viernes, febrero 19, 2016

NOTICIA 1568ª DESDE EL BAR: REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI (3 de 3, final)



Hoy llegamos a la tercera y última entrega de una de las tres conferencias que di para el encuentro bianual del Foro de Historiadores del Valle del Henares. Se puede leer en papel y de forma íntegra en:

Varios autores, Libro de Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares-Guadalajara, 2014, [El artículo citado: Daniel López-Serrano Páez, "Informaciones secretas sobre revolucionarios franceses en Alcalá de Henares al cortarle la cabeza a Luis XVI en 1793", pp. 167-182].


INFORMACIONES SECRETAS SOBRE REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI EN 1793 (3 de 3, final)

LA SENTENCIA

“Me he enterado de lo que vuestra merced me expone en su representación de 14 del corriente y de lo que resulta de los autos que la acompañan formados en virtud de mi orden de 7 del mismo para la averiguación de las especies contenidas en el anónimo que dirigí a vuestra merced, relativo a las expresiones proferidas por Juan Sandot, de nación francés, establecido en esta ciudad; y por lo que dichos autos aparece prevengo a vuestra merced proceda desde luego a desterrar de estos reinos al expresado Juan Sandot con prohibición absoluta de volver a ellos no precediendo expreso permiso de su majestad; dándole pasaporte para que en el término breve que vuestra merced le señale salga de ellos vía recta con calidad de presentarse a las Justicias donde pernocte y que remita testimonio de la última de la frontera que acredite dicha salida; en inteligencia que de lo contrario si no cumpliese con esta providencia se le destinará a uno de los presidios de África; y para la ejecución de ella devuelvo a vuestra merced los autos. Por lo que toca de los demás franceses que hay en esa ciudad que acostumbran a hacer Juntas, y tratan de los asuntos actuales de la Francia, les hará vuestra merced saber con separación, severa, y prudencia se abstengan de lo uno, y de lo otro, puesto no se podrá mirar con indiferencia cualesquier trasgresión que se cometa a las órdenes, cédulas, y leyes que hablan de modo con que deben comportarse los extranjeros en estos reinos. Dios guíe a vuestra merced muchos años mediante, 22 de febrero 1793.

El Conde de la Cañada.

A su ilustrísimo alcalde mayor de la ciudad de Alcalá.”[31]

Efectivamente, el 21 de marzo de 1793 se recibía la certificación del escribano de hechos Francisco Lasala, que ejercía en Canfranc, del partido de Jaca, que había acompañado a la frontera a Juan Bautista Sandot por orden del alcalde de Canfranc, Silverio Lasala. Y para asegurar su salida de España, le mandó el pasaporte del francés al corregidor de Alcalá de Henares, Ignacio José de Vega y Loaysa, quien el 3 de abril confirmó la salida del condenado. Nicolás Azaña archivó la causa el 17 de ese mismo mes[32].


