Pues hemos llegado a Navidad del 2017. Hace un par de días supe que de la convocatoria estatal para ayudante de archivos donde se presentaron algo más de doscientas personas sólo han pasado el primer ejercicio cuarenta y cuatro o cuarenta y tres. De ellas, dos son puestos reservados para discapacitados y otros dos son de promoción interna, por lo que son unas treinta y nueve personas aspirantes a ayudantes de archivos del Estado los que hemos pasado al segundo ejercicio. Sí, he aprobado la primera parte de la oposición. La correspondiente al conocimiento de las leyes, las instituciones y la archivística. No quiere decir que ya lo tenga ganado. Sólo hay veinte plazas y el segundo ejercicio, un supuesto práctico, es tan eliminatorio como el primer ejercicio. Habrá dos pruebas que pasar, las dos ubicadas en los días de la veintena del mes de enero. Pero hemos llegado a Navidad de 2017 y al menos aún estamos aquí. Saludos y que la cerveza os acompañe.
Este es un blog de un escritor cervecero que pretende hablar de él, de Historia, de sus ídolos, de sus paranoias propias, mostrar sus escritos... pero en definitiva son informes de un espia en el bar.
domingo, diciembre 24, 2017
lunes, diciembre 18, 2017
NOTICIA 1757ª DESDE EL BAR: BARES PARA LO AQUÍ ESCRITO
Hace tiempo que no escribo de bares y hay quien me lo ha recordado un par de veces. Así que, aprovechando que hace una semana tuve que ir a la lectura de mi examen de oposición, aprovecho para comentarios sobre dos bares de Madrid capital, y luego de algunos de Alcalá de Henares, y como han insistido en que nunca hablo de bares de manera que la crítica sea negativa de manera total, pues adentrémonos en dos de esos casos luego. De momento empiezo con uno de esos bares de Madrid capital que, además, lleva abierto un par de semanas, Oficina 42. se encuentra en la calle Magdalena, nº 42. En realidad cuando yo trabajaba en el Archivo Gráfico de la Filmoteca Española este local era un bar de viejo que tenía un entrañable ambiente de bar de toda la vida con clientela del barrio de toda la vida. Muy digno para estar ubicado donde está. No sé, será cosa de la gentrificación y que parece que se quiere aspirar a un no sé qué de qué sé yo, donde nos las damos de ser algo o al menos de querer que la gente común se esconda debajo de la alfombra, que ahora tiene que venir la gente que es... o sólo parece ser, de otra pasta no común. Yo qué sé. Tiempos modernos a los que parece molestarles las tapas y pinchos de toda la vida y la campechanería de los camareros de siempre. Lo cierto es que tras leer mi examen de oposición entré en el local para ver en qué se había transformado. Lo han reconvertido del todo y es muy moderno... imita de manera muy moderna un falso aspecto de antiguo que antes... no tenía. Es bonito, eso sí, y acogedor, pero no como el otro, que era acogedor familiar, este es acogedor... por intimista, o por tener una barra que hemos visto mil veces en películas norteamericanas. No sé. La cosa es que el bar pretende dar tapas al estilo italiano y bebidas al estilo italiano donde, palabras del dueño, uno se va a tomar algo a la hora del café y termina bebiendo hasta la noche con un algo de estilo de comidas de allí, de Italia, aunque los dueños son unos españoles enamorados de Italia. Bueno, en cualquier hora del vermut alcalaína descubriría que eso ni es estrictamente italiano, ni tiene porqué ser glamouroso. Pero no quiero ser malo. El lugar, aún siendo ligeramente caro para donde está, es acogedor y agradable. Te ponen de pincho algo para comer al bocado y está muy bien elaborado. Exótico, a la italiana, eso sí. Yo tomé cerveza, pero creo que ellos quieren servir más vino que cerveza, pero claro, la clientela mandará, ¿no? Lo que no me termina de convencer es que rompan la clase de bar que hay en esa zona, porque así se empieza y ya se sabe el dicho: de fuera llegarán que de tu casa te echaran. No había en el bar ni uno sólo de los clientes habituales de cierta edad que antes había. Aún con todo, es bastante recomendable.
Otro bar madrileño de esa zona es El 20, en la calle Santa Isabel, nº 20. Este es un bar de viejo, de barrio, normal y corriente, donde yo desayunaba cuando trabajaba en la Filmoteca Española. Los dueños han cambiado, pero es un matrimonio gallego que ha conservado la forma de hacer las cosas de los anteriores dueños. Eso ha hecho que allí sí hubiera los mismos clientes habituales que ya conocía su cara años atrás. Y esa es la cosa: conservar la esencia del barrio. No es un bar fino, aviso, ni debéis esperar más calidad que la de un bar que cumple con lo que promete: asistir a los vecinos del lugar, que tienen ya cierta edad o que vienen de sus trabajos de albañiles, fontaneros o lo que sea. A mí no me incomoda.
En Alcalá de Henares toca hablar del Pub Larry's, en la calle Gran Canal, nº 2. Es un clásico. Lleva varias décadas allí, pero quien ya lo conozca verá por la foto que ha cambiado su color verde al color negro y que faltan las enredaderas que salían de los maceteros. La cosa es que su dueño se ha jubilado hace un mes y ha traspasado el bar a un par de jóvenes que ha decidido continuar con el negocio tal como lo dejó el dueño. Total, la clientela está hecha y el modelo de bar que estableció funciona. Es un bar de barrio que atrae a mucha gente de muchos otros barrios. No es un bar obvio en las rutas turistas, así que es un bar más bien de alcalaínos de toda la vida que ya lo conocen con creces. Tapeo y copeo, depende de la hora a la que se vaya, familiar y no tan familiar, depende del horario que se elija. Es agradable y te sientes cómodo. Se echa de menos la mano del antiguo dueño, pero todo el mundo tiene derecho a jubilarse y todo el mundo tiene derecho a emprender proyectos en su vida, como estos chicos nuevos. Les deseo lo mejor.
La Belga es uno de los descubrimientos que más satisfacción me ha dado tener este mismo mes. Se trata de una gofrería ubicada en la calle Victoria, nº 3, la calle que va a la portada de la catedral de los Santos Niños, en Alcalá de Henares, casi al lado (no al lado) del bar La Ruina. A pesar de ser una gofrería también te dan a elegir tapas, cerveza, jarras... Es barato y aseguro que su café es excelente, pues entré para tomar un café con una amiga que sólo podía tomar leche de soja... ¡y tenían leche de soja! Eso es un acierto para las personas con problemas con la lactosa. Puedes pedirla. La verdad es que la calidad me pareció buena, el trato discreto pero correcto, y el ambiente, eso sí, es más bien íntimo, aunque no tienen apartados. Yo, por su café, volvería, y el precio que vi de sus jarras de cerveza... quizá también hay que volver por una primera ronda. Pero, es una gofrería, claro, no es estrictamente un bar. El ambiente es el que es. Muy contento.
