viernes, febrero 10, 2023

NOTICIA 2198ª DESDE EL BAR: REFLEXIONES DE DANIEL L.-SERRANO "CANICHU" SOBRE TENDENCIAS HISTORIOGRÁFICAS ACTUALES (2 de 4)

 Siguiendo las reflexiones que realicé en 2004 para terminar la Licenciatura de Historia marqué una línea de reflexión en torno al retorno y la renovación de la Historia política e institucional, poniendo en el foco a los individuos y a la gente de las sociedades comunes. El asunto del individuo y la masa en la Historia actual venía muy directamente derivado del poder diferenciar revuelta, rebelión y revolución, cosa que ya se había hecho por historiadores de prestigio en las décadas de 1960 y 1970, pero además consistía en poder colocar a la gente común y sus formas de vida y pensamientos, sus sucesos cotidianos, en el centro de los cambios y evoluciones de los acontecimientos históricos, por más que las instituciones de gobierno tuvieran un papel relevante. Es cuestión de determinar que parte tiene más peso en el devenir de los hechos. 

Tampoco era una de las mayores novedades, la propia historiografía anarquista y socialista en general ya trataba de ello desde hacía un siglo, pero especialmente desde mediado el siglo XX, y más desde la revolución cultural que supuso todo lo ocurrido el año 1968. Pensemos que 2004 estaba tan cerca del cambio brusco de los acontecimientos históricos con los atentados de Nueva York de 2001, y en el caso español en marzo de aquel 2004 se había producido los atentados en los trenes de Madrid (recordemos que estas reflexiones fueron escritas en mayo), que estas reflexiones se enmarcaban en la importancia de la individualidad y los pensamientos de masa más allá de la influencia de los grandes gobiernos en las gentes. Pero sería mirar cortamente si solo se tiene en cuenta eso. Desde el final de la Guerra Fría en 1991 y sobre todo con las protestas globales contra una política neoliberal (capitalismo) que se demostraba cada vez más salvaje atacando derechos sociales, laborales, democráticos, culturales y ecológicos, se llegaba ahora a todas las políticas posteriores al 11 de septiembre de 2001 que supeditaban las libertades a una falsa promesa de seguridad, a la vez que era una falsa dicotomía. Todo ello quedó demostrado falso, pues al entregarse a un dejar hacer libremente al neoliberalismo se llegó a la Gran Recesión de 2008, lo que a través de sus consecuencias se volvió a un regreso al protagonismo de los individualismos y las masas con las revueltas y revoluciones democráticas que se dieron en Europa, América y Asia en 2011, atacados hoy día todos estos nuevos pensamientos renacidos al llamarlos indiferentemente "populismos" por parte principalmente de los neoliberales, pero no solo por ellos. Tanto es así que el ciclo abierto en 2011 fue respondido a partir de 2015 hasta la fecha actual por una contra reacción de ultraderecha y/o ultraconservadora, en parte alimentada porque las aspiraciones de las sociedades democráticas del ciclo abierto en 2011 no fueron satisfechas en su mayor parte, ni en sus partes más importantes, por quienes tenían los poderes y los medios.

Revolución norteamericana, francesa, el movimiento comunero español, diversas revueltas en la Rusia del siglo XVII-XVIII... La reflexión giró en torno a la revuelta, la rebelión y la revolución en la Edad Moderna, lo que es un proceso previo a la Edad Contemporánea en mundos aparentemente diferentes, mucho más si hablamos de la Historia Actual. Pero no son tan diferentes en sus grandes planos, nos sirven para comprendernos incluso hoy día tal como somos. Se trataba de entender y hacer entender la relación entre la macro Historia y la micro Historia. La una y la otra son imposibles de separar entre sí. Se necesitan mutuamente para darse y para entenderse.   

Al poner el foco en 2004 en las revoluciones norteamericana y francesa se reflexionaba igualmente de los acontecimientos actuales de aquel 2004, y hoy día de los de este 2023. La cuestión es que la Historia no es "contar cuentos", es ayudarnos a comprender procesos y poder analizarlos y comprenderlos.

Para consultar la primera parte: Noticia 2197ª.

 

Tendencias en la Historia política e institucional de la Edad Moderna.

            La historia política normalmente esta asociada a la historia relato. Además suele tratar de grandes hechos, grandes hombres e instituciones. Sólo desde la revolución historiográfica  a la que se refirió Stone y Hobsbawn se ha ampliado el concepto de historia política. La historia política empieza a reconocer que tiene muchos más protagonistas y campos de acción que los meramente famosos. Aunque no son desdeñables los nombres y sucesos más conocidos, como parecía querer hacer Stone al mandarlos a un segundo plano. Para poder comprender los procesos políticos hay que conocer bien lo que ocurría en cada época, lo que nos lleva a emparentar a la historia política con la historia social. Esta idea ya la había citado en modo diferente más arriba. Como dice Javier Gil Pujol, en sus actas publicadas en A Historia a Debate, la historia política se entremezcla con la social y la cultural.

             Él crea una división de cuatro campos donde la historia política actual se suele centrar más: 

1.- La historia de la familia. 

2.- La historia política desde abajo.

3.- La política a través de canales informales. 

4.- Las revisiones de las Revoluciones Francesa e Inglesa.

