sábado, abril 18, 2015

NOTICIA 1474ª DESDE EL BAR: DEL 84º ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA REPÚBLICA (3 de 3, última)

Pues hoy cierro las tres entregas de las conferencias convocadas por la AMRH-AH en conmemoración del 84º aniversario de la Segunda República española transcribiéndoos mis notas sobre la conferencia de Urbano Brihuega, cuya moderación estuvo al cargo de Manuel Ibáñez, presidente de la asociación.

"La memoria en una bicicleta: Felipe Loeches, concejal en el ocaso de la Segunda República" 
Conferencia del historiador local y exconcejal por el PSOE en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares entre 1987 y 1999 don Urbano Brihuega.

Urbano Brihuega presenta su conferencia como presentación y anticipo de un libro de Historia que acaba de escribir y cuya galerada le regala al final del acto a la AMRH-AH, el cual es una biografía novelada de Felipe Loeches Gismero, concejal del PSOE en Alcalá de Henares en los tiempos finales de la Segunda República durante la guerra civil de 1936-1939. Es una figura no muy conocida y él desea darle a conocer mejor, a petición de su hijo Jesús Loeches, fallecido hace poco, el cual quiso recuperar esa parte biográfica de la Historia de la ciudad después de leer el libro (y ver la conferencia) que el propio Urbano Brihuega escribió en torno a la biografía-autobiografía póstuma del comunista complutense represaliado en 1947 por un crimen que no cometió, Nacarino, ya difunto.  

Felipe Loeches fue fusilado cuando Jesús Loeches tenía 5 años de edad. [Fue detenido por las tropas franquistas en 1939 y fusilado en 25 de mayo de 1943, según se lee en la biografía que registra el Archivo Histórico de la Fundación Pablo Iglesias. Indicaré a tener en cuenta que mientras me pareció oír que Brihuega le nombró como Felipe Loeches Cisnero, en este archivo le tienen documentalmente como Felipe Loeches Gismero]. Jesús Loeches aportó a Urbano Brihuega los nombres de los ejecutores de su padre, pero Urbano dice que no los comentará en la conferencia. 

La llegada de la guerra civil a Alcalá de Henares sorprendió a Felipe Loeches en la calle Libreros cuando escuchó un gran jaleo de gente. Al saber de qué se trataba se fue corriendo a por su familia para llevarlos a la calle de la Encomienda, que era el inicio del llamado "barrio rojo" de la ciudad (donde vivía una gran cantidad de obreros de tendencias socialistas variadas). Allí buscó escondite por lo que pudiera pasar, para luego salir huyendo del centro urbano por la noche con un caballo y toda su familia. Cruzaron el río Henares, pasaron el pico del Malvecino, el monte Ecce Homo y llegaron al Cerro del Viso, donde se instalaron en el refugio natural de San Juan del Viso, donde no sólo hay cuevas, sino que también estaba el polvorín militar. Allí vivieron mucho tiempo con otras familias. Dos de los hijos de Felipe, Juan e Isabel, siendo niños, bajaban a la ciudad a por pan a casa de la abuela. Un día Isabel se rompió una pierna, por lo que su padre, Felipe, tuvo que llevarla él mismo a Alcalá en caballo a que la escayolaran. Felipe Loeches no quería regresar a la ciudad a vivir por miedo a los bombardeos y a otras cuestiones de la guerra. Isabel Loeches llevó la escayola un año, según Urbano Brihuega dice que siguiendo la versión de Jesús Loeches fue por ignorancia de que no era bueno que la tuviera un año seguido, [personalmente, teniendo en cuenta que Felipe Loeches ocupó diversos cargos políticos y no era un iletrado, probablemente hubiera otros factores para que esto ocurriera, tal vez miedo a algo]. La consecuencia de que Isabel Loeches estuviera escayolada un año entero fue que se quedó coja de por vida. Pasado ese tiempo largo del comienzo de la guerra, [a juzgar por la anécdota de la escayola podríamos decir que la familia pasó en San Juan del Viso de julio de 1936 a algún momento de 1937], bajaron a la ciudad, donde fueron instalados primero en la actual Casa de la Salud, también conocida como Casa de Socorro, de la calle Libreros, y luego en unos domicilios que habían tenido los jesuitas en Alcalá. Jesús Loeches, [a pesar de no haber nacido aún, de estar a punto, o bien de ser un recién nacido en esas épocas], le refirió a Urbano Brihuega las muchas represalias de la época, las cuales comentó no hacía mucho tiempo distante de sus entrevistas con Urbano para hacer el libro con el hijo anciano del también concejal socialista García de Pedro, el cual le dijo en estos tiempos actuales que qué pasaría ahora si ocurriera que se torcieran las cosas [la política actual] como entonces.