Ahora me toca la desagradable tarea de hablar de bares que no me terminan de convencer. ¿Por qué no suelo hablar de ellos? Porque esto no es una bitácora de crítica de nada concreto. Hablo de lo que me gusta, de lo que no me gusta, pues no suelo hablar. No por nada más. Puede que a otros le gusten. Simplemente. Todo el mundo tiene derecho a hacer sus cosas a su modo, y no tenemos por qué coincidir en que nos guste el modo. No hay ninguna otra razón. Pero ya que me han insistido para que mencione alguno, alguno mencionaré, eso sí: aclarando que mi opinión es sólo mía, y que a cualquier otro le puede encantar estos sitios. En este caso referiré al Garnacha, en la Plaza de los Santos Niños. Desde que lo abrieron hace años he ido varias veces. No me disgusta. Subrayo: no me disgusta. Pero sí que es cierto que cada vez que he ido, y he ido muchas, aunque no sea un cliente habitual, me quedo con cara un poco de tonto cuando veo desfilar tapas para acá y para allá y de mí normalmente se olvidan o bien terminan dándome las más simplonas. No tengo nada con que me den tapas simples, pero sí de que esto sea por sistema mientras desfilan delante de mí las elaboradas para otros clientes. Por ello este bar me produce un sentimiento de "bueno, se puede ir, no me disgusta... pero el servicio que yo he solido recibir allí no me termina de hacer sentir bien atendido o igualmente tratado". Y poco más. No está mal el bar, ya digo, yo seguiré yendo, pero yo seguiré yendo a conciencia de cómo siento recibir el servicio... Y esto escrito no porque me haya ocurrido una o dos veces, si no una gran mayoría de veces de las que yo he ido, pero bueno, puede que sea algo que sólo perciba yo, no sé. En todo caso, ya hablé del bar en 2015, por entonces dije lo que diría hoy también, aquella vez fui más favorable, y mantengo lo que dije, aunque parezca paradójico y es que una cosa no quita la otra, fue en la Noticia 1432ª.
El segundo caso también lo había mencionado ya, fue en la Noticia 1638ª. Se trata de El Gato Verde, en la calle San Felipe Neri con Calle Mayor y casi con Plaza de los Santos Niños. Este fue de los pocos casos que anoté cosas que no me convencían. Tapas bien presentadas pero que me dejaban algo que desear, quizá porque no eran del todo un acierto, o quizá por el abuso del recurso al pan, el salto al ambiente despersonalizado, a pesar de que su negocio antecesor era todo lo contrario, con otros dueños, eso sí, precios altos, un cambio de clientela hacia una abundancia de turistas y otras cuestiones. Aún con todo, he ido varias veces, bastantes veces, sobre todo porque algunos determinados amigos le encuentran gusto a la cosa y les gusta ir. Lo cierto es que últimamente, en lo que va de 2017 y parte del final de 2016, lo que he encontrado es camareras y camareros que se olvidan de servirte la tapa, aunque te la cobran, si tienen el local con abundancia de gente a la que dan preferencia si son grupos grandes, y también, en alguna ocasión, he podido ver a algún camarero en verano contestándole mal a alguna cliente e incluso llegando a discutir por cosas que, lo siento mucho, no llevaba razón el camarero, aunque se comprenda que pueda estar saturado de trabajo. Fue penoso que una de estas escenas ocurriera a principios de este año cuando nos visitó un amigo que se había ido a vivir a Estados Unidos. Él recordaba El Perro Verde, le explicamos que aquello ya no existía, pero quiso ir al Gato Verde para ver qué era ahora el local. Cuando ocurrió lo que ocurrió, con cierto humor dijo: "¿a qué lugares me dejáis venir?", y más tarde, cuando había que pagar, nos sirvió de chiste entre nosotros "casi jugarnos" quién le daría el dinero como si fuera el juego de la ruleta rusa. Bueno, al menos nos sirvió para reír. Pero esto que no pasaría de anécdota puntual, lo he visto ya varias veces, lo de los malos modos en principio varias veces en verano, el resto de las cosas, sobre todo el que se les olvide servirte, lo he visto muchas en todo el año. Bueno, igual que antes: no me disgusta el lugar, iré aún, pero a sabiendas de lo que me encontraré en el servicio, claro. Vosotros, por supuesto, querido Alto Mando del Servicio de Espionaje de Bares, podéis discrepar totalmente de lo aquí escrito.
Saludos y que la cerveza os acompañe.
sábado, diciembre 16, 2017
NOTICIA 1756ª DESDE EL BAR: EQUATORIA
Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero han vuelto a recibir el encargo de continuar adelante con el personaje de Hugo Pratt, Corto Maltés. La primera vez que lo hicieron fue el año pasado en Bajo el sol de medianoche (2016), que comenté ampliamente en la Noticia 1599ª por ser aquel un regreso muy esperado y delicado, ya que Pratt llevaba varios años muerto sin saberse exactamente si era lícito continuar con su personaje más famoso sin él. Ya por entonces analicé y valoré lo que había supuesto tal regreso y cómo se había producido. Ahora el regreso, a partir del comienzo del otoño de este 2017, pero anunciado largamente desde aquel 2016, es bajo uno de esos capítulos africanos de Corto Maltés. La obra se llama Equatoria, y llegó antes a Francia que a España, aunque en España el diario El País tuvo la exclusiva de publicar una pequeña historia del personaje pintado por Díaz Canales y Pellejero a acuarela, la cual era inédita y fuera de colección. Era muy metafórica y técnicamente resultaba incluso una especie de recurso con mensaje poético. Aquella historia de unas cuatro páginas estaba ambientada en las selvas americanas, se llamaba Cuento chino y fue publicada el 11 de agosto de este año. Se puede ver y leer por aquí.
Cuento chino tenía reminiscencias y guiños a uno de los capítulos caribeños de Corto pintado y guionizado por Pratt. En buena parte, el exceso de guiños a lo ya creado por Pratt era una carga pesada para Bajo el sol de medianoche, como analicé en aquella Noticia 1599ª. En Equatoria algún guiño hay, aunque esta vez se agradece mucho que sean considerablemente menos. Díaz Canales y Pellejero siguen fieles a las lineas y formas que estableció Pratt, si bien no optan por la precisión paisajística y todo lo abandonan a los trazos que invitan a la mente a completar las formas, recurso que no era de Pratt, todo lo contrario. Sin embargo, sí que optan por la claridad de trazos y por las figuras que se crean a través de los juegos de luces y sombras que, en la versión de blanco y negro especialmente, cobran un preciosismo artístico complejo y valioso.
