martes, junio 16, 2015

NOTICIA 1494ª DESDE EL BAR: EL PEQUEÑO JULIO VERNE, EL H.G. WELLS DE PROVINCIAS, EL PADRE DE LA CIENCIA FICCIÓN ESPAÑOLA

Los relatos de ficción son aquellos relatos que tratan de historias que nunca ocurrieron ambientadas desde la más pura realidad de lo plausible con el mundo actual de quien escribe, con los conocimientos conocidos y el mundo real. Los relatos de ciencia ficción son aquellos otros que sitúan la ficción en mundos que nos resultan fantásticos porque usan de ciencias tan avanzadas que aún no existen los resultados científicos de los que hablan esas ficciones. Por supuesto no todos los mundos fantásticos son ciencia ficción, algunos simplemente so fantasías, así por ejemplo los libros de mitología o los de caballería son fantasías. Pero por supuesto también que los libros de ciencia ficción cuyas bases científicas ficticias no se han cumplido no son libros de fantasía, pues lo esencial es que su ficción tengan base científica, y la ciencia, ya se sabe, funciona por ensayo y error tras elaborar una tesis y una antítesis para llegar a la síntesis. Libros de ciencia ficción propiamente dichos, propiamente así llamados, hay alguno en modo de rareza en siglos medievales, pero son extraños, anomalías. Hay alguno más en los siglos XVI al XVIII, o sea, en la Edad Moderna. Pero es con la Revolución Industrial británica, o sea: la que dio origen al del resto del mundo, cuando empiezan a escribirse en gran medida a finales del siglo XVIII. Quizá el más célebre de esos primeros libros de ciencia ficción sea a la vez un libro de terror, pues las nuevas ciencias, lo desconocido, a menudo despierta terror, hablo de la historia de un ser humano construido a partir de partes de cuerpos muertos con la idea de superar la mortandad del ser humano, Frankenstein o el Moderno Prometeo, de la escritora inglesa Mary Shelley, que lo publicó en 1818. 

La ciencia ficción ha dado muchas ramas de sí misma, dentro del género existen subgéneros. Entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX aparecen dos de los más consagrados y reconocidos autores del género, el francés Julio Verne (1828-1905) y el inglés H.G. Wells (1866-1946). No muy lejanos a ellos en el tiempo están otros padres de la ciencia ficción actual, como Bellamy, Zamiatin, George Orwell, Aldous Huxley, Karel Çapek, Ayn Rand y de estos ya a otros más modernos como Ray Bradbury, William Golding, Phillip K. Dick, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Stanislaw Lem y demás. De todos estos escritores ya he escrito en anteriores ocasiones. La cuestión es que Julio Verne y H.G. Wells marcaron un antes y un después en la ciencia ficción justo en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX. Era gente que aparte de vivir de lo que escribían estaban muy bien formados en lo científico y en las novedades de sus épocas. Por ello imaginaron y se anticiparon a invenciones como los submarinos, los aviones, los viajes a la Luna, entre otros, y hablaron de otros inventos que no se han producido, como pueda ser en el caso de Wells, por ejemplo, de una máquina para viajar a través del tiempo.

