miércoles, octubre 23, 2013

NOTICIA 1260ª DESDE EL BAR: EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA


 Hay un pasillo central entre las dos columnas de butacas en el gallinero, en penumbra. Los focos de luz se dirigen al escenario. El pianista toca entusiastamente con gran vibración en su propio cuerpo y en las cuerdas del cuerpo del piano de cola. Suena un tema de Manuel de Falla, "Fantasía Baetica". Al fondo las pesadas cortinas granates con su final dorado; a los lados los palcos de honor decorados con pan de oro y escudos del Estado. En el resto de palcos, los espectadores jóvenes de once euros la entrada. En el gallinero, los espectadores ancianos de treinta euros la entrada. Todo es decimonónico. Ese pasillo central en el gallinero tiene una alfombra roja que desemboca en una decorada puerta con un acomodador a su lado. Da al recibidor, de grandes columnas de mármol que asemejan un falso jónico. Mármoles de diferentes colores y dos pisos, con espejos y más servicio del viejo teatro. En el pasillo del gallinero, el de la alfombra roja, mientras en el escenario de suelo negro toca el piano con pasión el joven, abandonan la sala lentamente un octogenario matrimonio que se vistió para la ocasión acompañados de su andador de metal hospitalario. Alcanzarán la puerta, antes ella que él, cuando comiencen los aplausos del final. Los muchos aplausos. Se abrán ido cuando comience el bis. El joven pianista no habrá dicho ni una sola palabra en todo el recital de una hora y media, con un descanso de veinte minutos. Todo lo ha dicho el piano. Él, cuando acabe todo, irá al recibidor, a una mesa, donde le espera una larga cola de espectadores dispuestos a saludarle mientras les firma su nuevo disco, "...Les sons et les parfums", con versiones de Chopin y Debussy.  


Nada es falso, todo es real. Vivido ayer. Por mí y por MJ. Ella, MJ, me entrevistó hace tiempo en esta bitácora, cuando cumplí 31 años, fue una de mis compañeras de trabajo en archivos hace tres años. Es la misma que escribe una página dedicada al deporte del golf, trata de explicar el golf paso a paso. Estoy sin empleo y sin ingresos, hace una semana un anónimo amigo me mandó por correo el libro Q, de Luther Blissett, y ayer MJ decidió invitarme y llevarme al Teatro de la Zarzuela de Madrid. Piso primero, palco tres: una buena ubicación para ver actuar a Javier Perianes.








 Javier Perianes tiene un año más que yo. Nació en 1978. Ya tiene tres discos grabados. Es un pianista altamente reconocido. Ha tocado por escenarios de todo el mundo, no sólo españoles... Escenarios estadounidenses, británicos, franceses, holandeses, rusos, japoneses... Y ha tocado ya con las más grandes orquestas sinfónicas y filarmónicas del planeta.



















 Interpreta sin necesitar una partitura. Conoce lo que toca. Lo siente. Lo vive. La megafonía advierte de que se prohibe sacar alguna imagen de él interpretando. No puede salir en imágenes que no sean las autorizadas por sus representantes, o quizá por el Teatro de la Zarzuela. El Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música ha organizado el recital. Yamaha ha dejado bien claro que el piano lo fabricaron ellos, ha colocado su nombre en el lateral, donde la gente lo verá todo el concierto, y donde lo fotografiarán cuando él no esté. En otras épocas, Chopin, Debussy y Falla no hubieran atendido a estas cuestiones, pero ellos son de otras épocas, más románticas. Javier Perianes los interpreta.


 Perianes se entusiasma. Salta sobre su banco como si estuviera galopando en uno de esos caballos andaluces que nos dibuja con la música a través de la imaginación de Falla en "Cuatro Piezas Españolas", también taconea cuando usa los pedales del piano. Deja caer su mano en dejadez, tristeza profunda, inundado de la melancolía de Debussy en su "Claro de Luna". Y sobre todo Chopin. Chopin es la clara muestra del espíritu de nuestros días, llevado por sus dedos a las notas que se compusieron doscientos años atrás, y, hoy, son las mismas. Chopin predomina. Entre sus tristezas reflexivas y sus arrebatos apasionados, su drama enorme, su palpitación de vida entre la desesperación y la acción convulsa ante lo injusto, el autor cuyo tema "Revolución" era tatareado junto a la "Novena Sinfonía" de Beethoven, cuando el Parlamento alemán ardía en 1848 prendido por el pueblo trabajador harto de sus políticos y sus injusticias, vuelve a sonar en este siglo XXI a través de Perianes. Este siglo que como en aquel se hacen las leyes a medida de los ricos y poderosos iluminados de grandes lámparas de araña en enormes salones de alfombras rojas, olvidando y maltratando a los trabajadores cuyo trabajo les ha dado esas butacas donde se sientan. Con una diferencia, ahora todos podemos entrar en esa sala, sólo que cada vez menos. Los ancianos octogenarios abandonaban el lugar en el último tema, quizá no era para ellos tanto arrebato pasional lleno de rabia y pasión ante los momentos que nos hunden.


En la entrada y en la cafetería se exhiben manuscritos de Manuel de Falla. En el descanso y en la salida se acumulan los asistentes, y también en torno a las barandillas de los pisos de los palcos. Y las luces, y las demasiadas corbatas y trajes de noche, en una noche donde en Madrid sopla el viento fuerte y frío, acompañado de una lluvia que poco a poco todo lo empapa.













Una buena noche con una grata compañía. Siempre es agradable descubrir que alguien se acuerda de uno, más en estos tiempos bajos por la falta de trabajo y dinero. Dinero... cada fila del gallinero son treinta euros por butaca. Hasta más de la mitad del gallinero tenía repletas de gente sus butacas. Media fila son once asientos, una fila veintidós. Seiscientos sesenta euros con tan sólo una fila. Diez filas, seis mil seiscientos euros. Había más filas con gente, y había más palcos con gente, a once euros por asiento. ¿Quince mil, veinte mil euros, en una noche? Y las lámparas de araña. Enormes, sobre mi cabeza sin dinero y sobre la de tantas personas que no estaban en el edificio. Los ancianos, con trajes de noche vistosos y ostentosos, algunas mujeres con llamativos colgantes y pendientes, llenaban media sala del gallinero. Los jóvenes, casi ninguno, en los palcos, con ropa de calle, normal y corriente, tal como Chopin relataba en "Revolución".

Los ancianos abandonaban la sala antes que los jóvenes.



Saludos y que la cerveza os acompañe.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que es necesario añadir el programa que tocó Javier Perianes: http://teatrodelazarzuela.mcu.es/es/temporada/conciertos/javier-perianes-2013-2014

Y permítame lanzar una pregunta ¿qué ocurrirá cuando desaparezca el respetable público de edad avanzada, quién llenará el Teatro de la Zarzuela y el resto de Teatros Nacionales?

Canichu, el espía del bar dijo...

Posiblemente, nadie. Pero no porque no interese, sino por el mismo motivo que los jóvenes estaban en los palcos de 11 euros y los ancianos en los asientos de 30.

Gracias por escribir.