martes, julio 19, 2011

NOTICIA 960ª DESDE EL BAR: RAFAEL CALVO COLLADO

Se están cumpliendo 75 años del comienzo de la Guerra Civil Española, como han ido (y van) recordando medios de comunicación como el diario Público y El País, curiosamente ambos sin mencionar para nada la contribución anarquista a la defensa de la democracia, ni a la revolución anarquista, ni que quien intentó frenar las ejecuciones descontroladas en la zona republicana fue un ministro anarquista, García Oliver, o que tras la guerra entre los diputados exiliados que los alemanes entregaron al general Franco para que los matase figuraba otro ministro anarquista, Joan Peiró. He de suponer que estos diarios con cosas así aún siguen haciendo "sus guerras" encubiertas de "buen rollismo" republicano que tapa en realidad partidismo político puro, duro y simple. Sea como sea, los días previos al 12 de julio de 1936, un teniente de la guardia de asalto, José del Castillo, mató a un familiar de un destacado miembro de Falange Española por accidente en la dispersión de una manifestación violenta, justo en unos días que incluso el jefe del Estado, Manuel Azaña, había sufrido atentados fallidos contra su vida por parte de la extrema derecha española. Eso hizo que Del Castillo sufriera otra serie de intentos de asesinato por parte de Falange Española hasta que lograron matarlo desarmado cerca de su casa el 12 de julio. A las pocas horas, siendo 13 de julio, sus compañeros de oficio fueron a detener al diputado de extrema derecha Calvo Sotelo, que había dado un discurso en el Parlamento muy incendiario que invitaba a los militares a levantarse en armas para acabar con las gentes de izquierdas de España. En el trayecto del coche que le llevaba a comisaria le dispararon a la nuca. Esta muerte sumió al país en varios enfrentamientos violentos, hasta que el 17 de julio en Ceuta, una serie de militares se reunieron para precipitar un golpe de Estado que el general Mola, desde la península, llevaba meses planeando. Les salió mal pero no se rindieron y surgió una gran cantidad de violencias que al día siguiente, 18 de julio, provocaron que Mola proclamara un alzamiento militar que provocó numerosos disturbios, no obstante, los entierros de Calvo Sotelo y Del Castillo se habían encontrado en el cementerio de La Almudena de Madrid, dando por resultado un enfrentamiento entre los asistentes hasta con armas. Pero fue justamente el 19 de julio de 1936 cuando ya era totalmente evidente que aquello había terminado en el comienzo de una guerra civil, la más sangrienta vivida en el mundo hasta esa fecha... luego vendrían otras en otros lugares.

Muchas cosas se derivaron de todo aquello, por ejemplo la derrota de la democracia y el triunfo de una extrema derecha liderada por el general Franco que no dudó en apoyar en lo que pudo a los NAZIS alemanes y a los fascistas italianos, tal como ellos mismos le habían ayudado a él para ganar aquella guerra. De ahí surgieron una serie de exiliados políticos de los que, algunos, generaron un volumen de documentación posterior, que es la que ahora me permite trabajar como archivero historiador al haber sido admitido en una beca de colaboración precisamente para hacerme cargo de ella y ponerla en orden y al servicio futuro de la ciudadanía.

Es por ello que quizá el mejor homenaje que puedo hacer a los que lucharon por la democracia es recordar la memoria de uno de aquellos exiliados anónimos en representación de los demás. Su necrológica y biografía consiguiente fue publicada en la revista "Hispania", que editaba la FEDIP (Federación Española de Deportados e Internados Políticos Víctimas del Fascismo), fundada en Francia en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial. Fue en 1982, tal revista se puede consultar en el Archivo Obrero, donde se ubica la Fundación Pablo Iglesias. Se trata de Rafael Calvo Collado, un hombre que fue recordado como persona de buen humor pese a la circunstancia de su vida que fuera. Comenzó a trabajar desde niño, decía su necrológica, y desde joven se afilió al Sindicato del Vidrio, siendo este alguna sección de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), pues era anarcosindicalista. Fue un militante activo pese a las dificultades durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923 - 1930), y aún más durante la Segunda República y la Guerra Civil (1931 - 1939). Al ser derrotado en la guerra se exilio junto a miles de españoles a Francia, donde fue recibido siendo internado en un campo de refugiados, los cuales no tenían nada que envidiar a los campos de concentración. Cientos de españoles, vigilados por centinelas senegaleses desde torretas militares, rodeados de alambradas, mar y frío, murieron de hambre, cansancio y penalidades. Al estallar la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945) pocos meses después fue enviado a una Compañía de Trabajo para que construyera trincheras y defensas contra los alemanes, bajo amenaza de devolverlo a España si no lo hacía, lo que hubiera supuesto una posible ejecución. Con la derrota fulminante de los franceses en 1940, fue preso de los NAZIS alemanes, que le internaron y le metieron en cárceles hasta dar con sus huesos en los campos de concentración, de exterminio, tales como Mautahusen. Fue liberado al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Desde el primer momento participó activamente en la creación, asambleas y comicios de la FEDIP, como persona que había padecido tales males. En concreto representaba a la FEDIP Departamental de Burdeaux, donde en ningún momento de su vida dejó de asistir a las reuniones y permanencias, y donde, parece ser, siempre hablaba. Murió en febrero de 1982, y fue enterrado el 2 de marzo siguiente de forma civil.