Díaz Canales y Pellejero han disminuido considerablemente los guiños a viñetas y diálogos ya creados por Pratt, pero no han podido evitar crear un guiño que está inserto de manera vital en la trama que nos presentan: la aparición del teniente Tenton y muchos de los africanos y sus tribus que pueblan Ana de la jungla, la obra de Pratt situada en África justo en el comienzo de la Primera Guerra Mundial y cuya conexión con Corto Maltés hasta la fecha era la de un personaje análogo a él navegando comercialmente por el río y que el propio Tenton aparecerá como militar de nuevo en la Segunda Guerra Mundial en Los escorpiones del desierto asegurando que la última vez que vio a Corto Maltés fue en la Guerra Civil Española. Hugo Pratt había dejado una puerta abierta e inexplicada a una amistad previa entre Corto Maltés y Tenton que no estaba ubicada ni comentada. Tal como dijeron en entrevista Díaz Canales y Pellejero en 2016, la intención de ellos al entrar en la cronología de Corto Maltés no es crear situaciones temporalmente imposibles, ya que Pratt cuidó mucho este aspecto, sino rellenar los huecos biográficos que aún no estaban cubiertos por historias y si era posible dar respuestas a algunas cuestiones, dejando algunos de los misterios de Corto sin resolver. Pues bien, parece que con Equatoria han querido dar respuesta a cómo se conocieron Corto Maltés y Tenton, con lo que el cómic tiene una parte central donde de repente se mezcla la esencia de las aventuras de Corto Maltés en África en Las etiópicas con la esencia de Ana de la jungla y sus tribus aún salvajes conscientes de lo que supone el hombre blanco en sus tierras. Un encuentro jugoso del que yo hubiera esperado un poquito más, pero no obstante interesante como para ser un punto a favor de este nuevo álbum. Quizá más destinado a los seguidores más conocedores del mundo Pratt, que para los lectores ávidos simplemente de aventuras.
Los personajes históricos aparecen de nuevo. Esta vez hay un predominio de personajes femeninos, como la periodista Ida Treat o la hija mestiza de Emín Pachá, Ferida Schnitzer, junto a varones como Tippo Tip, un político noble del Imperio Turco Otomano, un muy joven Winston Churchill, o el escritor Cavafis, entre otros. Todos ellos bajo el halo de un personaje femenino que, como se dice en la Introducción del álbum, es una alegoría de África, su sufrimiento y su libertad, Afra. Lo cierto es que Hugo Pratt tiene en toda su obra una gran cantidad de personajes femeninos con todo tipo de comportamientos. No se puede acusar a la obra de Pratt de machista, ni a Corto Maltés de restarles protagonismo, máxime cuando el personaje está rodeado de una gran cantidad de ellas que, además, marcan su vida y sus decisiones. Sin embargo, Díaz Canales y Pellejero han querido crear el álbum más feminista de todos los álbumes de Corto Maltés, lo que es desentonar un poco con el resto si tenemos en cuenta que el resto de álbumes, precisamente, jamás pecaron precisamente de quitarles protagonismo ni importancia. Quizá atiende más a los tiempos actuales que a la línea creativa, o quizá se quiere sintonizar con una nueva oleada de público femenino, o quizá se ha querido extender a la obra una cierta militancia de concienciación contra el machismo, que como hemos dicho jamás rampó en Corto Maltés. Ni idea. Hay pequeñas escenas un tanto imposibles con la trayectoria anterior del personaje, y bastante imposibles con lo que es el comienzo del siglo XX sociológicamente, pero son muy comunes de introducir en las obras actuales de este siglo XXI como algo verosímil, que no verdadero. En todo caso, no le queda mal, y en cierto modo ahonda en uno de los aspectos de la personalidad libertaria e igualitaria de Corto Maltés.
La historia también toca lo onírico que ya vimos en Mü, esta vez con la isla de Malta y algún otro momento. Esto es algo que se adelanta en la evolución psicológica de Corto, la cual también estaba muy calculada y estudiada por Pratt y que aquí ha sido ligeramente esquivada. Como sea, una de las cosas que más me agradaron de este álbum es la profusión de viñetas alargadas con vistas panorámicas de la acción inserta en un paisaje que, además, divide la escena como narrándonos visualmente el ambiente en el que se produce lo que se nos narra mediante los diálogos escritos. Me parece un acierto total, siempre y cuando sea algo que caracteriza al álbum, pues hasta Pratt practicaba en su estilo determinadas peculiaridades para álbumes concretos, como parte del mensaje total del lenguaje del cómic al servicio de cada historia concreta. Otro acierto es la aparición de piratas durante el viaje marítimo.
La historia se basa en torno a la leyenda medieval del preste Juan, el cual fundó un reino cristiano en algún lugar indeterminado entre África e India, aunque en los siglos XVI y XVII se especuló con que hubiera sido en América o incluso en Oceanía. En su reino había todo tipo de seres maravillosos, tales como unicornios y amazonas, pueblos vírgenes e inocentes salidos del Edén y un gran y maravilloso tesoro en el que había un espejo con el que se podía ver cualquier lugar del mundo. La búsqueda de ese reino perdido se realizó desde la Edad Media por muchos aventureros, especialmente en la Edad Moderna en América. En este caso es Corto Maltés el que sigue la pista del espejo del preste Juan a partir de un posible testimonio conservado en Venecia. Este testimonio debería llevarle a Malta, pero los acontecimientos hacen que su búsqueda le lleve a África. Quizá esto hubiera podido explicar porqué estaba allí en las aventuras de Las etiópicas, las cuales empezaban con él viajando a lomos de camello o dromedario por el desierto del Sahara, pero lo cierto es que esta aventura se cierra con su intento fallido de regresar a Malta. Equatoria fue un territorio del Imperio Turco Otomano entre 1870 y 1922, ubicado en África y dependiente administrativamente de Egipto, que era un protectorado del Imperio Británico. En esta época de la aventura que se nos narra está en marcha la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Ahí se mueve la historia, dentro del África negra y un lago Victoria que nos recordará lejanamente a La Reina de África (John Huston, 1951), pero sobre todo al viaje de Livingstone, gracias a Ferida Schnitzer, ya que ella buscó a su padre por África, uno de los últimos gobernadores turcos de Equatoria.
Es una buena novela gráfica, aunque quizá hay demasiada prisa para mover a los personajes de un lado a otro, lo que nos deja lagunas grandes. Todo es demasiado rápido en ese sentido. Se agradece cuando se detienen en detallar un acontecimiento varias páginas. Ahí es donde está la esencia de Corto, en ese recreamiento.
Disfrutadla si la leéis. Yo ya la tengo completando la historia de Corto en mi estantería. Saludos y que la cerveza os acompañe.
lunes, diciembre 11, 2017
NOTICIA 1755ª DESDE EL BAR: EL ÚLTIMO JEDI
Este próximo jueves 14 de diciembre estrenarán en el cine Star Wars, el último jedi. Con lo que a mí me gusta esta saga, como ya os conté cuando estrenaron la anterior de esta última trilogía (Noticia 1547ª), no puedo estar menos que impaciente por verla. Aunque si os digo la verdad, Rogue One, el spin off del año pasado, me parece de lo mejorcito de toda la saga respecto a lo que las películas modernas concierne. Todo sea ver qué pasará en la octava entrega, que nos dejará a un capítulo del final de todo esto, aunque aún quede un par más de spin off y otra trilogía que estará ambientada en ese mundillo que han creado, y es que Walt Disney quizá quiere estirar demasiado la producción de su gallina de los huevos de oro, como la de aquella película infantil que rodaron en los años 1960. Como sea, soy seguidor desde niño, me apasiona, y no hace mucho os la analicé incluso desde un punto de vista donde el argumento se entiende a través de una lógica de guerra con gran importancia de los archivos, los archiveros y los documentos (Noticia 1730ª).
