"Aquí [en Europa] ustedes reflexionan lo que han de hacer, allí [en América] se pasa a la acción de lo que hemos de hacer" Rigoberta Menchú, dicho en Madrid el 11 de Abril de 2007.
Danaclaudio me invitó a ir a una conferencia de
Rigoberta Menchú hoy en la Facultad de Filosofía y Filología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Ella en concreto estaba invitada a una recepción previa en la cual pudo conocerla personalmente. Yo entretanto fui al Paraninfo de la facultad para poder hacerme con un asiento. No es la primera vez que voy a conferencias de gente más o menos relevante, por lo que sabía que debíamos estar con tiempo. Pero veo que allí el tiempo no valía para mucho y a continuación escribiré porqué, pues desde luego la organización de esta conferencia me dejó insatisfecho, como a la gran mayoría del resto de asistentes, incluida Danaclaudio que incluso había sido invitada especial en la recepción previa.
Rigoberta Menchú fue nombrada Premio Nobel de la Paz en 1992 por su defensa de los derechos de la mujer, de los indígenas y de la paz en Guatemala, país que atravesaba largos años de guerra y de dictadura. Su voz fue recogida por el resto de indígenas latinoamericanos y por ende por Sudamérica en general. Se valora sobre todo su autobiografía "Yo, Rigoberta Menchú", donde describe las matanzas de indios, su discriminación y exclusión social, las muertes en Guatemala, el asesinato de su padre y el de su hermano, su exilio del país y su vagar por los organismos internacionales a lo largo de los 1980' en busca de socorro y paz para Guatemala y la situación de los indígenas y las mujeres. La verdad es que pocos años después de que la dieran el Nobel, un historiador británico quiso biografiarla y destapó que varias de las cosas que había contado en el libro y en sus conferencias eran mentiras, medias verdades y exageraciones. Rigoberta Menchú, y después de ella algunos de sus colaboradores más estrechos, reconoció que así era, pero en lugar de pedir perdón, rectificarse o aclarar, afirmó que si lo hizo fue para ayudar mejor a la causa indígena. Creo que no debió mentir ni exagerar lo que de por sí ya era algo denunciable, pese a que es una táctica que hasta Bartolomé de las Casas hizo en el siglo XVI. Es cierto que su labor (usando cualquier medio para alcanzar un fin -algo maquiavélica pero eso fue su táctica- mejoró algo la situación indígena del momento). Hay que reconocer que ciertamente sigue siendo su labor una labor importante en el mundo de la lucha por la paz y la igualdad.
Pues bien, viniendo a hablar una mujer sobre la igualdad en todos sus sentidos, entre sexos, entre personas , entre clases, entre culturas... no se comprendía como podía ser participe de una organización para nada igualitaria y sí muy discriminatoria y clasista. Vino con una nube de periodistas, políticos, catedráticos y guardaespaldas (algo que no he visto tan acentuado ni cuando fui a conferencias de Anguita, Carrillo o Redondo, por ejemplo). Pero es cierto que quizá ella fuese un tanto ajena a ese hecho que la había envuelto, o que quizá desde que la dieron el Nobel ya se ha acostumbrado a que la siga como la sigue su sombra. Entró primero en la recepción especial donde le esperaban diversas personas a quienes habían orientado su visita a la UCM, entre ellas investigadores de diversos proyectos de doctorado universitario, como Danaclaudio. El resto de personas, y éramos un número enorme, con abundancia de jóvenes, fuimos tratados como ganado o decoración haciéndonos esperar dos horas a las puertas del Paraninfo sin dar permiso de entrar a sentarse allí. Pero al entrar comenzó la indignación entre todos los asistentes y no hubo persona que no se quejase.
