jueves, agosto 04, 2016

NOTICIA 1629ª DESDE EL BAR: DE RÍO NO ME RÍO, OLIMPIADAS 2016



Cualquiera que me conozca bien, bien de verdad, sabrá que hace mucho tiempo, muchos años, yo del deporte como espectador seguía la liga de fútbol, el ciclismo, algo de tenis, el boxeo, cosas así, al margen de que yo era buen corredor de velocidad, bueno para balonmano y fui portero de fútbol en la liga universitaria pirata de 2000. Con el tiempo, con lo años, sabrán igualmente que dejé de seguir estos deportes, aunque perdido en el tiempo vea alguno de sus eventos, ya por curiosidad o por acto social. No tengo nada contra ellos. Sin embargo, esos mismos que me conocen bien, pero muy bien de verdad, podrán decir que cada cuatro años yo tengo una pasión deportiva desde niño: las Olimpiadas. Cuando empiezan los juegos olímpicos de verano yo quedo absorvido por ellos y sigo los deportes, los medalleros, la competición entre países, el ver quien se adelanta y quien retrocede entre los países en ese medallero, los logros de los deportistas, etcétera. Soy un forofo de las Olimpiadas. Las sigo y las conozco.

Ya en la Noticia 423ª os escribí toda la Historia de los Juegos Olímpicos, tanto de la Edad Antigua como de la Edad Contemporánea. Allí tenéis detallados lo que acompañó a cada encuentro. Como dije en la Noticia 427ª, en aquel año y momento comenzaban los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, cosa que reincidí en recordaros en la Noticia 504ª. Y cuando acabaron aquellos juegos os escribí no sólo el medallero olímpico español de ese 2008, sino el medallero olímpico español a lo largo de toda la Historia de España participando en los Juegos Olimpicos Modernos, Noticia 513ª. Las Olimpiadas de Pekín 2008 habían sido innovadoras por cuanto era una de las pocas Olimpiadas que celebraba el continente asiático, pero sobre todo porque reconocía la modernidad y el crecimiento económico de la República Popular China. Sin embargo, el carácter dictatorial de China provocó una serie de problemas políticos y represivos, sobre todo en Tibet, contrarios al espíritu olímpico. Sus altas cotas de contaminación o el desalojo de algunas casas para construir estadios no ayudaron para calmar algunas voces internacionales que criticaron muy duramente aquel encuentro deportivo. Las altas emisiones de contaminación, que incluso hacía escupir saliva negra. Los juegos fueron muy tecnológicos y usaron de efectos especiales inusuales en sus galas, así como de innovacciones para medir los resultados de los deportes nunca vistas antes. En cierto modo, a nivel político en China salió rentable, a nivel teconológico y deportivo fueron buenos juegos también, aunque existía la crítica del exceso de tecnología en unos actos donde debía primar lo humano. 

En 2012 fueron en Londres. Las Olimpiadas de Londres 2012 contaron con una de las ceremonías más llenas de música rock nunca vistas. Reino Unido sacaba a la luz una combinación de hacer las cosas entre lo clásico y lo moderno que, además, potenciaba la imagen de unos ingleses que esos años tenían muchas efemérides que recordar a costa del largo reinado de Isabel II y la prosperidad contraída con ella desde 1952 ó 1953. En aquel momento, en la Noticia 1109ª, os completé la Historia de las Olimpiadas que os conté en 2008 con el recuerdo de las Olimpiadas Obreras celebradas entre 1921 y 1937 y la Olimpiada Popular de Barcelona de 1936.  Aunque fueron las de Pekín los primeros juegos desde los atentados de 2001 en New York por el extremismo islámico y la guerra de atentados y frentes bélicos abiertos desde entonces, contra Al-Qaeda, estas de Londres fueron las primeras que por ser en Occidente revistieron de especial atención. A pesar de los varios atentados vividos entre 2001 y 2012 fueron unos juegos tranquilos. Deportivamente no tuvieron grandes marcas, aunque alguna se batió y, si acaso, destacaron por un excesivo uso de las marcas patrocinadores, ya que Reino Unido tomó nota del aspecto ruinoso en lo económico en anteriores convocatorias, como la de Atlanta, Sidney y otras sedes. Se ponía sobre la mesa el ideal y prestigio de unas Olimpiadas, y lo pragmático del gasto económico que a menudo no suele salir rentable en la actualidad. Las primeras Olimpiadas tras la crisis de final de verano de 2008 resultaron económicamente correctas. Fueron un éxito en general en todos los aspectos, aunque dentro todo de lo que diríamos nada excesivamente sobresaliente, salvo su gala de inauguración. Estuvieron bien, muy bien, eso sí. Sobre el medallero y el puesto que obtuvo España hablé en la Noticia 1120ª

