domingo, enero 10, 2016

NOTICIA 1555ª DESDE EL BAR: CUARTO CENTENARIO CERVANTINO

"—Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.

—¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana."

(Miguel de Cervantes, fragmento del capítulo final de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, 1605-1615).

Miguel de Cervantes murió el 22 de abril de 1616. ¡Un 22 de abril! Fue fina su puntería. También la de Shakespeare. Pero eso es otra historia. La cosa es que el año pasado se celebraron los cuatrocientos años de la publicación de la segunda parte de El Quijote, así que acorde con este otro aniversario del año de su muerte se puso en marcha la maquinaria de los actos de homenaje llamado "Cervantes Infinito". Comenzaron a remover los huesos de las catacumbas de la iglesia donde fue enterrado en Madrid en busca de lo que quedaba del escritor. Extraño modo de homenajear a la española, donde se remueve a los muertos mientras que su obra sufre junto con otras obras los recortes en bibliotecas y archivos para ser conocida, y en las aulas se ve como menguan o desaparecen asignaturas destinadas al conocimiento de las enseñanzas de la Literatura, la Lengua, el pensamiento, la Historia, cualquier cuestión de las Humanísticas. 

Sea como sea, la cosa es que Cervantes fue bautizado en Alcalá de Henares y, puesto que su padre trabajaba en el Hospital de Antezana, en la Calle Mayor, como cirujano barbero, o sea que te afeitaba lo mismo que te hacía una cura rápida o te cosía un corte en tu propia carne, se da por hecho que Cervantes, como parece evidente, es nacido en Alcalá. Bueno, uno dice este argumento porque los políticamente correctos reclaman desde todos lados que se diga así, ya que hay tantos que le reclaman. Si uno va al Archivo de Protocolos de Madrid, allí en los expedientes de censura de los siglos XVI-XVII, entre los años que publicó Cervantes, encontrará los documentos que el propio Cervantes muy adulto rellenó, viviendo en Valladolid, contestando a las autoridades que él era de Alcalá de Henares. No voy a entrar en razones de esto o de aquello, de los unos, de los otros, de los de acá, de los de allá, porque pum, porque pam, puesto que me parecen conversaciones ya tan escuchadas y tan metidas muchas en tópicos ya superados hace mucho, pero que hay tanta gente empeñada en no deshacerse de ellos... pues prefiero no comentarlo.

Una de las personas que más sabe de Miguel de Cervantes vive en Alcalá de Henares, se trata del catedrático Emilio Sola, que fue profesor mío en mis años de carrera universitaria. Le ha dedicado toda una vida de estudios consultando incluso archivos argelinos, italianos y turcos, no sólo españoles. Gracias a Emilio sabemos muchos aspectos de la vida del escritor que iba para médico, que pasó a ser soldado, luego cautivo, espía, después recaudador de impuestos, encarcelado por malversación de fondos de lo que iba destinado a la Gran Armada, famoso por escritor. Sola define a Cervantes como una persona totalmente diferente a los otros escritores españoles de su época, ya que en él hay un cosmopolita, alguien que incluso intuye la solución de los problemas del mundo con la mezcla cultural, cosa que desliza en una de sus novelas con un matrimonio entre un cristiano y una musulmana. 

Aún con todo, yo conocí El Quijote de niño, como casi todos los españoles. Quién más quién menos en España sabe que una parte de nuestra cultura popular y uno de nuestros puntos de unión es precisamente esta historia, que está considerada la primera novela moderna propiamente dicha. Viajar en tus vacaciones, ver un molino antiguo y que tus padres te contaran lo de los gigantes era algo común. Publicidad, cuentos, para mi generación hasta dibujos animados, los más avanzados hechos en España en aquella época. Y películas, muchas películas. En el instituto de bachillerato te pedían leer los primeros capítulos de la primera parte. Yo leí la novela entera. Las dos partes. Me costó meses, pero lo hice. Fue en 1996, tenía 17 años. Fue el libro que destaqué de entre los libros que leí ese año. Me lo leí por gusto. Porque quería. Me gustó mucho su sintaxis, que es una sintaxis complicadísima, barroca, pero no hay nada que esté mal en la construcción de sus frases. Las frases pueden ocupar muchas líneas, y sin embargo nada falla. Son como laberintos donde todo encaja. Como los intestinos enrevesados dentro de ti, que juntos bajo tu piel encajan dentro de tu cuerpo, que no tiene las dimensiones enormes que necesitaríamos si se colocaran en orden lineal.  Se trata de un libro muy recomendable por una gran multitud de aspectos, no sólo lingüísticos y no sólo literarios. 

