viernes, diciembre 06, 2019

NOTICIA 1924ª DESDE EL BAR: PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES, UNA SELECCIÓN QUE PARTE DE 1979 (y 4 de 4, último)

Y llegamos al final de esta serie con la cuarta entrega, con Greta Thunberg recién llegada a Madrid.

El 11 de marzo de 2011 ocurrió en Fukushima el segundo peor accidente nuclear, a todos les vino a la memoria Chernóbil. La desgracia al comienzo era un terremoto ocurrido en el Océano Pacífico que hizo temblar Japón, pero el terremoto provocó un tsunami cuya hola gigante fue a chocar contra la ciudad de Fukushima. Japón, que había sufrido dos bombas nucleares lanzadas por Estados Unidos en 1945 para acabar la Segunda Guerra Mundial, había apostado su recuperación por la ciencia y la innovación tecnológica. A lo largo de los años 1950 y 1960 estaban mucho más que reconstruidos. Apuntaban a ser una gran potencia económica. En los años 1980 y 1990 se especulaba con esto, hasta que  China comenzó a comerle terreno en la economía por motivos no tanto tecnológicos sino como por capacidades productivas por poco precio. Aún con todo, Japón es una de las grandes potencias del mundo. Al ser una isla sus recursos son muy limitados. Por ello sus recursos energéticos están mayoritariamente volcados en la producción de electricidad mediante la energía nuclear. Por un lado la consideran más limpia que otras alternativas, por otro lado producen tanta energía que pueden sostener sus necesidades y mucho más, y por otro lado quieren demostrar al mundo que la energía nuclear es útil sin usos bélicos. Es quizá el país con más centrales nucleares de manera proporcional a sus necesidades. Han invertido mucho en seguridad para ellas, pero el terremoto y tsunami que sufrió la central Fukushima I provocó que fallaran los sistemas automáticos de seguridad para evitar el calentamiento de los reactores nucleares. Los refrigerantes fallaron y comenzaron a existir fugas radioactivas. Existía una gran posibilidad de que ocurriera una explosión mayor que la de Chernóbil. Hubo explosiones importantes, pero no terminaban de alcanzar los puntos claves para la gran catástrofe. En medio de la posibilidad de réplicas del terremoto y en medio de un amplio área cuyas infraestructuras habían sido destruidas por el seísmo, los japoneses hicieron todo lo posible para evitar el mayor de los desastres. Muchos de los que intervinieron sabían que probablemente acortaban sus vidas de súbito a quizá unos meses o semanas. No sólo había que impedir la explosión del núcleo, había que desalojar la zona, aislar, descontaminar y a la vez atender los destrozos propios del tsunami en las áreas colindantes. Al ser una central cercana al mar, la radioactividad se filtró al mar. Las corrientes marinas y los bancos de peces y otros animales marinos han llevado sus efectos a todo el planeta, aunque la zona más afectada es Japón. La temperatura del planeta aumentó ese año a causa de este accidente. Se liberaron numerosos gases tóxicos. Tras los sucesos una investigación cuestionó que cuarenta y dos directivos de la central hubieran obrado correctamente en cuestión de protocolos de seguridad, fueron enjuiciados. Los juicios aún seguían en 2017. Hay una cosa que queda clara, en cuestión ecológica el problema no es del país que recibe la peor parte, el problema es de todo el planeta, por lo que toda decisión ecológica debería ser reflexionada por todos. (Foto de La Voz de Falcón).

La empresa Monsanto vuelve a estar en el centro de las sospechas de los problemas del cambio climático, recordemos que en los años 1980 comenzó a estarlo por sus pesticidas en relación al aumento de casos de cáncer, en la década de 1990 se le sumó los alimentos transgénicos, ahora en las de 2010 la acusación no es menos grave ni menos global. Por primera vez, fue en el año 2011, un informe para el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) mencionó que las abejas estaban desapareciendo. En ese momento no se sabía la causa exacta. La prensa no se hizo eco del asunto de forma masiva hasta que no necesitaron noticias de relleno en 2012, pero como los ecologistas supieron concienciar a la gente con las redes sociales y además el problema se agravaba, esta noticia se da ahora cada año con toda la relevancia que tiene. Se especuló con algún tipo de enfermedad desconocida y por estudiar. Se especuló con el efecto de las antenas, los teléfonos móviles y las ondas de radio nuevas. Se especuló el invierno prolongado de 2013-2014. Se especuló con el aumento de la temperatura del planeta y con el aumento de la contaminación. Quizá hubiera y haya un poco de todo, pero lo cierto es que los estudios de las Organizaciones No Gubernamentales de carácter ecologista y los estudios de algunos investigadores por cuenta propia o mediante Universidades apuntaban a los pesticidas de Monsanto. Tanto se apuntó a ellos que incluso en algunos sitios del mundo hubo demandas. Las instituciones debían investigarlo. En ello están. En 2018 la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos reveló que el glifosato usado y patentado por Monsanto como pesticida para acabar con determinadas bacterias en la agricultura, de gran éxito entre los agricultores, era el que estaba detrás de la muerte de millones de abejas. Parte de las bacterias que mata son vitales para la digestión de las abejas. Matar esas bacterias implica la muerte de las abejas. Nada más salir este estudio, los laboratorios farmacéuticos alemanes Bayer salieron a la palestra par publicar un estudio contrario a este, y se les sumó la farmacéutica Thompson et al., hay muy obviamente intereses creados. La Unión Europea hizo en 2018 unos primeros intentos para limitar el uso del glifosato en su territorio, pero como todo está aún sin una prueba contundente y Monsanto no quiere perder su producto comercial estrella, aún queda camino para la protección total de las abejas, unos insectos responsables de la mayor parte de la polinización de todo el planeta, y con ella del ciclo reproductivo de las plantas, o sea: de la producción de oxígeno y la regulación de la temperatura, la atracción de lluvias, etcétera. (Foto de El País).

Cada vez es más frecuente ver grupos masivos de ballenas varadas en las playas, especialmente en las de Estados Unidos de América. Las ballenas es uno de los animales más inteligentes del planeta. Nadan en grupo en aguas profundas por rutas que ellas conocen, comunicándose entre sí. En su paso cerca de la península de Florida grandes grupos de ballenas han varado a lo largo de esta década. En 2013 fueron cuarenta. El año anterior, entre Florida y Escocia fueron treinta y tres. El caso más llamativo llegó en 2017 con trescientas ballenas varadas en Nueva Zelanda, y al año siguiente, 2018, en el mismos país, unas cuatrocientas veinte a la vez. Hubo quien especuló con un suicidio colectivo. Las ballenas siguen a su líder, el despiste de este puede despistar a todas. Lo extraño es que se acerquen a aguas poco profundas. Una de las explicaciones estudiadas por los forenses es la intoxicación masiva por el consumo de plásticos y desperdicios al alimentarse en el mar, lo que les provoca infecciones y heridas internas que infectan su sangre, y esta infecta sus cerebros, por lo que se altera su capacidad de percepción. Otra explicación son los cada vez más potentes y grandes tendidos de cables submarinos que existen hoy día para que funcionen muchas de las telecomunicaciones de las que gozamos con ordenadores, televisores y teléfonos. Producen unas vibraciones eléctricas que estos animales podrían estar percibiendo y podrían estar confundiéndolas. En ambos casos la responsabilidad estaría en la actividad del ser humano. (Foto de Cuba Debate).

El calentamiento global está provocando la fundición de los hielos polares y de los glaciares. En Islandia y en Francia ya han desaparecido algunos glaciares de millones de años. En el Polo Norte el deshielo abre el paso del mar por el norte y Rusia y Estados Unidos, entre otros ambicionan empeorar la situación con rutas comerciales y búsqueda de petróleo. Entre tanto los animales polares, como los osos, sufren las consecuencias y mueren a veces por inanición. El problema es más grave. El hielo al fundirse desprende grandes trozos de hielo a la deriva, los iceberg, que pueden ser peligrosos para las embarcaciones, aunque su mayor peligro es que derriten su hielo en el agua y mezclan agua dulce con agua salada, lo que de manera acumulada podría provocar una glaciación en unas décadas, lo que cambiaría drásticamente las condiciones de vida en el planeta. Aunque el cambio drástico ya ocurre, porque mientras se funden, al haber menos hielo en el planeta, las temperaturas aumentan, y cambia también la temperatura del mar. Las corrientes de aire cambian y al cambiar las cotas también cambian las corrientes marinas. Entre tanto cambio se producen las grandes sequías y también los grandes fríos, las grandes tormentas y los grandes huracanes y todo fenómeno extremo inimaginable ligado precisamente a este desnivel de la balanza que es cada vez mayor. El agua del mar aumenta y a la vez podría eliminar islas y grandes zonas costeras y continentales. En el Polo Sur no se es ajeno a esto. La Antártida desprende trozos y trozos de sí que lanza al mar. En 2014 comenzó la grieta que provocaría el desprendimiento del trozo de hielo más grande jamás desprendido, ni más ni menos que 5.000 kilómetros cuadrados de la Plataforma de Larsen, lo que obligó a cambiar los mapas del continente antártico. En 2017 ya estaba prácticamente desprendido, pero en este 2019 se  desprendió del todo y quedó flotando. Lo hizo mucho más rápido de lo que los científicos habían calculado que lo haría. Empalmó con algunas grietas interiores de 2010 y de 2012 y alguna otra dormida desde hacía treinta y cinco años. Del mismo modo que el deshielo está dejando equivocados las previsiones científicas, el calentamiento del planeta, ligado al deshielo, también lo hace. (Foto de National Geographic).

Dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas por el Cambio Climático en 2015 se produjo el acontecimiento internacional más importante para luchar por el medio ambiente desde el Protocolo de Kioto de 1997, que, aunque está vigente aún, quedó con tantas naciones incumpliéndolo o aplazándolo. Se trato del Acuerdo de París. Acudieron unos 195 Estados. Lo firmaron 96 de eso Estados más todos los Estados de la Unión Europea como tal. Así, la firma supone el 55% de los asistentes, los cuales a la vez son responsables del 55% de las emisiones contaminantes del planeta. Fue la Unión Europea, África y Latinoamérica los más implicados en encontrar soluciones ecológicas, pero africanos y latinoamericanos reclamaron y reclaman ayudas económicas de los más ricos para poder afrontar todos los cambios que se necesitan hacer, bajo la lógica de que ellos son países pobres y a la vez productores de todos aquellos recursos que el primer mundo, los más ricos, consumen. El problema de la financiación es grave. Estados Unidos estaba gobernado por Obama y firmó el acuerdo, lo que suponía una gran victoria al ser el segundo Estado más contaminante. Ayudaba a eliminar recelos a los otros imperios del mundo que también son los más contaminantes, China y Rusia, y en ese sentido les animaba a sumarse al nivelarse las ventajas y desventajas del cambio de modelo en la producción. Sin embargo, cuando Donald Trump, negacionista del cambio climático, llegó al gobierno norteamericano, Estados Unidos abandonó el Acuerdo de París en 2017. Le siguieron en el abandono la República Popular China y la Federación Rusa, los más contaminantes del mundo. Cuando Bolsonaro, otro negacionista, llegó al gobierno de Brasil este 2019, también abandonó el acuerdo y comenzó la destrucción de la Amazonía con fines económicos. El acuerdo básicamente era lograr que el aumento de la temperatura del planeta no superase los 2º y, logrado esto a lo largo de los veinte años siguientes, bajar este nivel al 1'5º, lo que sería la temperatura del planeta en época preindustriales, en el siglo XVIII. Las emisiones de gases contaminantes debían reducirse en un 45% de cara al año 2030. Para vigilar el cumplimiento de todo esto debía una organizarse una cumbre en la sede de la ONU en 2020, el año que viene. Obviamente todo esto requiere reformas legales en los países, menor producción, energías más limpias, menos uso de recursos, una nueva concienciación mundial de la población, industrias reconvertidas... y mucho, mucho dinero. No se quería que todo quedara en buena intenciones en la mayor parte de los casos, como ocurrió con el Protocolo de Kioto. Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos, China y Rusia hace que estos objetivos sean difíciles de lograr. No obstante, la Unión Europea es la que más medidas está creando y mayores campañas ecológicas entre sus ciudadanos, mientras que África este año 2019 cuenta ya con dos países que han prohibido directamente las bolsas de plástico e incluso han creado penas punibles. (Foto de Sinc, la ciencia es noticia).

