miércoles, junio 10, 2015

NOTICIA 1492ª DESDE EL BAR: JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA, DE ALCALÁ

ELOGIO DE LA MUJER CHIQUITA

Quiero abreviar, señores, esta predicación
porque siempre gusté de pequeño sermón
y de mujer pequeña y de breve razón,
pues lo poco y bien dicho queda en el corazón.

De quien mucho habla, ríen; quien mucho ríe es loco;
hay en la mujer chica amor grande y no poco.
Cambié grande por chicas, mas las chicas no troco.
Quien da chica por grande se arrepiente del troco.

De que alabe a las chicas el Amor me hizo ruego;
que cante sus noblezas, voy a decirlas luego.
Loaré a las chiquitas, y lo tendréis por juego.
¡Son frías como nieve y arden más que el fuego!

Son heladas por fuera, pero, en amor, ardientes;
en la cama solaz, placenteras, rientes,
en la casa, hacendosas, cuerdas y complacientes;
veréis más cualidades tan pronto paréis mientes.

En pequeño jacinto yace gran resplandor,
en azúcar muy poco yace mucho dulzor,
en la mujer pequeña yace muy gran amor;
pocas palabras bastan al buen entendedor.

Es muy pequeño el grano de la buena pimienta,
pero más que la nuez reconforta y calienta:
así, en mujer pequeña, cuando en amor consienta,
no hay placer en el mundo que en ella no se sienta.

Cómo en la chica rosa está mucho color,
como en oro muy poco, gran precio y gran valor,
como en poco perfume yace muy buen olor,
así, mujer pequeña guarda muy gran amor.

Como rubí pequeño tiene mucha bondad,
color, virtud y precio, nobleza y claridad,
así, la mujer chica tiene mucha beldad,
hermosura y donaire, amor y lealtad.

Chica es la calandria y chico el ruiseñor,
pero más dulce cantan que otra ave mayor;
la mujer, cuando es chica, por eso es aún mejor,
en amor es más dulce que azúcar y que flor.

Son aves pequeñuelas papagayo y orior,
pero cualquiera de ellas es dulce cantador;
precioso pajarillo, preciado trinador,
como ellos es la dama pequeña con amor.

Para mujer pequeña no hay comparación:
terrenal paraíso y gran consolación,
recreo y alegría, placer y bendición,
mejor es en la prueba que en la salutación.

Siempre quise a la chica más que a grande o mayor;
¡escapar de un mal grande nunca ha sido un error!
Del mal tomar lo menos, dícelo el sabidor,
por ello, entre mujeres, ¡la menor es mejor!

(Juan Ruiz, arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, versos 1606 a 1620, según la edición de María Brey Mariño para Editorial Castalia en 1954, revisada en 1960, 1964 y 1965, reeditada en 1991.) 


Estos son parte de los últimos versos encadenados del Libro de Buen Amor que escribió Juan Ruiz, arcipreste de Hita, en el siglo XIV, durante la Plena Edad Media española, o a mejor decir, castellana. Obviamente él usó un castellano antiguo que se puede leer en el enlace que os he puesto antes al mencionar por primera vez el libro, de parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. La Editorial Castalia se dedicó a recuperar obras medievales a mediados del siglo XX trascribiendo su contenido a un contenido a medio camino entre el actual y el antiguo para que fuera comprensible, si bien algunos antiquismos requieren de algunos conocimientos, como es el hecho de que la palabra "luego" antiguamente significaba "ya", "en el acto", "inmediatamente", a pesar de que hoy día signifique "después" o "más tarde", quizá sea un giro de la lengua impuesto por el carácter y el humor de los españoles a la hora de hacer las cosas, un giro provocado por el uso del lenguaje al decir "lo haré luego" en relación a cuando realmente se hacía lo que se iba o tenía que hacer. Humor nunca nos ha faltado a los españoles a la hora de hablar. 