Mañana empiezan las Olimpiadas de Río de Janeiro 2016. Brasil se transforma así en el primer país de Sudamérica que acoge unos juegos olímpicos, y en el segundo latinoamericano o iberoamericano tras las de México DF en 1968. En plena crisis mundial de 2008 Brasil era una de las economías emergentes y fuertes de América que parecían no resentirse. Así se percibía cuando hace unos años les fue concedida la sede de estos juegos. Pero los años han pasado y algunos economistas que ya advirtieron que esa fuerza económica de Brasil podía ser pasajera nos recuerdan ahora que se cumplen sus previsiones. Después de varios escándalos económicos graves y un gobierno en crisis que ha retrasado la posible destitución de su presidenta de gobierno para después de las Olimpiadas, hemos vivido desde 2015 una serie de protestas ciudadanas que han acabado con enfrentamientos muy violentos con la policía brasileña. Los pobres de Brasil son muy pobres y los ricos de Brasil se han enriquecido con negocios no muy limpios relacionados con la construcción de instalaciones deportivas. Mientras el desempleo y el hambre se extendía por muchos lugares del país, otro Brasil del lujo parecía escudarse con la policía, a la que, por otra parte, reforzaron contratando nuevos agentes de la policía especial, el BOPE, que está considerada una de las más violentas del mundo, con denuncias de derechos humanos incluidas. Hasta un movimiento social de protesta apostó por intentar apagar la llama olímpica. A este sumésele el narcotráfico y la trata de blancas en las favelas, en las cuáles han ocurrido auténticas batallas con carros blindados y todo, con grandes matanzas, ya que el gobierno quería controlar esta situación aminorándola lo más posible. Peor aún, incluso el terrorismo islámico del Estado Islámico ha querido hacer acto de presencia, si atendemos a la noticia que la semana pasada hablaba de la desactivación de una cédula terrorista con este objetivo.

No es lo único que acompaña a este encuentro de este año. La mayor parte de las instalaciones están inacabadas, tanto residencias de deportistas donde hay humedades, falta el agua o la electricidad, hasta estadios olímpicos donde está por terminarse gradas de asientos o puestos de observación de jueces deportivos. Todo acompañado de una serie de pérdidas económicas muy graves para la sociedad más desfavorecida de Brasil. Todo lo dicho ha puesto en entredicho la idoneidad de haber elegido Río de Janeiro para 2016, ya que pareciera que se le hubiera hecho más mal que bien a Brasil, a la espera de lo que ocurra durante los juegos a partir de su inicio mañana, día 5 de julio, quizá algo mejore. Habría otros problemas iniciales, como la aparición del virus del zika, transportado por mosquitos y que afecta a la sangre especialmente de las mujeres, que podrían provocar malformaciones en sus posibles hijos futuros. Una enfermedad puntual que se ha extendido este año, casualmente, en Brasil, venido de la Amazonia. Eso también ha abierto una polémica de participación por parte de varias delegaciones deportivas.