Cada vez que los telediarios y programas de debates muestran a la joven Greta Thunberg como activista ecologista y señalan a los jóvenes como los que lo están moviendo todo mientras los no tan jóvenes no lo hacen, mienten. Mienten y además debería darles vergüenza. No sólo todos y cada uno de nosotros contribuye. Pero si nos centramos sólo en los activistas ecologistas, hay millones de activistas en todo el mundo actuando diariamente. Pensar en pequeño es hacer mucho más, pues no todo se hace en grande. No todo son salvar los mares y su fauna y flora a bordo de un barco de Greenpeace, así por ejemplo también es quienes dedican su tiempo libre a limpiar riveras de río, o a plantar árboles, o a ir a los colegios a dar talleres de concienciación o de reciclaje, por poner unos ejemplos. Pero dentro de los activistas los telediarios no buscan realmente una activista, sino un discurso populista de héroes y líderes que pueda vender fácilmente los noticiarios y así seguir haciendo negocio con la información. En los últimos años son numerosos los activistas ecologistas que han sido asesinados por defender la selva Amazonas en Brasil, por ejemplo. Uno de los nombres más emblemáticos de los activistas asesinados, de los que no hablan habitualmente los telediarios, aunque de este nombre sí hablaron, fue  Berta Cáceres asesinada en 2016. Defendió en Honduras los derechos de la mujer, a la población nativa lenca y, más aún, a la selva y medio ambiente de Honduras frente al proyecto de crear una hidroeléctrica por parte del Banco Mundial Internacional y de la empresa china Synohidro. Logró movilizar a la gente y lanzar el mensaje ecologista al mundo. Paró la hidroeléctrica. El 2 de marzo fue asesinada con 42 años de edad. Hubo una gran movilización en las calles en protesta por su asesinato. Pero en los últimos años han sido muchos los activistas asesiandos, especialmente en la Amazonía cuando defienden a las tribus indias o a la selva en contra de las deforestaciones para cultivos de forraje para los enormes ganados que alimentan a las grandes cadenas multinacionales de alimentos de carne, o para soja para consumo occidental, o para café para Occidente, etcétera. No se suele encontrar a los asesinos, a veces se culpa a acciones individuales de cultivadores o personas con intereses propios. Aunque parece evidente quienes pudieran estar realmente detrás del asesinato, de entre las varias pero limitadas posibilidades que quedan abiertas. (Foto de BBC).

"Muy pronto será demasiado tarde" dijeron catorce mil científicos de todo el mundo en un artículo publicado en noviembre de 2017 en la revista Science. Hablé de ello en la Noticia 1753ª. El aviso era más serio que nunca. Las previsiones sobre el desastre se estaban quedando en fechas de previsión demasiado generosas, el deshielo de los polos de La Tierra y de los glaciares era más rápido de lo previsto. Había que cumplir con el Protocolo de Kioto y con el Acuerdo de París. Incluso acelerarlos y ser más ambiciosos en las metas a conseguir. Todo esto dicho en el año que Trump llegaba al gobierno estadounidense. Ese año uno de los desastres ecológicos más llamativos ocurrió en el Parque Nacional de Doñana, en España. Montones de pozos de agua ilegales para el riego de pequeñas huertas y parcelas particulares o para viviendas privadas estaban desecando su pantano. ya en 1998 había sufrido otro desastre cuando en Aznalcóllar una fábrica vertió residuos tóxicos, contaminando el parque. Pero quizá gráficamente para ilustrar el aviso de los catorce mil científicos esta la secuencia de fotografías aéreas del Mar de Aral, en Asia central, desde 1973 a 2009. Una política económica que explotaba el mar y sus alrededores sin ningún miramiento ecológico terminó salinizándolo y desecándolo. Desapareció como mar. (Foto de Patrimonium).

En 2018 se fomentó en todo el planeta las fotografías sobre el mar de plásticos flotantes que existía en el Océano Pacífico. Se puso el punto de mira en el problema de la producción de plástico, especialmente del de un sólo uso. Este mar de plásticos ocupaba tanto espacio como la superficie de algunos países. Pero el plástico está por todos los mares del planeta. Los estudios forenses de la fauna marina nos indica además que todos comen plásticos y microplásticos y eso les hace enfermar, a veces morir. Cada vez que comemos pescado, nosotros mismos ingerimos ese plástico, que se queda en nuestros organismos. Casi todos los microplásticos que están en el mar no son producto de desprendimientos del deterioro de los plásticos grandes, sino que son producto de las ropa con sintéticos que lavamos diariamente en las lavadoras. Los tejidos y componentes sintéticos de las prendas de vestir han permitir el abaratamiento de estas y con ello que una superpoblación mundial pueda tener acceso a tener ropa, lo que no ocurrió en todas las épocas. Pero su componente sintético con derivados plásticos provoca este efecto de terminar en los mares con cada lavado. Se recomienda intentar volver a comprar la ropa más natural posible, aunque esta es cara y difícil de encontrar. Se recomienda igualmente aprovechar cada lavado lo máximo posible y reducir el número de veces que ponemos la lavadora. A la vez se hacen campañas para acabar con las bolsas de plástico y otros objetos de plástico. Se investiga en alternativas a la vez que se llama al uso de bolsas tradicionales de tela o tejidos. La Unión Europea ha prohibido los objetos de menaje de plástico, y dos países de África las bolsas. Ese año 2018 hubo otra gran catástrofe petrolera en el mar, frente a Terranova, pero era el plástico el principal protagonista de las preocupaciones, con razón. Su fabricación además implica grandes emisiones de dióxido de carbono, aparte de que necesita para su fabricación el petróleo, el mismo que el del accidente del petrolero enfrente de Terranova. (Foto de Público).

Y llegados a este 2019 tenemos a Greta Thunberg, hija de un actor y de una cantante que abandonaron sus carreras para potenciar la imagen de activista ecologista de su hija. Esta niña sueca, ahora adolescente, inició una huelga ya de un año de duración, por la cual se niega a ir al colegio hasta que los adultos arreglen los problemas ecológicos del planeta. Esta huelga fue imitada en todo el planeta por estudiantes de cada país todos los viernes. En marzo de 2019 fomentó una huelga general por el clima. Hablé de ella en la Noticia 1860ª. Erróneamente su discurso ha calado en la juventud mundial polarizando el "nosotros/ellos" como si la lucha por el medio ambiente fuera a la vez una lucha entre adultos y jóvenes, y como si sólo los jóvenes hicieran algo y los adultos fueran la fuente del problema. Erróneo y problemático discurso, falto de realidad y falto de asumir las propias responsabilidades individuales. Por otro lado, su discurso borra de un plumazo todo lo que otros han hecho antes que ella y todo lo que millones de personas ya hacen a la vez que ella en sus vidas diarias. No todo el mundo puede dedicarse a cruzar el mar en velero para ir a la cumbre del COP25, que ahora mismo se celebra en Madrid con el objetivo de revalidar Kioto y París y lograr acuerdos esta vez pragmáticos. Cosa difícil, porque se parte de un Estados Unidos nada dispuesto a firmar lo que del COP25 salga, en principio. Thunberg puede estar siendo sincera en sus ideales y objetivos, pero no deja de ser una niña, con la falta de experiencias que aún está por tener a lo largo de su vida, y con ellas el enriquecimiento en conocimiento, puntos de vista y reflexiones. A todos nos apasionó cuando echó una bronca a todos los líderes del mundo este año, fue en el edificio de la sede de la ONU. Les recriminó con total enfado su falta de sinceridad a la hora de cumplir y hacer medidas ecológicas. Pero muy probablemente los medios de comunicación la han elegido a ella como portavoz a la que sacar en los noticiarios porque sirve bien como una imagen, más que como un emisor. La imagen vende, los ídolos venden, los discursos blanco/negro venden. Los medios de comunicación internacionales se dedican a vender noticias, o al menos cobran por el tiempo en el que te pasas por sus noticiarios o cada vez que les compras periódicos. Les resultaría más incómodo, y probablemente a los publicistas que les pagan, si sacaran como imagen a esos otros activistas adultos que son asesinados en Amazonía. O también si eligieran a esos otros ecologistas que saben bien de lo que hablan cuando hablan de que hay de disminuir el consumo y que muchas de las empresas que participan del COP25 son responsables de buena parte del cambio climático. Sin embargo los medios de comunicación llevan razón en una cosa, los líderes movilizan a la gente. El mensaje ecologista llega a más gente, de un modo u otro. En ese sentido Greta Thunberg que probablemente está siendo utilizada por un cruce de intereses diferentes, es altamente útil como imagen a la causa. Otra cosa es que harán con ella los medios cuando sea adulta, puesto que la imagen habrá cambiado, y ella misma habrá cambiado. O la reconvierten o la mandan al anonimato para recuperarla muchos años después. Pero la cuestión es que ella siga siendo consciente de las necesidades de cambio. Como todos. (Foto de El Periódico).

miércoles, diciembre 04, 2019

NOTICIA 1923ª DESDE EL BAR: PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES, UNA SELECCIÓN QUE PARTE DE 1979 (3 de 4)

Vamos con la tercera entrega de las fotografías y explicaciones de problemas mediambientales desde 1979, no sin antes llamaros la atención sobre el cartel de las fiestas de Navidad de Alcalá de Henares 2019. Aunque el motivo es obviamente el fomento de lo entrañable, en realidad esconde un mensaje de cambio climático totalmente claro. No lo digo por el color naranja del cielo, sino por la presencia de una cigüeña blanca europea, tan comunes y emblemáticas de la ciudad. Teóricamente no debería estar ahí. Sus biorritmos las llevan a emigrar al sur, a África, para pasar el invierno. Según lo que sabemos por su anillado las nuestras llegan a Nigeria. Sin embargo es cierto que hace años que muchas de ellas no emigran. Las más jóvenes sí siguen yendo a África, o lo intentan. Algunas se quedan en Doñana. Las de más edad, por el cambio de temperaturas y teniendo comida asegurada acá, se quedan en Alcalá. Y las alemanas, que llegaban a Doñana, se quedan por el centro peninsular. En consecuencia hace años que tenemos cigüeñas en todo momento del año. El cartel de Navidad de este año no podía tener un mensaje de fondo más de cambio climático que nunca. Por cierto, el adelanto de estas celebraciones en un mes con todo su consumo de electricidad, así como la constante incitación al consumo, son en nuestros días actuales parte del problema climático.

El accidente del petrolero Prestige en aguas de España, frente a Galicia, en el año 2002 no fue ni el primero ni el más grande en magnitud de catástrofe, ni antes ni después de él mismo en cuanto a accidentes de petroleros a nivel mundial. Pero en aquel 2002 fue la primera vez en un largo periodo de tiempo que ocurría una gran catástrofe internacional con un petrolero. Fue internacional porque aunque se produjo y afectó principalmente en España, sus dimensiones sí se pueden encuadrar dentro de las mayores catástrofes de un accidente de barco petrolero. Portugal, Reino Unido, Irlanda y Francia fueron países que también recibieron la marea negra que produjo el vertido del petróleo al igual que España. Miles de kilómetros cuadrados marítimos, de fondo marino y de costas quedaron afectados. El petrolero tenía una serie de problemas técnicos que el capitán no supo gestionar, al igual que las autoridades portuarias con las que tuvo que gestionarlo. Era evidente que se iba a hundir y que además se iba a partir, dentro de la catástrofe se podría haber intentado minimizar dando permiso para que entrara en una ría, a pesar de la catástrofe que sería aquello también. En lugar de eso se le ordenó alejarse y en alta mar, no muy lejos de la costa, se hundió y partió vertiendo al mar 77.000 toneladas de petróleo. La tripulación fue rescatada, pero la tragedia de escala europea era inevitable, especialmente para toda la costa gallega y para el Mar Cantábrico. Las corrientes marinas dispersaron buena parte de aquel petróleo. La movilización espontánea de miles de voluntarios fundamentalmente españoles, de manera generosa e ignorando los posibles efectos de los gases, hizo que esta tragedia entrara también en la Historia de las tragedias de petroleros como la que más rápidamente había movilizado tal cantidad de personas dispuestas a ayudar que forzaron a que fuera la que más rápidamente limpió la mayor parte de su vertido. Aún así, a fecha de hoy, todavía se desconoce el paradero de parte de ese petróleo, dispersado por el mar. Se sigue midiendo la cantidad de contaminación de la fauna y flora de las costas gallegas. Aunque ya está prácticamente descontaminada y es fiable su consumo, en el caso de mejillones y mariscos, aún hay algún rastro. Se tuvo que limpiar el mar, las playas, las rocas, los animales... Muchos murieron petroleados. La mezcla de petróleo con el agua recibía el nombre popular en Galicia de "chapapote". durante meses se tuvo que limpiar aquello, durante años se cerraron caladeros. Se arruinó el medio ambiente del lugar, pero también muchas economías pesqueras, marisqueras, turísticas, etcétera. Entre medias, las autoridades políticas trataron el asunto minimizándolo o mintiendo sobre su magnitud, a la vez que los conservadores, que eran quienes gobernaban, lanzaban rumores e insidias sobre la naturaleza real de los voluntarios como si fuera un complot de los partidos de izquierda. Se llegó a boicotear desde la Junta de Galicia u otros órganos la tarea de varios grupos voluntarios. Fue gracias a esos voluntarios que la concentración de hidrocarburos y metales se recogiera en su gran mayoría de manera rápida, por más que en este 2019 todavía se registran ligeramente subidos, a la vez que se considera saneada la costa. La utilización y manipulación política antepuso sus intereses de imagen a los intereses ecológicos, pero la ciudadanía común estuvo a la altura de las circunstancias en concienciación de lo que se debía hacer. Lamentablemente, no es exclusiva de España ni tampoco algo excepcional que los intereses creados se antepongan a los intereses medioambientales. (Foto de Cuaderno de Cultura Científica). 

