jueves, octubre 13, 2016

NOTICIA 1649ª DESDE EL BAR: HABITA LA NOCHE


El pasado martes 11 de octubre aún no había entrado del todo el frío en esta zona de la península. Hacía algo de fresco, un poco de frío según la persona, por la mañana. La temperatura del mediodía y de la tarde se calentó algo más. Fue agradable al sol, con cielos despejados y una brisa que no permitía el calor. Por la noche volvería el frío. Era por la tarde cuando la luna en cuarto creciente mostraba media cara rodeada del azul claro del cielo. Era blanca y se veían sus cráteres. Los árboles bien altos sobre el estanque artificial se movían  mientras en la hierba grupos de gorriones, de urracas, de mirlos, de gaviotas, de patos y de garzas iban y venían. A veces iniciaban un vuelo corto en grupo y regresaban cerca del agua. Yo estaba sentado en las escaleras del cementerio jardín de Alcalá de Henares, construído cerca del río, entre los farallones de arcilla que llevan al monte Gurugú. Apenas no había dormido, sólo un par de horas la noche anterior se me cayeron los párpados, sin llegar a dormir en realidad. Había estado la noche del 10 al 11 yo sólo en el velatorio de mi abuelo Rufino, fallecido a los 96 años en el atardecer del día 10. Había muerto en la residencia de ancianos donde vivió sus últimos años en Torres de la Alameda. En la enfermería adaptada para la presencia de familiares, pero indudablemente en un espacio de sótano, o de semisótano que gracias a la escavación de alguna máquina se transformó en planta baja sólo para la fachada posterior del edificio, pues por allí daba salida a un jardín, desde la otra fachada era sin duda un sótano. Las dos caras del edificio. En aquellas horas nocturnas a solas con mi abuelo le escribí este poema.

HABITA LA NOCHE
Las horas inciertas de la certidumbre.

Afuera habita la noche
en la incertidumbre de estas horas ciertas,
habita el reloj eterno
del lago artificial.
Adentro el frío maquinal
que conserva el fuego lento
que a todas las cosas concretas
les otorga nombre.
Libros de ojos durmientes
en sus estanterías de tierra,
hoy fugaces,
ayer ardientes.
El sonido de los pasos en las losas
esquivan quimeras que acosan,
silencio de refrigerador
que aguarda al fuego cremador.
Eterna promesa al nacer,
siempre en el horizonte
del cristal roto
de la leyenda y de lo por ver.
Espera del tiempo con espada de bronce,
la flecha de un ángel nos señala,
laúd que suena nocturno,
la herida derrama la antigua batalla.
Las estrellas bailaban entonces,
hoy nos parecen estáticas,
titilan al paso del humo
como canto de sirena que promete la última casa.
Ulises, tu tiempo es cierto,
es tu viaje lo incierto,
muñeco de los dioses
que sólo en las palabras descansan,
toma tu vino y lanzate a la última morada
en el nombre de los libros.
Afuera habita la noche
en la incertidumbre del reloj cierto,
mota de arena
en el cristal que se desgasta.

Por Canichu, 10-11 octubre 2016.
Tanatorio cementerio jardín de Alcalá de Henares.

Que la tierra le sea leve, ayudó a cuántos pudo, sobrevivió a la mayoría.

(Este poema pertenece a su autor de acuerdo a la ley de propiedad intelectual, además tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De estos poemas no está permitida su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).