             La historia de la familia, desde lo político, interesa por su forma de organizarse, ya que dará unas estructuras mentales propias de la época, reflejo de la sociedad, a la par que las familias forman la sociedad al estar compuesta de individuos (que son los átomos de la estructura social). El derecho común de la economía, la jurisdicción, la administración, etc., afecta a la familia y dan formas ya de por sí políticas, pues es la familia en conjunto la que tiene relación con las leyes. Además, más importante, la familia es el núcleo socializador del individuo. Esto también es afirmado por Pedro Luís Lorenzo Cadarso, en su acta publicada en En Torno a las Comunidades de Castilla, para él, ese núcleo socializador es transmisor de mentalidades y solidaridades. Se le unirían las redes clientelares, las organizaciones preexistentes, como los gremios y concejos, las ligas y comunidades juramentadas, las hermandades y los comportamientos de acción colectivos. Todo este transmisor de mentalidades enlazaría con el punto dos de Javier Gil: la historia política desde abajo. Esta historia es la que crean todas las personas cuyos nombres desconocemos hoy día en su gran mayoría. Y lo hacen por medio de las asociaciones que cita Cadarso. Son todos aquellos que no han llegado a ser grandes nombres en la Historia los que crean la Historia, con sus posturas, sus decisiones, su hacer diario, su pensamiento, etc. Su actitud puede configurar una marcha social, y por tanto política, apacible, como pueden provocar revueltas y rebeliones. Según algunos psicólogos, en tiempos de crisis las personas son más propensas a actuar, llevados por cierta idea de tener una oportunidad para cambiar los designios de su vida guiada por decisiones tomadas por un orden social jerárquico determinado. Cadarso confirmaría esto afirmando que si el marco político existente es débil, las masas populares intervendrán más fácilmente. Pero eso se haría si los recursos económicos no son suficientes, si hay homogeneidad en los grupos sociales que intervengan, si preexisten instituciones o grupos previos a la acción, si hay solidaridad en las formas sociales que actúen y si hay un repertorio táctico para actuar. Sin embargo, Cadarso siempre tiende a movilizaciones de tipo conservador, como si las masas en sí tendiesen siempre a la conservación en su estatus, como garantía de bienestar. Eso haría que las grandes revoluciones fueran iniciativas de gente particular no perteneciente a las masas, gente destacada como los ilustrados, por ejemplo. No me parece eso real. Por otra parte, las masas participaron de rebeliones y revoluciones, y no precisamente para mantener su estatus, que por otra parte no parecía darles un bienestar.

             A esto último citado, Cadarso habla de la existencia de varias actitudes por las que se llega a actuar: fatalismo (no se puede hacer nada), moralismo (que guían unos líderes autoritarios), tradicionalismo (que es lo que crea memoria histórica y por lo que parece, según él, que se mueve el pueblo), radicalismo (que termina en un extremismo de los grupos que se mueven por conservar la tradición, originando una revolución) y misticismo (se mueven creyéndose elegidos de Dios, o siguiendo a un elegido de Dios). Aún más, Andrés-Gallego cita a Freud y a Ortega y Gasset en sus obras sobre las masas y la psicología social, apoyando en cierto modo lo dicho. Pero los cita mal. Cuando menos a Freud. Dice Andrés-Gallego que las mentalidades se transmiten en los núcleos básicos dichos, en torno a las actitudes mentales antes mencionadas. Si una mentalidad es mala toda la acción se derivaría mal. Pero esto no es así. Freud no dice tal cosa. Para Freud no existe bueno o malo. Esas apreciaciones son valores dados desde unos conocimientos aprendidos en la infancia de modo pulsional. Son pulsiones. El ser humano y sus actos no son buenos ni malos, eso es algo cultural. Por lo que una mentalidad no puede ser mala, ni las acciones derivadas de ellas tampoco. Tampoco son buenas. Otra cosa diferente es el valor cultural que nosotros le hayamos dado o que nos sugiera como pulsión. Las mentalidades, por otra parte, es cierto que se pueden crear en grupos, que existe una psicología individual y otra social. Pero ello se deriva de una exacerbación de pulsiones reprimidas, al ser consideradas como rechazables por la cultura. En los grupos estas pulsiones salen a flote. Se es capaz de hacer cosas que individualmente no se harían. Además existe un efecto de contagio dentro de las masas, así como de deseo de seguir a un líder que se lega a idolatrar en cierto modo. Pero estos efectos de las masas tampoco tienen por que ser de tipo negativo-destructivo-violento, también originan el desarrollo del idioma, de la cultura, de las relaciones...

             Volviendo al hilo de lo que contábamos acerca de la teoría de Gil Pujol, el tercer punto era la política a través de canales informales. En la edad Moderna, hoy día también (la corrupción da para mucho), era habitual que las relaciones políticas no tuvieran porqué seguir unos cauces oficiales. Existía el derecho consuetudinario al margen de los jueces, así como la justicia impartida por los señores a sus vasallos, además tenía un papel importante en la toma de decisiones políticas los favores personales, las relaciones de tipo clientelar, el patronazgo, los clanes, etcétera. Situaciones que, sin duda, escaparían a un investigador cuyas principales fuentes fuesen las estrictamente jurídicas e institucionales. En esto juega también un papel importante las identidades culturales, que Cadarso cita de la siguiente manera: 

-Igualdad originaria, en el sentido bíblico, lo que hacía que el pueblo llano viera mal a los nuevos nobles que adquirían privilegios cuando antes no los tenían. 

-Antisemitismo, representado en España en la limpieza de sangre, factor que funcionaría también en la nobleza, que no quiere mezclar su sangre con el pueblo bajo. 

-Solidaridad vecinal o sentimiento de comunidad aldeana. 

-Solidaridad familiar y clientelar. 

-Solidaridad profesional. 

-Mitificación de la Monarquía y su papel de contacto directo con el pueblo y no mediante señores, como ocurre en la edad Moderna. 

-Respeto a la tradición. 

-Valorización de los símbolos. 

-Creencias religiosas. 

-Y la cultura popular representada en el folclore, el idioma, el teatro, etcétera.

