lunes, diciembre 10, 2012

NOTICIA 1169ª DESDE EL BAR: AUTOBÁN EN LOS BARES DE ALCALÁ


 Autoban ese grupo de pop-rock que ha llegado a la fama entre finales del año pasado y comienzos de este gracias a una serie televisiva de Antena 3, de algún modo casi todos hemos oído la canción "Con el culo al aire", aunque quizá sea mejor rebuscar en su página oficial, tiene su origen en Alcalá de Henares. Sus componentes siguen teniendo mucha relación con la ciudad, tanto que este sábado 15 se les podrá escuchar gratuitamente en el bar Flamingo Rock. Ya sabéis, ese bar es un viejo conocido de esta bitácora, ahora mismo está en el Paseo de las Moreras. La verdad es que conozco a uno de sus componentes desde hace cierto tiempo, antes de que hicieran esa canción para Antena 3, y este verano llegué a estar en una barbacoa en su casa, donde pudimos entrar, ver y disfrutar de su estudio de música. Es un portento del rock muy digno de escuchar en directo, sobre todo si se deja llevar por sí solo cuando toque. Puede ser toda una ocasión de disfrute. Presentan su nuevo álbum "Se Vende". Podría ser interesante. Yo tengo curiosidad, desde luego.

Y como la última vez que hablé de bares por esta bitácora fue de Retintas, con motivo de un concierto de El Carbonilla, creo que hace mucho que no os hablo de varios bares recomendables para ir. Voy a aprovechar. Cosa, que como siempre,  hago por gusto y nada más. Soy carne de bar en buena parte.


Para empezar, una recomendación que me parece muy justa. La Cafetería Prado del Paseo del Prado, nº 16, de Madrid. ¿La razón? La valentía de Alberto Casillas, su dueño, que durante la manifestación del 25 de septiembre plantó cara a la policía para que no irrumpieran en su negocio pudiendo ocasionar graves daños a la gente que estuviera dentro, ya que esa gente era en parte su clientela y en parte gente de la manifestación que buscó refugio en su negocio. A pesar de que en un primer momento algunos medios de comunicación publicaron noticias acerca de una actitud contraria a la realidad, se hizo evidente gracias a los nuevos medios de comunicación que la realidad es que este hombre, que se define a sí mismo partidario del Partido Popular, juzgó que la policía ese día estaba cometiendo grandes injusticias con sus cargas policiales indiscriminadas y sumamente violentas, injustificadas y desproporcionadas, por lo que decidió proteger a la gente que se refugió en su local. En su bar se sirven bocadillos, comidas de menú y servicio de bar. Y sinceramente, por sus altos valores de justicia, se le debe una cerveza.


Y ya que estamos en Madrid os invito a uno de los bares en los que desayuno cuando voy a mi trabajo de archivero en beca en la Filmoteca Española. Lo cierto es que con mis compañeras voy a muchos, creo que hemos recorrido ya casi todos los de la zona de Tirso de Molina de Madrid, posiblemente ya hablaré de ellos, ya que la zona esconde sorpresas dentro de sus portales y en algunas callecitas no obvias en los paseos. Pero hablaré de un bar al que entro a primeras horas de la mañana si llegó con tiempo de sobra a mi puesto. Se llama Mesón 20, en la calle Magadalena. No es un bar relevante por nada. Es un bar de barrio como otro cualquiera. No tiene un gran café, ni lujos. Pero tiene la opción de que puedas elegir tapa de comida si vas a las horas del tapeo y esa comida, lo he visto más de una vez, es totalmente fresca del día: uno de los que desayunan allí es un carnicero de un mercado cercano, al cual el camarero le hace su encargo del día en ese momento, y se lo trae al rato. A primeras horas expone las carnes en el mostrador y tienen una muy buena pinta. Alguna cosa he probado, y todo es totalmente casero, nada precocinado ni congelado. De estos van quedando pocos bares de entre los bares de barrio. Su camarero, un hombre boliviano al servicio de una madrileña mayor, es además simpático y hablador.

 
 Nos volvemos a Alcalá de Henares, nos vamos a la calle Cervantes, nº 2, la calle del Teatro Salón Cervantes. Allí está Los Balcones de Alcalá. A este voy bastante desde hace mucho tiempo, pero creo que nunca os he hablado directamente de él, sí indirectamente. Es un bar de dos plantas en un edicificio entre medieval y renacentista al estilo alcalaíno, pero cuyo patio está con techo y aprovechado como salón para los clientes. La cerveza es de barril... precisamente de tres enormes barriles que están clgados en el techo y que se rellenan con camiones cisterna de cerveza. El sabor se not, y no está mala esa cerveza, en absoluto. Pero también tienen sangrías y otras bebidas que son un clásico del lugar. Con cada consumición hay una tapa que puede ser un plato de migas, o brochetas de carne, o patatas con salsas, o salchichas con patatas, o paella, o ropa vieja, o tortilla... ellos mismos dicen tener más de cien tapas caseras. Y ciertamente son tapas que te elaboraran en el momento par ti mismo nada más pedir. El precio no es caro, ni siquiera es igual al precio habitual en el resto de bares del centro de la ciudad. Cuenta también con servicio de restaurante, y es un lugar de triunfo para ir en grupo si lo que se quiere comer son raciones. Yo he llevado allí a varios grupos de amigos en ruta turística o en conferencias, y recomiendo mucho los calamares, los chopitos y los mejillones tigre. Y si vais al teatro o al cineclub Nebrija, parad allí, que no defrauda.


Y si no vivís en  el centro de Alcalá de Henares y digamos que vivís en El Ensanche o cerca de la estación de tren central, id a la calle Alcarria, nº 14. Allí encontraréis un bar que se abrió este verano: Entre tanto... de Tapas. Es un lugar especializado en alimentos del mar... chopitos, chipirones, camarones, calamares, chanquetes, sepia, pulpo... Te lo sirven con mimo. No es caro. Y el dueño está comprometido con los problemas económicos actuales desde el putno de vista de que si al trabajador le va mal, a él como empresario le va mal. Estos hicieron huelga de modo claro en noviembre pasado. Yo estuve en el local unas semanas antes y, hablando yo con una amiga, él nos dijo sus ideas sin tapujos y muy solidariamente.


Y ya que estáis por esa zona de Alcalá de Henares, os diré que ahí allí una serie de bares nuevos muy interesantes. Destacaré hoy otro, el Bar Restaurante Corcoba, de la Plaza La Paz. Su logotipo es un alambique, como podéis ver, pero no es uno cualquiera, ese alampbique y esa repisa está dentro del bar físicamente, materialmente. Hay otros artilugios antiguos de las labores del campo. Es un bar en maderas que podría recordar, sin serlo, un irlandés. Las tapas son generosas, y recuerdan a las que había en el centro de la ciudad antes de la gran invasión monotemática de bares de dos únicos y mismos empresarios a los que el ayuntamiento les ha dado licencias de bar sin parar en los dos últimos años. Hay variedad para elegir y, os aseguro que está en una zona con varios bares interesantes. Recomendable, tanto en solitario como acompañado.


