martes, septiembre 13, 2016

NOTICIA 1641ª DESDE EL BAR: TUCÁN, RAMPHASTIDE

Cada vez leo a más creadores diciendo en entrevistas que en lo que va de siglo XXI y con el auge de las telecomunicaciones inmediatas e hiperabreviadas se acelera el proceso por el cual se confunde Cultura con entretenimiento y entretenimiento con negocio. Uno de los primeros a los que se lo leí fue a un compositor de música clásica, al más reciente ha sido al creador de cómics Alan Moore el pasado sábado, en su anuncio sobre que se retiraba de la creación, del oficio. Entre medias han habido cineastas, pintores, músicos, escritores (muchos de estos), pensadores y filósofos en general. En buena parte creo que llevan razón. No hace mucho tuve diferentes conversaciones con diferentes personas en diferentes momentos sobre un mismo tema: el cine de nuestros días es un espectáculo visual de la inmediatez y lo rápido, sin apenas reflexión, sin detenerse en la historia ni en los personajes a narrar. Así por ejemplo, en la nueva versión cinematográfica que se ha hecho sobre Ben-Hur, la tercera en toda la Historia del Cine, se ha anunciado en entrevistas a actores que es mejor que las otras porque es más realista. Preguntados por ese realismo lo único que supieron decir es que habían colocado cámaras entre las cabezas de los caballos para ofrecernos la carrera de cuádrigas desde su punto de vista, con más emoción. No es la técnica lo que da emoción, es la historia. Por supuesto, las imágenes que se han vistoson trepidantes imágenes de acción continua y romanos amenazadores, olvidando la reflexividad de la versión clásica de los años 1950, la más famosa. Si le dijeramos a alguien joven que la historia de Ben-Hur fue escrita en el siglo XIX bajo el título de Ben-Hur, una historia del Cristo, no lo entendería muy bien, me teo. Lo escribió Lewis Wallace, general del ejército federal de Estados Unidos en la Guerra de Secesión y luego gobernador de Nuevo México y, curiosamente, ministro plenipotenciario del Imperio Turco Otomano, fue, quizá más curioso, inventor en la literatura de lo que es un arma de rayos láser. La cosa es que Ben-Hur era un príncipe desposeído de Judea descendiente de la misma familia de reyes hebreos de la que venían David y Salomón, por tanto: su encuentro fortuíto con JesuCristo en determinado momento del relato no es tan fortuíto, puesto que son parientes carnales. Dicho sólo esto ya nos debería hacer reflexionar que la historia de Ben-Hur es algo más que una carrera de cuádrigas entre dos antagonistas que en origen eran como hermanos. Es una historia compleja. Pero de lo que hablo en estos momentos no es de esa historia, ni del cine, ni de nada de eso en concreto, sino de la falta de reflexión. De esa falta de reflexión que hace que mucha gente quiera lecturas rápidas y breves, sin que se paren en detalles ni en pensamientos, la que hace que se quiera películas donde pasen numerosas cosas sin dar mucho espacio al diálogo, la que nos abrevió las conversaciones de teléfono por los mensajes breves, la falta de reflexión que nos apremia a abreviar todos y cada uno de nuestros actos. La que nos hace perder datos y con ellos: a una parte de nosotros, la que podemos llegar a ser. Yo rechazo la brevedad innecesaria, hay que atreverse a ser. Atrévete a ser y deja ser. Saludos y que la cerveza os acompañe.