CONCLUSIONES

Es difícil saber con esta documentación las tendencias o simpatías reales de los alcalaínos frente a los sucesos de la revolución francesa que en aquellos años estaban cambiando el rumbo de la Humanidad. En principio, ateniéndonos a lo que en el expediente se lee y a lo que otros historiadores han trabajado, sobreentendemos una postura férrea en torno a los ideales propios del Antiguo Régimen en torno a Dios, Patria y Rey. La llegada de la noticia de la decapitación de Luis XVI a Alcalá de Henares produce alegría a una serie de vecinos de origen francés que, por otro lado, demuestran la misma alegría en todo aquello que eran noticias favorables al gobierno francés, en aquellos momentos en manos de los jacobinos con Robespierre a la cabeza. La primera acusación que se hace contra uno de ellos, Juan Sandot, se produce por su frase: ‘Está bien hecho pues era traidor a la nación’. Al acusador anónimo le escandalizó tal desafección a un rey, aunque no fuera su propio rey español. A lo largo de los interrogatorios se dieron testimonios que venían a confirmar tal escándalo y reprobación en cuanto a la desafección a un rey. Así por ejemplo Martín Astoreca declaró que le recriminó decir tales cosas a Sandot y le pidió que dejara de decir “semejantes desatinos, pues nunca era justo hablar así contra un Rey”. Las acusaciones también se hicieron en cuanto a las reuniones de los franceses alcalaínos y sus conversaciones, así como su lectura de la prensa en francés o la presunta recepción de correo. Desde 1789 estaba prohibido recibir correo o publicaciones de Francia con contenido revolucionario o favorable a la revolución, pero los testigos de estos sucesos no sabían realmente de qué hablaban o qué decían, ya que hablaban en francés y no les entendían. También los carteros dijeron no entregarle nada a Sandot, lo que podría ser discutible o motivo de duda, pero en principio ellos aseguraron que el francés vivía en el camino de Guadalajara por el que ellos pasaban al traer el correo. Así pues, unido a los testimonios de palabras y frases más o menos fuertes, se trataba de un conjunto de suspicacias entre vecinos que habían venido a declarar en secreto sobre un asunto que exactamente no conocían, cuyo conocimiento en algunos era de oídas y no de ser protagonistas o testigos directos. Un conjunto de suspicacias que se unían al conocimiento de que aquellos hechos por los cuales declaraban eran ilegales. Ninguno de los llamados a declarar iba a decir lo que realmente pudiera pensar de los acontecimientos franceses, pues podría ser causa de incriminación propia. Si bien es cierto también, y nunca hay que olvidarlo, que muchos de los declarantes eran personas relevantes, algunas de las cuales habían ocupado, ocupaban o iban a ocupar cargos de gobierno y jurídicos en Alcalá, siendo nobles algunos. Eran personas cercanas al orden monárquico establecido, por lo que determinados de estos testimonios sí pudieran ser sinceros, si bien ignoramos lo que realmente pudiera pensar el resto de la ciudad.

Por otro lado entre la ejecución de Luis XVI en enero y la declaración de guerra a Francia en abril, se comenzó a arengar a los españoles contra los revolucionarios como si estuvieran llamados a realizar una guerra de y por religión. Este suceso de Juan Sandot se produjo en el mes de febrero, y esta mentalidad se lee en algunos de los testimonios, como por ejemplo en el de Martín de Padura y Gorbea, que declaró que Juan Sandot había afirmado que los franceses tenían más fe que los españoles, como si ese aspecto de los sucesos para incriminar fuera relevante. La separación de Estado y religión por el gobierno francés y la identificación que hicieron estos del cristianismo como un retraso y un freno para la libertad y la democracia eran puestos en entredicho por muchos españoles, si bien es cierto que en la frase de Sandot sobre la fe de los franceses se desprende, en una interpretación de quien escribe, que viene a afirmar que los franceses eran creyentes y mejores seguidores de la religión, si bien separaban Iglesia y Estado.

Por último se sumó una nueva acusación lanzada por el propio corregidor, que a la vez ejerció de testigo y de acusador, aquella en la que afirmaba que Sandot dijo cosas que eran afrentas contra España, lo que Pedro José Fernández completó con el testimonio de la frase de Sandot “no hubiera cosa como la libertad y que los españoles hacen mal en no tenerla”, la cual se repetía en cierto modo en las conversaciones entre los franceses que se reunían en casa del florero francés a leer la prensa de tal modo: “no hay cosa como la libertad y que los reyes no son dueños de disponer de las cosas de los vasallos, por lo mismo vencen como la Francia daba la ley a todo el mundo”. Así que se estaba investigando un caso de libertad de opinión, de asociación ideológica, de libertad de expresión, de libertad de reunión y, en fin una serie de libertades que en principio no existían en el Antiguo Régimen pero sí se daban en la Francia revolucionaria, matizada según han evolucionado posteriormente estos derechos en estos siglos, pero que desde luego era la legislación más avanzado de la época en cuanto a libertades. En otras palabras se estaba investigando en secreto un caso que causaba miedo de que fuera precedente de que pudiera extender unas ideas o que públicamente la gente pudiera hablar de estas cosas. Los monárquicos bien pudieran decir en aquella época que preventivamente se investigaba un posible foco de sedición. Efectivamente, como podemos ver en la sentencia, Juan Sandot, un soldado valón con fácil verborrea e exaltación, fue expulsado de España, y los franceses que vivían en Alcalá recibieron la orden de no volverse a reunir entre ellos en privado, ni tampoco podían hablar de cosas de Francia, servía de aviso la expulsión del país de Juan Sandot. Pero tales prohibiciones no impiden que las personas sigan pensando lo que realmente piensen, y medios hay para comunicarse de modo discreto fuera de la vigilancia, aunque no tenemos documentos que nos hablen de esto.

