domingo, marzo 08, 2015

NOTICIA 1458ª DESDE EL BAR: LOS GRUÑICAS

 
"Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay otras montañas por escalar". Así comienza marzo mi calendario con una frase de Nelson Mandela.

Con este mes de marzo comienza el año electoral con más elecciones que se recuerda en mucho tiempo. Este mes Andalucia celebra sus autonomicas y municipales, en mayo serán las autonómicas y municipales del resto de España, salvo de Cataluña, Galicia y País Vasco, en septiembre serán las autonómicas y municipales de Cataluña, y en noviembre serán las generales. Galicia y Pais Vasco siguen su calendario normal sin alterar, en esas comunidades se preveen sus propias elecciones en 2016, al menos que ocurran sorpresas y alguno de sus presidentes autonómicos decidan adelantar como los andaluces, cosa que en principio no parece que vaya a ocurrir. Pero mientras el panorama político español está tan rebosante de esta extraña vitalidad que les da ir de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo proclamando sus ideas o sus ocurrencias, el ciudadano de a pie sigue en un país con una tasa de paro muy alta y con unas ofertas de trabajo y unos contratos que cada vez ofrecen peores condiciones de vida y de estabilidad a los que firman para trabajar. Hace una semana, he de reconocerlo, recibí mi primera llamada para una entrevista de trabajo en dos años de paro sin parar de buscar trabajo. No estuvo mal, no creo que me llamen para trabajar, tengo serias dudas de que lo hagan, pero sirvió para desentumecerme tras estos dos años de paro sin entrevistas de trabajo, al que hay que sumarle el año que previamente pasé trabajando en la Filmoteca Española. 

Conozco a alguna persona que no busca trabajo, que se pasa los días quejándose de su mala suerte, viendo televisión, echando siempre las culpas de cualquier aspecto de su vida a los demás, jamás haciéndose autocrítica ni mucho menos haciendo algo por sí mismo, incluso si hace algo por los demás espera que sea siempre en beneficio propio de alguna manera, pues todos deben rendirle algún tipo de caso en todo lo que diga o haga. Quien cree que es el bueno, es en realidad el malo, por así decirlo en un lenguaje simple y pueril. Incluso cuando lee que otros encuentran trabajo o que reciben ayudas económicas institucionales o préstamos familiares que luego devolverán, lo lee con cierto resentimiento, lee para dañar al otro, y quien lee para dañar al otro es hijo de mil padres de lecturas, pues se obceca y obsesiona tanto con el otro, siempre comparándolo consigo mismo como una suerte de mala fortuna y oscuras cuestiones conspirando contra él, que hace tantas lecturas de una misma lectura que tiene la mente confusa, demasiado confusa para mal de quien pueda rodearle. Por supuesto hablo de una persona genérica, de nadie concreto, aunque podría pensar en alguien concreto y concretar y ajustar el caso. Quien más, quien menos, todos conocemos a alguien así. Este tipo de persona es la persona que en buena parte los más conservadores del país han transformado en su discurso actual en la persona tipo medio de desempleado, alguien que no hace nada por sí y espera que todo le sea dado. Da igual de qué partido conservador o de derechas en concreto sea quien usa de este argumento, en general lo hacen las personas más conservadoras, que no todas las personas conservadoras. No necesariamente lo hacen los políticos, lo hacen mucho la gente normal de la calle con estas ideas. Hasta hace poco algunos discursos políticos apuntaban como culpables del paro a estas personas, generalizando como si ellos fueran todos los parados, cuando en realidad son los mínimos y, de los que lo son realmente, lo son en muchos casos porque se ven afectados psicológicamente por un estado de necesidad demasiado prolongado en el tiempo, un estado de necesidad que les ha hecho primero verse como víctimas totales e individualizadas de una forma paranoide. Creen que son ellos solos y nadie más, todo conspira contra ellos. Creen que son infravalorados, cuando con su forma de vivir la vida son ellos mismos quienes se infravaloran a sí mismos, creyendo en las actitudes de los demás y en las frases de los demás un constante ataque a su persona. Este tipo de persona son los mínimos. Se equivocan aquellas personas que con interés político les echan la culpa de los males de país y generalizan con ellos a todos los parados, especialmente a los de larga duración. Pero estas personas existen. Han desarrollado algún tipo de enfermedad mental psicológica que probablemente tenga su mejor medicina en recuperar la autoconfianza en sí mismos. Su curación se podría lograr con autoestima incluso dentro del desempleo. Es difícil, porque muchas de estas personas realmente reflejan lo que ellos mismos piensan en lo que piensan que piensan los demás. Es por ello que muchos probablemente recuperen la autoestima cuando alguien les vuelva a dar un empleo donde poco a poco noten que se confía en ellos, cosa difícil también, porque su forma de ser hace difícil la convivencia con ellos, incluso en los ámbitos laborales, donde un contrato nos ata a trabajar estando con personas que en otras circunstancias no estaríamos. De este modo estas personas, que no son todos los parados y que son los mínimos, han desarrollado una enfermedad que va paralela con la enfermedad que ha desarrollado el país de los unos y de los otros y la falta de empleo.

Saludos y que la cerveza os acompañe.