Historias como esta son las que van conformando la Historia, y la vida. Si hay que recordar algo hoy, que sean ejemplos de la defensa de la libertad, la democracia y la igualdad, muy dignamente, sin olvidar porqué hay que recordarlo.

Que la cerveza os acompañe.

domingo, julio 17, 2011

NOTICIA 959ª DESDE EL BAR: COMO UNA MOSCA DANDO VUELTAS

Ella no lo sabia, pero el lugar hacia el que voló detrás del olor a pescado era un interior donde habría de morir. Yo no lo sabía. No sabía que cuando cerré la puerta de mi congelador de comida estaba condenando a una muerte gélida y a oscuras a una mosca veraniega que no había hecho otra cosa que seguir su instinto en busca de alimento. Allí estaba cuando volví a abrir ese frigorífico. Muerta sobre el hielo. No sé cuánto tardó en morir ni cómo debió pasarlo. Estaba cerca de la puerta y no donde el pescado. Supongo que sería casualidad, pues una tumba tan oscura para una mosca no debe dar muchas pistas reales de hacia donde está la posible salida. Menos cuando la puerta del frigorífico debe ser como una tremenda pared inamovible y tú, simplemente, tienes la inteligencia de la capacidad de la mosca que eres. Por ella sólo pude hacer el colocarla sobre el pétalo de una flor caído de una de mis macetas y deshacerme de su cuerpo intacto, como si simplemente estuviera jugando a estarse quieta, en el caso de que las moscas tuvieran capacidad de jugar. Luego me senté en el sofá del despacho de mi casa, sintiendo la brisa que corría por la calle y se metía en mi hogar por la ventana. El ordenador estaba encendido pero no le hacía caso. Pensaba en lo poco que me había gustado mi intervención en el Festival Sancho Panza Rock, luego en lo muy cómodo que me sentí una hora después en el recital que di en el Flamingo Rock Bar. Pensé en la pareja que nos grabó, para sorpresa agradable mía. Pensé en caras de varias chicas. En caras de varios amigos. En vivencias. En vidas de otras personas. Estaba quieto, sin ruido, pero inquieto. Me levanté hacia las estanterías de libros de mi dormitorio. Buscaba unos libros. A todos, o eso quiero creer, nos han regalado libros sin necesidad de ser una fecha señalada para que te regalen algo. A mí me ocurre a veces. Yo también regalo. De entre esa clase de libros tengo lo que podría llamarse tres minibibliotecas a base de tres personas que me han regalado de ese modo varios libros. La biblioteca Julián Vadillo, la biblioteca Laura Vega y la biblioteca Carmen Herrera. Estaban allí. Sólo quería verlos, no ojearlos. "La Terquedad de la Sombra" se llamaba uno de los libros. Fui al salón. Observé su suciedad y a la gata jugando. Regresé al despacho. Me senté en el sofá quieto e inquieto a la vez. Mucha gente está conmigo en mi soledad, ayer por la noche en el recital vi una buena muestra de esa presencia que se ve sin necesidad de cuerpos. Y sin embargo, también veo mi soledad. Porque no todas las soledades son las mismas. Aunque uno pueda tener la mayor multitud acompañándote, hay siempre un hueco que sólo puede ocuparlo alguien concreto, y si ese alguien no está, sientes la soledad. Ese hueco siempre ha estado vacío, incluso cuando uno creyó que pudiera ser al fin que no. Allí, en el despacho, pensaba sin pensar, dejando que salieran a flote frases aparentemente inconexas y sin sentido. Mirando la luz blanca de la pantalla del ordenador conectada a una red social. Luz blanca que llenaba la penumbra del despacho tras cerrar un poco la persiana. Como una cámara frigorífica. Yo reflexionaba sin reflexionar nada más concreto que un sentimiento vital, como una mosca dando vueltas.

