domingo, diciembre 13, 2015

NOTICIA 1547ª DESDE EL BAR: EL REGRESO DE LA FUERZA

El pasado día 10 hablaba con unas amistades en El Laboratorio sobre el estreno de la nueva entrega cinematográfica de La Guerra de las Galaxias el próximo 18 de diciembre. Una de esas amistades me preguntó cuándo había visto yo por primera vez una de La Guerra de las Galaxias. La cosa es que esa amistad había nacido en 1990, una chica joven, teniendo en cuenta que yo he nacido en 1979. No sé si se esperaba la respuesta que le di, porque no sé si su cara fue de sorpresa o de no esperarlo por mal cálculo suyo acerca de mi edad, pero la primera vez que yo vi una de esas películas fue en el cine y fue la primera vez que estrenaron en España El Retorno del Jedi. Eso nos ubica en 1983, en concreto a partir del 18 de diciembre de ese año, pues desde que La Guerra de las Galaxias se estrenó por primera vez en el 18 de diciembre de 1977, todas las entregas de la saga se estrenan en esa fecha. Yo tenía, en aquel 1983, 4 años de edad. Nos llevaron al cine a mi hermano y a mí, mis padres. Recuerdo, porque tengo el recuerdo visual a pesar de tan corta edad, que la vimos en los desaparecidos Cine Paz, en la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares, que era un local que hoy día ocupa desde hace muchos años un establecimiento de comida rápida de McDonald's. Antes de las películas solían proyectar dibujos animados de Popeye, ya algo antiguos, pero siempre efectivos entre los niños. Hablo de estas cosas y parece que cuento las batallitas de abuelos y padres de cierta edad, pero ese es el mundo de la infancia en el que yo también viví y que probablemente para muchos jóvenes de hoy les suene a chino mandarino.  Cuando salimos del cine estábamos totalmente conquistados por ese mundo que habíamos visto. Nos compraron un álbum de cromos y cromos en una papelería que estaba al lado del cine, que tampoco existe ya. Eran aún esos álbumes de cromos donde los cromos eran fotografías de la película en cartón no adhesivo, había que pegarlos con pegamento de cola de contacto. Luego vinieron los muñecos, el cómic, el dibujar la película todo el tiempo, el alquilarnos nuestros padres las otras dos películas anteriores en formato de vídeo VHS (mi familia era de las primeras en mi barrio en tener un VHS) y en fin, una historia de amor con la trilogía inicial ininterrumpida. 

El Retorno de Jedi, por entonces nadie pronunciada "Yeday" sino "Yedi", era toda una referencia para cualquier niño que vivió completos los años 1980, los que ahora somos gente en la treintena de nuestros años, con todas las promesas de que el futuro sería nuestro totalmente incumplidas, desempleo en mano y exilio económico. No era barato acceder a los productos relacionados con la trilogía, pero nuestros padres nos los compraban, también ellos estaban cautivados. Cuando en 1997 restauraron las tres películas originales, que son los capítulos IV, V y VI, La Guerra de las Galaxias: una nueva esperanza, El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi, yo creo que todos volvimos a las salas de cine para verlas. En esta ocasión yo las vi en los Cines Cisneros, en la Plaza de los Santos Niños, hoy día son el bar The Green. A todos nos volvieron a conquistar, pero a muchos no nos gustó algunos de los cambios que introdujo George Lucas, como por ejemplo el cambio musical en varias escenas de El Retorno del Jedi, o apariciones de algunos personajes para explicar determinadas cosas en las tres películas que sinceramente no necesitaban explicación, se entendían solas y mucho más mágicamente, porque estimulaban la sugerencia en el espectador. Fue peor la combinación de efectos especiales por ordenador del siglo XXI en cintas que usaban efectos especiales infográficos muy primitivos y cuyo principal atractivo era precisamente el uso de los efectos especiales clásicos tipo Harryhausen.

