martes, marzo 22, 2016

NOTICIA 1581ª DESDE EL BAR: RAMOS DE DOMINGO

Así amanecía alrededor de las seis y media de la mañana en la calle Libreros hacia la Calle Mayor de Alcalá de Henares. La noche había sido muy fría y llena de abundante lluvia, en algún momento fuerte y cerrada. Si el comienzo del invierno pasado parecía verano, el comienzo de la primavera parecía invierno. Aún con todo, tal como refiero en los comentarios de la anterior noticia, el recital de poesía que celebramos en el Deltoya Rock Bar gozó de un público abundante. Lo que es algo siempre entusiasmador; entusiasmador por lograrse tal cosa en una noche de frío, viento y lluvia copiosa. Fuimos varios los poetas y las poetisas que acudimos a este evento que montamos en veinticuatro horas, y aún había gente, y no poca, que simplemente acudió al bar para escuchar los poemas. Ignoro porqué el ayuntamiento este año, tan significativo por ser el año Cervantes, y también la Universidad, no organizaron ni cobijaron ningún acto poético en el Día Mundial de la Poesía. Quizá, como dijo uno de los poetas, porque prefirieron organizar sólo actos religiosos a pesar de ondear su separación de actos religiosos y actos de gobierno. Ciertamente es Semana Santa, y pareciera que el ayuntamiento, este año, haya tenido amnesia total en cuanto a los eventos poéticos del Día Mundial de la Poesía. ¿No querían que un acto poético pudiera estropear en algo las procesiones religiosas? Ha sido coincidencia que este año la Semana Santa irrumpa en el 21 de Marzo, pero una celebración no debería impedir otra. ¿Han tenido miedo quizá de que alguna persona acudiera a los juzgados sintiéndose ofendido en lo religioso si se hubiera celebrado un acto poético no religioso, como cada año se viene haciendo? ¿Es que acaso yo no me siento ofendido si mi libertad de recitar poesía queda socavada por la imposición de pasear Cristos y Virgenes de madera por las calles al ritmo de la música, la multitud y el olor a incienso? Yo creo que hay cabida para ambas cosas. Para ambas celebraciones, e igual que se respeta el paseo de un Cristo de madera me gustaría sentirme respetado en mi gusto de celebrar el 21 de Marzo recitando. ¿Hubo otras razones? ¿Quizá falta de previsión y de proyecto para el Día Mundial de la Poesía? Pues en pleno año Cervantes eso no dice mucho a favor de los responsables del área de Cultura en lo ocurrido en tal fecha.


 La cuestión es que este domingo pasado fue Domingo de Ramos y en Alcalá de Henares los ojos de Catalina de Aragón, labrados en el bronce de su estatua, vio procesionar la salida de un Cristo montado en mula desde el Palacio Arzobispal, escoltado por gente que llevaba altas ramas de palma amarilla, que dificil o nulamente se pudiera encontrar en este lugar de la meseta penínsular. Allí Catalina, con su libro y su rosa, como mujer culta que fue, a la espera de su 21 de Marzo y sus poesías, en vano como la espera de anulación de su divorcio con Enrique de Inglaterra, vio marchar a estos católicos apostólicos romanos engalanados, tal como a mediados del siglo XVI el Concilio de Trento ordenara para contrarrestar todas esas otras ideas cristianas que, como las de su ex-esposo, iniciaron una corriente de protesta religiosa que llevó a nuevas ramas del cristianismo, nada dadas al obispo de Roma, a las imágenes de Dios o de Santos, ni mucho menos a procesionar. Y es que las procesiones de las que España o Italia hacen gala, son hijas de aquel Concilio de Trento, la Contrarreforma, los libros prohibidos, las persecuciones religiosas, los tribunales inquisitoriales y aquellos párrocos que durante muchas décadas anotaban la lista de quién había y quién no había ido a misa, tal como aún las encontramos en algunos archivos.

