martes, octubre 28, 2014

NOTICIA 1402ª DESDE EL BAR: CONOZCAMOS URUGUAY (2 de 3)

En la anterior entrega habíamos visto como Pablo Iglesias, eurodiputado de Podemos por España y líder de esta formación política, está de gira por América Latina, donde ha sido invitado por el presidente de Uruguay, José Mújica, a conocer cómo se puede gobernar un país desde la izquierda pura sin renunciar para nada a las ideas originales. Es por ello que inicié una breve y pormenorizada aproximación a la Historia de Uruguay para poder comprender cómo uno de los países más pobres de América se ha transformado en el país de referencia de la nueva izquierda. En ese sentido vimos como las innumerables guerras desde la independencia respecto a España se mezclaron con intenciones revolucionarias que trataban de buscar la justicia social y el reparto justo de la tierras de labor. En 1875 ese ciclo de guerras pararon con la pronunciación de un dictador llamado Latorre, que contó con la ayuda financiera británica, la cual se venía produciendo desde 1843 hacia Montevideo con la idea de desestabilizar a Argentina de cara al comercio internacional. Aún con todo, varias décadas de guerras continuas habían provocado la muerte y emigración de la mitad de la población de Uruguay y una pobreza desmesurada nunca antes conocida.

El control del campo se debatió entre el caudillismo y sus luchas, aún latentes. A veces esas luchas llegaron a producirse enfrentándose a las tropas regulares del Estado. Latorre gobernó con mano dura gracias al respaldo de Reino Unido. Su estilo represor marcó una impronta más allá de todas las guerras y represiones anteriores de todos los años y décadas precedentes. Latorre gobernó consolidando a la burguesía terrateniente por medio de la creación de la Asociación Rural. A través de ella garantizó la propiedad privada y la obtención de producción para el mercado internacional. Delimitó las propiedades mandando al ejército para proteger los campos privados de posibles ocupaciones o usos de las tierras por parte de los desposeídos. Además, por medio del ejército buscó que los grandes propietarios se ganasen su derecho a tener tierras, el ejército debía velar porque estos explotaran las tierras de un modo que el Estado considerara "correcto". Así se reconcentraron propiedades al beneficiar y recompensar a los grandes propietarios. Además, introdujo el ferrocarril para mejorar el comercio internacional de Uruguay, acercando las producciones de los latifundios al puerto en Río de la Plata. Hubo despidos masivos, el paro se disparó y quien trabajaba ahora lo hacía aceptando ser peón temporal. El exceso de mano de obra disponible abarató los sueldos, por culpa de la codicia de los empresarios que no atendían a razonamientos sociales. Mientras esto ocurría, el coste de la vida aumentó, pues el aumento del paro provocaba menos producción fabril, y la producción agraria se iba a los mercados europeos. Se produjo también un retraso tecnológico en todos los ámbitos de la vida productiva uruguaya, agravado por la lejanía de este país respecto a los mercados donde sus productos tenían salida, cualquier país que fuera más cercano a Europa, o un mismo país europeo podría romper su racha económica en cualquier momento en cuanto produjeran un poco más. De momento, los transportistas entre Uruguay y Europa se llevaban la mayor parte de los beneficios de los productos vendidos, por lo que Uruguay, teniendo un momento de bonanza, ganaba muy poco respecto a lo que podía ganar. Pronto comenzaron a depender del mercado brasileño, que se hizo distribuidor de sus productos, para los europeos era más barato llegar a Brasil, y para los uruguayos era más barato igualmente llevar los productos a Brasil. La miseria y el analfabtismo se expandieron como nunca antes por todo Uruguay. El contrabando por parte de uruguayos que no se conformaban se multiplicó. También el lumpen básicamente compuesto por maleantes, mendigos, prostitutas y bandas mafiosas. 

A principios del siglo XX el Partido Nacional, de derechas, advirtió del potencial revolucionario que provocaba toda esta situación en las clases obreras. Muchos obreros sin nada que les hiciera tener garantías para vivir de forma estable se unían a los ejércitos rebeldes nuevos que se estaban formando, o bien a los caudillos que les ofrecían comida segura o promesas de gloria en ayuda de la patria. La ideología dominante pasó a ser: la patria, el bien de la patria, entendido este cada uno a su manera. Patria y Constitución, sufragio, mundo electoral, orden y propiedad privada comenzaron a repensarse y se fortalecieron las posturas revolucionarias sociales por un lado, conservadoras por otro, pero todos decían defender esas mismas palabras, el problema era cómo entendía cada uno las mismas.

