jueves, noviembre 14, 2013

NOTICIA 1268ª DESDE EL BAR: ALCINE 43º, pantalla abierta a los nuevos realizadores



Estamos ya muy cerca del final de Alcine 43º. De momento mi labor como jurado del público ha terminado. Como cada año en estos últimos trece años juzgué también las películas largometrajes  de la sección Pantalla Abierta a los Nuevos Realizadores. Queda que se proyecten otros metrajes de otras secciones entre hoy y mañana, el acto de clasura y la proyección del palmarés a lo largo del fin de semana, con su respectivo cierre a cargo de la Orquesta Sinfónica Ciudad de Alcalá, dirigida brillantemente como en estos trece años (igualmente) por Vicente Ariño. 

Aún queda una película de Pantalla Abierta hoy, pero está fuera de concurso. Yo ya la he visto fuera del festival, asíque hablaré de ella pero creo que se puede proceder ya a escribir mis impresions de este año sobre lo que se ha presentado a concurso en 2013. 

Para empezar hay que evidenciar un hecho: tres de los cinco largometrajes presentados a concurso eran documentales; más de la mitad, por tanto. En ediciones anteriores del festival ha sido habitual que ganen películas documentales por parte del público, aunque no siempre, no es matemático. Yo mismo lo dije por esta bitácora en algún momento. Dicho esto, quizá ha sido abusivo tanto documental sin dejar espacio a otros géneros que, seguro, también debieron tener realizadores noveles este año. De hecho, los tres documentales preentados han sido rodados rodando entre la técnica del falso documental y la técnica de dejar la cámara delante, casi estática, y permitir simplemente que las cosas sucedan delante del objetivo que graba la imagen. El falso documental muestra una historia real, la documenta, pero a la vez usando un guión ficticio por donde se mueven los personajes reales. El documental que prefiere dejar la cámara como si no existiera y a la gente y los sucesos a su ritmo habitual nos hace caer en la trampa de creer que se está filmando la realidad, cuando en realidad también es falsa, ya que las personas que intervienen en el documental saben perfectamente que se les está grabando la imagen y que además se hace para una película, por lo que su comportamiento difícilmente suele ser el auténtico en su vida cotidiana. Quien opta por esta técnica debería saber hacerlo ver en su montaje para que el espectador menos consciente piense sobre ello. O quizá optar por la cámara oculta o por el engaño de las personas participantes haciéndoles creer que la temática del documentale es una, cuando es otra. Pero en principio, los tres documentales presentados a Alcine 43º ruedan, como he dicho, entre el falso documental y el documental de cámara como testigo mudo inexistente. A mí, particularmente, este tipo de cine documental escasamente me gusta. Cuando me ha gustado ha sido porque fuese un metraje realmente excepcional, o bien que dejen claro que el director es consciente de la problemática de documentar de este modo. Prefiero otros formatos de documental. Por ello es posible que este año me haya parecido a nivel particular un año especialmente flojo y poco atractivo el festival en su sección de Pantalla Abierta.
  