 Sin embargo, la procesión religiosa es algo propio de una buena parte cultural de España. Tiene su devocionario, su misticismo, su penitencia, su todo religioso y ascético, ayudado por los humos del incienso que se quemaba en las iglesias medievales para mitigar los olores a sudor de los feligreses, revestido, eso sí, de su alegoría y signficado religioso. Yo, seguidor de JesuCristo Superstar, lector que fui de la Biblia completa, ya escribí en la Semana Santa de 2007 sobre las cuestiones políticas e históricas que rodean los hechos de la vida de JesuCristo de un modo crítico y la viabilidad de su existencia como personaje histórico, siguiendo, entre otros criterios, no sólo los criterios de los libros de Historia, sino también del análisis crítico introductorio de un Nuevo Testamento que tengo en casa, editado durante el Papado de Pablo VI, con el Concilio Vaticano Segundo en su explendor. En ese análisis, en una segunda entrega, expliqué todos esos términos políticos y sociales que no paran de mencionarse en los textos religiosos y que muchos desconocen aunque los nombren, como los esenios, los zelotes y otros. Y terminé explicando las contradicciones jurídicas que se mencionan en la Biblia si las confrontamos con la realidad de cómo era la jurisprudencia romana. Pero de todo eso nos queda que este domingo 20 comenzó esta Semana Santa, con gente que probablemente no sepa mucho de todo eso, que simplemente acepte algo porque sí y ni siquiera se haga preguntas de dónde viene cada cosa, o qué o quién era qué grupo social. Se quedarán en que entró Jesús en Jerusalén con un recibimiento de una multitud agitando ramas de palma y olivo gritando "Osana". ¿Y por qué? ¿Quiénes eran esos seguidores? Pero sobre todo, ¿dónde se metieron unos días después cuando Jesús era detenido de forma no oficial, juzgado irregularmente y condenado a muerte porque otra multitud prefiere que liberen a un zelote? Pues esas respuestas, quizá, para reflexión, quedan en parte sugeridas en las entradas que os cito del año 2007. De momento nos quedamos con esas familias gitanas que este domingo simplemente vendían ramas de olivo y palma mientras uno de los hombres vendedores, cerca de mí, dijo por lo bajo a uno de sus hijos, "este año muy mal, muy mal, no vendemos nada... mírale, con la borriquilla", y miraba a la estatua de Jesús en mula mientras sus niños se reían de cómo pronunció esa última parte, y tenía su gracia, la verdad, aunque no sé si este hubiera sido más uno de los mercaderes del templo o uno de los asistentes a la entrada de Jesús. Y quizá fuera ambas cosas.
  
La gente había ido a procesionar con un espíritu más curioso que religioso. Me pregunto qué opinaría ese Jesús, de ser de carne y hueso, de ver a sus procesionarios con abrigos de piel, joyas variadas, peinados de peluquería que se adivinaban caros, capas con adornos de oro y plata, zapatos nuevos de cuero brillante... ¡Caray, cómo han cambiado los pobres! Aunque tengo una ligera sospecha acerca de su "pobreza". Lo cierto es que me acerqué porque yendo hacia el centro de la ciudad oí desde los barrios de la mitad de mi distrito la voz de un altavoz que clamaba cuestiones religiosas y salmos. Lo habían instalado en el interior del Palacio Arzobispal, pero era tan potente que se oía a mucha distancia, yo no vivo en el Distrito I, sino en el Distrito II. Teniendo su derecho de celebrar la Semana Santa, me cuestiono si deben tener ese derecho de poner altavoces tan potentes para proclamar la palabra del Señor, ya que en esta sociedad española de hoy, cuya Constitución proclama la laicidad del Estado y su aconfesionalidad, vivirán con seguridad, o andarán por las calles, personas que sean de otra religión o de ninguna, incluídas personas que sean de religiones que consideren pecado escuchar actos religiosos de otra religión, y las hay. Me pregunto si yo desde mi terraza podría instalar unos altavoces igual de potentes para proclamar las bondades de cualquier libro de filosofía contemporánea. Y la cuestión es que el asunto me da igual, pero no tanto cuando en los últimos tiempos algunos sectores ultracatólicos, incluído el obispo de Alcalá, han proclamado tantas cosas contra los que no piensan como ellos. Respeto, ahí está siempre la clave, por eso cuando se incurre en contradicción, hay que decirla, para aprender, con humildad, del error.


