martes, diciembre 27, 2016

NOTICIA 1669ª DESDE EL BAR: LAS IMÁGENES DESTACADAS DE 2016

"No puedo creer que esté protestando por esta mierda en 2016", decía la pancarta que sostenía una joven de raza negra en Baton Rouge, la capital del Estado de Louisiana, en Estados Unidos de América, el pasado mes de julio. Desconozco quién hizo la fotografía, pero la instantánea no puede ser más clara. Quizá no sea la fotografía que más ha llamado la atención a los medios de comunicación en general para crear los resúmens fotográficos de este año 2016, pero sí ha llamado mi atención como significativa. Hace ya unos años que trato de compartir con vosotros la imagen que destaco del año al final de cada año, poniendo una de todos los años al final de década si el año es final de década, como lo fue en 2009. Este año 2016 no me he decidido por una fotografía, sino por cuatro. 

Para empezar he elegido tres que creo que se completan entre sí. Este año 2016 creo que una de las cuestiones más significativas ha sido la relevancia de nuevo en la política y la sociedad del auge del racismo. Por supuesto este auge no es exclusivo de Estados Unidos de América, como podría hacernos pensar la fotografía de julio en Baton Rouge. Así por ejemplo, el 6 de mayo de 2016 la ciudadana de raza negra y activista por la igualdad, Tess Asplund, se colocó frente a una manifestación de ultraderecha neonazi en Borlänge, Suecia, sin reparar en lo que pudiera ocurrirla, o quizá muy consciente de lo que pudiera ocurrirle. Con el puño cerrado en alto, símbolo de la izquierda política, pues sólo en Estados Unidos se podría unir este gesto con el movimiento Black Panther (que tambíen era de izquierdas), se puso delante mientras le pasaban por los lados. No le ocurrió nada, quizá gracias a la policía presente y a los medios de comunicación. La instantánea fue captada por David Lagerlöf y rápidamente se transformó en un símbolo de una triple lucha. La principal: la lucha contra el racismo. La secundaria: la lucha de las libertades y las igualdades democráticas y de izquierdas frente a las intolerancias de la ultraderecha que vuelve a tomar fuerza también dentro de la Unión Europea. La terciaria: de algún modo también fue un símbolo de la lucha de la mujer por sus derechos, al haber sido esta ciudadana mujer y no hombre hubo quien remarcó este hecho como hecho de mayor lucha, aunque probablemente en la cabeza de Tess en esos momentos la única lucha que cabía probablemente era la de la igualdad racial y, a juzgar por el puño cerrado, la lucha contra la ultraderecha. 

En el mismo mes de julio de la foto de Baton Rouge, en Louisiana, en el mismo Estados Unidos de América, pero en Dallas, Texas, otra mujer se ponía enfrente de hombres blancos, en esta ocasión de un grupo de policías antidisturbios equipados con armaduras policiales y armas. Ella, con el aire haciendo flotar su vestido largo y sus gafas de estudiante universitaria, les espera tranquilamente de tal manera que la imagen captada parece indicar que su paz derrota como por magia épica la violencia de los guerreros que van a por ella. La foto fue difundida por la agencia Reuters, la hizo Jonathan Bachman, y para los estadounidenses esa imagen, sin gestos claramente de izquierdas, es la que representa la lucha por la igualdad de derechos en este 2016. En Estados Unidos este año hubo una cifra elevada de abusos policiales contra la población de raza negra, hispana e inmigrantes en general. En concreto el asesinato injustificado y la brutalidad policial contra hombres jóvenes de raza negra, pero también contra mujeres, provocó una infinidad de disturbios raciales. El fenómeno se dio especialmente en los Estados del Sur, una sociedad marcada por el racismo por la esclavitud hasta 1865 y por la creación de las políticas segregacionistas hasta la década de 1960. Sin embargo, en algunos Estados del Norte igualmente ocurrieron episodios de disturbios raciales. Las cifras dadas por las estadísticas estadounidenses hablan de que en este 2016 se han igualado o superado el número de incidentes raciales a los que hubo en los años de 1960, depende del año que sea una cifra igual o superior. Curiosamente, en las dos legislaturas del primer presidente de raza negra en Estados Unidos, Barack Obama (presidente de 2008 a 2016), el repunte de violencia policial contra los negros y los consecuentes disturbios, así como sentencias judiciales polémicas, es un hecho. Yo me pregunto si aparte de lo racial, dada la raza del presidente, pueda haber connotaciones políticas. No hubo año de gobierno de Obama en el no haya existido una gran matanza con armas de fuego, esto también son cifras aportadas por Estados Unidos. Pensemos que en las elecciones presidenciales de este año el Partido Repúblicano ha ganado al Partido Demócrata y que en consecuencia a finales de enero gobernará Donald Trump, un político que aboga por culpabilizar a los inmigrantes, especialmente hispanos, de los problemas, laborales, económicos y de seguridad de todo Estados Unidos. En su discurso hay grandes dosis de xenofobia y racismo, dosis que ya estaba en su trayectoria pasada en algunos de sus actos antes de meterse en política. El propio Ku Klux Klan, la organización secreta ultraviolenta y ultrarracista de ultraderecha que nació en los Estados del Sur tras la Guerra de Secesión defendiendo la supremacía de la raza blanca anglosajona, ha apoyado y aplaudido la campaña electoral y la victoria de Donald Trump. ¿Cómo afrontará Estados Unidos el próximo disturbio racial cuando gobierne Trump? Es algo que aún está por verse en hecho la respuesta, pero, volviendo a estadísticas estadounidenses, las agencias de seguridad ya hablan de un aumento de casos de racismo de baja y alta densidad en aquellos lugares donde la victoria de Trump es más que evidente. Los derechos sociales de igualdad defendidos por Martin Luther King y Malcom X y apoyado por John Fitzgerald Kennedy y Johnson en la década de 1960 no están en peligro, pero la normalización de un sentimiento de igualdad racial parece resquebrajarse ante el aumento de estos episodios. Sólo cabe desear que no se transforme en una brecha insondable de futuro incierto. Si Estados Unidos pareciera que tuviera un frente abierto de violencia interna por falta de unidad, este pudiera ser el asunto racial en pleno 2016. No están en juego los derechos políticos y legales adquiridos, si no la convivencia social.