La Herida (Fernando Franco, 2013).  Esta es una de las dos únicas películas de ficción presentadas a concurso. Posiblemente la más esperada por el público en general, dado que se llenó el Teatro Salón Cervantes en un lunes a primera hora, lo que es altamente inusual y casi como para apuntarlo en los anales de Alcine. Estuvo en los cines comerciales este verano pasado, no es engañar a nadie si se dice que mucha de la gente que fue a verla lo hizo o bien porque como jurados del público lo podían hacer gratuitamente, o bien porque el precio del festival son 3'50 € de entrada frente a los 8'50 € de una sala comercial. Llegados a este punto el cine debe repensar el precio de las entradas en sus salas comerciales, la culpa no es sólo de la subida de impuestos indirectos en su valor. Buena parte de culpa la tienen los propios empresarios. Me explico, se han construido enormes salas de multicines con todo tipo de teconologías y comodidades en enormes edificios nuevos de centros comerciales, el mantenimiento de todo eso y del personal para llevarlo es muy alto, quizá se ha de buscar la rebaja de las entradas volviendo a las ideas más humildes de cines de una sola sala, en barrios normales y corrientes y con menos personal trabajando y menos ambiciones de aforo y de teconología. Pero todo esto es ya otro debate. La película parte con esa ventaja de ser una película deseada de ver en general y por tanto parte como favorita. De hecho mucha gente comentaba lo mucho que le había gustado al salir de la proyección. No sería raro que ganara, pero la verdad que esto ya ocurrió otros años con otros metrajes y al final ese punto a favor jugó en contra, ya que muchos jurados penalizaron en su voto precisamente esa "claridad" en el ambiente. Se trata de la historia de una persona, una chica joven enfermera de una ambulancia de traslado de personas con enfermedades degenerativas, la cual sufre un trastorno de la personalidad y una drogodependencia ligados a un fracaso sentimental. A esto se le suma una personalidad psicótica, bulímica y suicida o misántropa que se alterna con otra personalidad contraria a todo ello. Para crear el ambiente emocional el director Fernando Franco ha optado por dotar a la fotografía de su metraje y a la luz del mismo de tonalidades grisáceas y azules, que son, aparte de tonalidades frías, tonalidades un tanto deprimentes. El peso del metraje lo lleva completamente sobre sus hombros la actriz Marian Álvarez, que interpreta a Ana, el personaje citado. Su interpretación en impecable, más cuando el 70 % o el 80 % de las escenas y del guión está montado en torno a ella, a menudo con primeros planos de su cara o con especial atención a los tonos de su voz. La actriz se merece un gran premio. Sin embargo, a mí este tipo de cine no me termina de convencer últimamente. Parece que la vida es una depresión, que el ser humano sólo es negatividad, que todo es un "valle de lágrimas", que todo está oscuro... y al final ves en el metraje que la chica padece lo que todos más o menos hemos padecido alguna vez, una depresión por un desamor, en el caso de ella extremadamente grave, también es verdad, y eso hace que mucho espectador empatice de manera muy fácil con el personaje y con el metraje. Es un recurso fácil el de recurrir a lo emocional, a lo vivido. También es verdad que el cine es emocionar, y en este caso reflejar una realidad que existe. Pero a mí no me termina de cuajar este recurso a lo emocional donde, además, se nos lanza ese mensaje de negatividad en la vida. No sólo le ocurren cosas negativas a la chica, también le pasan a la madre, le pasan al padre, le pasan a los pacientes de la ambulancia, los clientes de un bar son viciosos, el camarero un pobre sufridor de su clientela... En fin, muy en la línea negativa del ser humano que criticaría un día después el director Daniel Castro del que luego hablaré. A mí el metraje me gustó por la interpretación, valoro mucho la claridad de ideas de Fernando Franco en cuanto a lo que quería reflejar y que lo haya logrado perfectamente, pero a mí no me terminó de convencer lo visto. No me pareció tan real el ver que toda la gente que salía tenía que padecer o tener vivencias negativas.

La Plaga (Neus Ballús, 2013). Es un falso documental, aunque tiene mucho de real, paradójicamente, es más, está dedicado a una de las ancianas que salen en escena porque se murió en 2012, la señora María. Relata la historia de un pueblo pequeño de Cataluña que si nos ceñimos a los personajes principales tiene agricultores con grandes terrenos que no dan productividad, una prostituta de carretera demacrada, emigrantes que trabajan en el campo y una residencia de ancianos. Pero en realidad, si nos fijamos en los detalles del documental, en los indirectos, descrubrimos que de fondo el pueblo pequeño es algo más grande y tiene bastante más vida de la que se nos quiere hacer creer, por ejemplo al mostrarnos la vida interior de determinados bares y el hecho de que uno de los protagonistas esté federado en un equipo de lucha y vaya a entrenarse todos los días a un gimnasio amplio y concurrido, siendo además Campeón de Cataluña. El hilo central de lo que se nos quiere contar lo lleva una familia de agricultores en la cual el padre y la madre ya están aparentemente retirados de las labores de la tierra, que debieron ser suyas, y ahora las lleva a cabo su hijo, de unos cuarenta años, quien tiene a su cargo un emigrante eslavo que es campeón de lucha libre de Cataluña. Para ir y venir a esas tierras de cultivo se cruzan con los otros personajes, la prostituta de carretera y una enfermera emigrante filipina que trabaja en una residencia de ancianos, adonde llega la señora María, del mismo pueblo, que ya no puede mantener su casa por su edad y por sus achaques de salud. Una plaga de mosca blanca arruina la siembra del año, y con ellas la economía familiar y, sin que lo sepa el emigrante, la economía del trabajador. El dueño del campo se pluriemplea en una fábrica de bebidas y trata de mantener por amistad y lealtad el puesto de trabajo del emigrante. Todo esto se cuenta con las historias paralelas de la prostituta ajada, que no tiene clientela, y de la enfermera filipina que atiende a gente que se está muriendo por vejez, más la historia de María, que se da cuenta como el paso del tiempo la ha ido quitando todo, hasta quitarle la vida. Es una historia rural común que nos narra cómo es la vida, sobre todo en tiempos de crisis económica. Da pinceladas optimistas, del tipo la amistad, la solidaridad, la esperanza, los sueños... pero la realidad se va imponiendo, pues como una plaga la falta de espectativas laborales y vitales todo lo absorbe. Es pues otra visión negativa de la vida, aunque con pinceladas optimistas de esperanza abierta que se basa en las personas, no en el sistema social. Tuvo poco público, pero el que tuvo salió muy satisfecho de cómo se había montado lo que se nos quería contar a través de tan diversas historias de un mismo pueblo. No sé si ganará, pero desde luego dejó muy buen sabor de boca, en general.

