martes, diciembre 15, 2015

NOTICIA 1548ª DESDE EL BAR: ¿VOTAR EL DÍA 20? EL FUTURO, EN LOS PELOS DE MI CULO


¿Al fin el año 2015 llega a su final electoral después de pasar las elecciones andaluzas, las municipales y autonómicas y las catalanas y llegar a las generales el próximo domingo? Pues no, porque como las catalanas no se resolvieron bien, o sea: nombrando presidente de Cataluña, todo apunta a nuevos capítulos a partir del día después de las generales del día 20, cuyo tope estará el 9 de enero de 2016. La verdad es que he hablado poco de política y de la actualidad del momento por mi estado anímico de estos tiempos por una parte, pero también mucho porque me parece la campaña más anodina, basada en lo fútil y el espectáculo, sin contenido, donde los políticos no ilusionan ni son creíbles, donde todo apunta a que se desea el voto del votante, pero no interesa la vida de las personas. Por primera vez en mi vida estas elecciones son unas elecciones que me tienen más que desilusionado y en espectativa de que el futuro no existirá. 

2015 ha sido un año aletargado donde los dos partidos mayoritarios le han visto las orejas al lobo en forma de los partidos nuevos en los que confía ahora la ciudadanía. El particular sistema turnista nacido de 1977 llega a su crisis finisecular, parafraseando a la forma de hablar del fin del turnismo que empezaron Sagasta y Cánovas en 1885 y que tuvo su final en 1923, con un gran terremoto en 1898. ¿Para qué las fechas históricas? Olvidémonos de ellas por hoy. Olvidemos la búsqueda del ejemplo histórico más que evidente en este comienzo del siglo XXI. El año 2016 tendrá todo su panorama político y social redefinido, salvo en Galicia y País Vasco, que votarán sus autonómicas en ese año. La cosa es que en 2016 ya no habrá excusas sobre dudas o amenazas infundadas, como queden constituidas las instituciones es como quedarán. 2015 quedará como el año que los políticos jugaron a construir el periodo 2016-2020, que puede ser memorable o, como en algunos gobiernos de los años 1910, efímeros. ¿Cuántos recuerdan a los presidentes de gobierno españoles llamados Sánchez Guerra, García Prieto o Álvaro de Figueroa, por poner un ejemplo? La Historia nos está chillando en 2015.

Cuando la crisis económica tuvo su preludio mundial en 2007 el presidente del gobierno en ese momento, José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE, negó la crisis. Llevaba razón, aún no había estallado, pero hubo en ese momento un primer aviso muy serio que muchos economistas avisaron, aunque se pudo amortiguar. Pero en el verano de 2008, a finales, estalló de verdad la crisis económica. Por entonces Zapatero y mucho ciudadano de a pie negó la existencia de la crisis económica, aunque algunos ya la padecimos en una primera bofetada en la cara: el desempleo aún más duro. Tenía yo 29 años, era lo que llaman los políticos y empresarios: un joven. El PSOE negó que hubiera crisis económica en esos últimos meses de 2008 y se pasó el 2009 negando la misma, concediendo dinero para obras públicas que eran pan para hoy y hambre para mañana, hasta que se hizo muy evidente en 2010, en toda la Unión Europea, que la crisis existía y que era brutal. Despidos, cierres, rebajas salariales, pérdida de poder adquisitivo... El PSOE de Zapatero reaccionó con una reforma laboral inefable y catastrófica que atentaba contra los intereses de los trabajadores, los sindicatos contestaron tarde con una huelga general, se intentó una reforma de la educación que fue contestada en masa por toda la comunidad educativa porque se trataba de ahondar en la privatización de la Universidad, iniciada por el gobierno previo del Partido Popular de José María Aznar. El PSOE hablaba de brotes verdes, a modo de metáfora del final de la crisis. Era mentira. La crisis iba a peor. Así llegamos a la reforma de la Constitución acordada sólo con los conservadores del Partido Popular y empujados por la Unión Europea para que las deudas y la economía del país tuvieran más peso que los derechos de los ciudadanos. La gente era desahuciada de sus casas. Se produjo la represión policial de Madrid que fue el chispazo para las protestas del Movimiento 15 de Mayo de 2011 antes de las elecciones municipales y autonómicas. Las protestas se generalizaron mientras el país se hundía económicamente. El PSOE proclamó las elecciones generales anticipadas para el 20 de noviembre y tiró la toalla de seguir intentando buscar soluciones. Así, el 20 de noviembre de 2011, yo con 32 años, se cambió el gobierno al conservador del PP de Mariano Rajoy.