             El último punto de Javier Gil es el del revisionismo de las Revoluciones Inglesa y Francesa. Estas ya no se verían como conjunto de hechos y personajes importantes. Ahora se intentaría investigar su proceso. Para ello se recurre a investigaciones de tipo social y algo antropológicos de toda su sociedad, ya que es la sociedad en su conjunto quien protagonizó los hechos, y no sólo los personajes más relevantes. Es por ello que ahora interesaría investigar sobre las mentalidades colectivas. En ese sentido destaca el libro Revoluciones y Rebeliones de la Europa Moderna,  cuyos autores son Smit, Stone, Elliot, Mousnier y Raeff. Es un conjunto de intervenciones en una universidad norteamericana en 1968. La novedad del libro es hablar acerca de las precondicones sociales previas a las revoluciones ocurridas durante la Edad Moderna en los Países Bajos, Inglaterra, Francia, España-Italia y Rusia. No habla de las grandes figuras ni explica los grandes hechos a modo de grandes batallas. Trata de hacer comprender la situación económica, moral, religiosa, social en general, que imperaba en los ambientes de las clases subalternas para que se diesen aquellos episodios. Además, distinguen entre lo que es una revolución, una rebelión y una revuelta, haciendo con ello lo que decía Andrés-Gallego acerca de dejar claras unas bases sobre las que hablar y exponer la historia. Así por ejemplo, en Inglaterra se entremezclan causas religiosas con causas de propiedad de la tierra y representación política de los nuevos propietarios, según Stone. En Francia, sería lo religioso mezclado con las hambrunas por malas cosechas. En Rusia sería el misticismo y el descontento por la subida de impuestos. En los Países Bajos habría descontento entre los nuevos ricos acerca de no tener representación política, tampoco. Y en España-Italia las malas cosechas se mezclan con la indeseabilidad de ser gobernados de manera centralizada, por lo que de impuestos pueda suponer, así como de pérdida de poder de los nobles del lugar (lo que afectaba a los lazos clientelares).

             François-Xavier Guerra viene a confirmar esta tendencia historiográfica de la política como algo más allá de los análisis de grandes hechos y grandes acontecimientos. La historia política debería enfocarse de modo que nos permita entender las relaciones, estructuras y mecanismos sociales. Además, en cierta consonancia con Stone, alude a que las formas de investigación de tipo puramente económico (ya sea marxista o malthusiano) se han demostrado ineficaces por sí solas. Tras las revueltas, rebeliones y revoluciones de 1968, se habría tenido un ejemplo vivo de que los argumentos de lucha de clases, las diferencias económicas, y otras de este tipo, no eran tan importantes en la protesta como el idealismo. Eran las ideas, y por tanto el ambiente de las mentalidades donde se desarrollaron lo que debía cobrar importancia. Los grupos sociales en política no se podían entender como grupos socioeconómicos. Las ideas transvasaban los límites socioeconómicos. Se había visto como jóvenes de clase media alta eran, con frecuencia, los que enarbolaban la protesta y no tanto así los jóvenes de clase baja. En cierto modo es darle parte de razón a Cadarso acerca de los instintos de conservación tradicional de un estatus, mas yo creo que, en lugar de eso, se trata de una mentalidad de masa basada en la sumisión a la autoridad por cuestiones pulsionales, como dijo Freud y Milgram, sólo superables ante un reconocimiento del yo y un aumento de los conocimientos.

             En general, según Guerra, se ha primado la historia política de los grandes hechos y personajes, pese a que los historiadores hayan tendido a ampliarla a lo social. Cosa que creo cierta. Al primarse ese tipo de historia, donde no es el individuo el protagonista sino abstracciones del conjunto de individuos (a disgusto, quizá, de Hobsbawn), se encuentra uno el problema ya citado acerca de que un individuo no tiene porqué corresponder de una manera exacta y cerrada a una categoría sin más. Incluso puede entremezclarse con formas dadas a otras categorías. Además puede haber diferentes orígenes culturales en una misma categoría. Como el ejemplo que da de la cultura que tiene un obrero de fábrica venido de ambientes obreros igualmente fabriles, y de un obrero de fábrica venido de ambientes rurales. Parece, entonces, que se impone la historia individual por encima de la colectiva, pero se constata que los individuos organizados en, o dentro de, una estructura estos crean lazos de unión entre sí, lo que también se ha dicho ya antes siguiendo a Cadarso y Freud. Así que podría llegar a hablarse de grupos sociales, por más que estos puedan ser heterogéneos en su composición.

             Por otra parte, para él, es preferible estudiar fenómenos de microhistoria para entender la macrohistoria, ya que esta última resultaría inabarcable. Los fenómenos microhistóricos serían más fáciles de estudiar y pueden servir, en su conjunto, para entender los grandes fenómenos históricos, los cuales serían tratados en generalidad. El estudio de los actores primarios (los protagonistas de la historia) es lo fundamental en esa forma de hacer historia, y con ellos el marco que les rodea en su vida y las relaciones que establece con otros protagonistas dentro de ese marco. Sería la relación entre individuos, los comportamientos sociales, las que crean una serie de hechos que son los hechos históricos, en definitiva: la historia. Se puede englobar a los individuos en diversas categorías, pero estas sólo han de ser generalidades que faciliten la tarea de los historiadores en el momento de crear las líneas generales de la historia. Las categorías deberían ser analizadas en su profundidad y complejidad, y eso es ya microhistoria. En definitiva, Guerra propone una forma de hacer historia que no esté cerrada en determinados prejuicios y categorías, donde se vaya del átomo que es el individuo, a las relaciones de este con otros en diversos grupos humanos (familia, trabajo, etcétera), a las identidades de esos grupos (estamentos, clase social, profesión, nacionalidad, sindicato, etcétera) y de ahí a una historia global, que no dejará de ser general, pero basada en todo lo analizado minuciosamente en la microhistoria. 

miércoles, febrero 08, 2023

NOTICIA 2197ª DESDE EL BAR: REFLEXIONES DE DANIEL L.-SERRANO "CANICHU" SOBRE TENDENCIAS HISTORIOGRÁFICAS ACTUALES (1 de 4)

Ya hemos visto los análisis que hice en mayo de 2003 durante mi cuarto curso de la Licenciatura de Historia sobre los métodos y técnicas historiográficos en las Noticia 2194ª, Noticia 2195ª y Noticia 2196ª, con motivo por entonces de un trabajo de reflexión para esa parte de mi formación como historiador. Cuando los expuse en Noticias de un espía en el bar reflexionaba en los encabezamientos a cada parte que os entregaba que respondía así a todas aquellas personas que suelen decir que estudiar Historia es como contar cuentos. La Historia es mucho más complejo. Comentaba además que podían ser anotaciones tal vez útiles al actual estudiante de Historia, a otros historiadores y a toda persona interesada. Aunque aquellas reflexiones eran de 2003, veinte años más tarde estaban en parte vigentes como debate y que mis propias conclusiones de estudiante de aquella época anticipaban un debate que hoy día está muy vigente sobre las nuevas formas de narrar Historia a través de los productos de entretenimiento de la actual cultura del entretenimiento, ya sea en videojuegos, películas, series, cómic y otros productos. 