Es más, los nombres de los franceses alcalaínos que salen en los expedientes de 1791 y de 1793 son muy relevantes, también el de los españoles. Sandot no volverá a aparecer nombrado en la Historia y documentación de Alcalá de Henares, pero el resto de nombres resonaran.

Los Azaña será una de las familias liberales más destacadas de Alcalá de Henares. Nicolás Azaña llevó como escribano los autos de 1791 y 1793, dándose por caso que Miguel Azaña también estuvo en los autos de 1791. Nicolás sería ya un hombre mayor cuando los franceses llegaron en 1808, pero él participó de la formación del ayuntamiento leal a Fernando VII del momento, el cual, interrumpido por el ayuntamiento leal a José I, abrazó y celebró la Constitución de Cádiz de 1812 en el primer momento que pudo, lo que le costó muy caro con una fuerte represión francesa el 21 de abril de 1813. El hijo de Nicolás Azaña, Esteban, participaría de la administración local durante el Trienio Liberal de 1820-1823, e incluso fue uno de los milicianos liberales en la ciudad; a su vez el hijo de este, Gregorio, participó de la Revolución Gloriosa de 1868 en la ciudad contra los Borbones; el hijo de este, otro Esteban, sería concejal y alcalde en la época de la Restauración borbónica, entre 1875 y 1882, en ese año escribiría una Historia de la ciudad desde un punto de vista liberal; mientras que el hijo de este, Manuel, llegaría a ser ministro y a presidir la Segunda República de los años 1930. Los Azaña además emparentaron con una familia de origen francés que vivía en la ciudad, los Catarineu, que también serían milicianos liberales entre 1820 y 1823. Sin embargo, el otro escribano que participó del cotejo de las letras del anónimo, Francisco Huerta, sería un monárquico absolutista que participaría desde el ayuntamiento de la represión de los liberales entre 1814 y 1820[33].

Ya hemos hablado de quiénes eran los Corera en Alcalá de Henares, pero quizá más significativo ahora es que Agustín Muñoz Corera, o Agustín Corera, como es nombrado más habitualmente en los documentos, sería también partidario de la Constitución de 1812, y se verá a los Corera entre los nombres de los milicianos liberales de 1820-1823. Los Corera emparentaron con los Tejedor, y como hemos visto, Juan Tejedor era uno de los franceses caldereros de todos estos asuntos de 1791-1793 investigados en Alcalá de Henares con relación a las simpatías a la revolución francesa.

Martín de Astoreca y su familia se alinearían del lado de los absolutistas. En esta línea estaría el propio De Vega y Loaysa, Padura y Corbea, y Villaurrutia, que en 1814 iniciará una persecución sistemática contra todos los liberales alcalaínos y una represión contra los que eran universitarios, sin descartar expropiaciones e incendios. Los Yarritu traerían y llevarían el correo de los franceses entre Alcalá y Guadalajara en 1810, entre otras personas pudientes de la ciudad que eligieron los propios franceses.