Pero si se va mal de economía, entonces, dentro de Alcalá de Henares tenemos Babel el Bistró, en la calle Libreros, nº 38, en realidad dentro de un patio al lado de El Rodeo, un argentino que ya recomendé en el pasado, sobre todo para comer. Babel el Bistró lo ha abierto este verano una pareja de mediana edad. La calidad de las tapas quizá no se amuy buena, pero puede comer tostas por dos euros, montados por 1'50, botellines de cerveza por 1'30, tercios de cerveza por 1'50... promociones de seis botellines por cinco euros... La verdad es que, con mis penurias económicas de los últimos tiempos, antes de que se me agotara el dinero, en el final del verano, esta oferta me venía bien para poder encontrarme con diversas amistades en la terraza de verano.


Ahora bien, un bar relativamente cercano a mi casa, lejos, pero relativamente cercano, es El Guiñol, cuyo dueño es el mismo que el del Gallo Rojo (calle Antonio Cabezón, nº 2, por donde el Chorrillo o cerca). El Guiñol está en el Paseo de los Curas, nº 5, de Alcalá de Henares. De este hablé en el pasado, yo creo que antes de que lo reformaran, lo que ocurrió hace un par de años. Tiene como ventaja que si les dices que eres celiaco te preparan una tapa especialmente para ti. Es un lugar agradable, entre el bar de barrio y el bar de tapas del centro de la ciudad. Tiene comedor de restaurante, dos televisores, prensa, innumerables clases de tapas, camareros familiares y cercanos, unos tés tremendamente bien preparados, y un dueño que incluso alguna vez le he visto parar su actividad para jugar con los niños de algún cliente cuando estos están intranquilos. Y como no es un lugar obvio en el centro de la ciudad, es fácil que te encuentres cómodo, aunque esté la barra llena de gente, y suele estarlo.



 Saludos y que la cerveza os acompañe. No os olvidéis de Autobán.

sábado, diciembre 08, 2012

NOTICIA 1168ª DESDE EL BAR: DINDEY (6 de 6)

Tarde o temprano el mal es castigado y el bien recompensado.

Pero la idea de este cuento no es sólo entretener al que lo lea u oiga, sino que tiene tres propósitos: primero, en la historia de amor que se cuenta, quiere hacer ver que el amor no se encuentra en lo material sino en el espíritu. Lo segundo que quiere hacer ver es, mediante lo sucedido a los villanos del cuento, que el mal nunca triunfa, pero que el bien sí. Por último, lo tercero que quiere hacer ver, por lo que sucedía con el Dragón de Piel de la Muerte, es que no se puede juzgar a nadie ni a nada viendo cómo es exteriormente sólo, y mucho menos sin saber cómo eres tú.

(Daniel L.- Serrano "Canichu"; Nota de 1993 para un concurso literario juvenil).




DINDEY
(escrito entre diciembre de 1992 y primeros días de 1993)


Capítulo 11


Cuando se hubo recuperado del frío, Elgue subió al castillo. El puente levadizo se bajó solo y Elgue lo atravesó. Una vez dentro el puente levadizo cerró la entrada. Se dirigió a una puerta que estaba abierta y la atravesó, después de esta puerta otra y otra más, hasta llegar a una gran sala.

El suelo estaba cubierto de alfombras rojas. El techo estaba labrado en oro. Las paredes estaban cubiertas por tapices y en el centro de la habitación había un gran trono.

El Dragón de Piel de la Muerte hizo su aparición en la sala. Su tamaño era de proporciones descomunales, sus ojos eran amarillos y su piel era de un color nunca visto. Elgue desenvainó su espada pero el dragón le tranquilizó.

-No te preocupes porque te ataque, yo nunca he hecho daño a nadie. Realmente mi nombre lo debo a los granjeros que se han asustado al verme volar. Es curioso que me llaméis bestia asesina a mí, que no he hecho daño a nadie, mientras que vosotros os matáis en las guerras y acudís a las ejecuciones que realizáis.
-Tienes razón, no tenemos derecho a juzgarte –afirmó Elgue guardando su espada.
-No tiene importancia, como tampoco tiene importancia que vengas a robarme mis joyas, porque yo hace tiempo que yo no tengo joyas, ¿no lo crees, Elgue?
-¡Sabes mi nombre! ¿Cómo es posible?
-No te asombres, yo sé muchas cosas. Como te he dicho, no tengo joyas, pero tal vez tengo algo que te sirva, ven, sígueme.

Elgue le siguió hasta un patio interior que tenía mil fuentes, todas distintas. También tenía dos mil columnas que le rodeaban. Anduvieron hasta el centro de tan maravilloso patio, y Elgue pudo ver lo más bello que humano alguno ha contemplado. Delante suya una columna de azul celeste descendía del cielo para unirse con la Tierra. Caía justamente encima de un viejo ara, donde estaba colocado un broche de oro macizo que representaba un dragón con las alas extendidas. El Dragón de Piel de la Muerte tomó la palabra en aquellos momentos.

-Ese broche, que ves protegido por el cielo y colocado sobre ese viejo ara que no se utiliza desde tiempos del abuelo de mi abuelo, es lo único que te puedo dar, pero lo tendrás que coger tú mismo. Has de tener cuidado, ya que esta columna de cielo solamente la podrás atravesar si tu corazón piensa en algo puro, sino, te transformarás en piedra. También has de saber que tienes que dejar algo en sustitución del broche.

Elgue se quitó la coraza de su armadura y de sus ropajes arrancó un trozo de tela. Con esta tela se lió la mano derecha y con la misma mano agarró su escudo.

-Dejaré esto –le dijo al dragón, mostrándole el escudo.

Introdujo la mano en la columna y empezó a pensar en que el rey Aladino se alegraría si lo conseguía, pero le asaltó el recuerdo de la manera en que mató al Enviado. Poco a poco el escudo se hizo gris y el trozo de tela también. Empezó a sentir frío en la mano. La sacó rápidamente y comprobó que el escudo y la tela que envolvía su mano eran piedra. Se arrodilló y estrelló violentamente su mano contra el suelo. La piedra se rompió y pudo comprobar que su mano seguía intacta a pesar de lo cerca que había estado. Se puso en pie, sacó su espada, viendo que la tela no serviría para nada no se lió la mano y la introdujo directamente. Se puso a pensar en el amor que sentía por aquella chica desconocida y, antes de que se diera cuenta, había introducido todo el brazo. Dejó sobe el ara la espada y cogió el broche. Rápidamente le recorrió por el cuerpo una paz y un bienestar que se sentían eternos. Sacó la mano, se guardó el broche y escuchó al dragón.

-Felicidades, ya tienes lo que querías. Ya puedes irte si lo deseas.
-Pero, Dragón de Piel de la Muerte, si vuelvo a atravesar ese bloque de nieve que te aisla, de seguro moriré –replicó Elgue.
-No te preocupes, ven conmigo.

Esta vez le llevó a una torre, le hizo montar sobre él y le llevó volando. Desde que había salido había pasado más de una semana, pero, desafiando a sus órdenes, Godon se había quedado allí donde le dejó. Una vez que el dragón se hubo ido Elgue le contó lo sucedido y se fueron los dos cabalgando. Tampoco en esta ocasión se dieron cuenta de que les seguía el caballero de armadura roja.