La invasión de especies animales y vegetales en lugares que no son su hábitat natural es otra de las cuestiones abiertas en el mundo actual. La introducción de especies fuera de su hábitat natural comienza a tener efectos devastadores para la flora y fauna autóctona de numerosos lugares. Se transforman en invasoras y acaban con los biotopos naturales de los lugares que las reciben. Ocurre en gran parte del mundo. El árbol ailanto de origen asiático o el eucalipto de origen australiano fueron introducidos en España para obtener madera u arbolado de manera rápida durante la dictadura de Franco y años posteriores. Empobrecen los suelos y podrían eliminar extensas zonas de bosque futuras. El cangrejo americano llegó a los ríos españoles de forma desconocida, devorando todo tipo de ser vivo que se encuentra en los cursos fluviales. Las tortugas marroquíes, que están en especie de extinción, son introducidas ilegalmente y vendidas a personas que las crían en su casa y, al crecer, las liberan en lagos, ríos o parques públicos. En 2003 se detectaron por primera vez huellas de mapache en Madrid, hoy día esta especie americana que probablemente llegó clandestinamente en forma de mascotas son una plaga. Diversas especies de loros y periquitos, fugados de sus hogares como mascotas, compiten con el espacio de palomas y gorriones en las ciudades españolas, estos últimos están perdiendo la batalla, van desapareciendo. Por otro lado tenemos el otro caso de los animales salvajes que cada vez más se acercan a los municipios, ya sean pueblos o ciudades, en busca de comida. La urbanización desorbitada y sin control ecológico ha hecho que se invadan y minimicen sus hábitats naturales y se vean necesitados de buscar comida a toda costa. En España es común ver jabalíes yendo a las nuevas urbanizaciones a buscar comida en la basura, en otros lugares son osos y ciervos, en Japón son más mapaches. Una buena película infantil pero para todos los públicos para enseñar y concienciar sobre estos problemas es La batalla de los mapaches del valle Pompoko (Isao Takahata, 1994). En ambos casos, plantas y árboles invasores fuera de su hábitat o animales salvajes buscando comida en las urbanizaciones que antes eran su campo o monte natural, es el ser humano y sus caprichos y ambiciones quien provoca la situación. (Foto de Telemadrid).

La Gran Barrera de Coral está en el origen de la vida que conocemos, extinta o no, desde hace millones de años.  Ocupa 2.600 kilómetros en el Mar de Coral, en Australia. La vida en La Tierra no siempre fue la que conocemos. Anteriormente, en la vida acuática, existían otras formas de vida que acabaron envenenadas cuando aparecieron algas y corales que comenzaron a fabricar oxígeno. Las nuevas formas de vida se adaptaron a ese nuevo gas, siendo fundamental para casi todas las vidas que conocemos. Fueron ellas algas y corales, que también son formas de vida vegetal, quienes comenzaron a oxigenar el agua y la atmósfera. A partir de ahí, durante millones de años se ha ido formando la evolución de las diferentes formas de vida. En 2004 se detectó una gran amenaza ecológica provocada por el ser humano que afecta a la Gran Barrera de Coral. Hasta un tercio de la Gran Barrera de Coral está afectado. El cambio climático con el aumento de  temperaturas, las tormentas huracanadas cada vez más violentas y frecuentes por ese cambio climático, la acidez mayor del agua por culpa de la contaminación, la acumulación de plásticos en el mar, sedimentos, químicos y pesticidas que acaban en el mar de las industrias, poblaciones y barcos, los deshechos de los alcantarillados de las ciudades, los aceites de los barcos y otras muchas cuestiones contaminantes, como los vertidos accidentales de petróleo y de metales, están haciendo enfermar a los corales y provocándoles la decoración como fase final hasta su muerte. De su salud depende ecosistemas enteros de fauna y flora marina, pero también la oxigenación de las aguas y con ella la nivelación de la temperatura del planeta. Todos dependemos de esta barrera, del mismo modo que de las selvas. Esta preocupante situación intenta ser afrontada con campañas de concienciación sobre el cuidado de los mares, pero también lanzando pequeñas baldosas para que los corales las colonicen de manera sana. Es insuficiente de momento. Todo depende de que sepamos aprender la lección de que el mar debe ser respetado, y para eso tenemos que cambiar muchos hábitos y costumbres, sobre todo de consumo. (Foto de La Vanguardia).

Uno de los efectos del cambio climático son los desastres naturales cada vez más grandes y continuados. Desastres naturales de toda índole y en todos los lugares del planeta, algunos fuera de sus áreas habituales. Así por ejemplo, se han llegado a ver torbellinos en aguas del Mar Mediterráneo, cosa que no es algo común. En 2005 ocurrió el huracán Katrina. Ese año debía ponerse en marcha lo acordado en el Protocolo de Kioto, no firmado por Estados Unidos, como ya vimos. Gobernaba George W. Bush. El huracán Katrina afectó de lleno a Estados Unidos por su zona sureste. Previamente había arrasado varias islas del Mar Caribe, algunas de ellas Estados en sí mismas, como Cuba. Pero Estados Unidos se vio afectada en varios de sus Estados, como Florida, Alabama, Misisipi, Louisiana, toda la costa este atlántica, ya como una tormenta fuerte y alcanzó Canadá. La peor parte se la llevaron las islas del Caribe que no eran Estados Unidos, por ser además lugares con pocos recursos. Pero en Estados Unidos ocurrió la tragedia que no se esperaban, quedó arrasada por las aguas la ciudad de Nueva Orleans. Tras este huracán los estadounidenses quedaron en un trauma sumado al de los atentados de 2001. Ahora se daban cuenta de que el cambio climático era real y que además podía matar y destruir en Estados Unidos igual que en el resto del mundo. Cuando Obama llegó a la presidencia en 2009 siguió sin firmar el Protocolo de Kioto, pero proyectó aminorar gases para 2030. Este proyecto quedó paralizado al comenzar a gobernar Trump en 2017, el cual es negacionista del cambio climático, siempre en favor del dinero y los negocios. Sea como sea, los huracanes se han hecho más potentes y más seguidos en el Caribe, incluso llegó a haber tres seguidos en un año y en Asia. Hay torbellinos en el Mediterráneo, sequías muy prolongadas en África y el Sur de Europa, fuertes lluvias que inundan y arrasan por todo el norte europeo y el estadounidense, fríos fuera de lo común en Alemania en invierno, etcétera. Las temperaturas medias van desapareciendo y dan paso a las temperaturas extremas. Las corrientes de aire cambian sus flujos y con ello cambian el clima y sus efectos en la Naturaleza. Estados Unidos era hasta 2005 el país más contaminante del mundo. Tras ese año, lo comenzó a ser la República Popular China. (Foto de José Cárdenas).

En 2006 Al Gore, exvicepresidente demócrata estadounidense y rival político de Geoge W. Bush, comenzó su bagaje como ecologista (actualmente incluso es vegano) produciendo la película Una verdad incómoda, dirigida por Davis Guggenheim. Precisamente el desastre del año anterior con el huracán Katrina sirvió de pretexto para explicarle al público norteamericano fundamentamente los problemas y la causas del medio ambiente, así como sus efectos presentes y futuros. Este documental se rodó con un sentido cinematográfico entre sensacionalista, espectáculo y pedagogía científica, lo que hizo que muchos ecologistas lo criticaran. Sin embargo infravaloraron el auténtico valor de este metraje de que Al Gore estuviera detrás de él: su mensaje alcanzó muchos más millones de personas que lo que llegan los mensajes de los ecologistas convencionales, los cuáles a menudo no alcanzan tampoco al millón de personas. Mucha gente despreocupada o desconocedora de en qué consistía el cambio climático comenzó a conocer con esta película. Ahora bien, una verdad incómoda que no contaba el largometraje es que la superpoblación humana mundial es el origen de muchos de estos problemas, combinada con una forma económico social capitalista, en concreto: ultracapitalista, la cual se basa en el consumo desmedido y el uso de los recursos naturales por encima de las posibilidades del planeta y de sus seres vivos. La superpoblación humana, cada vez mayor, es un gran problema. Cada ser humano requiere una serie de necesidades mínimas y una serie de usos, costumbres y formas de vida que requieren del consumo (a veces abusivo y otras no tanto) de lo que sea. Ya sea ropa, comida, agua, transporte, trabajo, ocio, caprichos, reproducción, vivienda, guerra, etcétera. Todo eso es un desgaste de los recursos naturales. El control de la natalidad no es algo obvio en muchas regiones del planeta, ni algo permitido por todas las religiones, la mejora de la sanidad y de la alimentación prolonga las vidas, y aunque esto en sí es bueno, no es beneficioso un aumento por millones y millones de habitantes cada año. El planeta y sus recursos son limitados. Todo remite a un control de la natalidad necesario, pero este es un aspecto bastante insalvable hoy por hoy, por los citados motivos ya sean de origen religioso, cultural, económicos, políticos, etcétera. (Foto de IMDb).

Los grandes incendios forestales son otra evidencia y otro problema medio ambiental. Cada vez son más y mayores. Algunos tienen causas naturales al combinarse con gigantescas y cada vez más calurosas etapas de sequía. Así por ejemplo ha ocurrido en los últimos años en Australia. El mayor de los incendios que se han registrado en la Historia fue en 2018, arrasando los campos y bosques de California, en Estados Unidos. Otro incendio de dimensiones gigantescas ha sido este año 2019 en Siberia, en la Federación Rusa. Pero también estos grandes incendios, que liberan grandes toneladas de dióxido de carbono y cenizas, que destruyen árboles, vegetación, animales, hábitats, a veces también poblaciones humanas, son provocados por los humanos. Así por ejemplo, por intereses económicos disfrazados de suceso accidental natural, este mismo 2019 han habido numerosos focos de fuegos provocados en la selva del Amazonas, en Brasil, que han provocado uno de los mayores incendios de la selva que es el pulmón de La Tierra, por ser el mayor productor de oxígeno y regulador de la temperatura, al margen de ser foco de vida. El presidente de Brasil, Bolsonaro, es negacionista del cambio climático y ha visto en la selva la posibilidad de crear más negocio económico con la posible construcción de carreteras, nuevas poblaciones, permitir pastos y campos de cultivo en las zonas de selva destruidas... Y todo ello incluso pasando por encima de los pueblos indígenas que la habitan. Uno de los países que más incendios provocados tiene en el mundo todos los años es España. En Doñana, en Guadalajara, Galicia, Valencia, en todos los sitios verdes. A veces parece que hubiera detrás inmobiliarias, con el tiempo el negocio lo hacen compañías eléctricas, otras veces son gente que ocasionalmente encuentra trabajo ayudando a apagar incendios, por lo que provocan incendios. Las leyes contra la piromanía son demasiado leves e insuficientes. Sirva de ejemplo los incendios provocados por un vigilante forestal, precisamente para tener más trabajo, en 2007 en la isla de Las Palmas de Gran Canaria, coincidió en el tiempo con otros incendios importantes en las Canarias, uno en la Gomera y el otro en Santa Cruz de Tenerife. Su humo se veía desde los satélites metereológicos, y con todo, estos no son los mayores incendios que han existido. (Imagen de El Mundo).

