jueves, agosto 20, 2015

NOTICIA 1513ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 5 de 13)

Luis Abad y un servidor llegamos al quinto capítulo con ilustración de Chicha "Excelentísimo Chechu", El circo de Chicha. Mientras Ramón Sánchez y Zia Mei trabajan en sus ilustraciones de los siguientes capítulos, hoy estamos en casa del asesino. Que la cerveza os acompañe.


UN MAL BUEN INICIO
Capítulo V

-Bien, repasémoslo una vez más –Helena se frotaba el tobillo entumecido de los días encadenada y respiraba nerviosamente cada vez que oía que se cruzaban con otro coche.

¿Cuán fuerte tendría que gritar para que la oyeran? Pero él la iba a soltar. O eso le había jurado. ¿Por qué le iba a hacer memorizar un mensaje si estaba muerta para darlo? Ni siquiera la había tocado. Durante los primeros días esperaba que alguien sudoroso entrara en la caseta y abusara de ella o algo peor. Su mente había divagado por ideas realmente terríficas. Pero él siempre había sido educado, respetuoso, o al menos todo lo respetuoso que se puede esperar de un secuestrador. 

-Una última vez, cariño.

-Vale, me dejarás en el parking del pabellón Caja Madrid. Entonces tengo que ir a la policía y entregarme. Tengo que solicitar hablar con quién esté al cargo de la investigación. Y entonces contarle lo de Jennifer y lo de Olga. Después cuando me llame la prensa tengo que explicárselo todo llevando el escapulario trinitario de manera bien visible. 

-Perfecto –Giró suavemente a la derecha y paró el coche-. Pues ya hemos llegado. Recuérdalo bien, sobre todo la cruz, ¿De acuerdo? Antes de que bajes quiero volver a pedirte perdón. Te has visto involucrada en todo esto sin tener nada que ver. Solo espero que pronto puedas olvidarlo todo y seguir adelante.

-¿Sabes? Hay una cosa que no entiendo –Según habló se arrepintió, “por qué no sales por patas antes de que cambie de opinión” se gritó a si misma en silencio-. Déjalo, da igual…

-No, pregunta lo que quieras. De verdad.

-Te he visto la cara…

-¿Y?

-Que me pedirán que te describa.

-Oh, no te preocupes. Les puedes decir como soy. No hay problema. Bueno si quieres ser algo vaga te lo agradecería, pero no creo que tenga derecho a pedirte nada en realidad. 

-¿Puedo quitarme el pasamontañas ya?

-Baja del coche, cierra la puerta y cuenta un minuto. Después puedes quitarte el pasamontañas.

Bajó del coche a tientas, cerró la puerta y comenzó a contar. Sin poder controlarse comenzó a llorar. Perdió  la cuenta y estuvo un buen rato temblando, cuando le pareció que había pasado suficiente tiempo se quitó lentamente la capucha. La luz la cegó por un instante, cuando puedo enfocar vio que estaba en el pabellón Caja Madrid. Cayó de rodillas y siguió llorando un rato. Se levantó, se limpió los ojos con las manos y se colocó el pelo en un acto reflejo. Según entraba por la comisaría agarraba con fuerza la figurita de barro con dos puntos negros y el escapulario con la cruz patada. De repente se sentía totalmente agotada y el stress y la tensión acumulada rompieron el dique. Se desvaneció antes de llegar al mostrador. 

…   ...   ...

La lluvia repicaba en el techo de uralita. Por las diversas goteras se filtraba el agua y la luz de los relámpagos intermitentes. Los canalones desbordados tenían fugas diversas. El olor a tierra mojada inundaba todo de frescura. Cerró el libro y lo dejo sobre la mesa del patio, se estiró y apagó la radio. Entró en la casa y rebusco en un armario. El joven muchacho de cinco años que estaba en el sofá le miró pasar. 

-No quiero. Me quiero ir.  

-No te puedo dejar ir- Dijo con tono cansado, mientras cogía unas tijeras.

-Gritaré.

-Grita todo lo que quieras  

-Te odio. 

-El odio no es un mal sentimiento Juan, es una de las mejores motivaciones. Solo hay que saber administrarlo. Y ahora acabemos con esto –le cogió en volandas y se lo llevó mientras pataleaba y le mordía–. ¡Basta o me enfadaré!

Cuando terminó con el muchacho parecía tan poca cosa. Ya no se quejaba. Entró en la cocina y preparó un bocadillo de atún con el pan que le había sobrado de la comida. Volvió al patio y se lo tendió al muchacho.

-¿Sabes? Neymar lleva el pelo cortado así. Cómetelo todo o tu madre nos echará la bronca otra vez.

-¡¡¡Pero es que yo soy del Madrid!!!

-Nadie es perfecto.

-Ja ja ja -dijo en tono irónico el muchacho. Una bocina de moto sonó en la calle. Juan se despidió y salió corriendo entre la lluvia. Su padre le esperaba en una Scooter en la puerta de la calle.

-Gracias por todo Capitán -gritó el padre de Juan-. No sé qué haríamos sin usted.

-Hasta mañana.

Entró de nuevo en la casa, volvió a encender la radio. Barrió los pelos de Juan y los tiro en el cubo de la basura grande. También vació la pequeña papelera de la caseta, recogió las sábanas y las puso en la lavadora. Se sentó y continuó leyendo.