Mark Hamill vuelve a ser Luke Skywalker y no quiero hablar ni pensar en algunos de esos comentarios que se han filtrado por las redes sociales con hipótesis del argumento y hasta del final de la película. Quiero que todo me sea una sorpresa.
Entre tanto he podido disfrutar en la Sala de Exposiciones del Antiguo Hospital de Santa María la Rica, de Alcalá de Henares, una exposición totalmente gratuitas con piezas del mundo Star Wars coleccionadas por el mayor coleccionista de estos objetos en España. Tal exposición estará disponible de ver hasta el día de Reyes, creo, el 5 de enero de 2018. Allí se pueden ver trajes, muñecos a diversas escalas, muñecos antiguos de 1977 y los años 1980 comparados con los actuales de los años 1990 a los años 2010, naves espaciales, escenarios, armas, espadas láser, eletrodomésticos, zapatillas, juegos, cuadros y un largo etcétera de objetos donde, aparte de apasionarte con este mundillo de la ciencia ficción, se puede comprender también lo que es la evolución de la industria de juguetes y la cultura de masas y el entretenimiento entre el último cuarto del siglo XX y el primero del siglo XXI. Con ojos de niño yo volví a ilusiones de otras épocas al ver, incluso, los muñecos en su embalaje original de 1984, me trajeron recuerdos de Navidades pasadas. Con ojos actuales, me ilusioné como un niño igualmente, me estimulé y también tuve espacio para hacer esa comparativa más allá del mundo Star Wars que nos habla de los diferentes modos y las evoluciones industriales del entretenimiento infantil al objeto de culto actual sin dejar de lado a ese mundo de la infancia. Y en ese recorrido se pueden analizar incluso los materiales de fabricación, la clase de objetos, las formas, las articulaciones, la precisión... e incluso compararlos con juguetes de las primeras décadas del siglo XX que se exponen en otra sala aparte, objeto de otra exposición temporal que se exhibe estos días en el mismo espacio cultural.
Star Wars quizá sea la epopeya más épica y duradera que deje la segunda mitad del siglo XX, o quizá el mismo siglo XX en sí, de entre sus ficciones. La verdad es que contiene una serie de aciertos que para los que los conocimos justo al principio, cuando sólo existían los capítulos IV, V y VI, nos parecían mucho más aciertos por su imprecisión, por su falta de respuesta, por sus misterios y sus extraños giros. Luego, en los años 1990 y primeros 2000, los capítulos I, II y III quisieron aportar una gran cantidad de respuestas y explicaciones que nadie les pidió, y en buena parte perdió la gracia, perdió algo del encanto en favor de una suerte de espectáculo que entre los años 1970 y 1980 no se ofrecía de esa forma tan descarada en busca del público fácil. Giros atrevidos como los de El Imperio contraataca hubieran sido imposibles en aquellas nuevas entregas. Ahora los capítulos VII y VIII, presumiblemente también el futuro IX, nos renuevan junto a los spin off la efervescencia de las películas originales, haciendo que las películas se hagan adultas junto a sus seguidores más fieles que aquí seguimos. Curioso que se deban hacer adultas tras haber unido su suerte a una productora de metrajes infantiles y juveniles, pero es que Walt Disney no sólo se haa hecho con Lucas Film, en general se están haciendo con todo el mercado Hollywoodiense, su hambre no deja títere con cabeza, recordemos Pixar, Marvel Movies y sus actuales tentativas de intentar hacerse con la mayor parte de las acciones de Twentieth Century Fox. Da igual, ver batallas galácticas como las de Rogue One, incluyendo su sentido de tragedia griega, o ver como un soldado imperial también sangra como se sangra en toda guerra, tal como vimos en el capítulo VII, humaniza esto a ritmos adultos y de espectáculo circense, como los saltos de Han Solo y Chewacca, a sus edades, por el Halcón Milenario.
Hay un amigo que me ha dicho que él ha montado exposiciones de Star Wars en otras ciudades (trabaja montando exposiciones en museos) mucho más espectaculares. No lo niego. Tal vez. Pero, ¿qué queréis que os diga? A mí pasear por esa entrada escoltado por personajes de la saga me hizo vibrar el corazón. Recuperar mi infancia viendo el paisaje del campamento ewok en muñecos me recordó cuando este estuvo montado en la juguetería de la ferretería desaparecida de la Calle Mayor. Hay algo ahí de mí, hay una fuerza de juventud. Yo la vería y llevaría a verla a mis hijos, que no tengo, o a mis sobrinos, que no tengo. Así que sólo me queda deciros una cosa: carpe diem, aprovechad el momento. Y quien quiera entenderlo, que entienda, porque lo cierto es que el lado oscuro siempre está ahí, y tal como dijeron en el capítulo VII como preludio a lo que será el VIII que veremos a partir del próximo jueves: todos los seres guardan un lado oscuro en sí, hasta Luke. Alimentad el lado brillante de la fuerza.
Saludos y que la cerveza os acompañe.
domingo, diciembre 03, 2017
NOTICIA 1754ª DESDE EL BAR: EN LA MADURACIÓN DEL CAOS
El pasado jueves tuve el gustazo y el placer de recibir de manos del autor el primer libro de Samuel Santos, En la maduración del caos. Uno de los poetas más jóvenes de Alcalá de Henares que contiene en sí una pasión y un amor por la poesía inusual para una persona de su edad. Un amor auténtico por la poesía que hace de sus poemas toda una promesa de futuro, siendo ya en sí una promesa en el presente. Samuel, a quien tuve la suerte de conocer el año pasado en los recitales de El Laboratorio, no ha parado de componer y de recitar, llevando su voz más allá de Alcalá de Henares. Ha participado de multitud de recitales en Madrid capital, donde además pertenece a un colectivo cultural que algo mueve desde la cultura popular a ser escuchados en cualquier ámbito. Samuel, comprometido además con determinadas luchas sociales como son la defensa de los derechos de los animales o el fin de la violencia de género, presentó este libro por primera vez en Madrid dentro de unas jornadas informativas de un movimiento animalista. Van dos presentaciones en la capital y pronto, voz promesa de él, lo presentará en su propia Alcalá de Henares. Quiere que le acompañe en el acto, y trataré de que pueda ser posible por el mucho afecto que le tengo y porque su poesía y su forma de vivirla me llenan de admiración. No obstante, en este libro, su primer libro, Samuel me pidió que le escribiera una introducción, no pude menos que decir un sí, un sí incondicional. También su portada es una colaboración de Andrea Angelina, que se la dibujó expresamente para él
Hay, en principio, cien ejemplares impresos, de los cuales ya se han repartido algunos y otros tantos comienzan a venderse. Ojalá haya reediciones y más libros de Samuel, buena señal del buen rumbo. Publicar un libro en nuestros días, en esta España nuestra, es algo complicado. No me refiero a que lo sea en cuanto a la facilidad o no de que alguna editorial se interese por algo de tu obra. Hoy día hay numerosas editoriales pequeñas que con poco es fácil y accesible publicar con ellos, ya que están interesadas más que en la obra en la cantidad de personas que puede mover un autor o autora desconocido. Cuantas más personas, más ventas, y estas editoriales no aspiran a ser grandes editoriales, sino a ir viviendo, que no es poco y no lo veo mal, pero sí me pone en guardia cuando el ojo se pone en la cantidad de personas que mueve el autor y no en la calidad de su obra, ya que en ese presupuesto se van las promociones y desaparecen, lo que me parece un error garrafal y una falta de respeto al libro y al autor. Publicar con una gran editorial sí es más complicado. Quieren nombres conocidos o premios asegurados, como ya analicé y os expliqué en la Noticia 1699ª. Es el problema, en ambos casos, de cuando los editores tienen más amor al negocio que al libro, perdiendo un necesario equilibrio entre ambas cosas. Pocas son las editoriales que mantienen ese equilibrio y aman al libro y cuidan al autor, apostando realmente por ellos con todas las implicaciones, me atrevería a meter la mano en el fuego por Domiduca, Voläpuk y el Garage, por poner un ejemplo.