La acumulación de gases contaminantes por los biocarburantes de los vehículos, las fábricas, las plantas eléctricas, las calefacciones, las quemas controladas y otros orígenes son una constante en este serial como principal problema atmosférico. Esta contaminación es cada vez más peligrosa y de mayor cantidad en las grandes ciudades. Los ritmos de vida actuales, la necesidad creada de ir en transporte a un centro de trabajo, a uno comercial o a un espacio de ocio o educativo, el cada vez mayor uso de la electricidad, el consumo sin fin que implica la producción sin parar, aumenta las emisiones de dióxido de carbono, nitratos, azúfres y otros elementos, ayudando al deterioro de la salud a niveles letales o bien crónicos, el calentamiento global, la disminución de las lluvias, la reducción de las zonas verdes para crear espacios para esa forma de vida, la lluvia ácida, la puesta en peligro de la existencia de especies animales, etcétera. El aumento del asma, los problemas pulmonares, los cardiorrespiratorios o el cáncer se han disparado entre los habitantes de las grandes ciudades. En las Olimpiadas de Pekín en 2008 la contaminación de la ciudad puso de relieve internacional todos estos problemas de manera mucho más que visible, a pesar de ser palpable en cualquier gran ciudad del mundo las enormes boinas de humo que extienden por kilómetros sobre ellas y alrededor de ellas. La República Popular China había pasado a ser el Estado más contaminante del mundo desde 2005, desplazando a Estados Unidos de América al segundo lugar. China contenía es sí otros muchos problemas que quizá deberían haber evitado que celebrara unas Olimpiadas, como la represión política, la desmesurada pena de muerte, el régimen dictatorial, el trabajo sin apenas derechos laborales, etcétera, pero el hecho de su poder contaminador fue otro de los grandes focos que pusieron en riesgo que se celebrara allí los Juegos Olímpicos. Tanto es así que para remediarlo el gobierno emitió una serie de prohibiciones y limitaciones a su población para reducir la contaminación justo lo que duraran los juegos. Además, provocaron la lluvia con químicos para limpiar el ambiente, cosa que no lograron del todo y que además tuvo daños colaterales para los campos. Algunos atletas escupían literalmente saliva negra. La alta contaminación de Pekín, una ciudad superpoblada, se mezclaba con sus nieblas y se formaba una especie de pesada muralla a modo de niebla amarilla que incluso impedía ver, pero que era contaminación. China, a pesar de estar convirtiéndose en un líder económico a nivel Imperio del mundo, usaba el carbón como una de sus principales fuentes de producción de energía. La quema de carbón es uno de los elementos de máxima contaminación. En los últimos años las únicas manifestaciones permitidas en China eran en torno a problemas ecológicos, en estas fechas quedaron en suspenso. Si no se avanza en recursos energéticos limpios y renovables y en un raciocinio mayor de recursos y del mundo laboral, el camino de Pekín puede que lo sigan otras muchas ciudades del mundo en el siglo XXI.  (Foto de Natura Medio Ambiental).

Uno de los datos aportados en 2009 que parece que cada vez más personas aceptan como un hecho innegable, y que las grandes cadenas informativas repiten estos días sin parar, puede que tal vez oculte detrás un interés empresarial muy diferente a la realidad ecológica que mucha gente, interesados en frenar el cambio climático, quiere cambiar. Se trata del estudio que algunos científicos realizaron asegurando que las flatulencias de las vacas de Nueva Zelanda aumentaban el metano en la atmósfera provocando el calentamiento global. Este estudio se ha repetido hasta la saciedad y se ha ido extendiendo a afirmar que todas las vacas del mundo, y más tarde todos los ganados de lo que sea del mundo y las granjas de pollos, especialmente si son criados en centros al modo fábricas. Incluso la Organización de Naciones Unidas se sumó a este argumento y estos días se habla de ello en el COP25. Lo cierto es que en ese COP25 y en otros organismos internacionales colaboran grandes empresas multinacionales que son responsables de buena parte de la contaminación por dióxido de carbono, nitratos, azufre, metano, gases fluorados, etcétera. Compañías como por ejemplo la petrolera Shell. ¿Qué hay más en el mundo? ¿Vacas o automóviles, aviones, barcos y fábricas, chimeneas de hogares y plantas eléctricas? ¿Las flatulencias de una vaca a cuanta contaminación de una fábrica equivale? ¿Y de un coche? ¿Y las flatulencias de los seres humanos, que también lanzan metano, cuánto contaminan y como influyen nocivamente en el medio ambiente? ¿Cuántos humanos y cuántas vacas hay en el mundo? ¿Quién emite más dióxido de carbono a base de flatulencias atendiendo a su cantidad total de seres con existencia mundial? Otra realidad es que estos estudios se comparan con las emisiones de las grandes empresas reconocidas como mayores productoras contaminantes; ¿problema? El problema es que estas empresas no dan los datos ni cifras totales ni precisas de cuánto supone la contaminación que ellas producen ni los productos que ellas producen y están siendo usados. Sin embargo estas empresas están interesadas en difundir la problemática de las flatulencias del ganado. Algunas organizaciones ecologistas calculan que el 90% de la contaminación es por culpa de las empresas multinacionales, no de las vacas. La contaminación de las vacas sólo sería superior a la contaminación de esas empresas si no se conocieran los datos con precisión de las emisiones de estas empresas y sus emisiones, como así sucede. Por supuesto, todas estas empresas existen y en las dimensiones que lo hacen porque sus productos se venden en las cantidades que se venden. Anotemos que siempre es más saludable, por otra parte, para todo el planeta, disminuir la cantidad de consumo de carnes y pescados y que estos sean producidos cerca del lugar donde vives, para evitar la contaminación de los medios de transporte de ese ganado o de los productos a partir de ese ganado, esto igual para los productos agrícolas. Además, mantener grandes ganados implica un forraje que conlleva grandes áreas rurales a menudo ganadas talando selva y bosque, o empobreciendo sus tierras con químicos y plaguicidas. Ahora bien, la eliminación de ganado para una alimentación más vegetal no impide la destrucción de bosques y selvas, es más, probablemente la potencien al tener que alimentar a un planeta superpoblado. Quizá por ello algunos organismos internacionales empezaron a hablar hace tiempo de la alimentación a través de insectos. Pero si esto se produjera, ¿qué apostáis a que empresas multinacionales te meterían el miedo en el cuerpo a comer cualquier insecto para que comas justo el que ellos críen y embolsen? Seríamos también grandes cínicos si negáramos que la mejora de la alimentación por medio del mayor acceso a todos los alimentos de la pirámide alimenticia ha mejorado la salud y esperanza de vida en todo el planeta. Lo que hay que hacer es no consumir tanto, no desperdiciar alimento, no comer por comer, tener un respeto por la vida ajena, ser responsables con el origen del alimento, disminuir las carnes en la dieta (que no digo eliminar, aunque esto es opcional), y también ser críticos ante algunas noticias, sobre todo cuando se empeñan en repetírtela una y otra vez las grandes empresas. (Foto de Femenino Rural).

La tormenta tropical Matthew provocó en 2010 un deslizamiento de tierras en Santa María Tlahuitoltepec, en Oaxaca, México. Se cobró unas dieciocho vidas, una mayor cantidad de heridos y numerosas casas y carreteras destruidas. Lo que en principio podríamos pensar como una catástrofe por una tormenta tropical, en realidad sienta sus bases en una construcción urbana en un terreno arcilloso y en una ubicación geográfica que invitaba a dejar ese espacio para la Naturaleza y no para la habitación del ser humano. Ese mismo año 2010 otro corrimiento de tierras se llevaba la vida de unas 350 personas en un poblado de Uganda. En España ya había ocurrido que una zona comercializada como zona de camping en Biescas fue arrasada por la lluvia y los lodos en 1996, matando a varias personas. El proceso judicial posterior reconoció como culpables a los que crearon allí el camping, ya que la zona no era viable. La tragedia se repetiría en un pueblo de Murcia en la década de 2010. En 2015 fue en Nepal, en 2016 en China, en 2017 en Chile y podríamos seguir. Nuevos barrios residenciales, ya sean formalmente creados o a modo chabolista, en pasos naturales de arroyos, terrenos arcillosos asentados sobre bases de piedra, terrenos arcillosos a los que se les ha talado la vegetación que les retenía en los montes, otros excesivamente cerca del mar, en fin la ambición inmobiliaria combinada con permisos de las administraciones y la confianza en los largos periodos sin lluvias hace que se colonicen lugares naturales restándoselos a la naturaleza y esta termina reclamándolos. Una desgracia para la Naturaleza en sí cuando se ve usurpada por el cemento y para los humanos cuando ocurre la tragedia. (Foto del Heraldo de Aragón).

lunes, diciembre 02, 2019

NOTICIA 1922ª DESDE EL BAR: PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES, UNA SELECCIÓN QUE PARTE DE 1979 (2 de 4)

Hoy comienza la Conference Of the Parties 25º (COP 25º), más conocida como la Cumbre Contra el Cambio Climático que se celebra en Madrid de forma improvisada, ya que en origen debía celebrase en Chile, pero por motivo de las protestas ciudadanas por sus derechos sociales se trasladó a menos de un es a Madrid. Durará, como dijimos, hasta el día 13. La COP es el resultado de la unión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y la CMP la Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Protocolo de Kioto (CMP). Anoto antes de continuar con los momentos seleccionados de problemas medioambientales desde 1979 a 2019 que se ha realizado por encargo a varios artistas una exposición de cuadros que se podrá ver estos días de manera gratuita entre el Salón Plenario y el Salón de Jefes de Estado de la zona de la ONU en el IFEMA. Entre esos artistas seleccionados hay dos alcalaínos, la artista Santi Álvarez-Dardet y el artista Alberto Cerezo.

La desaparición de la Guerra Fría y de la URSS en 1991 provocó que Yugoslavia acabara con su régimen comunista y comenzara una serie de rencillas nacionalistas, étnicas, religiosas y políticas que desmembró el Estado en varios, no sin antes una serie de guerras y rebeliones que se prolongarían desde 1992 a 1999. La guerra más cruenta y larga marcó los años 1990, se trató de la Guerra de Bosnia-Herzegovina, entre 1992 y 1995. Ecológicamente supuso un desastre por varios motivos, pero el más importante, aunque menos conocido, fue el uso de un tipo de bomba que los norteamericanos habían ensayado en la I Guerra de Irak, de 1990-1991. Se trataba del lanzamiento aéreo de bombas de grafito, también llamadas bombas sucias. Estas bombas, suministradas por la OTAN y lanzadas por ella mismas cuando intervino militarmente en la guerra civil, no destruían vida ni creaban grandes destrozos. Simplemente esparcían grafito de tal manera que sobre instalaciones eléctricas tenían la capacidad de eliminar toda actividad de la electricidad. De este modo se lanzó en centrales eléctricas, presas y otras instalaciones. Las grandes zonas sin electricidad también creaban bajas, por ejemplo en los hospitales, que no tenían con qué poder trabajar correctamente, pero sobre todo limitaban las posibilidades de defensa del enemigo o de una de las partes, aunque los daños colaterales afectaran a la población civil. El material de estas bombas terminó en lagos, ríos y el Mar Adriático, que de este modo quedaron contaminados por muchos años después de acabada la guerra en lo que se llamó una contaminación radioactiva de baja intensidad, pero cuya exposición prolongada a ella es perjudicial. Hoy día aún es difícil encontrar fotografías de estos bombardeos, aunque se encuentran textos sobre ellos. La fotografía no pertenece a una de estas bombas, este puente es el famoso puente medieval de Mostar, que en 1993 fue destruido con dinamita por las tropas serbias. (Foto de Monumentos del mundo).

El 19 de mayo de 1994 se vendió por primera vez al público el primer alimento transgénico. La ingeniería genética se introdujo en la alimentación. Ocurrió en Estados Unidos, en California, por la empresa Calgene. Se trataba de tomates cultivados en México, Florida y California. Habían tenido diez años de intentos de hacerlo, frenados por la Justicia norteamericana una y otra vez hasta que su grupo de presión logró que se vendiera. Había muchas dudas sobre los posibles efectos en la salud. Sólo cuando solventaron la fiabilidad de estos productos lograron la licencia. Aún con todo, hoy día sigue en entredicho lo beneficioso de estos productos o su calidad alimenticia. La pérdida de sabor, de calidad de su carne vegetal o de sus cualidades se hacen evidentes ante un cultivo natural. Aunque han logrado aumentar la producción, abaratarla y facilitar alimentos a algunas zonas donde escaseaban, muchos de estos productos esterilizan las producciones, haciendo que determinadas zonas se queden en cuestión de unos pocos años sin nuevas cosechas. La alteración genética de los alimentos por parte de las empresas buscan esa esterilidad para evitar que se puedan plantar sus semillas, con la idea de garantizar que los consumidores estarán obligados a comprarles. El documental Nosotros alimentamos al mundo (Erwin Wagenhofer, 2005) explica bien los aspectos negativos de estos alimentos. Por otro lado, sirvió para que las grandes empresas monipolizaran las producciones, hundiendo a los pequeños y medianos productores, más viables ecológicamente si sus productos fueran comprados en los mercados locales, en lugar de los productos exportados de zonas alejadas del planeta. Además, algunos de estos productos reciben algunos químicos para embellecerlos que hace que tengan menos durabilidad o que lleguen al organismo elementos indeseados. La empresa Monsanto también estaba detrás de estos estudios transgénicos. (Fotografía de Álef). 