Ilusión (Daniel Castro, 2013). Sinceramente, para mi gusto este año esta es la ganadora, aunque posiblemente no ganará. Y es posible que no gane porque su principal enemigo es aquel jurado del público que se cree llamado a premiar a grandes obras llenas de mensajes explicados en envoltorios de trascendencia. Ya pasó en este festival con El Factor Pilgrim (Santi Amodeo y Alberto Rodríguez, 2000) o con Pagafantas (Borja Cobeaga, 2009), aunque es cierto que Aupa Etxebeste! (Asier Altuna y Telmo Esnal, 2005) sí ganó, lo que da algo de esperanza para Daniel Castro, a pesar de que fue algo excepcional en el festival. Todas se tratan de comedias. Todas hacen reir. Lo logran, lo que no es fácil. Hacer reir es difícil en cine. Y hacer reir lanzando además mensajes al espectador es más difícil, estas películas lo hacen. La finalidad del cine puede ser muy diversa, pero una de ellas es precisamente alcanzar al espectador. Si se trata de una comedia, su finalidad es entretener y divertir, y todas las mencionadas lo hacen. Son buenas comedias porque cumplen su función de hacernos reir, de hacernos sonreir y de pasarlo bien y agradablemente, pero es que además éstas de fondo nos mandan cada una un mensaje, lo que es otro punto más a su favor. En el caso del metraje de Daniel Castro, guionista de televisión, por otro lado, y compositor de la canción "Etruscos" que os he enlazado para que la escuchéis, el mensaje que nos lanza es bien sencillo: un chico joven con sueños quiere vivir su vida haciendo lo que quiere, aunque las circunstancias le quieren llevar por otro camino. Es un luchador a pesar de las muchas circunstancias en contra de su sueño: crear una película musical sobre la Transición Española. Es un personaje que lleva bajo el brazo un cartel de una película de Woody Allen, y no es mera coincidencia, ya que el personaje, como los del escritor Carlo Padial, está lleno de patologías psicológicas. Es un personaje que no es vil ni miserable. Es un personaje soñador con la adversidad simpática de la circunstancias en su contra, que es el mismo tipo de personaje que construyó Charlie Chaplin para hacer de Charlot. Le coges cariño a pesar de sus manías. Se nos muestra un mundo rico en posibilidades, además positivas, un mundo de sueños y realidades, en el fondo todos queremos ser un poco como el protagonista, pero no nos atrevemos del todo, y es eso lo que nos hace que nos caiga bien. La película te hace reir, sólo por eso es ya una buena comedia. Su humor emparenta con el humor patológico de Carlo Padial, de los Venga Monjas, de Muchachada Nui, del primer Woody Allen... Y tanto el personaje como el director, que es la misma persona ya que hizo de actor durante tres años para crear su ópera prima en largometraje, dan tanto en la película como fuera de ella la misma visión sobre todo ese otro cine que se hace desde hace unos años donde quieren mostrar lo negativo del ser humano como único valor, y cuyo buen representante puede ser Michael Haneke: la vida no es así, la vida no es triste, no es negativa, el ser humano no es sólo un ser oscuro y maldad o tristeza estrema, la sociedad no es un algo de valores malos que te hace mal... y que además, según dijo Daniel Castro y que yo comparto, parece que hay un determinado público habitual de festivales de cine y de películas europeas o independientes que están dispuestos a premiar ese tipo de visiones y a idolatrar a Haneke y a todos los que hacen cine con esos valores oscuros, a pesar de que si analizas sus películas, al final ves que sus guiones a veces son compatibles con los guiones de una película de serie B de crímenes, otra cosa es la dirección de cómo se rodó. Hay mensajes que se pueden lanzar igualmente sin necesidad de revestirlos por necesidad de transcendencia y de gris. A mí por todo ello me gustó. Además es un metraje que curiosamente se ha rodado entero con dos cámaras de fotografías que tenían capacidad de grabar vídeo, por lo que técnicamente, e vista del resultado, puede ser un nuevo camino para realizar nuevo cine de cara a nuevas personas, más si no reciben subvenciones de dinero.

