steven Gaines, 1983): El título original sería The love you make an insider's story of The Beatles. En España lo editó Javier Vergara en 1991, ampliado. Peter Brown fue uno de los road manager de los Beatles. Conocía desde dentro y desde el principio toda la Historia de The Beatles. En 1983 se lanzó a publicar esta biografía para la que los Beatles supervivientes y herederos de Lennon no le dieron permiso. De hecho Ono y McCartney mostraron su enfado con él. La cuestión es que Brown y Gaines no se callaron nada, o se callaron poco. Contaron tanto lo bueno como lo malo. Era una Historia total. Me compré el libro en librería Diógenes por 1.100 pesetas, algo caro para un adolescente de esos años. Hoy día serían unos 6'60 euros. Yo era y soy muy seguidor de los Beatles. Me interesaba leer este libro. Su lectura se me reveló como algo más que una biografía. Estaba escrito de tal manera que incluso hoy día lo considero una biografía ejemplar como libro de Historia. Años después los Beatles editaron Anthology y superaron aún el nivel de exploración y confesión en su propia historia. Más allá de los personajes, el libro no es un libro de noticias del corazón, es realmente una biografía al más puro estilo anglosajón y con metodología de historiadores. Como historiador que soy hoy día este libro fue una referencia tanto para hablar de los Beatles como para tomarla como deontología de historiador.

The Beatles, obra completa, canciones volumen 1, volumen 2 y volumen 3 (traducciones de Alberto Manzano, prólogos de Joan Ribera Ribera, 1991): Estos tres libros pertenecen a la editorial Fundamentos, a su colección Espiral. Puede sonar ya algo de viejo lo que voy a decir, pero lo cierto es que hasta hace muy poco tiempo no había otro modo de conocer las letras de las canciones que comprarlas en libros si estas eran compiladas y editadas. Fundamentos publicó a numerosos grupos y cantantes de rock, soul, blues y jazz. The Beatles les ocupó tres volúmenes, cada uno a 850 pesetas. Los compré en librería Diógenes. Recuerdo que al comprarlos había a mi lado una pareja que se rió de mí, creyendo que me compraba novelitas del corazón de los Beatles. No les conocía de nada, pero la vendedora, que sigue trabajando allí, dijo en voz alta que hacía muy bien en comprarme un libro sobre los músicos que me gustaban. La verdad es que me dejaron sin dinero por dos semanas. Sólo publicaron las canciones compuestas por ellos, por orden cronológico y siguiendo el orden de álbumes, singles y EP's. Conseguí el resto imprimiéndolas de Internet y encuadernándolas. Estaban en versión bilingüe, inglés y español. Asíque estos libros me servían tanto a conocer el contenido de las letras, como a aprender inglés. A veces hasta cantaba con ellos delante. Sé que ahora es fácil conocer las letras a través de Internet, pero tener estos libros ha sido todo un acierto, antes no había las ventajas en Internet que hay ahora. De hecho se siguen vendiendo libros de esta colección, hay quien los quiere tener como consulta en sus estantería, de los Doors, Bruce Springteen, Bob Dylan, Blur, Metallica, Bob Marley, Leonard Cohen y otros muchos. Por esas épocas comenzaba a tener discos en CD, sus carpetillas en inglés las leía o trataba de leer. Algunas contenían letras, otras eran explicaciones de cómo se hizo ese álbum (sea del grupo que sea), sobre todo en las ediciones conmemorativas. Era otra forma de aprender sobre música, cultura popular y el idioma inglés. Además, las letras de los grupos anglosajones eran muy distantes de la de los españoles, y eso enriquecía mucho también mi poesía. Otra fuente más de conocimiento.

viernes, febrero 17, 2017

NOTICIA 1682ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1994-1998 (3 de 5, adolescencia)

Hay que añadir que entre las lecturas de libros  también ha sido una constante la consulta de las enciclopedias tanto de mi casa (donde hay muchas) como de bibliotecas. Cómo funciona, Medicina, Máquinas de guerra, Los últimos paraísos, Enciclopedia general Alfa, Historia de España, Historia universal, Etnografía, El mundo animal, Pueblos de España, Mitología, Dinosaurios, Biografías, Historia del Rock, El siglo XX, Los medios de transporte, etcétera. También ojeaba revistas de informática antiguas, de los años 1980, y leía algo que ya leía de antes, textos religiosos, en estas épocas conseguí pequeños libritos del hinduísmo y del budismo, los sutra y cosas así. Leía (y leo) bastante prensa, pero esto me venía de antes. Yo ya había seguido con ojos preadolescentes la Guerra de Irak de 1990-1991 en prensa. En estas épocas leí con ojos adolescentes y más adultos, la Guerra de Bosnia-Herzegovina, los asuntos de Bill Clinton, el final de la Unión Soviética, los casos de corrupción en España, las peleas políticas, artículos culturales, mucho de cine (mi hermano compraba varias revistas de Cine). No era un joven que huyera de la prensa. También leí pasajes de libros del tipo de la conquista de México de Hernán Cortes, escrito por uno de los soldados que estuvo con él.

En la primera mitad de 1996 yo cursé la segunda parte de tercero de Bachillerato y en la segunda mitad la primera parte del Curso de Orientación Universitaria. Además, me dedicaba de lleno con amigos a crear revistas literarias contraculturales.

