jueves, octubre 27, 2016

NOTICIA 1653ª DESDE EL BAR: LO QUE DIJO DONALD JOHANSON, SU MENSAJE ECOLOGISTA

En mangas de camisa blanca y una corbata rosada, un hombre de 73 años con un impecable y abundante cabello blanco que, como él definirá más tarde, se asemeja al pelo plateado de un gorila blanco, se abraza con otro hombre de 62 años que viste una chaqueta americana de color marrón claro, su pelo ondulado es grisaceo, pero tiende ya al blanco, es más alto y es delgado, cosa que el de 73 no es, pero cuya constitución parece más la de una persona fornida y cuidada, en forma, pese a presentar cierto sobrepeso. De hecho el hombre de 73 años se moverá por todo el escenario sobre el que se encuentran en ese momento a un lado, antes de que el mismo comience una conferencia que incluso le llevará a imitar la forma de caminar de un gorila y la de un australopithecus, y a darse un paseo por delante de la mesa donde acabará de compartir sus conocimientos con el público asistente, para dar unos saltos hasta en tres ocasiones mediante los cuáles se sentará encima de esa misma mesa con los pies colgando para poder hablar y contestar a las preguntas de ese público. No parece un científico convencional, pero lo es, y es, dentro del mundo de la antropología y la arqueología prehistórica una de las mayores eminencias vivas de la materia. Ha sido equiparado numerosas veces, también en esta bitácora, con el equivalente en el estudio de la Prehistoria con Einstein en la Física. El hombre de 73 años no es otro que el estadounidense Donald Johanson, descubridor de la especie humana del australopithecus, en concreto del afarensis, y el hombre de 62 es el español Juan Luis Arsuaga, director de las excavaciones en Atapuerca, uno de los máximos especialistas en la especie humana neanderthal y descubridor del Homo Antecessor. Su presencia es como espectador, y por lo visto como amigo de Johanson. Parte del público no esperaban su presencia ni tampoco el abrazo entre ellos. Se sentará en primera fila junto al alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez (PSOE), quien normalmente desde años antes de ocupar cargos ya era un habitual de conferencias de Historia. No estará presente, por contra, la concejala de Cultura, María Aranguren, pero sí otras personas relevantes, como Alfonso Dávila, quien hasta hace poco dirigiera en Archivo General de la Administración, otro habitual de conferencias en esta ciudad.

Era la primera vez que Donald Johanson visitaba España, según dijo, de una manera tan oficial. En realidad era su segunda vez en el país, pues en 2013 visitó Atapuerca con Arsuaga de guía. Esta primera/segunda vez fue ayer, día 26, un día antes había llegado por avión desde otro acto que tuvo en San Francisco (Estados Unidos de América), y el propio Arsuaga le había llevado a conocer el Museo del Prado y el Valle de los Neanderthales, en el Valle del Lozoya, en Pinilla del Valle. Su aparición en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, ubicado en Alcalá de Henares, donde parece ser que comieron antes de realizar este acto gratuito por la tarde, era su primera conferencia en España en toda su vida. Dijo sentirse muy contento con el trato recibido en España y con lo que había visto. Al día siguiente, hoy día 27, daría otra conferencia en Barcelona, luego se iría a otro país, dentro de una serie de actos que tenía programados por Europa. Confesó que se sentía tan a gusto en este país que deseaba volver cuanto antes, quizá el año que viene, 2017, ya que tiene previsto reiniciar sus campañas de excavación en Etiopía, paradas desde 2014, lo que podría ser un motivo para dar más conferencias y disfrutar de nuevo lo que aquí ha visto y vivido. 

Donald Johanson era un estudiante de la Universidad de Chicago cuando en 1970 se fue a África por primera vez de campaña arqueológica con su profesor, con 27 años. En aquella campaña no encontraron nada relevante. En 1971 fue a Francia para seguir con sus estudios de paleoantropología cuando en una fiesta conoció a un francés que se interesó por la campaña de 1970. Por entonces sólo se conocían seis especies humanas, a diferencia de las veinticinco que hoy día conocemos, y de las que se está por conocer, como diría al final de la conferencia, ante los nuevos hayazgos de los años recientes, inclusive el de este año del Homo Floresiensis, del que él cree que simplemente se trata de una particularidad de enanismmo evolutivo en un grupo humano que se quedó aislado del resto de humanos. El francés le animó y ayudó a crear sus propias campañas por África a partir de 1972, mientras ya se iba fogueando a la vez como profesor universitario. Pusieron su base de campaña arqueológica en un valle un poco más al norte del anterior valle, en el cual sabían que un determinado río tenía la particularidad que cuando tenía crecidas sacaba a la luz del día huesos sedimentarios y fosilizados de hacía miles de años, sólo había que encontrarlos y saberlos identificar. Para ello no necesitaban escavar, si no pasarse horas, a veces días, dando pequeños pasos por el terreno de un lecho fluvial observando el suelo hasta que encontraban alguna pieza fosilizada que pudiera ponerles en la pista de algo. A veces esas piezas eran de unos pocos centímetros, otras no. Eso les llevaba, cuando había algo, a cribar palmo a palmo toda la tierra a altas temperaturas de calor, con la esperanza de que no lloviera y se llevara todos los rastros y restos. Tal tarea se hacía con ayuda de ayudantes, alumnos y personal contratado entre los habitantes autóctonos de ese lugar, a 159 kilómetros de la capital, Adís Abeba. Entre los autóctonos había cuatro voluntarios del pueblo más cercano que decidieron vivir con ellos en el campamento armados con fusiles de asalto soviéticos de la clase Kalashnikov. Las gentes de aquel lugar se habían identificado e implicado mucho con aquella misión arqueológica y esos cuatro individuos, de los que recordó que sólo queda vivo uno hoy día, se ofrecieron como protectores ya que esa zona era muy peligrosa tanto por los animales salvajes como por otros grupos humanos, lo que menos les preocupaba era lo que preocupaba a los arqueólogos que vivían en Europa y América: el robo de piezas por parte de colegas de profesión. 