La Federación Rusa es un productor y exportador de petróleo a lo largo de miles y miles de kilómetros de tuberías de oleoductos por todo su territorio, desde Europa hasta todo el ancho de Asia. Todos los años el frío de Siberia congela y rompe sus tuberías, liberando cinco millones de toneladas de petróleo de media. Un desastre medioambiental de grandes dimensiones que, además, termina helándose y cuya limpieza es compleja o imposible. Las condiciones atmosféricas han hecho que se mezclen con la tierra de manera irremediable. Fauna y flora han terminado afectados y muertos o bien alterados. Las poblaciones indígenas de Siberia se han quedado sin caza y pesca, optando en ocasiones por el suicidio. En los primeros años 1990 todo esto se mezclaba con la crisis económica, social y política de la desaparición de la URSS, que impedía afrontar debidamente el mantenimiento de todas sus instalaciones. En 1994-1995 se produjo la rotura de oleoducto en Siberia más grave. Parte de esos miles de toneladas de petróleo derramado no se limpiará nunca, aunque en este 2019 uno de estos derrames provocó uno de los mayores incendios de la Historia. La liberación de tóxicos es también algo grave. En el caso de la rotura de 1994-1995 se produjo una serie de roturas por culpa de una infraestructura de más de cincuenta años en activo. La tragedia se produjo e Usinsk. Se liberaron entre 100.000 y 350.000 toneladas de petróleo, una buena parte de ellos acabó en los grandes ríos, matando o contaminando a sus peces. 100.000 hectáreas de tierra quedaron arruinadas. Todos los habitantes a lo largo del río Kolva acabaron con graves enfermedades de salud en 1995 por su convivencia diaria con el desastre. (Foto de Greenpeace).

A la norteamericana Erin Brokovich la conocimos en todo el mundo gracias a la película con su nombre, Erin Brokovich, en el año 2000, rodada por Steven Soderbergh, pero en Estados Unidos comenzó a hacerse popular en la prensa de manera paulatina desde el año 1996. A los 30 años de edad tuvo un accidente de tráfico en 1990 del que tuvo que recuperarse lentamente con ayuda de su empresa. Durante ese periodo cambió de trabajo dentro de esa misma empresa dado que su nueva situación no le dejaba desempeñar sus antiguas funciones laborales. Aunque no tenía formación jurídica ni académica de ningún tipo la nombraron secretaria de la oficina jurídica para organizar los papeles de los casos que se presentaran. En este sencillo trabajo tuvo que preparar informes de clientes que reclamaban indemnizaciones inmobiliarias y sanitarias a la empresa Pacific Gas and Electric Company, en California, en 1993. Al pasar por sus manos absolutamente todos los informes de los afectados, se dio cuenta de que todos tenían una pauta común, a pesar de que los demandantes no tenían nada que ver entre sí aparentemente. Por su propia cuenta y en ocasiones con ayuda de su empresa, investigó uno por uno todos los casos. Tardó varios años y no siempre de manera fácil. Llegando a recibir coerciones. La mayor parte de los afectados eran del pueblo de Hinkley. Decidió trasladarse allí y preguntar personalmente a todos los vecinos. Descubrió que la fábrica del pueblo estaba vertiendo cromo hexavalente en el río. La contaminación de las aguas pasaba al agua potable y al agua de baño de sus habitantes, así como a sus cultivos. En consecuencia se había producido un envenenamiento general. Tras un largo proceso, en 1996 los tribunales dieron la razón a Brokovich y a los trescientos afectados, la empresa eléctrica tuvo que indemnizar por razón de 333 millones de dólares. La actividad de Brokovich sirvió de ejemplo en plena época ultracapitalista para demostrar que las grandes empresas no eran intocables. (Foto de My Hero).

La Conference of the parties 3ª, o sea: la tercera Cumbre Contra el Cambio Climático, se conoce por el nombre del acuerdo al que se alcanzó: el Protocolo de Kioto. Fue en diciembre de 1997. Hasta Japón se desplazaron alrededor de 190 Estados. Firmaron el protocolo 187, sin embargo, el mayor contaminante del mundo en aquel 1997, Estados Unidos de América, jamás lo firmó, aunque muchos años después Obama se comprometió por su propia cuenta a reducir los gases un 30% para 2030. Alegaron, una vez más, razones económicas, a pesar de ser uno de los países más ricos del mundo. En consecuencia, la Federación Rusa se negó a firmar igualmente, aunque al final se sumó al protocolo en 2004. España y Argentina firmaron el acuerdo de reducción de gases contaminantes a pesar de que su economía no les permitía de manera real hacer los cambios necesarios y poder cumplir. Pasó otro tanto con otros países con economías débiles, por ello sorprendió cuando uno de los países de economía fuerte, abandonó el protocolo en 2011 para evitar pagar las multas por los incumplimientos de los plazos fijados. Aún con todo, acordaron que el protocolo no se pondría en marcha hasta 2005, para dar tiempo a adaptarse a todos los países, una fecha muy tardía. La idea era reducir los gases contaminantes de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y gases industriales fluorados a un 5% a nivel planetario como mínimo para 2008-2012, y más allá más reducciones de cara a 2020. La Unión Europea fue la región que más en serio se lo tomó, junto a varios países de África. Dieron libertad a los Estados para hacer sus legislaciones, aunque dentro de unos límites fijados. La reconversión industrial, de transportes, de viviendas, etcétera, así como el cambio de mentalidades era un proyecto ambicioso, pero necesario. Sin embargo, la crisis económica de 2008 hizo que muchos empresarios y países incumplieran sus obligaciones incapaces de encontrar soluciones ecológicas o menos contaminantes al margen de las ya conocidas que habían llevado al planeta al problema medio ambiental del cambio climático. Pese a ese grave fracaso, se lograron muchos logros, aunque fuese a modo de reducciones que no era suficientes o bien la concienciación más seria a nivel mundial sobre el problema. Además, se había saltado de la retórica a acuerdos formales. (Foto de ABC).

La alta tecnología tiene su precio ecológico pero también su precio en sangre y violencia. En el verano de 1998 estalló la Guerra del Coltán, también conocida como Guerra Mundial Africana, Gran Guerra de África o Segunda Guerra del Congo. Es una de las más cruentas y sangrientas habidas y duró hasta 2003. La Primera Guerra del Congo había transcurrido un año antes, entre 1996 y 1997, aunque hundía sus raíces en las matanzas de Ruanda en 1994, que implicó a Burundi y de rebote también al Zaire y otras naciones colindantes. En aquel momento había un componente étnico y político grave que dejó un genocidio a machete imposible de olvidar en el centro del continente africano. Con esa herida abierta en 1996-1997 estalló la Primera Guerra del Congo, con golpe de Estado incluido en el Zaire (antigua Congo Belga en la época colonial). os comunistas y los partidarios de la democracia se enfrentaron bélicamente y mezclando asuntos étnicos y venganzas por lo ocurrido a hutus y tutsis en 1994. Participaron hasta diecisiete parte contendientes, pero la guerra no cerró bien, sobre todo porque había intereses económicos que afectaban a las grandes empresas occidentales. Los combates en la selva y sabanas habían liquidado bosque y fauna salvaje, pero además, parte del bosque se perdía a favor de empresas norteamericanas y europeas dedicadas al café, la soja, el chocolate y otros cultivos. Sin embargo, el centro de África se había hecho demasiado valioso para todo Occidente porque hasta esa fecha era el único lugar del mundo donde se encontraba el mineral del coltán, un conductor irremplazable para fabricar teléfonos móviles, entre otros objetos de alta tecnología. Por ello, aunque el fin de la guerra llegó en 1997, las grandes potencias azuzaron de nuevo a los contendientes, a las diferentes etnias y a las diferentes ideologías para que se lanzaran de nuevo a la guerra, con la idea de lograr un bando triunfador fuerte y claro que dominase las zonas de extracción del coltán y asegurasen la producción de las minas para las grandes empresas occidentales. Por esta misma razón, y azuzados también en cuestiones étnicas, políticas, sociales y religiosas, se lanzaron a entrar en la Segunda Guerra del Congo una gran cantidad de países africanos, e incluso alguno no africano, de ahí que se le llamara Gran Guerra Africana o Guerra Mundial Africana. Hubo hasta treinta beligerantes en dos bandos, y dentro de esos bandos hubo varias guerras civiles entre sí, y a la vez recelos y combates entre los diferentes comandantes que fueron surgiendo. Una guerra de 1998 a 2003, como se ha dicho. Esta brutal guerra que incluso implicó el rapto de niños para alimentar los ejércitos y guerrillas, o el exterminio de poblados, apenas apareció en los noticiarios occidentales, a pesar de que la producción de coltán iba a las fábricas de telefonía móvil norteamericanas, europeas, japonesas, chinas o rusas. se esquilmaban vidas y selva. La constante incitación a renovar el teléfono móvil cada pocos años o bien la obsolescencia programada oculta esta oscura realidad en todas y cada una de sus promociones en las grandes y pequeñas cadenas productivas, comerciales e informativas. (Fotos de La Verdad).

El turismo no es algo nuevo. Si bien podríamos considerar algunos casos concretos como antecedentes de turistas, el turismo tal como lo conocemos hoy día (salvando las distancias) comienza en el siglo XIX. Las clases adineradas y las más aburguesadas, o los aventureros, se las podían permitir. En el comienzo del siglo XX esto sigue siendo así, aunque hay cada vez más personas que se las pueden permitir dependiendo de su estatus social. En los años 1920 y 1930 se hacen muy populares los balnearios y las playas, entre otros sitios. Sin embargo, el turismo de masas cada vez más homogéneo y comercializado parte del final de la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años 1950 el estado del bienestar y el modo de vida norteamericano se combinan con una publicidad de la sociedad de consumo en masa que, entre otras cosas, llevan a aceptar los fines de semana en  el campo o la playa y las vacaciones en los mismos sitios, otras ciudades o países o el pueblo familiar. Como todo, se extendió a todas las clases sociales primero en los países más ricos, luego llegaría con los años al resto del mundo, cada uno a su ritmo. En España la generalización a todas las clases sociales llega en torno a los años 1960, aunque ya en los años 1940 y 1950 había turistas. Además llegó el turismo extranjero. Se hicieron auténticas campañas y políticas turísticas. El fenómeno no es sólo español, ocurría en todo el mundo, en unas ocasiones potenciado por la propia nación donde ocurría, y en otras ocasiones por las empresas de viajes de los países ricos. Para el año 2019 tenemos ciudades saturadas de turistas, como Venecia, líneas de costa en todo el Mediterráneo totalmente ocupadas de viviendas, ambientes naturales y rurales del litoral consumidos por las edificaciones y los negocios de playa, fauna amenazada o desplazada, un mundo rural eliminado, y lo mismo en montañas y en lugares de culturas ancestrales que ahora pierden su identidad por crear innumerables negocios pensando en los gustos del turista de masas, deseoso de consumir un mismo pedazo de realidad cultural diferente  que en realidad ya no existe. En ese proceso hay animales explotados (camellos y burros, por ejemplo), acosados (delfines y ballenas perseguidos por la foto), desplazados (urbanizaciones de casas rurales en la montaña), limitados hasta el límite (la pérdida de litoral y la invasión turista en playas del Mediterráneo y del Caribe afectan y disminuyen las vidas marítimas de peces, algas, moluscos, aves y otras vidas). Igualmente con la vegetación o con la destrucción del monte, el desierto o la selva para construir viviendas turísticas, hoteles, restaurantes, carreteras, negocios asociados al consumo turístico, etcétera. El litoral español y la sociedad costera española empezó a transformarse a partir de los planes de desarrollo de la dictadura de Franco a finales de los años 1950. A lo largo de los años 1960 comenzó a dar sus primeros frutos de rentabilidad económica al atraer a turistas europeos y a trabajadores españoles humildes. Pero las políticas de construcción que se aprobaron, especialmente desarrolladas en los años 1970 comenzaron con la destrucción de un espacio natural que afectaba a todo el país tanto por tierra como por mar. En los años 1980 montones de espacios naturales habían desaparecido. Desde los años 1990 se quiere hacer leyes que limite estos problemas, pero no se frenan, siempre pensando en el beneficio económico. La enorme cantidad de peces muertos este año 2019 en el Mar Menor son consecuencia de los pozos acuíferos ilegales de los particulares que viven en las zona costeras y de los vertidos ilegales de las fábricas al mar, ambos factores al combinarse con una fuerte lluvia que revolvió el mar este otoño, pero poco se ha hablado de los efectos nocivos de las construcciones pensadas para el turismo y para la segunda vivienda de veraneo en toda la Manga del Mar Menor o bien en la afluencia de miles y miles de bañistas cada temporada. Todo esto se reproduce en todos los ambientes del mundo del que se alimentan las agencias y los anuncios turísticos. Sumemos además que muchos de estos sitios no están capacitados para absorber las grandes cantidades de turistas que les llega cada verano. Así por ejemplo, su gasto de luz y agua a veces deja sin estos a poblaciones colindantes no turísticas. Cosa parecida pasa con el consumo desaforado de comidas y regalos asociados a esos lugares, que esquilman sus recursos naturales. Por otro lado, el traslado a los lugares turísticos implica el uso de medios de transporte contaminantes, de los que los aviones se están haciendo cada vez más populares por su bajada de precio, siendo estos los que más dióxido de carbono sueltan a la atmósfera. En la foto vemos una postal turística de Málaga en 1999. (Foto de Todo Colección).