Los franceses Juan Villar David, Pedro Landa “el Mayor”, Beltrán Cibrián, tendero, y Luis, sin que sepamos el nombre del florero, y Juan Borsal, son apellidos y personas que ya ellos, ya sus descendientes, van a volver a aparecer en Alcalá de Henares como defensores de la Constitución de 1812. Si bien Pedro Landa va a ser significativo. En 1809 fue regidor. Los Landa fue una familia económicamente muy pudientes, con diversos negocios en la ciudad. De hecho un teniente coronel francés eligió su casa para alojarse junto a otros oficiales en 1813. Como el padre de la familia no se quitó el sombrero, uno de los oficiales se lo derribó de una manotada en las escaleras del interior de la casa, lo que llevó a una bronca con el hijo de los Landa y una bofetada que le dieron. Los oficiales se fueron para volver y arrestar al hijo y al yerno del padre de los Landa, pues este huyó y no volvió hasta tres días después. Estuvieron todos presos pero fueron liberados a cambio de una suma de dinero. Ese mismo año arrestaron de nuevo a la esposa y al padre de los Landa tras los sucesos violentos de la represión francesa del 21 de abril en la ciudad. Fueron liberados por una petición formal del ayuntamiento ante las quejas vecinales[34]. Según el regidor del momento Paulino Moreno, fueron presos por decir insidias contra los franceses, y según Juan Domingo Palomar, un liberal desafecto de los franceses, fue porque ayudaban a alojar y esconder a guerrilleros en su casa[35]. También los Landa, como liberales afectos a la Constitución de 1812 saldrán entre los milicianos liberales del trienio 1820-1823, pero también en los ayuntamientos liberales.

Álvaro Valiente aparecería como liberal muy activo durante la guerra de Independencia de 1808-1814 y en 1820-1823, llegando a ocupar cargos en el ayuntamiento. Su testimonio fue vital para implicar al corregidor De Vega y Loaysa en el caso, y su falta de confirmaciones casi parece desprender una amistad con Juan Sandot. De Vega y Loaysa declaró llevado por el testimonio de este hombre. ¿Fue el anónimo el propio corregidor? Eso sólo es especulación, pero podría caber dentro de la sospecha razonable.

Vemos como personas que se ha asumido que adquieren ideas liberales durante la ocupación francesa de 1808-1814, en realidad ya tenían contacto con ellas al menos desde 1793. Quizá queda replantearse ahora una génesis diferente a la formación política alcalaína, tal vez no tan conservadora como se ha dicho, Quizá queda plantearse que los movimientos liberales en la ciudad no eran sólo cosa de la Universidad de Alcalá, sino algo más extendido entre sus ciudadanos y quizá no por contacto con las tropas napoleónicas, sino tal vez unos veinte años antes en la década de 1790 y con ayuda del contacto con personas de Alcalá con origen francés. Si bien el cierre universitario de 1822-1823 arruinó o disminuyó muchas economías personales que tenían ingresos a costa de la población universitaria y eso distanció a muchos alcalaínos de las ideas liberales, sabemos que estas pervivieron en sociedades secretas y en otras masónicas, y que estas proseguirían hasta enlazar con la Primera República y el nacimiento del movimiento obrero en la ciudad, con su peso en la Primera Internacional. Queda abierta una tarea apasionante de revisado de la Historia complutense en este sentido que esperamos sea acogida por muchos otros historiadores[36]. 


NOTAS

[31]              Misma referencia de nota 1, fols. 14r. y 14v.
[32]              Misma referencia de nota 1, fols. 15r. a 17v.
[33]           Ídem nota 8, pp.  511-887, el resto de referencias de personas y familias en las primeras décadas del siglo XIX salen de la misma referencia.
[34]          Diario de un patriota complutense en la Guerra de la Independencia, con un prólogo y notas de J. C. G., edición facsímil, Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares, 1991.
[35]             Ídem nota 8, pp. 606-607.
[36]          Ídem nota 32, y también Julián VADILLO MUÑOZ, El movimiento obrero en Alcalá de Henares, ed. Silente Académica, Guadalajara, 2014.



