domingo, marzo 13, 2016

NOTICIA 1576ª DESDE EL BAR: DE LA FÁBRICA Z A QUE ME PUBLICAN EN LIBRO

El pasado jueves 10 de marzo La Fábrica Z dió su primer concierto en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Se trata de un cuarteto de jazz liderado y montado por Pablo Zárraga (batería y percusiones varias), el cual ya es una de las caras más reconocibles del jazz complutense. Los temas que se tocaron fueron , además, compuestos por él. Sigue la formación con Arturo Pueyo (Saxofón y clarinete), que aunque actualmente vive en Madrid también es de esta ciudad. Es otra de las caras reconocibles del jazz madrileño. Jesús Manzanares (contrabajista), un joven madrileño lleno de habilidad y riesgos impecables a la hora de tocar. Y Pablo Hernández (guitarrista), otro músico joven, este de Guadalajara, que ha colaborado en muchos otros proyectos antes de este.  La foto que os muestro me la pasaron ellos. Como se ve, yo aparezco en el escenario y la cosa es que el concierto tuvo por hilo conductor varios de mis poemas leídos en dos bloques con toda la banda tocando, un bloque de lectura por cada uno de los músicos tocando en soledad su intrumento, y un bloque más donde leí en silencio musical. 

Mi presencia en el acto era totalmente secreta. Por ello no salí anunciado en cartel ni se dijo nada hasta que César Gallegos, el presentador, nos nombró a todos los participantes. Ni siquiera se había dicho nada de mí en las entrevistas que las emisoras de radio Onda Cero y SER ofrecieron por las mañanas de los días 9 y 10. Este proyecto nació de la idea que Pablo Zárraga tuvo hace un año o un año y medio en uno de mis recitales y tras uno de sus conciertos de jazz en La Gatera, aunque él lo retratrae a los tiempos de La Vaca Flaca. Nunca concretamos nada hasta que entre noviembre y diciembre pasado, después de un recital de poetas y poetisas en El Laboratorio y de un concierto de jazz, Pablo me empezó a comentar su objetivo de montar La Fábrica Z y poder mezclar jazz y poesía. A partir de ahí él y su grupo comenzaron a trabajar los nuevos temas musicales, mientras estaban a la vez en otros proyectos. Yo me quedé a la espera de escuchar algo de la música para poder desarrollar un tema a escribir. Nos llegó de mano de Pablo la idea general de la desconexión de la persona con determinado valores naturales al verse cada vez más profundamente inseparable de la vida en las grandes ciudades. Idea similar al encuentro de poetas que organizó Sofia Winter cuatro días antes por pura casualidad, ya que, al participar yo de ambos eventos, soy consciente de que desconocían el uno de la otra el objetivo de ambos actos. Sea como sea, yo no escuché nada de los temas musicales que estaban preparando hasta el sábado 5 por la mañana, ya que por la tarde estuve en el encuentro poético citado. Esa mañana me llevaron a Madrid, a un barrio a orillas del Manzanares, y con cierto frío escuché el ensayo primero. Elegí los poemas sobre la marcha, los probamos una sola vez, nos sonó bien y depues ya no hubo más encuentros hasta el jueves 10 la tarde-noche del concierto.

Fue la primera vez que yo actuaba en el Corral de Comedias, aunque Pablo Zárraga ya lo había hecho en uno de los eventos poéticos organizado un mes antes por el poeta Francisco José Martínez Morán. Es un escenario precioso e histórico, con referencias a su pasado como corral de comedias del siglo XVII, su techo con bambalinas propias del teatro del siglo XVIII, los palcos del teatro del siglo XIX, y ese escenario que nos remite al cine Cervantes que fue en el siglo XX. Los técnicos y responsables del sitio fueron muy amables. Se trabajó con buen humor con ellos. Creo que el aforo del teatro está cerca de las doscientas personas, quizá unas ciento ochenta. No lo sé. Y las entradas se vendieron casi al completo, por lo que nos dijeron: unas ciento treinta o ciento cincuenta localidades vendidas. A mí el foco de luz me daba en los ojos, por lo que desde el escenario no pude a la gente, salvo algunas personas de las dos primeras filas. Salimos muy satisfechos del sitio, tanto que lo celebramos muy gustosamente con unos pocos amigos del público en el bar El Reloj. Yo creo que creamos un buen ambiente, a veces inquietante, a veces acelerado, siempre envolvente. Todo lo que hemos escuchado desde ese día es buenas sensaciones de parte de quien estuvo presente. Eso nos alegra. 