España no ha sido un país cuya literatura haya tenido mucho interés en desarrollar lo fantástico ni la ciencia ficción. Casi siempre se alude al carácter español y el gusto de sus lectores, más dados a las sesudas reflexiones, al realismo, de vez en cuando a algún lirismo. La culpa no puede ser exclusiva del lector. Los editores son los que aceptan o descartan los textos a publicar. Muchos de estos editores de aquellas épocas eran los propios tipógrafos españoles, estos casi todos estaban imbuidos en ideas socialistas (desde cualquiera de sus tendencias) o de ideas liberales (entiéndase por izquierda burguesa) que consideraban que toda lectura fantástica o fantasiosa idiotizaba a la gente y la gente necesitaba ser educada para mejorar la sociedad. Hay numerosos textos de la época donde se condena las lecturas que consideraban inútiles, que solían ser las ficciones en general, potenciando por contra las lecturas formativas en oficios, en mentalidades de clase o políticas, en cuestiones de actualidad, etcétera. En todo caso, toda ficción aceptable pasaba por ser aquella que al menos no caía en fantasías y eran moralmente aleccionadoras, dentro de la moralidad de cada editor. Sin embargo, el problema español venía de lejos. Siglos y siglos de prohibiciones religiosas en las lecturas habían hecho mella en España. No es que en el resto de países no hubiera existido censura, lo que ocurre es que la Inquisición establecida a finales del siglo XV en la península ejerció un poder de castigo tan fuerte y severo que los libros que se publicaban evitaban todo lo posible lo fantasioso, so pena de caer en la acusación de fomentar cuestiones contrarias a las enseñanzas de la Biblia o de la tradición cristiana. La Inquisición española fue anulada en 1812, pero fue restaurada de 1814 a 1834. Siempre incluyó en su ejercicio una lista de libros prohibidos. No es de extrañar que autores fantásticos como Gustavo Adolfo Bécquer o como Espronceda  o como el Duque de Rivas aparecieran dentro del romanticismo español de manera tardía respecto al resto de Europa, cuando ya estos otros estaban iniciando el realismo puro en Literatura. No es de extrañar tampoco que incluso la ficción fantástica española siga siendo, incluso aún hoy, tan diferente de la de otros lugares, donde la introducción más temprana del liberalismo y la ausencia de la rigidez de nuestra Inquisición les dio mayores libertades. Compárese los argumentos de Shakespeare con los de Lope de Vega en el siglo XVII y uno se dará cuenta de diferencias argumentales claras que perviven incluso en las producciones argumentales del siglo XXI de ingleses y de españoles.

Pero, ¿qué hay de la ciencia ficción española propiamente dicha, propiamente llamada? Pues parece ser que los filólogos estudiosos de esta materia en España coinciden en que su nacimiento está en la persona de Nilo María Fabra, nacido en Blanes en 1843 y muerto a los sesenta años en Gerona en 1903, por tanto, contemporáneo de Julio Verne y por un tiempo de H.G. Wells, o sea de una época dorada de la ciencia ficción para las fechas en las que vivieron. Aquel género por entonces se consideraba un subgénero en sí mismo de escaso valor, pero estaba en auge y contaba con numerosos lectores y seguidores. Verne y Wells son los grandes admirados, los más leídos, los más tomados en serio; en España Nilo María Fabra, el llamado "padre de la ciencia ficción española", recibirá en vida los apelativos despectivos de "el pequeño Julio Verne" o "el H.G. Wells de provincias". Habitualmente los españoles no nos caracterizamos por apreciar y valorar lo nuestro.

Aunque Nilo María Fabra será muy conocido en su época, caerá en el olvido por muchas décadas tras su muerte. En parte su fama será devorada por la de su hijo, Nilo Fabra, un poeta del modernismo catalán que murió en 1925, el cual fue admirado por el propio Antonio Machado. Sin embargo su padre, Nilo María Fabra, que es quien nos ocupa, había fundado su propia agencia de noticias, Fabra, que junto a Faro y a Febus serán las tres las principales agencias de noticias de España hasta el final de la guerra civil española en 1939, año en el que desaparecen (salvo Febus, que siguió en el exilio francés) y serán sustituidas por el dictador general Franco con la creación de la agencia EFE. Como sea, los orígenes como escritor de Nilo María Fabra es obvio que es como periodista y como empresario creador de una agencia de noticias con corresponsales entre Europa y América, repito: la agencia Fabra, que por otro lado es uno de los referentes que usarán algunos periodistas del siglo XX para fundar Reuters décadas después. Volviendo a nuestro autor, antes de eso se había curtido en la década de 1860 siendo pionero dentro del periodismo mundial como algo que hoy día está muy difundido y por entonces sólo unos pocos comenzaban a ejercer con grandes dificultades: fue corresponsal de guerra en un país extranjero. Nilo María Fabra pasó la década de 1860 siendo el periodista que llenaba los periódicos españoles informando en directo de la evolución de las diversas guerras que dieron por resultado la unificación de Alemania en lo que fue el Segundo Imperio Alemán, bajo el mando de Otto Von Bismarck. Así que también fue testigo de la unión de los Estados alemanes en uno sólo a través de una unión aduanera y de un proyecto tecnológico como era el ferrocarril, fue testigo del avance de las máquinas de guerra, fue testigo del uso de las señales luminosas para uso militar en largas distancias, cosa que él patentó y trajo a España para usarlo en el estrecho de Gibraltar, pero que el ejército español, tras morir él, usó sus instalaciones para crear palomares, fue testigo de los sucesos revolucionarios de los socialistas a raíz de la guerra franco-alemana, etcétera. 

