miércoles, julio 08, 2026

NOTICIA 2470ª DESDE EL BAR: LA MUERTE DE ROBIN HOOD / SUPERGIRL (cine en el comienzo de verano 1 de 3)

Estas primeras semanas del verano antes de la canícula, etapa central (y la tradicionalmente más calurosa) le toca a uno trabajar, como ha ocurrido otras veces, y he recuperado ver cine. Me gusta mucho el cine, pero entre unas cosas y otras de mi vida, aunque nunca he dejado de ir, estaba casi de capa caída, pese a que he visto mucho cine en DVD y en televisión. Como sea, quiero iniciar una serie de tres capítulos compartiéndoos lo que más destacable de cine he visto en las dos últimas semanas, y no tanto en todo lo que va de verano. Para ello escojo el primer capítulo para lo visto en cine, el segundo para lo visto en televisión y el tercero para lo que vi en DVD. 

Así pues comenzamos con lo de cine. Ya comenté el pasado 20 de junio que fui a ver El día de la revelación (Steven Spielberg, 2026), su más reciente película, de ciencia ficción y que aún está proyectándose en las salas. Así que me remito a la Noticia 2465ª para que la leáis si os interesa mi análisis y opinión. Aunque aviso que puede haber espóiler (spoiler en su inglés original, si pasamos de su nueva acepción y aceptación en el diccionario español). 

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Así pues, pasamos a cuando fui al cine el pasado 3 de julio. Nada más salir del trabajo cogí directamente el tren para bajar en la parada de los Cines Ocine de Quadernillos. No esperaba ir con nadie, porque normalmente nadie acepta mis planes últimamente, he de ser yo quien diga sí a los planes de los demás, pero es que a uno le apetece sus propios planes. No está mal decir que "sí" a algo de vez en cuando, no siempre "no", porque por el camino los "noes" abusivos terminan haciendo mella. Como sea, me apetecía ver una nueva película de Robin Hood. No sabía que estaban haciendo una, pero el día anterior escuché un programa de radio donde hablaron de su preestreno y quise ir. Soy de esa generación que Robin Hood es un personaje con el que nos han criado de niños, como a tantas generaciones más o menos hasta la mía y cercanas. Ahora las nuevas dudo mucho que les muestren estas historias o que les interese, puedo equivocarme. Pero lo cierto es que ese día, día de su estreno, no había ni un sólo joven en la sala, sólo estábamos personas más o menos de mi generación. 

A ver,la gente de mi generación, quien más quien menos, le han hablado o contado de Robin Hood desde niños y niñas, le han dado cuentos adaptados, historietas de cómic de él o dibujos animados con él o basados en él, hemos leído el libro que le escribieron en el siglo XIX, al menos Walter Scott, hemos visto la película de dibujos animados de Walt Disney, Robin Hood (Wolfgang Reitherman, 1973), y también la clásica innumerables veces en televisión, Robin Hood (Michael Curtiz y William Keighley, 1938). Y yo al menos, igual que seguramente muchos más de mi generación, fuimos de jóvenes al cine a ver el estreno de la estadounidense Robin Hood, príncipe de los ladrones (Kevin Reynolds, 1991), con Kevin Costner y que probablemente más gente recuerde a fecha de hoy. Para mí es uno de los momentos memorables de películas que puedo decir que vi el día de su estreno. Un clásico del cine de acción de la década de 1990 que aspiraba a tener ya algo de realismo historicista por lo menos abandonando algo la teatralidad. Pocos recuerdan que ese mismo año de 1991 se estrenó una segunda película, Robin Hood, el magnífico (John Irvin, 1991), la cual era británica y era menos espectacular, pero más sujeta a la literatura intentando acercarse al historicismo... y yo también fui al cine a verla. Aunque probablemente las generaciones más jóvenes tienen por referencia la versión más centrada en el espectáculo de la acción que hizo Ridley Scott en 2010, Robin Hood, con un Russell Crowe eternamente recordado en papeles de guerrero de espada por esta y por otras producciones.