Capítulo 12

Elgue y Godon otra vez recorrieron llanuras, bosques, ríos y montes, para poder regresar a la Corte del rey Aladino. De lo rápido que iban, sus caballos no parecían caballos, sino pegasos, que volaban como las aves.

Una tarde descansaron para poder bañarse en un río cercano. Elgue escogió para bañarse un lugar donde había una cascada que bajaba. Cuando terminó de bañarse y de secarse se puso tan sólo sus pantalones y se tumbó boca arriba en la hierba. Después de un buen rato oyó un ruido. Venía de la parte superior del río, y sin embargo, Godon estaba en una parte aún más inferior que la suya. Decidió ir a ver lo que era. Pronto lo descubrió, se trataba del caballero de armadura roja. Elgue se armó con un palo que había tirado en el suelo, ya que había visto que el caballero no venía con buenas intenciones porque había sacado su espada.

Elgue salió de su escondite y se mostró ante el caballero, que intentó atravesarle con su espada, pero Elgue pudo apartarse. Volvió a intentarlo otra vez, y Elgue no sólo se apartó sino que le golpeó con el palo haciéndole contorsionar. El caballero, enfurecido, le intentó cortar en dos vanamente en repetidas ocasiones, sin darse cuenta de que Elgue le conducía cada vez más cerca del río. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Elgue le empujó a la parte más profunda. Al llevar puesta la armadura el caballero se hundía más y más en el agua sin poder hacer nada más que gritar. Elgue, que sólo quería escarmentarle, intentó ayudarle, pero era demasiado tarde, el caballero ya formaba parte del río.

Sin más contratiempos Elgue y Godon llegaron a la Corte del rey Aladino. Las campanas de la catedral sonaron y también las trompetas y cornetas del séquito del rey Aladino. Cuando todo estuvo dispuesto Elgue y Godon se metieron en la sala del trono, que estaba igual que el día en que el rey le nombró caballero a Elgue. Se acercaron al trono y se arrodillaron ante el rey, pero éste les ordenó que se mantuvieran de pie, y luego dijo:

-Mi buen amigo Elgue, cuánto tiempo habéis tardado. Veo que venís sin vuestras armas y almete, pero traéis contigo un escudero, ¿cómo es eso?
-Es una larga historia mi Majestad.
-¿Traéis las joyas?
-No, señor. Pero traigo esto y los respetos del Dragón de Piel de la Muerte –mientras decía esto le entregó el broche que había conseguido.
-Buena pieza es este broche. En fin, tal y como te prometí te voy a entregar la mano de mi hija, la princesa Flencha.

Antes de que Elgue dijera nada, una voz de entre los nobles surgió, era Candun, que se había puesto en pie.

-¡Eso no puede ser, mi rey!
-¿Cómo que no? ¿Quién eres tú?
-Yo soy el duque Candun Pueltz, y no se puede casar con la princesa, porque Flencha es mi prometida.
-¡Mentira! –gritaba Flencha tratando de desmentir la verdad.
-¡No es mentira, es verdad, tú lo sabes! –afirmaba Candun.
-¡Mentira! –seguía gritando Flencha.
-Entonces escúcheme bien, rey –seguía gritando Candun-. Es verdad que la princesa Flencha mató a su hermana Zaira para conseguir el trono. Yo mismo la ayudé, envenenando a su hermana y abandonándola en el bosque…
-¡Es cierto! –gritaba ahora una nueva voz. Pero esta voz era especial, porque era la voz de al chica que oyó cantar Elgue en el río. Pero, ¿de dónde provenía? Provenía de Godon, que se había quitado el pañuelo que ocultaba su cabello para dejar ver a una linda muchacha. Esa voz continuó hablando-. Yo soy la princesa Zaira. Fui rescatada por un hechicero conocedor del antídoto que contrarrestaba al veneno que me disteis y ahora vengo a recuperar mi puesto de princesa.

El rey se fijó bien en la muchacha y dijo:

-Es cierto, es mi hija Zaira, qué cambiada está. ¿Qué has de decir a esto Flencha?

Pero Flencha se limitó a mirarles a todos horrorizada, y dando un paso atrás cayó al suelo con un puñal clavado en la espalda. Candun la había asesinado, momentos más tarde se entregó a la Justicia, aunque sabía que su cabeza sería el espectáculo a la mañana siguiente. El rey, sin preocuparse por la muerte de su hija Flencha, djo:

-Zaira, hija mía, no sólo vas a seguir siendo la princesa que herede mi trono, sino que también serás la esposa de mi mejor caballero, Elgue, ¿si no os parece mal?

Elgue y Zaira se miraron a los ojos, se agarraron de las manos y se besaron. Ellos ya estaban enamorados desde que Elgue la oyó cantar en el río.

Por Daniel L.-Serrano “Canichu”, Alcalá de Henares, 2 de enero de 1993.
 

(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

viernes, diciembre 07, 2012

NOTICIA 1167ª DESDE EL BAR: DINDEY (5 de 6)

El  cuento comenzó a ser escrito el 22 de diciembre de 1992, como escribí en su portada a mano. Fue acabado el 2 de enero de 1993. Todo tuvo su origen en mi dormitorio antiguo, que después pasó a ser el de mi abuela materna, Antonia, desde 1998. Yo estaba sentado frente al mueble escritorio de mi padre, que estaba allí con varios de sus documentos y varias novelas y enciclopedias suyas. Allí tenía a la edad de 13 años la posibilidad de escribir con cierta tranquilidad y con diccionarios y enciclopedias de consulta a mano. La habitación era y sigue siendo algo húmeda y fría, apenas cuenta con una ventana estrecha que da a un patio interior, justo por una zona donde el sol no llega nunca en ningún momento del año. Así pues había intimidad incluso de la mirada de los vecinos ventana a ventana. Yo iba al colegio público Puerta de Madrid, de Alcalá de Henares, el cual hoy día está desaparecido e integrado en parte en el actual instituto de enseñanza obligatoria Mateo Alemán. Los edificios del Puerta de Madrid acogen en la actualidad una iglesia cristiana de ritual gitano, un centro de ayuda y reinserción de personas con problemas de drogadicción y psicológicos, y alguna cosa más que no sé lo que es. Han pasado veinte años.

(Daniel L.-Serrano "Canichu"; Nota del 7 de diciembre de 2012.)

DINDEY

(escrito entre diciembre de 1992 y primeros días de 1993)


Capítulo 9

Aquella noche estuvo pensando Elgue en Flencha y la misteriosa chica. Llegó a la conclusión de él nunca podría amar a Flencha, porque esta sólo le quería por algo material, sin  embargo, amaría eternamente a la chica que le curó y que oyó cantar, aunque no supiese quien era. Después de eso se durmió.