Nilo María Fabra ejerció de corresponsal internacional como uno de los más eficientes porque confió en que lo que se necesitaba era transmitir las noticias lo más inmediatamente posible, de ahí que usara las señales luminosas y el código Morse, palomas mensajeras (anticuadas pero efectivas) y algo más novedoso para la época, pero sobre todo para España: fue de los primeros en usar masivamente el telégrafo y más tarde el teléfono para mandar noticias de un sitio a otro. Era un gran convencido de la idea de que sería la electricidad el futuro de la humanidad, pero que había que lograr modos más baratos y más potentes para su generación. No se equivocó.

Escribió en diferentes periódicos, aunque tuvo el suyo propio, fundamentalmente vendido en Cataluña. Publicó una serie de cartas en 1866 que le comprometieron respecto al levantamiento golpista de Alcoy contra Isabel II, que caería dos años más tarde con la Revolución Gloriosa. Nilo María Fabra tuvo que emigrar, o exiliarse de zona en España. Como sea, no dejó de informar y a la vez de publicar pequeños relatos de ficción en sus periódicos. Entre esos relatos de ficción publicó varios propiamente llamados de ciencia ficción, los primeros que tienen esa categoría como tales en España por autor español, si bien pudo haber antecedentes puntuales a los que se le ponen diversas objeciones para que sus autores puedan ser considerados autores de ciencia ficción propiamente dicha. Pero Nilo María Fabra sí lo fue, por eso se le llama el padre de la ciencia ficción de este país. Recopiló muchos de estos relatos años después, en 1885, en un libro llamado Por los espacios imaginarios,  ante el éxito de este libro de relatos, él, que también había publicado novelas de ficción y libros de poesía, publicó otra recopilación de relatos en 1895, Cuentos ilustrados, y todavía una mas en 1897, Presente y futuro. Es en esas tres recopilaciones que encontramos compilados sus historias de ciencia ficción mezcladas con otro tipo de relatos. La editorial Berenice los juntó a todos en un sólo volumen en 2010, el cual se llama La guerra de España con Estados Unidos y otros relatos. Efectivamente, tiene un relato que habla de una guerra hispano-norteamericana que escribió en 1897, un año antes de que ocurriera en la vida real. El ambiente ya estaba caldeado políticamente en aquel 1897, de hecho lo estaba desde que unos insurrectos de la Cuba española se echasen al monte en modo de guerrilla en 1895 con apoyo implícito de los estadounidenses. No es tanto que nuestro autor anticipara que fuera a haber una guerra entre ambos países por la independencia de Cuba, si no que fue capaz de prever la auténtica causa de la guerra: la explosión de un barco norteamericano en aguas españolas. Incluso un año después, en 1898, cuando explotó el Maine en la vida real, hubo quien se preguntó si los estadounidenses habrían llegado a leer de algún modo el relato de Fabra. En este relato la ciencia ficción se basa en la ciencia de la sociología y, si la tiene, de la guerra. Fabra previó una victoria española, en esto falló, y una unión confederal de todos los países de habla castellana. Argumentó que la única manera de vencer a un país como Estados Unidos sería con una gran confederación de países luchando en su propio continente. En todo caso también previó que Estados Unidos, recién terminada su Guerra de Secesión en 1865, de volver a tener conflictos internos sólo sería por dos posibles motivos: conflictos raciales (muy activos en este 2015) o rebelión de los trabajadores básicos en masa cuando comprendan de los abusos de las grandes fortunas de sus compatriotas usando de su poder de influencia en las leyes del gobierno. Estamos hablando de un relato escrito en 1897. Cuando en 1898 se produzca la guerra y la derrota, el escritor se negará a informar en su periódico de los acuerdos del armisticio y la pérdida de los territorios de ultramar españoles. Parece ser que ese hecho le afectó profundamente haciéndole creer que España no tenía remedio, lo que provocó una depresión profunda que le llevaría a la enfermedad y la muerte en su relativa avanzada edad en 1903.