Hoy quiero continuar esta senda con un pensamiento propio más depurado ya de mayo de 2004, durante el final de mi licenciatura de Historia en quinto curso (no repetí ni suspendí nada, y la acabé en junio, aunque luego entré en los cursos de docencia de tercera etapa, antiguamente llamada de tesina, durante 2005). Tuve que realizar una reflexión personal sobre las tendencias historiográficas actuales. No olvidemos que aunque en la Universidad de Alcalá de Henares no existía ya la especialización, uno se podía especializar orientando su carrera eligiendo todas las opciones o la máxima de ellas en un rumbo y yo lo hice en Historia Contemporánea y Actual, haciendo hincapié en la actual, incluso en lo filosófico y lo cultural. Se entendía Historia actual desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en adelante (hablando en burdo, pues en realidad es ineludible todo el siglo XX para tratarla), y como se puede entender no solo sería cuestión de historiador, sino que también te formaba esto como analista de la actualidad, cosa que muchos medios de comunicación y otros posibles trabajos nunca tienen en cuenta en España a la hora de recibir currículos de historiadores, y subrayo: en España. 

Como sea, estas reflexiones que hice en la primavera de 2004 para ir finalizando mi licenciatura y obtenerla pueden estar vigentes hoy día como reflexiones a la hora de afrontar y comprender la Historia a la hora de recibirla y de analizarla. Se puede completar con alguna de las cosas que escribí en la entrega anterior. Sin duda alguna, veinte años después, yo mismo reflexiono sobre mis reflexiones y me matizaría a mí mismo, incluso en alguna cosa ampliaría, incluiría algo o incluso cambiaría algún punto de vista ligeramente, porque lo que ahora tenemos en 2023 ha cambiado en cierto modo un poco lo que teníamos en 2004 e influenciaba en ese momento. La tecnología es un elemento clave, por ejemplo. Ahora mismo creo que arqueología, tecnología informativa, tecnología espacial, e incluso paradigmas de la comunicación actual, fuerzan a ampliar estas reflexiones y ampliar el conocimiento de las tendencias historiográficas actuales para poder seguir creando un conocimiento y el relato más apropiado de la Historia acorde a ese.

Creo que algún lector lego en la Historia como ciencia podrá encontrar en el siguiente serial en cuatro entregas un debate interesante que le hará pensar, reflexionar y comprender que la Historia es algo más que "contar cuentos". Puede que le ayude incluso para formar mejor su propia forma de reflexionar sobre cómo recibe la información que le llega cada día.

 

TENDENCIAS HISTORIOGRÁFICAS ACTUALES: EL RETORNO Y LA RENOVACIÓN DE LA HISTORIA POLÍTICA E INSTITUCIONAL. REFLEXIONES DE DANIEL L.-SERRANO

Tendencias, 1970-2000.

             En estos últimos treinta años las tendencias historiográficas han vivido un momento de eclosión de multitud de enfoques diferentes a la vez, sin que uno predomine sobre otro. Tal fenómeno ya es notado tempranamente por el historiador Lawrence Stone en su artículo "The Revival of Narrative: Reflections on a New Old History", en la revista Past and Present, nº 85, en 1979. Su artículo pretende exponer qué tendencias habían predominado hasta entonces, mostrando sus ineficiencias, a favor de exponer lo que él considera la nueva orientación de los historiadores (esto es, una revalorización de la narración y la microhistoria). Según él, existirían en el siglo XX tres tendencias preponderantes en las tendencias historiográficas, previas al retorno a la narración (retorno que él llama Vieja Nueva Historia -New Old History-). Las tendencias que cita serían: el modelo económico marxista, que habría quedado obsoleto al demostrarse con el tiempo que el determinismo socioeconómico no es tan vital ni exacto en los procesos históricos [en los años sesenta las revueltas juveniles, por ejemplo, tenían un fuerte componente idealista más que ideológico económico]; el modelo ecológico-demográfico francés, lo que sería la Eccole dels Annals, preocupado fundamentalmente por las estructuras de larga duración en el tiempo, así como la evolución demográfica y alimenticia de cada época, lo que terminó siendo una historia de lo que se podía cuantificar; y el modelo cliométrico, de origen norteamericano y cuya única preocupación es la cuantificación como único medio de crear historia científica. Este último método ha quedado desechado por su gran complejidad, costo y escaso rendimiento final. 

            Las ineficacias y fracasos parciales de estos tres métodos habrían llevado en los años sesenta a un paulatino retorno a escribir la historia como una narración, como un relato, pese a correr el riesgo de ser acusada tal historia de no científica. Sin embargo, esta historia sería la única capaz de analizar procesos de larga duración que sí explicarían todo aquello que la cuantificación no puede, como las mentalidades. Por ello, tratan de lo cultural, lo religioso, lo tradicional, etcétera. Además, comprendiendo que no se puede hacer extensible a todos los lugares una misma forma de pensar y sentir, se ciñe a lugares concretos. La suma de esos lugares concretos sería lo que haría posible una puesta en común, siempre compleja, que permitiría crear unas líneas generales. Así pues, el relato y la microhistoria se impondrían como explicación a los procesos macrohistóricos. Serían los modelos de comportamiento lo que explicaría los procesos históricos. Por ello cobrarían interés los testimonios directos de la gente desconocida, normalmente encontrados en documentos jurídicos. Pero la elección de la microhistoria se hace fundamental, ya que ha de ser algo que pueda ser ejemplo y extensible a la generalidad de la explicación de la macrohistoria. De otro modo se estarían explicando nimiedades, o "chismes".