1996: 17 años de edad.
17 libros completos.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes y Saavedra, impreso en 1604, publicado en 1605) y Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes y Saavedra, 1615): A todos los alumnos de la época nos obligaban a leer los cinco primeros capítulos de la primera parte. A nosotros nos obligó y nos ayudó a comprenderlo Julio Huélamo en Literatura, pero también él mismo, en Lengua Castellana, nos analizó la obra desde el manejo del idioma. De hecho, las oraciones y frases de Cervantes eran objeto de exámenes, hasta del examen de Selectividad un par de años después. Cervantes es admirable en muchos aspectos de su vida, y como escritor es un maestro en el conocimiento del idioma. Era capaz de escribir una frase que ocupara varias oraciones y un párrafo entero de varias líneas, estando todo perfecto. Me gustó mucho su obra por ello. Yo leí lo obligado, pero quería conocer la obra completa, juzgar por mí si era tan espectacular. Realmente me pareció admirable por sus innovaciones en la época y ese manejo del idioma. Leí los dos libros completos compilados en un sólo ejemplar que tenía mi padre y de vez en cuando aún consulto. Un ejemplar voluminoso con ilustraciones como a carboncillo, muy bonito. Tardé dos o tres meses de verano, por mi cuenta, iniciativa y a solas. Destaqué esta lectura en aquel año en la Noticia 204ª. La primera parte me gustó más que la segunda, me parece más fresca e inspirada. La segunda se nota demasiado más reflexionada. Valiosa, pero menos espontánea. Ahora bien, me queda pendiente, aún hoy, el Quijote que escribió Avellanada, del que se sospecha que pudo ser estudiante de la Universidad de Alcalá, otros dicen que el propio Lope de Vega. Sea como sea, en 1998 se le concedió el título de Patrimonio de la Humanidad a la ciudad de Alcalá de Henares y a los gobiernos municipales se les olvidó la riqueza cultural e histórica de esta ciudad para atragantarse con hacer de ella una especie de parque temático obsesionado con Cervantes y el Siglo de Oro. Un error que muchas veces he contestado y criticado, y tratado de corregir con mis propios actos. No reniego de Cervantes, pero la ciudad no puede ser sólo Cervantes, ni debe honrarle deshonrando su labor intercultural por una labor de mercaderes ante los turistas. Como sea, en 1998 se hicieron actos conmemorativos que se reforzaron en el quinientos aniversario de la publicación de la primera parte, en 2005, y luego en el quinientos aniversario de la segunda parte y de la muerte del autor, 2015-2016. En todos estos sucesos no sólo hubo actos, hubo obras de teatro con sus obras y se nos regaló a los ciudadanos, ya fuese por haber hecho algún acto cultural, recibir un premio o asistir a algún sitio, innumerables ediciones conmemorativas del Quijote que se editaron aquí. Así que por casa tenemos ahora varias ediciones. Un par de mi madre, la que fue de mi padre, varias de mi hermano, que es un actor que ha interpretado a Cervantes varias veces, y yo otras dos, una que me regaló mi hermano porque le volvieron a dar un ejemplar hace años por ser interprete de Cervantes, y otra que me dieron por dar conferencias de Historia del siglo XVIII al XX de esta ciudad. Y visto lo visto, de verdad, ¿no ven saturante este hecho los responsables de las áreas de Cultura de esta ciudad? El próximo que me regalen por participar o colaborar con algo de este municipio, si es que tan obsesiva e imperiosamente necesitados se sienten de regalar algo del Quijote, espero que sea el de Avellaneda, que no le tengo.

Fuenteovejuna (Lope de Vega, 1619): Yo creo recordar que este nos lo mandaron leer en Literatura pero no recuerdo si fue Jacinto o Huélamo. Una obra de teatro obligatoria también para todos los alumnos de la época. Además, su desenlace está idealizado como una lección ética y moral. Recuerdo que quien nos enseñó este libro aprovechó para hablarnos del mal gobierno, de las teorías del tiranicidio y del poder del pueblo dentro de los valores democráticos, todo ello envuelto en las ideas monárquicas del siglo XVII. De Lope de Vega por entonces me llamó la atención su capacidad para ser un ídolo de masas siendo sólo un escritor en aquellos años.

Don Álvaro o la fuerza del sino (Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, 1835): Obra de teatro con fragmentos en narrativa de novela y fragmentos en poesía, experimentación pura del romanticismo español. Lo leí de una bilbioteca, no recuerdo si pública o del instituto público al que iba. He de reconocer que esta obra siempre me ha admirado precisamente por la capidad que tuvo el Duque de Rivas por romper con toda norma preestablecida y crear una muy buena historia a pesar de que el romper las normas, el experimentar y crear libremente, hacía que muchos le criticaran. Se unía así esto a Lorca y a The Beatles en mi formación. Se reflejaba en mis creaciones de entonces en la revista literaria que creaba con unos amigos. Todo ello empapado de episodios fantásticos, sobrenaturales. Recomendable apertura. El siglo XIX cada vez me gustaba más.

El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde (Robert Louise Stevenson, 1886): Era el segundo libro que me leía de Robert Louise Stevenson, el primero fue entre 1990 y 1993, como dije en la primera entrega, en la de la preadolescencia, fue entonces el de La isla del tesoro. Compré el libro en la feria del libro antiguo y de ocasión. Su cubierta asemeja un cuaderno. Yo ya conocía prácticamente todas las películas de terror clásico de los años 1930 y 1940. Jeckyll y Hyde eran unos personajes que además se habían abordado incluso desde versiones de humor. Lo leí con gran curiosidad por saber cómo escribió tal obra Stevenson, recordando además lo mucho que me había gustado su prosa en la novela de La isla del tesoro. No salí defraudado. El relato me dio muchas claves que no me dieron ninguna de las producciones de cine o televisión sobre esta historia. Es mucho más que una historia de terror, o de ciencia ficción con consecuencias catastróficas. Habla sobre los límites éticos y morales, habla sobre la dualidad y lo relativo en el ser humano, en cierto modo trata del transtorno bipolar, pero también de la capacidad del bien y del mal en un ser humano que no tiene porqué usar correctamente su racionalidad. La obra es digna de conocimiento, disfrute y reflexión. Además es muy de la época victoriana.