domingo, julio 10, 2011

NOTICIA 957ª DESDE EL BAR: LOS DESASTRES DE LA GUERRA DE GOYA EN ALCALÁ DE HENARES


Francisco de Goya y Lucientes (1746 - 1828) ha dado un paseo desde Getafe a Alcalá de Henares. Bueno, él no. Sería algo complejo que pudiera hacerlo ciento ochenta y tres años después de su muerte. Más bien una exposición de grabados suyos, los de la serie de "Los Desastres de la Guerra". Desde ayer estos grabados se pueden ver gratuítamente en la sala de exposiciones Antiguo Hospital de Santa María la Rica, de Alcalá de Henares, en la calle precisamente de Santa María la Rica, nº 3, detrás de la catedral de los Santos Niños.

Esta serie de grabados ya se han expuesto en el Museo del Prado de Madrid con frecuencia, así que podríamos decir que están "de gira", cual famoso que se dedica a hacer teatro. Es curioso como estos grabados ahora son objeto de exposición como si fueran cuadros, cuando en origen no eran cuadros, ni tan siquiera dibujos para exponerse en una pared. Me explico. Los pintores de aquellas épocas del siglo XVIII y XIX no creaban grabados con objeto de exponerlos al modo como hoy día se exponen, colgados en una pared o en vitrinas de mesa. Si no que los creaban para ser vendidos por series temáticas en edición de libro, algunos libros eran en realidad la forma física para albergarlos en láminas. Hoy día se venden algunas ediciones de estas publicaciones de forma fac-simil editados por el propio Museo del Prado, pero suelen ser caros en exceso. Yo tengo una edición barata (en comparación), pero cara para ser un libro, que recopila todas las series de grabados que creó Goya (Caprichos, Desastres, Tauromaquia y Disparates), no es una edición muy buena, algunos grabados los han editado un tanto "enanos" para ser bien apreciados. Creo que si Goya hubiera estado vivo hubiera tenido más de una palabra malsonante con la editorial Gustavo Gili que la sacó, a pesar de que cuando lo compré iba por su quinta tirada desde 1980.

Estos grabados servían a los autores habitualmente como vía para dibujar temáticas que no les encargaba nadie más que su propio interés. Por ello a menudo los grabados suelen decir mucho de los autores, que crean libres del encargo de alguien que les paga y les dice qué quieren que pinten. Estos grabados los vendían en lámina y en libro y eso les ayudaba a tener un sobresueldo a la vez que mostrar y compartir su obra con la gente del pueblo, no ya sólo con nobles y potentados en general. Quizá el grabador más conocido sea Gustave Doré, pero muchos autores usaron esta técnica.

En realidad no se trata de dibujar sobre un papel, si no de exactamente hacer lo que indica el nombre: grabar. Sobre unas placas metálicas el artista dibujaba lo que quería de tal modo que con diferentes técnicas (Goya exactamente usando unos innovadores ácidos que corrían el metal, aguafuertes ayudados por herramientas metálicas) se vacíaba las zonas de las placas que debían albergar tinta para hacer el dibujo. Eso hace que el artista concibiera el dibujo en negativo, esto es: que las zonas blancas las tratara como si fueran los trazos negros, y los negros como los blancos. También hace que ese vaciado, para que el metal pudiera retener la tinta, no fuera un enorme espacio, ya que entonces la tinta se caería, sino que se recurra a lineas, ya sean diagonal, cruzadas en rombo o como sea. Sobre esas placas de metal se colocaba una lámina de papel grueso, se juntaban con presillas, y con mucha fuerza y de modo que no hubiera interrupción ni cambio de ritmo en la velocidad, se colocaban sobre unos rodillos de una máquina que manualmente apretaban las láminas contra el papel de tal forma que la tinta de la placa se quedaba en el papel dando, ahora sí, un dibujo de un grabado. Obviamente, la presión y el ritmo al imprimir la tinta del grabado en el papel con esta técnica, así como la cantidad de tinta que se usase en la placa de metal, hace que no exista ni un sólo grabado igual. Los dibujos sí son los mismos si se sacan de una misma placa, pero la impresión de la tinta depende de ese proceso, el cual puede ser determinante para destacar una cosa u otra del dibujo, o para emborronar o no unos detalles u otros que sean vitales para lo que el artista pretendiese expresar.