Pero el auge del racismo no es exclusivo de Estados Unidos, como ya dije. En la propia Unión Europea el avance de partidos de ultraderecha en sus Estados, especialmente en los de Centroeuropa y del Norte de Europa, es un hecho evidente. Ya no es un caso de los parlamentos de Bulgaria, Grecia o Polonia, en Austria están casi igualados al partido ecologista ganador de las elecciones de este año, en Alemania ganan Landers (Estados), en Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca cada vez se muestran más, en Holanda están a punto de ganar sus próximas elecciones, como tal vez en Francia si no se reacciona, en Reino Unido el lenguaje y discurso xenófobo contra el resto de europeos y contra los emigrantes de Próximo Oriente es el que ha logrado precisamente la salida de este Estado de la Unión Europea en su referendum llamado popularmente "Brexit". Precisamente la llegada masiva de refugiados de la Guerra de Siria, un conflicto que también ha dado fotografías muy interesantes este año, es uno de los hechos que más ha alimentado el discurso más reaccionario y etnocéntrico de estos partidos políticos. Tienen ciudadanos que les escuchan, no obstante: ganan votos. La reacción de la sociedad europea no tiene respuesta en sus políticos, extremedamente preocupados en las políticas económicas desde una perspectiva capitalista muy desligada de las necesidades de los ciudadanos comunes. La propia sociedad europea en conjunto debería reaccionar comprendiendo la democracia como lo que realmente es, que no sólo es el derecho y ejercimiento del sufragio, sino también una serie de valores humanos, derechos y deberes que ya en la revolución americana y en la francesa del siglo XVIII quedaron fijados por escrito, reconociéndose por entonces que estos derechos humanos no eran vigentes entonces por ser escritos, sino que un derecho humano existe de manera intrínseca, siempre está vigente. También la Sociedad de Naciones de la primera mitad del siglo XX y la Organización de Naciones Unidas desde 1948 dicen exactamente lo mismo. La democracia no es sólo el sufragio, y sin respeto a determinados derechos humanos no hay  democracia aunque se vote. No todos los partidos que se presentan a las elecciones son demócratas. Si los políticos no reaccionan, han de ser los ciudadanos con su acción social reclamando democracia al reclamar los valores en los que esta se sustenta, como hizo en Suecia Tess Asplund frente a una manifestación neonazi.

Pero, como dije, no he podido evitar compartiros una cuarta fotografía este año, en lugar de una. En este caso la veo en cierto modo ligada a la temática de las tres anteriores. Fue realizada el 6 de agosto desde una favela de Río de Janeiro, Brasil. Fue el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos. Aquella noche el fotógrafo Tércio Teixeira captó esta imagen de unos niños de la favela contemplando a lo lejos las luces y los fuegos artificiales que salían del estadio olímpico, uno de ellos realizando una fotografía digital, para recordar en imagen aquel momento. Allí, donde las chabolas y la miseria combinaban con la excasa luz eléctrica de una farola improvisada, se observaba el esplendor de la riqueza de un festejo lejano para sus vidas, cercano en la distancia. bajo aquellas luces y fuegos artificiales estaban las elites deportivas de todo el planeta junto a una gran cantidad de dignatarios políticos y económicos de todo el mundo. Las favelas habían sufrido desde hacía dos o tres años diversas oleadas de acciones policiales de los cuerpos de elite que incluyeron carros de combate urbanos y armas de fuego pesado que acabaron en matanzas de traficantes de drogas y sicarios, pero también de gente inocente empobrecida. Era algo que ya había ocurrido en los años 1990 con la visita del Papa Juan Pablo II. Desde 2012 se habían producido en Brasil diversas protestas por el derroche económico en la celebración de los Juegos Olímpicos de 2016 mientras la pobreza y la falta de medios y recursos de la ciudadanía más empobrecida era un hecho y mientras la corrupción dejaba al gobierno al borde de su cese, como así ocurrió tras los Juegos Paralímpicos. Tales protestas habían sido contestadas con violencia policial, casi la misma empleada contra el narcotráfico en las favelas, pero esto no evitó que se siguiera protestando. En este caso existe en las favelas una mezcla de racismo combinado con la lealtad o no al Estado o a la favela, según el bando escogido, pero sobre todo un componente de extrema pobreza contra un mundo corrompido que celebra una de las celebraciones que requiere de grandes recursos económicos, los que Brasil no usaba en políticas sociales con sus ciudadanos más desfavorecidos. Paradójicamente, pero con cierta lógica consecuente, estos juegos olímpicos batieron el récord de venta de drogas y prostitución en la Villa Olímpica y sus alrededores. Esa imagen desde la favela mirando los fuegos artificiales descubre el mundo impostado en contraposición a la realidad social. Aunque exagerado para Europa, no para Brasil, pues la imagen es real, se puede descubrir una metáfora de hacia donde se ha avanzado en un mundo que desde la crisis iniciada de 2008 los ricos han ido aumentando sus beneficios y los trabajadores y pobres han aumentado sus miserias.

Las imágenes, como siempre, aumentan si se pulsa sobre ellas.