Sin embargo la nueva película no trata de la vida de Robin Hood, si no de su muerte. Se trata de La muerte de Robin Hood (Michael Sarnoski, 2026). No es una idea nueva. A quienes nos gusta el cine en general, y también a los seguidores del cine clásico, de grandes estrellas como Sean Connery y Audrey Hepburn, y el personaje del ladrón medieval que roba a los ricos para dárselo a los pobres, no nos es ajeno el tema. Ya hemos visto en televisión o en DVD u otro canal, Robin y Marian (Richard Lester, 1976). Un clásico que narra el final de la vida de Robin Hood y lady Marian, su amor, ya ancianos, cuando se reencuentran justo en un momento donde él se ha visto en la necesidad de regresar a luchar contra la opresión y ella es priora de un convento, pero su amor continúa. Esta historia no es una invención del cine, es parte de los diversos poemas épicos, canciones y tradición medieval inglesa, que volvió a reinterpretarse en la literatura anglosajona del siglo XVII y que en el siglo XIX retoma fuerza junto al resto de todas las historias medievales sobre estos personajes de forma historicista y romántica. Será el cine del siglo XX el que se dedique a añadir un toque edulcorado y amable a todo el añadido en ese sentido del romanticismo del siglo XIX que matizaba las partes más duras de los relatos medievales. Especialmente todas las versiones infantiles y juveniles que se crearon se encargaron de limar muchísimos las aspas más rudas de los relatos medievales sobre las formas de luchar de los personajes de la historia, más propias de la Edad Media en la que se escribieron que de un cuento infantil o juvenil para las gentes del siglo XX. Como sea, la película de Richard Lester seguía el final de Robin Hood siguiendo lo que la literatura del siglo XVII y XIX decía de manera heroica y romántica y es una gran obra crepuscular y de amor, llena de aventura. Un clásico al que la nueva versión de Sarnoski llega a referir muy sutilmente, casi imperceptible, hacia el final de su metraje.

El asunto de La muerte de Robin Hood no persigue hacer caso a las historias literarias que nos han llegado. Sarnoski es consciente de que Robin Hood es una personaje real cuya vida se ha mitificado mucho y tiene mucho de leyenda, tal como pasa en España con Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. En un siglo XXI donde abundan los falsos líderes, las falsas historias, los relatos alternativos a la realidad que pasan por ser reales porque mucha gente los repite, donde los líderes prometen cosas contrarias a lo que hacen, donde el poderoso se aprovecha de la credulidad del débil, Sarnoski ha querido explorar un Robin Hood que llegado a anciano sabe que la gente conoce de él montones de leyendas que no son ciertas o que no son exactamente lo que vivió. En determinado momento del metraje llegará a decir que él inventó las historias para protegerse de la gente, o para verse protegido por ellos si le buscaban. No es un ladrón bueno y caballeroso. Es poco menos que ladrón que asalta a quien sea y asesina con extrema crueldad. La película rompe con la imagen del Robin Hood con la que hemos crecido, y eso hace daño emocional a los que crecimos creyendo en él como un rebelde, como un conato de justicia y rebelión cuando la injusticia más abusiva viene de los más poderosos hacia los que trabajan y los más humildes. Recordemos que Robin Hood luchaba también contra una usurpación del poder del príncipe Juan "Sin Tierra" frente a su hermano Ricardo "Corazón de León", parte política que Walter Scott explotó en sus novelas.

Sarkosi elige una banda sonora nada incitadora a heroísmo alguno, si no más bien a la ensoñación casi de pesadilla, y a lo angustioso. Del mismo modo que en la primera mitad de la película habrá experimentaciones con desenfocados y primerísimos planos que nos llevan desde el sueño a una oscuridad total del personaje y de la época. Y será la oscuridad lo que prime en casi toda la película. Una oscuridad que irá desapareciendo así como vaya evolucionando Robin Hood siendo consciente poco a poco de su vida de crímenes. No es una película de acción ni de aventuras, pero hay mucha y muy explícita violencia, siguiendo las formas y crueldades de la Edad Media que conocemos por grabados y relatos. No es apta para quien no soporte la carnicería y la casquería. Sarkosi quiso ser fiel a la Edad Media y puso los modos de ella en el contexto de al vida de Robin Hood y Little John y cómo debían ser tanto sus asaltos en el bosque, como sus combates, siguiendo los testimonios medievales de cómo era la violencia. Hay, también un esfuerzo enorme por poner los conocimientos arqueológicos al servicio de la ambientación. Busca la verosimilitud de la realidad, frente a la de la literatura. 