Entre 1897 y 1904 se abrieron una serie de guerras nuevas de carácter político con la novedad de incluir una participación de ideales semiproletarios muy activos. En 1897 el caudillo brasileño Saravia tenía un carisma entre las clases trabajadoras muy alto. Lo había ganado ofreciendo comida y protección a los trabajadores que le seguían, pero les daba órdenes de manera despótica. Cuando él apareció estaban enfrentados en ese momento los liberales y los conservadores. La revolución que él encabezó triunfó. Asesinaron al presidente. Modernizaron el ejército haciendo que este estuviera al servicio del Estado y no de quien gobernaba, a la vez el Estado renunció a la lucha armada en la teoría para solucionar problemas económicos. Se confió en el ejército revolucionario y se buscó y confió el mismo a gobernadores con capacidades útiles a las nuevas ideas. En 1903 llegó a la presidencia Batllé, y a pesar de las guerras de ese periodo 1897 a 1904 se había vivido una bonanza nueva y una modernización de la industria urbana.

En este momento se formaron varios de los partidos históricos de Uruguay. El Partido Nacional era uno de los más antiguos. Aunque este había adquirido algunas ideas socialistas y krausistas, en realidad era de centroderecha con un programa que beneficiaba sobre todo a los latifundistas. El Partido Colorado igualmente contaba con algunas ideas socialistas, más que el anterior, pero sus objetivos también beneficiaban a los intereses del centroderecha. El Partido Blanco también estaba en esa sintonía. Otros partidos menos mayoritarios fueron el propiamente llamado Partido Socialista de Uruguay o también el Partido Negro, que defendía los intereses de la población negra.

Batllé llegó a la presidencia en 1903 con el Partido Nacional, sin embargo, Batllé y el Partido Nacional no cumplieron con las promesas revolucionarias de 1897. Cuando Batllé fue nombrado en soledad en el directorio militar de 1903, nombró entre los miembros de su gobierno sólamente a miembros del Partido Colorado, sin contar para nada con los del Partido Blanco. Saravia se movilizó una vez más. Un incidente en la frontera con Brasil hizo que los brasileños invadieran por tercera vez el país. Se tuvo que movilizar a dos batallones de uruguayos. Cuando el problema fue controlado, Saravia no retiró a sus tropas, a pesar de que prometió hacerlo y no intervenir con sus soldados en los asuntos políticos de esas regiones, propias de partidarios del Partido Blanco. Saravia prometió que sus soldados no votarían en las elecciones de esas regiones, pero no sólo lo hicieron sino que iniciaron el nuevo levantamiento. Saravia aún creía en el caudillismo y en las lealtades y el caciquismo hasta niveles casi feudales. Sin embargo, Batllé creía que el Estado debía valerse por sí mismo, sin caudillismos. 

El nuevo conflicto iba a pasar a la Historia como algo nunca visto. Si bien las ametralladoras fueron usadas ya en la Guerra de Secesión Norteamericana, de 1861-1865, y si bien las ametralladoras aún no habían demostrado sus capacidades en la Primera Guerra Mundial de 1914-1918, Batllé no dudó en comprar ametralladoras Maxim para combatir a las tropas de Saravia, aún provistas y organizadas al estilo del siglo XIX. La carnicería fue tan total como la victoria de Batllé en aquel año de 1904.  El nuevo orden político implicó la paralización de los bienes y de las rentas de las personas del Partido Blanco en las regiones insurrectas, la dificultad e intervención de los giros y los créditos a los mismos, la compra de todos los caballos para dificultar los movimientos enemigos, el rechazo absoluto a toda oferta de paz, el establecimiento de la censura, las levas obligatorias, la movilización de divisiones militares enteras a regiones alejadas estratégicas, la creación de la guardia rural y el no abono de los gastos de guerra a las zonas insurrectas, impidiendo así su correcta recuperación y normalización. 

La mortandad fue aún más alta de lo que ya de por sí lo había sido, aparte de las innumerables crueldades que hoy día serían crímenes contra la Humanidad. El final de la guerra sólo fue aceptado cuando se mató a Saravia, con el consiguiente desánimo de sus tropas. Batllé decidió entonces reformar ligeramente la Constitución. Fue en ese momento cuando el Estado de Uruguay se constituyó de modo definitivo. Se formaron diversos partidos políticos, entre ellos se refundó el Partido Nacional, que pasó a ser civil y no militar. Estas formaciones ya las hemos visto antes. Por otro lado, la guerra de 1904 duró nueve meses, pero había destruido casi toda la cañada ganadera de Uruguay, y con ello había paralizado la economía del país. Se habían destruido las alambradas de los campos y se había detenido la producción agraria. La devastación económica de Uruguay fue totalizadora en todos los ámbitos. 

