viernes, julio 31, 2015

NOTICIA 1506ª DESDE EL BAR: LOS ABUELOS MATERNOS DE CANICHU, POR ZAIDA ESCOBAR

Mañana hubiera sido el 104 cumpleaños de mi abuela materna Antonia García Díaz, quien murió el 12 de junio de 2007 aquí, en Alcalá de Henares, motivo por el que a modo de necrológica y homenaje le dediqué un poema en esta misma bitácora (Noticia 289ª). El año anterior a su muerte, el 2006, la felicitaba su 95 cumpleaños en persona y hacia extensible la felicitación en esta misma bitácora, recordando que su padre vivió 102 años (Noticia 120ª). Ella había nacido en 1911 en el Guadix de Granada. Tras diferentes cuestiones de su vida, donde llegó a trabajar para un expresidente de gobierno monárquico, luego pasado a republicano desde la derecha conservadora, Sánchez Guerra, ella se había trasladado a Madrid capital, donde conoció a Félix Páez Rico, nacido en 1909 en Bélmez (Córdoba), pero que se había trasladado a vivir a Alcalá de Henares más o menos desde el comienzo de la Segunda República. De hecho, una de sus hermanas también vivía aquí, en la Plaza de la Cruz Verde. La Calle Mayor conserva un pequeño recuerdo de nuestra familia. En los travesaños de madera del techo que da a la entrada a la Plaza de los Irlandeses por el Callejón del Peligro se lee "La Mezquita" y una flecha indicando el lugar, en una pintura blanca ya muy deteriorada y desvaída. Esa "Mezquita" era un pequeño bar, una pequeña bodeguita, de mi familia materna por parte de abuelo en su vida en Alcalá de Henares, ocupaba justo el espacio que ahora ocupa la tienda que tiene debajo de sí esos restos de cartel, que actualmente es de un amigo mío dedicado a hacer tatuajes y vender artículos relacionados con el mundo del tatuaje y del rock. Como sea ese pequeño negocio era de una de las sobrinas de mi abuelo tras la guerra civil, pues como ya relaté en la historia familiar por parte de madre, muchas vueltas dio la vida en aquellos agitados años (Noticia 217ª). La cosa es que ellos se casaron dos veces, como dije entonces, una por lo civil durante la guerra, en Catarrojas, en Valencia, y otra por lo religioso nada más terminar la guerra, en Madrid, por circunstancias, y dados algunos documentos que encontré por archivos, parece ser que mientras el abuelo cumplía primero con una detención de corta duración, luego con un arresto domiciliario en Madrid e incluso unos trabajos forzados por un tiempo inmediatamente posterior al final de la contienda, era un simpatizante de la CNT que combatió por Guadalajara-Alcalá de Henares y no se sabe muy bien por dónde más, pues le pierdo la pista en intervalos de la guerra, a pesar de poder saberse mucho de él. Él intentó destruir y ocultar todos los documentos de su pasado salvo unos pocos muy pocos, ocultos en algún lugar de su armario e incluso no hace muchos años que mi tío Félix encontró otros dentro de su viejo colchón matrimonial. Sacó a la luz esos pocos documentos en 1985, el año de su muerte, a las puertas de su muerte, confesada su ubicación a  mi madre, salvo los del colchón que encontró el tío Félix. Pero todo eso ya se contó en aquella historia familiar materna de estos abuelos.

La cosa es que una de las fotografías de aquellos años 1930 que conservamos es la que muestra esta imagen, que no es esa fotografía. Se trata de una de las dos bodas de ellos. No sabemos si de la civil o de la religiosa, mi madre cree que se trata de la religiosa, o sea de la segunda en el inmediato final de la guerra en Madrid, tras el 1 de abril de 1939, claro que entonces hay que aplicarle las fechas en las que estuvo privado de su libertad personal el abuelo, lo que nos ubicaría hacia mediado el otoño o ya el invierno, quizá en los comienzos de 1940, que es el momento más probable de esa segunda boda por cuestiones de cuadrar las fechas de los acontecimientos de sus biografías. Yo no podría decir cuál de las bodas es. La imagen no da pistas. Los ojos de él son tristes, o entre la tristeza y el aplomo de una confianza de futuro, sus zapatos están manchados de barro, ella está más alegre, podría corresponder a la segunda boda, pero la vestimenta, de cierto cuidado con estilo para esos momentos, no parece de boda por la iglesia, la primera boda, la civil en Catarrojas debió ser en 1937 ó 1938, probablemente 1938 si atendemos a las fechas de la Batalla de Guadalajara en las que el abuelo combatió en 1937, pero claro, un año tiene muchas más fechas que esas solas. No obstante, su primer hijo nació en Madrid en 1938. No sabría decir ni cuando fue exactamente la primera boda ni si esta foto es de la primera o de la segunda boda, ni mi madre está segura, nunca quedó claro, la abuela Antonia, que vivía con nosotros desde los últimos años de la década de 1990 estaba senil, tampoco pudo fecharla coherentemente. Mi madre cree, a eso nos ceñimos, que es la segunda boda. La cara con ojos de tristeza de él y sus zapatos embarrados pudieran reforzar peregrinamente ese argumento, sin ser argumentos consistentes.

Sea como sea, si mañana hubiera sido el 104 cumpleaños de mi abuela Antonia, el pasado día 29 de julio fue el 66 cumpleaños de mi madre, que era su última hija (es hermana de dos varones), nacida en 1949. Como disponía de la disponibilidad de la imagen de esta fotografía familiar, se me ocurrío mandarsela a Zaida Escobar, amiga y, como se pudo leer en la entrevista que la hice, una pintora muy prometedora con varios premios y expuesta en varios lugares, entre ellos La Casa de la Entrevista de Alcalá de Henares (es interesante leer su entrevista para conocer su obra, Noticia 1482ª). Le expliqué la historia de la fotografía y, a un precio muy razonable, accedió a hacer este retrato como regalo de cumpleaños para mi madre. Está hecho con café y grafito. La gente que lo ha visto dice que me parezco a mi abuela Antonia, claro que mi abuela Antonia, cuando estaba mejor de la cabeza, decía que me parecía al abuelo de joven, pero, otro pero más, en general todo el mundo cuando ve una fotografía de mi padre de joven es unánime en que mi parecido es con mi padre de joven. Esto de encontrar parecidos siempre es algo recurrente.

A mi madre le gustó mucho tener este retrato de sus padres de jóvenes. En 1938 tuvieron a su primer hijo, en 1943 a su segundo hijo y en 1949 a mi madre. A mi el retrato a partir de la fotografía me parece muy bonito, y muy cuidado sobre todo en los detalles de los ojos. Zaida ha vuelto a saber captar la esencia de la imagen que se ve, dotándola además de esa mirada de unos padres que, observando al fotógrafo de la época ahora parece que a través del cuadro también observan a su hija en su 66 cumpleaños, en una especie de "ahí estamos" o de "contentos de saber que estas bien". No sabría decir. Los ojos, si uno los mira mucho, le dan muchas interpretaciones diferentes, según se reflexione. Claro que para nosotros nos da mucha más argumentación, dado que son nuestros antepasados directos, que a cualquier otra persona. Pero aún con todo, tienen una fuerza expresiva muy potente. Zaida, insisto, ha vuelto a saber captar la esencia del retrato.

Saludos y que la cerveza os acompañe. También por aquí felicito a mi madre... y a Zaida, a cada una por lo suyo, y rememorio a mi abuela a menos de un día del que hubiera sido su cumpleaños.