A la mañana siguiente una mano les agitó a él y a Godon hasta que se despertaron. Ambos se miraron a la cara y luego miraron al que les había despertado. Se trataba de un hombre con una armadura roja y una enorme barba. Estaba escoltado por diez soldados. Les preguntó cómo se llamaban y después de contestar se vieron metidos en una jaula hecha de madera. Se sentaron uno al lado del otro y estuvieron oyendo cómo los dos guardias que les custodiaban discutían por quién iba a ser su verdugo a la mañana siguiente. Apenas probaron bocado de la comida y casi no hablaron entre sí.

Cayó la noche lentamente y con ella las estrellas. Uno de los soldados abrió la jaula y les dejó la cena. Luego se entretuvo en coger las sobras de la comida. Elgue y Godon se miraron a los ojos y, como un auto reflejo, Godon agarró al soldado impidiéndole gritar y moverse. Elgue le golpeó en la cabeza con un plato dejándole sin conocimiento. Salieron de la jaula y le hicieron lo mismo a los guardias que, se suponía, les estaban vigilando. Luego los metieron con el otro soldado en la jaula. Les dejaron enjaulados.

Elgue y Godon se dirigieron a la posada, en donde se metieron por una ventana de la cocina. Los demás soldados que quedaban no les fueron ningún problema. Estaban todos reunidos en una habitación, medio borrachos. Lo único que tuvieron que hacer fue encerrarlos, cerrándoles la puerta. Elgue se puso su armadura y cogió su escudo y espada en cuanto lo encontraron.

Salieron de la posada y cogieron sus respectivos caballos. Los dos salieron a trote tendido como almas que lleva el Diablo. Sin embargo, no se dieron cuenta de que el caballero de armadura roja les seguía montado en un caballo negro.

Capítulo 10

Diez días más tarde Elgue y Godon habían llegado a su destino, las Montañas donde la Tierra se junta con el Cielo, pero no sólo eso, sino que también habían ascendido toda la parte de las montañas por las que se podía ir a caballo. Allí mismo decidieron que fuese Godon quien se quedase allí para cuidar a los caballos y si Elgue no regresaba en una semana tenía órdenes de irse.

Al principio Elgue encontraba bastante vegetación, pero a medida que ascendía se encontraba con menos. Llegó un momento en que sólo había muros y angostos senderos de roca, luego sólo nieve y hielo. Hacía frío y el viento soplaba fuerte. De vez en cuando había ventiscas o nevaba, dependía de la acción del viento tan fuertemente que podía congelar al mismo hielo. Para abrirse paso Elgue tenía que utilizar su escudo como pala. Los huesos le crujían y los dientes le castañeaban. El rostro se le quedó blanco como la hoja de su espada. Llegó un momento en que no distinguía la nieve del cielo. Pero cuando ya no le quedaban fuerzas, cuando estaba decidido a tirarse en la nieve y morir, llegó a la cumbre de las montañas. Era extraño, allí no había nieve ni frío, al contrario, había un clima veraniego, con vegetación abundante y animales de todas las clases, en medio de todo eso, ocupando el punto más alto, estaba el castillo del Dragón de Piel de la Muerte.

(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro)

jueves, diciembre 06, 2012

NOTICIA 1166ª DESDE EL BAR: DINDEY (4 de 6)



Este cuento fue escrito por iniciativa promovida por mi profesora tutora de 8º de la enseñanza general básica, Dolores Gudiño. Fue enviado a un concurso literario de la ciudad, pero sólo ganó un accésit. Dolores Gudiño se quedó con una copia en 1993, que se la di yo. Intenté escribir una especie de historia paralela a esta, llamada El reino sin rey, pero está inacabada aún hoy. Este cuento fue leido por Dolores en todas las clases del colegio Puerta de Madrid [hoy día en 2012 desaparecido desde hace años], donde ella fue profesora, cuando yo aún era su alumno [con 13 y 14 años] (no sé si sigue leyéndolo). También lo leyeron otros profesores, como el de Historia, don Alejandro. A todos les gustó mucho y me hice popular en el colegio. Gané muchos amigos y amigas nuevos con él. El nombre de Dindey era, en un principio, un pseudónimo mío que tuve que abandonar forzosamente tras conocerse esta historia, porque ya no lo asimilaban a mí. El nombre de Zaira es por la hermana de mi mejor amigo en aquellas épocas, David García. Los otros nombres fueron creados moviendo sílabas de algunas palabras.

Se lo dedico a Dolores Gudiño, que confió en mí.

(Daniel L.-Serrano "Canichu"; Nota de 17 de noviembre de 1996)




DINDEY
(escrito entre diciembre de 1992 y primeros días de 1993)




Capítulo 7

Hacía varios días que Elgue y Godon atravesaban un pantano. Todo lo que había a su alrededor eran aguas cenagosas, musgos y árboles llenos de lianas y con la corteza podrida. Todo era silencio a su alrededor. Era como si el tiempo se hubiera parado. De repente una niebla espesa les cubrió y no se vieron el uno al otro. Cuando se dieron cuenta se llamaron desesperadamente, pero no obtenían respuesta.

Elgue siguió caminando y la niebla se disipó a su alrededor. Algo estaba ante él, era el Enviado.

-¿Eres tú Elgue, aquel al que llaman Dindey? –dijo.
-¡Y seguiré siéndolo!

El Enviado extendió su brazo derecho y le lanzó un rayo plateado que Elgue paró con su escudo. Como un auto reflejo Elgue le clavó su lanza en el corazón, pero se hizo añicos. El Enviado, con las dos manos, le agarró de la cabeza y le levantó cinco palmos del suelo, le miró a los ojos y empezó a apretarle. Elgue buscaba un medio de escaparse, y lo encontró. Primero pataleaba al aire hasta que pudo desabrochar el almete y cayó al suelo. Fue tanta la presión del Enviado que transformó en cachos de hierro el almete. Elgue desenvainó su espada e intentó matar al Enviado pero, este, paraba todos sus golpes con rayos plateados. Los dos tropezaron con un tronco caído, y cayeron a las aguas cenagosas. Rodaron juntos en el fragor de la pelea hasta que Elgue pudo ponerse en pie, alzó su espada y arremetió contra el Enviado cortándole la cabeza. En esos momentos sintió un terrible dolor, como si algo le atravesara, y gritó encolerizado. Acto seguido cayó sin conocimiento al lado del cuerpo inerte del Enviado.

 
Capítulo 8

Dos días y dos noches estuvo delirando Elgue. Tenía frío y su dolor era grande. Le sudaban la frente y las manos.

Una vez despertó de su delirio y vio a la chica que vio en el río. Le estaba poniendo un paño húmedo en la cabeza. Elgue quiso hablar.

-Tú eres la…
-Calla, hablar te hace mal. La fiebre te ha bajado, pero ahora debes descansar.
-Dime cómo te llamas –siguió hablando Elgue.
-Descansa –dijo dulcemente la chica mientras le acariciaba el pelo. Elgue volvió a dormirse sin decir nada más.

Cuando volvió a despertarse estaba tumbado en la cama de una posada y no en el pantano. También tenía la armadura quitada y las armas. En ese momento entró por la puerta Godon.