Encontraban restos abundantes de animales de varios miles y millones de años atrás, elefantes, gacelas, monos, jiráfas, etcétera. La comunidad internacional por entonces tenía como máximos conocedores de la arqueología prehistórica al matrimonio Leakey, que trabajaron en Olduvai y que en aquellos años estaban trabajando en Laetoli, en Tanzania. Nadie pensaba que la especie humana fuera más antigua de 2.500.000 millones de años a 1.750.000 millones de años, fechaciones en las que se movían los restos de los Homo Habilis que encontraron a principios de los años 1960 con instrumentos líticos asociados. Para la comunidad científica, al no hayarse ningún resto humano anterior a esas fechas, era imposible que donde trabajaba Johanson se encontrara algún humano, ya que los fósiles eran de 3.000.000 millones de años. Para la datación trabajaban numerosas personas especializadas en geología, polen fosilizado, carbono 14, fauna, etcétera. Johanson estaba convencido de que si había humanos tan antiguos debían encontrarse precisamente allí, ya que las características geológicas y morfológicas del lugar daban todos los elementos para encontrar una gran cantidad de restos, a pesar de que costaba encontrarlos. Además estudiaba a la fauna y todo lo que iba sabiendo de los chimpancés le convencía cada vez más sobre que estaban hermanados con los humanos, teniendo por referente a Darwin y sus teorías de El origen de las especies, escrito en el siglo XIX. La campaña de 1973 fue muy fructífera, pero fue en 1974 cuando él mismo se fijó en un pequeño fragmento de un par de centímetros el cual reconoció como parte de un hueso de codo humano. Llevaba muchos años viendo y comparando huesos animales y humanos y sabía de memoria las formas. Hechas las comprobaciones se vio que realmente era un hueso humano, y una vez datado se vio que tenía 3.800.000 millones de años, según dijo ayer el propio Johanson con su voz, a pesar de que Wikipedia, la llamada enciclopedia libre, dice hoy día que tiene entre 3.500.000 y 3.200.000 millones de años. 

Cuando descubrieron aquel hueso fue fundamental el entusiasmo del francés para buscar el resto del esqueleto. Se encontraron numerosas piezas (no todas, por ejemplo: prácticamente muy poco del cráneo y la cara) a lo largo de los años sucesivos y dispersados por un terreno en cuesta. En un principio no tenía nombre y la pregunta de cuál darle se formuló desde casi el principio. Uno de los estudiantes recordó que ya que era una hembra, entre ellos estaba su novia, llamada Pamela, pero esta opción fue descartada por todos de manera unánime y parece que festiva. Fue la propia Pamela la que recordó que en el momento del hayazgo sonaba en la radio la canción de The Beatles "Lucy in the sky with diamonds" (1967), por lo que podrían llamarla Lucy. Por supuesto esto no fue inmediatamente después del hayazgo de Johanson, sino en los días siguientes. El propio Johanson y el resto de las voces más autorizadas dijeron que eso no era científico, ellos prefirieron llamarla AL 288-1, como así se llama científicamente, pero el nombre de Lucy se transformó en una broma interna que cuajó de inmediato, nadie de la expedición la llamaba de otro modo. Tal broma trascendió a los medios de comunicación y se expandió de tal modo que hoy día tanto comunidad científica, como libros de Historia y la gente común conocen al primer especimen de australopitheco conocido como Lucy. No es el ejemplar más antiguo ni el único, hoy día se conservan encontrados unos quinientos, pero aquel fue el primero de todos. Johanson se hizo famoso sin darse cuenta y su equipo también. Eran las máximas eminencias. Habían revolucionado el mundo conocido del origen de la Humanidad. El australopitheco tenía mucho de simio, empezando por sus piernas cortas y sus brazos largos para moverse por los árboles, pero era indudablemente del género humano. En 1978, en otra excavación se encontraría los restos fosilizados en un suelo volcánico de una huellas de australopithecos que demostraban que andaban erguidos sobre sus dos piernas. Todo esto saldría publicado en conjunto en 1979 por primera vez, aunque tal libro no se publicó en España hasta los primeros años 1980, en torno a 1982-1984.