Publicar libros hoy día es complicado, más si los libros son de poesía. España es uno de los países que más libros edita al año, pero también es uno de los países occidentales donde sus ciudadanos optan por no leer. Curioso, pero cierto. Publicar un libro de poesía es un acto de locura maravillosa, pero en el mundo donde se vive de comer y no sólo de las palabras, publicar un libro de poesía supone alcanzar una cima montañosa que era y es casi impenetrable, inescalabre, y lograda la meta, la tirada es corta, si hay reedición es extraño pero maravilloso. Lo malo de esto es que la ausencia de un público mayoritario de lectores-compradores de libros de poesía, hace que los editores de poesía apuesten sólo a caballo ganador de entre los autores que saben que no van a vender mucho o tanto como los prosistas, o sea: apuestan por los poetas que creen que tendrán gran tirada de ventas dentro de las pocas ventas. Eso reduce mucho las opciones y el mercado. Si le unimos a que el autor gana de cada venta entre un 8% y un 10% del precio del libro una vez restado el impuesto del IVA (4% del total), y que además hay algunos editores que les da por mutilar las obras de los autores convencidos de llevar más razón que el autor sobre la propia obra que escribió el autor, pues resulta que hay numerosas personas que escriben poesía que optan por la autoedición, financiarse a sí mismo. Yo mismo no descarto esta opción algún día para alguno de mis libros de poesía, que es de lo que más producción tengo y de donde más negativas he recibido en las editoriales, a pesar de que mis recitales se llenan de gente. Para mí, en este sentido, me parecen ejemplares los casos alcalaínos de Enrique Sabaté en alguna de sus publicaciones, otras se las editaron por editorial, y Antonio eMe. Para mí, en este aspecto, son una referencia. No sólo por el aspecto económico, a fin de cuentas los que escribimos también tenemos facturas, sino porque es un acto de generosidad para con el público lector poder compartir tu obra y tal como tú la concibes en libro. Sin interferencia ni mutilación. Además, hoy día, gracias a las nuevas tecnologías, se pueden abaratar costes, por tanto precio de venta, y se puede colocar el libro en cualquier lugar del mundo gracias a su venta directa por Internet. Obviamente, en estos casos, son las librerías más cercanas al autor las que lo tienen más fácil para vender la obra, pero eso, que alguno pensara que limita, en realidad ya ocurre de hecho con los libros de las editoriales pequeñas, en ese aspecto no cambia mucho el panorama.
Samuel Santos ha autopublicado su libro gracias a una campaña de microfinancación precisamente gracias a las nuevas tecnologías, en la que yo mismo participé dando dinero. Me pareció que merecía la pena ayudarle. No me equivoqué.
La cuestión es que el pasado mes de agosto el suplemento Babelia, de El País, publicó un artículo llamado El mejor país para ser escritor, en el cual se hablaba de los problemas de ser escritor en España hablando precisamente de Noruega, que es el país en el que un escritor puede vivir de ser escritor. Envidia dan. Empezamos por el mero hecho de que su población tienen a la cultura muy altamente valorada, y a través de ello, tienen respeto y reconocimiento por las personas que son creadoras y creativas. Respeto social y respeto económico. Por lo que se lee, hasta admiración auténtica. Al creador por ser creador, no por si da o no da dinero. Noruega sabe que su riqueza cultural es una de sus mayores riquezas y que cuidarla promueve una sociedad que produce una forma de vida que se traduce en riqueza económica y humana. En Noruega existe becas-sueldos de 25.000 € anuales para las personas que se dedican a escribir libros. Fomentan pues que las personas con capacidades creativas literarias puedan ejercer y vivir de ello. La cosa mejora a través de la Norwegian Literature Abroad (Norla) que aumenta las ayudas económicas si un libro de autor noruego se traduce a otros idiomas y ayuda así a exportar cultura noruega y promover la economía del país ya sea con los libros, con los productos derivados de este y, también, con los viajes de aquellos que van a Noruega atraídos precisamente con esa cultura que genera. Además, algo que no ocurre en España, cuando un noruego publica un libro, el Estado compra ejemplares para que estén disponibles sus ejemplares en sus bibliotecas públicas que (oh, sorpresa para España) se usan de manera frecuente y habitual por todos sus ciudadanos. Cuando los libros se prestan en las bibliotecas, su Ministerio de Hacienda es meticulosamente escrupuloso para que le den a los autores el porcentaje que les corresponde por préstamo en derechos de autor. En España este concepto teóricamente también existe, pero no se cumple. No hay inspecciones ni inspectores que acudan a las bibliotecas españolas para registrar los libros prestados y su número de préstamos, por lo que los autores jamás ven pagados sus derechos de autor por parte de la administración. No hay tampoco en España una política de compra de libros de autores españoles para sus bibliotecas, aunque la Biblioteca Nacional y las regionales guardan un ejemplar de conservación. En Alcalá de Henares en concreto, que siempre airea que quiere ser conocida por la Cultura, no hay ni censo, ni compra de autores alcalaínos, ni pasados ni actuales. Está el más conocido, Cervantes, sempiterno Cervantes, pero no hay ni interés ni intención de cuidar para nada a ninguno de sus demás autores, mucho menos a los actuales, y no somos pocos los que publicamos libros y vivimos en esta ciudad. Los míos se pueden encontrar porque yo mismo los doné (aún me queda donar el más reciente), pero lo cierto es que, según me dijo una de las personas que trabajan en bibliotecas municipales alcalaínas a modo confidencia, en Alcalá no sólo no existe esa política y ese cuidado cultural a sus autores, además es posible que jamás lleguen sus libros al menos que el autor los done, porque cuando se realizan peticiones para obtener nuevos libros no es la primera vez que el ayuntamiento no atiende la compra de libros de editoriales pequeñas, que es donde publicamos casi todos los autores alcalaínos, mucho menos atiende a las autoediciones, sólo compra a editoriales grandes, por lo que siempre se obtiene los libros de los autores ya consagrados que no tienen por que ver nada con Alcalá, aunque sea necesario e importante tenerles disponibles también. Así, difícilmente se puede hablar de una política cultural comprometida realmente con la ciudad. Pero claro, cuando se habla de Cultura en Alcalá hace años que creo que se confunde con Turismo, y eso es otra cosa.