La verdad es que dentro de la Literatura medieval española yo ya conocía poemas perfectos como son las jarchas, El Cantar de Mío Cid, Coplas a la Muerte de su Padre, de Jorge Manrique, o cuentos como los de El Conde Lucanor, de don Juan Manuel, pero todavía no había leído completo el Libro de Buen Amor. Era una cosa que quería hacer, conocía partes, pero quería leerlo en su totalidad. Así lo hice el mes pasado y fue sorprendente la gran cantidad de personas que sabiendo que estaba leyendo ese libro coincidieron en decirme expontáneamente que era uno de los libros que más les había gustado o que más felizmente recordaban haber leído, sólo una persona dijo que le parecía aburrido. Una de muchas. Tengo por costumbre escribir el libro que leo en una determinada red social, y puedo asegurar que este libro provocó una serie de reacciones en número que no era habitual y todas, salvo una, fervientemente defensora de los momentos agradables que le había dado el libro. Es curioso porque a pesar de ser una de las joyas de la Literatura española no tengo sensación de que actualmente sea una lectura total o parcial de los cursos avanzados de educación secundaria, o eso creo, puedo confundirme, al menos yo cuando hice el bachillerato no fue una de las lecturas obligadas para mí, en los años 1990, y después, en la carrera universitaria de los primeros años 2000, tampoco.

Además este libro quería leerlo ya en defensa de su autor. En este bienio 2015-2016 se conmemora la publicación de la segunda parte de El Quijote en 1615 y la muerte de su autor, Miguel de Cervantes, en 1616. Como es sabido, Miguel de Cervantes es en los últimos años el hijo predilecto de cuantos ha dado la Cultura complutense, muchas veces socavando y olvidando a otros autores que fueron de aquí o estuvieron aquí. Incluso hasta el hartazgo de muchos de los que viven en Alcalá de Henares, por el peligroso camino del turismo que transforma la ciudad en un epicentro de turismo despersonalizador, como haciendo caer al distrito centro en una especie de identidad perdida en favor de ser cada vez más un parque temático y no una ciudad con carácter propio. Esperemos que el nuevo ayuntamiento enmiende todo esto. Como sea, se le da mucha importancia a don Miguel de Cervantes, pero a menudo nos olvidamos de otros autores literarios de gran relevancia que fueron nacidos en la ciudad. Hay muchos, pero podríamos citar una triada, Cervantes, Azaña y el propio arcipreste de Hita. Y es por ello que quería leer y hoy quiero escribir sobre el arcipreste de Hita, quien en la ciudad apenas tiene un colegio y una calle, nada más, ni siquiera tiene gran publicidad en esos programas turísticos que se planean, apenas ocupa entre tres líneas escritas o ninguna. Curioso, porque además, en octubre se realiza un mercado cervantino en honor a Miguel de Cervantes que está ambientado en una época que no vivió Cervantes, la medieval, cuando, si se insiste en la idea de ese mercado medieval, sería lógico y loable que se le dedicase al arcipreste de Hita, por coherencia cronológica y pertenencia a la ciudad, y a Cervantes se le idee otra cosa.

Como todas las biografías de Juan Ruiz dicen, poco se sabe de él. Firmada por él sólo hay una obra, el Libro de Buen Amor, si hay otras, no las firmó. En ella escribió ser de Alcalá, al ser arcipreste y estar en Alcalá de Henares una de las sedes del arzobispado de Toledo, se cree que se refiere a esta ciudad de Alcalá de Henares. Pero además, de lo poco que nos ha llegado de su biografía, sabemos que sus peleas con otras autoridades religiosas y que su participación en determinadas puestas en práctica o en elaboración de determinadas leyes también tienen por fuerza a esta ciudad por epicentro. Además, Hita es una población cercana a Alcalá  y aquellos lugares hasta donde se alargaba su autoridad eclesial y judicial. Más aún, a lo largo de su libro se llega a mencionar las riberas del Henares, que obviamente pasa por Alcalá de Henares, y las sitúa en un ambiente de amor pastoril, lo que era muy común en la poética Plena y Bajo medieval hasta empalmar incluso con parte de la poética del siglo XVI. Aún más, el recorrido del protagonista del libro, del que no se sabe si es autobiográfico o con algunas partes de inspiración autobiográfica, pasa por tierras de Madrid y de Guadalajara. Casi todos los biógrafos y filólogos coinciden en que Juan Ruiz es natural de Alcalá de Henares, aunque desde Jaén también lo reclaman para sí los de Alcalá la Real, por la analogía de los rasgos biográficos del arcipreste con los de Juan Ruiz de Cisneros, un hijo bastardo de un noble, señor de Cisneros, natural de allí. 