El año 2000 significaba simbólicamente el futuro tantas veces comentado en obras de ciencia ficción. Sin Guerra Fría y con nuevos inventos en las telecomunicaciones, la creación de clones u otras novedades científicas ultramodernas, parecía que apuntaba a ello, aunque en realidad el ultracapitalismo estaba ahondando las diferencias sociales y estaba engendrando las condiciones para la crisis económica de 2008. En todo caso, en esa sensación de futuro y modernidad podemos hablar de que también creamos basura espacial. Los avances en la investigación y conquista del espacio exterior se habían ido produciendo cada vez más desde que se logró salir de la atmósfera terrestre en la década de 1950. Previamente estas investigaciones se habían producido a nivel teórico. La cuestión es que desde el lanzamiento del primer satélite artificial, a la puesta en órbita de animales y seres humanos, la llegada a La Luna, la estabilización de satélites metereológicos y de comunicaciones, la creación de una estación espacial, robots en Marte, sondas a otros planetas y hacia fuera del Sistema Solar, o un telescopio gigante en órbita, se han ido produciendo una serie de desechos espaciales. Cada una de estas misiones se produce con unas tecnologías que invariablemente necesitan de desprenderse de algunas de sus partes propulsoras para poder ser posibles. Otras veces son pequeños elementos o partículas desprendidos, como tornillos pequeños o fragmentos de pintura. Toda esta basura espacial se queda flotando en la ingravidez orbitando alrededor del planeta. En 1991 se detectó el primer accidente por impacto de una de estas basuras con uno de los satélites en órbita, desde entonces al 2019 hay confirmados cuatro accidentes de este tipo. Un catálogo de basuras espaciales en 2003 hablaba de 10.000 objetos, en 2010 eran ya 13.000 objetos catalogados de un mínimo de diez centímetros, sin contar con los fragmentos inferiores. Recorren 12 kilómetros por segundo. Son capaces de recorrer entre 36.000 y 54.000 kilómetros por hora. Un impacto con esta basura, por pequeño que sea el fragmento, puede ser catastrófico para cualquier satélite, la estación espacial o una nave. Lo puede pulverizar o agujerear de modo que le provoque averías serias o incluso el comienzo de su destrucción. Algunas de estas basuras terminan cayendo a La Tierra, las más pequeñas se combustionan al entrar en la atmósfera y se confunde visualmente con una lluvia de estrellas, pero hay otras que impactan, muchas caen al océano, otras no. Afortunadamente aún no ha caído alguna en poblaciones. Los riesgos de esta basura son altos. Cada vez hay más. En 2016 contaban 17.729 objetos según la NASA. Se cree que pueden existir dieciocho colisiones al año si sigue emitiéndose más basura espacial. En 2014 la Federación Rusa presentó un proyecto para recoger esta basura, debería ponerse en marcha entre 2016 y 2025, pero aún no hay ningún dispositivo ruso recogiendo basura. Japón también está ideando proyectos en este sentido. La película Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) trata sobre este problema. (Imagen de El Español).

El 11 de septiembre de 2001 (el 11-S) cambió el rumbo de la Historia. Dio por finiquitado simbólica y violentamente el siglo XX. La etapa abierta tras 1991 con el fin de la Guerra Fría y la creencia del progreso permanente a costa del avance de medidas cada vez más ultraliberales quedó cerrada tras los atentados de New York que derribaron las Torres Gemelas. La creencia en un mundo seguro se disipaba en el considerado imperio del mundo. Se volvía a un mundo donde los países se blindaban a la vez que se hacían guerras internacionales de manera unilateral, con carácter religioso, económico, social y político. Primero en Afganistán un mes después del atentado, luego en Irak en 2003, pero tomarían ejemplo otros países como Israel. El mundo se viviría una etapa de miedos y de intentos de volver a la confianza. Pronto se recuperarían del impacto emocional las grandes empresas y se volvería con más fuerza al ultraliberalismo, hasta la crisis de 2008, y aún así, se volvió al ultraliberalismo, aunque hubo otras revoluciones democráticas y otras guerras religiosas desde 2011. En esas guerras se viviría de nuevo las quemas de pozos petrolíferos, como en la Segunda Guerra de Irak o en la guerra contra el ISIS en Siria, o la defensa de los kurdos frente a los kurdos, que quemaron neumáticos contra los bombardeos aéreos este 2019. Como sea, lo que nos ocupa aquí es el problema medioambiental que supuso el 11-S. El atentado quedó perfectamente recogido de manera casual a tiempo real en el documental que se estrenó en 2002 11S: lo nunca visto, de James Hanlon, Gédéon Naudet y Jules Naudet. El grupo terrorista Al-Qaeda, de extremistas islámicos, estrellaron dos aviones comerciales contra los rascacielos de las Torres Gemelas. Estas acabaron desplomándose. Murieron 3.016 personas en el atentado, más los heridos y los traumas psicológicos. Sin embargo, posteriormente y hasta la fecha han seguido muriendo y enfermando personas con relación a estos hechos. La cantidad de polvo y otros materiales desprendidos en la destrucción llenaron un amplio área kilométrica de sustancias cancerígenas. La caída se dejó sentir como un terremoto y el humo se vio desde el espacio. Además, las torres habían ardido a una temperatura de 1.000º. Sus restos siguieron ardiendo semanas después, desprendiendo a la atmósfera calor y dosis de emanaciones contaminantes provenientes de todo tipo de materiales. La gente que vivía en New York, más la gente que actualmente vive en la zona, es más propensa a sufrir enfermedades cardiovasculares y cánceres, según dicen varios estudios médicos incluso a fecha de 2019. También hay problemas respiratorios severos y reumáticos, todo remite a los residuos y polvo que se desprendieron en 2001. Los miles de bomberos que participaron en todas aquellas tareas fueron los primeros monitorizados por los médicos, luego fue contrastado con el resto de ciudadanos. Los médicos y científicos están de acuerdo en la certeza de los problemas de salud y medioambientales provocados por el 11-S incluso hoy día. (Foto de El Inconformista Digital).

domingo, diciembre 01, 2019

NOTICIA 1921ª DESDE EL BAR: PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES, UNA SELECCIÓN QUE PARTE DE 1979 (1 de 4)

Entre mañana 2 de diciembre al día 13 se celebra en Madrid la cumbre contra el cambio climático. Se quiere tomar medidas concretas para frenarlo, aunque parte de la negativa de Estados Unidos y China para hacer todo lo posible. La Unión Europea se ha puesto a la cabeza siendo la primera región del planeta que ha declarado el estado de emergencia mundial. Con este motivo voy a intentar mostraros cuarenta fotografías de problemas medioambientales desde 1979 a la actualidad. Trataré de hacerlo en cuatro entregas. Elijo la fecha de 1979 simplemente por ser el año de mi nacimiento, pues si nos ponemos hay otras fechas importantes con anterioridad. Empecemos.

El 3 de junio de 1979 se produjo el mayor desastre de escape de petróleo hasta esa fecha conocido. Además fue el primero de estos desastres accidentales en una plataforma petrolífera en el mar, sin contar los vertidos no menos importantes de las batallas marítimas en guerras previas y de accidentes de barcos petroleros. No obstante, en la magnitud de su gravedad se basó el cineasta Richard Lester para una de las escenas del argumento de la película del superhéroe Superman III en 1983, que no dejaba de tener cierto mensaje ecologista contrario a los intereses de las ambiciones del ultracapitalismo caído en red criminal, todo eso de fondo para quien lo entendiera en la época. La plataforma petrolífera Ixtoc-I, de Petróleos Mexicanos, tuvo un reventón durante sus labores de extracción en el Golfo de México, en el Mar Caribe. Se vertieron 530.300 toneladas de crudo de petróleo al mar. La crisis duró doscientos ochenta días, Dado que sus gases se dispersaban en la atmósfera y el mar, y el crudo mismo contaminaba las aguas y las costas, se lanzó un dispersante químico desde aviones que afectó a 2.800 kilómetros cuadrados. Fue la primera gran intoxicación del mar que afectó principalmente a todos los países del Caribe, pero en realidad a todo el planeta por efecto de las corrientes marítimas. Incluso una isla donde habitaba una colonia tortugas fue evacuada por aviones, salvándose a aquellos animales, aunque no a miles de otras especies vegetales y animales. Provocó una crisis económica y dejó de relieve que no existía la seguridad total en las extracciones petrolíferas marítimas, tal como las petroleras habían asegurado hasta entonces. (Foto publicada por Wired).

La década de 1980 será la última de la Guerra Fría entre los dos bloques político sociales enfrentados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Entre las múltiples causas que confluyeron internacionalmente para que esto ocurriera está que la Unión Soviética no pudo seguir el ritmo económico de Estados Unidos y el resto de Occidente al gastar demasiado en todas las infraestructuras militares que requería su modelo. El bloque soviético no invertía en sus infraestructuras al mismo ritmo que en su ejército. Eso dará a mitad de década un colapso en la sucesión de la Jefatura de Estado en la URSS, después la llegada de reformas políticas apuntando a la apertura y al fin de la carrera armamentística. En 1989 se caería el muro de Berlín y a partir de ese momento varias Repúblicas soviéticas y países independientes de la URSS se irían independizando mientras el mundo occidental iba a una guerra en Irak en 1990. En 1991 definitivamente desaparecería la URSS y el bloque soviético. Después de esto comenzaría una etapa de ultracapitalismo al triunfar el bloque occidental de Estados Unidos. Los derechos laborales y sociales comenzarían a mermar, mientras se establecían las normas de un mundo de mega millonarios y multinacionales que serían respondidas por los movimientos antiglobalización, duramente interrumpidos tras los atentados de New York en 2001. Antes de llegar a todo ese punto Tenemos la década de 1980 y el gran salto al consumo desaforado en Occidente que llevó a una competición económica con la que la URSS no pudo competir. Este anuncio español de Coca-Cola del año 1980 sirve de ejemplo. Por primera vez se presentaba la botella de dos litros, usando la imagen sugerida de Hollywood y el robot R2-D2, de la saga Star Wars, que ese año presentaba la entrega El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980). No deja de ser paradójico que el programa nuclear de Estados Unidos con el que la URSS no pudo competir fue llamado popularmente igual que la saga, "La guerra de las Galaxias", al querer usar satélites artificiales. Aunque el consumo y el Estado del bienestar se había potenciado desde los gobiernos en Occidente desde 1950, al llegar el actor Ronald Reagan a presidente de Estados Unidos en 1980 este apostó por medidas ultraconservadoras y ultraliberales que llevarían al capitalismo salvaje posterior a la Guerra Fría. Potenció el consumo y la década de 1980 fue por excelencia la década del consumo de plásticos, electricidad, comida rápida al estilo de modo americano y todo tipo de productos. En Europa le imitó Reino Unido y poco a poco todos lo siguieron, mientras las sociedades lo aceptaban como el mejor sistema político y económico. Toda la gente quería tener coche o las familias más de un coche, viajes largos, comida rápida, precocinados, objetos de usar y tirar, ropa que se pasaba de moda rápidamente, varios televisores, etcétera. El consumo desaforado de este tipo de capitalismo terminó minando los derechos de los trabajadores, pero también la ecología del planeta. El modelo alimenticio norteamericano no es compatible con las posibilidades alimenticias del planeta entero, la producción de plásticos desechables resultan ser un grave problema para los mares y la vida, el exceso de coches y fábricas han potenciado las emisiones de gases contaminantes, se recalienta el planeta, etcétera. Sólo la fábrica Coca-Cola es el mayor consumidor de aluminio del mundo, en algunas regiones ha provocado escasez de agua y sus exportaciones y fabricación provocan millones de toneladas de contaminantes a la atmósfera. (Foto de Recordando la publicidad).

La extinción de especies animales y vegetales se ha acelerado en las últimas décadas. En buena medida es culpa del ser humano por ser causante del cambio climático, el uso de pesticidas para la agricultura, así como por ir colonizando los espacios salvajes o naturales (deforestación y urbanización o ruralización). En las últimas dos décadas Alemania ha perdido el 75% de sus insectos y en Francia un tercio de sus aves, por poner dos ejemplos. Las abejas, por los pesticidas de una muy determinada multinacional agrícola y sus pesticidas, se ven amenazadas de su desaparición. La compra de los productos de tal empresa provoca que esta empresa siga viendo positivos sus métodos, mientras se espera un endurecimiento de la ley contra esos métodos. También las guerras eliminan especies, por ejemplo en África, como contó la película Gorilas en la niebla (Michael Apted, 1988). Pero en todo el planeta está ocurriendo la extinción, y de manera acelerada en la fundición del hielo de los polos de La Tierra. Sin embargo, a estos factores se les une también la caza, como la que provocó la extinción del rinoceronte blanco en 2018. Así por ejemplo aquí vemos a un torillo andaluz, una especie cercana a las perdices. En España el torillo está extinguido desde 1981, año en el que el último ejemplar fue abatido en el Parque Natural de Doñana. Existían otros ejemplares de la misma especie en el resto de Europa, pero no hace muchos años se confirmó su desaparición. En marzo de 2019 el CSIC confirmó definitivamente que sólo quedan unos pocos en Marruecos. Se planea reintroducirlos en España. (Foto de Ecoticias).