Aunque el mayor escándalo de unas olimpiadas que aún no han comenzado es el protagonizado por la Federación Rusa. Llevaban tiempo en el ojo de las investigaciones antifraude y hace apenas unas semanas se destapó lo que hay. Tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991 parecía normal que los logros de los rusos, habiéndo perdido varios de sus Estados miembros, disminuyeran. Eso hizo que la clásica cabecera del medallero encabezada por Estados Unidos o Unión Soviética tuviera un primer toque serio de peligrar en las Olimpiadas de Barcelona 1992. Se les coló como competidor serio a esos puestos la República Popular China. La nueva Federación Rusa trabajó serio con su prestigio deportivo como prestigio nacional y parecía que lo habían logrado. Los logros de los deportistas rusos era una de las mejores marcas de la casa Rusia en el mundo. Sin embargo hoy sabemos que tras 1992 el asunto del medallero fue un asunto de Estado tan serio que los servicios secretos herederos de la antigua KGB trabajaron en crear un entramado de dopaje y su ocultación que muchas de las medallas y logros obtenidos desde las Olimpiadas de Atlanta 1996 son precisamente consecuencia de drogas que permitían marcas deportivas por encima de las capacidades reales, sin drogas, de los deportistas. El fraude lleva tantos años y tiene un entramado tan sólido que el Comité Olímpico Internacional se planteó sancionar a la Federación Rusa prohibiéndole participar de los juegos de Río de Janeiro. Al final sólo se ha prohibido participar a los atletas rusos, no al resto de deportistas rusos. Rusia se lo ha tomado como una afrenta política personal de Occidente contra ellos, alegando que se debería sancionar a los atletas dopados, no a todos, aunque realmente el asunto es una trama que parece afectar a toda la delegación olímpica rusa desde 1993 con ayuda de esos servicios secretos. Como sea, será una lástima no contar con los atletas rusos, aunque bien es cierto que también es una lástima vivir un fraude de este calibre desde Atlanta 1996.

Hoy, como dato histórico relacionado os daré un dato que, a la vez, tiene que ver de rebote con la temática del libro que escribí y que podéis comprar en librerías o en Amazon, Relatos de la Gran Guerra: la Primera Guerra Mundial. 

El deporte había tenido un auge social tanto a la hora de practicarlo como a la hora de seguirlo desde el último cuarto del siglo XIX en Occidente. Principalmente era un asunto de ocio de las clases más pudientes, mayoritariamente de la alta burguesía o del ejército, aunque algunos deportes, como el fútbol o el boxeo, era cosa más bien de las clases trabajadoras. En 1896 el barón de Coubertein recuperó las Olimpiadas en Atenas. No había mucha participación pero fueron un evento muy esperado. París las usó como símbolo de modernidad, prestigio y fraternidad en 1900, pero el encuentro de San Louis, en Estados Unidos, en 1904, apenas tuvo países interesados en estar presentes, cosa que dio un giro en 1908 cuando Reino Unido las celebró en Londres uniéndolas a la idea de modernidad de un país. Tanto fue así que en 1912, cuando las celebró Suecia en Estocolmo fueron el evento deportivo más concurrido y famoso del momento. Sin embargo Europa estaba casi a las puertas de la Primera Guerra Mundial y al estallar en 1914 los juegos se suspendieron hasta el final de la guerra, se reanudaron en 1920, en Amberes (Holanda). Todo esto ya lo conté, como dije, en la Historia de las Olimpiadas que os escribí. Hoy os completo información histórica.

El deporte entre las clases trabajadoras se fue popularizando gracias a la prensa desde los últimos años del siglo XIX, fundamentalmente desde comienzos del siglo XX, gracias a eventos como la vuelta ciclista a Francia (el Tour de Francia) desde 1903. Es en estas primeras décadas de ese siglo XX que las clases más populares comenzaron a sentirse atraídas por competiciones que en las décadas previas eran cosa de las clases burguesas. Todo esto está unido también a los tiempos de ocio que hay gracias a los descansos dominicales o vacacionales en el trabajo, o a la reducción de las jornadas laborales diarias. Pero también lo favoreció, contrariamente a la idea de progreso o a la idea de pacifismo, una idea de competitividad nacional contra otras naciones en unos años donde en Europa se estaba cociendo la guerra mundial. El comienzo de la Guerra en 1914 interrumpió toda actividad deportiva organizada en ligas, encuentros nacionales o internacionales, salvo en el caso de los deportes femeninos y los juveniles, que cobraron en retaguardia una importancia cada vez más grande al atraer la atención de aquellas personas que se veían privadas de los deportes masculinos. Así, ligas de fútbol femeninas, competiciones de tenis femeninas, esgrima femenina y demás, comenzaron a reclamar una atención que hizo que cuando acabara la Guerra Mundial en 1918, el Comité Olímpico Internacional incorporara de una manera mayor los deportes en versión femenina  de cara a las Olimpiadas de Amberes de 1920. Coubertein estuvo en contra, consideraba que el papel de la mujer en las Olimpiadas debía ser como en la Antigua Grecia, para coronar los triunfos de los atletas vencedores o servirles. Sin embargo no se negó a la modernidad de los tiempos ni al hecho evolutivo del deporte al aceptar el mundo femenino en su ejercicio. 