Goya, que era un experimentador nato, y que además según se hacía mayor más quería pintar por gusto y menos porque le dijeran qué querían que pintase, se había acercado por primera vez a la técnica del grabado cuando siendo muy joven, y un tanto desconocido, le dieron por uno de sus trabajos pasar a grabado todos los cuadros de Velazquez de la colección de la Casa Real de Carlos III. Así pues Goya no sólo se fue formando copiando cuadros de Velázquez que nadie más había visto más que la Casa Real Española y sus invitados, si no que se introdujo en esta difícil técnica de grabar. De su primera y sus últimas series de grabados a lo largo de su vida no voy a hablar, aunque tienen bastante jugo en cuanto a todo aquello que les rodeó, incluida la censura en Los Caprichos. Porque se me hace necesario hablar de los Desastres de la Guerra, ya que ha venido a Alcalá de Henares estos días y pretendo ir a verla.

De Goya ya hablé largo y tendido en todos los aspectos de su vida, en relación a él y su evolución cada vez más sensible a la clase trabajadora. Lo podéis leer en cuatro entregas de esta bitácora, muy completas, están en las Noticias 362ª, 363ª, 364ª y 365ª, que por cierto son las entradas del blog que más se consultan internacionalmente después de la que dediqué a los números chinos y japoneses.

Cuando Goya grabó los Desastres de la Guerra era ya un pintor muy afamado en su sesentena de años. Originalmente no se llamaba esta serie "Desastres de la Guerra", sino que Goya les puso por título en letras doradas: "Capricho. Consecuencias funestas de los desastres de la guerra sangrienta en España contra Bonaparte y otros caprichos patéticos en 85 láminas". Y efectivamante tenían 85 láminas, según dos colecciones originales que se han conservado. Goya había vivido la Guerra de Independencia Española de 1808 a 1814 como un español tendente a los franceses y sus ideas de democracia, de igualdad ante la ley, de libertades varias (como la religiosa) y demás. Pero bien es cierto que en aquella guerra vio horrores que quiso retratar casi como si fuera un fotoperiodista. Su postura afrancesada ante la guerra hizo que viera con horror como el regreso de Fernando VII al trono de España supuso el final de la Constitución de Cádiz, la restauración del tribunal de la Inquisición, y el fusilamiento de muchos combatientes de la guerra que habían logrado que volviera a reinar aunque con la idea de que lo hiciera con la democracia de la Constitución de Cádiz de 1812. Por eso Goya pintó dos cuadros para un concurso pictórico como son El 2 de Mayo y Los fusilamientos del 3 de mayo, que ya comenté en las entradas ya citadas y enlazadas. Cuadros que pasaron a almacenarse sin pena ni gloria sin que volvieran a ser vistos públicamente hasta varias décadas después, en los años 1870' gracias a la Revolución Gloriosa que pretendió primero una Monarquía constitucional muy democrática, y después la I República. Con los grabados de la guerra pasó poco más o menos lo mismo.

Goya no los sacó de venta al público tras la guerra. No se atrevió. Cuando Riego dio el golpe de Estado para que Fernando VII aceptara una constitución en 1820, se animó a editarla y la preparó para ello, pero la intervención internacional y militar que acabó con ese periodo breve de democracia e 1823, volvió a cohibirle para hacerlo. Estuvo oculto tres meses, al saber de las ejecuciones que se estaban llevando a cabo, y sólo volvió a dejarse ver cuando se concedió una amnistía general a los que no habían sido fusilados. Fue entonces cuando le mandó los grabados a su amigo Cean Bermúdez para que rectificase en ellos lo que creyera que se debía rectificar. Pero no se supo más. Goya metió los grabados en un cofre y partió al exilio en Francia. Ese cofre se lo dio a su hijo Javier para que lo ocultara, quien ya de por sí conservaba gran número de los cuadros de su padre al haberlos heredado de su madre hacia años (en realidad se los reclamó a su padre, que entendía que su hijo le despojaba de su obra). Había miedo de que esos grabados fueran motivo, entre otros dibujos y pinturas, de que los Goya fueran represaliados y fusilados, ya que podían recordar esos horrores de la guerra ya no las acciones bélicas de 1808-1814, si no las atrocidades de la represión fernandina de 1814 y la de 1823, aparte de que en el periodo 1820-1823 añadió algunos grabados que criticaban ferozmente la involución social y política que supuso en las libertades el regreso de Fernando VII tras la Guerra de Independencia.