El año 2012 fue uno de los años que más reformas política, sociales y económicas se hicieron en la España nacida de la Constitución de 1978. Casi todas nacidas del empuje de las instituciones económicas y políticas de la Unión Europea, especialmente de Alemania y de los democristianos europeos. Todas esas reformas se tradujeron principalmente en recortes económicos y de derechos sociales, algunos nada tenían que ver con la economía y sí con la ideología ultracapitalista. Se rescataron bancos por encima de la vida de las personas. Se hizo otra reforma laboral donde todas las ventajas se las entregaron a las grandes empresas, llevó a dos huelgas generales y a uno de los años más huelguísticos desde los años 1970. Los casos de corrupción y las leyes que caían en la ultraderecha se sucedieron entre 2012 y 2013, mientras el paro aumentaba y con él se destruían numerosas vidas, ya por falta de dinero, ya porque numerosos españoles tuvieran que irse de su país para poder vivir. Entre tanto el gobierno estaba empeñado en meter a la Iglesia y las ideas capitalistas en la escuela, privatizar todos los servicios públicos, recortar derechos sanitarios como el derecho al aborto acorde a ideas católicas, criminalizar a los desempleados, maquillar las cifras de los desamparados sin empleo ni ayudas. Y la corrupción por el PP salió por todas partes apuntando su origen a la propia fundación del PP en los años finales de 1980. Así llegó en 2014 las elecciones europeas, donde todavía ganaron ellos en ese parlamento, pero donde surgió una fuerza de izquierda regeneradora que motivó a mucha gente, Podemos, aunque a la vez, paradójicamente, desmovilizó todo el movimiento social de protestas. Obviamente la gran mayoría de la gente prefiere el coste cero de riesgos metiendo un voto en una urna, que ir a una huelga y perder sueldo o poder sufrir una no renovación de contrato. El ascenso de Podemos tan ilusionante, y con tantos "peros" y dudas que ponerle, era a causa de su potencial desmovilizador el  mejor arma del sistema para perpetuar el sistema, a pesar de que Podemos aspira a cambiarlo. Y así llegamos a 2015, este año.

En 2015 hubo todo un periodo de elecciones continuadas. Los casos de corrupción del PP y de sectores de PSOE y de cierto sindicato mayoritario salieron por todas partes, cada vez más y cada vez mayores. Hasta la Casa Real, que se había visto acusada desde 2013-2014 y que incluso Juan Carlos I abdicó en ese 2014 a favor de su hijo, Felipe VI. El ascenso de partidos jóvenes como Podemos o como Ciudadanos han roto en buena parte el sistema bipartidista de PSOE-PP, al menos momentáneamente. La desaparición en escena de Izquierda Unida y de UPyD de los medios informativos de esta campaña electoral nos informa de que se han transformado en el juguete roto de los grandes para controlar a una parte de la sociedad más reivindicativa, ya tienen a Podemos, ya tienen a Ciudadanos, no obstante fueron estos dos partidos junto a PSOE y PP los que protagonizaron el primer debate electoral a cuatro más visto de la Historia de la televisión española, nueve millones de espectadores, el lunes 7 de diciembre. IU se queja ahora del vacío que le hacen habiendo ido tan de la mano con PSOE en muchas ocasiones, se olvidan que en su día también a la CNT le hicieron el vacío en los años de la Transición, allá en los años 1970. La Historia nos está chillando. Repito. 

