viernes, febrero 19, 2016

NOTICIA 1568ª DESDE EL BAR: REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI (3 de 3, final)



Hoy llegamos a la tercera y última entrega de una de las tres conferencias que di para el encuentro bianual del Foro de Historiadores del Valle del Henares. Se puede leer en papel y de forma íntegra en:

Varios autores, Libro de Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares-Guadalajara, 2014, [El artículo citado: Daniel López-Serrano Páez, "Informaciones secretas sobre revolucionarios franceses en Alcalá de Henares al cortarle la cabeza a Luis XVI en 1793", pp. 167-182].


INFORMACIONES SECRETAS SOBRE REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI EN 1793 (3 de 3, final)

LA SENTENCIA

“Me he enterado de lo que vuestra merced me expone en su representación de 14 del corriente y de lo que resulta de los autos que la acompañan formados en virtud de mi orden de 7 del mismo para la averiguación de las especies contenidas en el anónimo que dirigí a vuestra merced, relativo a las expresiones proferidas por Juan Sandot, de nación francés, establecido en esta ciudad; y por lo que dichos autos aparece prevengo a vuestra merced proceda desde luego a desterrar de estos reinos al expresado Juan Sandot con prohibición absoluta de volver a ellos no precediendo expreso permiso de su majestad; dándole pasaporte para que en el término breve que vuestra merced le señale salga de ellos vía recta con calidad de presentarse a las Justicias donde pernocte y que remita testimonio de la última de la frontera que acredite dicha salida; en inteligencia que de lo contrario si no cumpliese con esta providencia se le destinará a uno de los presidios de África; y para la ejecución de ella devuelvo a vuestra merced los autos. Por lo que toca de los demás franceses que hay en esa ciudad que acostumbran a hacer Juntas, y tratan de los asuntos actuales de la Francia, les hará vuestra merced saber con separación, severa, y prudencia se abstengan de lo uno, y de lo otro, puesto no se podrá mirar con indiferencia cualesquier trasgresión que se cometa a las órdenes, cédulas, y leyes que hablan de modo con que deben comportarse los extranjeros en estos reinos. Dios guíe a vuestra merced muchos años mediante, 22 de febrero 1793.

El Conde de la Cañada.

A su ilustrísimo alcalde mayor de la ciudad de Alcalá.”[31]

Efectivamente, el 21 de marzo de 1793 se recibía la certificación del escribano de hechos Francisco Lasala, que ejercía en Canfranc, del partido de Jaca, que había acompañado a la frontera a Juan Bautista Sandot por orden del alcalde de Canfranc, Silverio Lasala. Y para asegurar su salida de España, le mandó el pasaporte del francés al corregidor de Alcalá de Henares, Ignacio José de Vega y Loaysa, quien el 3 de abril confirmó la salida del condenado. Nicolás Azaña archivó la causa el 17 de ese mismo mes[32].


CONCLUSIONES

Es difícil saber con esta documentación las tendencias o simpatías reales de los alcalaínos frente a los sucesos de la revolución francesa que en aquellos años estaban cambiando el rumbo de la Humanidad. En principio, ateniéndonos a lo que en el expediente se lee y a lo que otros historiadores han trabajado, sobreentendemos una postura férrea en torno a los ideales propios del Antiguo Régimen en torno a Dios, Patria y Rey. La llegada de la noticia de la decapitación de Luis XVI a Alcalá de Henares produce alegría a una serie de vecinos de origen francés que, por otro lado, demuestran la misma alegría en todo aquello que eran noticias favorables al gobierno francés, en aquellos momentos en manos de los jacobinos con Robespierre a la cabeza. La primera acusación que se hace contra uno de ellos, Juan Sandot, se produce por su frase: ‘Está bien hecho pues era traidor a la nación’. Al acusador anónimo le escandalizó tal desafección a un rey, aunque no fuera su propio rey español. A lo largo de los interrogatorios se dieron testimonios que venían a confirmar tal escándalo y reprobación en cuanto a la desafección a un rey. Así por ejemplo Martín Astoreca declaró que le recriminó decir tales cosas a Sandot y le pidió que dejara de decir “semejantes desatinos, pues nunca era justo hablar así contra un Rey”. Las acusaciones también se hicieron en cuanto a las reuniones de los franceses alcalaínos y sus conversaciones, así como su lectura de la prensa en francés o la presunta recepción de correo. Desde 1789 estaba prohibido recibir correo o publicaciones de Francia con contenido revolucionario o favorable a la revolución, pero los testigos de estos sucesos no sabían realmente de qué hablaban o qué decían, ya que hablaban en francés y no les entendían. También los carteros dijeron no entregarle nada a Sandot, lo que podría ser discutible o motivo de duda, pero en principio ellos aseguraron que el francés vivía en el camino de Guadalajara por el que ellos pasaban al traer el correo. Así pues, unido a los testimonios de palabras y frases más o menos fuertes, se trataba de un conjunto de suspicacias entre vecinos que habían venido a declarar en secreto sobre un asunto que exactamente no conocían, cuyo conocimiento en algunos era de oídas y no de ser protagonistas o testigos directos. Un conjunto de suspicacias que se unían al conocimiento de que aquellos hechos por los cuales declaraban eran ilegales. Ninguno de los llamados a declarar iba a decir lo que realmente pudiera pensar de los acontecimientos franceses, pues podría ser causa de incriminación propia. Si bien es cierto también, y nunca hay que olvidarlo, que muchos de los declarantes eran personas relevantes, algunas de las cuales habían ocupado, ocupaban o iban a ocupar cargos de gobierno y jurídicos en Alcalá, siendo nobles algunos. Eran personas cercanas al orden monárquico establecido, por lo que determinados de estos testimonios sí pudieran ser sinceros, si bien ignoramos lo que realmente pudiera pensar el resto de la ciudad.

Por otro lado entre la ejecución de Luis XVI en enero y la declaración de guerra a Francia en abril, se comenzó a arengar a los españoles contra los revolucionarios como si estuvieran llamados a realizar una guerra de y por religión. Este suceso de Juan Sandot se produjo en el mes de febrero, y esta mentalidad se lee en algunos de los testimonios, como por ejemplo en el de Martín de Padura y Gorbea, que declaró que Juan Sandot había afirmado que los franceses tenían más fe que los españoles, como si ese aspecto de los sucesos para incriminar fuera relevante. La separación de Estado y religión por el gobierno francés y la identificación que hicieron estos del cristianismo como un retraso y un freno para la libertad y la democracia eran puestos en entredicho por muchos españoles, si bien es cierto que en la frase de Sandot sobre la fe de los franceses se desprende, en una interpretación de quien escribe, que viene a afirmar que los franceses eran creyentes y mejores seguidores de la religión, si bien separaban Iglesia y Estado.

Por último se sumó una nueva acusación lanzada por el propio corregidor, que a la vez ejerció de testigo y de acusador, aquella en la que afirmaba que Sandot dijo cosas que eran afrentas contra España, lo que Pedro José Fernández completó con el testimonio de la frase de Sandot “no hubiera cosa como la libertad y que los españoles hacen mal en no tenerla”, la cual se repetía en cierto modo en las conversaciones entre los franceses que se reunían en casa del florero francés a leer la prensa de tal modo: “no hay cosa como la libertad y que los reyes no son dueños de disponer de las cosas de los vasallos, por lo mismo vencen como la Francia daba la ley a todo el mundo”. Así que se estaba investigando un caso de libertad de opinión, de asociación ideológica, de libertad de expresión, de libertad de reunión y, en fin una serie de libertades que en principio no existían en el Antiguo Régimen pero sí se daban en la Francia revolucionaria, matizada según han evolucionado posteriormente estos derechos en estos siglos, pero que desde luego era la legislación más avanzado de la época en cuanto a libertades. En otras palabras se estaba investigando en secreto un caso que causaba miedo de que fuera precedente de que pudiera extender unas ideas o que públicamente la gente pudiera hablar de estas cosas. Los monárquicos bien pudieran decir en aquella época que preventivamente se investigaba un posible foco de sedición. Efectivamente, como podemos ver en la sentencia, Juan Sandot, un soldado valón con fácil verborrea e exaltación, fue expulsado de España, y los franceses que vivían en Alcalá recibieron la orden de no volverse a reunir entre ellos en privado, ni tampoco podían hablar de cosas de Francia, servía de aviso la expulsión del país de Juan Sandot. Pero tales prohibiciones no impiden que las personas sigan pensando lo que realmente piensen, y medios hay para comunicarse de modo discreto fuera de la vigilancia, aunque no tenemos documentos que nos hablen de esto.