Juan Ruiz escribió el Libro de Buen Amor en 1330, pero lo rehizo y volvió a publicar en 1343, si bien algunas estrofas, no muchas, se han perdido por causas desconocidas. Él había nacido en 1283, no se sabe si estudió en Toledo, en los estudios generales de Alcalá de Henares o quizá en la propia Hita. La cosa es que escribió el libro por primera vez cuando tenía 47 años, más o menos. Esa primera edición parece ser que era más picara y más eróticamente divertida. He aquí otro problema. Mayoritariamente se piensa que estos poemas encadenados los escribió como entretenimiento mientras estaba en la cárcel. Otros piensan por contra que fue precisamente la primera edición del libro la que le llevó a la cárcel. Si nos ceñimos a la corriente de opinión mayoritaria tenemos un paralelismo entre Juan Ruiz y Cervantes, escritores de presidio de relevancia universal. La autoridad religiosa del arcipreste de Hita, por tanto judicial y recaudatoria también, así como de influencia política en la época, había entrado en conflicto con la autoridad del arzobispo de Toledo Gil de Albornoz, otro de los personajes que en el siglo XIV marcó a la historia de Alcalá de Henares. Como mínimo el arcipreste y el arzobispo debieron protagonizar alguno de sus enfrentamientos en el palacio arzobispal alcalaíno. El arcipreste de Hita incluso llegó a ser desposeído del arciprestazgo. En la introducción que hace en los primeros versos del libro, Juan Ruiz advoca a la Virgen María para que le proteja aludiendo a gente falsa que conspiró contra él, como si se le hubiera hecho un gran mal que le llevó a prisión (si bien hay quien cree que se trata de una prisión metafísica). En esos versos habla de una gran injusticia contra su persona, a pesar de ser él, dice, pecador arrepentido.

La edición de 1330, también se ha especulado con ello, pudiera aludir a una dama de la alta nobleza, o de cierta importancia al menos, que era reconocible por la gente con poder, lo que pudo ser otro motivo de conflicto en la vida del autor y de remiendo de la obra. Juan Ruiz escribió que quien quisiera ampliar o remendar su libro que lo hiciera, aunque no parece que esto ocurriera, no al menos en cuanto a ampliarla, dicen los filólogos, pero aquella primera versión sí que vio su rápida retirada de su distribución, sin que nos haya llegado el porqué. Sus problemas con el arzobispo y la posible alusión a una alta dama pudiera tener la clave. También es verdad que el extenso libro de poemas encadenados pertenecía a la tradición de la poesía culta del mester de clerecía, usando referencias en latín, citas de libros sagrados y no sagrados, invocaciones a la Virgen, versos en cuaderna vía, etcétera. Pero también tenía algo de la poesía goliardesca, o sea, de sátira social y política, y del mester de juglaría, que era el cancionero y poemario propios de la cultura popular, menos refinado, menos cultista y menos sutil que el mester de clerecía. Los versos endecasílabos o los octosílabos se combinan sin problema con las tipologías más intelectuales. Hay un ritmo de rima como de canción popular que se ajusta a poder ser cantado por los pueblos. El arcipreste es una rareza en su época, pues por su posición social y cultural no le corresponde componer con recursos de juglar, pero lo hace. No sólo eso, conoce el mundo del amor y del sexo extremadamente bien. ¿Tuvo un pasado sexual agitado? No era necesario, en aquellas épocas los escándalos sexuales de los religiosos eran tan habituales que no eran tan escandalosos, pero eran suficientes para agitar las iras y los movimientos políticos en contra cuando convenía utilizarlos.