Territorio comanche (Arturo Pérez-Reverte, 1994): Fue un regalo de Reyes que me hizo mi padre en 1994 o en 1995. Es la primera edición. Una encudernación muy bonita con cubiertas de papel verjurado de la editorial Ollero & Ramos. Mi padre me lo regaló por aquello de que quería ser reportero de guerra. Esta autobiografía de Pérez-Reverte, de sus épocas de reportero de guerra en Bosnia-Herzegovina, era un referente para muchos jóvenes que querían ser periodistas. Sin embargo, como lector de prensa de la época, sé que muchos compañeros de oficio de Pérez-Reverte se sintieron muy molestos con muchas de las cosas que este dijo, por lo que sacaron historias y trapos sucios que desmentían y dejaban en entredicho muchas de las afirmaciones del autor como periodista de guerra. Sea como sea, el libro me gustó mucho y me dio más información sobre el oficio y sobre esa guerra. Pero, aquí viene otro "pero", también es cierto que el libro era la misma idea e imitaba al de Vázquez-Figueroa de Anaconda, que leí en 1993, Noticia 1534ª.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968): Es más conocido como Blade Runner, el título de la película que le inspiró a Ridley Scott en 1982, de hecho, muy penosamente algunas ediciones lo venden con ese título y no con el del autor. Mi edición tiene por portada el cartel anunciador de la película. Fue un regalo de cumpleaños que me hizo mi hermano. A mí me gustaba mucho la película. El libro no era exactamente la película, pero básicamente contenía los elementos de esta. Todas las cosas las medía en este libro y los Beatles ese año. Destaqué el libro como lectura en Noticia 204ª. Las revisiones de la película en las décadas de 1990 y de 2000 no me terminaron de convencer, pero las tengo compradas. Además, en esta misma década de 2010, mis amigos más antiguos, con los que por entonces escribía una revista literaria con ellos, me regalaron este mismo libro en novela gráfica. El autor tenía sus patologías psicológicas, pero quizá sea uno de los mejores escritores de ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX. Todas sus historias son referentes generacionales.

Si te dicen que caí (Juan Marsé, 1973): Era de mi padre, una edición de 1977 de Mundo Actual de Ediciones. Está muy bien conservado, como nuevo, con tapas rojas como recubiertas de tela. Lo guardaba en el dormitorio de mi hermano y mío, que pasó a ser mío sólo desde hacía unos años. No sé porqué me dio por sacarlo de la estantería y tratar de leerlo. Tuve uno, dos, tres... varios intentos. No sé porqué lo leí, o porqué me empeñé, me costó, pero lo leí. No le encontraba sentido a nada y no se lo encontré hasta pasada más de la mitad de la novela. ¿Quién me diría a mí que el año pasado, 2016, archivaría en uno de mis trabajos de archivero el original manuscrito que Marsé entregó a la Agencia Carmen Balcells como representantes? Constancia para encontrar el sentido, sería mi resumen de mi experiencia. Un libro sobre la postguerra.

Drácula (Bram Stoker, 1897): Este fue otro regalo de mi hermano, supongo que por aquello de lo ocurrido con el libro de Anne Rice el año anterior. Me lo regalaría en las Navidades de 1995, o en el cumpleaños de 1995, pero yo lo leía ahora, en 1996. La cosa es que ambos habíamos visto en el cine la película de Francis Ford Coppola de 1993, aunque ya habíamos visto las películas antiguas de Lughosi y Christopher Lee. En esta ocasión ocurrió al revés, primero lo leí yo y luego él. Como pasaba con otros libros leídos de este año yo quería saber cómo era la historia original, más allá de lo que nos habían contado versiones y películas. Lo que más me gustó del libro fue su carácter epistolar. Muy influyente. Tomé nota de varias cosas. Es un libro más romántico que de terror, claro que el terror del siglo XIX era otra cosa. Me atraía además la historia que circulaba de que Stoker comía carne cruda casi descompuesta para tomar estados de conciencia que le inspirasen mejor y le acercaran a Drácula. Mis padres me regalaron la película en video.Y yo me interesé también por la biografía real del auténtico Drácula.

Los mitos de Cthulhu (H. P. Lovecraft, 1977-1980): Realmente esta edición que me leí estaría incompleta, pues sería el primer tomo de varios. Me lo dejó mi amigo y escritor Pedro J. Maza, con quien era uno de los que hacía la revista literaria. Este libro compilatorio no lo creó Lovecraft, fue posterior a su muerte. Él en realidad escribió una serie de relatos de terror sobre el ser diabólico Cthulhu entre los años 1921 y 1935, completándolo con una serie de poemas en 1941. El conjunto de esos escritos sería Los mitos de Cthulhu. Era el tercer libro que leía de este autor. Tan perturbador y apasionante como los otros. Inspirador. Dotaba de lenguaje y de percepciones a la hora de contar historias.

Guerra del tiempo (Alejo Carpentier, 1956): Un breve relato editado en una colección de moda en esos momentos: "Literatura a 100 pesetas", o lo que es lo mismo a: 0'60 céntimos de euro de hoy día. Creo que lo editaba Alianza Editorial o Anagrama. Aunque lo cierto es que Carpentier editó este relato con este nombre pero junto a otros relatos en 1956. Dentro de mi búsqueda por la experimentación esta breve historia fue de lo más relevante. Se narra la vida de una persona desde su muerte a su nacimiento. La forma como está escrito es lo más relevante. Fascinante a más no poder, y más cuando, repito, estaba yo en esos momentos sumergido en lo experimental.

Historia de los dinosaurios (Isaac Asimov, 1986): De la misma colección que el anterior. Era un librito de divulgación científica que escribió Asimov sobre los periodos de existencia de las especies de dinosaurios y las propias especies. A la vez yo ya había hecho pocos años antes la compra por fascículos del primer tomo (y único que compré) sobre dinosaurios. La película de Spielberg sobre ellos los había puesto sobre la palestra y había un cierto interés por publicar sobre ellos y por conocer sobre ellos. Quien más, quien menos, leyó algo sobre dinosaurios en esos años.