En el verano de 1982 se produjo un Congreso Internacional sobre Medio Ambiente al que acudieron políticos y científicos de treinta y tres países. Ese año uno de los principales problemas ecológicos se consideraba que era la lluvia ácida. Tanta importancia se le dio que hasta la prestigiosa revista estadounidense de investigación periodística Time le dedicó portada y número; y, aunque no era exactamente la lluvia ácida de la vida real, Ridley Scott se sirvió de ella para su película Blade Runner, estrenada ese mismo año, en el metraje esta lluvia ácida era causada por la contaminación y por los efectos de una guerra nuclear pasada. La lluvia ácida de la vida real, que aún vivimos, es una lluvia donde las nubes acumulan toneladas de contaminantes procedentes de los humos de las fábricas y vehículos de biocarburantes. No sólo de esos humos, también de la acidificación de las aguas por medio de los vertidos industriales a los ríos. La contaminación por azufre en la lluvia ácida se calculaba en aquel 1982 en 20.000 toneladas en Europa y 100.000 en todo el mundo. Otro informe desveló la muerte de 50.000 norteamericanos por efectos contra su salud causados por la lluvia ácida en 1980. Eso hizo que Canadá investigará los informes médicos de sus ciudadanos, llegando a la conclusión de que el 70% de sus enfermos con problemas respiratorios tenían su causa en las fábricas norteamericanas de los Grandes Lagos, le reclamó que hicieran que rebajasen sus humos un 25% en 25 años, lo que costaría 100.000 millones de dólares. Estados Unidos fue reticente, alegando la protección de su economía  (Foto de Ebay).

Ya lo he dicho más arriba, muchos pesticidas actuales son altamente venenosos y contribuyen a eliminar tanto plagas como insectos beneficiosos, tales como las abejas. La desaparición de estas a nivel mundial se relaciona cada vez más con el uso de los pesticidas de Monsanto. Si estas llegaran a desaparecer la polinización sería altamente difícil, y puede provocar una extinción vegetal que arrastre a una extinción de especies animales y una disminución del oxígeno. Mientras se espera legislaciones duras con quienes usen o fabriquen estos pesticidas tan potentes y de manera indiscriminada, la gente de todo el planeta ya comienza a evitar comprar productos donde Monsanto tenga algo que ver, pero es difícil saberlo, o imposible, y en consecuencia casi todo el mundo compra algún alimento donde los agricultores usaron Monsanto. Pero este problema que parece descubierto hace pocos años ante la desaparición de abejas, en realidad ya se detectó en 1983. Un estudio de aquel año sostuvo que 400.000 nuevas personas al año sufrían problemas de salud por el uso de pesticidas en la agricultura, yendo desde problemas leves a malformaciones y cáncer, a esto se sumaba la muerte de 100.000 personas al año por las mismas causas. El problema fue a más y en 1988 una Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo alertó mundialmente del problema. el problema aumentó, porque los productos modernos de pesticidas eran más potentes y eficaces, por lo que los grandes productores de productos agrícolas los usaban y no paraban ni paran de venderlos por todos los mercados y supermercados. La UNESCO calculó que existían hasta 750.000 productos a la venta cultivados o afectados por pesticidas que son imposible de eliminar, y por tanto acaban en la alimentación humana. En los años 1990 la misma UNESCO hablaba de entre tres millones y tres millones y medio de personas nuevas que cada año adquieren problemas graves de salud por este hecho. Se les ha denominado Contaminantes Orgánicos Persistentes y en 2005 se llegó a afirmar que se trataba de un envenenamiento global. (Foto de publicidad de pesticida en 1983 sacado de Vintage Papers).

Hay tres guerras que marcaron los años 1980 de manera clara, la de la URSS en Afganistán, la de Irak-Irán y la Guerra Civil Etíope. Nadie de los que vivimos los años 1980, a cualquier edad, habrá podido olvidar aquellas imágenes de gigantescos campamentos de refugiados en mitad de lugares desérticos y llenos de niños y adultos que eran  pellejos vivos, pellejo pegado a los huesos, a veces con tripas hinchadas de agua o de aire. La hambruna era enorme y con ella las epidemias y la mortandad. A esto se le sumaba el escenario de guerra civil, donde hubo no menos de treinta y cuatro parte beligerantes. No todos los beligerantes eran bandos etiopes, hubo bastantes países que apoyaron a unos y a otros según convenía. El proceso de descolonización había sido bastante mal hecho en buena parte de África, por medio de guerras y revoluciones violentas en la gran mayoría de los nuevos Estados, motivadas por una libertad a menudo basada en fronteras ficticias a conveniencia de los intereses económicos de las viejas potencias coloniales de origen europeo. Abisinia había resistido al colonialismo e incluso había fundado su Imperio, pero en 1935 fue invadida por la Italia fascista y desde entonces vivió la ocupación colonial, el racismo y una Segunda Guerra Mundial donde se mezclaban los intereses de los dos bandos en guerra más los de los abisinios que deseaban recuperar su independencia. La lograron, pero el regreso de su antiguo emperador creó grandes descontentos por las desigualdades de clase, desigualdades étnicas, religiosas e incluso políticas. Estamos en plena Guerra Fría y Etiopía, que era un lugar pobre pero situado estratégicamente en uno de los lugares de paso de barcos petroleros más importante del mundo, se situó en el centro del calentamiento de la Guerra Fría. Tras un golpe de Estado en 1974 se inició una guerra civil que ya no terminaría hasta 1991, con la partición de Etiopía en varios Estados. Estados Unidos, la URSS, Cuba, Israel, Sudán, China, Yibuti, Italia, Corea del Norte, Libia y un sin fin de Estados ayudaron a unos y a otros y les suministraban armas o militares a conveniencia, azuzando la guerra, a la vez que en los medios hablaban del gran drama humano con el que había que acabar. Alimentaron a la vez a los innumerables e interminables grupos políticos y militares enfrentados que surgían entre los etíopes. El punto culminante llegó en 1984. Llevaban diez años de guerra, no sólo se tradujo en carnicerías y una merma de hombres y mujeres, los campos cultivables fueron abandonados, el resto de actividades productivas también. No había alimentos para todos en una población que además estaba superpoblada, a pesar de los estragos de la guerra. En 1983 comenzó un año de una sequía muy prolongada cuya parte más grave sería en 1984, con gran calor que se prolongaría hasta 1985. Las muertes por hambre se dispararon por miles. El avance del desierto era evidente en medio de aquel panorama. Las sequías y la desertización son cada vez más acuciantes en África desde entonces. Los problemas ecológicos que se encontró Etiopía en medio de la guerra se han ido reproduciendo cada vez más en este continente. La escasez del agua es un serio problema, ahora producto del calentamiento global. En varios países de África hay gente que se dedica a plantar árboles para ganar terreno al desierto, y este año 2019 Tanzania y Ruanda han prohibido totalmente el uso de plásticos. Como sea, el músico de rock Bob Geldof logró reunir a una gran cantidad de músicos de rock para celebrar un festival benéfico en 1985 con el fin de recaudar fondos para ayudar a los desnutridos. Quedó reflejado en la película documental de aquel festival, Live Aid, de Vincent Scarza y Kenneth Shapiro. (Foto de Radio Canadá).

En 1985 se nos anunció al común de los mortales la existencia del agujero en la capa de ozono. En realidad la comunidad científica ya conocía el problema de la disminución del ozono en la atmósfera terrestre desde que en 1976 se presentó un informe en la Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos de América, lo que hizo reaccionar contra los CFC al propio Estados Unidos más Canadá, Suecia y Noruega. Los CFC son gases que contribuyen al funcionamiento de las latas de aerosol, ya sean estas insecticidas, laca de pelo, ambientadores del hogar, desodorantes corporales, etcétera, productos comunes de las sociedades actuales desde la Segunda Guerra Mundial, pues se inventaron con el uso de insecticidas para matar mosquitos y proteger de enfermedades a las tropas norteamericanas en el Pacífico. Hoy día están muy metidos en la cultura de consumo actual, aunque en el Tercer Mundo llegaron no hará más de dos o tres décadas atrás. Precisamente en los años 1980 los aerosoles parecían una solución para todo, incluso para la moda, ya que el pelo fijado por laca era algo común en Occidente. Pero que cuatro países hubieran tomado medidas no era suficiente. El problema aumentó y en 1985 la comunidad científica y los grandes gobiernos nos anunciaron que la disminución de la capa de ozono en la atmósfera terrestre había provocado lo que se llamó un agujero en la misma en la zona de la Antártida. Por ahí se filtraban los rayos ultravioletas ayudando a recalentar la temperatura del planeta. Hasta veinte países firmaron en Viena un acuerdo con los grandes productores de CFC para reducirlos. Comenzaron las campañas de concienciación y desprestigio sobre los CFC, los cuales siguen siendo inevitables en bastantes productos. En 1987 fueron 43 los países que firmaron un protocolo en este sentido. En 1990 se firmó que se eliminasen del todo para el año 2000, menos los de los inhaladores para el asma, y en 1992 firmaron adelantar su fin a 1996. La reducción de CFC ha ayudado a recuperar capa de ozono, pero se calcula que no será total hasta el 2050, salvo porque los hidrocarbonos están haciendo ahora el trabajo de los CFC, y eso implica eliminar vehículos y fábricas contaminantes por ese medio, lo que es más difícil por las ambiciones de los grandes empresarios y el consumo no concienciado de las personas. La película Los Inmortales II (Russell Mulcahy, 1991) ingenuamente se dedicó a una fantasiosa solución al problema. (La imagen es de Kawall Info).

En 1986 llegó el mayor desastre ecológico jamás conocido, explotó la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril, en la antigua URSS, hoy día situada en la actual Ucrania. Los efectos radioactivos de la explosión llegaron a detectarse en España, en Barcelona, al otro extremo de Europa, ya con muy baja intensidad. La Guerra Fría seguía su curso y esta explosión podía tener unas consecuencias políticas graves más allá del accidente. Aunque se trató de negar y ocultar en un primer momento por las autoridades soviéticas, la realidad era innegable y tuvieron que decir lo ocurrido, si bien ocultaron muchos datos incluso a su propia población. Todo ello ha sido narrado por la serie de televisión Chernobyl (Craig Mazin, 2019). La central nuclear era de uso civil. Alimentaba de electricidad a una extensa área de población. Dentro de la carrera armamentística de la Guerra Fría, el desarrollo de la energía nuclear había avanzado mucho y las centrales de uso civil eran una alternativa llamada más limpia que otras formas de obtener energía de modo más contaminante, como por ejemplo el carbón. Sin embargo desde el principio contaron con la animadversión de los ecologistas en Occidente, que siempre vieron en ellas un peligro desde los años 1960. En las URSS estas voces contrarias no se oían. Lo cierto es que nunca había existido ningún accidente públicamente conocido, pero tras la explosión de Chernóbil fue evidente que los ecologistas llevaban razón sobre los riesgos de esta fuente de energía. Se abrió un debate internacional sobre las bondades y los riesgos de este tipo de electricidad. Francia se replanteó cerrar por plazos muchas de sus centrales. Lo cierto es que en una sociedad cada vez más necesitada de electricidad falta invertir en energías renovables limpias, como las fotovoltaicas, las eólicas y otras. La cuestión es que la explosión no sólo destruyó una extensa área y mató las formas de vida cercanas, expandió una radiación que provocó cáncer y malformaciones que aún hoy día acortan vidas en la zona. Además ha provocado mutaciones no muy bien conocidas y el epicentro sellado ha producido una sustancia que no termina de abandonar su fase de fundido y que es una amalgama de todo lo que componía la central. La explosión fue mucho más fuerte que las explosiones de las dos bombas nucleares que lanzó Estados Unidos a Japón al final de Segunda Guerra Mundial en 1945. Se expulsaron gases y radiaciones a la atmósfera que ayudaron a recalentar el planeta ese año. Queda abierto el debate sobre la seguridad de estas centrales, que envejecen con el tiempo y las crisis económicas impiden su buen mantenimiento, quizá por ello algunas se han ido cerrando. Eso sin citar sus residuos tóxicos, que suelen terminar en cementerios nucleares en los lugares más pobres y habitados imaginables. (Foto de Unidiversidad). 