Paradiso (Omar Al Abdul Razzak, 2013). Pues llegamos a un largometraje documental de 70 minutos que si se hubiera quedado en mediometraje de 30 minutos hubiera sido igual de válido. Quizá a la cinta le sobra minutaje. Es un documental con extensos planos de cámara fija como si fuera un testigo silencioso e inexistente. Nos muestra la vida diaria de un cine pornográfico de Madrid que debió vivir mejores épocas en los años de la segunda mitad de los años 1970 a los primeros de 1980. Es un ambiente un tanto decadente de ancianos que asisten como público mientras llevan regalos a la taquillera cincuentona muy ama de casa, ajena total al ajetreo sexual de las actrices de la película, un ambiente de homosexuales entrados en bastantes años o bien muy de cultura urbana que no encuentran un mejor sitio para conocer a otros como ellos y un ambiente de unos trabajadores de la sala que combinan su aprecio por el cine clásico de Hollywood con sus ideas un tanto ingenuas para mantener a su clientela habitual... desde colocar un maniquí en el recibidor a comprar corbatas de regalo con una cartulina negra con luces y un espejo mientras quien lo coloca trata de razonar que con ello quiere lanzar un mensaje de esperanza a esa clientela habitual que tienen en las Navidades de 2012. Muestra una cierta decadencia de ese mundillo, un ambiente empobrecido y venido a menos, que realmente deja ver que tuvo épocas mejores. Muestra también caras de la crisis y la miseria digna propia de aquel soldado de El Lazarillo de Tormes, que no tenía qué comer y quería aparentar una honrosa dignidad impoluta.  Es muy significativa la escena donde el cine necesita hacer unas obras en su sala de calderas, que siguen siendo de carbón en pleno siglo XXI, y cuando entran los técnicos estos le dicen que le pueden remozar las paredes del sótano y quitarle la humedad por un poco más de dinero y el dueño dice que no alegando "que así están más sobrias", cuando e primer plano tenemos una pared que está aparentemente como para caerse. El metraje ha sido rodado en video, o al menos eso parece en su textura. Las luces son eléctricas en su mayoría, y todo muy en penumbra. La iluminación es lo mejor del montaje. Por lo demás, la idea, realmente, se recogía fácilmente con menos minutaje en el montaje. También muestra ese lado de la crisis económica que nos lleva a la resistencia del trabajo cotidiano aunque sea en ambientes cada vez más venidos a menos.