San Manuel Bueno mártir (Miguel de Unamuno, 1931): Nos mandaron leer este libro en el instituto y me lo compré en una edición con anotaciones didácticas en los márgenes. La cosa es que me gustó mucho. Tenía una prosa sencilla. Años más tarde supe que Unamuno se inspiró en un amigo suyo alcalaíno, el padre Lecanda. Como sea, presté este libro a una compañera que repitió curso, jamás me lo devolvió y jamás he vuelto a tener el libro. Lo hecho en falta. He leído textos de Unamuno desde entonces, y conocido su vida, pero la verdad es que aunque he querido leer otras novelas suyas, no he vuelto a leer una novela completa suya... a pesar de que conozco el contenido de sus novelas. Una paradoja.

Soledades. Galerías. Otros poemas (Antonio Machado. 1907): Soledades es un poemario publicado en 1903, pero Machado lo amplió y le cambió el nombre en 1907. Hacía referencia al libro Soledades de Góngora de 1613. El poemario es altamente simbolista. Si se llega a comprender el significado de esos símbolos la lectura se agiliza, si no, cuesta hasta que se logra. Me lo compró mi madre, y me lo pidió leer Huélamo, así que se combinó el asunto. Sólo tenía que leer algunos poemas, pero preferí leérmelo entero. Aprendí mucho del simbolismo y de su fuerza y uso en la tradición literaria española. Conocer las claves de este libro permite tener un manojo de llaves para leer otros libros de poesía españoles. Pero no son llaves únicas, sólo son un principio, un inicio. Además, da herramientas que te estimulan a crear tu propio lenguaje poético. Aunque, eso sí, intuía en Machado una cierta tristeza, un ser melancólico. Yo conocía poemas de este y también de Miguel Hernández a través de lecturas sueltas y, también, de los discos de Joan Manuel Serrat, que teníamos en casa.

La casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca, 1936, no publicada hasta 1945, y hasta 1956 con censura en España, sin censura hasta después de la muerte de Franco ocurrida en 1975): He regresado varias veces a la lectura de esta obra, e incluso la he visto en teatro. Quizá es la obra más perfecta de Lorca. Una obra de teatro que respira ya un simbolismo con lo que se vivía socialmente en España, a las puertas de la guerra civil y de la propia ejecución del poeta. Hay quien la ha llevado al escenario también de manera experimental. Como sea, tiene unas frases contundentes y un dibujo de los personajes tan perfeccionados que es una medida para crear personajes creíbles. Un ejemplo de drama y de denuncia.

Superman, ¿qué hay detrás del Juicio Final? (Louise Simonson, 1995): Ediciones B tradujo mal el título, pues no preguntaba por qué había detrás del Juicio Final, si no de Juicio Final, que es el nombre del supervillano que mató a Superman. El superhéroe Superman había sido exiliado en cómic, casado con Lousie Lane, asesinado y resucitado entre el final de los años 1980 y la primera mitad de los años 1990. Todo ello logró mejorar las ventas del cómic para la DC. Mi hermano y yo leíamos Superman. A mi hermano le gustaba mucho, a mí me gustaba, pero yo era más de Batman. El cómic de la muerte de Superman fue llevado a novela, se trata de esta novela. Se lo compré como regalo de cumpleaños a mi hermano, pero creo que creyó que lo compré porque lo quería yo. No era sí, lo compré porque creía que le haría ilusión tener aquella historia en novela, ya que el cómic, en esos momentos, era excesivamente caro para mi bolsillo, mientras que Ediciones B había podido publicar la novela de modo barato en una edición de bolsillo. Como sea, yo también leí el libro. No era muy bueno. Ni era buena la traducción ni la narrativa, pero yo lo compré con la ilusión de ilusionar, aunque no lo lograra. Decepcionante en todos los sentidos, supongo. En todo caso, el cómic de la muerte y resurrección de Superman me fue regalado por mis amigos como novela gráfico bastantes años más tarde.

La vida salvaje de Sailor y Lula (Barry Gifford, 1990): De esta novela salió Corazón salvaje, la película de 1990 de David Lynch. En 1995 se reeditó en España por Plaza & Janés con el cartel de la película por cubierta, ese es la edición que yo tengo. Me lo regaló mi hermano. Lo cierto es que yo no había visto la película, ni sabía de la existencia del libro. David Lynch tampoco era un cineasta que me llamara la atención, y a Gifford no le conocía. Supongo que mi hermano sí conocería la película y le habría gustado como para regalarme el libro, supongo que con la idea de que me atrajera una historia de carretera llena de acción y escándalos. A fin de cuentas más o menos todos los jóvenes del momento estábamos viviendo en el cine las primeras películas de personas como Tarantino, los Coen, Oliver Stone o Álex de la Iglesia, entre otros. De hecho, Álex de la Iglesia hizo una película sobre Perdita Durango, uno de los personajes secundarios de esta historia, también novelizado por Gifford, y esa película sí la vi. Era una ruptura donde los antihéroes cobraban protagonismo por encima del héroe puro. Esta historia realmente no era tan salvaje como aquellas u otras, pero estaba inmersa en ese tipo de historias. Imagino que mi hermano me la seleccionó como regalo que seguía esa estela de historias, las cuáles en parte escribía con mis amigos en la revista literaria El Recreo.

miércoles, febrero 15, 2017

NOTICIA 1681ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1994-1998 (2 de 5, adolescencia)

A todos estos libros que os comento habría que sumarle obviamente los libros de texto de Bachillerato, COU y de aquel comienzo de carrera universitaria en Pedagogia. Libros de texto sobre psicología, técnicas pedagógicas, biología, didáctica... en aquella carrera, pero en Bachillerato y COU: libros de Historia, Filosofía, Latín, Inglés, Música, Matemáticas, Lengua Española, Literatura, Fotografía, Física y Química, Ciencias Naturales y otros. El número de libros leídos esos años aumentaría con estos. En esta entrega me ocupo de los libros que leí completos en 1995, en cuya primera mitad cursé la segunda parte de segundo de Bachillerato y en su segunda mitad cursé la primera mitad de tercero de Bachillerato, en una opción personal de Letras Mixtas que en realidad eran casi Letras Puras si no fuera por una asignatura de Matemáticas que en la práctica eran temas sobre elaboración e interpretación de estadísticas.