Es más, los nombres de los franceses alcalaínos que salen en los expedientes de 1791 y de 1793 son muy relevantes, también el de los españoles. Sandot no volverá a aparecer nombrado en la Historia y documentación de Alcalá de Henares, pero el resto de nombres resonaran.

Los Azaña será una de las familias liberales más destacadas de Alcalá de Henares. Nicolás Azaña llevó como escribano los autos de 1791 y 1793, dándose por caso que Miguel Azaña también estuvo en los autos de 1791. Nicolás sería ya un hombre mayor cuando los franceses llegaron en 1808, pero él participó de la formación del ayuntamiento leal a Fernando VII del momento, el cual, interrumpido por el ayuntamiento leal a José I, abrazó y celebró la Constitución de Cádiz de 1812 en el primer momento que pudo, lo que le costó muy caro con una fuerte represión francesa el 21 de abril de 1813. El hijo de Nicolás Azaña, Esteban, participaría de la administración local durante el Trienio Liberal de 1820-1823, e incluso fue uno de los milicianos liberales en la ciudad; a su vez el hijo de este, Gregorio, participó de la Revolución Gloriosa de 1868 en la ciudad contra los Borbones; el hijo de este, otro Esteban, sería concejal y alcalde en la época de la Restauración borbónica, entre 1875 y 1882, en ese año escribiría una Historia de la ciudad desde un punto de vista liberal; mientras que el hijo de este, Manuel, llegaría a ser ministro y a presidir la Segunda República de los años 1930. Los Azaña además emparentaron con una familia de origen francés que vivía en la ciudad, los Catarineu, que también serían milicianos liberales entre 1820 y 1823. Sin embargo, el otro escribano que participó del cotejo de las letras del anónimo, Francisco Huerta, sería un monárquico absolutista que participaría desde el ayuntamiento de la represión de los liberales entre 1814 y 1820[33].

Ya hemos hablado de quiénes eran los Corera en Alcalá de Henares, pero quizá más significativo ahora es que Agustín Muñoz Corera, o Agustín Corera, como es nombrado más habitualmente en los documentos, sería también partidario de la Constitución de 1812, y se verá a los Corera entre los nombres de los milicianos liberales de 1820-1823. Los Corera emparentaron con los Tejedor, y como hemos visto, Juan Tejedor era uno de los franceses caldereros de todos estos asuntos de 1791-1793 investigados en Alcalá de Henares con relación a las simpatías a la revolución francesa.

Martín de Astoreca y su familia se alinearían del lado de los absolutistas. En esta línea estaría el propio De Vega y Loaysa, Padura y Corbea, y Villaurrutia, que en 1814 iniciará una persecución sistemática contra todos los liberales alcalaínos y una represión contra los que eran universitarios, sin descartar expropiaciones e incendios. Los Yarritu traerían y llevarían el correo de los franceses entre Alcalá y Guadalajara en 1810, entre otras personas pudientes de la ciudad que eligieron los propios franceses.

Los franceses Juan Villar David, Pedro Landa “el Mayor”, Beltrán Cibrián, tendero, y Luis, sin que sepamos el nombre del florero, y Juan Borsal, son apellidos y personas que ya ellos, ya sus descendientes, van a volver a aparecer en Alcalá de Henares como defensores de la Constitución de 1812. Si bien Pedro Landa va a ser significativo. En 1809 fue regidor. Los Landa fue una familia económicamente muy pudientes, con diversos negocios en la ciudad. De hecho un teniente coronel francés eligió su casa para alojarse junto a otros oficiales en 1813. Como el padre de la familia no se quitó el sombrero, uno de los oficiales se lo derribó de una manotada en las escaleras del interior de la casa, lo que llevó a una bronca con el hijo de los Landa y una bofetada que le dieron. Los oficiales se fueron para volver y arrestar al hijo y al yerno del padre de los Landa, pues este huyó y no volvió hasta tres días después. Estuvieron todos presos pero fueron liberados a cambio de una suma de dinero. Ese mismo año arrestaron de nuevo a la esposa y al padre de los Landa tras los sucesos violentos de la represión francesa del 21 de abril en la ciudad. Fueron liberados por una petición formal del ayuntamiento ante las quejas vecinales[34]. Según el regidor del momento Paulino Moreno, fueron presos por decir insidias contra los franceses, y según Juan Domingo Palomar, un liberal desafecto de los franceses, fue porque ayudaban a alojar y esconder a guerrilleros en su casa[35]. También los Landa, como liberales afectos a la Constitución de 1812 saldrán entre los milicianos liberales del trienio 1820-1823, pero también en los ayuntamientos liberales.

Álvaro Valiente aparecería como liberal muy activo durante la guerra de Independencia de 1808-1814 y en 1820-1823, llegando a ocupar cargos en el ayuntamiento. Su testimonio fue vital para implicar al corregidor De Vega y Loaysa en el caso, y su falta de confirmaciones casi parece desprender una amistad con Juan Sandot. De Vega y Loaysa declaró llevado por el testimonio de este hombre. ¿Fue el anónimo el propio corregidor? Eso sólo es especulación, pero podría caber dentro de la sospecha razonable.

Vemos como personas que se ha asumido que adquieren ideas liberales durante la ocupación francesa de 1808-1814, en realidad ya tenían contacto con ellas al menos desde 1793. Quizá queda replantearse ahora una génesis diferente a la formación política alcalaína, tal vez no tan conservadora como se ha dicho, Quizá queda plantearse que los movimientos liberales en la ciudad no eran sólo cosa de la Universidad de Alcalá, sino algo más extendido entre sus ciudadanos y quizá no por contacto con las tropas napoleónicas, sino tal vez unos veinte años antes en la década de 1790 y con ayuda del contacto con personas de Alcalá con origen francés. Si bien el cierre universitario de 1822-1823 arruinó o disminuyó muchas economías personales que tenían ingresos a costa de la población universitaria y eso distanció a muchos alcalaínos de las ideas liberales, sabemos que estas pervivieron en sociedades secretas y en otras masónicas, y que estas proseguirían hasta enlazar con la Primera República y el nacimiento del movimiento obrero en la ciudad, con su peso en la Primera Internacional. Queda abierta una tarea apasionante de revisado de la Historia complutense en este sentido que esperamos sea acogida por muchos otros historiadores[36]. 


NOTAS

[31]              Misma referencia de nota 1, fols. 14r. y 14v.
[32]              Misma referencia de nota 1, fols. 15r. a 17v.
[33]           Ídem nota 8, pp.  511-887, el resto de referencias de personas y familias en las primeras décadas del siglo XIX salen de la misma referencia.
[34]          Diario de un patriota complutense en la Guerra de la Independencia, con un prólogo y notas de J. C. G., edición facsímil, Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares, 1991.
[35]             Ídem nota 8, pp. 606-607.
[36]          Ídem nota 32, y también Julián VADILLO MUÑOZ, El movimiento obrero en Alcalá de Henares, ed. Silente Académica, Guadalajara, 2014.



NOTA DE 2016:
Perdemos en la documentación que conserva el Estado español, al menos en el Archivo General de la Administración (AGA) y en el Archivo Municipal de Alcalá de Henares (AMAH), qué ocurrió con Juan Sandot después de su expulsión de España. Dado su carácter de soldado de origen francés y sus simpatías por la causa francesa y los actos del gobierno jabobino de Robespierre, cabe imaginar hipotéticas posibilidades que caen dentro de la especulación de cosas posibles, no tanto en la Historia. Así por ejemplo es posible imaginar que participase de la guerra declarada en abril de 1793, unos dos meses después de estos hechos, y regresara a España invadiéndola. Si muriese o no en alguna batalla lo dejamos al azar. Puede que sobreviviese al final de la guerra en 1795, que viviese ese cambio de percepción del gobierno de Godoy y encontrase que España se transforma de la noche a la mañana en aliada de Francia. En esa tesitura, ¿quién nos dice que no pudiera volver a vivir en España, o incluso a pisar Alcalá de Henares, aunque de esto nada se dice en los documentos, por lo que es poco probable que ocurriera ese regreso a la ciudad, al menos de forma muy significada. Puede que se licenciara, o puede que estuviera permanentemente movilizado, que quizá en 1793 el ejército no le mandara a combatir a España, si no a los Estados alemanes. Puede que fuera uno de aquellos soldados que en Marsella oyeran la primera ve que se cantó "La Marsellesa" como ánimo y arenga a los soldados. O puede que simplemente se licenciara y fuera con su familia, de tenerla. Aunque siendo soldado y expresando su alegría y ardor por las victorias francesas, cabe bien pensar que de algún modo en alguna de las guerras de la revolución francesa participara de ellas, lo más seguro combatiendo. ¿Muriendo? No lo podemos saber. ¿Y si fue sobreviviendo de batalla en batalla y de guerra en guerra hasta ver coronado a Napoleón Bonaparte en 1800 y si, más allá, viviera la invasión napoleónica a España de 1808? Habrían pasado quince años desde 1793 y este proceso secreto, son muchos años para una persona, y más aíun para un soldado en tiempos de guerra. De estar en el servicio activo en todo ese periodo lo más seguro es que no lo terminara, o bien por muerte, o por mutilación, o por enfermedad. O quizá ascendió a oficial. O quizá se licenció. Quizá se ilusionó con Napoleón, o quizá fue de los que creyeron que al coronarse emperador traicionaba la revolución. Quizá siendo aparentemente jacobino, fue purgado por los girondinos antes de Napoleón. Así es la Historia, nos anima a imaginar.