Todos sabíamos que La Guerra de las Galaxias era una saga de nueve entregas que George Lucas, con ayuda económica de Steven  Spielberg y sus beneficios en 1975 con Tiburón y en 1982 con E.T., había empezado por la mitad entre 1977 y 1983. Había quedado tan bien como quedó y Lucas parecía tan superado por sí mismo, que nadie esperaba que se realizaran las otras entregas. Hubo dibujos animados, un metraje sobre los ewoks, novelas... Fue una sorpresa que los capítulos I, II y III, La Amenaza Fantasma, El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, se estrenaran en 1999, 2002 y 2005. Las vi en los Multicines Cuadernillos. El problema de esos largometrajes estuvo en el abuso de los nuevos efectos especiales, olvidándose del guión muy a menudo, la descarada aparición de personajes secundarios sin más motivo que poder vender sus muñecos, la destrucción de la trama en el guión para mostrar peleas y combates interminables, el tratar de explicar todo lo que ocurre y todo lo que ocurriría en los capítulos IV, V y VI, matando el misterio y la capacidad de imaginar del espectador, el querer ser políticamente correctos anulando la dureza de algunas escenas de la anterior trilogía, como pueda ser la sugerencia de los wookies como seres a los que se les ejerce cierto "racismo", la misoginia en Tantooine, hasta el punto que esas adoratrices bailarinas vieron a una de ellas, Aayla Secura, transformada en Jedi, o el querer hacer de esta historia algo para que sea una película preferentemente infantil al mostrar a Anakyn de niño, a un C3PO que parece un juguete, y un personaje inefable llamado Jar Jar Binks, que parece la reinterpretación de Forrest Gump: hasta un idiota puede ser senador. Por otro lado, los efectos especiales infográficos no fueron aplicados todo lo inteligentemente posible en bastantes partes de estas entregas. En general los momentos más gloriosos son la pelea entre Anakyn Skywalker y Obi-Wan Kenobi sobre la lava, o la carrera de vainas rememorando Ben-Hur. Guiños como Jabba el-Hutt a modo de Marlon Brando en El Padrino, sobraban, más todavía cuando se burlan de él pisándole la cola. 

Lo atractivo de La Guerra de las Galaxias de 1977 es que nadie sabía nada. Todo estaba embrollado y el espectador se encontraba por sorpresa con una batalla a punto de acabar donde unas tropas aparentemente muy bien equipadas, cuya estética recordaba en cierto modo a la de los autoritarismos militares, asaltaban una nave de alguien importante donde todos trataban de huir y a la vez daban su vida para proteger a una princesa ya condenada de antemano. Era el fracaso de una rebelión o de una república. Eso le daba cierto romanticismo desde el comienzo. La fatalidad de algo que no sabemos porqué se daba, pero al ver lo que ocurría sabíamos con quienes simpatizábamos. Han Solo era un contrabandista que le debía dinero a Jabba el-Hutt, que no sabíamos quién era ni porqué le debía dinero, y sí, Solo disparó primero contra su raptor. El bueno no era tan bueno, y quizá por eso Luke Skywalker, que tiene un pasado extraño que sólo un par de personas conocen pero que no quieren hablar de él, sueña en Dagobah que se mata a sí mismo, como si él fuera Darth Vader. Y es que el caso es que se suceden las batallas y la guerra antes de que el pobre Luke, que incluso encuentra a sus tíos muertos en Tantooine sin saber porqué, se entere de que el personaje que mandó esas muertes es... su propio padre, hermano de sus tíos, que Leia es su hermana, pero no sabe porqué los separaron, y otras cosas. El atractivo de la primera entrega era el no saber y el saber a la vez. No necesitábamos saber que las tropas imperiales eran clones, ni tampoco nos interesaba conocer el pasado familiar de Boba Fett, sobre todo porque muchos ni siquiera nos imaginábamos que fuera humano. El misterio era la principal baza de la trilogía original. El misterio y que no todo era lo que parecía, porque es innegable que si el giro de saber que Darth Vader era Anakyn, padre de Luke y Leia, es el más conocido y brutal, no es menos brutal saber que Yoda y Obi-Wan Kenobi eran dos jefazos del gobierno de la República Galáctica cuya falta de previsión gobernando la llevó al traste y se proclamó un Imperio que, en esa trilogía, ellos quieren aniquilar sumándose a los rebeldes, que no son otros que personas que ellos han abandonado a la buena de Dios y a los que se suman de manera oportunista en cuanto ven que hay posibilidades, porque, no lo neguemos, Anakin y Yoda estaban retirados en lugares marginales y no creen demasiado en Luke, al que no paran de ocultarle todo tipo de asuntos que le conciernen. Tampoco es despreciable el hecho de que Lando Calrissian, amigo de Solo, es un doble traidor que al final se arrepiente y regresa a la buena senda. La nueva trilogía no necesitaba de lo políticamente correcto. Las esclavas sexuales eran esclavas sexuales, Jabba se comía seres vivos, los líos sexuales de familia, eran los que eran, los comentarios racistas contra Chewbacca o contra los ewoks eran constantes, y Vader mataba sin contemplaciones ni sentimentalismos, y sobre todo: sin explicaciones. Todo se entendía.