Felipe Loeches era del PSOE y de la UGT, [estar afiliado al PSOE obliga estar afiliado a la UGT, pero no al revés]. Por ello, formó parte de las juntas mixtas para la incautación de las fincas de los terratenientes alcalaínos, con el fin de colectivizarlas para dar de comer a los alcalaínos en esos tiempos de guerra. Como consecuencia de esto, tras el fin de la guerra lo fusilarían. Felipe Loeches había participado muy directamente de la incautación de la finca de don Cayo del Campo, concejal conservador de Alcalá de Henares antes de la guerra. La Finca de Don Cayo era la actual Isla del Colegio, donde se ubica en parte el actual recinto ferial. Además, a Cayo del Campo le fusilaron a uno de sus hijos por actividades golpistas, o sea, franquistas. Felipe Loeches ganó en Cayo del Campo un gran enemigo. Tras incautar fincas, Felipe fue a filas para combatir directamente en la guerra. Una enfermedad pulmonar le sacó del ejército hasta el final de la guerra. Peregrinó hasta Castellón con sus consuegros, donde también tuvo cargos, y decidió regresar a Alcalá de Henares camino de Valencia en comienzos de 1939. En Burriana fue detenido por las autoridades de Franco, probablemente por consecuencia de un chivatazo de alguien cercano a él. Le encarcelaron en la cárcel de Picassent y de allí fue trasladado a la cárcel de Alcalá de Henares, una vez que esta ya cayó a manos de Franco y con la guerra recién terminada. Le trajeron en un "tren ovejero", llamados así porque los presos eran trasportados en las mismas condiciones y modos que las ovejas de ganado. En la estación de Alcalá le esperaba un grupo de falangistas para escupirle y pegarle. Fue metido en un calabozo de la calle Escuelas donde recibió aún más palizas, a nivel diario, por parte de esos mismos falangistas, que eran los mismos que acudieron a la casa de la familia Loeches para incautar todos los objetos de valor, cosa que recordaba personalmente Jesús Loeches, a pesar de que en esos momentos era un niño de muy poca y corta vida. Entre los objetos de valor se encontraba una bicicleta infantil que era suya. Pero existía otra bicicleta mayor que había pertenecido a uno de los hermanos mayores de Jesús. Dos de ellos habían muerto en la guerra combatiendo por la República, pero antes de la guerra eran corredores de carreras ciclistas entre Alcalá de Henares y poblaciones cercanas. Esa bicicleta fue ocultada por Jesús Loeches en sucesivos años de la dictadura, convencido como estaba de que los franquistas querían arrebatársela como parte del escarnio y la pérdida de memoria a su familia.

Felipe Loeches fue mandado a la prisión de Porlier, dejándole muy lejos de su familia. Aún con todo, la madre de Jesús, esposa de Felipe, iba con sus hijos en carro de mulas a verle en viajes que se hacían muy extenuantes. Alguna vez pudieron disfrutar de un tren, pero pocas. 

Un comunista de Alcalá de Henares que se había escondido fue descubierto meses después del fin de la guerra. Con otros comunistas escondidos fue llevado a las autoridades de Franco. Al pasar por el ayuntamiento un guardia que era hermano de Felipe Loeches le preguntó qué había ocurrido con Estanislao, hijo suyo, a lo que el comunista preso le contestó: "pregúntaselo a tu hermano". La familia Loeches se rompió allí definitivamente en dos mitades políticamente antagónicas.