Noruega, Suecia y Dinamarca, además, reconocen los derechos de cotización y de pensión de sus autores, que están en entredicho en España. Y en fin, hay en general más facilidades en esos países, creando así una auténtica política responsable y comprometida con la Cultura, mientras en España la Cultura se da porque aún hay quienes estamos interesados en crear aunque a menudo nos suponga perder dinero o tener que buscarse la vida por otros cauces paralelos que roban tiempo a la creatividad y a la producción creativa. Paralelamente se crea una red de creadores que además optan por crear en Internet, y lo hacen tan precariamente y a menudo de manera gratuita, como por ejemplo yo en esta misma bitácora, que como dijo Remedios Zafra, escritora, se está fomentando el nacimiento del proletariado de la Red, el proletariado de Internet que escribe gratis o por muy poco, simplemente por estar convencidos de que contribuyen en algo a la sociedad haciéndolo así. Y en ese sentido entra de lleno Samuel Santos y su generosidad y valentía para autopublicar su primer libro de poesía, una poesía que hemos escuchado en recitales pero que hemos conocido primero a través de publicaciones que hace él en sus redes sociales de Internet. Es el sino de los tiempos. Lo que ayuda a difundir, ayuda también en otros sentidos a lo negativo y a lo positivo. El tema es complejo, no me adentraré en él para no despistar el tema central de hoy.
Samuel Santos es humilde, no es arrogante, hace lo que tiene que hacer con silencio, sin autobombo, y lo hace con amor y precisión, alza la voz sólo para alzar la poesía.
En la maduración del caos hay un comienzo de algo que necesita organizarse desde su caos inicial. ya leí una parte del libro que me dejó Samuel para poder escribir la introducción. Me siento afortunado de haber tenido esa primicia que guardé en silencio a la espera de la salida del libro. Ahora me leeré el libro completo con la reflexión debida, saboreándolo. Será un placer, como todo acto de leer a Samuel. Una voz joven, una voz prometedora. Y para mí, un ejemplo más a seguir en cuanto a la idea del poeta que toma las riendas de su propia obra y su edición. De otro modo, no podría llegar al lector. Este compañero ha sacado adelante con humildad este libro de poemas
que son una buena promesa de la salud de la poesía alcalaína.
Saludos y que la cerveza os acompañe.
sábado, noviembre 25, 2017
NOTICIA 1753ª DESDE EL BAR: MUY PRONTO SERÁ MUY TARDE
"Muy pronto será demasiado tarde", esa es la frase que han suscrito hasta catorce mil científicos de diversas áreas el pasado 8 de noviembre en un artículo común que han publicado en la revista Science. Todos ellos han comprobado durante años como han empeorado los indicadores de los efectos del cambio climático por culpa de la acción del ser humano. Ya hubo un primer toque de atención por parte de miles de científicos hace unos diez años atrás. Por entonces se tomaron una serie de medidas internacionales en París que estaban llamadas al fracaso por falta de aplicación y de auténtica voluntad por parte de gobiernos y empresarios. El Acuerdo de París se realizó en 2015, pero USA y China se desvincularon. El pasado 14 de junio, en la Noticia 1711ª, ya hablé de todo esto y de cómo contaminaba España, así de qué podíamos hacer para ayudar a frenar este problema como ciudadanos simples. Aún con todo, el 17 de julio, en la Noticia 1723ª, os escribía que España había alcanzado un récord histórico de altas temperaturas al tocar los 47'5º en Montoro (Córdoba), y os hacía un repaso jurídico histórico contra los que provocaban incendios forestales. Lamentablemente en este mes de noviembre toca escribir lo que es evidente a todos: el otoño, ya cerca del invierno, tiene temperaturas similares a la primavera, No hay lluvias, siendo uno de los años más secos en décadas, y se han disparado los índices de contaminación y enfermedades derivadas en toda España, especialmente en las grandes urbes.
Lo insólito del "Muy pronto será demasiado tarde" de los catorce mil científicos es que es la primera vez que hay tantos científicos de todas las partes del mundo y de todas las áreas de acuerdo en lanzar ese mensaje. En su artículo coinciden en que las medidas que propusieron hace diez años no se han puesto en marcha, no se han tomado en serio o se han hecho cosas insignificantes. Este 2017 es el segundo año consecutivo que se han rebasado las tasas de emisiones topes recomendables de CO2 a la atmósfera para todo un año, por lo que estamos emitiendo dióxido de carbono por encima de su plausible asimilación y eliminación por el planeta. Señalan en especial a la industria china en la mayor parte de las toneladas emitidas a todo el planeta, pero también a las grandes naciones de la cultura occidental. Recomiendan remodelar cuanto antes las fuentes de energía por fuentes de energía renovables y ecológicas, remodelar la industria, cambiar los hábitos de consumo. Es la primera vez que son tan drásticos: "Muy pronto será demasiado tarde". Estamos alcanzando a pasos agigantados, dicen ellos literalmente, el punto de no retorno. Se podría adelantar varias décadas en llegar a él como nada cambie. Debe dejar de primar los intereses económicos.
Queda en la memoria el desprendimiento este mismo año de un enorme fragmento de la Antártida, tan o más grande que algunas naciones del mundo.
En España vivimos estos días esas extrañas temperaturas y esa falta de agua. Los ríos, pantanos y embalses se vacían. El de Beleña, que alimenta de agua a la ciudad de Alcalá de Henares y buena parte de los municipios de Guadalajara, está a punto de llegar a su final de reservas. Según publica Puerta de Madrid esta semana, el agua que queda allí está cerca de llegar al nivel de lodos inapropiados para su uso y para la pervivencia del pantano mismo. Sin embargo, no se han visto bandos ni campañas municipales instando al ahorro del agua. Esta situación es generalizada por toda España, y de fondo aquel proyecto en uno de los municipios de la zona, Alovera, para crear la mayor playa artificial de Europa, con todos los miles de litros de agua que necesitaría a mayor gloria del dinero de los empresarios y la sonrisa de los políticos.