De los franceses que sabemos que había en Alcalá sí sabemos de algunos sus trayectorias. Queda patente en la sentencia la intromisión que el gobierno central de España, el Consejo de Castilla en nombre del Rey, tomaba en las vidas privadas no sólo de españoles sino también de los extranjeros. El juicio está lleno de cuestiones que hoy día serían anomalías contrarias a derecho, intuyo que algunas lo serían incluso en la época, como el papel de acusador, testigo y juez de una misma sola persona, pero la sentencia en sí, leída con detenimiento no tiene desperdicio para comprender hasta qué punto la monarquía absoluta podía tender a controlar las vidas individuales si le convenía, así como se desprende una especie de idea de que un extranjero en España debiera comportarse como un español les indicaba, es la diferencia con las percepciones de democracia y derechos individuales. Sea como sea, de las más exitosas trayectorias de los franceses en Alcalá de Henares destaca las de la familia Landa, que incluso llegaron a tener cargos de gobierno en Alcalá de Henares en los primeros años del siglo XIX. Franceses afincados en Alcalá de Henares, revolucionarios y liberales, franceses que ya conocieron en sus opiniones políticas a personas relevantes de la ciudad, que incluso emparentan con ellos, como los Azaña o Alegría. Franceses que en 1808, algunos obviamente son afrancesados, pero otros son curiosamente luchadores por la independencia de España y por la Constitución de 1812. Franceses y alcalaínos españoles emparentados con ellos que son de los primeros liberales españoles, los mismos que contribuyen con políticos y milicias al trienio liberal de 1820-1823. Pero los mismos también que sufren las iras y violentas represiones de Fernando VII y de los alcalaínos absolutistas y conservadores, que sufren cárcel, incendios y muertes. Y de ahí al resto del siglo XIX alcalaíno, que coincide con el español. Hasta la fecha se ha hablado en Alcalá de Henares que los liberales surgen con la invasión napoleónica de 1808, si bien en la Universidad habría afrancesados, pero con esta investigación que publiqué en 2014, descubrimos que las ideas ya estaban latentes o a punto de nacer entre 1791 y 1793 en la ciudad. Los liberales en Alcalá nacen junto a los revolucionarios franceses y sus simpatizantes. Nace de las relaciones de los vecinos ente sí. Del trato y de las conversaciones, de la amistad, aunque fuesen relaciones prohibidas por ley. No deja de ser curioso que el escribano que lleva los procesos secretos fuese Nicolás Azaña, cuya familia va a ser desde el liberalismo y el republicanismo altamente señalda e importante en la Historia de la ciudad e incluso de España con el paso de las décadas. Familia que emparentó con otros franceses afincados en la ciudad, los Catarineau. Hay que revisar la Historia de Alcalá de Henares. Romper los moldes tópicos y los moldes que tradicionalmente se han asumido como única verdad. La Historia no tiene única verdad. Se mueve. Cambia según se descubre, según se intuye una nueva percepción que se puede acercar más realmente a lo que puede que ocurriera. Hay que retrotraer quince años un comienzo de un tipo de mentalidad en la ciudad. Si así se comportaron en 1793 los alcalaínos más notables, como ese Alegría que tan significado sería pocos años después en el liberalismo de la ciudad, ¿qué ideas y qué pasiones no despertarían las amistades con esas personas en las personas más anónimas que habitaron la ciudad, que más padecían impuestos y obligaciones y arrogancias estamentales, hartos quizá de arrogancias varias como la de algunos destacamentos militares aquí asentados? Las fuertes represalias basadas en odios de conservadores hacia liberales repiten también nombres de los conservadores que estuvieron en los procesos de 1793, como Francisco Huerta o como De la Vega y Loaysa. El escribano Francisco Huerta en 1823 llegó a proponer que los liberales no tuvieran reuniones entre sí para evitar "males sociales". Cierto es que la desamortización de la Universidad en la década de 1830 hizo que mucho alcalaíno que vivía de ella a través de alquiler de habitciones, pisos, fondas para comer, venta de ropa, libros, material vario de estudio o de medios para una vidaa normal, quedó muy descontento, como dicen fuentes de la época, y comenzaron entonces a no ver bien las políticas liberales, pues si bien la subrogación de la Universidad la comenzó Carlos IV en la década de 1790 y hubo cierres de cursos con él, fue con los afrancesados que surgió el primer intento de llevarse la Universidad a Madrid entre 1808 y 1814, y que Fernando VII la mantuvo más cerrada que abierta hasta 1833 por la fuerte presencia de estudiantes liberales, no tanto de profesores, aunque alguno había. No olvidemos que a pesar de los tópicos que pesan como losas inamovibles sobre Alcalá, las investigaciones más recientes nos han mostrado como incluso esta ciudad fue elegida por el yerno de Karl Marx, Paul Lafargue, para presentarse la Primera Internacional en 1871, cómo fue aquí donde surgió una de las primeras asociaciones obreras, o cómo a comienzos del siglo XX es en Alcalá de Henares donde se elige al primer concejal socialdemócrata mucho antes de que ningún  socialdeócrata, ni Pablo Iglesias, tuvieran cargo político alguno en otras instituciones. Es Alcalá de gobiernos republicanos de principio a fin de la Segunda República, y es Alcalá quien en la guerra al componer su gobierno propuso uno de mayoría sindical más que de partidos, que luchó incluso un día más de resistencia que Madrid, que era apodada Alcalá la Roja. Quizá hay que investigar más, conocernos más, no sujetarnos a tópicos, intentar acabar con los tópicos. Quizá hay que repensar qué ocurrió en Alcalá. Quizá así encontremos respuestas no sólo para la ciudad, si no más allá.

jueves, febrero 18, 2016

NOTICIA 1567ª DESDE EL BAR: REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI (2 de 3)

Hoy: la segunda parte de una de las tres conferencias que di en 2014 para el Foro de Historiadores del Valle del Henares, publicada íntegra en papel en el Libro de Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014. Aunque la primera parte está en la entradaa anterior, Noticia 1566ª, si ayer os dejé el resumen en castellano que acompañó aquella publicación, hoy es dejo el resumen en inglés.

ABSTRACT


French King Louis XVI's execution in 1793 arrived to Alcalá de Henares on the 2nd of February. It was joyfully welcomed by a group of French inhabitants. Authorities were anonymously alerted and a secret process was begun. The main defendant was a walloon guard named Juan Sandot. Many of those involved will be names to be among the first liberals of the complutense nineteenth-century.
Keywords: French Revolution, XVIII century, Alcalá de Henares, revolutionaries, secret trial, Juan Sandot.


INFORMACIONES SECRETAS SOBRE REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI EN 1793 (2 de 3)


LOS INTERROGATORIOS

Como se introdujo al comienzo, el anónimo denunciando al francés Juan Sandot por alegrarse ante las noticias del guillotinamiento de Luis XVI se escribió el 2 de febrero de 1793, el día 7, apenas cinco días después había llegado al Real Consejo de Castilla, en Madrid, y había obtenido respuesta del Conde de la Cañada. En cuatro días más el corregidor de Alcalá de Henares, Ignacio José de Vega y Loaysa, comenzaba el proceso secreto con ayuda del escribano público Nicolás Azaña. Aquel día debió ser un día realmente complicado, pues el expediente refleja un gran número de acciones en la ciudad desde la mañana a la tarde, incluyendo el interrogatorio de varios de los implicados. A pesar de que el auto era secreto y el Conde de la Cañada había mandado mantener el sigilo y la precaución, el número de personas implicadas que se iban a suceder, sus relaciones entre ellos y la mera observación de los vecinos en sus idas y venidas para ver al corregidor y al escribano es probable que levantaran todo tipo de suspicacias vecinales, aunque eso es algo que no podemos saber documentalmente. En principio todos los que hicieron acto de presencia fueron tomados juramento doble. El primero de los juramentos, siempre por Jesucristo, con La Biblia y con gestos religiosos, era acerca de que se diría toda la verdad de lo que se le interrogara. El segundo de los juramentos era para pedir silencio total sobre lo que allí se hablase una vez que acabara el interrogatorio. Había penas a cumplir en caso contrario. En tales circunstancias también es de imaginar todo aquello que pudiera pasar por las personas que fueron llamadas a declarar de manera individual y sin saber en principio para qué o porqué ni a quién más se llamó.