Nilo María Fabra escribe ciencia ficción desde las ciencias puras como Verne o Wells. Así por ejemplo tiene relatos donde anticipa los túneles por debajo del mar para pasar con vehículos terrestres, tiene relatos donde habla de máquinas voladoras, tiene uno concreto donde anticipa la futura existencia de un tren de alta velocidad (Un viaje a la República Argentina en el año 2003), coloca a la electricidad siempre como la principal energía que lo cambió todo en el futuro, e incluso entre las innovaciones tecnológicas que imaginó y que realmente después han ocurrido, él pensó algo que Verne y Wells ni pensaron y que ha ocurrido más de cien años después de él, Nilo María Fabra llegó a escribir un relato donde se anticipa a la existencia de una especie de enciclopedia eléctrica que se actualiza al momento con el uso de los usuarios, lo que nos recuerda a la Wikipedia de Internet, existente de verdad en este siglo XXI. También habla de viajes en el espacio, en concreto en uno de los relatos habla de viajes a Marte, si bien es cierto que a veces en estos relatos espaciales los entremezcla con historias de almas y espectros con trasfondo religioso católico, lo que nos puede recordar a las historias del astronauta-Dios del tipo 2001, una odisea en el espacio, de Arthur C. Clarke, sólo que en este caso con ideas típicamente españolas, diría que castizas (no en su sentido de madrileño, pues él no era madrileño). Y es sorprendente el poder destacar que él ya escribió sobre una máquina capaz de leer los sueños y las mentes, así como de crear realidades ficticias como si fueran la vida real, en Teitán el soberbio (cuento de lo porvenir), es algo que hemos visto muchas veces en novelas, relatos y películas de ciencia ficción escritos entre finales del siglo XX y comienzos del XXI, cien años después de él.

La ciencia ficción que más trabaja Nilo María Fabra, sin embargo, no viene de las ciencias puras, sino de las ciencias humanas. Es bastante innovador en esto cuando crea relatos de ciencia ficción a partir de ciencias que pocas veces han pisado otros autores del género, hablo de relatos de ciencia ficción a partir de la Historia, como en Cuatro siglos de buen gobierno, donde imagina una ucronía a partir de la posibilidad de que la Historia de España jamás hubiera conocido un gobierno de Juana I "la Loca" y su y nieto emperadores. Una historia en la que incluso España es pionera en el uso de la electricidad. La ucronía también la pisa en El desastre de Inglaterra de 1910, donde aparece una ciencia ficción que toca prácticamente todas las Ciencias Humanísticas. También hace ciencia ficción a través de las Ciencias de la Información (periodismo), con relatos donde aparecen inventos como el anterior citado similar a la Wikipedia. En otros casos hace ciencia ficción de las Ciencias Económicas, como en el relato El triunfo de la igualdad, donde también toca las Ciencias de Sociología. Allí se burla de todas las ideas socialistas que estaban en aumento entre la sociedad tras la Primera República de 1873-1874. Lo cierto es que Nilo María Fabra no perderá ocasión para atacar desde la ciencia ficción a las ideas socialistas, especialmente contra los socialdemócratas y los anarquistas, tratándoles de brutos, criminales, analfabetos, hipócritas, crédulos, manipulables, etcétera. Si uno lee su relato El futuro ayuntamiento de Madrid, que lo ubica en un ficticio 1943, nos recordará y mucho a nuestros días de ahora, con unos socialdemócratas que logran la mayoría absoluta con unos principios que cuadran a la perfección con los principios con los que Podemos y todas las agrupaciones ciudadanas han llegado a los ayuntamientos, incluido el de Madrid, este mayo de 2015. Pero igualmente saca a la luz numerosos casos de corrupción que nos son familiares en nuestros años. Nilo María Fabra, a través de sus relatos, deja desprender que él es monárquico, profundamente monárquico, pero es liberal, con algún toque social, pero no socialista. A diferencia de los intelectuales de su época, previos a 1898, él no cree en el progreso positivo del hombre, sino en que el ser humano evoluciona siempre hacia un futuro con mayores capacidades de destrucción y de habilidad para crear invenciones para el mal. Era de los pocos que antes de la pérdida de la guerra con Estados Unidos en 1898, él, años antes, ya llevaba tiempo hablando de la necesidad de regeneración en la vida política y social de España. Cree que los socialistas serán los que gobernarán en el futuro, pero él sólo apoya a aquellos que son pacíficos, pese a que siempre habla de la necesidad de que la gente esté bien formada, cosa que en España él cree que es algo imposible, de ahí sus continuos ataques a los sistemas igualitarios y democráticos que proponía el socialismo como alternativa al turnismo de la democracia de la monarquía parlamentaria de Alfonso XII y de la regencia de María Cristian, un turnismo que también critica en sus relatos, no le gusta porque no le ve una herramienta de progreso de la sociedad española. Fabra es monárquico, pero sobre todo es españolista, por lo que deja entrever que apoyaría a cualquier fuerza política que él crea capaz de hacer recuperar a España su porvenir provechoso a la sociedad y una cierta grandeza ya pasada de lo que fueron otras épocas de otros siglos. 