En una conferencia donde se hablaría de la igualdad entre las personas, más de la mitad de los asientos estaban reservados. Los mejores asientos y las mejores filas. Para políticos, para catedráticos, para estudiantes norteamericanos e ingleses, para periodistas... para.. para... para... Además, estos reservados entraban, en principio, por la puerta cercana a la tarima de la conferenciante, mientras el resto éramos obligados a entrar por el piso superior de las gradas, subiendo unas escaleras más o menos estrechas... como ganado. Había muy pocos asientos no reservados, y eran las peores posiciones. Como yo había ido tiempo antes con Danaclaudio estuve con ella cerca de la puerta de la recepción privada, por otra parte cercana a la puerta del Paraninfo, he de confesar que por ello pude ser de los primeros en entrar en la sala, pudiendo sentarme en un asiento lateral. Pero multitud de gente no tenía asiento y muchos colapsaron la galería superior estando de pie o sentándose en la barandilla que daba al patio de butacas. Otros muchos se sentaron a lo largo de las escaleras, no dejando hueco para pisar ni diez centímetros de suelo. Daba rabia ver como algunos de los asientos reservados no los ocupaba nadie, pero los organizadores no dejaban ocuparlos. De este modo donde existían clases y discriminaciones y apartados sociales, Rigoberta Menchú vino a hablar sobre la igualdad de las personas... Mientras, otra multitud de gente joven no dejaba cerrar las puertas porque no les habían dejado entrar... y abiertas se quedaron las puertas, por fuerza. El espectáculo de la hipocresía estaba servido, quizá más por parte de los organizadores que de ella, pues ella misma hizo un par de referencias acerca de que le daba pena la gente que estaba fuera y quería escucharla.
Más deforme aún, Rigoberta Menchú, que era la principal en esa conferencia, no fue sentada en el centro de la mesa de conferenciantes, sino en un lado. Claro que los carteles que la anunciaban en las puertas estaban colocados al lado de aquellos que se presentaban a decano y a rector en aquella Universidad y facultad. La gente no paraba de murmurar su indignación. Cuatro personas de la Universidad, el rector, el secretario de relaciones internacionales de la UCM, y un par más de organizadores comenzaron a hablar para presentar el acto. Tenían dos traductoras de signos para sordomudos, cosa muy beneficiosa, pero que quedaron totalmente inutilizadas cuando una mujer que representaba al Boston College decidió que ella expondría su parte única y exclusivamente en inglés, para que la entendieran los estudiantes anglosajones que tenían asientos reservados... demostrando a mi parecer respeto a esa minoría, y a la vez total desprecio al resto de asistentes, de mayoría de españoles y latinoamericanos. Cuando otro de los conferenciantes organizadores se lamentó de que no pudieran entrar todos los jóvenes que estaban intentando escuchar desde la puerta (y la sala de ese Paraninfo es realmente grande), un profesor anciano, quizá emérito, sentado en la tribuna como apartado en una silla traída adrede, dijo: "¿cómo que no pueden entrar? Yo veo aquí mucho sitio, junto a nosotros, se pueden sentar a nuestro lado, mire cuánto sitio hay". Y señaló el espacio vacío que había en el suelo en torno a la tribuna y en la tribuna misma. La gente le aplaudió con fuerza estallando al fin de modo abierto la indignación acumulada. El espacio indicado por el anciano profesor, ciertamente no era suficiente, pero desde luego lo que esas palabras encerraban era que si no podían entrar es porque los organizadores del acto no habían querido su presencia en un acto supuestamente por la igualdad de las personas y sin embargo tan discriminatorio. El rector intentó mediar entre los aplausos alegando que ese suelo debían usarlo los periodistas para su trabajo (cosa que no ocurrió tanto así) y que no había sitios para todos. En este momento varias personas sentadas gritaron que sí lo había a su lado, indicando asientos reservados cuyos dueños directamente no habían querido ir al acto. Se dijo que debían ser reservados por si llegaban tarde, pero algunos de los sentados en las escaleras decidieron ignorar tal hecho y ocuparon los asientos, cosa que se aceptó por ser ya un hecho de facto y evitar una trifulca delante de la Premio Nobel de la Paz. Pero eran muy pocos esos asientos, la gente seguía en el suelo o estirando sus cuellos abarrotando el otro lado de las puertas. El rector seguía intentando excusarse, pero no lo lograba. Yo mismo me negué a aplaudir a ninguno de estos intervinientes, salvo al anciano profesor y su comentario. Al otro extremo de la sala pude distinguir como varios de los investigadores de doctorado que habían sido invitados a la recepción privada previa, los que eran jóvenes, los alumnos, no los profesores, eran algunos de los que se sentaban en el suelo en las escaleras, entre ellos Danaclaudio. El ambiente de indignación me recordó uno de mis tiempos pasados, cuando comencé en esa misma universidad la carrera de pedagogía que abandoné, cuando "okupamos" la facultad y realizamos asambleas, y otros actos y hechos no permitidos por la rectora, en protesta del hacinamiento de alumnos en las aulas de la Facultad de Educación de la UCM en 1998.
