martes, octubre 27, 2026

NOTICIA 2493ª DESDE EL BAR: CARTELERÍA IMAGINERÍA

El cartel lo vi en el anochecer de ayer, 26 de octubre, regresando a mi casa. Me llamó la atención dónde lo habían colocado. Una puerta blindada de una casa abandonada del centro de la ciudad, con las pintadas incluidas. Una calle que da a la Plaza de los Santos Niños. Pero también me llamó la atención el diseño, que aunque parece actual es en realidad una referencia visual al estilo de los carteles de la década de 1930 española en torno al proceso de huelgas de aquella década, de la que la más importante fue la huelga de octubre 1934. Se esté o no de acuerdo con la huelga general del próximo 11 de noviembre, el cartel en sí que promueve Sindicato de Inquilinas me parece interesante en su diseño. Y la foto, con la puerta incluida, me pareció bien hacerla al modo Pablo Pérez-Mínguez. Es verdad que es posible que, a la hora de diseñarlo, la persona o las personas que han intervenido es probable que se haya visto influenciado por esos diseños que incluso se adentraron dentro de la cartelería de la guerra civil, si bien ahí cada partido y sindicato, incluidos los de la zona de Franco, tenían sus tendencias expresivas un poco más definidas, pues lo visual también lanza un mensaje implícito. Y es ahí donde quizá el encargo de realizar un cartel para la huelga general en pleno 2026 derrape un poco. Porque si bien la causa de la necesidad de alquileres más baratos para lograr acceder a una vivienda o mantener una vida es algo que atrae en general a la sociedad española, atrae aún más la idea de que los sueldos no se transformen en un instrumento de poder ir sobreviviendo, sino de vivir, por lo que el coste de la vida no debería ocupar la casi totalidad de esos sueldos, también es cierto que todos los sondeos apuntaron que esas simpatías vienen de parte de todas las franjas ideológicas, aunque haya un porcentaje minoritario que discrepa (no se nos ha explicado sus razones). Diseñar una llamada a la huelga general con un mensaje visual muy concreto, y la sutileza de los carteles de la década de 1930 para quien la capte, no creo que sea la mejor estrategia no ya para sumar, sino para mantener unidad en la reivindicación.

Muchos cartelistas de cine de aquellos años de 1930 trabajaron para partidos y sindicatos con la democracia que instauró la Segunda República. Por entonces el cartelismo aún no se consideraba una clase de arte, ni se entendía de otro modo que no fuera una profesión artesanal más, necesaria para anunciar todo tipo de cosas. Fue con el paso del tiempo y especialmente con la década de 1960-1970 que el cartelismo comenzó a ser valorado como arte y como reflejo social, así como testimonio histórico. Aunque esa valoración se generalizó en España más tarde, sobre las décadas de 1980-1990, especialmente gracias a la labor de centros culturales como el Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid.

Joan Brossa (1919-1938) fue uno de aquellos cartelistas, aunque él no los trabajó en los años de la República. Pensemos que combatió por la misma con 18 años en 1938. Él, aparte de poeta experimental y amigo de vanguardistas muy reconocibles, como Joan Miró, comenzó su trayectoria más profesional sobre la década de 1940-1950. Realizó diversas obras surrealistas y es conocido en exposiciones y en poesía dentro de ese surrealismo, del futurismo, del dadaísmo... Pero también hizo carteles y se ganó la vida haciendo carteles publicitarios, pero les fue inundando de vanguardia según pasaron los años. Fue precisamente en los años de la Transición política, de 1976 a 1982, más o menos, que realizó varios de sus carteles más conocidos para los diferentes procesos electorales de la época, pero también para diversos eventos culturales, especialmente del ámbito catalán. Y si me he puesto a hablar de Joan Brossa en estos momentos es para invitar a buscar algunos de sus carteles, pues se verá que el no tendió a reiterar viejas referencias visuales de la década de 1930, sino que se imbuyó de una renovación visual de los mensajes. Algo que fuese novedoso y moderno para aquellos nuevos años de 1970-1980, y que estimulara a moverse a favor del mensaje. Puede que algunos de sus carteles más surrealistas serían de difícil comprensión para convocar una huelga general, pero hay otros donde se entiende claramente lo podría ser. 

Yo cito a Joan Brossa, pero se podría citar a cualquier otro, como si la referencia la cogemos directamente de los cartelistas de cine tipo los que hacía Mac o los que hacía Jano... mucho más desenfadados, pero claros en sus ideas. O si nos vamos directamente a esa riqueza visual tan divertida que era la fotografía del citado Pérez-Mínguez... del que la gente se sorprendería toda la cultura popular que tiene en la cabeza visualmente gracias a él (discos de Sabina, iconografía de Locomía, localizaciones de Almodóvar, trajes de los chicos pequeños de Verano Azul, etcétera). 

En todo caso, la huelga general se hace necesaria, y no sólo por el precio de los alquileres. En realidad se hace necesaria porque los sueldos, pese hay que reconocer que han subido como nunca antes, no dan lo suficiente para vivir, porque el coste de la vida se ha disparado a lo burro, así de llanamente dicho, y uno sospecha que no sólo ha tenido la culpa una crisis internacional tras otra desde 2020. Según las estadísticas la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado a pasos agigantados, y eso va más allá de los asuntos de las crisis. Las diferencias de ingresos se han agrandado entre trabajadores y grandes empresarios. Y luego están todas aquellas personas que, también alguna vez salió en algún telediario, razonaban que si a X le daban tal subida, ellos subían tal otra cosa para cobrarla. Y así... pues nos vamos creando un problema cada vez mayor. Y esto, de seguir así las mentalidades, es un problema que va a tener cualquier gobernante que le vaya a tocar gobernar. El asunto es qué recetas aportarán como solución posible, porque la de los recortes ofrecida por PP en 2012-2018 fueron brutales recortes sociales. 

Como fuere: el cartel lo vi en el anochecer de ayer, 26 de octubre, regresando a mi casa. Me llamó la atención dónde lo habían colocado. Una puerta blindada de una casa abandonada del centro de la ciudad, con las pintadas incluidas...

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