Madrid y Guadalajara han sido incluidas esta semana en las ciudades en alertas por acumulación de su polución, alertas por los problemas en la salud que provocan. Las hospitalizaciones por motivos relacionados se han disparado. En consecuencia están en estas todo el Corredor del Henares. La boina amarilla de la contaminación ya se extiende de la capital a Alcalá de Henares sin problemas. Yo mismo lo veo todos los días al ir y venir en tren al trabajo. Esa boina la componen millones de partículas en suspensión en el aire que son origen de problemas cancerígenos, pulmonares, oculares, de garganta, alérgicos, etcétera. Se trata de partículas de dióxido y monóxido de carbono, de plomo, de sulfatos, de azufre, amoniacos y de otras sustancias en tamaño de micra que se cuelan por la nariz, boca y otros orificios, dentro de nuestros cuerpos. Algunas se quedan acumuladas ahí dentro hasta el día que provoquen el mal que tengan que provocar.
El pasado 16 de noviembre compartí en mi Twitter una imagen de la mañana y otra de la tarde de la estación de tren de Vallecas. Escribí el hashtag #muyprontoseramuytarde, confundiendo la frase exacta en una de sus palabras, razón por la cual sólo aparece mi Twitt en ese hashtag, al menos de momento, pero el mensaje es el mismo. No se altera. Se puede ver en la foto de la tarde, que os comparto aquí también, ese color amarillo que no es del atardecer, pues el sol sale por la mañana por ese lado y por la tarde se oculta por el otro contrario, es el amarillo de la contaminación.
Francia está planteándose cambiar todo su parque automovilístico a automóviles eléctricos para el año 2030, pero más allá de que eso sea o no algo realizable, se deben tomar medidas cuanto antes, como dicen los científicos. Disminuir el consumo de todo en general, abrazar las energías renovables, facilitarlas y no entorpecerlas con impuestos como en España, renovar la industria y plantearse otro modelo, favorecer el transporte público o el uso de la bicicleta o el caminar, y en fin una gran cantidad de gestos incluso individuales que pueden ser muy favorecedores en común, como os decía en la Noticia 1711ª. Quepa decir también la necesidad de tener más zonas verdes, ir eliminando el uso del asfalto o el adoquinado donde no es estrictamente necesario, plantar más y más árboles, perseguir a quienes fomenten incendios, aumentar las zonas verdes protegidas y respetar las zonas vírgenes, y, ¿por qué no? usar menos aparatos eléctricos y menos la electricidad. ¿Qué sentido tiene que tiendas de barrios cerradas mantengan su luz encendida, o carteles luminosos o pantallas con anuncios? Las tarifas más baratas para los empresarios deberían empezar a sancionar económicamente a los que derrochan energía innecesariamente, regresar tal vez a otros modelos de tiendas anteriores que no necesitaban de tanto uso eléctrico para funcionar, y quien dice tiendas dice carteles en general, anuncios y otras cuestiones. Además, España ha sido señalada por la Unión Europea como el único país de la Unión que sanciona económicamente al ciudadano que menos electricidad consume. Las facturas de la electricidad de los que menos consume tienen un coste proporcional de un 12% más que la factura de aquellos que más electricidad usan. Debiera ser al revés. Se debe premiar al que más ahorra y sancionar al que menos en algo que, como se ve, sus efectos ecológicos nos alcanzan a todos.
"Muy pronto será demasiado tarde", recordadlo y sed consecuentes si queréis ayudar a evitarlo. Saludos y que la cerveza os acompañe.
lunes, noviembre 20, 2017
NOTICIA 1752ª DESDE EL BAR: ADIÓS, ALCINE 47
Alcine 47 ha cerrado sus puertas ayer, domingo 19. Por aquí se puede consultar su palmarés. Por las mismas razones que expuse en la Noticia 1749ª, no pude asistir de una manera normal en mi vida. Mi tío tiene sus horarios, por sus medicinas y por las costumbres adquiridas, y eso es lo que primé, y necesita atenciones, no siempre ocurre algo, pero a veces ocurren cosas. Bueno, como sea, me ciño a lo dicho en la Noticia 1749ª, citada, donde además ya analicé uno de los bloques de cortometrajes europeos, el único al que pude ir y juzgar este año. Con los largometrajes pasó, por lo ya dicho entonces, lo esperable, sólo pude ir a uno, al cual ya tenía pensado ir desde el comienzo del festival, como ya dije, ya que entraba dentro de lo esperable de poder confiar en dejar solo al tío un par de horas, como la película duró una hora, aún pude ir a ver las exposiciones gratuitas de la Universidad de Alcalá en Caracciolos que os comenté en la Noticia 1751ª. El largometraje, de Pantalla Abierta a los Nuevos Realizadores, era Converso (David Arratibel, 2017).
Converso es un documental que tiene la peculiaridad de estar dirigido por un director que a la vez aparecer en el metraje como documentalista y a la vez como persona implicada en la historia que se cuenta, que no es otra que la conversión a la fe católica de su familia, empezando por el cuñado y a través de él continuando por su hermana mayor, su madre y su hermana menor. No queda claro si él se convierte o no, a pesar de que el título es un adjetivo o un sustantivo en primera persona masculino del singular, y en ese género y número de manera clara sólo aparece una persona, el cuñado, pero por otro lado el documental es muy personal e íntimo de una familia y, hacia el final de la cinta: de las cuestiones interiores que le produce al director las conversiones de sus hermanas y madre. En cierto modo la familia exorciza sus traumas internos, deja entrever un gran conflicto familiar en torno al sentimiento religioso, ya que previamente todos parecen o bien ateos o bien agnósticos, hasta el punto que padre y madre habían sido del Partido Comunistas de España en la clandestinidad durante la dictadura de Franco. Recuerda, en ese sentido, la idea del documental de Jaime Chavarri El desencanto (1976), que buscaba esta misma confrontación y alivio entre los familiares de la familia Panero, cuyo padre, poeta falangista, tuvo un gran influjo en todos ellos. La cosa es que Converso es un documental con una iluminación excelente, natural, con fuertes contrastes de clarosocuros en algunas ocasiones que nos llevan a rincones íntimos, buscando ese aire espiritual que se buscaba en algunos cuadros barrocos, con un "pero": en el documental, pese a su seriedad, se desliza de vez en cuando alguna escena con toque de sarcasmo para aquel que quiera entender lo que ve y lo que oye. Personalmente yo llevaba un rato pensando que era extraño que una familia con un determinado rumbo ideológico cambiara a la conversión religiosa de una manera tan radical y tan extrema, pensaba que en realidad se podría estar tratando de un caso de un trauma familiar no resuelto que, ocasionalmente, habría podido afrontar sus males a través de una fe descubierta a causa del cuñado nuevo en el núcleo de esta gente. Efectivamente, hacia el final del metraje se nos hace saber la existencia de una separación y de una muerte del padre que traumatiza a los hijos y que hace vivir un ambiente de silencios. No se nos explica nada más y se vuelve a centrar en el tema de la fe como don de Dios, por lo que quizá el metraje pierde ahí una oportunidad de ahondar realmente en todo. No es mal documental, pero es un tema tan íntimo que no sé si todo el público podría entenderlo, al margen de las creencias o no creencias de cada espectador. Es fácil de ver y entender, pero es díficil para algunas personas tratar de comprender lo que narra. Supongo que esto le pasó. Pero si no ha ganado en Alcine, no descarto que en los Goya pudiera ser nominado a mejor documental, y tal vez ganar ahí.