1995: 16 años de edad.
Leí 22 libros completos.

A la caza de los diamantes mortales (J. J. Fortune, 1991): Un libro chiquitito de la editorial Toray que me había regalado una compañera de colegio en la Enseñanza General Obligatoria (EGB) en el 8º curso, entre 1992 y 1993, Vanesa se llamaba ella. No me lo regaló por nada especial, es que a nuestra tutora se le ocurrió hacer un amigo invisible y a ella le toqué yo para hacer el regalo, a mí me tocó un vecino mío que iba a mi clase. El libro era un librito para adolescentes, sobre robos y misterios en las costas de Marsella. No me llamó mucho la atención al recibirlo, he de ser sincero, y cuando lo leí tampoco me llamó la atención. Creo recordar que lo regalé a la vez años después a una vecina joven en edad escolar cuya profesora recomendó a sus padres comenzar a darle lecturas que empezaran a abandonar lo infantil.

El sí de las niñas (Leandro Fernández de Moratín, 1805): Una obra de teatro escrita por Moratín basándose en un hostal de Alcalá de Henares, cerca de la Puerta de los Mártires, pero esto lo sabría años más tarde. Lo leí en una edición barata que compré en la feria del libro, que aún tengo. Por entonces se nos dio a leer en Bachillerato como ejemplo de Literatura Ilustrada española, propia del siglo XVIII a pesar de estar escrita en el comienzo del siglo XIX. El profesor que nos la analizó, nos la analizó como la obra más destacable de ese tipo de Literatura, pero como si esta no tuviera el valor emocional de otros estilos y épocas. Eso se nos transmitió. Con el tiempo supe valorarla más, sobre todo cuando inicié la carrera de Historia y me aproximé al pintor Goya, su etapa costumbrista encaja bien con esta obra literaria, se entiende complementariamente.

¿Quién mató al embajador? (Alberto Vázquez-Figueroa, 1974): Al igual que pasó el año anterior con La Iguana, este libro dio lugar a muchos comentarios confundidos cuando me preguntaban por el libro. La gente creía que era un libro de misterio y me preguntaban y sugerían libros de crímenes. Sin embargo, fiel a su origen y estilo nacido del periodismo de reportaje, la novela es una ficción que no es de misterio, si no que va ahondando y desentrañando una realidad compleja de los países del Tercer Mundo donde todas las circunstancias sociales, económicas y políticas son asesinas en sí mismas. No es el libro que más me entusiasmara de este autor, pero fue esclarecedor de realidades.


Sha (Alberto Vázquez-Figueroa,1980): Era de mi padre, de la editorial del Círculo de Lectores. Algunos profesores se extrañaron porque tuviera este tipo de lectura. Pero en mi casa sabían que era normal. Se trata de la narración novelada de los acontecimientos históricos de la expulsión del emperador de Persia (de Irán) y el triunfo de la revolución de los ayatolás, de Jomeini. Narra ese momento dentro de un contexto de la Guerra Fría y, muy acertadamente por parte del autor, anticipaba lo que iba a suponer de retroceso en modernidad para Irán aquella ida.

Mostelaria o La comedia del fantasma (Plauto, siglo III a siglo II antes de Cristo): Esta vieja obra de teatro de la República Romana me dio a conocer por primera vez a Plauto. No sería mi único encuentro con este autor. El libro era un librito de Ediciones Clásicas que nos regaló a todos sus alumnos de Latín nuestro profesor Miguel Ángel. El autor de comedias me gustó y ahondé con posterioridad en su obra y en su vida. Lo busqué, lo referencié. Me ayudó a comprender algo mejor el humor y ciertas costumbres sociales de la antigua Roma. Comprendí además algo mejor la diferencia entre un romano de la República en su forma de pensar y otro del Imperio. Además, descubrí más mitología con estos chistes viejos, que, bien explicados por el profesor, entendíamos y nos hacía gracia. La obra, pese a tener unos dos mil trescientos o dos mil doscientos años, sigue ahondando en cuestiones humanas hoy en día actuales. Además esta lectura se acompañó de una excursión que comentaré a continuación con el siguiente libro.

Lisístrata (Aristofanes, siglo V antes de Cristo, representada por primera vez en 411 a.C.): Este fue el segundo libro de Ediciones Clásicas que nos regaló Miguel Ángel, aunque en este caso el autor es de la Grecia antigua. La cosa es que Miguel Ángel también enseñaba griego clásico, aunque yo no tenía esta asignatura, en su lugar me enseñaba un nivel de Latín que ya no era el básico y obligatorio a todos los alumnos. Este libro lo destaqué en la Noticia 204ª. Como dije por entonces, esta obra de teatro es todo un despertar sexual, pero lo que no dije es que también en cierto modo enseñaba una lección de pacifismo, de revolución sexual femenina y del uso y utilidad de la huelga como herramienta de protesta, no obstante, Aristofanes vivió durante las Guerras del Peloponeso y era contrario al belicismo. Dije por entonces que pude ir a una obra de teatro a ver representar esta comedia. Lo cierto es que vi esta obra y Mostelaria, de ahí que Miguel Ángel nos regalara estos libritos, que guardo con cariño. Él hizo los trámites para llevarnos al festival de teatro clásico que se celebra anualmente en las ruinas del teatro romano de Segóbriga. Las ruinas de aquel antiguo municipio romano son espectaculares. A mí al menos me cautivaron y me hicieron interesarme más por lo romano de lo que ya estaba interesado de por sí. Los grupos de teatro que hicieron las representaciones eran grupos universitarios, creo recordar, y estaban vestidos como en el teatro de la época, con caretas y todo. Uno de los mejores recuerdos, entre otros, de las excursiones de aquellos años de Bachillerato. Por cierto que con Miguel Ángel guardo aún hoy amistad, ya que al vivir en Alcalá hemos podido vernos de tarde en tarde, e incluso compartir competiciones de juego de preguntas de Trivial. Una muy buena persona.