Aquí y Allá (Antonio Méndez Esparza, 2012). Un documental entre el falso documental y el documental que deja la cámara como testiga que no existe supuestamente, aunque los actores, que son personas reales, saben perfectamente que sí existe y porqué existe. Otra llamada de atención sobre otro aspecto de la crisis económica, aunque en esta ocasión centrada en México. Lo que narra es una idea que ya se había presentado en el festival en el 2002 y que de hecho ganó ese año con el largometraje documental Balseros (Carles Boch y José María Domènech, 2002), la cual me gustó aquel año tanto como para comprar el DVD y tenerlo en mi filmoteca personal. Obviamente la problemática de los cubanos de aquel año y la de los mexicanos de ahora son muy diferentes y plantean cosas diferentes, sin embargo en el fondo se trata de mostrarnos en ambas la evolución de una serie de personas que se ven empujadas a la emigración más desesperada, por lo que los realizadores de los metrajes les hacen un seguimiento de un año para captar su evolución. En el caso mexicano emigran a Estados Unidos sin el problema de enfrentarse al mar y sin toda la problemática política que acarrea un cubano sobre sí cuando decide irse de la isla. El mexicano acarrea otra serie de problemas. En este caso el director se centra sobre todo en los más estrictamente personales y afectivos dentro de una familia que se va a ver rota, donde además se vive el sueño de que el cabeza de familia, el padre, quiere triunfar dando conciertos de canciones rancheras. Sin embargo, el documental de Balseros me parecía más sincero que este de Aquí y Allá. Quizá sea porque precisamente el primero no trata de jugar con el espectador intentando montar el metraje como si la cámara no hubiera sido vista ni sentida por los personajes, todo lo contrario que lo realizado por Méndez Esparza. A su favor: el uso adecuado de las luces naturales para dotar a lo narrado de mayor realismo y hacernos comprender el tipo de ambientes que frecuenta esta familia de México.

Somos Gente Honrada  (Alejandro Marzoa, 2013). Para completar esa preocupación más que evidente entre nuestros cineastas más noveles este año sobre los efectos de la crisis económica que vivimos, fuera de concurso se presenta esta de Marzoa dentro del programa Cine Europeo en Ruta, avalado por el Parlamento y la Comisión Europeos. Es una comedia amable, te hace sonreir a veces, pero no reir. Esta llena de actores conocidos españoles y no me extrañaría que se paseara por estos motivos por los Premios Goya el año que viene, a pesar de que no le veo motivo para hacerlo. El argumento es sencillo, quizá ya un tanto usado. Se trata de una comedia de enredo basada en una banda espontánea de delincuentes que nunca antes han delinquido. Dos hombres cincuentones que la crisis económica les ha hecho perder sus trabajos y negocios, no son respetados por sus familiares. Todos los fines de semana cumplen el ritual de ir a ver jugar al fútbol al nieto de uno de ellos y después el de ir a pescar a una ría gallega. Un día pescan algo especial, un fardo de heroína o cocaína, no recuerdo, que sin duda ha perdido algún narcotraficante de Galicia. En lugar de entregarlo a la policía deciden solucionar sus problemas económicos vendiendo la droga ellos mismos, a pesar de los muchos remordimientos que le da a uno de ellos. Por ese camino descubren las dobles vidas y la hipocresia de mucha gente cercana a ellos mismos. Los puntos de humor se producen por medio de que ellos, que son gente honrada en realidad, son el contrapunto de un mundo del hampa donde se quieren meter. Metafóricamente se puede entender además que la droga es como la crisis que les ha afectado: se introduce por todas las grietas sociales sin darse uno cuenta hasta que es irremediable sus efectos psicológicos. El metraje es un canto amable a la lucha contra la crisis desde la honradez y desde valores humanos. Es simpática, para pasar un ratillo entretenido y como final de Pantalla Abierta en Alcine 43º, a pesar de que no entra en concurso, está bien, pero no mucho más. Yo ya la vi hace poco tiempo, pero si alguien quiere ir a la sala hoy, pues ya sabe lo que verá, más o menos. Al final del metraje harán una tertulia con los realizadores y el público que desee quedarse.

Y dicho todo esto, sólo quedaría comentar por esta bitácora el palmarés y el concierto de la Orquesta Sinfónica Ciudad de Alcalá, cuyo particular estilo es para mí un vicio. Otras secciones, como Pantalla Cero, que está por segundo año consecutivo en el festival, sé que están siendo muy atractivas para la gente, pero no tengo don de la ubicuidad para ejercer de jurado del público. Asíque os recomiendo para leer sobre ello buscar un poquito más en otros lugares, por ejemplo, es posible que rastreando a Pedro Toro.

1 comentario:

Anna Guillou dijo...

Se puede perfectamente combinar Pantalla Abierta y Pantalla Cero, no coinciden ninguna.
Se podía solicitar los dos carnés.

Para la próxima !!