No puedo comentar más películas de Alcine 47, lo siento y vuelvo a pedir perdón al lector este año. Había causas mayores en mi vida, como ya expliqué. Pude ver algunos de los carteles de la exposición Hijas de Alice Guy. Reimaginando una Historia del Cine, que en la Sala de Exposiciones del Antiguo Hospital de Santa María la Rica mostraba una colección de quince carteles apócrifos de algunas destacadas ilustradoras españolas con la temática de crear carteles de películas famosas de haber sido el personaje protagonista una mujer. Sin embargo, no pude ver esta exposición en persona, la he visto a través de una colección de postales que me trajeron y regalaron en mi casa. También pude estar en la fiesta de clausura de Alcine el viernes 17, en el Green Irish Pub, por invitación directa de noche, y disfrutar después del concierto de los Bluestropic y una gran cantidad de amistades y conocidos que llevaba mucho tiempo sin ver, algunos desde la muerte de mi madre, eso fue lo mejor, esos reencuentros. Fue una buena oportunidad y estoy agradecido a quien me dio la invitación, así como a quien de la organización le dio el visto bueno. A ritmo de la harmónica de David Escarpa y esa voz maravillosa de soul-blues-rock de Ana May, la cantante, estuvimos bastante bien en el calor de las amisades. El sábado 18, adentrada la noche, recibí el ofrecimiento de acudir al Maratón de Cine Fantástico y de Terror, gratuito, pero consumiendo al menos una bebida, yo bebí algunas cervezas, también en el Green Irish Pub y conducido por Pedro Toro y Jalex Frutos. Recuperaban con ello esta muestra que ellos mismos organizaban junto a BJ diez años atrás, aunque ahora la recuperaban como parte del festival Alcine, y no fuera de sus fechas. Me gustó ver a la sala del Green reconvertida (a su modo) de nuevo en el cine que fue. Lo mejor para mi gusto fueron los cortometrajes de terror que se combinaban con humor negro, como por ejemplo R.I.P. (el mejor de la noche con creces, para mi gusto) o Dios aprieta pero no ahoga, aunque también hubo espacio para un cortometraje de un alcalaíno, Karim, llamado Run, runner, run, que se presentó por primera vez en Hollywood. Karim, a quien conozco a través de una fiesta en el Complutum y una amiga común, estaba en la sala, habló de su obra y se le notaba muy contento de presentarlo en su ciudad y dentro de Alcine. El plato fuerte, no obstante, fue La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), como homenaje a su director, que murió este mes de agosto pasado. Esta película de terror marcó un antes y un después en las películas de terror. De niño vi un fragmento muy pequeño y me horrorizó tanto que me daba pesadillas. Nunca la vi por ello. Así que la vi por primera vez en pantalla grande, en la oscuridad relativa de un cine-bar y en inglés subtitulado. Puede que sea porque en pleno 2017 hemos visto escenas mucho más espeluznantes desde lo rodado en 1974, o por lo que sea, que aunque la película me produjo en algún momento cierto rechazo, logré no salir de la sala. La película, lo reconozco, es buena, y reconozco cuestiones estéticas revolucionarias a la hora de narrar una historia en el cine de la época en la que fue rodada. Sigue dando una angustia y un mal ambiente, sigue en ello intacta, quizá porque aún hay crímenes espeluznantes y locos en la vida real que se asemejan a esta ficción, no obstante, al día siguiente de la proyección moría Charles Manson en la cárcel, anciano.
Y gracias a María Gómez, pude asistir al concierto sinfónico de clausura del domingo 19, con temas de películas, ofrecido por la Orquesta Ciudad de Alcalá, dirigida por Vicente Ariño, otro clásico al que no falto y que este año pude haber faltado. Me regaló la entrada. Este año el concierto fue extraordinariamente largo, pues normalmente dura sesenta minutos y en esta ocasión alcanzó una hora y media, más o menos. La culpa fue del segundo tema, una suite de la banda sonora de Lo que el viento se llevó, que abarcó un poco más de cuarenta minutos a cuarenta y cinco minutos, según miramos el reloj en su principio y en su final un amigo acompañante y yo mismo. El tema estaba excelentemente interpretado y evocaba todas y cada una de las partes del largometraje de 1939. El problema es que mucha de la gente presente no está acostumbrada a conciertos sinfónicos, por lo que los comentarios generales que escuché al final de la función remitían todos a que les había resultado excesiva esa duración del segundo tema, llegando a decir que podría haber sido el concierto entero o que se habían ido a Marte y vuelto de allí hasta dos veces, comentario que no es mío, era de otro espectador. A pesar de la duración de ese tema, la verdad es que estaba muy bien interpretado y que contenía toda la evocación emocional que contiene la película. No era un mal tema. Era un buen tema. Su leit motiv, además me hace comentar que el resto de canciones del concierto recurrieron mucho a repetir los suyos propios varias veces. Todas eran suites, me parece, y todas giraban en torno a películas bélicas: El valle salvaje, Lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, La lista de Schindler y Casablanca. Para mi gusto la mejor de las interpretaciones fue la de Lawrence de Arabia, llena de potencia y energía épica. Me hubiera gustado que hubiera sido reinterpretada en el bis, pero este año tampoco hubo bis, y este año no hubo unas palabras del director al público, aunque tuvo que salir hasta tres veces a escenario con los aplausos.
Yo diría que el concierto puso énfasis en lo evocador en el recurso a los leit motiv, pero también en la búsqueda de los matices exóticos en cada uno de los temas, unos matices que llenaban la música de unos "colores emocionales" idealizados de corte árabe, irlandés, ruso, francés y demás, según el tema. A pesar de que la temática iba sobre cine de guerra, centrándose en la Guerra de Secesión Norteamericana, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, creo que Ariño y sus músicos buscaron en realidad remover y evocar un cierto romanticismo melancólico con esos sonidos recurrentes como estribillos de aires de otros lugares lejanos a este. El concierto fue muy bien interpretado. A mí me gustó bastante, sólo había que imbuirse en él y abandonar el reloj, el problema fue para quien no fue capaz de abandonarse en el tiempo. Hay cosas que no necesitan premura.
Por lo demás, sé que en la gala de entrega de premios un cortometrajista catalán joven introdujo el tema político independentista en la ceremonia, a pesar de que en Alcine no es normal ni habitual el tema político en la entrega, aunque alguna vez se ha colado el tema social. El alcalde, Javier Rodríguez (PSOE), le contestó en su turno de subir al escenario desde un punto de vista contrario al independentismo pero, sin entrar en polémica, reconduciendo la gala a su talante cultural cinematográfico. Al no ser testigo directo de este suceso, no puedo comentar ni analizar este asunto. Lo sé por referencias de un par de amistades que estuvieron.
Sin más, saludos y que la cerveza os acompañe.
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