Aulularia o La comedia de la olla (Plauto, siglo III a siglo II antes de Cristo): Tras el éxito que tuvo entre sus alumnos las dos comedias anteriores, Miguel Ángel nos mandó leer esta otra obra de teatro de Plauto. La busqué en Ediciones Clásicas, pero el papelero-librero de mi barrio no lo encontró. En su lugar me vendió el primer volumen (de dos) de las obras completas de Plauto, en editorial Cátedra, curiosamente no con las cubiertas negras tradicionales de esta editorial, sino blancas. La obra de teatro se basaba en otra de siglos antes de origen griego, pero el tema es tan recurrente que se han realizado diversas versiones posteriores, la de más éxito: la del siglo XVII de Molière llamada El misántropo, la cual vi en teatro interpretada por mi hermano años más tarde. La incapacidad de Luis, el papelero de mi calle, de conseguir la edición que le encargué me permitió tener una excelente compilación de las primeras obras de Plauto con un cuidado estudio biográfico, historiográfico, mitológico y literario. Me empapé bien y supe apreciar más el valor de las ediciones críticas.

The woman who dissappear (Philip Prowse, 1975): Fue el primer libro que leí en inglés, sin contar los de texto didácticos. No recuerdo si por entonces quien me enseñaba inglés era la profesora Raquel, o Mercedes (que también enseñaba Historia de la Música) o el profesor Miguel. Yo creo que Raquel nos intentó hacer leer por partes una versión abreviada de La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne, pero que no lo logró por falta de días lectivos y de que avanzara la clase a la vez con el idioma. Y creo que pudo ser Miguel quien nos diera a leer esta otra novelita de detectives y misterio, también por partes y tutelados por él. Lo que sí recuerdo es que los tres se empeñaron en que viéramos una película en inglés subtitulado y de que de aquellas sesiones nadie aprendió nada más allá de la búsqueda de distraerse en la oscuridad de la sala. En todo caso, la lectura de este libro y mis intentos de leer las letras en inglés de los grupos de música que me gustaban fueron un primer acercamiento a esta clase de prácticas para aprender inglés, por entonces de manera reglada, años más tarde: autodidacta. Con Miguel me encontré muchas veces después, en mis años universitarios, asitiendo al Cine Club Nebrija y al Festival Alcine como jurado del público, especialmente cuando se jubiló. Otra muy buena persona, y de los profesores con aptitudes pedagógicas más valiosos que he conocido.

El romancero gitano (Federico García Lorca, 1928): Lo destaqué en la Noticia 204ª. Yo ya había leído poemas sueltos de este libro desde que estaba en la EGB, porque teníamos en casa un ejemplar de mi madre de la editorial Cátedra, que incluía Poema del cante jondo, del cual leí cosas sueltas pero aún no de forma completa. Ella decía que le gustaba, aunque tampoco es que la viera consultarlo mucho, pero es cierto que el libro era suyo y que lo conocía y conocía sus poemas. De hecho mi madre tiene por casa varios libros de su juventud marcados con su nombre, aunque con los años hace tiempo que no la veo lectura de libros, sí otro tipo de lecturas. Leer el libro completo y de manera analítica, dado que es un poemario complejo, lo hice por primera vez ahora con el profesor Julio Huélamo y su interés porque conociéramos la Literatura experimental. Fue muy enriquecedor, exigente, pero enriquecedor. Era un buen profesor de Literatura. Nos enseñó no tanto a que entendiéramos a los autores como él los veía, sino a que aprendiéramos a conocer las claves por nosotros mismos para que pudiéramos interpretar a los autores por nosotros mismos, lo que se dice hacer lecturas íntimas y personales. Lorca es como un jeroglífico. Su surrealismo y la psicodelia de The Beatles a través de unos álbumes que me regalaría mi madre en Navidades iniciarían en mí una etapa creativa diferente y decisiva. En cuanto a Lorca, hay quien dice que mi obra tiene en cierto modo algo de él, no de modo claro muchas veces, pero algo. Sea como sea, este libro no sería la única vez que lo leería entero.

Poemas satíricos (Francisco de Quevedo, recopilatorio de poemas suyos del siglo XVII en 1984): Otro libro de mi madre. Se trata de un recopilatorio de 1984 de poemas de Quevedo en el siglo XVII. Era una edición de Selecciones Editoriales, desconozco si se trataba de un regalo de una revista o de alguna compra de libros de mi padre y mi madre. Las ilustraciones eran de Goñi, que por entonces hacía viñetas de humor en revistas y periódicos. Son varios de los poemas satíricos de Quevedo, especialmente los de contenido sexual, aunque no exclusivamente estos. A mí, del Siglo de Oro de la Literatura española, me atraían por entonces Quevedo y Garcilaso de la Vega. Este libro me lo leí por iniciativa propia. Lo leí dos veces.

La vida del Buscón (Francisco de Quevedo, 1626): El libro no sé si lo compró mi madre o mi padre, pero se lo dieron a mi hermano. Él me lo dejó. Yo se lo pedí, quería leerlo por iniciativa propia. Sería una edición de los años 1980. Me pareció bastante divertido y más contundente que El Lazarillo de Tormes. El humor negro, la picaresca y la sátira social se mezclan muy afortunadamente en esta novela. Un clásico de ese estilo del humor español.

Scorpio en la Rusia de los zares (Alex McDonough, 1991): Era una de las novelas de una tetralogía, creo. Yo le encontré barato en una oferta y me lo compré. Me atraía la combinación de novela histórica, aventuras y ciencia ficción. Aparecen viajes en el tiempo, extraterrestres y aventuras e intrigas en la Corte de los zares de Rusia justo en tiempos de la Revolución Rusa de comienzos del siglo XX. Aprendías y te divertías a la vez. Me atrajo a su compra el tema de los viajes en el tiempo.