NOTA DE 2016:
Perdemos en la documentación que conserva el Estado español, al menos en el Archivo General de la Administración (AGA) y en el Archivo Municipal de Alcalá de Henares (AMAH), qué ocurrió con Juan Sandot después de su expulsión de España. Dado su carácter de soldado de origen francés y sus simpatías por la causa francesa y los actos del gobierno jabobino de Robespierre, cabe imaginar hipotéticas posibilidades que caen dentro de la especulación de cosas posibles, no tanto en la Historia. Así por ejemplo es posible imaginar que participase de la guerra declarada en abril de 1793, unos dos meses después de estos hechos, y regresara a España invadiéndola. Si muriese o no en alguna batalla lo dejamos al azar. Puede que sobreviviese al final de la guerra en 1795, que viviese ese cambio de percepción del gobierno de Godoy y encontrase que España se transforma de la noche a la mañana en aliada de Francia. En esa tesitura, ¿quién nos dice que no pudiera volver a vivir en España, o incluso a pisar Alcalá de Henares, aunque de esto nada se dice en los documentos, por lo que es poco probable que ocurriera ese regreso a la ciudad, al menos de forma muy significada. Puede que se licenciara, o puede que estuviera permanentemente movilizado, que quizá en 1793 el ejército no le mandara a combatir a España, si no a los Estados alemanes. Puede que fuera uno de aquellos soldados que en Marsella oyeran la primera ve que se cantó "La Marsellesa" como ánimo y arenga a los soldados. O puede que simplemente se licenciara y fuera con su familia, de tenerla. Aunque siendo soldado y expresando su alegría y ardor por las victorias francesas, cabe bien pensar que de algún modo en alguna de las guerras de la revolución francesa participara de ellas, lo más seguro combatiendo. ¿Muriendo? No lo podemos saber. ¿Y si fue sobreviviendo de batalla en batalla y de guerra en guerra hasta ver coronado a Napoleón Bonaparte en 1800 y si, más allá, viviera la invasión napoleónica a España de 1808? Habrían pasado quince años desde 1793 y este proceso secreto, son muchos años para una persona, y más aíun para un soldado en tiempos de guerra. De estar en el servicio activo en todo ese periodo lo más seguro es que no lo terminara, o bien por muerte, o por mutilación, o por enfermedad. O quizá ascendió a oficial. O quizá se licenció. Quizá se ilusionó con Napoleón, o quizá fue de los que creyeron que al coronarse emperador traicionaba la revolución. Quizá siendo aparentemente jacobino, fue purgado por los girondinos antes de Napoleón. Así es la Historia, nos anima a imaginar.