El viernes que viene se estrena el capítulo VII, que abrirá la trilogía final. Se llamará El Despertar de la Fuerza. De nuevo veremos a Han Solo interpretado por Harrison Ford, un Han Solo anciano y esposo de Leia Skywalker, gobernante emérita de algo, pues su planeta fue destruido por Darth Vader, volverá Luke Skywalker y el viernes sabremos si se cumple que hay algo oscuro en él o no, volverá Chewbacca, del que era totalmente innecesario saber que tuviera sangre de gobernante, como nos hizo saber el capítulo III, volverá R2D2 y C3PO acompañados de un nuevo robot que, sinceramente, recuerda a uno de los robots de El Abismo Negro, una película de 1979 producida por Walt Disney, y es que Star Wars fue vendida por George Lucas precisamente a Disney, que muy descaradamente se ha abstenido estas navidades de estrenar una película de dibujos animados. Este año su princesa es Leia. 

Los anuncios que nos han deslizado por todo tipo de pantallas pintan bien visualmente. Yo, como todas las otras veces, estoy deseoso de ver la nueva entrega. Tengo buenas vibraciones. Siempre fui incondicional de Han Solo, el bravucón tramposo, y Han vuelve. Con la República Galáctica de nuevo en el gobierno, los rebeldes ahora son los nostálgicos del Imperio. ¿Qué problema político les separa? Nunca se explicó del todo sus diferencias, salvo una cuestión de poder al estilo Segunda Guerra Mundial. Se intuye un conflicto entre la tecnología y la no tecnología, si uno se fija en el uso de androides y naves de unos y otros contendientes, y se intuye también un especial interés de control sobre la actividad de los planetas por parte de los imperiales. Hay una frase en La Guerra de las Galaxias en donde se oye que las tropas imperiales ahora estaban en todos los sitios. También hay un problema con la fuerza que se acumula en los Jedi. El Imperio trata de encauzarla en los que gobiernan como instrumento de poder y sometimiento, pero a la vez la ocultan, sus soldados niegan que los Jedi existieran, a pesar de Palpatine, el emperador, y Darth Vader, la República se gobernó con los Jedi, como una élite oligárquica, no olvidemos que formaban un consejo permanente en las instituciones de su Parlamento. Se olvidan de ellos y los creen mentira cuando comienza a gobernar el Imperio. ¿Se rebelaron los imperiales contra la República por un problema de reparto de poder entre Jedis en aquel consejo permanente tan antidemocrático, pero que calca al consejo vitalicio de senadores ancianos en la Antigua República de Roma? Pues posiblemente. De todas las cosas que explicaron en los capítulos I, II y III, esto nunca lo explicaron bien. Ni falta que hacía, pero ya que derivaron el argumento a estas cuestiones de explicación política-histórica, pues hay cosas que faltan. Como sea, os dejo con unos carteles que alguien creó en 2005 imitando los carteles de reclutamiento de soldados en la Segunda Guerra Mundial para poner una cierta visión crítica a la saga. A mí me hicieron gracia, aunque aún es más notorio aquella otra persona que pintó cuadros de soldados imperiales muertos tras la batalla donde no se ven sus cuerpos asépticamente caídos, si no llenos de sangre, miembros amputados, corazas rotas y evidencias de haber ardido. Y es que una guerra, es una guerra. Y esta saga, en un principio, tenía algo de distópica en cuanto a todas esas historias felices del espacio que nos habían contado hasta aquel 1977.