-Elgue, amigo, cuánto me alegro de verte despierto.
-¿Dónde está ella? –preguntó Elgue.
-¿Ella? ¿Quién?
-Pues la chica que… bueno, olvídalo. ¿Qué hacemos aquí?
-Nos perdimos en el pantano. ¿No te acuerdas? Me costó mucho encontrarte y cuando lo hice estabas delirando. Pero es extraño, estabas como si alguien te hubiera cuidado y curado antes de que yo llegara. Bueno, la cuestión es que te traje a esta posada.

La conversación se prolongó en lo que les había pasado a cada uno. Decidieron pasar allí la noche.

Mientras tanto, en la misma torre de donde salió el Enviado, Candun y Flencha discutían.

-…Te digo que lo sentí anoche, el Enviado ha fracasado –gritaba Flencha.
-¿Pero cómo va a fallar tal monstruo contra un humano? ¿No te habrás confundido?
-No, no me he confundido. No sé tampoco porqué niegas su fracaso, tú mismo has derrotado ya a otros, y no sólo tú, sino otros también.
-Sigo aún sin poder creérmelo. Pero creo que aún podemos matarle.
-¿Cómo? ¡Habla ya!
-Antes de que decidieras traer al Enviado ordené a uno de mis vasallos que capturase a Elgue. Deben estar ya cerca de él…


(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

miércoles, diciembre 05, 2012

NOTICIA 1165ª DESDE EL BAR: DINDEY (3 de 6)

En 1997, leído por Pedro J. Maza y Elisa Tabernero, seguía gustando. [Eran compañeros del bachillerato y él en concreto creador coparticipe conmigo de revistas literarias del instituto al que íbamos juntos, y de un cortometraje].

(Daniel L.-Serrano "Canichu"; Nota de 1997 con ampliación de 2012)



DINDEY

(escrito entre diciembre de 1992 y primeros días de 1993)

 


Capítulo 5

Había caído la noche y la oscuridad se había apoderado del palacio. En aquellos momentos reinaba el silencio. El cielo se había llenado de nubes oscuras que presagiaban una tormenta.

En lo alto de una torre del palacio, la princesa Flencha, junto con un joven noble, bastante alto y rubio, llamado Candun, había hecho un círculo en el suelo de la habitación con unas velas encendidas. Después la princesa esparció dentro del círculo la sangre de un venado mientras pronunciaba unas extrañas palabras.

El joven Candun estaba enamorado de la princesa Flencha. El amor era mutuo y esperaban a que Flencha se hiciese reina para poder casarse, aunque para ello tuvieran que envenenar a Aladino. La muerte del rey no les era ninguna carga, ya que ya habían matado a la princesa Zaira.

Flencha terminó el ritual y se retiró junto con Candun a una esquina de la habitación. De repente la tormenta estalló, los relámpagos cayeron, los truenos sonaron, el suelo tembló y las paredes lloraron sangre por toda la habitación. Tan pronto como empezó, terminó y en el centro del círculo apareció una luz de la tierra. El monstruo les miró y dijo con una voz que retumbaba:

-Yo soy el Enviado. Estoy a vuestro servicio. ¿Qué he de hacer?

Rápidamente tomó la palabra con naturalidad la princesa Flencha.

-Yo soy la princesa Flencha, tu ama, este es Candun, tu amo, y te hemos traído a este mundo porque, hoy, un joven llamado Elgue ha sido nombrado caballero. Él me pretende, pero yo a él no. Mi padre le ha mandado traer las joyas del Dragón de Piel de la Muerte, si lo consigue me hará casar con él. Ve a matarle, te ordeno.

El Enviado salió volando por la ventana para encontrar y matar a Elgue.

Era cierto que el rey había mandado a Elgue a traer las joyas del Dragón de Piel de la Muerte, a cambio de la mano de su hija Flencha. Elgue había iniciado su camino sin demora a lomos del caballo del rey, Resplandor del Agua. Era un caballo fuerte y completamente blanco. Su color y el color negro de la armadura de Elgue contrastaban alegremente.

Por el camino Elgue pensaba que si lograba traer la joyas del Dragón de Piel de la Muerte, el rey, sin saberlo, le casaría con su amor. Le resultaría algo difícil, ya que el Dragón de Piel de la Muerte vivía en un castillo situado en lo alto de las Montañas donde la Tierra se junta con el Cielo, de donde nadie había salido vivo. Al llegar la noche también llegó la tormenta, y Elgue, con Resplando del Agua, se refugió en el hueco que unas rocas dejaban en la tierra.

Capítulo 6

A la mañana siguiente el sol lucía en todo su esplendor, las plantas estaban cubiertas de rocío y los animales se dejaban ver.

Cuando Elgue despertó le cubría una sombra. Levantó la mirada y descubrió a un chico más o menos de su edad. Llevaba en la cabeza un pañuelo atado que le tapaba todo el cabello, y su traje era de arquero, aunque no lo era. Fue el primero en hablar.

-¿Eres tú Dindey? ¿Aquel que viaja hacia las Montañas donde la Tierra se junta con el Cielo para llevar al rey Aladino las joyas del Dragón  de Piel de la Muerte?
-Sí, lo soy, ¿y tú quién eres?
-Me llamo Godon, quisiera ser tu escudero.
-Pero yo no necesito escudero.
-Entonces déjame viajar contigo.
-Es peligroso.
-No me importa.
-¿Es tan importante para ti viajar conmigo?
-Es importante para mí ver al rey, y si tú consigues tu propósito, al haberte acompañado, también te habré de acompañar ante el rey.
-¿Tienes caballo?
-Sí, uno pardo, que está pastando con el tuyo.
-Entonces ven conmigo, puedes llamarme Elgue, si quieres.

Godon y Elgue, desde ese momento, se hicieron inseparables. Atravesaron llanuras y bosques, ríos y montes. Un día sucedía a otro, una noche a otra… Veían cómo nacía el sol cada mañana para luego morir por la noche. Las gentes de los pueblos, por donde pasaban, les recibían con los brazos abiertos, pero pensaban que nunca saldrían vivos de las Montañas donde la Tierra se junta con el Cielo.

Una mañana Elgue fue a bañarse al río y antes de llegar a la orilla oyó cantar a una chica. Se dirigió a donde provenían los sonidos de esa dulce voz. Cuando llegó se escondió entre unos matorrales. La chica estaba sentada de espaldas cepillándose un pelo castaño que le llegaría hasta la cintura. Elgue se había quedado embelesada oyéndola cantar, y sin quererlo hizo ruido. La chica se volvió para atrás y se fue corriendo hacia la dirección donde miraba antes. Elgue pudo verle la cara. Era lo más bello que había visto nunca. Cuando regresó con Godon no le comentó nada. Continuaron el viaje y Elgue no podía pensar en otra cosa. Tenía la esperanza de volverla a ver. Así fue, una semana después la vio dando de beber a los caballos. Su mente estaba confundida entre el amor que tenía por Flencha y el amor que tenía por esta misteriosa doncella.



