sábado, febrero 07, 2026

NOTICIA 2438ª DESDE EL BAR: MANUEL AZAÑA Y LOS ÁRBOLES

Hay  una carta de 1919 escrita por Manuel Azaña desde Francia a un amigo suyo apellidado Vicario donde se indigna grandemente al enterarse que en Alcalá de Henares, su ciudad natal, iban a talar los árboles de una glorieta llamada Bernarda. Escribió: "seria ya demasiada barbaridad y habría que impedirlo a toda costa, con escándalo". La indignación de Azaña, por entonces más literato y periodista que político, se extenderá contra la tala de árboles en el barrio de El Chorrillo. Ya en otros escritos personales, tanto cartas, como diarios y alguna novela, le dolía las numerosas ruinas abandonadas en la ciudad, pero quiero detenerme y poner la atención en este asunto de su indignación por la tala de árboles en los barrios. Una indignación tal que incluso dice que habría que detenerlo a toda costa, con escándalo, lo que se podría entender con manifestaciones o con denuncias públicas en prensa local. Más o menos unos cien años después hubo un movimiento vecinal en defensa de los árboles de la ciudad, talados de manera continua sin reposición desde los tiempos de la alcaldía de Bartolomé González en el comienzo del siglo XXI, y actividad no detenida fuese la tendencia política la que fuera de las que han gobernado desde entonces a la actualidad.

En el actual gobierno municipal pareciera más bien que hay una dejadez en el correcto mantenimiento del arbolado urbano; dejadez, por otra parte, continuadora del anterior consistorio. Apenas hay podas, las ramas se caen a veces, a veces si se cae la rama se tala el árbol, y a veces directamente se cae el árbol, tal como pasó a montones de ellos durante el temporal de nieve de La Filomena en 2021 y tal como ha pasado hace un par de días con las fuertes rachas de viento que han habido con las lluvias.

Supongo que Azaña se indignaría también ya no sólo con la tala de árboles, sino también con la falta de mantenimiento y cuidado. 

No es que Azaña fuera un ecologista, que ya en aquellas épocas existían (y por cierto, en España muchos de ellos lo eran a través de algunas corrientes del anarquismo, igual que naturalistas -nudistas-, vegetarianos y feministas). Aún pudiendo ser que pudiera tener una mentalidad ambiental o de la importancia de la naturaleza, puede que la indignación de Azaña pudiera tener que ver con una concepción de la urbe como algo más amable, con espacios verdes y arbolado, que invitase a la ciudadanía a lugares que no sólo fuesen asfixiantes. Puede quizá que esos lugares tuvieran que ver con algún recuerdo personal, o con una visión de su Alcalá ideal en la que se incluyera el arbolado urbano. 

Sea como sea, sí que es cierto que entre finales del siglo XIX y comienzos del XX el arbolado urbano y los espacios verdes eran algo puesto en valor para crear ciudades amables y lejanas de aquellas que hasta esas fechas hubo donde el humo de las fábricas ennegrecían y deterioraban los barrios más humildes, especialmente. Y las vidas de las personas. Arturo Soria es ejemplo de esa ciudad ideal, por ejemplo en Madrid con el barrio de la  Ciudad Lineal, donde a la vegetación se le sumaba avenidas y calles amplias que, bien orientadas, permitieran airear todo ese humo que también venían de los automóviles. 

Hace un par de días paseando por las calles cercanas a mi casa encontré un árbol que conozco y veo desde que nací caído por el temporal de lluvia y viento fuerte. No había sido podado en mucho tiempo y supongo que el ramaje hizo de vela. Habría que ver el estado de las raíces, pero quizá, con una poda adecuada hubiera podido resistir. Anoche leyendo un artículo sobre Azaña me encontré el fragmento de aquella carta y estuve pensando sobre todo esto. Unas horas antes, cuando aún era de día, en la radio local escuché de unos árboles en un colegio público de Álcalá que se habían caído por el mismo temporal y una persona con algún cargo se quejaba de la falta de mantenimiento por parte del municipio.