Uno de los relatos más graciosos para mí, pues usa mucho del humor (hay que entender su humor y para eso se necesita conocer un poco la mentalidad del siglo XIX español), es El dragón de Montesa o los rectos caminos de la posteridad, donde hace ciencia ficción de la Ciencia de la Arqueología. El planeta sufre un cambio de polaridad al girar su eje por culpa de un cometa que pasa cerca. Una nueva glaciación hace que sólo sobrevivan algunas tribus del Himalaya, mientras Madrid sufre una congelación total. Un milenio después la glaciación acaba y se descubren restos del Madrid castizo, ahora sí en término de madrileño, y provoca todo un relato que se lee del tirón con mucho gusto. La frenología, pseudociencia de la criminalística de finales de su tiempo, es burlada a través de su ser contrario al socialismo, cuanto más puro para él es peor, por lo que se ríe de ella en La locura del anarquismo, donde de paso critica los establecimientos penitenciarios ubicados en islas. Y en Recuerdos de otra vida hace un relato inquietante de la técnica de la hipnosis puesta de moda por la naciente psicología que Sigmund Freud practicaba en esos momentos en Europa central.

A Nilo María Fabra lo recordó la editorial Berenice en 2010, como he dicho, a pesar de ser un escritor muy desconocido incluso entre españoles, pero ya las Loterías y Apuestas del Estado le habían homenajeado el 19 de julio de 1980, haciéndole aparecer en un boleto de Lotería Nacional, una Lotería Nacional que él mismo hizo pervivir a lo largo de los siglos en sus relatos futuristas. Sin embargo, un contemporáneo español suyo, Enrique Lucio Eugenio Gaspar y Riambau (Madrid, 1842-Olorón, 1902), diplomático y dramaturgo, fue el creador de la primera novela de ciencia ficción española, dos años después de la primera recopilación de relatos de Fabra, en 1887, y a este no se le recuperó su memoria hasta el año pasado 2014. Escribió El Anacronópete, una historia sobre una máquina de viajes en el tiempo escrita muchos años antes de que se le ocurriera el mismo recurso narrativo a H.G. Wells. Se puede leer en el diario El País, quien al restaurar la memoria de este otro autor y no mencionar a Nilo María Fabra, sigue condenando al desconocimiento popular de hoy día al primer autor propiamente dicho de la ciencia ficción española, a pesar de que escribiera relatos de ese género y no una novela de ese género.

Saludos y que la cerveza os acompañe.