(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

martes, diciembre 04, 2012

NOTICIA 1164ª DESDE EL BAR: DINDEY (2 de 6)

El apoyo de Dolores Gudiño [mi profesora y tutora en 8º de EGB] fue total, hasta el punto que me defendió de las falsas sospechas de que lo escribieran mis padres y no yo, sospechas por parte de otros padres y profesores. Tras una entrevista vieron que lo había escrito yo sólo. Lo hice en diciembre de 1992 y los primeros días de 1993, durante las fiestas de Navidad, como parte de una recomendación de la profesora para que sus alumnos siguiéramos escribiendo para mejorar nuestra escritura. El gusto por mi cuento, que fue leído en todas las aulas provocó que tuviera muchas amistades nuevas, pero también en ocasiones demasiadas peticiones no deseadas para que contara cuentos inventados por mí en los recreos, cuando yo lo que quería a veces, no siempre, era jugar o estar a lo mío.

Pedro J. Maza se hizo cargo de el Reino sin rey, [cuento paralelo a este cuyos personajes se entremezclaban y que inicié sin acabarlo], pero nunca lo acabó. Él tiene el original a medias en su casa.

(Daniel L.- Serrano "Canichu" Nota del 18 de septiembre de 2012).





DINDEY

(escrito entre diciembre de 1992 y primeros días de 1993)
  


Capítulo 3

Habían pasado dos semanas desde que Elgue se metió en el palacio. Ahora estaba paseando por el bosque reflexionando sobre su idea de hacerse caballero. Le parecía la mejor manera de que la princesa Flencha se fijara en él.

En su paseo se detuvo para oír a los pajarillos como cantaban. El bosque parecía un lugar idóneo para vivir toda clase de animales. Las mariposas revoloteaban alrededor de Elgue y unos conejillos saltaban detrás de él. A Elgue siempre le había parecido este bosque mucho más bonito que los jardines del castillo del ogro que guardaba la caldera del sol. En estos jardines se decía que había sauces, robles y pinos, y grandes flores como la palma de la mano. También se decía que lo habitaban faunos y ninfas y el ogro los capturaba para entregarlos, a buen precio, a los trolls.

Los pensamientos de Elgue se vieron interrumpidos. Un ciervo embravecido apareció corriendo de la espesura y tan rápido como vino se fue. De pronto empezó a oir las pisadas de un caballo y una voz que gritaba: “¡corre más deprisa, corre como un rayo, Resplandor del Agua!”. Pronto vio quién era el jinete. El caballo apareció como el ciervo, pero al ver a Elgue, se asustó y se levantó sobre sus dos patas traseras, el noble caballero que lo montaba se cayó al suelo y quedó inconsciente. Elgue fue corriendo a ayudarle.

Un día después, el caballero seguía inconsciente en la cama de Elgue. Toda la familia se había reunido para observarle, no todos los días había un noble en su casa y menos en ese estado. Estaban colocados de mayor a menor. Primero el padre, un hombre de edad media muy moreno y barba de tres días. Después la madre, que también tendría la edad del padre, era muy rubia, como si el sol quisiera vivir en su cabello, y tenía dos ojuelos en los mofletes de la cara. Detrás estaba Elgue, y detrás suya, su hermana, que apenas tendría cinco años.

La habitación donde estaba era muy pequeña. Tenía dos camas: la de Elgue y la de su hermana. Apenas, elgue y su hermana, tenían sitio para ellos, ya que la mayor parte de la habitación estaba ocupada por sacos de semillas y trigo. Las paredes estaban agrietadas y torcidas, el suelo destartalado y el techo era prácticamente inexistente.

El noble abrió los ojos. Era ya un tanto anciano, con una barba grisácea, como grisáceos eran sus ojos. En cuanto vio donde estaba comenzó a preguntar.

-¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois? ¿Y qué hago aquí? No recuerdo nada.
-Buen señor –contestó el padre-, esta es una humilde casa de labradores. Yo soy Cesran Casit y esta mi familia. Estaba, usted, cazando en el bosque y su caballo le tiró. Elgue, mi hijo, le ha traído aquí, y mi esposa le ha curado y velado –al decir esto su mujer inclinó ligeramente la cabeza en forma de reverencia.
-¿Dónde está Resplandor del Agua? ¿Qué habéis hecho de mi armadura?
-No he entendido la primera pregunta, señor.
-Mi caballo, es que se llama así, Resplandor del Agua.
-En tal caso, está atado al lado de la puerta. La armadura está en el cobertizo.
-Campesino, ¿no lo habéis dicho al revés?
-No, teníamos miedo de que el caballo la pisara y lo sacamos fuera del cobertizo.
-Estoy seguro de que no sabéis quién soy.

Ante esta nueva pregunta los campesinos bajaron la cabeza sin contestar.

-Yo soy el Rey, sí, soy Aladino. Pero, no os arrodilléis, debiera ser yo quien me arrodille ante los que me han salvado la vida. Os recompensaré en oro; desde ahora no serviréis de labradores a nadie, sino a vosotros mismos. Este bosque, el gran Bosque de las Ánimas, donde se dice que viven fuegos fatuos y los fantasmas abundan, aunque su tierra es próspera y la caza abundante, serán, desde ahora, vuestras tierras. Mandaré mañana a un mensajero para que os entregue un documento que así lo ponga, más una bolsita de monedas de oro.
-Mi buen señor Rey, yo daría mi vida por vos y aún la de mi familia, pero, ¿no creéis que os excedéis en la recompensa?
-En mi vida, mi fiel siervo, únicamente he recompensado a gente noble o del clero, deja que me plazca en recompensar mayormente a los pobres –después, señalando a Elgue, continuó-. Tú eres Elgue, ¿verdad? El que me trajo hasta aquí.
-Sí, señor –contestó dando un paso al frente.
-A ti te recompensaré mayormente, dime qué quieres, un caballo joven para cabalgarlo por el bosque, la espada de empuñadura de oro que todos los héroes del reino ambicionan, o tal vez quieres casarte con una linda campesina. Podría hacerlo, te casaría un obispo en la catedral más alta, ante los nobles más importantes de aquí, incluyéndome a mí mismo, todos harían reverencias cuando tú pasases. ¡Pero di lo que quieres de una vez!
-La verdad, señor, es que no quiero nada de eso, sino hacerme caballero.
-¡Caballero! Se necesitan años de experiencia y entrenamiento. Además, tú no eres de l a nobleza –al decir esto, Elgue, agachó la cabeza con el rostro apagado. Al ver esto el rey le dijo:- Bueno, aunque no tengas experiencia ni seas noble, mañana me acompañarás a palacio y te nombraré caballero. Pero has de saber que para ello he de mandarte una prueba.

Al oír estas palabras Elgue se alegró y, con el permiso del rey, se fue de la habitación para disfrutar la noticia en el bosque, rodeado de animales. Estaba deseando que llegara el día siguiente.

Capítulo 4

Al día siguiente Elgue y el rey salieron temprano a lomos de Resplandor del Agua. El rey manejaba las riendas y Elgue iba sentado en la grupa. Durante todo el viaje, Aladino, estuvo hablando de sus azañas como rey. Elgue estaba embelesado con lo que le contaba. Hacía rato que estaban ya en la ciudad, atravesando la plaza de la cárcel, donde, a causa de la desaparición del rey, había más ejecutados que de costumbre. Todavía se veía a cinco ahorcados y a un verdugo que se llevaba una cesta con las cabezas de tres desdichados.