Aquel día 11 la primera diligencia del auto mandada por Ignacio José de Vega y Loaysa fue el cotejo de la letra del anónimo con el de varias personas posibles. Nada se escribió de a quién se llamó para realizar tal cotejo, ni como se produjo[16]. Llevó a cabo la tarea el escribano Nicolás Azaña ayudado por otro notario más de la ciudad, Francisco Huerta. Su primera certificación tras cotejar varias letras de diferentes personas con el anónimo se resume perfectamente en una de sus frases textuales más significativas: “testificamos, damos fe y testimonio de verdad (…) no podemos de pronto fijar la consideración [sobre] qué sujeto sea el autor”. El corregidor esa misma mañana recibió el certificado pero no conforme con él volvió a ordenar el cotejo. Debieron gastar en el primer cotejo toda la mañana, pues los dos escribanos escribieron su segundo certificado a las seis de las tarde. Habían pasado la mayor parte del día comparando las letras del anónimo con la de diversos vecinos. Teniendo en cuenta la buena ortografía que presenta el anónimo y su significativa frase final, es de suponer que eligieron a personas cultas, tal vez nobles o sacerdotes, aunque nada de esto se nos dice. La cuestión es que el segundo certificado dado a las seis de la tarde dice: “Nos parece imposible dar con el sujeto”. Si el señor corregidor había insistido en este punto, desde luego iba a quedar sin resolver. Ignacio José de Vega y Loaysa hubo de conformarse y ordenó dar por enterado del resultado del cotejo a Antonio Pérez Cañas, a la vez que ordenaba dar paso a una serie de interrogatorios con carácter secreto[17].

Para los interrogatorios se prescindió del escribano Francisco Huerta. Los llevó a cabo el corregidor junto a Nicolás Azaña. El primero en declarar lo hizo aquella misma tarde. Se trataba de Agustín Muñoz Corera, un joven médico de 29 años. Según el anónimo era uno de los principales ofendidos por Juan Sandot al afirmar que el rey de Francia, Luis XVI, se merecía su degollamiento por traicionar a la nación francesa. Los Corera era una familia burguesa y pudiente de la ciudad que figuraba como vecinos al menos desde el catastro de Ensenada en 1753, en el que aparecía un Pedro Antonio Corera como cirujano. En el Repartimento de la Contribución General de 1801 sólo figurará un Corera, que no será este, sino Tomás. Sin embargo, en el mismo cuestionario, pero de 1814, aparecerá un Agustín Corera junto a otros dos, Juan Bautista y Ángel. El Agustín Corera de 1814 es miembro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá y propietario de casas, se trata del mismo Agustín Corera que aparece de joven en estos interrogatorios secretos. En 1817 reaparecerá como cirujano y persona adinerada que debía contribuir con impuestos. Pero en 1826, tras el Trienio Liberal de 1820 a 1823, sólo hay en la ciudad un Corera, Ángel[18].  Los Corera, además, emparentarían con los Tejedor, dato que vamos a retener pues nos será de utilidad. De momento en el interrogatorio de 1793 al joven Agustín Muñoz Corera se confirmó que Sandot había dicho lo que había dicho de manera pública. Además dio detalles de la personalidad del francés que vivía en Alcalá de Henares. Se trataba de un guardia valón (o walón, como se prefiera) al cual describía como disperso, lo que podría ser o bien bravucón o bien de vida disoluta. Aunque Agustín Corera (el Muñoz no aparece casi en el expediente) desmintió que lo oyese él en persona, sino que se lo había contado Martín de Astoreca, regidor decano por su estado noble de la ciudad de Alcalá de Henares. Describió la pelea de Martín de Astoreca y Juan Sandot dando por detalle que el primero dijo que había dado con un demonio al oír la frase de Sandot al alegrarse por la muerte de Luis XVI, a lo que Sandot le dijo que se fuera en mala hora. Además, declaró cuál fue el día exacto de la pelea, el 2 de febrero, el mismo día del anónimo. En cuanto a la reunión frecuente de los franceses alcalaínos en casa de uno de ellos mismos que era florero, dijo que era verdad que ocurrían, sin embargo hablaban en francés, por lo que él no sabía de qué hablaban, no podía confirmar la acusación anónima de que hablaran sobre asuntos de Francia[19].

Si hubiera habido palabras malsonantes también hubieran sido enjuiciadas, pues los insultos graves eran un delito criminal. Sin embargo, en principio al corregidor le interesaban las acusaciones del anónimo en cuanto a la alegría de Sandot por la muerte de Luis XVI y su irreverencia respecto a un rey que fue el primo de Carlos IV de España, la acusación de que iba al encuentro de la correspondencia que venía de Francia, y la acusación de reuniones sediciosas entre franceses en la casa de uno de ellos que era florero. Ignacio José de Vega y Loaysa mandó traer a Martín de Astoreca a declarar en secreto. Siendo febrero y habiendo habido un interrogatorio ya después de haber pasado las seis de la tarde, como anotaron los escribanos en su último certificado de cotejo de letras, probablemente estaba ya anocheciendo o a punto de ello.  Martín de Astoreca no era una persona cualquiera, era licenciado, abogado de los Consejos de Alcalá y regidor decano del ayuntamiento por su estado noble. Compartía mucho con el corregidor, pues Ignacio José de Vega y Loaysa era también, aparte de corregidor, licenciado y abogado de los Consejos de Alcalá, más otro cargo del que luego hablaremos por su importancia. De hecho, Martín de Astoreca había ejercido como teniente de corregidor en 1783, en 1786 y en 1791, y todavía lo haría una vez más en 1797, año tras el que le sucedería el propio De Vega y Loaysa[20]. Martín de Astoreca confirmó que Sandot dijo lo que dijo, pero declaró que en el momento de su discusión entre ellos, ambos estaban a solas, sin testigos. Dijo que fue él quien le dijo que se marchara y que no hablara “semejantes desatinos, pues nunca era justo hablar así contra un Rey”[21]. Lo que realmente parecía ser una bronca muy educada.

El Interrogatorio a Martín de Astoreca fue realmente breve, así pues el corregidor llamó esa misma tarde, o ya quizá noche, a otra persona más, José Yarritu, un comerciante de 54 años de edad del que el anónimo decía que era uno de los testigos de todo. También la familia de este apellido eran personas significadas en la ciudad. A él se le interrogó en referencia a las reuniones de los franceses en la casa de uno de ellos que era florero y que vivía enfrente suya. Confirmó que estos hechos eran ciertos y dio por detalle que su vecino, el francés de oficio florero, era moreno. Según él, Sandot iba siempre a su casa al día siguiente de que llegara la gaceta con noticias a Alcalá. La leían juntos, decía, pero como lo hacían en francés él no sabía realmente de qué hablaban o qué noticias leían. Según este testimonio, Sandot también iba a la casa del florero los días que llegaba correo, y que traía siempre consigo unos papeles que eran leídos junto a otros franceses que también vivían en la ciudad y que iban ese día a esa casa. Estos eran Juan Villar David, calderero, Pedro Landa “el Mayor”, Beltrán Cibrián, tendero, y otro más del que no conocía el nombre. Al ser todos franceses y comerciantes entendía el declarante que era normal que se reunieran entre ellos a leer las cartas y la gaceta, aunque reconocía que los días que la gaceta traía noticias de victorias del gobierno revolucionario francés ellos daban muestras de alegría[22].