En 1343 saca su versión definitiva, con 60 años. Le añadió fundamentalmente las partes que corresponden más a las llamadas a la Virgen invocando su perdón y protección, las partes que tienden a explicar que no se ensalza el pecado, sino que se muestra lo incorrecto para llevar al lector por el buen camino, y, en fin, casi todas las partes que rebajan el elevado tono erótico festivo a un tono que pretende decirle al lector que ese es un libro ejemplarizante, mostrando lo erróneo, para llevar al buen camino. A nadie se le escapa que el efecto del libro sigue siendo, aún hoy día, el contrario. En la Edad Media tenía unas connotaciones, hoy, con la revolución sexual del siglo XX, nos resulta gratamente divertido y aleccionador para los no iniciados en los asuntos del amor. 

La verdad es que resulta llamativo el enorme conocimiento del arcipreste en todo tipo de relaciones netamente sexuales o mezcladas con enamoramiento, tanto fracasadas como acertadas. Los comportamientos que describe siguen siendo los mismos entre mujeres y hombres incluso hoy día. Si bien ya no necesitamos de trotaconventos (alcahuetas al estilo de la posterior novela La Celestina que se escribiría en el siglo XV) todas las dudas de ellas, también todos sus deseos, negativas y afirmativas, y todas las de ellos, son una perfecta descripción psicológica y sociológica tanto del mundo iniciatico en lo sexual de los adolescentes, como del mundo sexual de los adultos, depende de la parte del libro que se lea. Sigmund Freud debería haberse leído este libro entre finales del XIX y principios del XX, se hubiera sorprendido mucho de ver algunas de sus ideas ya en el siglo XIV castellano. 

Una de las partes del Libro de Buen Amor más logradas y reconocidas es la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma. Es un acierto la humanización de los alimentos en aquella batalla. Tiene  unos juegos metafóricos muy interesantes. Desde luego lo puede ilustrar a la perfección el cuadro que pintó Brueghel el Viejo en 1559, ¿quién sabe si conociendo el pasaje del libro? Las fábulas de los animales humanizados para ilustrar los consejos es otro de los recursos más populares, muchas de las que aquí salen se han hecho altamente conocidas. El libro nos sirve también para sacar datos de Historia y de sociología. Así las serranas nos ilustran perfectamente el origen del apellido, sobre todo en relación a otro apellido López. Así es, mi propio apellido compuesto tiene por origen la serranía de Ciudad Real en tiempos remotos, los López-Serrano, el arcipreste nos ilustra muy bien cómo pudo surgir. Todo es muy divertido, aunque siempre que tengamos en mente no sólo las claves sexuales actuales sino también sobre todo las propias del siglo XIV, pues eso aumentará su entendimiento y el sentido del humor. Este en su época debió ser un libro muy altamente picante, entre lo erótico y lo pornográfico, aunque hoy día sólo tenga mucho de lo primero, y poco pero contundente de lo segundo.

Es de destacar también una de sus partes finales, la dedicada a la muerte igualadora de todos los seres y a todas las personas en el episodio en el que muere Trotaconventos, anticipo también de la obra de Manrique un siglo después.

Y con esto cierro por hoy, remitiéndome a esa parte donde Juan Ruiz nos habla de su preferencia por las mujeres de baja estatura. Creo que es un poema muy original incluso hoy dentro de los poemas de amor que se han escrito. Muchos de los poetas amorosos hablan casi siempre de mujeres ideales, pero Juan Ruiz habla sinceramente que él prefiere a su ideal, la mujer pequeña, que no corresponde al ideal general (pues describe cuál es en su época en otras partes del libro). Cierto que alaba a las mujeres pequeñas con cierto sentido del humor entre malicioso y adorador de ellas. A mí, sinceramente, me parece estupendo esta manifestación de amor a las mujeres pequeñas. Yo si tuviera que hacer alguna lo haría a las espaldas, ya sabéis. Pues cierro así, dedicándole estos versos de Juan Ruiz a todas las mujeres pequeñas con amor.

Saludos y que la cerveza os acompañe.