jueves, septiembre 17, 2015

NOTICIA 1523ª DESDE EL BAR: HOLA, DESEMPLEO, VUELVO DE MIS VACACIONES TRABAJANDO

Hoy por hoy trabajar en España no es tanto cosa de conocimiento como de acatamiento. Hablo en términos generales, por supuesto. El llamado "año de la recuperación" por este gobierno conservador del Partido Popular no oculta que el trabajo que se va creando son trabajos precarios a costa de sueldos más que bajos, derechos laborales mínimos o encubierta e irregularmente inexistentes, contratos de tiempo laboral breve o tan inestable como un cubito de hielo en mitad del desierto africano, etcétera. Pero también está el asunto de los puestos de trabajo cubiertos en fraude de ley con el uso de becarios, estudiantes en prácticas y talleres de empleo, cuando no: voluntarios, el asunto de los que se fueron de España, el asunto de los desempleados cuya realidad se borra de las estadísticas metiéndoles en talleres de empleo, y otro largo etcétera. Pero ¿y dentro de los trabajos? Dentro de los trabajos tenemos reinvenciones de trabajos que no existían antes, pues son en realidad funciones parciales de oficios que requieren unos conocimientos técnicos o universitarios o de otro tipo que deben ser remunerados más alto de lo que realmente se remunera al fraccionar ese trabajo y ponerle otro nombre. Tenemos contratos de trabajo por obra y servicio donde se detalla esa obra y ese servicio y al final ocurre que el empresario te sigue usando laboralmente en otro tipo de tareas, nadie se queja, el trabajador porque necesita el sueldo, más cerca de la cifra mínima que a cualquier otra más humanitaria, y el empresario porque sabe que está haciendo un fraude de ley que hace que a ese trabajador le pague menos dinero del que debería y le concede menos derechos de lo que debería tener y, a la vez, hace sentir al obrero como alguien agradecido porque este piensa que terminada su obra y servicio, al estar aún en su puesto con otras tareas, todo tiempo es "regalado" por el "jefe generoso". 

España es un país de trampas y tramposos. No es de extrañar que en el mundo del humor inventáramos la picaresca, porque fuera de la literatura ya la teníamos entre nosotros. Lo que ocurre es que los abusos los comete quien puede, que es quien ofrece que trabajes, de un modo u otro, pero hacen pensar que el abusador es el que acepta el trabajo, o sea: el trabajador, por necesidad pura de tener dinero con el que poder ir viviendo, que no vivir. Un ejército de periodistas profesionales, no todos, pero sí muchos de los destacados, está al servicio de perpetuar una mentalidad de culpabilidad en el trabajador y de agradecimiento al empresario, cuando, como decía cierto pistolero del siglo XIX: "(...) Y si fueron ladrones hay que señalar que se trata de un calificativo con el que podríamos denominar también a muchas de las grandes fundaciones, corporaciones y corredurías de bolsa que durante años han estado robando a la gente de este país, (...) estos respetados miembros de la sociedad roban al pobre para que los ricos se hagan aún más ricos".

Luego tenemos el caso de esos comerciales que tienen muchas empresas que apenas han sabido del mundo laboral algunas cosas que aprendieron, algunos, en clases de economía y lo miden todo en términos absolutos y exactos de las matemáticas puras, sin molestarse jamás en conocer el mundo trabajando desde abajo. Mi padre era partidario de aprender el mundo laboral haciendo todo. Así hace muchos años yo mismo fui aprendiz de tornero un año en su taller. Y así, sin citar muchos trabajos de todo tipo de clase que realicé, en el mundo de los archivos yo he realizado muchos trabajos, todos los trabajos que se pueden hacer en un archivo. Conozco bien ese mundo desde todos sus puntos de vista. Siete archivos ya, cuatro años de experiencia trabajando y dos más formándome, y ponedle desde 2003 investigando en ellos sin interrupción. Lo he conocido desde el empleo directo de lo público, desde mi iniciativa investigadora y desde la empresa privada, tampoco me es desconocido todas esas perspectivas. La empresa para la que trabajaba no era la panacea. Se vendía muy bien a sí misma, hasta el punto que he visto allí trabajos de archivo que se realizaban en archivos públicos de manera con mayor calidad y responsabilidad. Los criterios que imperaban en esta empresa eran los de los informáticos y los de los comerciales, lo que es totalmente contraproducente en el mundo de los archivos, pero mientras en el sector opinen, como en tantos otros, los neoliberales más ávidos de dinero para los intereses privados, que miran el dinero y no el resultado del trabajo, la maquinaria seguirá funcionando en torno a que siga avanzando un trabajo de calidad discutible en detrimento de un trabajo donde la calidad prima siempre que se tenga en cuenta que hay factores que son sinónimo de mal trabajo, véase como ejemplo aquella famosa frase de los productores de cine, los hermanos Warner, cuando decían en los años 1950 a sus directores de cine a la hora de producir películas: "no la quiero buena, la quiero para el lunes"; o sea: cantidad y productividad en poco tiempo no es calidad, y no, en el mundo de los archivos, por mucho que se empeñen, no es viable trabajar a cronómetro si lo que se quiere es un buen servicio. O calidad o cantidad, en archivos no hay posibilidad de cantidad y calidad. Los números de los ejecutivos no son viables. No se puede decir: "haremos tres cajas de documentos al día, haremos un expediente por cada minuto y medio", porque la realidad es que ese expediente puede tener cuestiones de lectura poco legible, datos que falten, necesidad de consultar fuentes, como por ejemplo leyes, cuestiones de tener que quitarles grapas, o de tener que separarles objetos que adjunten, o tener que digitalizar, o tener que escanear, o tener que cotejar, o tener que consultar, o tener que intercalar, o tener que verificar, o tener que cruzar, o tener que restaurar, o tener que hacer mil historias. A eso sumemos problemas de sistema operativo, tiempos de servicio del almacén o depósito, que no todos los días se trabaja al mismo ritmo porque todos somos humanos, que no todos los expedientes están bien realizados, precisamente porque todos somos humanos, y quien lo creó lo ha dado al archivero de aquella manera, o quizá el tiempo o alguna catástrofe deterioró el papel, o el sello, etcétera. Pensemos además que al ser cada documento una vida diferente, hay muchas cuestiones en el aire detrás de ese documento, y que lo que debiera ser, lo habitual es que no sea, hay que hacer un ejercicio de comprender al documento y a los desconocidos de los que trata y que intervinieron en el documento. Hacer algo mal con un expediente puede arruinar en algún aspecto la vida de alguien, sin embargo a los archiveros hoy por hoy nos pagan cerca del sueldo mínimo, mientras que otros oficios sin apenas responsabilidades ni necesidad de conocimientos cobran ahora mismo cifras bastante altas, y bien por ellos, pues lo que se ha de hacer es dignificar al archivero, u otra profesión, no poner en detrimento las que ya gozan de buenas condiciones.