Es interesante parar en estos nombres nuevos en la investigación, pues recuperaremos el dato sobre que Agustín Corera era de una familia que emparentó con los Tejedor. Previamente a estos sucesos de 1793 en torno a investigaciones secretas a vecinos de origen francés, ya en 1791 había existido un antecedente. El 13 de octubre de 1791 el corregidor del momento, Jacobo de Villaurrutia, investigaba con la ayuda del mismo escribano Nicolás Azaña a otros dos franceses que vivían en Alcalá de Henares, Juan Tejedor y Juan Borsal, ambos caldereros. Estaban matriculados en la ciudad, esto es que sus negocios estaban registrados en Alcalá, así como que ellos estaban censados como vecinos. Sin embargo, ambos conjuntamente habían obtenido pasaportes españoles y franceses en el mes de septiembre de aquel 1791 para irse a Francia ocultando su matriculación en Alcalá de Henares, lo que era ilegal por unas Reales Órdenes que impedía las idas a Francia a los extranjeros matriculados en los municipios españoles. Ellos habían sido denunciados por Juan Villar David, también calderero, pues todos ellos, más otros caldereros, habían formado una asociación de tipo gremial llamada Compañía de Caldereros de Alcalá de Henares. Los miembros del gremio sospechaban que habían malversado fondos comunes, pues Tejedor y Borsal llevaban las cuentas de la asociación, y que con ese dinero era con el que partían a Francia. Fueron apresados en Madrid y puestos en prisión preventiva en Alcalá de Henares mientras se aclaraba el asunto con el Conde de Cifuentes (que otorgaba los pasaportes en España), con los embajadores de Francia, con el alcalde de la ciudad, Gregorio Martínez, y con la Compañía de Caldereros. El caso quedó sobreseído y ellos fueros puestos en libertad el 2 de noviembre de 1791. Nada indicaba que hubiera existido malversación de fondos, ni que hubieran tomado el dinero par irse a Francia, por lo que la Compañía de Caldereros y Juan Villar David quedaron satisfechos, tampoco se podía saber si existió mala fe en el incumplimiento de la ley en cuanto a obtener pasaportes falsos al no decir que estaban matriculados en Alcalá, o si bien era desconocimiento de las leyes de circulación que se habían puesto en marcha con motivo de la revolución en Francia. No sabemos porqué motivo querían ir a Francia, pero este asunto entre franceses de Alcalá de Henares no les era ajeno ni desconocido a los que llevaban los autos secretos contra Juan Sandot en 1793, el cual les implicaba a ellos[23].  

Ignacio José de Vega y Loaysa tenía prisa por ir zanjando el asunto en aquel día 11, llamó a Martín Padura y Gorbea, de 44 años de edad y otro de los testigos señalados por el anónimo. Este hombre, aunque señalado como comerciante, era otra de las personas notables de la ciudad, pues llegaría a ser corregidor sorprendentemente tres años seguidos, de 1799 a 1801. Confirmó que enfrente suya vivía el florero francés, en cuya casa entraba y salía mucha gente, entre ellos Sandot, sobre todo en los días de correo y de gaceta. Confirmó igualmente que cuando había noticias favorables a Francia, todos demostraban una gran alegría, hasta el punto que Sandot se vestía de gala esos días. También confirmó que los días de correo, pero también los de gaceta, Sandot traía consigo papeles y los leían entre ellos juntos. Siendo vecino a la vez de Astoreca, sabía que habían tenido Sandot y Astoreca una pelea donde Sandot decía proposiciones feas, pero también había tenido Sandot una pelea con don Álvaro Valiente, otro regidor más de la ciudad, el cual ascendería a corregidor al año siguiente de este expediente, en 1794[24]. Sin embargo, esto lo sabía de oídas y no recordaba quién se lo había contado. La memoria de Padura y Gorbea volvió a fallar aquella tarde, pues se acordó con detalles que en casa del vicario de Santa Clara de los clérigos menores le habían contado, sin acordarse de quién, que en casa de Laureano Padura, familiar suyo, estuvo Sandot diciendo que los franceses tenían más fe que los españoles. También en aquel lugar le contaron que Sandot salía todos los días al encuentro del correo de Francia en el camino de Guadalajara, pero no sabía si le daban cartas[25]. Como hemos visto ya, Floridablanca había prohibido estos correos.

De Vega y Loaysa debía tener realmente interés por solucionarlo todo con rapidez, pues aún ese mismo día 11 llamó al nuevo testigo mencionado. Debía ser ya bastante tarde, pero Álvaro Valiente, regidor del ayuntamiento por su estado noble, de 24 años de edad, compareció. Su declaración fue escueta pero tajante. No sabía nada ni Sandot le había comentado nada de todo esto. Ni tampoco se lo había oído comentar al juez oidor de Santa María la Mayor, con el cual sí que le había dicho Sandot que había tenido una “desazón” por las cosas de Francia y que le había causado una “incitación”.  Del mismo modo, añadió, que el oidor le había comentado alguna vez que el comerciante José Soler había echado de su casa a Sandot por las mismas causas. Álvaro Valiente va a tener una importancia destacada en la ciudad en el comienzo del siglo XX, de momento nos quedamos con su declaración y con que sucedió a De Vega y Loaysa como teniente de corregidor en 1794.

El corregidor Ignacio José de Vega y Loaysa interrumpió aquí los interrogatorios, Debía ser sábado, pues no se reanudaron al día siguiente, si no al posterior, el día 13 de febrero. Se llamó a declarar al juez oidor de Santa María la Mayor, de 37 años, que era nieto de otro corregidor que ejerció en 1758, 1759, 1760 y 1761[26], y este juez oidor no era otro que el licenciado, corregidor, Justicia Mayor y abogado de los Consejos de Alcalá, el propio señor don Ignacio José de Vega y Loaysa. Con Nicolás Azaña tomando nota, se interrogó a sí mismo y se tomó declaración. De este modo, el juez y abogado pasó a ser testigo y, como veremos, también acusador. Su primera declaración fue dar por cierta la declaración de Álvaro Valiente, la cual le había llevado a declarar. Declaró que le había ocurrido varias veces que leyendo la gaceta había visto varias veces a Sandot regocijarse con toda aquella cosa que era a favor del gobierno francés, así como también se alegraba cuando venían noticias que hablaban de que los alemanes y prusianos estaban a la defensiva, sin victorias frente a la guerra que libraban contra Francia. Se acordó, dijo el declarante, de que el año anterior Sandot tuvo la misma actitud, por lo que el corregidor creyó oportuno rebatirle sus expresiones y recordarle que estaba en España, a lo que Sandot debió contestar algo que implicaba una hipotética victoria francesa sobre España si esta declaraba la guerra a Francia, cosa que ocurriría en abril tras cortársele la cabeza a Luis XVI en enero. De Vega y Loaysa se enardeció y le pidió que cambiara de conversación o que “le rompería la cabeza”, ya que España no era como las demás naciones, en razonamiento del propio declarante. Además, el corregidor confirmó ser cierto que Soler también discutió con Sandot por las noticias de la gaceta. Soler echó a Sandot de su casa diciéndole que le rompería los huesos si volvía. Y cerraba su declaración diciendo “He oído hablar procaz en favor del actual ministerio francés y que hay otros implicados en esto”.[27]  

La sorprendente declaración del corregidor no terminó el día 13, hubo una segunda declaración, tomada a José Soler, en principio comerciante, pero en realidad otro de los ciudadanos destacados. También este tenía 37 años. Él recibía la gaceta siempre que venía. Por eso no tenía problema en leerla en el portal de su casa a varios vecinos, entre ellos a Sandot, que solía ir varias veces. Sin embargo, declaró, por la adherencia de Sandot “a las causas actuales de los franceses” y su alegría por las misma, le echó de su casa y no volvió nunca más. Dijo que podía confirmarle Pedro José Fernández, por vivir enfrente “de un florero extranjero”, donde iban otros franceses a leer la gaceta[28].

Los interrogatorios del día 13 cesaron ahí, con esas dos declaraciones. Pedro José Fernández declaró al día siguiente, 14 de febrero.  Efectivamente declaró que en casa de Pedro Soler se leía la gaceta y entre los oyentes estaba Sandot. El francés en cierta ocasión dijo que “no hubiera cosa como la libertad y que los españoles hacen mal en no tenerla”.  Sandot se alegró del daño hecho por los franceses a los pomeranos en su guerra. En ese momento Soler le echó de su casa bajo la amenaza de que “le rompería los huesos con una vara de medir”, y mandó a su mancebo que no le volviera dejar entrar a los portales de su casa, la cual era concurrente a la del florero francés del que, a pesar de todos los testigos que habían declarado ya, no se dejó constancia de su nombre, al menos por escrito. A esa casa comenzó a ir Sandot con otros franceses a leer la gaceta y cartas, y que los presentes eran Juan (hemos de suponer que se refería a Juan Villar David), Beltrán (que sería el citado Beltrán Cibrián) y Luis (el nombre que faltaba en la declaración  de Martín de Astoreca). Así, Soler dio orden de que tampoco estos pisaran el portal de su casa, especialmente los días de correo y gaceta, y menos cuando hubiera noticias favorables a Francia. Todos aquellos franceses, declaró Pedro José Fernández, opinaban que “no hay cosa como la libertad y que los reyes no son dueños de disponer de las cosas de los vasallos, por lo mismo vencen como la Francia daba la ley a todo el mundo”, según él había oído textualmente. Lo habían dicho, dijo, estando solos, entre ellos, pero lo oyó igualmente. No les dijo nada por no exponerse, pero les oyó comentar estas y otras cosas, decía, muchas veces[29]. 