Es descorazonador y desalentador descubrir que el director nos lanza un mensaje de que no hay esperanza, ni líderes reales, y que todo es engaño, por lo que hay que dejar hacer a los que detentan el poder, quienes, dice el relato, son los que ganan. En la crítica que yo oí el día anterior en la radio también se hablaba de esto, y se añadía que el director ya había tenido algún escarceo con historias que rozan o caen en ideas más propias de la extrema derecha en cuanto al orden social. Si es cierto o no esa intencionalidad del director, para mí queda dentro de la interpretación de esta película separada del resto de su obra. Porque también podríamos entender que está criticando a líderes tipo Trump, que falsean lo que les interesa. O que en unas épocas donde es verdad que hay numerosas historias falsas que la gente cree reales nos pone el dedo en el ojo para que recapacitemos sobre tener nuestro propio criterio ante lo que nos cuentan. A mí me parece, por otra parte que estamos en un momento donde el cine de Hollywood está poniendo de héroes a los que siempre fueron malvados como el Jocker, Cruella Deville o Malicia, hasta Darth Vader o Drácula, y poniendo de malos a los que siempre fueron buenos, como Robin Hood, algunos momentos de los metrajes de Superman y Batman más recientes, Kárate Kid visto desde el punto de vista de su adversario, y otros. Ahí está pasando algo, habría que estar atentos, porque la cultura popular expande más ideas que la cultura formal.

Pero también es verdad que la película desliza sutiliezas que te hacen pensar que aunque no paran de decirte que todo era mentira interesada, en realidad sí tienen base de realidad. Uno de los personajes que aparecen es Guy de Gisbourne, un asesino a sueldo cruel y despiadado que, según la Edad Media, mandaron a matar a Robin Hood, y que Robin Hood logró matar, desfigurar y decapitar. Aquí aparece con lepra y vivo, su desfiguración queda en duda por la enfermedad, pero desde luego está vivo en su ancianidad, y sí se dice que lucharon en el pasado, por lo que Guy de Gisbourne no era la persona tan buena que aparenta de anciano, ni Robin Hood el malvado que aparenta ser también de anciano. Quizá la base de la historia de Hood es real, aunque con florituras según se ha ido pasando de boca en boca. Es un giro del giro sutil que me temo que sólo se darán cuenta aquellos que conozcan los textos literarios medievales, o al menos los del siglo XVII. Hacia el final del metraje, adaptando a su modo el final de la muerte del arquero según la literatura y que Richard Lester siguió, aparece una metáfora visual combinada con una especie de moraleja de porqué la necesidad de contarnos historias alternativas.

La película no es mala. Es buena, pero no es fácil de ver. No es comercial. Es un viaje interior de redención, pero también es una llamada de atención sobre la falsa realidad y la utilización, la manipulación... y sobre la violencia. Sé que en mi sesión una pareja se fue antes de que acabara la primera mitad del metraje, mala señal. Verlo requiere estar abierto a romper con lo que antes sabías de Robin, pero también a algo que te viene a decir el director: ve a la fuente, lee los textos originales, saca tus reflexiones, cuidado con las interpretaciones que te dan ya hechas para ti, porque quizá son para que sean útiles a quien te da la interpretación ya hecha de los hechos. Esa sería la reflexión positiva, de una película que es dura y que me produce rechazo por cuanto ataca a un personaje éticamente heróico, revolucionario, justo, y que entronca con toda una vida en el que te han educado con sus historias, entre las de otros personajes, pero hay que reconocer que es un a película muy bien hecha y que si la reflexionas entiendes lo que quiere decir, estés de acuerdo con ello o con los modos, y te haga o no sospechar de la posible intención de Sarnoski.

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El 6 de julio, lunes, volví a coger el tren de mi trabajo al cine. Esta vez quedé con una amiga con la que he ido a ver otras películas en el pasado. Uno de sus personajes favoritos de superhéroes es una superheroina, Supergirl, Así que me comprometí a ir a ver Supergirl (Craig Gillespie, 2026), primero porque también me interesaba y segundo porque ella a mí me ha acompañado en el pasado a películas que estoy convencido que propuse yo pero ella no es que no quisiera verlas, pero podría haber dicho "no" sin ningún problema. Ambos evidentemente hemos leído cómics, visto dibujos animados, visto al personaje en series de televisión y otras películas actuales donde ha aparecido el personaje, pero ambos teníamos por referencia en cine Supergirl (Jeannot Szwarc, 1984), que yo estaría por decir que vi por primera vez en mi casa en formato video VHS de algún videoclub, alquilada por mis padres. Metraje no muy afortunado, pero a vista de hoy, entretenido y rellenando el vacío de anteriores películas de Superman. Íbamos los dos con la referencia de los cómic, pero también con la de la película de 1984, de la que sabíamos que no tendría nada que ver, porque ambos vimos la primera aparición de la nueva Supergirl en Superman (James Gunn, 2025). Aparte, yo vengo del conocimiento que me produjo investigar y escribir Superman, Batman y Franco. La censura en tiempos de Franco (2023). La nueva Supergirl tiene más que ver con el personaje renovado en cómic en el siglo XXI gracias a una miniserie que publicó DC con la idea de hacer de él algo más agresivo, menos complaciente, y que fuese todo lo contrario al chico bueno que es su primo Superman. Así que la Supergirl del siglo XXI sigue teniendo su complejo de estar a la zaga de su primo, sumadas a sus problemáticas múltiples por su condición de mujer, cuestiones que tenía cuando fue creado en papel a mediados del siglo XX, aún cuando le quisieron dar un toque más feminista a partir de avanzada la década de 1960. Ahora es un personaje que, con todo eso, suma un temperamento de descontrol en su vida personal y pública, que no atiende tanto a las normas y que de vez en cuando se desmadra. Aunque no todo es eso, pues Supergirl es Supergirl y siempre ha de tener algo de chica buena para no desnaturalizar al personaje, pues para personajes totalmente desmadrados DC ya tiene otros perfiles femeninos. 