Yo soy uno de esos españoles que se han leído el tal libro por gusto y entero, en su versión íntegra, y que además le ha gustado. Y no es cosa de poco. Según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas que se publicó en julio del año pasado el 40'9% de los españoles no han leído jamás El Quijote, ni entero ni parcialmente, de ninguna manera. Un 38% sólo lo han leído de manera abreviada, versionada o fragmentos o capítulos sueltos. Así que de entre los españoles no se han leído el libro más emblemático de nuestra Literatura el 78'9%. Sólo se lo había leído completo, según ese estudio, un 21'6% de la gente, o sea: menos de un cuarto de la población española, aunque todos conocían a sus personajes, ¡ojo!, no a todos. Ahora bien, el mismo estudio venía de otro anterior que detectó que el 54% de los españoles no lee libros nunca. Más de la mitad de la población. Esto es mucho más preocupante que la cantidad de gente que se ha leído El Quijote. Si Cervantes es  nuestro representante cultural en la Literatura más reconocido, lo preocupante en 2016 no es si aquí o allí se van a poner más o menos chorizos y morcillas en un mercado anacrónico para celebrar su aniversario en honor a los turistas, lo preocupante es que el 54% de los españoles no leen libros. 

Se necesitan políticas culturales serias, y estas sólo lo son cuando se planifican transcendiendo el tiempo limitado de los gobiernos elegidos en urnas. Con un proyecto del tipo de ciudadano que se desea formar. Tal como vamos parece que los que han ido creando las políticas culturales y educativas de las últimas décadas lo tienen claro: quieren un ciudadano que no tenga herramientas con las que pensar por sí mismos. La lectura abre mentes, da ideas y ayuda a crear reflexiones propias. Leer además es un placer muy estimulante. Estamos en las épocas de la inmediatez, del todo ya, con eso en la mesa es difícil hacer algo. También es difícil sentir algo de orgullo en un homenaje como este mientras se preocupan si se hacen o no se hacen chiringuitos turísticos y a la vez se maltratan políticas plenamente volcadas en la Cultura con mayúscula, en la formación del ciudadano.

De entre el 21'6% de los españoles que sí hemos leído completo el libro de El Quijote tenemos que el 54'1% lo ha hecho por motivos de estudio, o sea: obligados, forzados... más de la mitad de los lectores. Esto es muy triste, aunque no neguemos la posibilidad de que a parte de ellos les gustaría, a otros no, estarían obligados por las circunstancias, pero a alguno le gustaría. Sólo a un 30% le dio por leerlo por sí mismo, porque le interesaba, porque lo quería hacer. En esos estoy yo. Somos realmente pocos... un 30% salido de entre un 21'6%. No es para estar orgullosos, pero repito, no tanto por esto, si no por cuanta relación tienen estos datos con ese 54% de españoles que no leen libros y todas las fases intermedias de españoles hasta llegar a los que sí leen libros y muchos y por gusto. 

Se suele escuchar mucho en los últimos años que algo pasa en España con todas las cosas que suceden, ¿cómo no van a pasar a la vista de los datos de los que algunos se sentirían incómodos y otros sentirían sólo relativo afán de chiste y mofa? Quijote y Sancho, eso somos los españoles. Nos caló bien don Miguel, un hombre viajado.

Cervantes tiene otros muchos libros y obras de valor. Su poesía no era muy buena, aunque algunos la quieren poner en alza ahora. No siempre fue bien apreciado. En el siglo XVIII su obra, en general, estaba considerada como una obra sin utilidad por parte de intelectuales, pero el siglo XIX y su peculiar comienzo en España hizo de El Quijote metáfora de los millones de caballeros andantes descabalgados que vivían aquí. Nacer español, nacer Quijote, o Sancho, que los hay. Aunque yo creo que nacemos ambas cosas. No, no se equivocaba mucho don Miguel.

Pues queda así comenzado el año del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, ojalá sea un año de un repentino amor por la lectura por parte de los españoles, pero mucho me temo, Rocinantes y Rucios, Dulcineas y Teresas, que eso es luchar contra gigantes, porque para lograr eso difícil es el gobierno de la ínsula, Barataria, como un sueño volador a lomos de Clavileño, mientras los presos de galeras se escapan, se derrama el vino de los odres, mantean a Sancho, ayuna Quijote, el barbero se disfraza de Caballero Luna, el cura quema los libros en una pira dentro del patio de la propia casa, la noria da vueltas en el río, Avellaneda escribe unos torneos en Zaragoza, y por unos y por otros, nos quedamos de Cervantes claramente los huesos.  

Para leer El Quijote: La Primera Parte y aquí la Segunda Parte. Saludos y que la cerveza os acompañe.