Un poco más de un año más tarde, en septiembre de 1987, ocurrió el que está llamado peor desastre radioactivo fuera de una central nuclear, el desastre radioactivo de Goiâna, en el centro de Brasil. En este caso no fue por accidente, sino por negligencia y desconocimiento. Brasil tenía amplios planes de modernización del país en las décadas anteriores. Su capital, Brasilia, es producto de esos planes al crearse a lo largo de los años 1950 y fundarse como ciudad y capital en 1960. Dentro de esos planes se crearon varias instituciones de servicios públicos, pero también privados, que por las evidentes crisis económicas periódicas de Sudamérica quedaron abandonadas a su suerte en parte. Una de esas construcciones fue una clínica privada de radioterapia en Goiâna con un modernísimo equipo de teleterapia. La iniciativa empresarial médica no obtuvo los beneficios que se esperaban y la empresa cerró la clínica abandonando las instalaciones en 1985. Desde entonces entraban en el edificio chatarreros, vagabundos y ladrones habituales buscando cobijo. En septiembre de 1987 dos de esos chatarreros entraron a la sala donde estaba el equipo de teleterapia, que a pesar de su gran valor y de su peligrosidad si no se cuida, estaba allí aún. Dentro contenía un pequeño cilindro con cloruro de cesio, que es el que desprende las emanaciones radioactivas en la lucha contra el cáncer. Bien usado médicamente ayuda contra la enfermedad, pero abandonado a su suerte es un peligro si alguien lo manipula indebidamente y eso fue lo que ocurrió. Los dos chatarreros pasaron a transformarse en ladrones al extraer el cilindro de metal de su máquina y llevárselo. Se lo llevaron a otras ruinas donde vivían no sin antes recorrer prácticamente la ciudad. Manipularon el cilindro, sin saber lo que era, y rompieron el cristal que evita que se emane la radioactividad fuera del aparato. El cesio-137, de una luz azul que les llamó la atención, quedó libre. En resumen, murieron varias personas, una decena quedaron con graves secuelas, y doscientas cuarenta y cuatro personas quedaron contaminadas de radioactividad. Tuvo que demolerse una gran cantidad de casas, retirar la tierra de todos los jardines y calles, eliminar las plantas por las que pasó cerca el aparato y, en fin, generaron 6.000 toneladas de desechos radioactivos que terminaron enterrados a veinte kilómetros de la ciudad. Los médicos de la clínica se enfrentaron a un largo proceso judicial que aún en el año 2000 seguía dictando sentencias. Fueron declarados culpables de homicidio imprudente por negligencia. En realidad, probablemente, del mismo modo que se cerró la clínica por poco rentable, lo que llamaron negligencia (el abandono del material médico radioactivo) fue lo más seguro un abandono consciente al hacer las cuentas de cuánto costaría el desmantelamiento del aparato y no gustarle los resultados económicos. Una vez más una mentalidad en términos de negocio atentaba contra la ecología. (La foto pertenece a la BBC).

El efecto invernadero del que ya hemos hablado cuando en 1985 se anunció en todos los noticiarios la existencia de un agujero en la capa de ozono en realidad había sido descrito y previsto por primera vez en 1896 por Svante Arrhenius, un científico sueco. En aquel momento se descubrió un calentamiento del planeta natural por efectos físicos, la temperatura media del planeta estaría en torno a los 15º, sin embargo, decía él, la actividad humana moderna emite a la atmósfera unas dosis de gases CO2 que podían alterar la temperatura y subirla por un efecto invernadero. El calentamiento global por acumulación del dióxido de carbono generado por la actividad humana no se verificó hasta 1987, pero fue en 1988 cuando definitivamente se reconoció por primera vez de forma oficial por parte de la Organización de Naciones Unidas que la temperatura del planeta había aumentado desde 1880 por la actividad humana. Fue desde entonces que se comenzaron a crear campañas de concienciación, investigaciones gubernamentales, políticas destinadas a frenar la emisión de gases, seguimientos estadísticos, etcétera. Fueron sesenta los países implicados en aquel 1988. Desde que comenzó la revolución industrial en el siglo XVIII se han ido creando fábricas y automóviles que cada vez emitían más gases a la atmósfera. A esto le sumamos las calefacciones de las casas y el uso cada vez mayor de electricidad que, para ser producida, también contamina. En aquel 1988 se abrieron una serie de debates que a lo largo de los años 1990 hizo que la comunidad científica se dividiera sobre la realidad del efecto invernadero o sobre el papel de los océanos en la temperatura del planeta. La cuestión es que desde entonces queda reconocido el problema, sea como sea que se le enfoque en cada momento histórico, aunque desde entonces el término "efecto invernadero" está en desuso y puesto en entredicho por una gran cantidad de científicos, cada vez más, que prefieren el término "calentamiento global", pues implica muchos más factores que la actividad humana. En todo caso, un cambio de sistema económico que implique un menor consumo y la norma de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar) ayudaría a evitar toda esa emisión de gases, por mucho que probablemente esto también implique una crisis económica, política y social hasta que se cambie del todo el sistema. (Foto publicada por The New York Times).

Como resultado del reconocimiento oficial en 1988 de la responsabilidad de los humanos en el calentamiento del planeta, en 1989 hubo una cumbre internacional sobre la contaminación atmosférica y el cambio climático en Holanda, en Noorwijk. Participaron sesenta y cinco países con la finalidad de llegar a acuerdos que disminuyeran las emisiones de dióxido de carbono, ozono, metano y nitrógeno. Holanda, la República Federal Alemana y Dinamarca propusieron reducir la emisión de esos gases por actividad humana en un 20% para el año 2000, pero Estados Unidos de América, la URSS y Japón se negaron alegando, como siempre, razones económicas. No estaban dispuestas a producir menos y por tanto a ganar menos económicamente. Se habló también de la necesidad de ayudar a los países del Tercer Mundo por parte de las naciones ricas para, por ejemplo, repoblar doce millones de hectáreas de bosque y selva. lo más que se logró es que, con mediación de Reino Unido, las grandes potencias se pusieran de acuerdo en los términos que se debía usar para hablar del cambio climático. Estados Unidos dijo que eso era un logro importante para entenderse, pero era poco menos que nada puesto que no hubo consenso para sacar adelante medidas prácticas. (Foto de The New York Times).

La Guerra Fría estaba ya en su final y la URSS estaba débil y en crisis aunque pretendía aparentar lo contrario. Quizá por ello, tras acabar la guerra entre Irak e Irán, en 1990 Irak decidió invadir el pequeño Estado de Kuwait alegando la necesidad de tener una salida al mar y la legitimidad de un espacio propio para lograrlo. De fondo había muchas otras razones, entre ellas la ambición de hacerse con los pozos petrolíferos de Kuwait. Pero Kuwait era aliado de Estados Unidos de América. La OTAN se puso a funcionar y tras varios meses advirtiendo a Sadam Husein que se retirase de Kuwait, y tras asegurarse que la URSS no intervendría Estados Unidos y sus aliados iniciaron una guerra contra Irak para liberar Kuwait. En medio de esa guerra los irakíes aprovecharon para exterminar kurdos. Se tuvo que invadir Irak y ocuparlo, aunque no se desalojó del poder a Husein. La guerra duró apenas un par de meses entre 1990 y 1991. Fue una guerra con planteamientos de estrategia nuevos y algunas armas nuevas. Esta guerra se transformó en una catástrofe ecológica de primer orden. Irak optó por quemar los pozos petrolíferos en su retirada y en colocar minas explosivas para impedir la llegada de bomberos. Los pozos ardieron siete meses, pero también se destruyeron petroleros y oleoductos que vertieron miles y miles de crudo al mar, afectó a 3.200 kilómetros cuadrados marítimos. Fueron setecientos los pozos petrolíferos que ardieron, que equivalieron a seis millones de barriles de petróleo. Se contaminaron cuarenta millones de toneladas de tierra y arena, pues se formaron lagos de petróleo. Hasta el 5% del territorio de Kuwait quedó alquitranado y arruinado sus campos, lo que afectó a sus ganados y animales salvajes, que murieron con los pulmones reventados. La emanación de gases y cenizas a la atmósfera fue el equivalente al 60% del dióxido de carbono que producen las empresas eléctricas norteamericanas en un año, eran a la vez el equivalente al 2% del dióxido de carbono emanado en todo el planeta a lo largo de un año. (Foto de Cadena SER).


En 1991 cayó la URSS y el Pacto de Varsovia, con ello se acabó la Guerra Fría. El bloque occidental en ese momento apostó por tomar una serie de medidas ultraliberales que socaban el Estado del Bienestar y que llevan al capitalismo salvaje. Este capitalismo salvaje se irá perfilando a lo largo de los años 1990. Básicamente para que este funcione se fomentaba, como actualmente, el consumo y una forma de vida que necesita de muchos recursos que empobrecían más a los países menos favorecidos. Pero a la vez todos esos productos de consumo generan o bien terminan transformándose en basuras que no terminan su ciclo en el reciclado. Los basureros se han hecho más grandes y las grandes potencias incluso han pagado a los países pobres para trasladar allí sus basureros. En el caso de la República Popular China en 1991 se desveló cuáles eran los llamados "pueblos del cáncer". Trasladaban las basuras de sus grandes ciudades a pequeñas aldeas y pueblos rurales muy empobrecidos, que vivía del cultivo de arroz. Uno de esos pueblos era Yongxing. En los años 1970 comenzó a recibir las basuras que generaba la ciudad de Guangzhou y de todos sus municipios de alrededor, así como de otras zonas y grandes ciudades de China. Enterraban las basuras en sus tierras o bien colmataban los campos. Pronto no se pudo seguir cultivando. En 1991 se supo que estaban recibiendo mil toneladas de basura al día, que habían ocupado treinta y cinco hectáreas y media de terreno. El agua de los pozos se contaminó y era peligroso beberla, también fue imposible regar los campos con ellas. La gente de Yongxing protestó en la calle, pero las manifestaciones acabaron con arrestos y encarcelamientos, algunos duraron años. El gobierno instaló dos incineradoras de basura que, por otra parte, tal como advirtió la Organización Mundial de la Salud, incineraban de manera deficitaria. Las emanaciones gaseosas de las basuras en descomposición y los humos contaminantes de las incineradoras, más la contaminación del agua y de la tierra, aumentaron los casos de cáncer. Muchos habitantes se fueron a otros lugares, China llevó nuevos trabajadores por sueldos más bajos. Este problema con este macro vertedero se reproduce en todo el mundo. Por ello, y por otras razones, se intenta inculcar la cultura citada de las tres erres, reducir el consumo, reutilizar y reciclar. (Foto de La Vanguardia).

Los teléfonos móviles eran una realidad en la URSS en la década de 1950, aunque por entonces fue una prueba científica y militar que no tuvo éxito ni difusión pública y civil. En 1973 los norteamericanos hicieron el primer teléfono móvil, sin cables. Este sí se comenzó a comercializar. Lo compraban personas ricas y grandes empresas, especialmente inversores en Bolsa. En 1982 era más común verlos en las calles frecuentadas por los agentes de Bolsa y grandes empresarios, pero poco a poco se iba popularizando su uso en Estados Unidos, para los años 1990 comenzarían a ser populares y asequibles al ciudadano común en Europa y otros lugares del planeta. En 1988 un ciudadano estadounidense normal y corriente de St. Petersburg, en Florida, David Reynard, compró un teléfono móvil para el cumpleaños de su esposa. En 1990 ella quedó embarazada y dio a luz a su único hijo, pero las pruebas médicas le detectaron a ella un tumor maligno en el cerebro. Fue entonces cuando David Reynard comenzó a sospechar la posibilidad de que el teléfono móvil le hubiera ocasionado el cáncer. Ella murió y en 1992 él presentó una demanda contra las empresas fabricantes. En la demanda se recogía la afirmación de que el tumor lo había provocado, acelerado y agravado las ondas del teléfono. Así comenzó el rumor y la sospecha sobre la peligrosidad de los teléfonos móviles y las antenas de telefonía como causantes de cáncer. En enero de 1993 esta historia se hizo mundial al aparecer Reynard en uno de los programas de televisión más populares de Estados Unidos. El proceso se alargaría hasta 1995, pero el caso quedó desestimado por falta de pruebas. La cuestión es que a fecha de hoy no hay pruebas concluyentes de que las antenas telefónicas y los teléfonos estén relacionados con la generación de cáncer, aunque tampoco hay pruebas concluyentes de que no lo hagan. Tras casi treinta años desde aquel verano de 1992 no hay tampoco un ascenso de casos de cáncer cerebral o de otro tipo, pero tampoco se podría asegurar que en determinados lugares con antenas no se hayan dado cánceres relacionados con ellas. Lo que sí se ha confirmado es que las ondas de las antenas influye en la vida de los animales, aves, insectos y animales marítimos se han visto afectados negativamente en sus hábitos y alterados sus comportamientos. Llegó a haber incluso algún caso de cetáceos que vararon en playas. (Foto de Taringa).