Me gustó mucho la conexión que tuvimos actuando sin apenas haberlo trabajado. Quedó todo impecable. Me asombra la capacidad de Jesús al contrabajo, cuyo sonido quedaba ideal para el ambiente ques se formaba. Su capacidad y riesgos tocando las cuerdas eran realmente de admiración. No todos los contrabajistas hacen las cosas que él hizo. Arturo Pueyo es con el saxofón un  experto total. No nos fue difícil entendernos a pesar de lo difícil que es acompañar una lectura con ese instrumento. Nos escuchábamos ambos e interactuamos como si nos hubiéramos escuchado mil veces antes haciendo lo mismo. Fue increíble. Pablo Hernández, que ya había colaborado con otros poetas en otros recitales, supo dotar de delicadeza y un sonido atrevido al fondo. Me gusta de él que es una persona muy generosa musicalmente, sabe comprender cuándo hay que ceder espacios de sonido para que todo el conjunto suene formando un ambiente emocional. Un placer contar con él. Y el poema que leí con Pablo Zárraga a la batería me dejó totalmente cautivado. Yo ya había oído desde adolescente una canción de los Who montada sólo con una batería. Siempre me gustó mucho aquello y yo me imaginaba haciendo algo así. El día 10 fue algo que se me hizo realidad. Dotó de un sonido tétrico a un conjunto de tres poemas en ese bloque cuya temática era ciertamente inquietante y algo oscura. Estoy realmente muy contento con el resultado del concierto completo.

En todo caso, allí tres de nosotros sabíamos algo que el público no sabía. Arturo Pueyo iba a hacer otro concierto a Madrid capital nada más terminar ese concierto, razón por la cual al cumplir una hora y media de concierto se fue rápidamente por la puerta trasera y no hubo bis. Jesús Manzanares, el contrabajista, celebraba su cumpleaños, por lo que se entregó aún con más fuerza y energía de lo que ya de por sí toca. Y yo, unas horas antes de empezar recibía la muy grata noticia de dos editoriales interesadas en publicar dos libros míos. Una de ellas, de la que ya hablaré mejor en su momento, sacará el primer libro este mes de mayo. Se trata de los relatos sobre la Primera Guerra Mundial que escribí. Estoy realmente contento y satisfecho. Bueno, añado a raíz de esto que, ante el asunto de ser editado, ahora más que nunca soy Canichu. He registrado mi pseudónimo asociado a mi persona en la propiedad intelectual. Antes de por sí lo tenía ya con Creative Commons, ahora lo tengo aún más asegurado al estar en el Registro de la Propiedad Intelectual asociado a mi.

Por lo demás, ayer, sábado 12, en la asociación y taller musical Maese Pedro, de Madrid capital, cerca del Congreso, el grupo de artistas Arte Diez inauguró una pequeña exposición de cuadros entre los que se cuenta uno de la artista alcaláina Zaida Escobar. Allí estuve con unas pocas personas más de Alcalá, en torno a aquel grupo de gente creativa que nos reuníamos en lo que fue La Vaca Flaca. La exposición estará disponible para verse en torno a un mes. 

Así que, dicho todo esto, ahora, mientras preparo varias cosas que esta primavera llenará varias agendas culturales de lugares de Alcalá de Henares, voy preparando el libro de los relatos sobre la Primera Guerra Mundial para mandarlo a imprenta y esperando noticias de la otra editorial que quiere sacar otro libro mío. Saludos y que la cerveza os acompañe.