Goya murió en 1828 sin que los Desastres de la Guerra hubieran visto la luz. Javier Goya tampoco los publicó. En todo caso, en 1853 vendió ochenta estampados de ellos a la Real Academia de las Artes de España, ya que a menudo pudo llevar cierto ritmo de vida gracias a estas ventas de cosas de su padre. Pero la Real Academia tampoco quiso editarlo, no lo hizo hasta 1863, a cinco años de que el malestar con Isabel II fuera completo y la Revolución Gloriosa terminara echando a la familia Borbón del Reino de España.

Sin embargo, en 1863 sólo se habían editado ochenta grabados, y estos tan sólo en una única edición. Los ochenta y cinco grabados no se publicaron completos hasta el año 1937, en plena Guerra Civil Española (1936-1939), y tan sólo en la zona republicana. Se hicieron en plena contienda bélica hasta siete ediciones completas. Habían pasado más de cien años desde su creación para que pudieran ser vistos... y, aún con todo, sólo lo vieron los republicanos que defendían la democracia frente al fascismo y el nacional catolicismo del general Franco. Con el final de la dictadura entre 1975 y 1978, estos Desastres de la Guerra, que recibieron ese nombre con la edición de 1863, se revalorizaron artísticamente y se transformaron en emblema pacifista, y rara y curiosamente fotoperiodista sin ser fotografía, siendo motivo constante de exposición cual cuadros de museo... sin ser cuadros.

Ahora están en Alcalá de Henares, puede ser una buena ocasión para verlos en una buena expresiónde todo su esplendor. A fin de cuentas, cuando Goya hizo esta serie probablemente la hizo así porque le era más fácil de conseguir los materiales para grabar que si la hubiera hecho en cuadro. Y más aún, posiblemente no van desencaminados los que le otorgan un valor casi de fotoperiodista, ya que es posible que eligiera la técnica del grabado para estas imágenes porque, no obstante, fue un grabado publicado en un periódico el que le incitó a pintar uno de sus cuadros más famosos: Los fusilamientos del 3 de Mayo o de Príncipio Pío. Efectivamente, esa escena no la vio con sus ojos, si no que la vio en un grabado hoy día conservado aún de un periódico madrileño de la época. Puede que los grabados que hoy se exponen en Alcalá no fueran grabados por casualidad, si no para expresar algo que le impactó visualmente tanto como para valorar esa técnica como la mejor para transmitir lo que veía con veracidad o verosimilitud, que no es lo mismo. Quizá, si hubiera existido la cámara de fotos, hubieramos tenido fotografías de Goya, aunque suene rocambolesco.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

viernes, julio 08, 2011

NOTICIA 956ª DESDE EL BAR: DAN HILLER

Dependent Magazine, ese es el nombre de la revistra donde descubrí esta ilustración de Dan Hiller. Últimamente he ralentizado un poco el ritmo de publicaciones en esta bitácora para el Alto Mando, pero este espía promete volver con ello en breve. De hecho tengo en mi mesa y cabeza unos cuantos papelucos acumulados con información que me parece que debe ser compartida. Lo que pasa es que por mi vida privada van pasando cosas, como un torbellino, y tengo tiempo para escribir, a veces no todo el necesario, pero no tengo la fuerza motivadora de ponerme a teclear. Sin embargo han sido unos días productivos en otras cosas. Supongo que en cierto modo han pasado cosas en mi vida interior, sentimental, que me han hecho ver lo que ya dije a una amiga en contestación a un video musical que me regaló para animarme vía facebook:

"En mi vida particular hay algo que se ha repetido como una gota de agua en la lluvia, algo que ha regresado como un punto en un círculo que da vueltas sobre un eje. Una especie de manzanas de Tántalo. Como si determinado aspecto de mi vida fuera un 'remake' constante en sus modos, sus formas, su contenido... y su resultado. No siempre es sólo cosa de uno mismo. Las circunstancias de la vida marcan a las personas... y a mí tanta repetición de lo mismo, acabo de comprenderlo, hace tiempo que comenzó a hacerme mella, y la mella se está haciendo grieta. Cansancio vital. Vacío Existencial... Pero, como siempre, resurgiré con ácido humor negro."