Así nos habló de los australopithecus a través de Lucy, quien es conocida en Etiopía por otro nombre que en castellano significa: La Más Bella. Allí Lucy es tan importante que cuenta con sellos, colegios, obras de arte y hasta un equipo de fútbol con su nombre. De todas aquellas épocas evocó además aquellos tiempos en los que las lámparas eran de queroseno, no había teléfonos móviles, ni ordenadores avanzados, de hecho se trabajaba con papel, y si se mandaba una carta, la contestación tardaba meses.

Johanson recordó el momento en el que vinieron a visitarle el matrimonio Leakey a su campamento. Ellos tenían unos huesos con fechación de 1.750.000 años de antigüedad que encontraron en 1959. Los habían descartado como restos humanos porque no encontraron herramientas asociadas, pero los quisieron comparar con los restos que tenía Johanson. Lo hicieron y descubrieron que se trataba de un australopitheco evolucionado del que tenía Johanson. El de Johanson recibió el nombre de afarensis, por estar en la región de Afar, y el de los Leakey el de australopitheco boisei, también por el lugar donde se hayó. A pesar de que la prensa en algún momento explotó una competición entre ellos, lo cierto es que ayer se desprendía de sus palabras una cierta y lógica colaboración mediante la cual avanzó el conocimiento, colaboración que animó a tener con los trabajos de Arsuaga, al que le auguraba un futuro aún más brillante del que ya tiene y con mayores respuestas para la Humanidad.

En los años sucesivos se han ido encontrando especímenes que han ido completando el puzzle del origen de nuestra especie, aunque él siempre ve que hasta el momento sólo el australopithecus está en la base de todas las demás, pero que por supuesto hay muchas lagunas y respuestas que obtener. Explicó la división de los homínidos entre los que derivaron en el género humano y el que derivó en el simio. Los australopitheco tenían algo de organización social. Se sabe que iban en grupo. No fabricaban herramientas, pero usaban a veces piedras. Sin embargo tenían aún mucho del comportamiento de simios, sospechándose además la imposibilidad de una comunicación hablada evolucionada. Por ello bromeó con que nosotros mismos, homo sapiens, tenemos muchos rasgos y comportamientos de simios, nuestros hermanos evolutivos, cosa que se podía comprobar todos los fines de semana en alguno de nuestros amigos que bebía un poco de más. Ante la risa de los asistentes completó la broma pidiéndonos que no nos preocupáramos, que ellos (los norteamericanos) tienen ahora mismo un especimen presentándose a la presidencia del gobierno (Donald Trump, por el Partido Republicano de Estados Unidos), la risa fue mayor y se acompañó de un aplauso; "no, en serio, es digno de estudio, es un caso particular, aunque todos tengamos algo en nuestra forma de comportarnos. No se preocupen", completó. 

Lo más agradable de la conferencia, que duró en torno a una hora y cuarenta minutos, con traductor simultáneo para quien quisiera, la cual se hizo corta y muy amena, fue el final que le dio. Habiendo conocido África y otras regiones del mundo desde los años 1970, dijo un mensaje ecologista. Teniendo en cuenta que el australopithecus fue una especie muy adaptable que vivió varios millones de años, a pesar de los cambios climáticos, de fauna y de flora, y que comieron insectos, otros pequeños animales y plantas, fue en el momento que se especializaron en exceso en su alimentación cuando chocaron con especies animales que ante el cambio climático compitieron por esas mismas fuentes de alimento. Eso les llevó a la extinción. Se habían expandido por bastantes regiones de África y están en el origen de la evolución humana, aunque, dice, Centroáfrica y Sudáfrica parecen tener evoluciones diferentes en todas las especies vivas habidas y actuales conocidas. Otras especies humanas nos lanzan pistas de haberles pasado lo mismo en momentos de cambio climático. Eso nos está dando señales de que el destrozo y el gasto que hacemos de nuestro planeta es una aniquilación de vida vegetal y animal que puede conllevar nuestra propia desaparición. Debemos cambiar nuestros modos de vida y consumo para evitar esta rapiña de la Naturaleza. A pesar de que se piensa viajar a otros planetas, dijo, eso es lejano y hoy por hoy imposible. Además, de lograrse, la vida existe con seguridad en nuestro planeta, no en Marte, y es de gran riqueza. Estamos acabando con esa riqueza y eso hay que frenarlo. Debemos salvar nuestros planeta y su biodiversidad. No nos damos cuenta de lo afortunados que somos. Tenemos todas las respuestas ante nosotros. Pensamos en términos egocéntricos, dijo, creyéndonos que el planeta entero está a nuestro servicio y no es así. Pensamos que sólo nosotros debemos sobrevivir o que sólo nosotros padecemos y no es así. Su mensaje no fue un mensaje paleontropológico, si no un mensaje ecologista. El planeta es de todos los seres vivos, nosotros podremos ser los más inteligentes, pero precisamente por eso demostramos no serlo en absoluto cuando destruímos tantos hábitats e impartimos tanta muerte y sufrimiento inmerecido al resto de especies. Debemos salvaguardar la vida del planeta y volver a vivir en consonancia con el mundo natural, con respeto a ese mundo natural.

Saludos y que la cerveza os acompañe.