Pronto llegaron a las puertas del palacio. Salió a recibirles Petronio con sus habituales cinco guardias; ni siquiera reparó en mirar a Elgue.

-Mi rey, creíamos que le habían raptado.
-No ha sido así. Petronio, haz lo siguiente, prepara la sala del trono para el nombramiento de un caballero, yo estaré en mi habitación mientras mando a un mensajero que mande una recompensa a unos campesinos; cuando todo esté listo, llámame –Petronio asintió con la cabeza. Antes de meterse del todo en el palacio, el rey volvió a ordenar-. Otra cosa, lleva a este chico, con mi armador y que le armen.

Petronio se fue a preparar la sala del trono y unos guardias llevaron a Elgue a la sala de armas, donde se encontraba el armador personal del rey. El armador era un hombre de color muy robusto y alto.

-¿Quién eres? –dijo.
-Me llamo Elgue, y el rey me envía para que me arme.
-Está bien, elige una armadura –le dijo mientras señalaba un pilar de armaduras.

Elgue eligió una armadura plateada muy reluciente, pero el armador le explicó que el hierro de esa armadura era muy malo y le dio una armadura completamente negra pero limpia como un espejo. Luego le dio un escudo a juego con la armadura y una espada que le llegaba desde el tobillo a la cintura.

Cuando ya se iba Elgue por la puerta el armador le llamó y le dio una lanza muy simple.

Después de una larga espera, al fin llegó la hora de armarle caballero. Entró en la sala del trono y sonaron cinco trompetas al mismo tiempo. Elgue caminó hacia el trono y cuando estuvo cerca se arrodilló. En el trono estaba sentado el rey Aladino y a su lado la princesa Flencha. Detrás suyo y de pie estaba Petronio. En la pared donde estaba el escudo real estaban sentados los más importantes nobles. Las trompetas cesaron y el rey se levantó y alzó una gigantesca espada. Tras un breve discurso le preguntó cuál sería su nombre de caballero, a lo que Elgue le contestó el nombre de su abuelo:

-Dindey.

Luego, el rey, le hizo prometer fidelidad al reino y su rey. Por último le posó la espada en un hombro, en la cabeza y en el otro hombro, mientras decía:

-Yo, el rey Aladino de Dulia, te nombro caballero por los poderes que me concede la corona.
 

(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

domingo, diciembre 02, 2012

NOTICIA 1163ª DESDE EL BAR: DINDEY (1 de 6)

Uno de mis relatos más antiguos, aunque no el más antiguo, es Dindey. Fue escrito en las vacaciones de Navidad del año 1992 al 1993. Tenía yo 13 años de edad. Era parte de un ejercicio de escritura del octavo curso de la Enseñanza General Obligatoria (EGB), hoy desaparecida en favor de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO). Yo había comenzado a escribir poemas en torno a 1988, con unos 8 u 9 años de edad, mientras que mi primer relato (sin contar pequeñas redacciones inventadas por mí mismo) fue Don Federico y... el Torneo, de 1989, con 10 años de edad. También en aquella ocasión fue una invención espontánea que se me ocurrió como parte de la petición de una profesora de la EGB, estando yo en quinto curso, sobre unos actos de conmemoración del escritor alcalaíno Miguel de Cervantes. Ella quería dibujos y manualidades,yo presente un cuento que me inventé. En aquella ocasión aquel cuentecito infantil me reportó un premio a modo de libro y unas pinturas, y el ser leído ante un público de padres, madres, profesores y compañeros de colegio. Con Dindey pasó algo similar, aunque en realidad era parte de un ejercicio de vacaciones donde se nos pedía escribir algo, ya sea un diario, un resumen de los regalos de Navidad u otra cosa. Mi iniciativa sorprendió tanto a la profesora que lo llevó al resto de profesores, y estos sorprendieron tanto que, tras vencer sus recelos iniciales, lo leyeron en todas las aulas del colegio. Y gustó tanto que lo llevaron a un concurso de literatura juvenil que organizaban diversos colegios de Alcalá de Henares, donde gané un áccesit. Pero el mayor premio fue tener toda esa audiencia, y tener a todo un colegio atento a un relato, medio por el cual gané nuevas y muchas amistades de mi edad y de otras edades. 

Seguí escribiendo poemas, relato, novelas, investigaciones de Historia, guiones de cortometraje, artículos para revistas... esta bitácora... Pero en relación a los cuentos infantiles no volví a realizar algo tan similar hasta 2008. Por entonces escribí un cuento infantil para edades muy cortas llamado Los Tres Reciclables. Aquel cuento lo hice para mi trabajo por entonces de educación medioambiental donde daba junto a unas compañeras de trabajo diversos talleres de temáticas ecológicas, entre ellas la de la necesidad del reciclaje en nuestra sociedad. El cuento fue representado por nosotros en gran cantidad de colegios públicos y privados de Alcalá de Henares con títeres de material reciclado que nosotros mismos realizamos. Fue publicado en esta bitácora en la Noticia 572ª. Creo que fue reutilizado por posteriores trabajadores de ese mismo proyecto educativo de la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Es un cuento muy consultado por la red bajo palabras de búsqueda que me hacen pensar que múltiples padres llegan a él o bien para iniciar a sus hijos en los porqués de reciclar, o, más probablemente, para buscar un modelo en el cual inspirarse (quiero pensar que no para plagiar) con la idea de ayudar a sus hijos e hijas en ejercicios escolares de educación medioambiental.

Dindey fue muy decisivo en la formación definitiva en mi gusto por escribir. Ver que realmente lo que escribía gustaba, entretenía y dejaba a la gente con ganas de más historias, me encauzó definitivamente en esto. Ya no sólo escribía por mí mismo, razón principal hasta hoy mismo incluso, sino que también a sabiendas de que podía compartir esos mundos que imagino. Asi pues, os lo presento en seis entregas. El cuento está escrito cuando tenía trece años, por lo que tiene innumerables ingenuidades y simplezas por las que pedir perdón siendo ahora adulto. Pero también tiene aciertos incluso hoy día, como algunos de los paisajes ficticios que se presentan. Sin más, aquí tenéis los dos primeros capítulos con uno de los tres dibujos que creé para acompañar este relato que me ocupó por entonces varios folios.

(Daniel L.-Serrano "Canichu". Alcalá de Henares; Nota del 2 de diciembre de 2012).



DINDEY
(escrito entre diciembre de 1992 y primeros días de 1993)

Capítulo 1

Hace mucho tiempo, cuando aún existían los dragones y había castillos encantados, un grupo limitado de labradores labraban las tierras pertenecientes a su buen señor Badsim de Vatsal. Badsim era un viejo caballero que a pesar de su edad, ya muy elevada, era consejero del rey Aladino.

Entre los labradores destacaba un joven de diecinueve años. Este, al contrario que sus compañeros, iba siempre aseado y peinado. Era, por ello, el centro de las burlas de sus compañeros. Se llamaba Elgue. Estaba locamente enamorado de la princesa Flencha, desde que una vez la vio cabalgar por aquella zona.