Lo que estaba en juego era una cuestión de posible expansión de ideas revolucionarias tales como la igualdad ante la ley o el fin de los derechos estamentales. Entre enero y abril de 1793 se iba fraguando en España una mentalidad de guerra que animaba a ensalzar los valores cristianos católicos y absolutistas frente a los ideales democráticos de la revolución francesa. Todo razonamiento, expresión o información que no fuera crítico con Francia estaba prohibido por Carlos IV, y eso no sólo era lo que se juzgaba si no que además creaba una sociedad en guardia, muy atenta a lo que decía públicamente, más en un caso como este en el que las diligencias se hacían en secreto, con juramentos severos antes de cada declaración, lo que provocaba ya en sí una mentalidad en guardia y alerta, quizá de denuncia para salvaguardarse.

Aquel día 14, De Vega y Loaysa emitió un auto para conocer si Sandot recogió correos de Francia.  En una diligencia de ese mismo día Nicolás Azaña notificaba que las dos personas que se encargaban de traer el correo a Alcalá de Henares desde Guadalajara, uno de ellos José Guemez, declararon que no venían cartas de Francia, ni tenían correo especial para Sandot. Si este se les acercaba habitualmente era porque tenía una casa cerca de sus oficinas, hacia las afueras de la Puerta de los Mártires, en el camino de Guadalajara. Y con esto se ordenó el traslado del expediente de vuelta al Conde de la Cañada[30]. Los encargados del correo tampoco podrían haber declarado otra cosa, no sólo por la prohibición de entrada de correos y publicaciones de Francia a España, sino porque de haberlo hecho hubieran cometido un delito. No obstante, varios testigos habían dicho que Sandot llevaba papeles a casa del florero, que leían la gaceta en francés y que recibían cartas. No se aclaró el origen de esos documentos ni su naturaleza.



NOTAS

[16]              Misma referencia de nota 1, fol. 3v.
[17]              Ídem, fols. 4r. a 6r.
[18]              Op. Cit. en nota 8, pp. 511-514.
[19]              Misma referencia de nota 1, fols. 6v. y 7r.
[20]              Ídem nota 11.
[21]              Misma referencia de nota 1, fols. 7v. y 8r.
[22]              Ídem, fols. 8r. y 8v.
[23]           AGA 44/13999,0002 , “Expediente contra Juan Tejedor y Juan Borsal, de nación franceses, por haber obtenido pasaportes para irse a su reino, callando estar matriculados en esta ciudad, conforme a las reales órdenes”.  Septiembre a noviembre de 1791.
[24]             Ídem nota 11.
[25]             Misma referencia de nota 1, fols. 9v. y 10r.
[26]             Ídem nota 11.
[27]             Misma referencia de nota 1, fols. 10v. y 11r.
[28]             Misma referencia de nota 1, fols. 11r. y 11v.
[29]             Misma referencia de nota 1, fols. 12r. y 12v.
[30]             Misma referencia de nota 1, fols. 12v. a 13v.

miércoles, febrero 17, 2016

NOTICIA 1566ª DESDE EL BAR: REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI (1 de 3)

Este año hará dos años que nos reunimos un conjunto de historiadores en el encuentro bianual de los historiadores del Valle del Henares. Era el XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares. Le dediqué por entonces varias entradas, de las cuales la que incluía un breve resumen de lo que había sido el acto con breves resúmenes y referencias de algunas de sus conferencias era la Noticia 1415ª. El Instituto de Estudios Complutenses publicó el libro de actas en el mismo año 2014, pero no publicó por Internet su índice hasta 2015, se puede consultar por aquí lo que contiene ese libro de actas, consultable en la biblioteca y archivo municipal de Alcalá de Henares, entre otras. Supongo que se puede comprar, aunque no lo sé, ni tampoco sabría decir cómo ni dónde, tal vez las respuestas las tenga la propia Intitución de Estudios Complutenses. En todo caso, en esa página del índice se puede seguir el resto de índices del resto de libros de actas de todos los encuentros habidos hasta la fecha de historiadores del Valle del Henares. 

Salvo las referencias pequeñas que hice yo mismo en esa Noticia 1415ª y salvo ese índice del Libro de Actas, no había nada más por Internet. En todo caso el Pitufo Rojo llegó a publicar el 6 de marzo de 2015 un extracto de la investigación y conferencia de Ángel Carrasco Tezanos sobre el movimiento comunero en Alcalá de Henares. Se pude leer por aquí. Más allá todavía, para los lectores interesados publicó el texto completo en pdf, se puede leer por aquí, se llama La revolución de las comunidades de Castilla en Alcalá de Henares (1520-1521), del citado Ángel Carrasco Tezanos. Ignoro si alguien más ha publicado algo más, aunque uno de los historiadores participantes, Pablo Morterero Millán, siguió sus investigaciones en 2015 y publicó un artículo en Anales Complutenses sobre el magisterio de María Felipe y Pajares en Alcalá de Henares en el último tercio del siglo XIX, que él publicó en Internet por aquí

Como quiera que yo mismo también investigué y publiqué tres asuntos históricos de la ciudad novedosos, como casi todas las conferencias que se dieron en aquel 2014, hoy quiero compartiros una de ellas acerca de la presencia de revolucionarios franceses en Alcalá de Henares en 1793, cuando le cortaron la cabeza al rey de Francia Luis XVI. Un asunto que anticipa una gran cantidad de nombres y de hechos que en mi opinión como historiador adelantan la presencia del liberalismo y de las ideas revolucionarias en la ciudad quince años antes de lo que se le suele otorgar con la invasión de Napoleón Bonaparte de 1808, además, nos indica que la ciudad no era tan conservadora como el tópico popular nos ha querido decir desde hace dos siglos. No obstante, fue el Colegio de Málaga de la Universidad de Alcalá, hoy Facultad de Filosofía y Letras, el que acogió liberales y revolucionarios con testimonios escritos antes de que se recoja algo así en la Universidad de Salamanca. Incluso durante el trienio liberal de 1820-1823, cuando se quiso explicar y propagar la constitución de 1812 a los ciudadanos. Pero sin adentrarnos en estos temas, ahí os dejo con la primera entrega de tres de esa conferencia, que, por supuesto, se puede consultar en el Libro de Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014. Cuya conservación en papel es importante para la posteridad y reconstrucción de nuestra Historia, inserta en la común de las sociedades y de España. De todos los artículos que se publican por parte de la Institución de Estudios Complutenses y del Foro de Historiadores del Valle del Henares sería importante que alguien algún día hiciera un trabajo de conjunto para poder crear una Historia de Alcalá de Henares actualiada. Yo creo que se podría hacer una obra que fuera completando la labor que ya iniciaron gente como Manuel Azaña, Gutmaro Gómez y Julián Vadillo por citar algunos de los que han hecho una labor de explicar una Historia total de la ciudad que, entre los tres, aunque hay muchos más historiadores de asuntos parciales, concretos y muy acotados en el tiempo, llegan hasta 1939. Los artículos del foro de historiadores del Valle del Henares pueden ayudar a completar muchas de las obras escritas y a poder escribir, junto a muchos libros publicados últimamente un volumen más que complete todos estos, e incluso que se pueda atrever a historiar la dictadura de Franco en la ciudad, la Transición y la actual monarquía parlamentaria, que son asuntos que pareciera que hasta la fecha nadie se atreviera con ellos de forma directa y global, aunque alguna cosa parcial hay, como por ejemplo la represión de los maestros y la de los funcionarios o la explosión del polvorín en 1947, algo del aeródromo, poca cosa más, salvo colecciones interminables de fotografías que, aunque valiosas, por sí solas no explican muchas cosas. 

Sin más, ahora sí, os dejo con la primera parte de tres de aquella investigación que hice y que pude publicar en 2014. Si se pudiera ya os compartiría las otras dos que hice en aquel XIV encuentro. 