 A mí de las procesiones lo que más me gusta son las orquestas musicales. Algunas personas creen que soy ateo, pero no lo soy. Con esto no proclamo ser católico practicante de los de lo que diga la Iglesia. Yo tengo mis creencias, que son parte de una mezcla de cosas, no soy partidario de las cosas que hace y dice la institución Iglesia. Pero no voy a hablar de estas cosas aquí, que, aparte que no me apetece, creo que es algo íntimo y personal, complejo, no niego que quizá contradictorio en alguna cosa, pero con sentido para mí. No soy de los que van a las procesiones. No suelo ir. Y cuando alguna vez he ido, no ha sido tanto por un sentimiento religioso, sino por la música, por un acto quizá de curiosidad cultural, quizá tradicional, algo poético. Poco más. En general el ambiente me repele, trato de abstraerme del ambiente social, que me parece falso y contrario a lo que realmente Dios querría si nos atenemos a lo que dice la Biblia que dijo en algunos momentos. Y es que lo de los fariseos y lo de los últimos serán los primeros es para repasarlo y reflexionarlo. Tal vez el Papa Francisco I tuviera mucho que decir sobre esto. Pero claro, ahí tenemos a sectores que prefieren agarrarse aún a un fuera de funciones Benedicto XVI, o, como en el Convento de las Bernardas, benerar todavía a Juan Pablo II en sus paredes, ya que los polacos abrieron las puertas de su misa ese día para quien quisiera compartirla con ellos. Tres Papas y tres visiones de interpretar a Dios. Me quedo con la música. Son buenos músicos los de estas orquestas, y muy imaginativos, y con potencia. A veces me recuerdan pasajes de Ennio Morricone.

Ir por la calle Santiago...













 Mostrar la estatua en madera de Cristo...

 Escoltarte de jerarquías y gente con trajes elegantes como si el traje hiciera al cristiano...
 Vender...













 Así pasa el Domingo de Ramos en esta y en otras ciudades. Paseando al Cristo en una talla de madera de valor artístico que a veces corre el riesgo de caerse o de mojarse por lluvia, en múltiples localidades españolas, sin que haya una garantía clara de protección de esa talla como patrimonio artístico y cultural de España, como si esta semana sólo fuera del uso y disfrute de los que van a las procesiones aparentemente con intenciones penitentes, aunque en la realidad por pasar la fiesta, ya que muchos, después, marchan en procesión hacia los bares de tapas, donde la cerveza y el vino mojarán los alimentos que les den por el precio en dinero que les cobren.

Yo, la verdad, salí en principio precisamente para disfrutar de la hora del vermouth, que tradicionalmente era algo que se producía los fines de semana sobre las 12:00 h. y las 13:00 h., y desde hace unos años en Alcalá de Henares mucha gente sale por el distrito centro para tapear a partir de las 14:00 h., lo que ya no es hacer un vermouth, sino un "tardeo", como me dijo una amiga que se llamaba en algunos sitios de Andalucia cuando la gente va de tapas a la hora de comer o poco después. Perdemos nuestras costumbres, pero sobre todo porque los dueños de algunos bares tienen preparadas sus tapas cada vez más tarde. Menos mal que los bares de barrio, no turísticos y más baratos, siguen haciendo la hora del vermouth como nuestra cultura siempre la ha hecho, antes de la hora de comer. 

 En fin, Semana Santa 2016...












...entre lo terrenal y lo celestial...


 ...y la lluvia.













De verdad que de estos días lo que más me gusta son las comidas tradicionales como el potaje y las torrijas, las películas de romanos (sí, me gustan), y las orquestas de las cofradías, su música. Por lo demás, creo que para mostrar un sentimiento religioso más vale predicar con ejemplos humildes que con estolas de piel y joyas caminando detrás de estatuas. 


De verdad que me encantan las bandas orquestales. Tienen un repertorio musical inusual y muy bien realizado. Además, tienen una estética muy como de final del siglo XIX o principios del XX que es altamente llamativo.

Saludos y que la cerveza os acompañe.