Flencha tenía un pelo negro que le llegaba hasta la cintura. Sus ojos eran oscuros y su piel era la más tersa y bella de todo el país. Aunque se rumoreaba que ella mandó matar a su hermana mayor, Zaira, para quedarse con el trono.

Uno de los labradores empezó a hablar:

-¿Sabéis? Elgue va a ir esta noche a cortejar a la princesa.
-Cállate –dijo Elgue, pero el labrador, animado, siguió.
-Venga Elgue, bien sabes que una princesa no se puede casar con un campesino. Si el rey Aladino se entera siquiera de que la has mirado te mandará ahorcar. Además, eres muy feo –realmente Elgue era bien parecido.
-Lo que yo haga no es asunto tuyo.
-Miradle, se ha puesto en guardia, como un gallo de pelea.
-Si sigues hablando, Badsim se enterará de lo que pasó realmente con su caballo, y no será por casualidad.

No se volvió a oir nada más en toda la jornada, y nadie se atrevió a mirar a la cara a Elgue, ni a replicarle. La verdad era que aunque a veces se burlaban de él por su forma de cuidar su aspecto, no es que estuviese todo el día lavándose y peinándose, pero como siempre iba bien arreglado, era el centro de atracción de todo el campo de labranza, y no del pueblo; porque él vivía con su familia en el bosque y no en el pueblo.

Capítulo 2

Esa misma noche Elgue salió de su casa con cuidado de no despertar a sus padres y sus hermanos. Estuvo un rato quieto en mitad de la espesura del bosque que cubría su casa. Ni un movimiento, ni un ruido… Fue entonces cuando comprendió porque se llamaba el Bosque de las Ánimas. Pronto le llegó el olor del pantano cercano de su casa. Entonces reanudó el camino, pronto llegó a la ciudad. La ciudad no era gran cosa; callejuelas, callejones sin salida, un borracho tirado en medio de la calzada, gritos de niños que temen a la oscuridad… Atravesó la plaza que daba a la cárcel. Aún se podía distinguir al sangre sobre un tronco cortado de algún desdichado reo. También se oían los martillazos de dos hombres que se afanaban en construir la horca para la mañana siguiente. A Elgue se le hizo un nudo en la garganta, siguió andando, y cuando la oscuridad le abrazaba completamente, llegó al palacio fortaleza del Rey.

Elgue había estado observando cada cuanto se cambiaba la guardia. Así que se tiró al agua del foso y nadó hasta el puente levadizo, donde, en el agua, esperó que la luna estuviese en lo más alto, ya que sólo entonces sería el cambio de guardia y su entrada. Estaba ya medio dormido cuando oyó un chirrido encima suya y, después, un golpe de maderas. Miró hacia la luna y vio que estaba en lo más alto, a continuación oyó pasos y voces de los guardias que discutían sobre el ahorcamiento de la siguiente mañana. Mientras los guardias de relevo buscaban a los dos guardias que habían de relevar, Elgue salió del agua y se introdujo en el palacio por el puente levadizo todavía abierto. Atravesó el patio de armas en penumbra y por el tragaluz de los calabozos del sótano se metió dentro del palacio. Estaba en un pasillo donde a cada lado había unas pesadas puertas de madera, lo atravesó rápidamente, el carcelero estaba dormido y no fue ningún problema. Subió unas tortuosas escaleras y después recorrió todo el pasillo en busca de Flencha. Estuvo en la sala del trono, la cocina, en la habitación del Rey Aladino mientras este dormía… Pero al fin encontró la habitación de Flencha, y observó como dormía, hasta que decidió despertarla. La movió suavemente y cuando abrió los ojos le dijo:

-No te asustes, soy un inofensivo campesino.
-¿Y qué quieres? –contestó Flencha con naturalidad.
-No lo sé… Bueno, tal vez sí… la verdad es que te vi cabalgando por las tierras de Badsim de Vatsal, y al ver tu cabello al viento, tus ojos, tu manera de ser…
-No sigas, ya sé lo que quieres decir, y la verdad, ¿qué podría darme un simple campesino que no me diera uno de tantos nobles que me pretenden? Sal de aquí antes de que llame a la guardia, y seas tú al que ahorquen mañana y no a ese tonto ladronzuelo del que tanto se habla.
-Pero… pero realmente te quiero y te adoro como si fueras tú la luna que alumbra la noche, no me rechaces por favor.
-Sólo te querría si fueses un príncipe, un noble y aún si fueses caballero de renombre. Sal por la puerta por la que has entrado y reza porque no diga lo que has hecho, ¡fuera!

Elgue se fue cabizbajo, entristecido por el rechazo. Cerró la puerta tras de sí, atravesó un pasillo alfombrado y se sentó encima de una mesa de láminas de oro. Había llegado a una antesala que daba con la sala del trono. Aunque estaba todo oscuro pudo distinguir un suelo de mármol y unas sillas forradas de terciopelo rojo, en el techo había una extraña pintura y las paredes estaban ocultas bajo unos tapices que representaban escenas de guerras muy lejanas. Entonces se le ocurrió una idea; le pediría al rey que le nombrara caballero. Como estaba dentro del palacio no le sería difícil encontrar al rey a la mañana siguiente. Se tumbó en la mesa en la que se había sentado y trató de dormir un poco.

Cuando despertó, la luz invadía el palacio. Se levantó de la mesa y se desperezó. Entró en la sala del trono donde todavía no había nadie, era la más bonita sala que había visto. Era inmensamente grande, en una pared lateral había dos cortinas gigantescas que estaban descorridas a razón de que entrara el sol por la gigantesca ventana que, se supone, tendrían que cubrir. En la otra pared lateral, había muchos asientos de madera y una gigantesca bandera con el escudo real, que tapaba toda la pared a modo de tapiz. En una de las paredes que no eran laterales, estaba colocado el trono y a su lado una silla como las que había en la antesala. El trono estaba hecho con la mejor madera el reino pero estaba laminado en oro. Tanto el respaldo como lo que servía de asiento estaban acolchados y forrados con terciopelo rojo. En el apoyabrazos había incrustaciones de zafiro y esmeraldas. En la pared opuesta al trono, había una gigantesca puerta. Al ver todo aquello, Elgue, se quedó inmóvil. Sólo reaccionó cuando entraron cinco guardias en la sala que escoltaban al consejero espiritual del rey, llamado Petronio. Se comentaba que era de tierras lejanas, se le acercó y empezó a hablar.

-Dime, hijo, ¿quién eres?
-Elgue, el campesino.
-¿Y qué haces aquí?
-Quisiera que el rey me nombrara caballero.
-Pero has dicho que eres campesino.
-Sí, lo soy.
-Mira, seguro que no te gustará ser caballero… su vida es muy ajetreada. Anda vuelve a los campos de tu señor, antes de que te eche en falta. Sin duda has tenido suerte sólo de llegar hasta aquí.
-Pero yo quiero que me haga caballero.
-¡Guardias! Dadle un poco de leche y que regrese a sus quehaceres.

Poco después Elgue estaba otra vez labrando en la tierra. Esta vez más silencioso que nunca y cabizbajo.



(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).