El ambiente se calmó y Rigoberta Menchú habló. Su voz estaba entre la reflexión y lo duditativo. Tiene sentido del humor y habla en metáforas y parábolas. No da la sensación de que tenga grandes conocimientos teóricos o académicos, pero sí una filosofía de vida propia, sacada fundamentalmente de viejas teorías de vida de los pueblos maya. Es afable y su voz sosiega, calma. A veces se inventa palabras, pero se la comprende. A veces tiene contradicciones en su argumentación. No responde claramente ni directamente a lo que se le pregunta, pero parece contentar a su auditorio, que no replica. Según la que la oí decir, no parece que se considere occidental, aunque su cultura, por muy maya que se considere ella a sí misma, es occidental. Habla de los occidentales como una cultura con la que se ha de compartir valores, pero sin mezclarlos, pero en todo momento parece hablar de ellos como si fuesen el mal puro para los pueblos de Latinoamérica, como si Latinoamérica no fuera una cultura occidental. Menciona la guerra como algo traído por los occidentales a América, como algo inexistente entre los indios, siendo esto mentira, pues aztecas, incas, mayas y diversas confederaciones tribales ya estaban en guerra antes de la llegada europea. Habla de los occidentales como únicamente preocupados por lo material y lo superficial, siendo tan sólo los indios los únicos capaces de ver lo espiritual, lo bello de las pequeñas cosas y la Naturaleza y reflejarlo en su idioma (y no hablaba en general, si no como un hecho)... siendo esto mentira. Habla de la mujer como epicentro salvador, ignorando en su argumentación que también hubo mujeres que comandaron guerras en el mundo. Habla de la explotación de Guatemala y olvida que su independencia fue entre 1820 y 1822, y que por tanto han tenido ya un promedio de 190 años para encauzarse por sí solos. Ignorando sus propios errores por decisiones de ellos solos en esos 190 años. Nada dice de la United Fruit Company y de los contratos de su gobierno con ella para cultivar café y bananas y de lo que eso les ha supuesto en su Historia. Y uno piensa que dentro de pocos años se celebrarán los 200 años de la independencia de los países hispanoamericanos, y pienso si no se estará preparando una avalancha de medias verdades que inculpen a España de todos los males de América latina y no hagan ellos nada de autocrítica de cómo se han gestionado a sí mismos en estos 200 años. Desde la llegada de los españoles a finales del siglo XV hasta la fecha, por ejemplo, no ha vuelto a gobernar un indígena americano hasta la subida a la presidencia de Bolivia de Evo Morales el año pasado, 2006 (siglo XXI). Y eso que muchos de los detractores de España obtuvieron la independencia a principios del siglo XIX. ¿Qué fue de los patagones? ¿no fueron tropas argentinas quienes se dedicaron a matarlos por órdenes de Rosas, presidente argentino en el siglo XIX, si no recuerdo mal? España hizo cosas mal, también hizo cosas bien, otras naciones del mundo intervinieron en Sudamérica aparte de España, y con todo, ellos han sido soberanos de sí mismos durante 200 años, todos han de hacerse autocrítica y no tanto decir: "pues este me tiró los platos y ya no tuve platos donde comer". Y con todo creo que conforme se acerque la década de 2010' y la de 2020' a España le caerá un chaparrón de críticas de Historia... Olvidando también que los indios que nosotros dejamos no estaban en reservas, aunque muriesen muchos, ni iniciamos políticas de exterminio, aunque muchos murieran en las guerras del XVI (y estuvimos tres siglos, no sólo ese siglo XVI), que hay mucha mezcla racial y dejamos allí una mezcla genética y cultural tan basta que hoy día permanece y es señal de identidad en las facciones de los hispanoamericanos.
