martes, agosto 19, 2014

NOTICIA 1378ª DESDE EL BAR: O VUELVES A PAGAR UNA ANTENA O NO VERÁS LA TELEVISIÓN. TDT, ERES UN MONSTRUO RECAUDADOR

A estas alturas a nadie se le escapa que la televisión digital terrestre (TDT) en España es un gran fiasco. La televisión analógica, la que lo comenzó todo, empezó en nuestro país en 1956, a pesar de que en lugares como Estados Unidos de América llevaba funcionando desde los años 1930. Sólo había dos canales públicos de televisión. Terminada la dictadura militar en 1975, fue posible tener un tercer canal público a partir del periodo 1982-1983, se trataba de un canal público de carácter autonómico. Esto evolucionó a la posibilidad de tener un segundo canal autonómico e incluso canales locales aquellos municipios con un determinado número de habitantes. El gobierno socialista de Felipe González permitió a partir de 1988 la introducción de canales de televisión privados, que comenzaron a emitir desde 1989, fueron tres los iniciales. El gobierno del Partido Popular de José María Aznar hizo la ley que permitia crear un nuevo tipo de televisión en España, la digital, a partir de 1999. El primer canal digital empezó a emitir en el año 2000. 

En principio se promocionó como algo que democratizaría la televisión, algo positivo para el ciudadano, algo que podría interrelacionar con Internet, que podria dar contenidos adicionales como la selección de idiomas o la selección de diferentes planos en los programas, que lograría que el espectador participara de la elección de aquello que quería ver, que hiciera que además se pudiera participar de los concursos televisivos de una manera más ágil y fácil, etcétera. Pero había un problema, para ver este tipo de televisión el país no contaba aún con el tipo de infraestructura que necesitaba para emitir la señal digital, y los potenciales usuarios debían hacer desembolsos de dinero grandes que no estaban dispuestos a dar, menos aún cuando las señales no eran buenas, ni los canales tenían la calidad deseada, ni las comunidades de vecinos se ponían de acuerdo para instalar antenas de televisión digitales comunitarias. Así las cosas cuando, con excusa de que la Unión Europea deseaba que tuviéramos televisión digital en lugar de analógica, un nuevo gobierno socialdemócrata, el de Zapatero, hizo una serie de planes a partir de 2005 que poco a poco forzaban a los espectadores a tener televisión digital y no analógica. Ellos decían que era algo de libre elección, pero en la práctica en muchos sitios comenzaba a no ser así. Aún con todo la gran mayoría se resistía, asíque a lo largo de 2009 definitivamente nos obligaron a todos a pagar antenas nuevas y adaptadores televisivos, o bien a comprar televisores nuevos, pues en abril de 2010 se apagarían todas las emisiones en analógico para emitir sólo en digital. Quien no tuviera antenas y aparatos digitales no volverían a ver la televisión en España, ni siquiera la pública a pesar de que la pagase con sus impuestos. El gran negocio de todo aquello fue para los fabricantes de televisores, los antenistas y los fabricantes de adaptadores de emisiones de televisión, algunos, por cierto, muy deficitarios y altamente calentables hasta fundirse con gran rapidez, lo que obligaba a pagar otro adaptador nuevo o bien a desesperarse y comprar otro televisor a pesar de que el que tenías funcionaba perfectamente. Y sin embargo, de todo lo prometido de las bondades de la televisión digital, no se cumplió nada. Los canales funcionan como los analógicos, con la diferencia de que la gran mayoría son de total falta e inútil calidad e interés, y para rematar: no todos los países de la Unión Europea tienen realmente televisión digital, y de los que lo tienen no es normal que te obliguen a tener sólo ese tipo de televisión o mínimamente que te obliguen a tenerlo, en general, lo que hace que uno se pregunte si se usó a España como zona de experimento de a ver cuánto tragan los ciudadanos si se les toca su principal entretenimiento de parte del beneficio principalmente de empresarios del sector privado con ayuda de los gobiernos de los Estados. De todo esto ya hablé y analicé el 7 de julio de 2009, en la Noticia 646ª.