El PP es el mismo partido conservador que hace cuatro años, en 2011, hizo infinidad de promesas sociales y económicas que incumplió, al completo, nada más ganar las elecciones. Creer en ellos es creer en mentiras. De todos modos, cuando Rajoy era ministro de Aznar muchos años atrás, ya hizo cosas así, cuando negaba la catástrofe ecológica del petrolero Prestige o cuando se decía que ETA y no el extremismo islámico atentó en Madrid el 11 de Marzo de 2004. Por cierto, por entonces también fue aplaudido por toda la extrema derecha europea por su política de inmigración, revisad la hemeroteca y leed sobre Le Pen, Haider, Fortuyn y compañía de aquellos años de Aznar. Se falsean las cifras actuales de desempleo, de cotizantes de la seguridad social, de sueldos, de la calidad de los empleos. Hoy por hoy lo habitual es pasar más tiempo en el desempleo que en el empleo, cobrar sueldos más cercanos a los 700 euros que ni siquiera a los 1.000 (¡quién los viera!), no cobrar subsidio de paro, ni ayudas, verte recortado de derechos sanitarios, educativos y judiciales y encontrarte con una reforma laboral que sólo beneficia a los grandes empresarios. Y quien tiene trabajo, lo tiene sólo tan breve en el tiempo que no te da tiempo ni a estornudar en tu puesto de trabajo. Tan pronto como te da cosquillas la nariz, estornudas, y te suenas ya recogiendo la carta de empresa. Mientras tanto, se habla de la posible independencia de Cataluña. El pasado lunes 14, ayer, Rajoy, que apenas ha dado la cara estos años de gobierno y que por lo general ha sido un presidente desinformado y huidizo, patético y pésimo a la hora de hacer leyes útiles para todos los ciudadanos, hizo un debate a solas con Pedro Sánchez, del PSOE. Era el mismo PSOE de la reforma laboral de 2010, precedente de la de 2012, pues sólo allanó el camino para todas las ventajas dadas a los empresarios posteriormente por el PP. El mismo cuya reforma educativa también le dio en su día la Universidad a las empresas. El mismo que fue amigablemente a solas junto al PP para reformar la Constitución para favorecer los pagos a empresas y bancos por encima de la vida de las personas. A mí el debate de esos dos partidos me pareció la conversación de dos dinosaurios impostados, de cartón-piedra, falsos como ellos solos, apariencia pura, sin nada que decir que no fuera decirse el uno al otro cuántas eran las culpas que le achacaban, incapaces de transmitir una idea positiva, mucho menos una esperanza. Yo, como muchos, apagué el televisor. Escenificaron quizá el final de un algo en la Historia de España. Puede que alguno de los dos gane las elecciones por mayoría de votos o por coalición, pero su proceso de destrucción ya está iniciado, las bases jóvenes les abandonan. La Historia nos chilla, liberales, progresistas y conservadores ya vivieron esto en 1917, cuando la Huelga General Revolucionaria. Se pongan como se pongan, hay un proceso que ya ha comenzado a girar hace pocos años, y ya no creo que se le pueda parar.

Los de UPyD han desaparecido ellos solos entre sus peleas internas de protagonismos absurdos. Sus sustitutos son Ciudadanos. Una fuerza a los que muchos ven con buenos ojos. Cuando uno analiza las ideas que lanza esta formación, no para de darse cierta cuenta de que parecen las ideas de extrema derecha nacionalista española de La Falange, pero puestas al día en un 2015 donde impera un lenguaje democrático y aparentemente de mercado. Pinceladas de cuestiones sociales, más o menos atractivas en su envoltorio, encubren cuestiones de raíz brutalmente atentatorias contra la clase trabajadora, a la que trata de convencer de la conveniencia de que a los empresarios les vaya bien dentro de la unidad de España de forma centralizada. Su idea de reducir el Senado a la mínima expresión es más que significativo en este sentido de especie de nueva Falange puesta al día. Así les percibo yo cuando les escucho o leo. 

A IU les ha comido el terreno Podemos, que con la idea de la unidad de la izquierda ha hecho mucho por no estar unida. Su insistencia en que todos concurran con el nombre Podemos, y el excesivo protagonismo mediático de Pablo Iglesias, aparte de la sensación que da de imponer las ideas de su núcleo al total del partido, no da buenas vibraciones. Podemos, a pesar de funcionar con asambleas ciudadanas, tienen en su conjunto en su cúpula más alta, un cierto sabor antiguo de trotskismo puesto al día, no de leninismo, como algunos han dicho, si no de trotskismo, de ahí las muchas frases que a veces se han oído de ellos acerca de la necesidad de pactos con la pequeña y mediana burguesía (empresarios), readaptan la vieja política de la NEP de la Unión Soviética de los años 1920 y 1930. La Historia nos está chillando. Ahora bien, IU y Podemos, aunque se presenten por separado, son los únicos que presentan unas ideas laborales que posibilitan una vía para la mejora en las leyes para las condiciones laborales y salariales de los trabajadores, la mejora de derechos sanitarios, educativos y sociales en general. Por ello quizá sean los más deseables. Tienen sombras propias, no lo niego, y además la sombra de la derecha europea pende sobre ellos como una amenaza en caso de que ganasen, en forma de corte de relaciones económicas con la idea de hundir el país y el gobierno, como hicieron con Grecia este verano tras ganar un partido similar allí.  

La crisis persiste porque los grandes empresarios, inversionistas y banqueros, especialmente internacionales, no quieren soltar el mango de la sartén que tan gustosamente les ha entregado el PP, Mariano Rajoy, las instituciones de la Unión Europea, Alemania y varios organismos mundiales de carácter económico.

