lunes, agosto 10, 2015

NOTICIA 1509ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 1 de 13)

Lo prometido es deuda y aquí está el relato colaborativo del que os hablé para este mes de agosto. La idea de hacerlo es de Luis Abad, que ya colaboró en esta bitácora con otro relato suyo en el primer centenario de la Primera Guerra Mundial, entre otras ocasiones, en aquella ocasión su relato fue El frío de Saipán, y se puede leer entrando al pulsar sobre su nombre violeta que os he dejado escrito. 

Luis Abad me propuso escribir a medias con él un relato breve de novela negra que tenía en mente. Esa idea nos gustó a ambos y comenzamos a escribir hacia finales de junio Un mal buen inicio. La idea original es de él, aunque el desarrollo lo hayamos ido construyendo entre ambos, sorprendiéndonos el uno al otro con el desenlace de nuestros respectivos capítulos, pues la idea era no saber nada de la parte del otro hasta que cada capítulo estuviera acabado y lo pudiéramos leer para seguir con el otro capítulo. Sólo nos reunimos en dos ocasiones para tratar temas comunes de la trama. En la primera reunión surgió la idea de hacer de este proyecto colaborativo algo más grande, más colaborativo aún. Así que contactamos con dos de los ilustradores de la antigua revista que codirigí La Botella Vacía, Ramón Sánchez Melchiore y Jesús "Chicha, Excelentísimo Chechu". La obra del primero se puede ver en parte en Ramonadas y la de Chechu en El circo de Chicha. Así que tenemos capítulos ilustrados, los de Luis por Chechu y los míos por Ramón, pero el último capítulo lo ilustrará una ilustradora tal como Zia Mei, de la que ya hablé cuando ilustró el libro Cuentos al canto del gallo, cuya obra se puede ver en Nunca tengo menos de veinte cosas por hacer.

Con una Alcalá de Henares veraniega donde opera un asesino en serie comenzamos el relato hoy acompañado de una de las ilustraciones de Chechu. Saludos y esperamos que os guste. Que la cerveza os acompañe.



UN MAL BUEN INICIO
Capítulo I

Llovía. El chubasquero apenas cumplía su labor. No era como debiera ser. Pero era como era. Abrió la bolsa deportiva y deposito su contenido en el banco del parque. Revisó que nadie observara. Observó la nota que había escrito, estaba empapada y la tinta se había vuelto indescifrable. La guardó en el bolsillo del pantalón, tendría que cambiar el plan. Otra vez. Nada estaba saliendo bien, pero al menos no tendría que cargar más con la bolsa y su hedor. Se olió las manos, apestaban a lejía pero aún le parecía notar la peste a sudor y sangre. Se marchó.

La policía había acordonado las entradas al parque O´Donnell. Los ecos de sirena se fueron disipando. La ambulancia partió, no había nada que un paramédico pudiera hacer. Apenas había algo para que trabajaran los forenses. Un torso de mujer con las extremidades y cabeza amputadas que ha estado bajo la lluvia toda la noche no da para mucho. Al mismo tiempo que recogían el presunto cadáver, llegaba un paquete sin remitente a la comisaría de policía. Dentro había una caja con un papel donde en letra clara, a mano escrito se podía leer: “¡Qué bella imagen; lástima que no tenga cerebro!” Adjunta a la nota con un clip varias fotos de la ex-modelo Jennifer Cebrián, en su casa, en una finca con más gente y por último dos instantáneas de ella posando risueña con distintos animales domésticos asesinados. La misma nota llegó a varias agencias de prensa y publicidad. Por último una pequeña pieza de barro cocido con un símbolo marcado en ella. Un punto negro. 

Los noticiarios se abalanzaron sobre el suceso como hienas. Especialistas de las más variopintas ramas vomitaban sus opiniones. Apenas podía dejar de sonreír. Había sido tan fácil. Apagó la televisión, le dio de comer al perro, cogió la botella de agua de la nevera y se sentó en el patio a leer. Hacia buen día. El viento acariciaba los árboles tenuemente. De fondo se oían las campanas de la catedral. 

-Tú también serás famosa dentro de poco cariño.- Dijo sin dejar de leer.

Alguien empezó a gimotear dentro de la caseta prefabricada.