 La Vieja Nueva Historia se diferenciaría científicamente de la Vieja Historia hecha con relatos usando de ciertas técnicas consideradas científicas. Estas son: preocupación por los sentimientos y pensamientos de los desconocidos y no de los poderosos. Combinación de descripciones y análisis (y no sólo de descripciones como la vieja historia de la descripción, o sólo de análisis como los métodos de historia anteriores, llamados científicos). Uso de nuevas fuentes documentales, como las actas judiciales, sobre todo haciendo hincapié en los testimonios de testigos. El uso de la antropología y del intento de entrar en el subconsciente (a decir mejor, siguiendo una buena traducción de Freud, sería en el inconsciente, ya que este es aquello que compone nuestra mentalidad pero que lo hemos retraído sin saber que está ahí, mientras que el subconsciente sí sabemos de su existencia pero lo tratamos de ocultar o no sacar afuera. El inconsciente es el que sale por medio de sueños, formas de hablar o comportarse, lapsus, etc., que, supongo, es lo que Stone quiere decir que se investiga en esos documentos). Y por último, se trata de lo que ocurre a una sociedad entera, no a una persona, momento o proceso.

 Lawrence Stone fue respondido por otro historiador prestigioso, que el mismo Stone en su artículo consideraba dentro de esa New Old History. Este era Eric J. H. Hobsbawn, el cual también escribió en la revista Past and Present, pero en el nº 86, en 1980. Su artículo se llamaba: "The Revival of Narrative: some Comments". Él también afirma que existe un cambio en la historiografía a partir de los 1960's, pero sobre todo desde los 1970's. Sin embargo, para él, lo que ha cambiado no son los intereses historiográficos, sino los métodos para analizar la historia. Sería cierto que se habría abandonado un tanto los sistemas analíticos y cuantitativos, pero no porque los temas que estos estudian ya no interesen, sino porque se creería que se acercan mejor a ellos usando lo que Stone ha llamado New Old History. El cambio se vería necesario dados los nuevos medios de hacer historia y de guardar obtener documentos. Estos son principalmente los audiovisuales. Para Hobsbawn no son eliminables todos los personajes conocidos de la historia, a favor de los desconocidos, pues entonces sería difícil conocer bien el pasado. Pese a que el estudio de instituciones o personajes dejasen muchas insatisfacciones, estos son necesarios para entender una parte de lo ocurrido. Los historiadores de las antiguas tendencias, como Le Goff, se acercarían a la historia relato (como lo suele ser habitualmente la historia política) para poner sus conclusiones en común a la aplicación de las ideologías, estructuras, etc., que se dieron. O sea: para poner sus conclusiones cuantificables en contacto con la realidad y sin ignorar que hay algo más allá de lo meramente cuantificable. Un hecho puede ser estudiado desde diversas perspectivas y aportar algo desde cada una de ellas. La elección de microcosmos o macrocosmos sería una cuestión de método y no tanto de nuevos intereses de hechos en la investigación histórica. La combinación de ambas tendencias (sin relato, con relato) sería ideal como complementarias. O al menos deseable que no se desdeñasen la una a la otra, pues ambas pueden dar resultados valiosos. Claro está que, para que sea útil todo esto, Hobsbawn dice que entonces hay que recurrir a la síntesis. Sobre todo en la forma de escribir historia con el uso del relato. Este, ya se ha dicho, sería a causa de los nuevos medios, que serían principalmente audiovisuales, son estos los que imponen la síntesis y el relato, por encima de estadísticas y comparativas minuciosamente trabajadas.

 Sobre cómo hacer una síntesis en historia escribiría José Andrés-Gallego en Recreación del Humanismo: desde la Historia, que son unas actas publicadas en Madrid en 1994. La idea esencial para hacer una síntesis sería la claridad. Esta se alcanzaría empezando en que la hubiera en el mismo profesor de historia o en el historiador. Para ello se habría de buscar que sistema de valores ha buscado una determinada actitud en la historia, si ha habido coherencia o perversiones entre el sistema de valores y la acción, y la propuesta de soluciones a los problemas que pueda plantear toda contradicción, lo que implica que el historiador también ha de tener claro su propio sistema de valores. Lo dicho cobraría importancia al saberse que los sistemas de valores son diferentes en las personas, por lo que un mismo hecho podría tener diversas verdades. Esas diferentes realidades podrían hacer que la historia se compartimentase artificialmente en diversos aspectos, cuando en la realidad estos interactúan entre sí. Andrés-Gallego habla de escribir la historia haciendo al humano, al individuo protagonista de ella, sólo así se evitarían esos compartimentos. Es en el individuo donde todo esto interactúa (economía, política, cultura, sentimiento nacional, etc.). Sin embargo, sería imposible escribir una historia por todos y cada uno de los individuos que han vivido a lo largo del tiempo. El autor dice que se trata de adaptar los compartimentos (como burgués, catalán, católico, etc.) a unos individuos determinados. Se trata de acercar más la historia a quien la crea, las personas, y no de hacerla tan general. 

Personalmente opino de la aportación de Andrés-Gallego que esto no ayudaría mucho a crear una síntesis y sí a perderse y prolongarse demasiado en explicaciones que acabarían no siendo muy útiles sino se las usa parcialmente (lo que no sería una síntesis). Esto lo opino en cuanto creo que Andrés-Gallego se contradice algo, o al menos no muestra ejemplos de la historia que propone, quizá por la dificultad de poder mostrarlos. Acercar la historia más al individuo, pero a la vez no hacer la historia según individuos sino sobre las categorías en las que se les ha metido... esa explicación es un tanto galimatías, por lo que no parece una buena forma de crear una síntesis, al menos que esté afirmando lo que en realidad desea negar. Sin embargo, se le entiende cierta idea básica de lo que pretendería decir. Busca la realidad colectiva de lo que ocurrió, para ello busca, dentro de las categorías, individuos, no unos, sino todos, tarea difícil e imposible, pues bien se sabe que todas las  personas son mundos diferentes, y en realidad las categorías son generalidades que nos llevarían a ir individuo por individuo viendo lo que no cumple de ellas, lo que contradice, etc. Como mucho, se podrían buscar ejemplos claros y generales de individuos de ciertas categorías, una suerte de microhistoria que podría estar a caballo entre Stone y Hobsbawn. Podría decirse entonces que relativiza la historia según individuos y su forma de percibir la realidad. Sin embargo él dice que no, pues sólo hay un modo en el que ocurren las cosas. Pero sí que es verdad que en cierto modo se contradice. Las cosas ocurren de un modo, pero el modo de ocurrir las cosas es visto, sentido, percibido y vivido, según individuos. Estos pertenecen a unas categorías donde se les podría meter en general, con lo que esa categoría, en general, lo vive de igual modo. El hecho entonces ocurre de un modo... pero vivido de diversas formas. Por lo que sí existe el relativismo en el argumento del autor, aunque reniegue de él. 

