viernes, agosto 15, 2014

NOTICIA 1376ª DESDE EL BAR: DIES IRAE


El 15 de mayo de 1829 llegó a Alcalá de Henares un maestro de música junto a otro más. Ambos encabezaban un grupo de músicos de las capillas de Aranzana y Bilbao. De los dos maestros nos interesa aquel que protagoniza la primera frase de este texto, pues nada más llegar se le tuvo que dar la extremaunción, murió poco después. Sólo tuvo tiempo de llegar a la ciudad. Ambos habían sido muy recomendados y acreditados. Habían sido llamados a costa de que se iba a celebrar en la ciudad una reunión capitular de la orden religiosa de San Francisco de Asís, la cual se prolongó hasta 1830. Se celebró su misa fúnebre con su cuerpo presente con un acompañamiento musical muy especial, su propia composición para misa de difuntos. Él mismo la había llevado entre sus papeles con la reflexión de que a los Capítulos religiosos iban muchos viejos, por lo tanto la llevaría consigo por si acaso alguno moría. No sabía que el muerto iba a ser él. Había contraído una pulmonía a la que el viaje no le había sido nada bueno. 

Ya había hablado por aquí del Réquiem neoclásico de Mozart y también del Réquiem contemporáneo de Ligeti, un acompañamiento musical para una misa fúnebre no es un réquiem, pero hubo otro compositor cuyo réquiem sirvió precisamente para enterrarle a él mismo, como le pasara al autor del que no conozco su nombre que vino a Alcalá de Henares en aquella primavera 1829, hablo de Antonio Salieri, el que ha pasado a la cultura popular como enemigo de Mozart. Salieri murió en 1825, pero había compuesto un réquiem en 1804 al cual llamó "Piccolo Requiem composto da me, e per me, Ant. Salieri, piccolissima creatura". Distaba trece años del que compuso Mozart, cuyo réquiem había sido reclamado como propio por varias personas como autores, como ya expliqué en su día. Salieri admiraba la obra póstuma de su competidor. Quien dirigió para Salieri su propio réquiem en su funeral fue nada menos que Schubert. He de suponer que en el caso alcalaíno quien dirigió la composición de misa de funeral del maestro muerto fue su acompañante de viaje, el otro maestro con el que hubiera trabajado durante el Capítulo franciscano si la pulmonía no se hubiera interpuesto. 

Conocer esta historia me da curiosidad de conocer cómo sería aquella composición del músico que sin saberlo vino a Alcalá de Henares sólo para morir. En todo caso, aquí os dejo por hoy con la parte musical del Dies irae (Días de la ira) de Salieri. 

Un saludo y que la cerveza os acompañe.