La Primera Guerra Mundial se llevó a la gran mayoría de los hombres occidentales a combatir y morir en el frente de combate. Es un hecho histórico la improvisada tregua de Navidad de 1914 donde se jugó un partido de fútbol entre soldados enemigos. Tras ello es menos sabido que los soldados que participaron de aquello eran más propensos a desobedecer órdenes de ataque o de salir de las trinchera al combate, por lo que los mandos de ambos contendientes prohibieron nuevos actos de confraternización con el enemigo por lo pernicioso que era a la hora de dar órdenes de guerra, ya que se desobedecían. Entre 1914 y 1915 soldados de todas las partes implicadas, especialmente del frente occidental, provocaban motines al negarse la tropa rasa a obedecer la orden de salir al asalto de las trincheras, e incluso se vivían capítulos continuados de deserciones tanto en masa como individuales, todo lo cual era atajado con ejecuciones en el acto o con procesos sumarísimos. De manera casual, los bajos oficiales franceses y belgas, inicialmente, en relación con los oficiales de los mandos medios, se dieron cuenta que la práctica de deporte por parte de los soldados subía el ánimo, les hacía más competitivos y les ponía más dispuestos a obedecer órdenes como si entendieran al ejército como un equipo. Ello fue consecuencia de la observación repetida casual de estos efectos tras ver a soldados jugando espontáneamente al fútbol en sus tiempos muertos de espera en calma. Pronto se crearon órdenes por parte del Estado Mayor francés para fomentar las competiciones y las pequeñas ligas deportivas en los días de permiso de los soldados para que compitieran entre sí o con otras compañías en descanso. Al llegar a lo más alto del ejército el general Petain este alargó los días de descanso que se tenían y se pidió un suministro de 50.000 balones de fútbol para las tropas francesas en 1916, cosa ininterrumpida hasta el final de la guerra. Hubo hasta premios. No obstante, la primera liga nacional de fútbol francés se celebró en 1918, durante los últimos meses de guerra, y los futbolistas eran soldados. El nombre de esa primera liga honraba el nombre de un soldado muerto en combate, oficial, que antes de la guerra era uno de los principales promotores del fútbol en Francia.

Entre los oficiales pilotos de aviones, ases de guerra, no sólo se vivió desde la prensa sus hechos de guerra como si se tratara de una competición deportiva por ver quien derribaba más aviones enemigos, muchos de esos pilotos eran héroes deportivos anteriores a la guerra que, por ser héroes deportivos, se les ofreció ser pilotos de aviación. Es el caso de un ciclista que fue uno de los primeros ganadores del Tour de Francia, primer ganador de una etapa de montaña, muerto en combate aéreo, o es el caso de un atleta y ciclista llamado Roland-Garros, también muerto en combate aéreo, y cuyo nombre sería dado a una de las competiciones de tenis más famosas hasta fecha de hoy. 

Precisamente en cuanto a ciclismo se realizaron diversas carreras entre poblaciones con premios incluidos para los ganadores y como fomento de las comunicaciones militares. Una de las carreras más célebres se celebró en Francia entre las líneas de trincheras que estaban a tiro del enemigo.

Igualmente en las carreras pedestres se buscó a los soldados más veloces y se les alentó con premios a correr o mayores distancias o cada vez distancias a mayor velocidad.