Maleficio (Stephen King, 1984): Cuando era niño había acumulado muy malas experiencias con películas de terror de Stephen King, pero había algunos casos que fue lo contrario. Este autor era uno de los favoritos de mi hermano. Tenía varios de sus libros. Yo no quería leerlo, tenía miedo a que me provocara demasiado miedo, o más bien que me originara alguna manía por miedo. Pero llegó el año en el que me atreví a leer algo de él. No tenía nada que ver con otros libros de miedo que ya había leído. Era algo más próximo. Su lenguaje, su ambientación, la cercanía temporal y de comportamiento de sus personajes... Pocos años después sabría que las primeras novelas de King eran las que creativamente tenían más valor, mientras que el resto, siendo éxitos, responden a un esquema elaborado por él y su editorial para generar grandes ventas. En este libro de maldiciones gitanas descubrí que no era para tanto mis temores y que la narrativa de este autor me abría las puertas a una nueva forma de idear relatos que generasen emociones encontradas e interés.

Historias fantásticas (Stephen King,  1985): Una colección de relatos, algunos no necesariamente de terror. El lenguaje totalmente actual de King seguía siendo lo que más efectismo me provocaba.

El sabueso de los Baskerville o El perro de los Baskerville (Arthur Conan Doyle, 1902): Le compraron este libro a mi hermano para que practicara la mecanografía, creo recordar. Era una edición barata, como de novela de bolsillo a la antigua usanza, con malas calidades de papel, pero precisamente eso le daba un toque especial, porque en lugar de clasificarlo en el género de misterio, al ser una novela de Sherlock Holmes, lo englobaban en el género de terror. No era para menos, existían varias películas de este libro que se catalogaban desde antiguo como cine de terror. La verdad es que yo no le encontraba nada de terror, ni siquiera de manera aproximada a lo que se hacía de terror en el siglo XIX. El libro me gustó bastante, pero lamentablemente no he tenido ocasión de leerme nada más del personaje Sherlock Holmes. Muy recomendable.

Confesiones de un vampiro o Entrevista con el vampiro (Anne Rice, 1973, no publicado hasta 1976): Una edición de bolsillo de la editorial Plaza & Janés aprovechando el tirón del éxito de taquilla cinematrográfica de la película que hizo Neil Jordan en 1994 y que en España estaba en pantalla grande en ese 1995. Fuimos al cine a verla mi hermano y yo. Nos gustó muchísimo. Además, la idea de la vida eterna como vampiro, sus contradicciones, el aceptarlo o el sufrirlo... era una idea romanticista del vampirismo que combinaba lo romántico de las novelas de vampiros del siglo XIX con lo pragmático y crudo de las historias de vampiros del siglo XX. Por ello mi hermano se compró este libro en Librería Diógenes, le costó lograrlo, porque siempre estaba agotado. Un día mi padre le llevó en coche a la tienda sólo para que pudiera comprarlo porque lo habían encargado. Por entonces no se hacían avisos a tu teléfono, simplemente te indicaban la posibilidad de que llegara  en el reparto de un día de la semana, y si no venía... hasta la semana siguiente. El libro lo leímos sin poder parar ninguno de los dos. Aunque sabemos que es parte de una saga, sólo leímos este. Recuerdo haberlo leído hasta bajar la luz y tener que encender una lámpara o mi madre o mi padre. Era algo imparable.

Las últimas aventuras de Sandokán (Emilio Salgari o Giovanni Bertinetti, 1896): Nos lo regaló de Editorial Orbis una vecina de mi abuela materna, que trabajaba en una distribuidora editorial e imprenta. El libro ha sido atribuido a Emilio Salgari tradicionalmente bajo el nombre más conocido de Los piratas de la Malasia, y se trataría de tres historias largas que algunos han querido llamar "tres novelas en un sólo libro". Sin embargo, estudios más actuales indican que el libro lo escribió Giovanni Bertinetti, que en alguna ocasión ya habría usado otras veces a los personajes de Salgari. Sea como sea, lo leí por puro gusto de leer una historia de uno de los piratas más conocidos y por entonces más nombrados de la ficción: Sandokán. Estas piraterías en Extremo Oriente eran muy exóticas y realmente parecía que se conocía bien el mundo aventurero de cierta piratería irreal dotada de heroísmo.

El cantar de Mío Cid (anónimo, 1200): Lo leí de la Editorial Odres Nuevos, que adaptaba el castellano antiguo al castellano actual. El libro era de mi hermano. Un largo poema épico que marca los inicios de la Literatura española y el cual narra unos cien años después la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Épica medieval escrita en su propia época medieval. Yo había visto la película de los años 1950 varias veces y me gustaba. Leerlo en su poema original me atrajo más, supongo que iba cuajando en mí no sólo un gusto literario sino también por la Historia en sus documentos. Algunos de sus versos se me grabaron en la cabeza, de vez en cuando me vienen porque sí al recuerdo, sin explicación aparente. Jacinto, el profesor de Literatura que nos lo dio a leer y nos lo explicó, era ciertamente algo nacionalista en lo español y le dio un cierto énfasis a la lectura. Era un hombre por entonces ya mayor.