La Historia y los archivos son ciencias humanas, no son ciencias exactas. El comercial dirá que se hacen tres cajas al día, la realidad puede hacer que se haga una, a veces media, siempre que no se pida trabajar "a cronómetro o si no el desempleo". Si trabajamos a cronómetro igual le da al trabajador más necesitado y desesperado meter los documentos como sea en el archivo de terminados, porque lo que necesita es comer y para eso su sueldo, no los resultados. La gente culpará al archivero, la realidad es que la culpa es del empresario que le pone esas condiciones de trabajo a la desesperada, y del gobierno, por ir cediendo las tareas de archivo a las empresas privadas. Y ojo, que para hacer un trabajo público la única vía no es el funcionario, queda abierta la posibilidad de que la administración contratase directamente, cosa que se hacía bastante hasta el gobierno de Rajoy y del ministro Wert.

Señoras, señores, después de estos meses de vacaciones trabajando, vuelvo desde hoy mismo a mi tiempo de desempleo, yo y doce personas más. Seis despedidos del turno de mañana y seis de la tarde, más otros seis de la noche, supongo, en total probablemente dieciocho despedidos. Para aquellos lectores que luego me dicen que no se enteran de lo que he dicho: digo que he vuelto al paro. En las dos últimas semanas se veía venir, a costa de hacer trabajos que claramente se veían inútiles en sí mismos. La empresa se peleó con dos de sus clientes más potentes. El responsable de los muchos despidos, un comercial jovencito que recién comenzaba a trabajar de eso mismo, se ha quedado en su puesto, no le han hecho nada. Es curioso que la decisión equivocada de un comercial arrample con doce puestos de trabajo, probablemente dieciocho (pues a los de la noche seguro que también les han despedido) y que ese comercial no esté entre los despedidos. Esto es lo que pasa cuando los comerciales, el que toma decisiones, no se molesta en bajarse a mancharse de barro en el trabajo, por así decirlo, o sea: por no querer saber más que de matemáticas exactas y no de realidades prácticas. Dos más dos es cuatro en el papel, dos más dos puede no ser cuatro en el mundo de los archivos trabajando físicamente con los documentos. La realidad no siempre es la misma, porque los documentos son reflejo de la vida de las personas que han  intervenido en él, y ninguna vida es igual a otra.

Yo siempre he optado por la calidad, y mi experiencia me ha dado buenos tiempos de trabajo, sin otorgarle cronómetro alguno a ningún documento. La directora de recursos humanos, a mi grupo de seis personas despedidas, nos dijo que no podía alegar ningún demérito en nuestra tarea. Habíamos trabajado muy bien, dijo, y si vuelve a haber algo dice de volver a llamarnos, el problema era que ya no había trabajo. Y nosotros, trabajadores del día a día, sabemos que así es, no había trabajo. Era absurdo mantener una plantilla de tantos trabajadores para tan nada de trabajo. Del mismo modo que se veía de anticipado que los más veteranos se quedarían y los más nuevos nos iríamos. Del mismo modo que sabíamos que el comercial que comprometió una palabra humanamente imposible de cumplir, y sin consultar antes a los que teníamos que mancharnos las manos, se quedaría en su puesto sin ser amonestado siquiera, porque... si cuela, cuela, ¿no?

Por falta de trabajo hemos ido al desempleo. Este espejismo duró tres meses y medio. Tras tantos años en estas circunstancias, uno prefiere ser realista, que no es lo mismo que negativo. Así que esperando que sea poco tiempo, a sabiendas de que no será así, yo desde hoy me preparo para lo venidero, que siempre es lo mismo y se repite, y me acantono en lo económico, desde el primer día me voy a restringir todo, que ya me conozco el otro camino de no hacerlo. Salvo, eso sí, en aquellas cosas que ya comprometí mi palabra.

Así que nosotros en nuestra casa, con nuestros criterios de archivo, y ellos en el trabajo, con su criterio de comerciales e informáticos, y entre ellos, acatando, los archiveros, algunos. Saludos y que la cerveza os acompañe.