Así que la película es una Supergirl rebelde en su vida personal, porque su vida personal está en crisis existencial, emocional y de no saber qué hacer con su vida, salvo la vía fácil de la juerga, de la alcoholemia, de cierto egoísmo personal. Y se toma juergas en sistemas solares con soles rojos, donde se anulan sus poderes. Esto se cuenta en la miniserie de cómics donde se la presentó así, y así nos la presentan en la película. Ha descuadrado a numerosas personas y probablemente ha provocado las malas críticas que ha tenido, en parte. En la sala no había nadie joven cuando nosotros fuimos, cosa rara teniendo en cuenta que el género de superhéroes está en auge entre ellos. Pero puede que sea también porque Supergirl nunca llegó a aferrar bien en España, y no hay que negar que aquí hay algo del machismo original con el que el personaje fue recibido y coartado cuando sus historias se comenzaron a publicar.  

Por otro lado ha podido descuadrar una historia que narra una aventura espacial de la superheroina. Es algo habitual en ella y en las historias de su primo. A mí particularmente me ha hecho pensar que han querido trasladar la historia del exilio de Superman, narrada en cómic entre los años 1980 y 1990, a esta historia de Supergirl. Quizá el público general que no ha leído tanto cómic de ellos no están acostumbrados a estos relatos y esperaban una historia de heroicidad en La Tierra. Pero el relato no está mal, es entretenido. Hay acción, hay humor, el personaje no está mal interpretado ni mal recreado. Quizá hay que perfeccionar los efectos especiales sobre Kripto, el perro. Y el argumento es cierto que gira sobre un tema de fondo como es en realidad la trata de blancas, o en otras palabras sobre los traficantes de mujeres a las que raptan para que ejerzan la prostitución, aunque aquí queda enmascarado en una historia de piratas espaciales que raptan mujeres para procrear sólo varones que ayuden a aumentar sus filas (en un eco lejano a la mitología clásica romana con el rapto de la sabinas). 

Tengo serias dudas de que mi amiga estuviera satisfecha con esta nueva película de una de sus superheroínas favoritas. No dijo nada contrario ni malo, pero no sé si realmente le gustó, o simplemente le pareció entretenida. Sí que me hizo ver que en todo el metraje casi todo lo hacen los demás por ella, por lo que podría perfectamente no estar involucrada en todo ese conflicto con los piratas y el resultado sería el mismo. En este sentido le gustó que apareciera un antihéroe, Lobo. Sin embargo, aunque no es mentira lo que dice, yo sí creo que Supergirl tiene partes importantes en el desarrollo de la historia. A fin de cuentas es también una búsqueda de sí misma y una explicación de su origen. Lo justo para dejar el relato en el punto de si se necesita de una segunda parte o de una aparición en La Liga de la Justicia, pueda estar ya presentado. 

La actriz lo hace bien, además cuadra cierto salvajismo físico con el nuevo personaje. El personaje está renovado. La película entretiene. Es verdad que no es la película de superhéroes más llamativa de todas, pero no es tampoco una a olvidar. No creo que sea una de las malas películas de DC. Es una película que, además, para algo ligero en verano, está bien, aún cuando uno, si quiere pensarlo lo todo, se da cuentas de algunas cosas como el encaje del tema idiomas u otras cosas, pero, de verdad que no descuadra tanto, que la película cumple su propósito y da aire fresco a esta heroína que, habitualmente, pasaba por niña bien y ya no es una niña bien.

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