Los sucesos de la expulsión de los judíos durante el reinado de los Reyes Católicos es un hecho. Pero decir que lo es sin más es algo muy vago. Si se analiza encontraremos una versión judía de ver lo ocurrido, una versión española, una versión desde alguien no español ni judío, una versión antisemita, una versión económica, una versión cultural, una versión marxista, unas versiones de testimonios de la época si las hay, una versión... y así hasta agotar todas las posibilidades. Definitivamente, no creo que Andrés-Gallego aporte una buena solución de síntesis. Las únicas versiones posibles serían las más generales, eludiendo las más minoritarias. Por otra parte, él no considera que la política sea algo fundamental en el actuar de los individuos desconocidos. Para él importa más la cultura y otros factores que, sin embargo, otros autores como Pedro Luís Lorenzo Cadarso, consideran dentro del comportamiento político (que no de la política). Creo que Cadarso está más acertado. Siguiendo las definiciones de política de los filósofos griegos, la política sería lo que nos lleva a convivir en sociedad, o sea, no se refiere sólo a instituciones, relaciones jerárquicas, pertenencias partidistas o sindicales, etc., sino a la vida diaria. Además, creo que no habría que ahondar mucho si digo que la ideología de una persona actúa inconsciente y conscientemente en esta, en todo momento. Con lo que, alguien que sienta unas necesidades y gustos que se hallan ido definiendo a lo largo del tiempo como de izquierdas, difícilmente actuará como de derechas en determinados momentos, y viceversa.

 Andrés-Gallego también trata acerca de si es preferible la historia analítica o la del relato. Sólo que él defiende la del relato como que también es analítica, al construirse con el lenguaje y necesitar este ciertas construcciones que requieren del análisis. En ello también estoy de acuerdo. El relato no tiene porqué no ser análisis. El lenguaje necesita de estructuras lógicas. En historia las estructuras se apoyarían, además en datos y, siguiendo la tesis de Andrés-Gallego, en ideas claras sobre lo que se habla. Además, tampoco creo que Hobsbawn estuviera desencaminado cuando deja libertad para que se entrecrucen ambas formas de hacer historia, ya que creo que esa colaboración puede ser muy beneficiosa. Pero eso no son cambios en la historiografía, al menos no cambios radicales. Son tendencias que se tienen a la hora de hacer historia, preferencias en busca del camino a lo más cercano a la verdad. Para Andrés-Gallego es preferible dejar caminos abiertos para la duda en esa búsqueda, ya que así se podrá avanzar en el futuro en la investigación del pasado. Está de acuerdo con Stone en no hacer del trabajo del historiador algo inútil, pero no en reducir las búsquedas de las causas tan sólo al relato. Andrés-Gallego dice que eso sería hacer sólo literatura, aunque creo que Andrés-Gallego no ha sabido leer bien a Stone, cuya exposición es más tendente a mostrar los resultados en relato que en estadísticas simplemente, o en adaptaciones filosóficas de la historia. No lo rechaza, según le leo yo, si no que prima el relato, aunque es Hobsbawn, indiscutiblemente quien pretende crear un espacio para todas las tendencias, al decir que es una cuestión de preferencias. Para Andrés-Gallego sólo la narración puede hablar gráficamente de acciones reales a la hora de hacer historia, cosa que comparto, por mucho que otros tipos de historia puedan ayudarnos a una mayor comprensión.

 Sin embargo, este autor también señala que una excesiva duda en el relato histórico puede volver la historia una tarea imposible. Por ello, habla de que se necesita cierto consenso en algunos temas, para tratarlos, aunque siempre quede en ellos puertas abiertos. Ese consenso suele estar en planos filosóficos (v.g.: la libertad). Así, habría cuatro planos que me interesa escribir, por cuanto el resto del trabajo tratará sobre las tendencias en política: 

1.- Ética natural como sistema de vida. 

2.- Ética como producto de contratos y pactos. 

3.- Ética como sistema público de derechos individuales (algunos derivarían este plano del otro y lo unirían). 

4.- Ética siendo eficacia como criterio (las interpretaciones que se fijan y ajustan a lo ocurrido sin más). 

Estos cuatro planos son capaces de crear un consenso inmanente en el tiempo. Sobre estas bases, que son las que deben quedar claras, no debería caber duda alguna, y sí plantear las dudas históricas a partir de los hechos derivados de ellas. En definitiva, la tesis central de Andrés-Gallego es que todo ejercicio histórico debe basarse sobre estructuras que queden claras, y estas son de tipo filosófico, gnoseológico dirá él. Además, la historia debe orientarse hacia el individuo, al  igual que dice Hobsbawn en parte. 

domingo, febrero 05, 2023

NOTICIA 2196ª DESDE EL BAR: MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA (3 de 3; Conclusiones)

Llegamos a las conclusiones que saqué en su día de lo que en cuanto a métodos y técnicas hablaron Moradiellos y Lozano para la Historia (Noticia 2194ª y Noticia 2195ª). Servía de resumen, pero también de reflexión. Fueron escritas por mí en 7 de mayo de 2003. Quizá para el lector joven le resulten muy normalitas, y llevará razón si no fuera porque en España, y sobre todo en algunas carreras universitarias, el mundo cibernético y la educación popular a través, por ejemplo, de videojuegos o producciones televisivas o de cine, no estaban aún ni medianamente aceptadas y en muchos casos se desconocía por parte de muchos profesores. También entre el alumnado. Pensemos que era una época donde los teléfonos móviles en general ni los tenía todo el mundo ni contenían en sí Internet, no eran pequeños ordenadores en tus bolsillos. No se había desarrollado tampoco la informática, ni había habido una explosión de producciones artísticas con motivación histórica. España llegó tarde a toda esa revolución de las telecomunicaciones, y en esto puedo hablar también como persona que vivió su llegada siendo joven. 