De los franceses que sabemos que había en Alcalá sí sabemos de algunos sus trayectorias. Queda patente en la sentencia la intromisión que el gobierno central de España, el Consejo de Castilla en nombre del Rey, tomaba en las vidas privadas no sólo de españoles sino también de los extranjeros. El juicio está lleno de cuestiones que hoy día serían anomalías contrarias a derecho, intuyo que algunas lo serían incluso en la época, como el papel de acusador, testigo y juez de una misma sola persona, pero la sentencia en sí, leída con detenimiento no tiene desperdicio para comprender hasta qué punto la monarquía absoluta podía tender a controlar las vidas individuales si le convenía, así como se desprende una especie de idea de que un extranjero en España debiera comportarse como un español les indicaba, es la diferencia con las percepciones de democracia y derechos individuales. Sea como sea, de las más exitosas trayectorias de los franceses en Alcalá de Henares destaca las de la familia Landa, que incluso llegaron a tener cargos de gobierno en Alcalá de Henares en los primeros años del siglo XIX. Franceses afincados en Alcalá de Henares, revolucionarios y liberales, franceses que ya conocieron en sus opiniones políticas a personas relevantes de la ciudad, que incluso emparentan con ellos, como los Azaña o Alegría. Franceses que en 1808, algunos obviamente son afrancesados, pero otros son curiosamente luchadores por la independencia de España y por la Constitución de 1812. Franceses y alcalaínos españoles emparentados con ellos que son de los primeros liberales españoles, los mismos que contribuyen con políticos y milicias al trienio liberal de 1820-1823. Pero los mismos también que sufren las iras y violentas represiones de Fernando VII y de los alcalaínos absolutistas y conservadores, que sufren cárcel, incendios y muertes. Y de ahí al resto del siglo XIX alcalaíno, que coincide con el español. Hasta la fecha se ha hablado en Alcalá de Henares que los liberales surgen con la invasión napoleónica de 1808, si bien en la Universidad habría afrancesados, pero con esta investigación que publiqué en 2014, descubrimos que las ideas ya estaban latentes o a punto de nacer entre 1791 y 1793 en la ciudad. Los liberales en Alcalá nacen junto a los revolucionarios franceses y sus simpatizantes. Nace de las relaciones de los vecinos ente sí. Del trato y de las conversaciones, de la amistad, aunque fuesen relaciones prohibidas por ley. No deja de ser curioso que el escribano que lleva los procesos secretos fuese Nicolás Azaña, cuya familia va a ser desde el liberalismo y el republicanismo altamente señalda e importante en la Historia de la ciudad e incluso de España con el paso de las décadas. Familia que emparentó con otros franceses afincados en la ciudad, los Catarineau. Hay que revisar la Historia de Alcalá de Henares. Romper los moldes tópicos y los moldes que tradicionalmente se han asumido como única verdad. La Historia no tiene única verdad. Se mueve. Cambia según se descubre, según se intuye una nueva percepción que se puede acercar más realmente a lo que puede que ocurriera. Hay que retrotraer quince años un comienzo de un tipo de mentalidad en la ciudad. Si así se comportaron en 1793 los alcalaínos más notables, como ese Alegría que tan significado sería pocos años después en el liberalismo de la ciudad, ¿qué ideas y qué pasiones no despertarían las amistades con esas personas en las personas más anónimas que habitaron la ciudad, que más padecían impuestos y obligaciones y arrogancias estamentales, hartos quizá de arrogancias varias como la de algunos destacamentos militares aquí asentados? Las fuertes represalias basadas en odios de conservadores hacia liberales repiten también nombres de los conservadores que estuvieron en los procesos de 1793, como Francisco Huerta o como De la Vega y Loaysa. El escribano Francisco Huerta en 1823 llegó a proponer que los liberales no tuvieran reuniones entre sí para evitar "males sociales". Cierto es que la desamortización de la Universidad en la década de 1830 hizo que mucho alcalaíno que vivía de ella a través de alquiler de habitciones, pisos, fondas para comer, venta de ropa, libros, material vario de estudio o de medios para una vidaa normal, quedó muy descontento, como dicen fuentes de la época, y comenzaron entonces a no ver bien las políticas liberales, pues si bien la subrogación de la Universidad la comenzó Carlos IV en la década de 1790 y hubo cierres de cursos con él, fue con los afrancesados que surgió el primer intento de llevarse la Universidad a Madrid entre 1808 y 1814, y que Fernando VII la mantuvo más cerrada que abierta hasta 1833 por la fuerte presencia de estudiantes liberales, no tanto de profesores, aunque alguno había. No olvidemos que a pesar de los tópicos que pesan como losas inamovibles sobre Alcalá, las investigaciones más recientes nos han mostrado como incluso esta ciudad fue elegida por el yerno de Karl Marx, Paul Lafargue, para presentarse la Primera Internacional en 1871, cómo fue aquí donde surgió una de las primeras asociaciones obreras, o cómo a comienzos del siglo XX es en Alcalá de Henares donde se elige al primer concejal socialdemócrata mucho antes de que ningún  socialdeócrata, ni Pablo Iglesias, tuvieran cargo político alguno en otras instituciones. Es Alcalá de gobiernos republicanos de principio a fin de la Segunda República, y es Alcalá quien en la guerra al componer su gobierno propuso uno de mayoría sindical más que de partidos, que luchó incluso un día más de resistencia que Madrid, que era apodada Alcalá la Roja. Quizá hay que investigar más, conocernos más, no sujetarnos a tópicos, intentar acabar con los tópicos. Quizá hay que repensar qué ocurrió en Alcalá. Quizá así encontremos respuestas no sólo para la ciudad, si no más allá.