Pero para ser justo, Rigoberta Menchú también dijo cosas muy sabias y muy justas. A veces desde un misticismo cósmico, según sus palabras. Expuso la vida del hombre en La Tierra desde el orden natural de la vida y la muerte y lo valioso de ese orden y sus energías, a través de energías de vida que transmiten los ciclos del Sol y de la Luna. En todo momento abogó por la paz y por la convivencia entre culturas, que no la mezcla que diluya a las culturas más débiles, según sus ideas. Siempre usando del humor acompañando sus metáforas. Afirmó que la mujer por ser mujer, o el indígena por ser indígena, no tienen más valor que otras personas, si no que lo tienen por ser personas, y siendo primero personas luego serán mujeres o serán indígenas. Aunque en el párrafo anterior se pueda deducir que estuve en contra de lo que ella expuso, en realidad no es tanto así, si no que quise destacar en este escrito los desencuentros que tuve con ella reflexionando lo que dijo, pero en general y mayoritariamente estuve muy de acuerdo con ella en muchas cosas, sobre todo en los valores de la paz y en la lucha por conseguirla. Habló sobre la globalización y su interpretación personal de esta, la cual no la considera más que de modo económico, y por consiguiente cultural, y que esta no es global en realidad, si no impositiva de la economía y estilo de vida occidental, pues de otro modo lo que habría serían todas las culturas relacionándose en igualdad. Habló de la necesidad de reencontrarse el occidental (quiero cambiarlo en mi mente por el ser humano) con la Naturaleza y no tratar de buscar beneficio en todo, pues vivimos en Naturaleza y sin Naturaleza no viviremos ni seremos todo lo humano que somos. Y así, dijo muchas ideas bonitas y pacifistas que me gustaron. Pero ciertamente, ya lo dije, habla desde la sencillez, con metáforas y alegorías, pero también con reflexiones. Ella misma dijo que no le gusta analizar, sino explicar, lo que es en cierto modo una contradicción que más o menos se entiende cuando se la oye argumentar.
También mencionó la Premio Nobel e la Paz algo de su futura candidatura a la presidencia de gobierno de Guatemala, este año. Me dejó atónito que dijera que no va a presentar un plan de gobierno, pues luego no quiere que la acusen de no cumplir lo que haya prometido. Pero si no crea un plan de gobierno, y no presenta propuestas, su única baza es ser Premio Nobel de la Paz, ser popular y hablar de la paz y la igualdad... Cosas que quizá le hagan ganar escaños, o la presidencia, aunque es posible que no ante la desorientación del electorado acerca de qué propone ella, pero que desde luego una vez ganado, si gana, lo que está es sin orientación para llevar el país o para hacer oposición seria. Dijo que en Guatemala se presentaban once hombres ("y de negro") y ella, y que ella se presentó por no tener un futuro tan negativo... lo que sonó en exceso feminista discriminador en la sala, pero que se le pasó por alto. Presenta su campaña sin propuestas, basándose en valores humanos sólo, dijo, o sea hemos de entender que basándose en la paz, la justicia, la igualdad, etcétera... vamos los valores que los políticos de todas las tendencias en democracia defienden aunque luego cada uno lo matice según sus ideas y planes de gobierno... salvo ella, que no tiene, dice. Pero alguno sí debe tener, pues mencionó que si preside Guatemala quiere eliminar a los 80.000 policías privados existentes frente a los 3.000 del Estado. ¿Cómo? Pues contratando más policías públicos que eliminen a los otros y desmilitaricen al ejército... en otras palabras, algo audaz y necesario para Guatemala pero que puede hacer correr el riesgo, a mi juicio, de que el Estado caiga en guerra civil o de conflicto permanente.
Y más o menos así viví la conferencia de esta mañana, aunque hubo anécdotas en el viaje que no vienen a cuento pero que fueron algo excepcionales, como la pérdida de uno de los espejos retrovisores del autobús entre Alcalá de Henares y Madrid, o una mujer atendida por el SAMUR. Acompañé en la comida a Danaclaudio en la cafetería de la facultad. Estaban dos amigas suyas, una marroquí musulmana practicante y una siria musulmana no practicante. Por cierto que la siria hacia honor al tópico de los habitantes de ese país, pues era ciertamente muy bella y atractiva. Los cuatro a la mesa teníamos más o menos la misma impresión sobre la conferencia y sobre las palabras de Rigoberta Menchú. De hecho la marroquí había abandonado el Paraninfo antes de que Rigoberta acabara. Pero la verdad es que, con todo, Rigoberta Menchú dijo cosas muy sensatas sobre la paz. La conferencia tuvo algunos momentos interesantes.
Sé que este post es excesivamente largo pero quería reflejar mis impresiones de esta conferencia.