Los ordenadores no estaban en todas las casas, se consideraban en las familias como un aparato de juegos, Internet era desconocido para muchos. El gobierno de Felipe González (PSOE) estaba tan sumergido en problemas políticos de corrupción, acusaciones de terrorismo de Estado y crisis económica que desde el año clave de 1992, apogeo de nuestra modernidad tras la muerte de Franco en 1975, hasta el año 1996 no se preocupará tanto en este nicho de oportunidades y futuro. Algo había, pero poco y mal desarrollado y menos expandido y conocido. Había teléfonos móviles, eso sí, pero el mundo cibernético era otra cosa. Fue el gobierno Aznar (PP), llegado al gobierno en 1996, el que comenzó a realizar políticas destinadas a introducir en España una alfabetización cibernética y una modernización masiva para fomentar el uso de ordenadores y el conocimiento de Internet. Eso pasaba porque las Universidades fueran dotadas de aulas de informática mejor equipadas de lo que estaban, así como de reformas económicas que favorecieron a las tecnológicas, como se hacía en Estados Unidos y en el resto de Europa. De ese modo, cuando llegué a la Universidad en 1999, la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá tenía un pequeño cuartillo recientemente equipado con unos cinco ordenadores o cuatro, no cabían más, que funcionaban mal por antiguos. A lo largo de la carrera universitaria esto mejoraría y se cambiaría a una gran sala con muchos ordenadores que funcionaban correctamente. Lo que yo encontré en 1999 y lo que yo dejé allí en 2004 (2005 si contamos los cursos presenciales del tercer ciclo) son panoramas salidos de mundos diferentes. Además, en 1999 yo entendía los ordenadores, tenía uno en casa y manejé otro en el bachillerato al codirigir una revista literaria, pero muchos compañeros y sobre todo compañeras no se habían acercado a uno nunca, ni por asomo a Internet, ni tampoco habían ido a cibercafés (antecedente de los locutorios con ordenador). En 2004 era raro el que no supiera manejar todo esto entre los compañeros, algunos de manera muy deficitaria, pero ya sabían algo. 

Más aún, archivos a los que uno iba a investigar, como el Archivo General de la Administración, tenían salas pequeñas y también con equipos informáticos que no tenían Internet. Eso con los años también cambió, pero hubo otros archivos, como el municipal, que ni siquiera tenían esos equipos informáticos. Incluso las bibliotecas públicas estaban así. Se hacían las consultas aún en fichas de cartulina.

En ese contexto hay que entender que estas conclusiones, y más si se tiene en cuenta por ejemplo las recomendaciones de Moradiellos, que en algunas partes quedan anacrónicas en 2023, que incluso lo eran un poco ya en 2003, eran conclusiones hasta cierto punto innovadoras como alumno universitario, pero en cierto modo anticipaba un debate que hoy aún sigue y creo que amplificado.

Reflexiones sobre ambos capítulos de métodos y técnicas.

Está claro que la relación entre ambos capítulos es su complementariedad entre técnicas y métodos. Pues si bien hay que tener una técnica para poder escribir historia sin perderse, atascarse, divagar, decir cosas baladíes, etc., esta técnica no tendría sentido si no estuviese aplicada dentro de un método con el que poder tratar la historia, o a la inversa, un método por sí sólo no valdría para explicar la historia sin una técnica.

Las técnicas explicadas por Moradiellos son, en general, muy universales, y por tanto útiles para cualquier historiador. Son entendibles para el historiador.

Aunque ignora, no comenta, las nuevas técnicas archivísticas y de consulta que ofrecen las nuevas tecnologías informáticas, las cuales han cobrado un gran protagonismo. Los archivos y catálogos informáticos permiten una más rápida búsqueda y consulta.

Pero no sólo eso, dentro de la red que forma Internet muchos de estos archivos y catálogos están disponibles desde cualquier lugar del mundo con acceso al ciberespacio. Tanto en una página propia como en páginas de universidades o instituciones o historiadores o comunidades... A veces incluyen la posibilidad de descargar y obtener el usuario determinados documentos (de cualquier índole). Y si no se pudiera descargar, siempre queda la posibilidad de que se ofreciera verlo.

También ignora Moradiellos las formas de análisis y comentario de fotografías, dibujos de prensa o cómic, grabaciones sonoras, grabaciones visuales, grabaciones audiovisuales... que suponen las fuentes contemporáneas más recientes. Aunque estas son ignoradas o minusvaloradas aún por muchos historiadores, y por tanto aún no se ha desarrollado una técnica apropiada, de comentario para ellas, por lo que se suelen dejar aparte o bien comentar como si se comentaran otra clase de fuentes. Normalmente estas fuentes son consideradas no con un valor propio de historia, sino con un valor ilustrativo de la historia. Pero son, en nuestra opinión, unas fuentes con tanto valor como el resto y se debería desarrollar una técnica adecuada para analizarlas y comentarlas, pues podrían aportar nuevas visiones. Moradiellos en su capítulo las ignora.