Sólo volvió a recuperarse el país gracias a la Primera Guerra Mundial. Uruguay fue neutral. Argentina, su vecino y competidor económico, también lo fue. Sin embargo, Argentina proveía a Alemania de materias primas. En 1917 Estados Unidos de América pidió a Argentina que dejara de comerciar con Alemania. Argentina se negó, cosa que aprovechó Uruguay para vender nitratos, carne y todo tipo de productos necesitados por la Triple Entente a los aliados de esa asociación, principalmente a los Estados Unidos. Brum, el nuevo presidente tras la guerra, entre 1919 y 1923, gestionaría una nueva etapa de bonanza económica, alejándose de las guerras, pero esta sería breve, pues el país bajó sus ventas en cuanto se recuperaron económicamente los países de la pasada guerra mundial. Uruguay volvió a caer en la ruina económica total por la falta de previsión para crear una economía que fuera más allá de los sucesos del momento. Entre la década de 1910 y la de 1930 hubo diferentes Constituciones, con un golpe de Estado en 1933 que hizo de aquello una dictadura. Uruguay se arruinaba a un ritmo acelerado sobre todo porque todos sus recursos habían sido vendidos, no se quedaban en el país. Esos productos además eran extraídos por empresas británicas y norteamericanas que se habían instalado en Uruguay y que habían comprado la explotación directa de aquello que les interesaba. En 1935 los uruguayos endurecieron sus relaciones con la Unión Soviética y también con la España republicana. A la vez establecían cada vez más lazos con la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Se derechizaban. En 1937 el presidente norteamericano Roosevelt les visitó para intentar frenar este cambio político con promesas de inversiones económicas. En 1938 se concedió el voto a la mujer. El nuevo presidente, el general Alfredo Baldomir, terminó con la dictadura militar (lo era desde 1933 como se ha dicho, a pesar de celebrar sufragios) y se tuvo que enfrentar a nuevos intentos de golpes de Estado. Sin embargo, la nueva democracia no era total, era en exceso limitada.

A pesar de que en 1939 Uruguay se declaró neutral en la Segunda Guerra Mundial, tuvo que refugiar al barco de guerra alemán Graf Spee. Se produjo entonces la Batalla del Río de la Plata frente a Montevideo con intervención de británicos y estadounidenses. El barco fue hundido al creerse rodeado por una gran escuadra, estos últimos años ha sido localizado y en este 2014 su mascarón de proa es el único símbolo nazi que queda original en el mundo, Uruguay lo expone en un museo de Historia para escándalo de los alemanes de hoy día. La cuestión es que tras la Batalla del Río de la Plata, entre 1940 y 1941 había tanta actividad pronazi en Montevideo que, pese a la neutralidad, se libraron allí numerosos enfrentamientos en escaramuzas del espionaje de unos y otros. En 1942 Baldomir decidió atajar aquello dando un golpe de Estado que le diera el poder al Partido Colorado, dió permiso legal para la entrada de comunistas y antiguos batllistas en el gobierno parlamentario, para disgusto de los socialistas. Se procedió a la igualdad de derechos de la mujer, a los acuerdos salariales, a la obligatoriedad de las vacaciones anuales y a las indemnizaciones por causa de despido. Sin embargo, a pesar de estos avances, la llegada de buques de guerra aliados y alemanes en busca de carburante provocó mucha escasez de todo tipo de recursos en la capital. Petróleo, acero, comida, y demás, todo faltaba. El gobierno consideró que dentro de su neutralidad lo que más les convenía era el final de la guerra, por lo que se inició la caza de todo tipo de espías del Eje dentro de sus fronteras, para dar ventaja así a los aliados. En 1943 una comisión especial y específica se dedicaba a ver cómo podían atajar la guerra a toda costa, intentando mantener la mencionada neutralidad. No gustó nada el conocido Plan Fuhrmann, mediante el cual Hitler planeaba apoderarse del mundo comenzando por Montevideo y su puerto para administrar las materías primas del mundo en el hemisferio sur.

Aún con todo, la Segunda Guerra Mundial fue el momento de la Historia de Uruguay donde más se disminuyó porcentualmente el desempleo y más se modernizó su industria, a costa de que se vieron en la necesidad de fabricarse para sí mismos casi todo lo que necesitaban. Al terminar en 1945 Uruguay ya no era la misma.