Felipe Loeches fue condenado a doce años y un día de prisión. La condena fue reafirmada en una segunda revisión. En la tercera revisión se endureció la condena a pena de muerte, el juez había sido el jefe de Falange en Alcalá de Henares, Cayo del Campo. En el Consejo Sumarísimo a Felipe Loeches hubo testimonios imposibles contra su persona, de testigos como puedan ser curas y monjas que no estuvieron presentes en la ciudad a lo largo de la guerra.

Los republicanos derrotados sufrieron cortes de luz, de alimentos del racionamiento, y otros cortes. La familia de Loeches fue denigrada y obligada a lavar la ropa de los soldados de Franco. Comían caldo de verduras y al día siguiente las verduras que cocieron para hacer ese caldo. A veces comían la basura que iban a buscar los hijos de Loeches de los desperdicios que producían los soldados del Cuartel de Lepanto, hoy Biblioteca Central de la Universidad de Alcalá de Henares. Tomaban café, pero este era obtenido en realidad restregando matojos y endulzándolos con remolacha. A veces, pocas, lograban ver películas de cine, que para Jesús Loeches eran un escape de la realidad que les rodeaba. 

Cada cierto tiempo la guardia civil iba a su casa para "recogerles" (requisarles) lo que tuvieran de valioso. Les quitaron camas, colchones, copias de cuadros... Dormían en unas camas que había fabricado la madre con hojas de maíz sobre el suelo. La bicicleta de su hermano muerto en la guerra siempre la escondía él mismo en un gallinero que había o en el servicio de la casa. Creía que eso era una victoria personal frente al franquismo y los que mataron a su padre. Vivió obsesionado por conservar esa bicicleta. Se interesó por el ciclismo, relatando la victoria de José Jabardo en una de las ediciones de la Vuelta a España relacionada con Alcalá, mientras rememora también un ambiente de muchos actos públicos religiosos y militares.

La familia no supo que mataron a Felipe Loeches en 1943, simplemente ya no pudieron ir a verle. Lo supieron por terceras personas. Cuando Jesús Loeches era adolescente [lo que personalmente creo que nos ubica en torno al año 1953 por arriba o por abajo, en esa año tendría 15 años], les llamaron para ir a reconocer el cadáver. La esposa de Felipe, su madre, no quiso ir. Fueron dos de los hijos, uno de ellos era él. Del cadáver sólo quedaba identificable una hebilla de su cinturón que siempre llevaba. Estaba muy deteriorada. Aquellos huesos quedaron en una fosa común. 