La Celestina (Fernando de Rojas, 1499): ¿Obra de teatro o novela teatralizada? La gran pregunta para una de las obras más emblemáticas de aquella España de los Reyes Católicos en la que, por otra parte, se sospecha que también el autor tuvo que cambiar y guardar cierto pseudónimo. Sea como sea, este libro nos lo mandó leer no recuerdo si uno de los dos profesores de Literatura o mi tutora y profesora de Historia, Rocamador Erdozain, en una de sus tutorías. Pero tengo una historia con este libro que me iba a marcar también en mi interés por la Historia, en concreto por la actual y más en concreto por el conocimiento de la lucha por las libertades y las democracias en su choque con los autoritarismos. Me voy a explicar. Cuando me mandaron leer este libro había disponible en mi casa una edición de la editorial Petronio de 1970, ejemplar que era y es de mi madre, según se lee a bolígrafo en su primera página donde probablemente mi hermano pegó de niño unas calcomanías de animales de la selva africana de una colección que había en los años 1980 de Tarzán y que aparecen en otros objetos de mi casa. La cuestión es que para poder hablarnos del análisis de la obra debíamos avanzar la lectura en casa, leer en la hora de clase un fragmento y comentar entre todos aquella lectura. Uno de los alumnos o de las alumnas leía en voz alta y el resto le seguíamos leyendo para nuestros adentros, siendo por caso que cada determinado número de párrafos saltaba de alumno lector en voz alta. Yo siempre me perdía. Mi profesora creía que era porque mi ejemplar no estaba en castellano antiguo, sino casi actual. Luego vio en una de mis lecturas que no se diferenciaba mucho del resto de libros. Pensó que yo me distraía, pero no era así. Un día, harta, cogió mi libro para leer ella y... no aparecían los párrafos o frases de la persona que me precedía en la lectura en voz alta, del mismo modo que lo que yo leí hizo perder el hilo al resto de compañeros porque no lo encontraban en el lugar donde debían, sino páginas más tarde. La cuestión fue resuelta por la profesora que se dio cuenta entonces del problema real: mi libro contenía fragmentos censurados por la dictadura franquista. No aparecían. Seguirían alguna reedición de alguna autorización de publicación anterior a 1966-1967. Eso hizo que compráramos una edición actual de Cátedra, ahora sí: sin censuras. Desde entonces me comencé a interesar por los temas de censura algo más, sobre todo los de la censura reciente. No obstante, ese mismo año mi grupo de amigos y yo seríamos censurados en la revista del instituto, pero ese es otro tema. Sería, no obstante, un punto de inflexión. En cuanto al asunto de los libros censurados, suelo fijarme bastante en las ediciones. Tengo varios libros en edición censurada y en una no censurada, pero no porque los coleccione, sino por cuestiones muy puntuales de otra índole. Son muy pocos. Sin embargo, en mis estudios, investigaciones e incluso trabajos de Historia y archivo he tenido que consultar comparaciones de textos censurados, expedientes de censura, originales previos a censura, etcétera. Cuando voy a librerías o ferias de libros antiguos suelo mirar estas cosas con minuciosidad. Un mundo muy desconocido para la gran mayoría de los españoles, muchos de los cuáles crecieron creyendo que no había tanta censura como se dice hoy día, pero se equivocan, pues ignoran cómo se hacían las ediciones y la censura. Ay, la maquinaria del franquismo, que sigue haciendo estragos en las mentalidades actuales sin que mucha gente se planteé siquiera el porqué de algunos de sus propios pensamientos y nociones de la realidad. Como sea, mi madre se quedó también la edición actual de los años 1990, pues una vez que supo que el que tenía estaba censurado, cosa que ella ignoraba pues al haberse publicado en su juventud creía equivocadamente que sería porque no estaría censurado, quería conservar el ejemplar íntegro junto al otro ejemplar.

Historia de los grandes viajes y los grandes viajeros (Julio Verne, 1878): Lo encontró mi hermano en una feria del libro antiguo y me lo compró. Yo a él solía comprarle libros que creía que le interesarían, sobre todo de cine, hasta que me dijo que no lo hiciera más. Este libro es un libro de Historia escrito por Verne. Intenta ser científico, como en el resto de la Historia, pero su pasión por la Literatura hace que caiga en un error muy común en los historiadores aficionados del final del siglo XIX, por muy cultos que fuera: ejercer de cronistas y crear crónicas, no ejerciendo de historiadores escribiendo Historia. Para un lego puede que no aprecie la diferencia en los términos, pero la hay y estriba en el método y exigencia de la deontología científica como Ciencia Humanística. El libro no se lee mal y gracias a él he sabido de la historia de varios viajes y viajeros que completan la Historia que después he estudiado en carrera universitaria. El libro es una referencia para algunas cuestiones, además, Verne toca algunos personajes poco tocados en la historiografía occidental del siglo XX. Supongo que mi hermano me lo compró por Julio Verne, por ser de Historia y por ser de viajes. Me gusta tener este libro, y alguna vez lo he referenciado. Supongo que en cierto modo Verne quiso hablar de las personas que le motivaron para escribir muchos de los relatos de viajes de aventuras que imaginó. 

Fotografía (s.a. / s.f.): Cuando anoté que leí este libro no anoté ni su autor o autora, ni su fecha. Cursé en Bachillerato dos años de fotografía, por entonces analógica, no digítal. Tuve una profesora, Galocha, y un profesor, de quien no recuerdo nombre pero sí su fuerte acento catalán. Era un libro técnico mediante el cual conocí mecanismos y técnicas de la fotografía que fui completando con la consulta de una enciclopedia de los inventos que tenía mi padre, llamada Cómo funciona. Aprendí el uso de los obturadores, los disparadores, las medidas de la luz, los zoom, la carga y revelado de negativos, el revelado de negativo a positivado, la preparación de los líquidos, los cuartos oscuros de luz roja... Aprendí enfoques, focos, la visión artística... me encanta la fotografía de reportaje, tiendo a ella, no al posado, y comencé en fotografía en blanco y negro, la de color me parece más compleja, y me atrajo lo experimental y lo geométrico... Ahora con la fotografía digital se hacen muchas cosas simplemente eligiendo con un botón o pulsando una pantalla lo que antes se lograba revelando de un modo y otro, eligiendo opciones en el foco, usando una técnica u otra, un papel u otro, más tiempo o menos de revelado, filtros de colores de cristal, grandes angulares... Antes la fotografía era más artesanal y eso hace que cada fotogafía de antes sea más única que las de ahora, pues antes no había vuelta atrás si en una decisión tomada no te convencía luego el resultado, por ello había que tener mucho cuidado, mucha seguridad, realizar pruebas de revelado y si te equivocabas en algo, vuelta a empezar, salvo si estropeabas el negativo, que en tal caso no había solución. Me gustaban estas clases, pero no he vuelto a usar una máquina de fotos reflex ni semireflex desde que no dispongo de la mía analógica, que era de mi madre, y no he tenido dinero ni he mirado demasiado las de este tipo digitales. Es otra cosa, no es lo mismo.