En el preludio de la crisis mundial en 2007 yo tenía 28 años, cuando la crisis estalló en 2008 yo tenía 29. Era joven según los baremos de políticos y empresarios. Estamos en 2015 y tengo 36 años. En un mitin del PP el pasado domingo Mariano Rajoy decía que en el ritmo de creación de empleo iniciado este año estaríamos totalmente bien en 2020... en esa fecha, si no he muerto, tendré 41 años, para entonces ya no me contratarán por mi edad. Seré para políticos y empresarios: viejo... ¡sin serlo! De aquellos 28 años a esos 41 años, son muchos años. De hecho de esos 28 años a mis actuales 36 años ya son muchos años. Me acuerdo de los brotes verdes de Zapatero que decía que para 2011 estaría todo solucionado, luego cuando dijeron que para 2016, luego Rajoy dijo que para 2017, ahora dicen que para 2020... y jamás se soluciona nada.  No hay futuro. Para mi generación, la de los treintañeros, que ya no somos considerados de momento ni jóvenes ni viejos, ni hay presente ni hay futuro, nos han destruido la vida, somos los olvidados y seremos los olvidados. Ni siquiera tendremos pensión de jubilación, primero porque no habremos podido cotizarla, segundo porque no habrá dinero, Rajoy ha usado demasiado de esos ahorros del Estado. ¿Pero qué importa ese dinero de ancianos cuando lo necesitamos ahora? Ahora para vivir, para tener una casa que no sea la de nuestros padres, para tener pareja o hijos o ambos o nada de eso pero sí para poder tener la vida emocional que nos dé la gana tener en nuestra intimidad y no la que las circunstancias nos permitan en nuestra falta de intimidad paternal, para poder pagarnos nuestra comida, viajar si queremos viajar, pagar los medios con los que buscar empleo o pagar cualquier cosa que no tenga que ver con eso porque no lo necesitemos ya... Se nos prometió mucho de jóvenes, se nos dijo que éramos los mejor preparados, a los que nuestros padres, decían, nos lo hicieron todo, y todo era mentira. En cuestión de necesidades tenemos más en común con nuestros abuelos en los años 1930 y 1940 que con nuestros padres que vivieron su juventud en la España del desarrollo de los años 1960 y en algún caso en aquellos 1970 o de los abundantes 1980. Nos han robado la vida presente y no quieren, no saben, devolvérnosla. Nos dicen: para 2020, que es tanto como decirnos: "tampoco os daremos el futuro, nos lo quedamos también". Los treintañeros de hoy no somos ni jóvenes ni viejos, pero somos los grandes perdedores, los grandes olvidados, los grandes zarandeados de la crisis económica. Vivimos la abundancia de niños, pero recibimos a cambio el fracaso permanente, la frustración de por vida. La nada. El cierre de oportunidades, el mundo construido para otros.

¿Votaré el domingo 20? Probablemente al más posibilista de los partidos en leyes laborales favorables al trabajador. Pero no creo que de las urnas salga nada bueno. No creo en ninguno. Este año no, este diciembre, no. Todo es vano. Nada es útil. Nada funciona. Mañana yo seguiré siendo un miserable con ganas de levantarse de entre los miserables junto al resto de los miserables. Con una voz, con un grito del pueblo y un puño empuñando un pan duro, si lo tenemos, quizá ni eso tendremos mañana. Quizá no tendremos nada, ni una baldosa de la Calle Mayor donde sentarse a pedir limosna pacientemente mientras las horas nos devoren. Para mí la solución pasa por fortalecer los sindicatos, revitalizarlos, llenarlos de nuevo impulso, de sangre sana, de fe, de acción, de entrega... pero estamos a años luz de distancia de eso... tan desprestigiados por culpa de las dos centrales más grandes del país. La gente quiere riesgo cero para obtener derechos, y creen que eso es ir a votar a una urna solamente. Sólo de una urna nunca se obtuvo algo para los trabajadores. Hemos perdido mucho en la reforma laboral de 2012, se dijo por entonces, y se tardará mucho en recuperarlo... y sin ganas de hacer algo por recuperarlo, quizá nunca. 

¿Que qué pienso de estas elecciones? Que quizá no valgan ni el coste del papel de una sola de las papeletas con que se va a votar. Sí, hay partidos posibilistas en torno a una posible política laboral más justa, pero... me producen tantas dudas incluso estos... Yo sólo sé que no tengo presente, como tantas otras personas compañeras de mi generación de treintañeros, y que quizá no tenga futuro, mientras tanto, los políticos salen por la televisión, no dicen nada útil, y se basan en bailar, cantar, chillar o hacer chistes. Yo prefiero leer en la cama. Salgo ganando, al menos en eso, cuando apago el televisor a la hora del debate.

Saludos y que la cerveza os acompañe.