INFORMACIONES SECRETAS SOBRE REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI EN 1793 (1 de 3)


RESUMEN

La ejecución del rey francés Luis XVI en 1793 llegó a Alcalá de Henares el 2 de febrero. Fue recibida con alegría por un grupo de franceses que vivían en la ciudad. Las autoridades fueron avisadas anónimamente y se abrió un proceso secreto. El principal acusado era un guardia valón llamado Juan Sandot. Muchas de las personas implicadas serán apellidos que estarán entre los primeros liberales del siglo XIX complutense. 

Palabras clave: Revolución francesa, siglo XVIII, Alcalá de Henares, revolucionarios, juicio secreto, Juan Sandot.

LA ACUSACIÓN ANÓNIMA

“Excelentísimo Sr. Gobernador,

Señor, como fiel vasallo a mi monarca, don Carlos IV que Dios guarde; no puedo menos de participarle que en esta ciudad se haya un francés llamado Juan Sandot, el que de público y notorio se sabe, que habla con tanta libertad que ha [herido?] a varias personas y en especial al doctor don Agustín Corera, que habiéndose dicho que al señor Rey de Francia le habían degollado los franceses, respondió ‘Está bien hecho pues era traidor a la nación’; además se sabe de público y notorio como el Juan Sandot tiene una tertulia en casa de un florero también extranjero, a la que acuden otros franceses, para hablar de asuntos de Francia, de lo que dieran razón individual en las tiendas de comercio de Don José Yarritu y Don Martín Gorvea por estar de frente y notarlo en una y otra todos los días: También se ha advertido salir a esperar varias veces al correo de Francia y comunicar con él de lo que se informara en el mismo correo: Todo lo cual pongo en la alta contemplación de vuestra excelentísima para (f/) como justo juez tome las providencias más oportunas, por la felicidad y pax de nuestro reino y ministros. Él (f/) [firmante] no se descubre por ser decente a su estado.

Alcalá de Henares y febrero 2 de 1793.

A los pies de vuestra excelencia el más fiel vasallo de su monarca”[1].

Con esta carta anónima de un ciudadano de Alcalá de Henares que en la última línea dice de sí ser de un estado que requiere cierta decencia como para descubrirse como el auto que lanza acusaciones de este calibre, o sea, un noble, un sacerdote o quizá una persona adinerada, dio comienzo en el Corregimiento de Alcalá de Henares un expediente secreto por orden de una providencia del Conde de la Cañada al alcalde de la ciudad. Según esa providencia, se ordenaba concretamente que se investigara quién era el autor del anónimo para poderle tomar declaración jurada de lo que afirmaba. También se debía investigar si eran ciertos los hechos que se citaban. Todo debía ser realizado en secreto y con reserva, incluso ocultando al autor del anónimo si se descubría. El anónimo había sido enviado el 2 de febrero de 1793, la providencia fue emitida cinco días después, el 7 de febrero, y el día 11 el corregidor de Alcalá de Henares, Ignacio José de Vega y Loaysa, daba orden de cumplir con la apertura del expediente secreto con ayuda del escribano Nicolás Azaña, antepasado del futuro presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, unos ciento cuarenta a ciento cincuenta años después.

CONTEXTO ESPAÑOL DEL ANÓNIMO DE ALCALÁ

El rey Carlos IV había ascendido al trono español en 1788 a pesar de haber nacido y haber sido educado en Nápoles. Carlos IV convocó sus propias Cortes en 1789 para legitimar su reinado cambiando la norma  que le impedía gobernar por no ser nacido en España. Como sea, las Cortes de 1789 habían sido aprovechadas por Floridablanca y Campomanes para realizar sus propias reformas. Floridablanca era proclive a las ideas ilustradas que venían de Francia, mientras Campomanes era más tendente a la tradición absolutista. Ambas personalidades políticas eran heredadas del reinado de Carlos III. Floridablanca ocupaba la Secretaría de Estado, Campomanes la presidencia del Real Consejo de Castilla. Se especula con que Floridablanca debía su ascenso político al Conde de la Cañada, Juan Acedo Rico. Como recompensa, cuando en 1791 cayó en desgracia Campomanes, el Conde de la Cañada fue ascendido por Floridablanca al puesto de Presidente del Real Consejo de Castilla. Tal cargo lo ocupó hasta 1795, año en el que Godoy forzó que le destituyeran. En todo caso, los antecedentes políticos del Conde de la Cañada había sido ejercer en los tribunales del Estado, siendo su tarea principal la de acometer la expulsión de los jesuitas de España y organizar la subrogación y administración estatal de sus bienes por los sucesos del Motín de Esquilache en 1767[2].

El reinado de Carlos IV coincide con el periodo de la Revolución Francesa y el comienzo del Imperio Napoleónico. Floridablanca, a pesar de ser un reformista ilustrado, tuvo un talante político tendente al absolutismo. De este modo, al estallar la revolución en Francia en 1789 le escribió al embajador español en París: “Nosotros no deseamos aquí tantas luces, ni lo de que de ellas resulta: la insolencia de los actos, de las palabras y de los escritos contra los poderes legítimos”[3]. En septiembre de aquel año había puesto vigilancia reforzada en los puertos y fronteras, en octubre reforzó las tropas españolas en las fronteras, en diciembre autorizó al servicio de Correos a inspeccionar los paquetes y confiscar los sospechosos de ser revolucionarios. Ese mismo mes la Inquisición prohibía introducir publicaciones de Francia. En enero de 1790 el gobierno español ratificaba a la Inquisición prohibiendo las publicaciones periódicas francesas. En agosto la prohibición se extendió a los libros y añadía que tampoco entraran en los territorios españoles en América, especialmente los que incluyeran la palabra “libertad” en la portada y los que tuvieran ilustraciones. En febrero de 1791 se prohibieron todas las publicaciones privadas españolas con noticias de actualidad, sólo se permitió las oficiales del Estado. En mayo se prohibieron los objetos con la imagen alegórica de la Libertad encarnada en una mujer. Pero a pesar de todo esto las publicaciones ilustradas y revolucionarias y las noticias de actualidad seguían entrando en España y escribiéndose en ella también. El Estado reforzó sus efectivos y se unió a la labor de los miembros de la Inquisición para lograr resultados más restrictivos. Campomanes fue eliminado por movimientos políticos de Floridablanca en ese año, ocupó su cargo el Conde de la Cañada, como ya se ha dicho. Sin embargo, la reina hizo caer en desgracia a Floridablanca. Efectivamente en febrero de 1792 fue destituido a favor del Conde de Aranda. El rey francés Luis XVI fue hecho preso con su familia en agosto. Aranda fue cesado en noviembre y ascendió al gobierno Godoy, favorito de María Luisa, la reina de España. Luis XVI fue decapitado junto a su esposa y otros miembros de la monarquía en 21 de enero de 1793. En abril el ejército español invadió el Rosellón francés. Un revolucionario francés escribiría: “El fanatismo religioso español es mayor que nunca. (…) El pueblo considera la guerra como una guerra de religión”[4]. Efectivamente, así era. Los sacerdotes alimentaron esa idea desde los púlpitos. Que se relacionase en estas épocas a los revolucionarios con ateos poco menos que agentes de Satán sería fundamental años más tarde para la futura Guerra de Independencia Española (1808-1814). La guerra de 1793, fracasada para los españoles, duró hasta 1795. Godoy lograría la destitución del Conde de la Cañada en ese año 1795, pronto cambiaria sus alianzas a favor de Francia.

En ese contexto se produjo en febrero de 1793 la detección de franceses revolucionarios en la ciudad universitaria de Alcalá de Henares, cabeza de un corregimiento y sede residencial de obispos.