La entrada de Estados Unidos en la guerra hizo que sus tropas trajeran consigo balones de rugby, balones y canastas de baloncesto y pelotas y bates de beisbol. Estados Unidos tenía por entonces una educacíón basada en la competitividad y la superación propia, pero siempre, si eran deportes en equipo, desde la identidad y la identificación con el equipo propio y el trabajo conjunto por el bien común. Estos valores llamaron tanto la atención a los mandos europeos como a los soldados rasos, lo que atrajo especial atención a sus deportes, por entonces raros en Europa, aunque no cuajó el beisbol. Entre los deportistas norteamericanos llamó también la atención los regimientos de soldados de raza negra, que los mandos ingleses no querían en primera línea de combate por razones racistas. Así pues, ante la petición de los mandos ingleses, Estados Unidos mantuvo a sus soldados negros principalmente en labores de retaguardia. Allí los soldados negros se ejercitaron principalmente con deportes como el boxeo. Los soldados rasos no tenían tantos recelos racistas, ya que las fotos actuales nos muestran públicos mixtos de negros y blancos en estas competiciones, y también en los conciertos de jazz que daban los soldados negros. Como sea, muchos de los deportes y de las constumbres estadounidenses llegaron a Europa con esos soldados y gustaron tanto entre los soldados europeos que los adoptaron y se quedaron en Europa.

Ningún deporte fue ajeno a los mandos militares ni a su propaganda a través de la prensa. El deporte tenía efectos psicológicos y efectos físicos muy positivos entre la tropa. Los amotinamientos y las deserciones bajaron. Hubo mayor mentalidad de grupo conjunto, de identificación y solidaridad en lo bueno y lo malo. Entre los soldados hubo deportistas ya afamados antes de la guerra y otros que se afamaron durante ella. Muchos murieron o fueron mutilados, pero también una gran mayoría se consolidó y gracias a sus trofeos deportivos en las competiciones militares terminaron labrando una carrera deportiva que después de la guerra les llevó a ser deportistas que participaron de Olimpiadas, ligas de diversos deportes y competiciones diversas. Hubo bastantes que se hicieron famosos e incluso que hicieron una pequeña fortuna, especialmente los norteamericanos.

El alto el fuego definitivo de la guerra fue hacia finales de 1918, las paces se firmaron en papel en 1919. Por ello, en 1919 se celebraron unas Olimpiadas Militares, no sé si ese es su nombre exacto. En ellas participaron sólo militares, concretamente soldados que habían destacado deportivamente durante la guerra. La población civil tenía derecho a ir de público. Fueron las primeras Olimpiadas, no oficiales como Olimpiadas, ya que estas eran de carácter militar tan sólo, que tuvieron un éxito de competición, de público y de cobertura informativa más allá de lo visto en Estocolmo en 1912, pero incluso menor que lo que se vería en Amberes en 1920. En estas Olimpiadas Militares no tuvieron derecho a participación las naciones consideradas culpables de la guerra: Alemania, cualquiera de los países nacidos del Imperio Austrohúngaro y Turquía. Los soldados participantes, con aire festivo, alejados ya de los combates, competían entre sí en defensa de sus países en cuanto a orgullo deportivo, nada que ver con asuntos bélicos.

 Se puede decir que la Primera Guerra Mundial contribuyó a la difusión de los deportes entre las clases obreras, ya que muchas de estas personas eran soldados rasos que veían en la práctica del deporte un objeto de escapismo de la más brutal realidad que amenazaba sus vidas o en el esparcimiento que les producía ser espectadores al no pensar en sus problemas más inmediatos. Cuatro años y medio de guerra y deporte hizo que el gusto por la competición deportiva se asentara como para pervivir y potenciarse en tiempos de paz.

Y dicho todo esto, queridos míos, estoy espectante de que mañana empiecen las Olimpiadas de Rio de Janeiro 2016. Y tras estas, en 2020 a por las de Tokio, que lleva sin celebrar unos desde 1964. Saludos y que la cerveza os acompañe.