En cuanto a los métodos expuestos por Lozano, a lo largo de la historia, parece intuirse en su capítulo que él comparte la idea de un método que combine la historia narrativa y la analítica que cuente la verdad, y no lo verosímil, con un buen estilo narrativo. Particularmente opinamos que ese es el método a seguir hoy en día, pues el conocimiento de lo pasado, en todos sus aspectos, a de ser accesible a todo el mundo (y no sólo a unos pocos que comprendan analíticas, diagramas, barras...). La accesibilidad a la totalidad debe ser acompañada por el interés al acceso. Y el interés por el acceso se logra presentando una historia expuesta de modo interesante. Por ello es necesario introducir en el discurso histórico una serie de recursos literarios y exponer los hechos (universales o singulares) de un modo tal que tengan un desarrollo narrativo coherente, por muchas interrupciones que puedan existir para explicar otros desarrollos narrativos para la comprensión del central. Pero la historia a de tratar de conocer y tratar de ajustarse lo más posible a la realidad y a sus diversos puntos de vista, por lo que no a de ser mera narración interesante y habrá de tender a usar la historia analítica, la cual aporta datos sólidos para entender acontecimientos (sobre todo de índole universal). Lo dicho no quita que los datos obtenidos de modo narrativo (con documentos testimoniales no matemáticos ni numéricos) sean ciertos.

Sólo que entre los métodos que menciona Lozano, olvida mencionar uno que sepa diferenciar entre documentos falsos o que mientas, y documentos verdaderos o que dicen la verdad (cosas, ambas, diferentes), y no sólo que sepa diferenciar entre la historia y el mito o la fábula. Para estos métodos se podrían usar algunos sacados de paleografía, el examen de autores e instituciones emisoras, su contexto, su material de creación en relación a la época que dice pertenecer, el examen de la traducción si lo es, de su copia si lo es, de su interpretación si lo es de otra fuente, etc. Todo esto está bien expuesto por M. Bloch dentro del capítulo tercero, llamado "la crítica", en su libro Apología de la Historia o el oficio de historiador, conde también habla de entresacar los matices que contenga el documento.

También le faltaría incluir los nuevos métodos históricos adaptados a nuestras épocas audiovisuales e informáticas. La novedad de estos medios provocan que la historia sea presentada en ellos de un modo nuevo, por necesidad. No hay que olvidar que muchas páginas de Internet consultadas con frecuencia en los últimos tiempos hacen referencia a temas históricos, o bien que muchos videojuegos actuales incluyen presentaciones que son auténticos documentales históricos para introducir al jugador en otro mundo, a la par que le instruye (por más que estas introducciones siempre estarán viciadas por las leyes del marketing y la mercadotecnia, siempre interesadas en obtener la mayor venta y no tanto en obtener la verdad y lo verídico en sus presentaciones).

Las páginas de historia que ofrece la red de Internet requerirían de métodos ya no sólo narrativos y analíticos, sino también rápidos, llamativos y ágiles. La historia ya no sería dentro de la red una ciencia-arte con la que obtener y narrar la verdad, sino también un producto de mercado al introducirse en el ciberespacio, por lo que el método histórico añade a su cercanía actual a la sociología, la antropología, la narración, el discurso y el análisis el del, siempre desvirtualizador de la verdad, marketing. No obstante hay en la red páginas no tan interesadas en el negocio, y sí en la historia misma, que son más austeras pero más científicas. Estas suelen ser de historiadores profesionales, universidades, instituciones, diversos organismos y asociaciones o personas particulares instruidas, o aficionados, en la historia. Expurgadas de erratas, fallos, imprecisiones, y verificarlos, quedaría abierta al historiador profesional.  Internet ofrecería la posibilidad de usar un método globalizador que permitiría abrir conexiones entre diversos conocimientos históricos de muy distantes zonas del planeta, con sus muy diversas tradiciones históricas. Las páginas cambian el método haciéndose rápido, más de consulta, muchas veces, que de monografía, pues hasta las monografías parecen organizarse de modo consultivo rápido. Al discurso narrativo de historia se le añaden posibilidades que superan los conmutadores que citaba Lozano en su capítulo, al ofrecer la posibilidad de abrir conexiones directas con otras páginas relacionadas con el tema a tratar por medio de "Links", los cuales se podrían diferenciar en una lista o bien en el mismo texto informático mediante un color de letra diferente, como puerta de acceso a esa otra página, lo que no interrumpiría el discurso en zigzags. O bien las posibilidades de abrir foros de debate sobre lo tratado con otros cibernautas e intercambiar opiniones, preguntas, material interesante... O bien la posibilidad de escribir un correo electrónico al autor y consultarle personalmente. O bien incluir numerosos apéndices. Etc. Los métodos históricos que propondrían los nuevos medios telecomunicativos aún no han sido muy estudiados a causa de su novedad. Aunque bien es cierto que tampoco se ha estudiado mucho el discurso histórico en medios contemporáneos un poco más antiguos como el cine o la televisión, aunque sí hay estructuras definidas de hacer documentales.

En este sentido, nos gustaría mencionar el nuevo enfoque que la cadena de telecomunicación BBC (que junto a National Geographic ha hecho los mejores documentales de historia tradicionalmente) ha creado en algunas series documentales de historia. En ellos explican la historia de un modo antropológico y social representado con actores y ambientaciones las formas de vida en determinados periodos, como si un reportero actual lo estuviese grabando y explicando (como en documentales tradicionales de fauna, noticias o sociología contemporánea). El más famoso hasta la fecha [2003] es Neanderthal (de BBC y Canal +), donde se pretendía estar conviviendo con una familia de neandertales. Pero el inicio de estos documentales estuvo en la serie dedicada a conocer el mundo de los dinosaurios, llamada Caminando entre dinosaurios, que aprovechaba los efectos especiales infográficos. Es un método narrativo audiovisual muy manejable para explicar historia de las mentalidades. Ya que el documental con material auténtico (v.g. con imágenes de la I Guerra Mundial) es muy recomendable y útil, y analizable, pero sólo muestran un montaje que no muestra por sí solo las formas sociológicas, antropológicas, o de mentalidad, sino sólo grandes hechos. Si bien se podrían combinar con otras imágenes de apoyo, como gráficos, el historiador hablando del tema, testimonios de personas partícipes en el tema tratado (nada despreciables, aunque expurgables en algunas partes), entrevistas, etc. La diferencia está en el grado grafico que se alcanza de cara al espectador con uno y otro método documental.

Expuesto todo lo dicho sobre métodos y técnicas a través de los capítulos de Lozano y Moradiellos damos por concluido el presente trabajo.