CONTEXTO ALCALAÍNO DEL ANÓNIMO

“La decadencia de Alcalá ofrece curiosos contrastes en el último tercio del siglo XVIII: Muchas y buenas habitaciones, pero muy pocos habitantes, abundancia de colegios y escasez de colegiales, mayoría de brazos inútiles para el trabajo material, etc. Ayuntamiento y Universidad se culpaban mutuamente de tal situación, cuando realmente era ajena a ambos, aunque a los dos afectase. Y las disputas en el papel de oficio se trasladaban a la calle, transformándose en pendencias, a veces, sangrientas, entre corchetes y estudiantes, aprovechando tan fútiles motivos como las corridas de toros de la plaza mayor.”[5]

Esto es lo que escribía del siglo XVIII Quintano Repolles sobre Alcalá de Henares. En realidad, si atendemos a la obra completa del historiador local Esteban Azaña, aquellas peleas entre corchetes y estudiantes parecen esconder en su fondo peleas de carácter social. El mismo historiador relata como la ciudad se había ido vaciando de estudiantes a causa del elevado precio que habían adquirido las habitaciones y casas que alquilaban, así como las ropas, comidas y objetos que necesitaban. Los estudios se habían vuelto algo prohibitivo, aunque bien es cierto que las normativas de limpieza de sangre y otras habían puesto numerosas trabas a muchas personas del Tercer Estado para poder acceder[6]. Además, a pesar de que Carlos III quiso volver al ideal del Cardenal Cisneros y permitir así un acceso más fácil a las carreras universitarias, esto no se produjo[7]. Las peleas entre estudiantes y soldados de Colegio de Ingenieros o bien del Regimiento de Zapadores eran moneda corriente en la ciudad[8]. Aunque en realidad los conflictos entre soldados y todo tipo de habitantes de Alcalá de Henares, sin necesidad de ser estudiantes, era algo constante por motivos muy diversos, a menudo provocados por actos de altanería de los soldados, especialmente de los guardias valones estacionados en la ciudad[9]. En principio estos conflictos eran cuestiones alejadas de la política, que no de la vida social, económica y de convivencia en la ciudad. Otro tipo de conflictos no tenían que ver con los militares, eran disputas a veces por temas sexuales entre vecinos, otras por tierras, a veces apariciones de muertos, a veces problemas administrativos… el caso más notorio fue el de la fuga conjunta de todos los presos de la cárcel[10].

Aún con todo, la ciudad, siendo universitaria, sede episcopal, cercana a la capital, llena de cuarteles militares y cabeza de Corregimiento, con cárcel propia, seguía siendo una ciudad muy poblada y viva que atraía incluso a comerciantes de otras regiones de España o incluso extranjeros. Entre 1788 y 1808 aumentaron los inmigrantes en la ciudad en unos 260, registrados oficialmente, e iban en aumento, pues de 1808 a 1828 se llegó a los 550[11]. Cuando estos extranjeros llegaban a la ciudad solían establecer relaciones entre ellos, como fue el caso de unos italianos que se vieron envueltos en una serie de actos criminales por alteración del orden público, bigamia y malos tratos[12]. En principio, en Alcalá de Henares, nada había que hiciera sospechar una alteración del orden público por cuestiones políticas, aunque la orden jesuita de la calle Libreros había sido intervenida, investigada y disuelta por los sucesos de 1767. La sucesión de los corregidores se había producido muy habitualmente en personas que repetían el cargo a menudo, pese a que de forma fluida en combinación con otras, por lo que tampoco suponía un estancamiento del poder estrictamente cacique, si bien es cierto que es común ver nombres relacionados entre sí familiarmente, como se puede comprobar por ejemplo en la lista de corregidores alcalaínos en el siglo XVIII[13]. Uno de los hechos más relevantes en la década de 1790 en la ciudad, principalmente en torno a 1798, fue la subrogación de los bienes de la Universidad de Alcalá de Henares con la idea de alimentar las necesidades económicas de la Corte de Carlos IV y sus palacios[14]. La propia Universidad de Alcalá, con fama popular de ultramontana en España, daría en breve a personas afrancesadas como el catedrático Novella, que fue comisionado en la asamblea de notables en Bayona y alcalde corregidor en el gobierno de Alcalá, así como el Colegio de Málaga va a ser epicentro del liberalismo alcalaíno donde se celebró una sociedad patriótica en el trienio 1820-1823 y daría sociedades masónicas cuando los liberales estén en horas bajas[15].


NOTAS


[1]           Archivo General de la Administración (AGA), en el fondo de Justicia correspondiente a Corregimientos, en Corregimiento de Alcalá de Henares, correspondiente a la ubicación (07) 042.002  [en adelante no se volverá a mencionar en las notas referentes a este fondo y serie de archivo], con signatura 44/14004,0001, “Alcalá de Henares año de 1793. Secretos. Información secreta recibida en el juzgado de Alcalá en cumplimiento de la orden que va por principio dirigida por el excelentísimo y honorable Conde de la Cañada, Gobernador del Supremo Consejo”, fol. 1r. Es la nota anónima adjunta al expediente. El castellano ha sido transcrito con el desarrollo de las abreviaturas correspondientes y poniendo los nombres propios en castellano actual para una mayor comprensión por parte del lector, así por ejemplo el apellido francés del acusado hoy día es Sandot, aunque en el expediente sale también como Sandod.

[2]              Julián PUERTO RODRÍGUEZ, “Relectura de leídos (IV), don Juan Acedo Rico, primer conde de la Cañada”, en Sierra de Ágata Digital.es, en:

[3]              John LYNCH, El siglo de las reformas: la Ilustración. Historia de España, vol. XVI, ed. El País, Madrid, 2007, pp. 367-368.

[4]              Op. Cit.  en nota 3, p. 395.

[5]              Alfonso QUINTANO RIPOLLÉS, Historia de Alcalá de Henares, Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, 1973, pp. 169-170.

[6]              Esteban AZAÑA CATARINEU, Historia de Alcalá de Henares, ed. Universidad de Alcalá de Henarees, Alcalá de Henares, 1986. Edición facsímil del oríginal de 1882. pp. 713-797.

[7]             Ídem.

[8]            Luis Enrique OTERO CARVAJAL, Pablo CARMONA PASCUAL, Gutmaro GÓMEZ BRAVO, La ciudad oculta. Alcalá de Henares, 1753-1868. El nacimiento de la ciudad burguesa, ed. Fundación Colegio del Rey, Alcalá de Henares, 2003.

[9]              El citado fondo del AGA sobre el Corregimiento de Alcalá es muy rico en estos expedientes judiciales de conflictos entre militares y ciudadanos. El fondo está inédito. La referencia del mismo está en la nota 1. Ejemplo, en agosto de 1793 se abrió un expediente que a su vez conllevó la apertura de numerosos otros expedientes relacionados por múltiples denuncias. Durante un baile municipal hubo una pelea que implicó a más de veinte personas, entre ellas militares de permiso, por motivo del cortejo para bailar a una determinada mujer joven, AGA 44/14004,0005 y relacionados. Otro caso, de 1736 a 1740, AGA 44/13931,0004, el capitán de infantería Jorge Pastor y Flechilla reclamó a su cuñada viuda, Alejandra Pérez y Mondejar, los bienes de su hermano militar. Otro, AGA 44/13961,0003, un guardia valón robó carbón con ayuda de una mujer francesa a un vecino en 1772. Otro, AGA 44/13961,0020, el corregidor tuvo que pedir las cuentas de los gastos del sueldo de unos soldados. Otro, de 1772, AGA 44/13961,0023, un proceso criminal por un duelo a bastonazos y navajas entre un bueyero y un guardia valón que dijo en público que el bueyero tenía una amante al margen de su propia esposa.

[10]              AGA 44/14008,0002, “Autos de oficio formados por la fuga que ejecutaron todos los presos de la Real Cárcel la noche del 16 de febrero de este año”, corregimiento de Alcalá de Henares, febrero 1795. 

[11]              María MELGAR GARCÍA, dirigida por José MORILLA CRITZ, Estudio demográfico de Alcalá de Henares. Siglo XIX. Primera parte del trabajo de investigación: Poblamiento y despoblación castellana. El fenómeno alcalaíno. Siglos XVI al XIX, facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares 1984-1985, pp. 36-37.

[12]             Es el caso de los italianos Bordari, figonero en Alcalá, y Blasi, buhonero llegado a la ciudad con una mujer que no era su esposa y se hacía pasar por tal, María Viviel, AGA 44/13961,0005, AGA 44/13961,0006, y AGA 44/13961,0011

[13]            Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ (“Canichu”), “Noticia 1048ª desde el bar: Una exclusiva lista, los corregidores de Alcalá de Henares en el siglo XVIII”, en Noticias de un Espía en el Bar,  en:
http://espiadelbar.blogspot.com.es/2012/02/noticia-1048-desde-el-bar-una-exclusiva.html, publicado desde 9 de febrero de 2012. Lista confeccionada con los nombres de los firmantes en los expedientes del Corregimiento de Alcalá de Henares guardados en el AGA.

[14]            El expediente AGA 44/13999,0001 es representativo de esto, aunque este fondo está lleno de otros expedientes de subrogaciones de bienes de la Universidad relacionados.


[15]             Op. Cit. en nota 8, capítulo 7, “El laberinto de la libertad”.