domingo, agosto 16, 2015

NOTICIA 1511ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 3 de 13)

Siguiendo con el tercer capítulo del relato conjunto con Luis Abad y las ilustraciones de Chicha "Excelentísimo Chechu", Ramón Sánchez y Zia Mei, hoy el asesino pasea por La Gatera, uno de los veteranos del rock complutense. La ilustración de hoy está al cargo de Jesús "Chicha, Excelentísimo Chechu", El circo de Chicha. Que la cerveza os acompañe.



UN MAL BUEN INICIO
Capítulo III


“Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos veces, la culpa es mía”

Así rezaba la nota clavada a los pies del cadáver. Le costó bastante atarlo al árbol. Quedó bastante satisfecho con la estampa, colocado sobre el suppedaneum con las manos atadas por la espalda con una cuerda con cabezas de serpientes en las puntas. Pensó "es recargado, excesivo, absurdo. Todo sea por el personaje", se dijo. Colocó la corbata de seda en el cuerpo desnudo. No se fiaba de que la policía averiguara por si misma su identidad. Además le daba un toque de elegancia. Abandonó el barrio de Nueva Alcalá dando un tranquilo paseo. Ojeó el escaparate de una tienda de bicicletas y siguió caminando hasta llegar a “La Gatera”.

-¿Aún abierto? -preguntó-. ¿Me da tiempo a una rápida?

-Si -dijo el dueño del bar dubitativo–. Mientras termino de barrer, ¿Mahou?

-Sí, por favor.

Cogió unas cuantas pipas y reprimió una arcada al volver a oler la lejía de sus manos. Tengo que buscar otra alternativa para el olor, se dijo. Sonaba “You can´t always get what you want” de los Rolling Stones cuando llegó la cerveza.

-Gran canción -le dijo al camarero.

-Desde luego -dijo sin ganas de emprender una conversación.

-¿Sabe que la batería no la toca Charlie Watts?

-¿No?

-No, no conseguía cogerle el ritmo. Así que al final la tocó el productor Jimmy Miller. Jagger era así, no toleraba que las cosas no salieran exactamente como él las imaginaba. No le importaba pasar por encima de la gente.

-No lo sabía.

-Si, siempre ha sido un tío muy exigente. Pero tuvo su merecido en el cine.- El camarero le miró con cara de no entender –Jagger rodó varias escenas para la película “Fitzcarraldo” de Werner Herzog, pero el director las desechó todas por su pésima interpretación. Me imagino el cabreo que se debió pillar.

El camarero volvió a barrer, cuando se volvió ya no había nadie. Solo un billete de cinco euros con olor a limpia suelos sobre la barra.

Helena Cobeño intentó forzar de nuevo la puerta de la caseta. Le dolían los dedos de raspar los bordes de las ventanas y las cerraduras de la puerta. Estaba asustada, pero sobre todo estaba desconcertada. La cama era muy cómoda, el baño estaba impoluto, la comida era deliciosa. No recordaba cómo había llegado a la caseta, desde luego la habían drogado de alguna manera. Lo último que recordaba era estar en su casa viendo la televisión. Y después nada. Un intenso dolor de cabeza, un sabor de boca terrible y despertarse encerrada en la caseta. Llevaba varios días allí, por su cabeza habían pasado mil ideas de lo que le podía pasar y ninguna era buena. Sin embargo aquel tío era educado, alegre incluso. Eso era lo que más miedo le daba. No sabía a qué atenerse. ¡Si hasta le había comprado compresas! Cuando volvió a casa le llamó. No gritó, de eso ya se había cansado. No servía de nada, debían estar en algún sitio aislado. Le llamó por su nombre o al menos por el nombre que él le había dicho. Julio.

-Buenos días cariño. ¿Cómo estas hoy? ¿Quieres salir a tomar el sol?

-Sí, por favor –la puerta se abrió y salió a la cegadora luz del patio arrastrando la cadena que llevaba en el pie-. Se ha acabado el papel.

-Vaya. En seguida te traigo más.

-¿Por qué haces esto? ¿Por qué me tienes aquí como a un perro?

-Cariño, ¿qué dijimos de levantar la voz? -Helena se tranquilizó un poco, más por temor que por respeto- Estás aquí como un medio para un fin. Te dije que no tuvieras miedo. Si quisiera hacerte daño, ¿qué me lo impediría? Verás tengo una buena noticia, hoy vas a poder ver la televisión. Una gran sorpresa. Papá va a salir por la tele.

Arrastró la mesita con la televisión hasta que quedó en la puerta del patio, se fue para volver con un rollo de papel higiénico, lo colocó en el baño de la caseta acercó las dos butacas delante de la tele y abrió una botella de vino. Cuando Helena se acostumbró del todo a la luz le tendían una copa. El telediario comenzó mientras se sentaba en el butacón. Miró recelosa a su captor que sonreía plácidamente.

* Buenos días, son las 12 de la mañana y vamos con las noticias del día. El empresario Samuel Cobeño ha anunciado en una rueda de prensa que su hija lleva varios días secuestrada. En una escueta comparecencia ha anunciado que ha cumplido las exigencias de los secuestradores y ha donado cuatro millones de euros a distintas organizaciones para la educación y alimentación de niños en riesgo de exclusión y familias pobres. También ha pedido que por favor liberen a su única hija. Samuel Cobeño es famoso por su labor como liquidador de empresas. Labor que le ha valido el apelativo de “El enterrador”. También se le ha ligado con diversos gobiernos poco democráticos. En otro orden de cosas el gobierno ha ratificado esta mañana que…