Al menos mi televisor capta ahora, en este agosto de 2014, ochenta y cuatro canales de televisión digital, de los que tan sólo uno es de previo pago, dedicado al fútbol. También capta otros dieciocho canales más, estos de radiofonía.  Más de la cuarta parte de esos canales de televisión están vacíos, emiten en negro, no tienen nada. Muchos más de otra cuarta parte son cadenas que se dedican a emitir a lo largo de todo el día programas de adivinadores del futuro, venta de productos por teléfono, líneas eróticas nocturnas y predicadores cristianos evangelistas (estos ocupan un gran número de canales). De los que emiten programación varios se dedican a emitir en HD (High Definition: Alta definición) lo mismo que emiten los canales que ya existían en analógico, los cuáles siguen existiendo en sus canales habituales con una calidad de emisión inferior, la cual es la misma que llevamos disfrutando desde hace muchas décadas sin problema alguno. Otros se dedican a emitir sin interrupción la repetición de capítulos de una misma serie de televisión en un bucle infinito, hasta la saciedad y el hartazgo, llegando a poder aprenderse el espectador los guiones completos de varias temporadas a la vez, tanto del diálogo, como de la actuación, como de los escenarios. Otros tienen una calidad de imagen propia de las grabaciones en cinta magnética de los años 1980 una vez que se han deteriorado por el uso y están llenos de fallos. Otros dedicados a las noticias comentadas son en realidad plataformas para lanzar todo tipo de mensajes antidemocráticos desde los valores más propios de la extrema derecha. Y en fin, son muy pocos los canales que, gusten o no sus emisiones, tienen realmente una calidad cuidada de cara al televidente. Menos de un cuarto de los canales disponibles, quizá tan sólo un quinto de ellos, o menos. No he hecho los cálculos.

Unos cuantos canales que la gente valoraba muy positivamente fueron apagados en la primavera de este 2014 por orden de los tribunales de justicia por haber infringido una serie de leyes que limitan el número de canales digitales que puede tener un mismo grupo empresarial de telecomunicaciones, y se dice que en otoño de este mismo 2014 cabe la posibilidad de que vuelva a ocurrir lo mismo acerca de otros tantos canales bastante bien valorados por las encuestas entre los espectadores. Previamente hubo unos pocos canales más que hubieron de cerrar bajo la excusa de no tener todos los telespectadores que deseaban los dueños de las empresas.

Así las cosas cuando desde finales del año pasado y en concreto desde este mes de agosto se nos va anunciando ya que hay nuevas leyes por las cuales a partir del 1 de enero de 2015 quien no haya vuelto a adaptar sus antenas de televisión a una nueva generación digital, dejará, otra vez, de dejar de ver la televisión. No le afectará ni a las viviendas individuales ni a las comunidades de vecinos pequeñas. La gran mayoría de las comunidades de vecnos deberán cambiar sus antenas, o sea: desembolsar más dinero. Los cálculos del gobierno es que será un gasto de 20 euros por casa, aunque con la experiencia real de 2009-2010 será probablemente mucho más. Esta vez la excusa es que la nueva generación de teléfonos móviles, la llamada 4G (4ª Generación), necesitará un ancho de banda tan grande para poder usarse sin problemas que necesitan de los canales que ahora mismo usa la TDT. Espero al menos que se aproveche la coyuntura para poder hacer una limpia, aunque sea mínima, de muchos de esos canales que están totalmente vacíos. A esto se une una ley ya vigente desde este año por la cual, y sin que haya pruebas concluyentes sobre la relación entre el cáncer y este tipo de antenas, una empresa de telecomunicaciones puede instalar antenas de repetición de señales en los tejados comunitarios tenga o no permiso de los vecinos. La democracia así entendida por el señor Mariano Rajoy y su Partido Popular nos brinda de nuevo, igual que en su día el Partido Socialista Obrero Español de Zapatero con este mismo tema, la opción única de tener que pagar sí o sí para acceder a canales de televisión o de radio públicos, y para ejercer más fácilmente, ya sea en esos canales o en otros, nuestro derecho y deber constitucional a la, y de, información. 

Da igual que uno no tenga ni la más mínima intención de usar un teléfono móvil 4G, aunque seguro que cuando pasen años los fabricantes nos los impongan de un modo u otro. Sé que eso no es razón para interrumpir el derecho a un bien general de la mayoría, pero la cosa es que no sabemos si eso será un bien general. Intuyo que pronto se expandirán en el uso por una gran mayoría, y les sea bueno o no, todos dirán que es fabuloso el 4G, aunque sólo sea por justificar el gasto del dinero en la compra de uno de estos móviles, o porque decir lo contrario pueda ser un estigma social en su grupo social. No dudo que con el tiempo la gran mayoría estará convencida y será defensora a ultranza de los 4G, cosa que incluso al que escribe pudiera sucederle, aunque el que escribe vaticine ya que eso en todo caso está muy lejos en el tiempo de ocurrir. Y dejo de hablar en tercera persona de mí al estilo de Julio César o Jean-Claude Van Damme para poder hacer el simil de aquellos otros siglos donde los ciudadanos estaban obligados a pagar impuestos por las cosas que portaban para su venta o trueque en cada municipio por el que pasaban, a pagar impuestos por el uso del puerto de montaña, del puerto de mar o de río, por determinados caminos, por vivir dentro de murallas, por ejercer una religión diferente a la oficial y demás. Sé que suena demagógico, pero no lo veo muy lejano, pues sencillamente a mí no me parece muy distante aquellos pagos obligados por el uso de cosas que, si bien podías optar por no usarlo, en realidad lo más seguro y común es que lo usaras. 

En fin, que el mundo gira.

Saludos y que la cerveza os acompañe.