La esposa de Felipe Loeches murió por enfermedad física, pero también "del alma", según Jesús Loeches, ya que no sólo mataron a su esposo, también murieron por la guerra algunos de sus hijos, su hermano [y no tengo bien anotado en lo que dijo Urbano si también su padre]. Fue la única persona que mantuvo viva la memoria familiar todos aquellos años. Jesús Loeches quiso subsanarlo y contribuir a esa memoria dándola a la Historia de la ciudad a través de Urbano Brihuega, siendo ya muy anciano, poco tiempo antes de la fecha de su muerte. Dice Urbano Brihuega que ha querido contar la historia que le contó Jesús como si fuera él mismo quien la escribiera a modo novelado, aunque sus recuerdos se perdían mucho en detalles intrascendentes. Son recuerdos que a menudo deben ser expurgados para el relato histórico, aunque él ha preferido pasarlos a libro tal cual. Así por ejemplo, según Jesús Loeches en 1947 unas personas protestaron ante el coche de Franco por las obras de la carretera nacional a su paso por Alcalá de Henares. En ese año había explotado el polvorín de Alcalá, Franco vino a la ciudad con ese motivo. Es dudable, a juzgar por las fotografías de los medios de seguridad que hubo, que tal anécdota se pudiera dar. Recuerda otra visita de Franco, según Jesús Loeches, por el 400º aniversario del nacimiento de Cervantes, o sea en 1947 también, Franco pasó por la Calle Mayor y por el ayuntamiento, fue recibido por el general Merlo en la Plaza de Cervantes y por el alcalde. Hablaba de la industrialización de la ciudad entre los años 1960 y 1970. Etcétera. También recordaba una anécdota con la que coincidía con Nacarino y otros ancianos de la ciudad que eran niños en la postguerra. Las personas mayores de la ciudad les daban dinero si espiaban quiénes eran las personas a las que fusilaban y quiénes las fusilaban. Además, les daban más dinero si les decían quien daba el tiro de gracia. A pesar de que fue el propio Urbano Brihuega el que ya dijera en la biografía y memorias póstumas de Nacarino que quien daba el tiro de gracia era un cura alcalaíno llamado Cervantitos, según Nacarino en ese momento, ahora vuelve a repetirlo siguiendo las memorias de Jesús Loeches y las grabaciones de voz que le hizo, pero, por consejo de amigos suyos, ha preferido referirlo como un sueño y no como una realidad, ya que, según sus amigos, podría haber personas relacionadas con Cervantitos hoy día. El tal Cervantitos (Cervantes), aparece en muchos de los expedientes de depuración de funcionarios y de maestros en la ciudad, algunas de muy negativas consecuencias. Estos expedientes se conservan en el Archivo General de la Administración. Este sacerdote no hizo la guerra en la ciudad, pero fue muy activo avalando comportamientos de gente que sí hizo su vida en la guerra en la ciudad. Cervantitos vivió esos años 1940 entre la Plaza de Cervantes y la calle Santa Úrsula. Jesús Loeches dejó dicho a Urbano que modificaría las realidades que fueran deseos y no realidades. Además, esta persona declaró a Urbano que creía en la culpabilidad de Cayo del Campo en la condena a muerte a su padre, por culpa no de la justicia, sino del resentimiento por el fusilamiento de su hijo y la pérdida de su finca. Dice Urbano que Jesús un día soñó que el hijo de don Cayo se ahogaba en el río y no sabía si ayudarle o no, su madre se le apareció y le dijo que había obligación moral de salvarlo y lo salvó.

Otra persona de Alcalá de Henares que habló recientemente con Urbano Brihuega a través de su nieta seguía teniendo tanto miedo a la maquinaria represora de Franco, y a la forma de pensar y actuar de algunos que de los que le siguieron o algunos sus descendientes actuales, que nunca había narrado lo que le había ocurrido a él en la postguerra. Su secreto fue roto sólo con 90 años (murió con 94), y sólo se lo contó a su nieta, quien se lo contó a Urbano a condición de que jamás se desvelara su nombre, es por ello que es mencionado con el pseudónimo de Daniel María García Olmedilla, el cual, se nos dice, es en realidad una persona muy conocida de la ciudad, a pesar de que nadie conoce su pasado oculto. Esta persona estuvo alistada en el ejército republicano durante la guerra, destinado en el Cerro de los Ángeles. Quedó inútil para el ejército por un disparo que recibió en el brazo. Los médicos creyeron que se le podía recuperar. Recibió hasta dos operaciones sin resultados positivos. Para la tercera operación le mandaron a Valencia, donde se creía que había medios para salvarle el brazo. Sin embargo, la cura fue imposible por el avance de las tropas de Franco. Regresó a Santorcaz, donde vivía. Allí le denunciaron ya las autoridades franquistas tras la guerra por esconder a un cura que había defendido a republicanos. Fue condenado a veinte años de prisión y mandado a Porlier. Contrajo la tisis en la cárcel. De allí le pasaron a Cuéllar para que hicieran figuras en escayola de santos para las tumbas de los cementerios. Ya libre puso un taller de estatuas en Alcalá de Henares, que eran de bronce y de yesos y escayolas. Las hacía con una mano. Fue zurdo a la fuerza. Una de sus frases en aquella confesión fue que "trabajó con la izquierda lo que le quitó la derecha". Toda esta historia la contó con mucho miedo a su nieta a causa de todas las penalidades que le hicieron pasar en la cárcel. 

De este modo se cerró la conferencia con una breve reflexión sobre la importancia de la memoria de las vidas concretas y el mucho miedo que fomentó la maquinaria represora del franquismo, de tal calibre que aún hoy provoca grandes silencios en sus víctimas directas, y que aún hoy hace que mucha gente que ni siquiera vivía aún, por no haber nacido, con Franco, mantengan a la República dentro de un concepto de algo malo, de maldad, de caos, o de cosas peores.