sábado, febrero 06, 2016

NOTICIA 1562ª DESDE EL BAR: VIAJERO DEL TIEMPO

El pasado mes de octubre de 2015 fui condecorado y reconocido como guía de viajeros en el tiempo. Me regalaron una pluma de escribir y un libro original de Julio Verne de comienzos del siglo XX. Realmente se trataba de la compilación de varias de sus novelas publicadas por entregas en su día en la prensa española del momento que alguien que adquirió esos periódicos encuadernó debidamente. La cosa es que realmente guíe por Alcalá de Henares a un grupo de retrofuturistas, de viajeros por el tiempo venidos fundamentalmente del siglo XIX. Yo aproveché para usar su máquina. Una delicia de válvulas funcionando con vapor. Me di una vuelta por el Salvaje Oeste norteamericano del siglo XIX. Bueno, en realidad por el Oeste norteamericano finisecular, o sea, de fin de siglo. Estuve en la frontera entre el siglo XIX y el siglo XX. Tomé unas cuantas notas para escibir unas cuantas cosas. Tendríais que haber visto las grandes praderas antes de estar acosadas por las carreteras actuales. Ya por entonces el ferrocarril acotaba aquellos grandes espacios al aire libre. La acción del hombre moderno en la Naturaleza, el hombre consumido por el afán del dinero. A medida que los negocios se fueron haciendo cada vez con mercados mayores y más distantes, los hombres de negocios que invertían grandes sumas de dinero en Nueva York necesitaban personarse en una u otra ciudad de un modo rápido para firmar contratos importantes. Necesitaban colocar sus mercancias antes que sus competidores, surtir las tiendas de sus productos, inundar toda estantería de una gran cantidad de objetos o de carnes con sus marcas, para que los compradores sólo pudieran elegir entre comprarles a ellos o no comprarles. Eso necesitaba mayores velocidades, e ahí el avance de las vías del tren por todas partes. Los grandes traslados de ganado de norte a sur y al revés en busca de pastos, guiados a través de cientos de kilómetros por vaqueros montados a caballo, a lo largo de meses, cruzando parajes poblados de indios que podían estar en guerra con el hombre blanco, o de cuatreros dispuestos a matarles por robarles una res, tenían sus días contados. No eran rentables frente a los grandes trenes de mercancias que cargaban miles de cabezas de ganado con ayuda de menos hombres y que en un menor tiempo colocaba su carne en cualquier lugar del gran país que es Estados Unidos de América, toda una masa continental. De igual modo los forrajes se llevaban en los vagones allá donde era necesario, y los grandes pastos a cielo abierto pasaban a ser estorbos para estos caminos de metal. Incluso el correo urgía hacerlo en tren, mucho más rápido y mucho más barato. Correos no sólo de asuntos personales, de un hijo a su madre o a su prometida, sino sobre todo tratando asuntos económicos por miles o millones de dólares en aquellos días donde el teléfono o no existía o estaba comenzando, donde no existían los correos instantáneos de Internet, mera ciencia ficción. Y luego estaba el asunto de aquellos primeros automóviles más rápidos y fáciles de mantener que un caballo, cuyos motores, en camiones, podían llevar mayores cantidades y pesos que precisamente unos caballos. Nada de eso vale tanto como aquellas grandes praderas. Pero no quiero aburriros con los detalles de mi viaje por el tiempo.


Llevé a mis visitantes por la vieja Alcalá de Henares en el joven siglo XXI. Eso fue en octubre pasado, ya lo he dicho. Y hoy, sinceramente, os estoy escribiendo en ese mismo día 20 de octubre que hice la ruta turística por nuestra época y nuestra ciudad, porque al dejarme usar su máquina visité el Salvaje Oeste, pero además aproveché para venir a febrero de 2016, y veo que no hay grandes novedades, claro que sólo habrán pasado unos pocos meses. Salvo la cuestión de no tener gobierno establecido, por lo demás veo que sigo en el desempleo, junto a otros tantos millones de personas. Los grandes hombres de negocios de nuestras épocas se plantean ahora hacer sus negocios más rápidos y defienden cosas como llevar las pizzas que compras por pequeñas máquinas voladoras llamadas drones, para evitar las molestias de los que esperan a un repartidor unos quince minutos. ¿Por qué, pudiendo tenerla en cinco minutos, dicen? No sé muy bien qué hará la gente con esos diez minutos ahorrados, aunque imagino lo que el repartidor humano podría hacer con su sueldo y su vida si le dejasen trabajar. Pero estamos en un mundo donde se nos vende la idea de lo inmediato como algo bueno. Me tengo que ir a la máquina del tiempo, les he dejado bebiendo en un bar y debo volver a guiarles.
 

Otros disfraces:
Noticia 544ª: Halloween. Noticia 584ª: En un mundo paralelo. Noticia 906ª: De disfraz en disfraz. Noticia 1051ª: La noche de los superhéroes. Noticia 1187ª: De entre el fuego. Noticia 1327ª: Fuimos quienes fuimos. Noticia 1460ª: Actor de La Barraca. Noticia 1535ª: No estaba muerto, estaba de parranda.

Post data: No es que haya abandonado esta bitácora con la gran tardanza en escribir desde la anterior entrada, nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que ha sido una semana compleja. Estamos preparando algo especial para marzo y totalmente inédito en Alcalá de Henares. Llevamos con esto desde verano pasado, aunque empezamos a trabajarlo materialmente desde los últimos días de diciembre. Ahora ya va ser una realidad y podemos escribir breves anuncios como este, donde realmente no decimos lo que será, pero será. Esta semana ha sido el último empujón material para lograrlo. El lunes tendremos los resultados, que ya digo que es de algo totalmente inédito en Alcalá, y cuando tengamos fecha para poder presentarlo imagino que en marzo lo daremos a la luz. Y sí, aunque leáis que hablo en plural, esta bitácora sigue siendo sólo mía, lo que ocurre es que en el otro proyecto somos varias personas.