Y en esas estamos, porque la vida es como esta dama de luto que pintó Hiller, alguien que te atrae por su belleza y misterio, y que te envuelve con sus tentáculos como un cefalópodo, y, ya se sabe, los cefalópodos son las criaturas de este planeta más voraces con las que uno se puede topar. Ahora bien, yo a veces cocino sepias y me las como.

Que la cerveza os acompañe.

lunes, julio 04, 2011

NOTICIA 955ª DESDE EL BAR: PEQUEÑO RELATO

- No abundan mucho personas como usted.
- ¿Taxistas?
- No, quería decir...
- ¿Conversadoras?
- ...Sí, de buena conversación...
- ¿Por qué coge siempe mi taxi, señorita?
- Bueno, ya lo sabe, voy a la casa de mi novio, el doctor Carcaville. Termina su trabajo todas las tardes a las seis y le llamo a usted porque me da confianza para ir con él... Tengo miedo a los desconocidos... ya se lo dije... y usted...
- Un día fui un desconocido.
- Sí, pero...
- ...Pero tengo buena conversación.
- Sí.
- Bueno, tenemos que parar aquí.
- Pero... pero si no hemos llegado.
- Lo sé, pero el coche necesita gasolina. Le llamaré a un amigo.
- Ah, entonces... supongo que tengo que pagarle...
- Ya me lo dará otro día, hoy no hemos llegado a destino y tengo que buscar gasolina para este trasto.

Ella salió del pesado coche modelo de 1946. Era un coche muy basto para ser un taxi, consumía mucho, pero el taxista no quería cambiar de modelo. El taxista salió al ver doblar la esquina a otro taxi de su compañía. Alzó la mano para llamarle, en seguida paró junto a ellos. Le indicó por la ventanilla la dirección y acto seguido le abrió la puerta trasera a ella para que subiera.

- ¿Nos volveremos a ver? - dijo ella parándose con un pie dentro del vehículo y otro fuera.
- Soy un taxista, sólo tiene que llamarme.
- No conozco a...
- No se preocupe. Nunca abandono a mis clientes, hasta que me abondan a mí. Nos volveremos a ver.

Ella sonrió con un brillo en sus ojos y dijo:

-Nos volveremos a ver.

Después, el taxi se alejó con ella a lo largo de la calle hasta desaparecer por detrás de un edificio. El taxista subió a su coche, encendió un cigarrillo y con el cartel de ocupado levantado en el parabrisas, regresó a su casa.

Por Daniel L.-Serrano (Canichu, el espía del bar).


(Este relato tiene registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este relato no está permitido su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

sábado, julio 02, 2011

NOTICIA 954ª DESDE EL BAR: JENA

Una vez tuve un tatuaje de jena en el dorso de mi mano derecha. Era broncineo, como dorado. Cubría el dorso en forma de lineas que recordaban un ataurique musulmán. De hecho era una especie de ataurique que venía a recordar un tanto conceptualmente un mundo enrevesado y lleno de vida vegetal. Era muy bonito. Me lo hizo una chica argelina, sería en 1998 más o menos. Yo aún no había comenzado la carrera de Historia en la Universidad de Alcalá de Henares, si no que ese año yo cursaba la de pedagogia en la Universidad Complutense. Fue un año un tanto confuso y revuelto. Habíamos ocupado la facultad de educación reclamando el cese de la masificación de alumnos en las aulas. Hicimos una asamblea gigante de muchas horas, y luego estuvimos haciendo carteles. Sólo habíamos tomado café negro por alimento y las horas pasaban cansadas mientras de algún aula cerrada se oía algún gemido estudiante. Mi desubicación vital en ese momento se confundió con mi desubicación de todo aquello. Entonces vi a la chica argelina haciendo tatuajes a sus amigas y le pedí que me hiciera uno sin conocerla de nada. Me cogió la mano y me hizo un ataurique. Me contó entre tanto una vieja leyenda del Sahara y una tarde tomando té con su familia en una jaima en el desierto. Ignoro que habrá sido de ella, si ya será pedagoga o si cambió de carrera como yo. Ignoro su nombre y no recuerdo su cara. Recuerdo que no hizo preguntas, ni se molestó en saber quién era yo. Me cogió la mano y me pintó aquella especie de ataurique broncineo, me contó una leyenda y me habló de un recuerdo personal de su niñez. Aquel tatuaje duró apenas una semana. El recuerdo aún lo tengo.

Que la cerveza os acompañe.